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Abstract

Enfocando de manera más específicamente teatral la cuestión, Carlos Alba cita a Markus Wessendorf (2006), quien compara a los actores a terroristas en potencia, a través de «las similitudes y diferencias que existen entre un acto terrorista y la capacidad del teatro de desestabilizar al espectador en sus creencias y expectativas»(Alba, 2008: 17) y, sin embargo, subraya las diferencias entre teatro y acto terrorista, que residen en el hecho de que el segundo es conocido por la mayoría de su público a través de los medios de comunicación, lo que crea una distancia entre emisor y receptor que en el teatro no existe. Sin embargo, una de las reacciones más llamativas por parte del mundo cultural se logró en el campo teatral y fue la realización de un proyecto titulado Once voces contra la barbarie del 11-M (Madrid: Fundación Autor, 2006), a cargo del director Adolfo Simón, quien, con ocasión del primer aniversario de la tragedia, encargó a algunos de los más activos dramaturgos españoles, la redacción de textos teatrales sobre los atentados, que se pusieron en escena el 11 de marzo de 2005 en distintos teatros de Madrid. Y el teatro-buen espejo de los aspectos más conflictivos de la realidad-, por su potencial ostensivo y espectacular, parece ser uno de los medios más adecuados para convertir en arte, no simplemente la violencia terrorista, sino todos los sentimientos y las emociones (miedo, inseguridad, frustración, impotencia) que los ataques provocan. 1 Cf. www.elpais.com/articulo/espana/ETA/perpetro/secuestro/robo/coches/asesinato/policia/ frances/elpepuesp/20100317elpepunac_20/Tes. 2 Su ensayo breve «L'esprit du terrorisme» fue publicado originariamente en Le Monde, el 3 de noviembre de 2001 y luego por las Éditions Galilée, de París, en 2002. Fractal 24/VII, 53-70. http://www.fractal.com.mx/F24baudrillard.html - (2004).

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