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En su exilio en Buenos Aires, la dramaturga gallega Amparo Alvajar escribió y estrenó Amada y tú (1955), un drama en tres actos que cuenta la historia de tres hombres que se enamoran del fantasma de una muchacha en una vieja casona en la que acaban de instalarse. El presente artículo se centrará en un análisis de la representación de la mujer que, en este caso, tiene una doble condición: mujer y fantasma. La utilización de tópicos propios de finales del siglo XIX, enmarcados en una ficción poética de carácter simbólico, será el camino a través del cual la autora configura un discurso en tomo a la búsqueda de libertad.
Cuando Fausto se detiene a contemplar a una bella y mortecina joven que está sola en medio de la noche, Mefistóteles le aconseja que no la observe porque su mirada es capaz de helar la sangre, de petrificar a un hombre, porque se trata de "una figura hechizada, sin vida, un fantasma". (Praz 1969: 44) Este es el fragmento de la obra de Goethe del que Mario Praz se sirve en La carne, la muerte y el diablo para afirmar que figuras como la jovencita medusea que encandila a Fausto son "el objeto de amor tenebroso de los románticos y decadentes a través de todo el siglo". (Praz 1969: 45) Se trata de mujeres inhumanas, femmes fatales, vírgenes terribles, monstruos seductores, imágenes malditas en las que sus creadores vuelcan sus deseos y frustraciones. Son mujeres peligrosas que conducen a la muerte, que suscitan fascinación y recelo, que rebajan al hombre a la "anarquía de los sentidos y al caos" (Lipovetsky 1999: 159) y que, por eso mismo, son idolatradas. Sin embargo, las hijas de Lilith no eran las únicas ya que en el imaginario del siglo XIX convivían con sus opuestas, con aquellas que respondían al estereotipo Victoriano del 'ángel del hogar': la mujer sumisa, anodina, delicada y amable. Y también, entre la Salomé, de Wilde, y la doña Elvira, de Espronceda, a la sombra del decadentismo, nacen las Ofelias, lánguidas, frágiles y dementes. Se rinde, pues, culto a la mujer enferma, emblema de feminidad, que, siendo pasiva y enigmática, es considerada como un mero objeto artístico. Así, tanto al deshumanizar a la mujer...





