Headnote
Fecha de recepción: 11 de octubre de 2013
Fecha de aprobación: 6 de diciembre de 2013
Resumen
La apuesta por la escritura breve es la apuesta por el silencio narrativo, por hacer visible una realidad desnuda de retórica y adornos; el escritor se implica en un proceso de búsqueda de la palabra origen, de la frase contundente y universal. El libro Voces, de Antonio Porchia, está marcado por un lenguaje de simpleza, complejidad estilística y profundas reflexiones acerca de la exis- tencia. El eje central de este artículo es rescatar el valor literario de esta obra y a la vez indagar por la visión de mundo su autor y su no convencional apuesta por la renuncia al sujeto yoico como vía para hacer posible un existir más honesto en el mundo y en la escritura.
Palabras clave: aforismo, brevedad, silencio, renuncia.
hermeneutiCs of emPtiness: antonio PorChia and exPressive brevity
Abstract
The approach to short writing is a gamble in the direction of narrative silence, showing a reality stripped of rhetoric and ornaments. The writer engages in a search for the original word, the strong and universal sentence. The book Voces [Voices] by Antonio Porchia is characterized by a language of simplicity, stylistic complexity and profound reflections about existence. In this way, the central goal of this article is to emphasize the literary value of this work, at the same time as inquire into the world vision of its author, and his unconventional approach through the renunciation of the individual subject of selfhood, enabling a more honest existence in the world and in writing.
Key words: Aphorism, brevity, silence, renunciation.
hemeneuttiques du vide: antonio PorChia et la breveté exPressive
Résumé:
Le pari pour l'écriture brève est celui pour le silence narratif, pour qu'une réalité nue de rhé- torique et d'ornements devienne visible. L'écrivain s'implique dans un processus de recherche du mot d'origine, de la phrase accablante et universelle. Le livre Voix , d'Antonio Porchia est marqué par un langage de simplicité, une complexité stylistique et de profondes réflexions sur l'existence. C'est ainsi que, l'axe central de cet article est celui de récupérer la valeur littéraire de cette oeuvre, et simultanément enquêter sur la vision du monde de son auteur et son non-conventionnel pari pour la renonce au sujet ego ; et de cette manière, faire qu'il soit possible une existence plus honnête dans le monde et dans l'écriture.
Mots clés: Aphorisme, brevetée, silence, renonce.
"Pero, ¿cómo describir el mundo visto sin el propio yo? No hay palabras. Azul, rojo... incluso estas palabras desconciertan, incluso ocultan con su densidad en vez de dejar pasar la luz". Virginia Woolf (Las Olas)
El nombre de Antonio Porchia no es tan conocido como el de Jorge Luis Borges o el de Julio Cortázar; su nom- bre suena bajito y entre unos pocos conocedores. Antonio Porchia no es un autor que goce de privilegiados puestos en las listas de ventas o que se enseñe en las escuelas o uni- versidades como parte de un periodo o una época impor- tante. Su nombre es como un secreto que pocos se dignan a vociferar y, en el mejor de los casos, sus Voces se reservan como un obsequio para algún lector elegido.
Los objetivos primordiales de este artículo son redescubrir el valor literario de lo breve, la apuesta por lo esencial del len- guaje y por la renuncia al arti- ficio narrativo, en el libro Voces de Antonio Porchia1, y analizar las temáticas reiterativas que se hallan expuestas en la obra.
Antonio Porchia murió el 9 de noviembre de 1968, pero sus mismas palabras lo recuer- dan: "Cuando me muera, no me veré morir por primera vez" (1992, p. 22). De su naci- miento se sabe que fue lejos de este continente: Porchia nace en 1886 en un pueblo italiano llamado Confleti, que perte- nece a la provincia de Catanzo (Calabria); hizo parte de esa legión de europeos que emi- gró a la Argentina a principios del siglo pasado, esta fue su patria desde la adolescencia. Ese viaje sería el único que realizaría en su vida; cuando en su vejez se le propuso via- jar a Europa lo rechazó con radicalidad: "Las distancias no hicieron nada, todo está aquí" (p. 20). En última instancia el viaje exterior puede llegar a ser una utopía cuando el espíritu recorre constantemente innu- merables distancias: "¿Cómo he podido volver tantas veces aquí, sin moverme de aquí?" (p. 45).
En 1943, Antonio Porchia, a los 57 años de edad, publica por primera vez su texto Voces, la edición pasa 98sin ningún reconocimiento; pero el des- tino es una rueda misteriosa. Los ejemplares que yacían sin uso en la sede del grupo Impulso estorbaban a sus miembros, por lo que le piden a Porchia que se lleve los libros. Este no encuentra otra alternativa que enviarlos a las bibliotecas públicas de todo el territorio argentino. Alguien descubre el texto, lo transcribe a máquina y lo envía a Roger Caillois, que se encuentra trabajando para la revista Sur, quien al leerlo dice: "por estas líneas yo cam- biaría todo lo que he escrito" (González, 1999, p. 7)2. Con esta afirmación se abre el camino para que la obra de Antonio Porchia sea conocida en el mundo. Gracias a la tra- ducción al francés que le hizo Roger Caillois al libro Voces, el nombre de Porchia comenzó a conocerse en Europa. Con el reconocimiento francés vienen sucesivas ediciones entre 1966 y 1974. El texto viaja a otros países: Bélgica, Alemania, Estados Unidos, entre otros3.
Porchia fue un hombre soli- tario, no tuvo hijos ni esposa; según él, conoció el amor dos veces en la vida, pero que la última vez que amó fue imposi- ble la unión, ella era prostituta y su "dueño" lo amenazó si no se apartaba, por estola vida de ella corría peligro. Siempre tuvo empleos modestos, fue apuntador en el puerto y tra- bajó en una imprenta; estuvo al frente de su familia después de la muerte de su padre, de la cual afirma: "Mi padre al irse, regaló medio siglo a mi niñez" (1956, p. 34)
Alrededor de Porchia, sobre todo en sus últimos años de vida, cuando las "voces" ya eran conocidas, no solo en Buenos Aires sino en muchas partes del mundo, se agrupaba un gran número de personas, entre ellas muchos jóvenes, un público que siempre ha sido lector constante de su obra; iban a su casa en la calle Mala- ver como asistiendo a una cita inaplazable, todos con la fina- lidad de conversar con él o de escucharlo recitar alguna de sus "voces"4.
Entre toda esa pequeña población que comenzaba a comprender y a admirar las "voces" estuvieron los ami- gos constantes, aquellos que notaron que detrás de esas expresiones cotidianas se encontraba una gran riqueza que merecía ser expuesta al mundo. Durante toda su vida Porchia fue cercano a muchos pintores, la mayoría de ellos pertenecían a la agrupación "Impulso", que tenía su sede en el barrio La Boca, uno de sus barrios preferidos, pero fueron sobre todo Miguel Camino y José Pugliese quienes más insistieron en que publicara.
Entre los amigos más cer- canos de Porchia se encuen- tran algunos poetas y escri- tores de la época, personajes que hoy en día son fuente de testimonio acerca de su vida. Entre ellos figura, en primer lugar, Roberto Juarroz, quien se convirtió en el mayor difu- sor de su obra; también están León Benarós, Daniel Barrios, Emma Cardoso, Alejandra Pizarnik, Inés Malinow, Libero Badíi, Margarita Durán, Enri- que Molina, entre otros, quie- nes lo conocieron, lo visitaron continuamente y estuvieron presentes hasta su muerte.
Las "voces"
En 1964, Inés Malinow le hace una entrevista a Anto- nio Porchia; su intención era lograr una entrevista formal, de esas que se le hacen a cual- quier escritor, y le pregunta: "¿Por qué lo llama Voces?"; él responde: "Es difícil decirlo. Todo se escucha. Y se escu- cha de todo". Se expresa en forma epigramática: "no creo estar en el surrealismo, no sé definirme porque nunca soy yo (...) uno es una infinidad de cosas (...) la certeza ¿quién la tiene?" Y concluye: "Mi libro Voces es casi una biografía. Que es casi de todos" (Bena- rós, 1976, p. 36).
"Todo se escucha. Y se escucha de todo", responde Porchia cuando le preguntan por el nombre de su libro, lo dice como si él fuera solo un receptor, un medio por el que se filtran los mensajes de sus "voces", no se toma a sí mismo como un autor que a voluntad escoge los elementos de su escritura. Porchia se resta toda la importancia, no se siente un escritor en el sentido estricto de la palabra, un escritor que se sienta a planear e imaginar los temas de sus libros.
Más bien lo que se escucha es la traducción verbal de un estado, voces que llegan sin esfuerzo en medio de la coti- dianidad, sencillas y profun- das reflexiones, verdades muy suyas que la escritura vuelve universales, y para esto no es necesario tener una mesa de escritor ni buscar afano- samente los temas, las pala- bras adecuadas o el estilo que desea utilizar. Para Porchia, muy seguramente, hay algo de inevitable en sus "voces". Ya decía Ernesto Sábato que la elección de los temas en la lite- ratura no existe, pues son los temas quienes eligen al escri- tor, temas como obsesiones, como símbolos reiterativos del vivir.
No está muy claro lo rela- cionado con las influencias en Porchia; se sabe que fue un hombre de escasa cultura formal, él mismo afirma: "he leído poco y desordenado. He tenido sugerencias de las cosas" (Benarós, 1976, p. 37); por esto quizá afirme que no sabe ubi- carse a sí mismo: "Porque no soy nunca yo". En Porchia desaparecer es una constante, aun en medio de un aforismo, desaparecer como personali- dad, como identidad. Esto no contradice su decir: "mi libro es una biografía", puesto que no son anécdotas ni historias lo que expresan las "voces"; lo que Porchia designa como biográfico se acercaría más a lo que se extrae de la experiencia vital como sustancia esencial y no como rótulo histórico y prosaico. Sus aforismos hacían parte de su habla cotidiana, nacen de ahí, con naturalidad.
Laura Cerrato, en el pró- logo a la edición de Voces aban- donadas, comenta dos anécdo- tas que recrean la difusión que los aforismos de Porchia han tenido en Argentina después de su muerte; estas ocurren a principios de los setenta, en mitad del terrorismo: "Llego un día a mi clase de Literatura Inglesa en un colegio privado de Buenos Aires y encuen- tro una "voz" sin mención de autor en el pizarrón" (Cerrato, 1992, p. 6). Después de averi- guar, comenta Laura Cerrato, descubre que los aforismos de Porchia circulan entre los jóve- nes, muchos de ellos hijos de Mayo del 68.
La otra historia todavía es más sorprendente, por lo que tiene de consuelo, de com- pañía. Diez años más tarde, encuentra, con su esposo Roberto Juarroz, una revista que incluía entre sus páginas relatos de torturas del proceso militar argentino, en esta halla una tarjeta de navidad que una reclusa le envía a otra reclusa embarazada, ambas desapa- recidas. Antes de la nota per- sonal del mensaje, encabe- zándolo, dice: "El amor que no es todo dolor, no es todo amor" (Cerrato, 1992, p. 6). Otra "voz" de Antonio Por- chia difundida sin su nombre, ahora sirviendo de apoyo en la cercanía con la muerte.
Lenguajes y orígenes: un acercamiento al silencio
Muchos autores se niegan a darle un nombre específico al lenguaje de Porchia, se nie- gan a llamarlo aforismo, aun- que pueda conservar rasgos de este género; también se le halla similitudes con las formas pre- socráticas, donde se conjuga poesía y filosofía. El mundo tarda en rescatar las "voces" de Porchia, en ubicarlas en el valor mismo de su unicidad, esto por su incomprensión y su desfase formal. Sobre este tema el poeta Roberto Juarroz comenta:
¿Cómo llamarlas? No me animo a llamarlas de una u otra manera. Él les dijo: "Voces" y, bueno, tal vez sean eso. Pero no las voces del sonido externo, sino esas Voces que vienen de las profundidades interiores. Ahora, ¿cómo se llama eso en literatura? Lo que hizo Porchia no es literatura, es otra cosa, algo que va más lejos, acercándose a los ex- tremos de lo humano (...) creo que su obra es exce- lente ejemplo de uno de los fenómenos expresivos más interesantes de la Literatu- ra moderna. Ciertas obras rompen el cerco de los gé- neros, excede esa zona difí- cil, y es como si alcanzára- mos un género único (1975, p. 47).
El lenguaje de Porchia es una forma del aforismo, de la poesía, de la metafísica. Toda forma "original" es ambigua y renuente a las clasificaciones y la poesía, como dice el mismo Porchia: "es como un origen, es cosa recién nacida" (1976, p.39). La poesía hace intimi- dad con los nacimientos, es ella misma principio fecundo, es natural que invente sobre el lenguaje, que lo transfigure y lo sorprenda.
Conocemos el silencio como desgarramiento o como armo- nía, siempre reclamando un lugar, un sitio dónde permane- cer, ubicarse y ser; su expresión desconfía y teme de las muchas palabras, conoce la imposi- bilidad original que guarda el lenguaje y sus límites que no logran abarcar los estremeci- mientos más íntimos: "Te depu- ras, te depuras (...) icuidado! Podría no quedar nada" (Por- chia, 1956, p. 46). En Porchia el reconocimiento del silencio como espacio fundamental es total; existe en él una voluntad de callar, de no extenderse: "Y seguiré eliminando las palabras que puse en mi todo, aunque mi todo se quede sin palabras" (p. 35). El ser se expande y las pala- bras van reduciéndose.
La expresión, lo mismo que el amor, pensaría Por- chia, es fruto de una debilidad: "Cuando digo lo que digo, es porque me ha vencido lo que digo" (1956, p. 33). La tensión entre la palabra y el silencio se hace evidente y nunca tiene un término, son dos mundos para- lelos en la escritura de Porchia, quien preferiría guardar, olvidar la palabra; el silencio es la ver- dad contenida. Sin embargo, muy a pesar de sí mismo, la ten- sión termina en expresión, en palabra, en verdad manifiesta. Lo breve se alimenta del silen- cio y es la prueba que brota en la superficie de ese estado mudo. En lo breve el miedo al silencio es menor, lo breve incluye el silencio, lo justifica, le da un espacio.
La desaparición: una oportunidad para el absoluto
¿Cómo leer a Porchia? ¿Desde dónde leerlo? Pre- guntas que surgen en medio del laberinto sombreado que es Voces. La temática, no obs- tante, no es del todo confusa o dispersa; en Voces existen recorridos reiterativos, ejes primordiales de significación a los cuales Porchia vuelve una y otra vez, estados fijos no solo dentro de la escritura sino tam- bién dentro de su vida como sujeto.
Un fuerte principio de lec- tura para Voces es la pérdida del sujeto autor, del sujeto hom- bre, del sujeto yoico, y todo lo que desencadena en su autor, en los ámbitos personal y escri- tural, una experiencia como esta. Porchia trata de ubicarse en "otro lugar" distinto a su nombrada personalidad, en muchos de sus aforismos se ve una intención de oculta- miento que deja huérfanas las voces, un escribirse ausente, una total y parcial desaparición del sujeto-autor. ¿Quién es el sujeto que escribe? ¿Existe realmente el carácter de lo individual o es otra invención del hombre que busca reafir- marse en el mundo?
La individualidad es me- ramente un aspecto de la existencia; en el pensamien- to, separamos a un indivi- duo de otro y en realidad todos también parecemos distintos y separables. Pero cuando reflexionamos so- bre la cuestión más de cer- ca, descubrimos que la in- dividualidad es una ficción, pues no podemos fijar sus límites, no podemos averi- guar su extensión, sus fron- teras se funden sin dejar rastros indelebles entre los denominados individuos (Zusuki, 1976, p. 28).
Siempre han existido distin- tos e innumerables cuestiona- mientos acerca del concepto de lo individual, nos hemos acostumbrado a sentirnos y a nombrarnos desde lo diferen- ciado. Luchamos y nos intro- ducimos en diversas búsque- das durante toda una vida solo por encontrar una diferencia, una singularidad que nos salve, que nos proteja.
Ahora bien, reafirmada la identidad ¿hay algo más allá de ella? En Porchia nos reva- luamos todo de una manera implacable y las preguntas con las cuales empezaríamos a cuestionarnos serían: ¿Qué somos? ¿Somos algo? Al pare- cer pueden haber dos opcio- nes para el yo: aislar al hombre o conectarlo, ser una obstruc- ción o un camino; el hombre avanza sobre el camino de su individualidad, de sus múlti- ples identidades, pero llega un momento en que siente la opresión y el peso que estas le generan: "Cómo me hice no volvería a hacerme. Tal vez volvería a hacerme como me deshago" (Porchia, 1956, p. 22).
En Porchia se hace evi- dente un distanciamiento del núcleo yoico y una búsqueda fuera del centro de lo perso- nal individual. La función de la forma cambia, el deshacerse es una creación, también hay una forma que emerge del vacío: "Lo que antes que yo y lo después que yo casi se han unido, casi son uno solo, casi se han quedado sin yo" (1956, p. 13). Alguien se observa en su propia ausencia, el Porchia idéntico a sí mismo ha desa- parecido, pero continúa exis- tiendo como Ser: "Mi yo ha ido alejándose de mí. Hoy es mi más lejano tú" (p.12).
Interiorizado el yo hasta su desaparición, quien emerge es un observador que se nombra y que ve toda la fenomenolo - gía cambiante del afuera; el yo es ahora un lejano tú, inferior y obtuso. Este yo testigo y escritural tiene otras propues- tas, otras funciones dentro del Ser: "No estoy de más en ninguna parte, porque no me encuentro en ninguna parte" (Porchia, 1956, p. 57); ya no es una misión de personalidad, de cualidades afirmativas o nega- tivas, de instancias duales, de soy esto o soy lo otro. Este yo testigo es el camino más allá, es en sí mismo una ausencia, sin embargo se escribe, pero se escribe precisamente en esa ausencia: "Estoy tampoco en mí, que lo que hacen de mí, casi no me interesa" (p. 78).
Desechada y aniquilada la potencialidad del ego, esta muerte metafísica que trans- forma al ser lo hace nueva- mente renacer en una levedad sin velo, el hombre ya cons- ciente de su despojamiento afirma su inexistencia, reco- noce que él, al igual que todas las cosas, es ilusión.
¿Qué consecuencia trae atacar y abolir de esta manera la identidad? Sobre todo una ruptura con la "historia per- sonal"; el hombre deja de ser unos hechos, deja de ser pasado, recuerdos, se avanza en el despojamiento del vestido social. La muerte de la iden- tidad apela inmediatamente a una transformación. Porchia es recurrente en ese desnom- brarse, en ese dejar de ser, que es la entrada en el misterio de su espíritu; tan solo ahora se pueden rastrear las huellas de lo que deja a su paso, de lo que niega y cuestiona a través de estas voces subversivas con lo individual.
En búsqueda de una metafísica: el absoluto durable
La ausencia es el más del Ser, es el camino sin obstá- culos, la nada positiva que no incluye negación sino, por el contrario, imprime un espacio de acogida. Y es, precisamente, esa ausencia del yo la mayor apertura; lejos del egoísmo, el escritor, antes fragmentado y disuelto en lo mundano, se dona en su pérdida al universo. Sin obstáculos, sin reticencias nominales, sin historias que falseen la verdadera esencia gana en supremacía todo lo que une: "Donde no eres nada, quédate contigo, y eres todo." (Porchia, 1956, p. 20). "Para llegar a ser lo que soy, una cosa casi no visible, he necesitado mucho, mucho más que todo el universo" (p. 27).
Porchia ubica, o mejor desubica, las asignaturas del poder; la mirada desde el vacío es distinta, tiene otras catego- rías. Acostumbrados a nom- brar las jerarquías, los movi- mientos del orden social, nos es difícil pensar que llegar al puesto más pequeño indique esfuerzo o grandeza: "Se va igualando todo. Y es así como acaba todo: igualándose todo" (Porchia, 1956, p. 67). Todas las ventajas del poder exterior son ilusorias, para Porchia la anulación del yo genera una nueva clase de poder, pues las raíces se sostienen en el hábitat del vacío.
Porchia discierne entre la confusión, entre la potencia de los estallidos, un mundo siem- pre en búsqueda de lo máximo, de lo visible y de expresiones poderosas; sabe cuánto lleva de apariencia tanta grandeza, cuán vulnerable es la fuerza adscrita en el exterior: "En mi viaje por esta selva números que llaman mundo, llevo un cero a modo de linterna" (1956, p. 78). Todo lo que es creación hacia fuera quiere poder. En Porchia hay grandeza, hay poder, pero son grandezas y poderes hacia el interior.
El esfuerzo ya no es un ego sostenible sino la amplitud carente de nominaciones. "Esa vez me hallaba casi junto al mar y casi junto al cielo. iOh cuán cerca estuve de mí esa vez!" (Porchia, 1956, p. 74) ¿Dónde encontrarnos? Ya no en la afir- mación del yo, en una forma de ser, en principios y justificacio- nes, sino a través del astro ani- mado, de la vida palpable de las cosas del universo, el hombre volviendo a ser un latido más del universo. El hombre mar, el hombre cielo y él mismo más que nunca: "Este vacío, para Porchia, está unido a un sen- timiento de universal simpatía con todo lo que existe, esa fra- ternidad en la impermanencia con hombres, animales y plan- tas, como ha observado Paz al profundizar en el budismo" (Juarroz, 1980, p. 59).
Porchia apela a una unifica- ción trascendiendo el escepti- cismo siempre amigo del yo, halla gratificaciones, posibles encuentros donde el hombre, separado de su entorno y de sí mismo, se reúne nuevamente en comunión con el mundo y todo lo que le rodea.
Conclusiones
Después de realizado este breve recorrido hermenéu- tico es posible concluir que en el libro Voces se instala una cierta forma de misticismo que ubica a su autor dentro de una visión de mundo que abraza la renuncia, pues se le da un valor en su vida y en la estética de su escritura. Esta renuncia se manifiesta en distintos aspec- tos: una renuncia a sí mismo y la búsqueda, a través de esta renuncia, de una conexión más genuina con los fenómenos y los seres del mundo.
Por otra parte, su renuncia lo conduce hasta el aspecto formal de su escritura; renun- cia a la extensión y descubre la "palabra de su situación", como diría Georges Gusdorf, dentro de lo breve, estilo for- mal que permite exponer lo íntimo sin obstaculizar el deve- nir de su vida, lo breve en su ausencia de artificios retóricos propicia el testimonio de lo intenso, de lo instantáneo.
Igualmente, en Voces hay pensamiento filosófico, pues se rastrea un intento por encon- trar los límites y las dimensio- nes del Ser. Todo esto enmar- cado dentro de la tradicional tensión existencial del Ser y del No Ser, asunto que constituye un punto fundamental para comprender esta obra. Son dos las fuentes de esta tensión: por un lado, la negación meta- física: "Donde no eres nada, quédate contigo, y eres todo" (Porchia, 1956, p. 59), y, por otro lado, la afirmación de una constante visión compasiva y sagrada con la vida y sus seres: "Hasta el más pequeño de los seres lleva un sol en los ojos" (p. 62).
Las "voces" guardan el espíritu ascético, la visión contemplativa, casi mística, de su autor. Porchia, de tanto padecer lo humano, de tanto introducirse en la vida, logra la distancia suficiente para mos- trárnosla nuevamente en su escritura como una "realidad nueva", como un "otro lugar". Creo que aquí está la suprema- cía de su obra, en que siempre está resguardando la profun- didad de la vida, una salida al ahogo de nuestras superficiali- dades y un generar en el lector, buscador de tesoros, una sacie- dad, una calma.
References
Referencias
Benarós, L. (1976). Del libro inédito de León Benarós. Crisis 37, 36 -45.
Cerrato, L. (1992). Prólogo. En A. Porchia, Voces abandonadas (1992). Madrid: Pre-textos.
González, D. (1999). Prólogo. En A. Porchia, Voces reunidas. México: Universidad Nacional Autónoma de México.
Gusdorf, G. (1980). La palabra. (L. Dujovne, Trad.). Argentina: Galatea, Nueva Visión.
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Porchia, A. (1956). Voces. Buenos Aires: Sudamericana.
Porchia, A. (1992). Voces abandonadas. Valencia: Pre-textos.
Zusuki, D. (1976). Ensayos sobre Zen. Madrid: Uranos.
AuthorAffiliation
Angélica González Otero
Universidad de Viena, Austria
[email protected]
Actualmente se encuentra estudiando alemán en la Universidad de Viena (Austria), donde también es candidata para el Doctorado en Literatura Comparada. Ha sido docente de cátedra de la Universidad Javeriana y docente de tiempo completo de la Universidad La Gran Colombia de Bogotá.