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Resumen
En este documento se presenta una discusión sobre lo que es el perfil de un emprendedor, haciendo un análisis sobre cómo evolucionó la manera de entenderlo y definirlo, a propósito de su rol como coadyuvante del desarrollo en la ruralidad. Se propone un instrumento que permite definir ese perfil bajo enfoque de competencias, a partir de un estudio de tipo exploratorio y descriptivo, y mediante un diseño de campo que planteó la necesidad de un muestreo no probabilístico, logrando describir los perfiles de la muestra de emprendedores potenciales del caso estudio a partir del entendimiento de su realidad rural. Los resultados sugieren que el enfoque de competencias es oportuno, observando que para emprender se requieren no solo actitudes, sino la suma de una serie de elementos que en conjunto determinan la acción, como conocimientos, habilidades, gustos, valores, entre otros. Existen coincidencias en las actitudes entre un emprendedor rural y otros de entornos más urbanos, mientras que los conocimientos y habilidades hacen la diferencia, ya que dependen de la idea a emprender, y ésta a su vez estará condicionada por el espacio territorial, pudiendo afirmar que pueden existir tantos perfiles de emprendedor como ideas de emprendimiento. Conocer el perfil de un emprendedor en correspondencia con una idea asociada a una oportunidad puede ser de utilidad para facilitar su proceso de desarrollo.
Palabras clave: emprendedor, emprendedor rural, perfil de emprendedor, emprender para el desarrollo, competencias emprendedoras.
Abstract
This paper presents a discussion about what is the profile of an entrepreneur, doing an analysis on how the way of understanding it and defining it evolved, with regards to its role as an adjunct of development in rural life. It proposes an instrument that allows you to define it under a competence approach, from a exploratory and descriptive study, and through a field design that raised the need for a non-probability sampling, achieving the description of the profile of potential entrepreneurs of the case study from the understanding of its rural reality. The results suggest that the competency approach is timely, noting that not only attitudes are required to undertake, but the sum of a series of elements that together determine the action, such as knowledge, skills, tastes and values, among others. There are matches in the attitudes among rural entrepreneurs and others in more urban environments, while the knowledge and skills make the difference, since they depend on the particularities of the idea to undertake, and this in turn will be conditioned by the territorial space and it can be said that there may be as many entrepreneur profiles as enterprising ideas exist. Knowing the profile of an entrepreneur in correspondence to an idea that is associated to an opportunity can be useful to facilitate their development process.
Key words: entrepreneurship, rural entrepreneur, entrepreneur profile, undertake development and entrepreneurial skills.
Introducción
Desde el punto de vista científico el emprendedor y su proceso de desarrollo ha sido un tema abordado casi exclusivamente desde contextos urbanos y empresariales, con estudios determinados por la racionalidad de los investigadores en las ciencias económicas, origen del término, en los que prevalece la idea de un emprendedor como la de un individuo igual a un empresario, o un generador de riquezas y dinero. Así lo sugirieron Cantillon en 1755 y Jean Baptiste Say en 1803; sin embargo, la manera de entender al emprendedor ha evolucionado. Max Weber en 1930 y David McClelland en 1961 aportaron su visión conductista, afirmando que el comportamiento de los emprendedores era la respuesta de un sistema de valores diferenciado. Luego surge la llamada "escuela de los rasgos" donde un grupo de psicólogos, a principios de los años ochenta, trataron de identificar las características diferenciadoras que determinaban ese comportamiento; hasta lo que se conoce en la actualidad como la "fragmentación del empresariado", donde el emprendedor ha pasado a ser una figura de interés para diversas disciplinas (Fillion, 2002). Entre ellas destaca el Modelo Timmons, como escuela del pensamiento sobre formación de emprendedurismo, cuyo principio son las capacidades adquiribles, independientemente de la formación del individuo, quien en cualquier etapa de su vida puede adquirir la moti vación para ser emprendedor; es decir, los emprendedores no nacen, se forman, según lo propuso en 1998 Jeffrey Timmons, profesor del Babson College, Harvard Business School y Northwestern University (Castillo, 1999). Además, 10 años antes (1988) surge la Metodología CEFE (Competency based economies through formation of enterpreneurs), desarrollada por la Sociedad Alemana de Cooperación Técnica (GTZ), para formación de empresarios basada en competencias económicas (Pereyra, 2003).
A pesar de estos hallazgos, en la literatura reciente sobre el tema se insiste en la idea de que los emprendedores poseen una especie de perfil de éxito o "perfil emprendedor", alrededor del cual muchos autores han tratado de agrupar rasgos, características, atributos, entre otros, que parecieran ser los más significativos, ponderando y diseñando cuestionarios para determinar si una persona posee lo que se requiere para emprender, obviando entonces el enfoque de competencias. Además, se sugieren tipologías de emprendedor, sin que se defina con claridad un concepto sobre el mismo.
En este sentido puede ser de utilidad la definición de Barreto (2010), quien sostiene que un emprendedor es aquel que inicia con resolución acciones dificultosas para concretar una idea asociada a una oportunidad, valiéndose de sus competencias (conocimientos, habilidades, actitudes, valores, otros) para hacerla sustentable, mejorando su realidad económica y social, por lo que un emprendedor puede ser coadyuvante del desarrollo, y especialmente del desarrollo rural.
Es sabido que el desarrollo de un país plantea entre otras prioridades la seguridad ambiental y alimentaria, y éstas se construyen teniendo como premisa el crecimiento desde la base, precisamente desde los espacios rurales, siempre asociados con grandes extensiones de tierra de baja densidad poblacional pero caracterizados por el predominio de lo natural, haciéndolos idóneos para la producción de alimentos; además, lo rural se corresponde con tres dimensiones que permiten observar cómo la presencia del hombre determina esa ruralidad y la manera de entenderla: territorios multifuncionales donde se llevan a cabo actividades no exclusivamente agropecuarias, sino determinadas por la transmisión de saberes entre generaciones, la especificidad de las relaciones, ya que suelen ser muy cercanas; y el alcance de lo rural, que indica cómo la ruralidad termina justo cuando esas relaciones pasan de ser personales a funcionales, ya que en territorios más poblados la especificidad se extingue (Gómez, 2003).
El ser humano es entonces el centro de la ruralidad, pero también el centro del desarrollo (IICA, 2000), cuando representa el elemento central para la concepción y puesta en práctica de políticas económicas y sociales, y además en un rol más activo, cuando emprende, y es que específicamente lo rural se ha distinguido por presentar los mayores índices de pobreza y desigualdad en comparación con espacios más urbanos. El emprendedor es un talento especial que puede promoverse para la observación de oportunidades en busca de superar situaciones dificultosas asociadas a la ruralidad, creando empresas, pero también con iniciativas de carácter social, las cuales implican grandes retos que a largo plazo benefician a las comunidades, impactando de modo positivo en la seguridad alimentaria y ambiental, lo que podría entenderse como emprender para el desarrollo en la ruralidad.
La parroquia no urbana Negro Primero, espacio rural de referencia para el estudio, posee una extensión territorial de 384 Km2, compuesta por 72 pequeñas comunidades. Era considerada como el origen de las frutas y verduras que se consumían en el municipio Valencia (Fundación Ciara, 2009), y como un lugar contrastante, de marcadas necesidades: inaccesibilidad a servicios básicos, comunicaciones y transporte limitado, dificultad para construir organizaciones sociales, precarias vías de acceso, entre otras, pero con grandes potencialidades ecológicas y turísticas, que serian aprovechables si sus habitantes las visualizan como oportunidades (Barreto, 2010).
A partir de estos planteamientos surgieron algunas interrogantes: ¿El enfoque de competencias puede contribuir a la definición del perfil de un emprendedor? ¿Existen diferencias entre un emprendedor rural y un emprendedor en entornos urbanos? ¿Cuáles serian las competencias de un emprendedor en lo rural? ¿Es posible identificar y medir el perfil de un emprendedor? ¿Cuál sería la utilidad de conocer el perfil de un emprendedor? En este contexto, el estudio tuvo como objetivo proponer un instrumento para la identificación del perfil de un emprendedor rural.
Revisión de literatura
El término competencia fue sugerido por David McClelland a principio de los años sesenta, a partir de una serie de investigaciones que tenían como propósito la identificación de variables que permitiesen explicar el desempeño en el trabajo (Argudín, 2006).
Ros Guasch (2006) citado por Martínez y Carmona (2009), destaca que McClelland especificó tres características de comportamientos competentes: 1) Sensibilidad interpersonal (Habilidad para captar la situación emocional y las relaciones que se producen); 2) Expectativas positivas hacia los otros (Generando respeto y confianza en los demás); y 3) Rápido aprendizaje de las redes políticas (Captar el organigrama de poder en el que debe desenvolverse). En adelante, numerosos investigadores han intentado definir un concepto de competencia, sin que exista consenso, generando dificultad para su interpretación, haciendo necesaria una revisión sobre el origen y evolución del término para aplicaciones específicas. Tal es el caso del desarrollo emprendedor.
Guerrero (1999) afirma que Peter Grootings, del Centro Europeo de Formación Profesional (CEDEFOP), presentó el número 1/1994 de la Revista Europea de Formación Profesional dedicado al tema de "La competencia profesional" como un nuevo paradigma en la relación entre formación y empleo y como un intento de unificar criterios en el desarrollo de instrumentos europeos para la movilidad ocupacional y la transparencia entre los diversos sistemas educativos y laborales. De allí que Álvarez, Pérez y Suárez (2008) explican que el termino competencia surge en el mundo laboral sustituyendo al de "cualificación".
Para Argudín (2006), puede establecerse la aplicación del concepto en los mercados de trabajo a partir de los años ochenta y sus transformaciones, así como la inadecuada relación existente entre los programas de educación y la realidad de las empresas en Inglaterra, Canadá, Australia, Estados Unidos y la Unión Europea, determinó la aplicación del llamado "Enfoque de competencias", primero en lo laboral y luego en la educación.
Más adelante en 1998, durante la Conferencia Mundial sobre Educación se planteó la necesidad de una formación centrada en competencias y aptitudes, pues ambas preparan a los individuos para una participación activa en sociedades democráticas y para que promuevan cambios que propiciarán igualdad y justicia (UNESCO, 1998). UNESCO (1996) citado por López y Farfán (s/f), define competencia como el conjunto de comportamientos socioafectivos y habilidades cognoscitivas, psicológicas, sensoriales y motoras que permiten llevar a cabo adecuadamente un desempeño, una función, una actividad o una tarea.
A propósito de las discusiones sobre la importancia de emprender para el desarrollo, Aznar (2006) citado por Aznar y Ull (2009), considera que la educación para el desarrollo sostenible tiene su campo de acción en los ámbitos de la educación formal, no formal e informal, aplicando distintos tipos de racionalidad: teórica, práctica y ética. Dichas racionalidades coinciden casi exactamente con los elementos que componen, en el sentido más general, el concepto de competencia sugerido por Uslar y Moreno (2002), pero aplicado a la formación de competencias emprendedoras (Ver Tabla 1).
Cantera (1996) citado por Guerrero (1999), proporciona una definición especifica e integradora, dado el momento histórico en el cual se sugiere y contrastándola con numerosos documentos publicados en años más recientes, a propósito de las ideas anteriores (Ver Tabla 1): las compe tencias son aleaciones de conocimientos (saber), aptitudes (saber hacer) y actitudes (querer hacer) que se solidifican en las personas, dotándolas de valores diferenciales frente a otras, y que dependen del contexto profesional para tener una conducta (interacción con el entorno interno y externo de aplicación) exitosa.
Fernández y Fernández (2010) muestran una visión ampliada de la definición de Cantera, proponiendo que cada competencia se construye en cuanto a integración de habilidades cognitivas y prácticas asociadas, saberes, creatividad, motivación, valores, actitudes, emociones y otros componentes sociales, y de la conducta, que se movilizan para efectuar una acción efectiva. Ambas definiciones se complementan para fortalecer el concepto de competencia y para alimentar la aplicabilidad del término en el desarrollo emprendedor, ya que el emprender y su éxito se encuentran determinados a su vez por la pasión y el amor por lo que se hace, según lo sugiere Dolabella (2009), es decir, por un componente bastante subjetivo que difícilmente puede llegar a cuantificarse y que tiene que ver con los gustos y preferencias.
En este marco de ideas, el diseño de un instrumento de "Perfil de emprendedor rural" bajo enfoque de competencias se alinea con los planteamiento de Kantis (2004), un enfoque sistémico centrado en el análisis del proceso emprendedor, el cual inicia con la motivación para emprender e incluye entre otros aspectos la formación de las competencias empresariales, haciendo imprescindible la identificación de las mismas para su formación.
Partiendo del enfoque por competencias, el perfil de un emprendedor debe responder a: "El saber ser" (Actitudes y valores), "El saber hacer" (Habilidades) y "El saber" (Conocimientos) que el emprendedor tiene y requiere para el desarrollo de una idea.
Sin embargo, el enfoque de competencia concebido en las ciencias administrativas y en la educación plantea una formación, previa definición de un perfil de competencias del cargo o del egresado respectivamente, lo cual no es aplicable para efectos del desarrollo emprendedor. "El saber hacer" (Habilidades) y "El saber" (Conocimientos) son aspectos bien específicos que dependen de la actividad que el emprendedor va a desarrollar y el espacio donde tendrá lugar, por lo que resultaría de poca utilidad cualquier intento por identificar habilidades y conocimientos clave para ser medidos a través de un instrumento de perfil. No ocurre así con las actitudes y valores o "El saber ser", ya que estos sí pueden llegar a ser comunes entre uno y otro emprendedor. De esta forma la respuesta estaría en observar por separado cada uno de estos elementos y luego realizar un análisis sistemático y articulado que permita una definición más franca del perfil.
Martínez y Carmona (2009) consideran que las competencias emprendedoras no sólo deben ayudar al desarrollo de una iniciativa empresarial, sino también a cultivar valores y prácticas sociales asentadas en principios democráticos como la conciencia sobre el espacio natural, el contexto sectorial y el ámbito social. Para algunos autores (Sáez, 2001; Kliksberg, 2006; Vilera, 2008) esto dependerá del aprendizaje social del individuo, es decir, el modo en que son aprovechados el talento humano (orientación hacia los saberes de la comunidad, la conciencia social y la orientación de pensamiento hacia el desarrollo sustentable de su entorno natural) y el talento social, también llamado capital social.
Metodología
Se realizó una investigación de campo de tipo exploratoria y descriptiva, donde se estudio el enfoque de competencias y su aplicación al desarrollo emprendedor y la ruralidad. Ello generó un instrumento para la determinación del perfil del emprendedor rural, el cual una vez construido se validó a través de expertos y se constató su confiabilidad mediante la aplicación de una prueba piloto; seguidamente, para observar su operatividad se procedió a la aplicación en emprendedores potenciales de la parroquia no urbana Negro Primero, municipio Valencia, estado Carabobo, población en estudio.
La muestra para la aplicación fue tomada por etapas: Etapa I Muestreo no probabilístico de Sujetos Tipo: se seleccionaron 55 parroquianos, participantes en la Aldea Universitaria de Los Naranjos, capital de Negro Primero (de un total de 70 y provenientes de al menos 17 comunidades distintas de la parroquia), donde funciona la Misión Sucre3, que si bien es un programa del Estado su organización tiene una base fundamentalmente local, donde se agrupan por excelencia individuos que inician con resolución acciones dificultosas, como lo es emprender una vida universitaria en un espacio rural, desarrollando en paralelo otras actividades que demandan recursos y dedicación, en busca de mejorar su calidad de vida4. Seguidamente se llevó a cabo la Etapa II Muestreo no probabi- lístico de sujetos voluntarios, la cual facilitó la selección de 10 individuos interesados en el tema y que decidieron participar como emprendedores potenciales (Hernández, Fernández y Baptista, 2006).
Resultados
Parte I.
Diseño del instrumento de perfil de emprendedor rural
Se diseñó un instrumento conformado por tres literales: A. "Saber Ser" (Actitudes y valores), B. "Saber" (Conocimientos) y C. "Saber hacer" (Habilidades), que en conjunto permiten conocer el perfil de un emprendedor rural (Ver Anexo 1) en atención a las premisas siguientes:
- Orientar el proceso de desarrollo emprendedor, proporcionando una visión inicial sobre las competencias para su fortalecimiento. Su objetivo no es indicar cuándo un individuo es emprendedor o no, todos deberían considerarse emprendedores potenciales.
- Propender al empoderamiento del emprendedor potencial sobre las competencias a fortalecer, mediante una estrategia autoevaluativa y autorreflexiva.
- Enmarcado en lo rural como el espacio de acción territorial del emprendedor en estudio.
Observación del emprendedor como coadyuvante del desarrollo.
A. "Saber ser" (Actitudes y valores)
Se elaboró una "Escala de actitudes y opiniones" que distingue a los sujetos investigados en relación con la actitud que se estudia (Ander- Egg, 2003). El material referencial para las actitudes estuvo constituido por tres instrumentos y las sugerencias en torno al tema de cuatro teóricos de reconocida trayectoria en el sur de América (Ver Tabla 2).
Se procedió a depurar el listado anterior (Ver Tabla 2) para definir las actitudes emprendedoras en correspondencia con el enfoque de competencias (Ver Tabla 3).
Se redactaron dos afirmaciones por actitud para completar 24, procurando un cuestionario breve. Fueron colocadas de manera aleatoria, para reducir las posibilidades de inferencias por parte de los participantes acerca de los planteamientos, y evaluadas en una "Escala de intensidad" donde los emprendedores podrían emitir sus opiniones con respuestas estructuradas en forma de abanico (Ver Figura 1), dando opción de elegir entre varias que expresan aceptación o rechazo (Ander-Egg, 2003).
En la Figura 1 se muestra una línea continua que representa la frecuencia en que el emprendedor actúa de un determinado modo, dividida en cinco partes: uno corresponde a una menor frecuencia y cinco a mayor frecuencia.
A su vez se consideró el empleo de un gráfico de radianes para la representación de los resultados, el cual simula una tela de araña y permite visualizar el total de las 12 actitudes emprendedoras asociadas entre sí, no de manera aislada (Ver Anexo 1). En la medida que los valores obtenidos se acerquen al extremo del gráfico (5 puntos), el participante se acercará a un perfil actitudinal con mayor tendencia o apertura al emprendimiento, mientras que al acercarse al centro de la figura (valores 0-1) tendrán actitudes con menor tendencia o cerradas al emprendimiento.
B. "Saber" (Conocimientos) y C. "Saber hacer" (Habilidades)
Estos apartados están compuestos por preguntas de extremo abierto, agrupadas en dos guías para ser aplicadas mediante entrevistas que permitiesen obtener la mayor información posible. La redacción de las interrogantes se llevó a cabo mediante la construcción de dos matrices de diseño, garantizando preguntas afines con el enfoque de competencias. En la Tabla 4 es posible apreciar el formato de las dos matrices.
Validez y confiabilidad del diseño
Con el fin de conocer el grado en que los instrumentos miden las variables que se buscaba medir en torno a competencias emprendedoras (Hernández et al., 2006), se llevó a cabo una validación de contenido, mediante la cual tres expertos en el área revisaron la redacción, coherencia y relevancia de los cuestionarios y escalas de actitudes diseñadas, concluyendo que poseen un alto nivel de validez.
Con respecto a la confiabilidad de los instrumentos diseñados, o grado en que los mismos producen resultados consistentes y coherentes, se consideró la aplicación de la Medida de consistencia interna, a través del cálculo del alfa de Cronbach. Fue necesaria la aplicación de una prueba piloto para la escala diseñada, y sucesivamente la elaboración de estadística descriptiva, mediante el empleo del paquete estadístico para las Ciencias Sociales SPSS® con licencia de la Facultad de Agronomía de la Universidad Central de Venezuela (Ver Tabla 5). Obsérvese cómo el resultado del alfa se acerca a 0.8, se puede decir que son instrumentos confiables (Hernández et al., 2006).
Parte II. Aplicación en la comunidad rural
"Saber ser" (Actitudes y valores): luego de aplicar el instrumento a la muestra (10 integrantes) y de promediar los resultados para facilitar su presentación, se infiere que poseen un perfil actitudinal abierto al emprendimiento (Ver Gráfico 1), ya que obtuvieron valores muy cercanos a cuatro (4) puntos para casi todas las 12 actitudes emprendedoras.
Parecieran asumir posiciones orientadas a la Constancia (4,75), Motivación al logro (4,62) y Autoconfianza (4,59), sin embargo no se muestran Proactivos ante los problemas (3,91); por el contrario, se observó una actitud reactiva ante las dificultades, y el emprender es sinónimo precisamente de asumir situaciones dificultosas de manera oportuna.
El liderazgo (2,80) fue el valor más bajo del perfil: al leer los resultados la muestra manifestó falta de interés por asumir este tipo de rol, básicamente por el poco conocimiento sobre lo que el término implica; además, no se observó valoración de la figura del seguidor, considerando que ambos resultan cruciales para concretar proyectos. Teniendo como premisa el emprender para el desarrollo, la muestra no pareciera actuar con mayor Orientación al desarrollo sustentable de su entorno (Comunidad y ambiente natural, 3,71), lo que pudiera ocasionar subvaloración de las oportunidades asociadas a las condiciones naturales y desarrollo de actividades económicas, sin considerar la fragilidad de estas condiciones.
Luego de observar la aplicabilidad del instrumento en su I Parte, obteniendo una visión particular de los integrantes de la muestra (10) y una aproximación al perfil actitudinal de los emprendedores potenciales de la comunidad en estudio, se procedió a realizar una indagación más profunda en lo referente a los conocimientos (B) y habilidades (C).
"Saber" (Conocimientos): El grado de instrucción mínimo de la muestra es bachiller, lo que se puede explicar de modo parcial porque fue tomada en la Aldea Universitaria, pero además en la comunidad disponen de liceos bolivarianos y misiones educativas, los cuales han contribuido a mejorar en dicho aspecto. En general, han tomado cursos, capacitaciones y talleres, entre los que cuentan como de mayor valor los referidos al desarrollo personal. Tanto para los que poseen una idea como para los que no, resulta importante adquirir conocimientos sobre cómo elaborar un plan de negocios o proyecto, y manifiestan interés en aprender cómo identificar oportunidades de negocio.
"Saber hacer" (Habilidades): A partir de la muestra es posible decir que existe diversidad en cuanto al "Saber hacer", encontrando muchos oficios en los que se consideran realmente buenos y presentan variedad de intereses (Ver Tabla 6):
Todos coinciden en que saben lo buenos que son porque la comunidad en general los reconoce y se los dice, ellos afirman que el secreto es "conocer el oficio, hacer las cosas con amor y de manera diferente". Unos poseen ideas muy claras de negocio, emprendimientos o proyectos que son capaces de describir con detalle; otros por el contrario manifiestan que desean hacer algo, pero no saben exactamente qué.
En algunos casos las ideas de emprendimiento no se relacionan directamente con los gustos y preferencias de estas personas, pero en otros están íntimamente relacionados, tal como les ocurre a Mary Luz Zapata, licenciada en Educación y profesora de la Aldea, quien disfruta de educar y siente inquietudes por desarrollar un proyecto sobre educación ambiental; o el caso de las señoras Kupertina Betancourt y Zoraida Contreras, quienes son estudiantes de la carrera de Gestión Social en la Aldea y han sido trabajadoras sociales en la comunidad durante muchos años. Ambas coinciden en la creación de una oficina de protección al menor en la parroquia. Los que tienen una idea de emprendimiento, también poseen algún tipo de experiencia en el área, lo que podría facilitar la puesta en marcha.
Además, los que no poseen una idea, tienen experiencia en diversas áreas que pueden servir de soporte al desarrollo de emprendimientos que satisfagan necesidades de la comunidad. Un caso significativo es Francis Martínez, joven estudiante de la Aldea que si bien "no sabe exactamente qué hacer", tiene preferencias por los trabajos manuales, ha tomado varios cursos y manifiesta con entusiasmo que la gente reconoce lo buena que es, pudiendo ser una potencial artesana que plantee nuevas actividades económicas y sociales.
Todos afirman que las personas de la comunidad se dedican tradicionalmente a la agricultura, dicen conocer la actividad porque la aprendieron de sus padres y abuelos, llegando a practicarla alguna vez, pero son muy pocos quienes viven de ésta.
Para Kevin Sánchez, profesor de la Aldea que se encuentra desarrollando un proyecto productivo de siembra de tomate, quinchoncho y ñame, más que actividades tradicionales la agricultura en Negro Primero en muchos casos "no es el modo de vida sino el modo de sobrevivir, pues se siembra en invierno para comer en verano". Considera que han heredado el saber de la siembra pero en general existe poca visión, como "implementar sistemas de riego en la época de sequía, y así muchas cosas más".
Otros manifiestan que continúan la práctica agrícola y le enseñaron a sus hijos; combinan la agricultura con otras actividades, como la señora Alida Vázquez, quien hereda el saber y la tierra de sus padres, sus hijos son profesionales, pero aprendieron la labor y viven de ella.
En general, la muestra manifiesta interés por la agricultura, explican que al no poseer tierras prefieren no arriesgarse; además, algunos como Yelitza Palacios y Zoraida Contreras lo consideran un "trabajo muy duro". Sin embargo, la mayoría de los entrevistados manifiestan que si tuvieran la tierra serían agricultores como sus padres y abuelos, aunque sea para consumo propio, pues reconocen el valor y la nobleza del oficio.
Conclusiones y recomendaciones
Se discute la existencia de un perfil ideal de emprendedor, así como la posibilidad de medir dicho perfil a partir de características preestablecidas, básicamente lo que proponía la llamada "Escuela de los rasgos". Los resultados del presente trabajo permiten decir que el enfoque de competencias da una respuesta si no exacta, sí muy cercana, logrando describir los perfiles de la muestra de emprendedores potenciales del caso estudio a partir del entendimiento de su realidad rural y del diseño de un instrumento basado en competencias, observando que para emprender se requieren no solo actitudes, sino también conocimientos, habilidades, intereses, entre otros.
El perfil de un emprendedor rural con otro de espacios más urbanos, coincide en el componente actitudinal. Mientras que los conocimientos, habilidades y otros, dependen de las iniciativas, proyectos y actividades de cada emprendedor; el ambiente no necesariamente condiciona al hombre, pero sí la actividad, por lo que las oportunidades serán diferentes en correspondencia con la multifuncionalidad del territorio rural.
No es posible determinar un conjunto de "competencias clave", como ocurre cuando el enfoque de competencias es aplicado en la administración y en la educación, donde la formación se corresponde con un perfil del cargo o del egresado, pero sí es observable la necesidad de que el emprendedor dé muestras de orientación al desarrollo sustentable de su entorno, lo cual resulta además imprescindible para los emprendedores rurales dada la fragilidad social y ambiental de estos espacios.
Además, los resultados sugieren la posibilidad de definir un perfil de emprendedor rural, pero ese perfil será único para cada emprendedor, es decir, existirán tantos perfiles de emprendedor como emprendedores e ideas haya. Ahora bien, analizando las actitudes y las ideas alrededor de los conocimientos y habilidades, se pueden realizar, acercamientos al perfil de emprendimiento de la comunidad rural a la cual pertenezcan. En este sentido, los resultados no deben considerarse de modo determinístico, pero sí de importancia como la referencia más clara para orientar un proceso de desarrollo emprendedor en un espacio rural determinado.
El enfoque de competencias es oportuno en cuanto al desarrollo emprendedor y para explicar más claramente su proceso de desarrollo. Los emprendedores no nacen ni se hacen, se desarrollan, y ese proceso procura la consecución de un emprendimiento a partir de una idea que nace de una oportunidad, pero sobre la base del fortalecimiento de sus competencias emprendedoras y ello implica a su vez un proceso educativo.
En este orden de ideas, se sugiere que para el análisis del perfil emprendedor en una comunidad rural los emprendedores potenciales deben estar conscientes sobre el proceso de aplicación del instrumento y sobre lo que el concepto de competencias significa, ya que el mismo fue diseñado con carácter de autoevaluación. Su lectura puede facilitar la clarificación de una idea, asociando intereses a oportunidades. Ade más, es recomendable y oportuna la realización de un estudio de tipo correlacional sobre las actitudes emprendedoras identificadas, para conocer si todas influyen de igual forma en el proceso emprendedor o es necesaria una ponderación. Además, se considera pertinente realizar una adaptación de las afirmaciones a un lenguaje más local, mediante el empleo de refranes y expresiones populares, en busca de facilitar el entendimiento de las proposiciones.
Anexos
Anexo 1:
Instrumento para Perfil de Emprendedor Rural
A. "Saber ser" (Actitudes y valores)
Instrucciones
1. Este cuestionario tiene 24 declaraciones. Ninguna representa respuestas malas o buenas, el objeto es conocer su opinión sobre una determinada situación.
2. Lea cada una de ellas y decida con cuál opción se identifica mejor.
3. Marque con una (x) su opción de respuesta, tomando como referencia la siguiente escala.
4. Evalúe todas las afirmaciones lo más francamente posible.
Instrumento: Perfil de actitudes emprendedoras
Continuación: Instrumento: Perfil de actitudes emprendedoras
Cálculo del Perfil de actitudes emprendedoras
1. Sume los valores asignados a cada afirmación como se indica en el formato siguiente y divida entre dos.
2. Coloque el resultado del cálculo anterior en la columna de Puntaje por actitud.
Continuación Tabla de medias por actitud
Plantilla para el gráfico de Perfil de actitud emprendedora
En la plantilla siguiente puedes representar los resultados de la aplicación del instrumento; podrás visualizar la totalidad de las 12 actitudes emprendedoras.
Graficar es muy fácil: observa que para cada actitud se proyecta una línea hasta el centro de la figura (de 5 hasta 0), traza un punto grueso con el puntaje por actitud según la escala señalada. Repite para cada actitud emprendedora. Al final une estos puntos gruesos y obtendrás el perfil de actitudes.
Interpretación de resultados
En la medida que los valores obtenidos se acerquen al extremo del gráfico (desde 1 a 5 puntos), el emprendedor potencial se acercará a un perfil actitudinal con mayor tendencia o apertura al emprendimiento, mientras que al acercarse al centro de la figura (desde 3 a 0 puntos) tendrá un perfil con menor tendencia o cerrado al emprendimiento. Si los resultados apuntan hacia los valores centrales de la escala (3), entonces el perfil actitudinal es medianamente orientado a emprender.
B. "Saber hacer" (Habilidades)
C. "El saber" (Conocimientos)
1 Licenciada en Ciencias Administrativas y Gerenciales (Universidad Tecnológica del Centro), MSc en Desarrollo Rural, mención Administración de Empresas Agropecuarias (Universidad Central de Venezuela). Profesora Instructora adscrita al Departamento de Economía Agrícola y Ciencias Sociales, Facultad de Agronomía de la Universidad Central de Venezuela. Línea de investigación: Gestión del conocimiento, dirección postal: UCV - Facultad de Agronomía, avenida Universidad, vía El Limón, Maracay, apartado postal 4579.
2 Licenciada en Educación (Universidad Simón Rodríguez), MSc en Educación (Universidad de Carabobo), Especialista en Lectoescritura (Universidad Complutense de Madrid) y Doctora en Ciencias de la Educación (Universidad Bicentenaria de Aragua). Profesora Agregada, Jefa del Departamento de Economía Agrícola y Ciencias Sociales y Coordinadora del Postgrado en Desarrollo Rural de la Facultad de Agronomía de la UCV. Línea de investigación: Desarrollo rural sostenible.
3 Según el Ministerio de Educación y Deporte (2004), es un programa de carácter estratégico no permanente, que responde al mandato constitucional y a los lineamientos de la política en materia de educación orientados a garantizar condiciones de universalidad con equidad., mediante la incorporación en la educación superior de todos los ciudadanos que no lograron ingresar a la educación superior. Pretende saldar la deuda social, asumiendo el imperativo ético y político de disminuir las brechas y construir la equidad, potenciar la sinergia interinstitucional y la participación comunitaria en la resolución de la problemática del cupo universitario.
4 Según apreciaciones del profesor Víctor Obispo, coordinador de la Aldea Universitaria de Los Naranjos.
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NATHALIE BARRETO1
Universidad Central de Venezuela
THAÍS THOMAS2
Universidad Central de Venezuela
Recibido: 21/11/2014
Aprobado: 23/02/2015
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