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Majchrzak, Irena (2004). Nombrando al mundo. El encuentro con la lengua escrita a partir del nombre propio (Maestros y enseñanza), Ciudad de México/Buenos Aires/Barcelona: Paidós. EL PODER DEL NOMBRE
Y Yaveh Dios formó del suelo todos los animales del campo y todas las aves del cielo y los llevó ante el hombre para ver cómo los llamaba y para que cada ser viviente tuviese el nombre que el hombre le diera (Génesis 2, 18).
La complejidad del proceso de adquisición de la escritura y la lectura ha suscitado, a lo largo del tiempo, una búsqueda continua del "método" que conduzca al niño a la construcción exitosa y creativa de su conocimiento. Irena Majchrzak propone el suyo a partir del nombre propio; aprovecha la magia que representa para el niño debutante descubrir que, tras su nombre, hay palabras que lo conforman y significados escondidos que pueden nombrar la realidad. En efecto, Majchrzak aprovecha la rica experiencia que vivió en los años ochenta con niños chontales y choles de Tabasco en escuelas bilingües (y que hoy en día se repite con el mismo éxito con los niños de Polonia), para darle forma y vida a su propia postura frente a la escritura. En Tabasco el reto era doble -cognoscitivo y lingüístico-, pues la adquisición de la lengua materna y, ulteriormente de la escritura y la lectura, se hacían entre las dos cosmovisiones que circundaban al niño, la del español, lengua dominante y de prestigio, y la de su lengua materna, marginada y en franco peligro de extinción. La autora, consciente de esta situación, asume desde el primer encuentro con esos mundos diferentes el compromiso de buscar la mejor forma de conciliar y darle al niño armas útiles para combatir la marginación que supone el analfabetismo. Tomo una pequeña parte de la introducción para ilustrar la motivación vital que llevó a la autora a crear su método.
Confieso que empecé mis viajes por las tierras que Aguirre Beltrán llamó Regiones de Refugio con una actitud positiva hacia el Proyecto Bilingüe Bicultural [...] viajaba de un pueblo a otro, iba de un niño a otro. La realidad era muy variada [...] me percaté de que, independientemente de la lengua, los programas elementales constituían una barrera definitiva para la...





