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Una sección de cocina en una revista puede parecer, a primera vista, muy poco interesante. Cabe esperar recetas más o menos fáciles de hacer, hasta el punto que tal llega a ser uno de sus atractivos y convertirse en su slogan. También cabe esperar listas de ingredientes y unas cuantas indicaciones respecto a cómo proceder. Tal descripción no es válida para "El menú de la semana", la sección que entre 1946 y 1960 apareció puntualmente, con la rúbrica de Adriana Loredo, en la revista cubana Bohemia. No se trata de que "El menú de la semana" traicionara la que, desde el título mismo, uno adivina como su esencia. Tenía recetas, muchas y variadas recetas, exóticas algunas, otras muy sencillas y hogareñas, todas debidamente explicadas. Aparecían las medidas al uso, algunos consejos, esos secretos que tanta falta a veces nos hacen... Lo más interesante es que "El menú de la semana" devino para su autora una atalaya desde la cual conversar con sus lectores no sólo de cocina. Aun cuando hubiera sido esta su única pretensión, nos resultaría hoy en día utilísimo para reconstruir el imaginario en torno al hogar y a la cocina, y nos permitiría un acercamiento antropológico al universo, apasionante y retador, de cazuelas, adobos y parrillas, circunscrito a una época y entorno geográfico muy preciso. Todo ello es posible, reitero, mas no es lo que me seduce de esta página y lo que me insta a compartir mis experiencias de lectura y obrar cual una redescubridora: Adriana Loredo no es sólo una mujer que cocina bien, es, ante todo, una mujer de cultura y una notable periodista. Además, tampoco Adriana es simplemente Adriana: es el seudónimo empleado por Rosa Hilda Zell para firmar esta sección.1
Nada es lo que parece
La historia es curiosa, y la cuenta la propia autora en la sección, publicada en el primer número de agosto de 1951, con la que celebraba el quinto aniversario de su aparición, crónica elegida como pórtico del volumen Arroz con mango, editado en 1952:
Al querer regresar a ejercer el periodismo tras una ausencia de varios años, debió estudiar las publicaciones periódicas, lectura marcada por una interrogación avasalladora: ¿Qué realidad cubana no había encontrado todavía eco en nuestra prensa? ¿Qué gran...