Headnote
Abstract
The diverse educational, editorial, translating, and critical elements present in the work of the Countess of Ségur are more than enough to justify the quick and successful reception and success of her novels in Spain. Different translations of these novels proliferated during the post-war period, as did individual statements evoking a vision of childhood where Segur's work appeared in the imagination of children readers. These facts, along with the success of her ?novel of mischiefs? genre further acted as pillars of her success and support our claim.
Key words: Countess of Ségur. Novels. Diffusion. Spain. Translations. Influences.
Resumen
El variado conjunto de elementos educativos, editoriales, traductoriales y críticos reunidos en torno a la obra de la condesa de Ségur es más que suficiente para calificar como pronta y exitosa la acogida y difusión de sus novelas en España. La proliferación de traducciones y adaptaciones durante la posguerra, las manifestaciones individuales que evocan una infancia donde la obra de la condesa figuró de pleno en el imaginario de los lectores infantiles, y el éxito en la literatura española del modelo ?novela de travesuras? refuerzan tal afirmación.
Palabras clave: Condesa de Ségur. Novelas. Difusión. España. Traducciones. Influencias.
Résumé
Les éléments éducatifs, éditoriaux, de traduction et critiques autour de l'œuvre de la comtesse de Ségur sont suffisants pour qualifier l'accueil et la diffusion de ses romans en Espagne comme promptes et réussis. La proliferation de traductions et adaptations pendant la période d'apres-guerre, les témoignages d'individus qui évoquent une enfance ou l'œuvre de la comtesse figurait dans leur imaginaire, et le succes dans la littérature espagnole du modele ?livre d'espiegleries?, renforcent cette affirmation.
Mots-clé: Comtesse de Ségur. Romans. Diffusion. Espagne. Traductions. Influences.
La condesa de Ségur escribió sus célebres novelas durante los últimos veinte años de su folletinesca vida1. Por más que el motivo manifiesto de su dedicación a la escritura -veintiún títulos de ficción (cuentos, novelas, teatro) y tres de enseñanza religiosa- fuera el entretenimiento y la educación de sus nietos, hoy día parece fuera de toda duda que la condesa albergó el íntimo propósito de conformar con sus creaciones una verdadera carrera literaria (Berasategui, 2011: 63). En cualquier caso, la autora alcanzó la fama tras haber visto publicados sus libros por la editorial francesa Hachette entre 1857 y 1871. La carga moral y el elitismo social de sus novelas no les impidieron ocupar uno de los primeros lugares en las bibliotecas de niños y jovencitas, franceses por supuesto, pero también españoles, tanto en su versión original como en sus repetidas traducciones. Así lo percibía el periodista J. Spottorno en 19312: ?Mi generación española, es en cierto modo también nieta de la condesa de Ségur. ¿Quién que haya sido niño en mi época infantil no ha leído...??
Apenas se recogen noticias relacionadas con la condesa o su obra en la prensa española de finales del siglo XIX y principios del XX. En la de carácter general únicamente se reseñan tres acontecimientos, su muerte acaecida en febrero de 1874, tal como refleja el periódico español y francés El Americano, donde Ángel de Miranda pronostica que sus libros, de un género ?casi creado por ella?, perdurarán como ?modelo de gracia, sencillez y de buen gusto?; el anuncio de la venta en la Librería Religiosa de Madrid de una de sus obras piadosas, Evangelio de una abuela3 y, en 1910, varios reportajes con fotografías de la inauguración del monumento erigido en su memoria en los jardines de Luxemburgo4.
Anteriormente se habían difundido fragmentos de la obra de Ségur traducidos en forma de adaptaciones teatrales para niños en la prensa infantil: La Ilustración de la Infancia (1877), contenía una adaptación titulada ?Pepito Trápala?, y más adelante, en 1906, Gente Menuda -el suplemento infantil del ABC- ofrecía a sus lectores La maña y la fuerza (On ne prend pas les mouches avec du vinaigre) en forma de comedia en dos actos en la sección ?El teatro de los niños?5.
Por eso resulta significativo el ensayo que la escritora feminista Margarita Nelken publicó en el periódico El Día (20/04/1917), titulado ?Una gran educadora: la Condesa de Ségur?. La escritora da por supuesto la amplia difusión que sus libros han tenido en España aun antes de ser traducidos al español, y se refiere a la condesa como gran señora y gran abuela. Después de reconocer que la imaginación y el carácter vehemente y apasionado de la autora confieren a su obra un ?encanto singular?, resalta su carácter formativo que convierte su lectura en herramienta esencial para los adultos en la difícil tarea de educar a niños y jóvenes. Y termina con la sentencia que un académico francés pronunció con motivo de la inauguración de su estatua conmemorativa: ?Francia no sería tal como es sin la obra de la condesa de Ségur?.
Ese ?encanto singular? de las novelas de la condesa reside en la acertada composición de sus personajes -sobre todo los de sus protagonistas infantiles, que retratan por primera vez niños vivos y espontáneos-, y en la estructura de su obra compuesta por cortos episodios de ritmo ágil y estilo claro en los que predomina el diálogo. Por otra parte, la condesa de Ségur se revela como pionera al dar el protagonismo a una niña en la primera de sus novelas, Les Malheurs de Sophie (1858). Este libro, el primero de la famosa trilogía de Fleurville que incluye también Les Petites Filles modeles y Les Vacances, fue el que le reportó el mayor éxito, con más de 450 ediciones en trece lenguas. La obra inspiró igualmente un ballet, tres películas, una pieza de teatro y una serie televisiva. Sofia, una niña obstinada, desenvuelta y natural, sufre -lo mismo que sufrió en su día su creadora Sophie de Ségur- las maneras de una educación rigurosa, en un entorno campestre de castillos normandos, señores y campesinos que evoca seguramente el ambiente cercano a lo feudal en que se educó la propia condesa en su Rusia natal. En el otro de sus grandes éxitos, Mémoires d'un âne (1860), toma la palabra un asno que, tras experimentar los malos tratos de los hombres, concluye que la bondad es clave para hacerse amar y, en consecuencia, ser feliz. El libro, que exhorta al buen trato animal, ha sido objeto de más de 350 ediciones, traducido a catorce lenguas y ha inspirado la serie televisiva Cadichon6.
Las siguientes novelas relatan historias más complejas que no siempre se desarrollan en el entorno de la campiña normanda. Como indica Soriano (1995: 645), a este primer ciclo, le sigue el de las novelas eslavas -Les Deux Nigauds, L'Auberge de l'Ange gardien y Le Général Dourakine- y la serie escocesa y bretona, Un bon petit diable y Jean qui grogne et Jean qui rit. Finalmente, la condesa escribe el ciclo de la grandes novelas ?balzacianas? de los últimos años como La Fortune de Gaspard, Le mauvais génie y Apres lapluie, le beau temps.
Siguiendo la tradición del cuento oral y como tantas otras obras juveniles de gran éxito, antes que en formato libro, los episodios de la mayoría de sus novelas fueron publicados en la revista infantil La Semaine des enfants, fundada por Hachette en enero de 1857. Esta estrategia permitía al editor estimar el futuro éxito de la obra, cuyo interés, por otra parte, había sido ya evaluado por los nietos de la condesa que constituían su primera audiencia (Leáo, 2009: 4).
El prestigio del francés como lengua de educación era todavía creciente en España durante los años en que la condesa publicó sus novelas. A partir de la aprobación de la ley Moyano de Instrucción Pública (1857), que obligaba a incluir el aprendizaje de una lengua extranjera en la enseñanza media, proliferaron los manuales y las gramáticas para el estudio del francés, la lengua de elección. Los primeros cursos de enseñanza, repletos de reglas gramaticales, fueron enriqueciéndose progresivamente con la inclusión de textos literarios. Tres de los diecinueve manuales examinados por Fischer et al. (2004) incluían textos de la condesa de Ségur, acreditándola como autora canónica, aun sin llegar a la popularidad de autores clásicos como Fénelon y La Fontaine, cuyos textos se incluían en nueve y siete manuales, respectivamente7.
Los jóvenes españoles que se esforzaban en aprender francés en su hogar o en los colegios franceses, también tuvieron la oportunidad de hacerlo leyendo en su lengua original las novelas y los cuentos de la condesa de Ségur que circularon en España desde 1858. El catálogo de la BNE recoge a fecha de hoy, sesenta y nueve entradas de distintas ediciones de sus obras en francés, lo que supone casi un tercio del total de los ejemplares catalogados. Les Malheurs de Sophie, Les Petites Filles modeles (con nueve y ocho entradas, respectivamente) y L'Auberge de l'Angegardien, Le GénéralDourakine y Mémoires d'un âne (con cinco, cuatro y cuatro) son las novelas en idioma original con mayor presencia en el catálogo.
Desde el punto de vista cronológico, y dejando a un lado Nuevos cuentos de hadas y los libros de contenido evangelizador, las obras editadas por Hachette llegaron puntualmente a España, el mismo año o, como mucho, el año siguiente al de su primera edición parisina, excepto Les Vacances y Diloy, le chemineau, de las que no existen referencia hasta iniciado el siglo XX. En estos primeros años del siglo, los libros de la trilogía de Fleurville -uno de ellos en su séptima edición- circularon en España también en las versiones portuguesas de Gallo Abranches y de Antonio Luiz Teixeira Machado de finales del siglo XIX y editados por Aillaud, mostrando así el temprano interés con que se acogieron en Portugal las novelas de la condesa.
La traducción sistemática al español de las novelas de la condesa se emprende en España en 1920, con un retraso de más de setenta años, en consonancia con la tardanza en la publicación de las traducciones de otros clásicos, como Alicia en el país de las maravillas o Heidi que no se abordaron hasta los años 1927 y 1928, respectivamente.
Con anterioridad, se habían editado en Francia dos de sus títulos en español. El primero, Memorias de un asno (1861, París, Hachette), fue traducida al español por Eduardo Vélez de Paredes bajo la dirección del Dr. J. M. Guardia, y contaba con 75 grabados de Horacio Castelli, es decir con las mismas ilustraciones que la edición original francesa8. Al año siguiente de su primera edición en francés, se traduce François le bossu (Francisco el jorobado, 1865, París, Hachette, con 114 grabados de E. Bayard) sin que se conozca el nombre del traductor.
Fue la Librería Religiosa de Barcelona la editorial que abordó la traducción completa de sus novelas y cuentos en su colección ?Biblioteca Rosa?, que ofrecía sus ejemplares en versión rústica o en cartoné9. En la contraportada de sus libros se indicaba la voluntad exportadora de la editorial: ?Estas obras forman la biblioteca más indicada para la juventud hispanoamericana?, lo que puede evidenciarse al comprobar que la mayoría de los libros en español de la condesa de Ségur disponibles en Colombia durante los años 1940-1960 provenían de dicha editorial (Michaelis-Vultorius, 2011: 299-303). La colección ?Biblioteca Rosa? se completaba en los años treinta con obras de otras dos autoras (Aurora Lista y la precoz María Berta Quintero, especialistas en literatura ejemplarizante) y llegaría a los cincuenta títulos a mediados de siglo.
En líneas generales estas versiones -realizadas por Teodomiro Moreno, también llamado ?Bachiller Francisco de Estepa?, Ventura Fraga o Camila Moner10 (véase tabla 1)siguen con fidelidad el texto fuente. Conservan las dedicatorias, paratextos de singular importancia en las novelas de la condesa, ya que registran su condición de abuela, identifican ciertos personajes con sus nietos y subrayan y especifican la finalidad moral de los textos. Estos ejemplares cuentan con cubierta en color e ilustraciones intercaladas (cuando las hay) de escaso atractivo. De hecho, el Gabinete de Lectura de Santa Teresa de Jesús (1963: 240) vierte una valoración desfavorable sobre la calidad de estos volúmenes: ?Libros dedicados a novelas ejemplares, en estilo "fin de siglo" muy adecuadas para medios rurales o populares. Mal papel, dibujos acordes con la colección?.
La colección consta de veinticuatro títulos, editados sin seguir el orden cronológico de las ediciones originales, excepto el de las trilogías, que se respeta. La inaugura Tras la borrasca, el sol (1920), una de las comedias escrita en los últimos años de vida de la condesa y destinada a un público menos infantil, traducida por Camila Moner, la misma versión que se publicará más adelante por entregas en El siglo Futuro (10/07/1926). La versión de esta misma traductora de Le pauvre Blaise (Elpobre Blas), el segundo de los títulos de la colección, fue posteriormente emitida en forma de capítulos durante el año 1930 por la Unión Radio Barcelona.
A partir de 1922 comienzan a publicarse en la prensa reseñas de las traducciones; como era de prever, la mayoría de los medios que les dieron cabida tenía una clara orientación religiosa, con espacios en donde se recomendaban lecturas doctrinales. La revista España y América, editada por los Padres Agustinos, publicó la correspondiente a la primera novela13, de la que se elogian sus mensajes morales, como es el triunfo final de la virtud oprimida o el pernicioso efecto que la desidia ejerce en los jóvenes. La nota, que alaba la sencillez, delicadeza y buen gusto de la obra, también se refiere a la labor de Camila Moner, al considerar que se halla ?castizamente traducida?.
La publicación de Las travesuras de Sofía en la versión de Teodomiro Moreno será objeto de la atención de varios medios. La Hormiga de oro14, revista católica ilustrada, carlista en sus inicios, y en todo caso antiliberal, destaca de ?esta preciosa novela? su aire ?encantador, ingenuo, deliciosamente infantil?, y señala su carácter autobiográfico, como el que puede rastrearse en casi todas las obras de la condesa, maestra en el arte de narrar. Otro de los rasgos destacados se refiere a su virtud de interesar a todos los públicos: ?aunque novela infantil, es una de esas obras raras que los adultos arrebatan de las manos de los pequeños para compartir el placer de su lectura?.
Esta misma revista se ocupará de otros títulos; en su reseña de Nuevos cuentos de hadas (03/12/1925), alaba a la editorial por la labor emprendida en su conjunto y destaca las virtudes del libro, uno de los más interesantes de la condesa capaz de despertar la fantasía en los lectores y, al mismo tiempo, inducirlos irresistiblemente al bien.
El siglo Futuro, otro diario de signo ultracatólico, reseña al menos cinco de las novelas en el mismo sentido que las anteriores. En su nota sobre Las niñas modelo (01/09/1925) destaca la ?suprema sencillez y naturalidad, amenidad y gracia? de esta ?preciosa narración? que fomenta además la cohesión familiar e inculca en los niños el amor a la ?vida doméstica?.
Ambas publicaciones se ocupan de Memorias de un asno, resaltando el extraordinario éxito del libro en su texto original, anticipo del entusiasmo con que será acogida la versión española. El asno Cadichon, cabalgadura favorita de los nietos de la condesa y protagonista en primera persona de las memorias, es rebautizado por Camila Moner con el sonoro nombre de Trompeta15. Las dos reseñas destacan las aventuras y peripecias del burro que deleitarán a los lectores suministrándoles al tiempo lecciones de sana moral (La Hormiga de oro, 15/09/1927 y El siglo Futuro, 16/07/1927). No siempre las críticas se publicaron en revistas de signo religioso; por ejemplo, el periódico de carácter general, La Vanguardia de Barcelona, se ocupó igualmente de reseñar los libros más populares de la colección16.
Entre los libros de la colección de la Librería Religiosa, no figura una versión española de Les Bons Enfants (1862), sin que se hayan podido averiguar los motivos, mientras que las cinco novelas cortas recogidas en la obra Comédies etproverbes (1866) se editan por separado (tabla 1) entre 1933 y 1934.
En consonancia con el ambiente de exaltación de los valores familiares, tradicionales y religiosos y el carácter represivo de la postguerra española, las reediciones de la condesa de Segur de la ?Biblioteca Rosa? se multiplicaron durante los años cuarenta y cincuenta. Dejando a un lado sus indudables valores literarios, sus novelas no solo complacían a las familias burguesas y a los colegios religiosos, sino también a un estado autoritario y conservador17.
Además de estas razones, el paso a dominio público de la obra de la condesa durante los años treinta propició la edición de dos colecciones simultáneas de nuevas traducciones al español. En primer lugar, Matilde Ras18 emprende la tarea de traducir trece de los cuentos de la condesa de Ségur, editados entre 1945 y 1946, para la colección ?Lecturas Juveniles? de la editorial Aguilar (tabla 1). Esta colección, iniciada en 1934 con la publicación de los libros de Celia de Elena Fortún, había renovado su formato en 1944 (cartoné con lomos de tela, fotocromo contracolado a la tapa dura), contando a partir de entonces con abundantes ilustraciones a dos tintas (alrededor de cien por volumen).
En contraposición a la fidelidad textual de las anteriores versiones, Matilde Ras, realiza verdaderas adaptaciones. En sus versiones traducidas, se omiten las dedicatorias (y en algunos casos las conclusiones) de la autora francesa, que ofrecían al lector datos de interés, como ya se ha comentado. Los textos se abrevian, eliminándose fragmentos supuestamente superfluos: palabras, líneas, enumeraciones y hasta capítulos completos19. Como resultado, predominan las frases cortas y una mayor abundancia del punto y aparte. El estilo también se moderniza para dar paso a un modo más coloquial y expresivo, con mayor inclusión de signos exclamativos.
No obstante, la colección de Aguilar tomada en su conjunto, teniendo en cuenta la importancia de sus bien cuidados paratextos (que en la literatura infantil abarcan ilustraciones, formato, tipo de letra, número de páginas, etc.)20 fue muy bien recibida y pronto se sucedieron las reediciones de sus ejemplares hasta alcanzar la tercera edición de la trilogía y de Nuevos cuentos de hadas en los años 1955-1958 y en 1960-1964, de los restantes.
Simultáneamente se emprende la traducción para la editorial española Molino asentada en Buenos Aires de las novelas de la condesa. La editorial, creada en 1933 en Barcelona y especializada en un tipo de literatura que podría definirse como ?popular?, continuó su labor en Argentina después de la guerra civil hasta 1952. Fue en esta época, en vista de las dificultades que la censura producía en su actividad, cuando la editorial se reconduce hacia la literatura infantil y juvenil donde alcanza un notable prestigio. En la década de los cuarenta (1943-1949) se publicaron en Buenos Aires las primeras ediciones de las traducciones de un buen número de las novelas de la condesa de Ségur, con la colaboración de dos prolíficas traductoras argentinas: Delia Piquérez e Isolina Torres (tabla 1). En 1943 y 1946 se publican, respectivamente Memorias de un asno y ¡Qué encanto de niña!, sin que se haya podido documentar el autor de estas traducciones. Estas ediciones se distribuyeron en España y en la década de los sesenta se reeditaron ya por la editorial nuevamente establecida en Barcelona. Los ejemplares de esta colección, traducida fielmente, conservan las dedicatorias y van provistos de ilustraciones que encabezan los capítulos.
Las novelas objeto de más versiones españolas en fechas posteriores fueron las correspondientes al ciclo de Fleurville. Les Malheurs de Sophie fue traducida al menos otras tres veces además de las dos versiones citadas en la tabla 121. Estos tres nuevos traductores eligen un nuevo título para esta emblemática novela: Las desventuras de Sofía, quizá más afortunado que Las desgracias de Sofía, pero en ambos casos más fieles al original que el empleado en la primera de las traducciones Las travesuras de Sofía, que pone el acento sobre la naturaleza de los actos de la protagonista, en tanto que en el original se señalan las consecuencias de tales actos. No es este el único caso de título inestable en español: cada una de las tres traducciones de la novela Apres la pluie, le beau temps toman diferente enunciado, lo mismo que sucede curiosamente en el caso de Pauvre Blaise, aunque el título original apenas ofrece margen de variación22.
Además de las cuatro versiones anteriormente citadas, Mémoires d'un âne, fue traducido en otras cinco ocasiones23. Especial atención merece una de las últimas, la adaptación de María Luisa Cunillera (1970) que ha alcanzado al menos nueve ediciones. Este volumen cuenta con modernas ilustraciones a toda página de Juan Marigot y un resumen encabezando cada capítulo.
Con todo, las salidas al mercado de las novelas de la condesa más recientes son las reimpresiones de varios de los libros de la edición de Aguilar, reproducidos tanto por el Grupo Santillana24 (Madrid, 2004) como por el Grupo Planeta (Barcelona, Altaya, 2008), en ambos casos de considerable tirada. Los dos títulos publicados por Altaya -Las niñas modelo y En vacaciones-, dentro de la colección ?Las lecturas de cuando éramos niñas?, se vendían en librerías, pero sobre todo en kioscos y fueron igualmente editados o distribuidos en varios países latinoamericanos. Cada libro se acompañaba de un fascículo, con un texto alusivo; en el correspondiente al primero de los títulos se afirma que la obra de la condesa ?conoció una extraordinaria popularidad en la España de la posguerra? y que, concretamente, ?Las niñas modelo [...] figuró en la biblioteca de la mayoría de los hogares donde había niños y jovencitas? (Queralt, 2008: 433-434).
Parece más que suficiente el conjunto de actuaciones que los agentes de los medios educativos, literarios, editoriales y críticos efectuaron a lo largo de más de un siglo en torno a la obra de la condesa de Ségur para poder calificar como exitosa la acogida y difusión de sus novelas en España. Además de numerosas, las acciones son muy variadas: a la circulación de ejemplares en idioma original, se unen las múltiples -aunque tardías- traducciones, reseñas periodísticas, adaptaciones teatrales infantiles, publicaciones en forma de folletines, emisiones radiofónicas.
Pero, aunque la proliferación de traducciones y reediciones reflejan la aceptación con que sus libros fueron acogidos por los lectores, el análisis quedaría incompleto si no se añadieran algunas de las numerosas manifestaciones individuales, vertidas en libros o entrevistas que evocan una infancia donde la obra de la condesa figuró de pleno derecho en el imaginario de los lectores infantiles españoles. Además de la temprana del cronista Spottorno, sirvan de ejemplo las siguientes: ?En España las hemos leído todos de pequeños y hay dos editoriales que las han traducido y siguen editando las obras de esta gran dama, que "muere siendo la abuela de todos los niños del mundo"? (Toral, 1957, II: 298); ?A pesar de ser niñas francesas, las niñas y los niños españoles se reconocen en los libros de la condesa de Ségur, especialmente en Las niñas modelo, La memorias de un burro y en Las vacaciones? (Bravo Villasante, 1989: 47); ?Leí lo normal: Celia Cuchifritín, los cuentos de la condesa de Ségur (recuerdo sobre todo Memorias de un burro), Pinocho y Chapete, etcétera? (Armijo, 1992: 14); ?Hasta el catolicismo reaccionario tenía, en Francia, otro aire: se nos aparecía envuelto en las extravagancias de la Condesa de Ségur, con su imaginativa Sophie que cortaba una avispa en rodajas, sus crueles padrastros rusos que en vez de dar a los niños un simple cachete -como se hacía por estos pagos- los azotaban con un elegante martinet, y sus malvadas nodrizas que en el colmo de la desvergüenza, se bebían el chocolate destinado a sus pupilas, sin que la madre de éstas se enterase.? (Freixas, 2007: 29).
Las particularidades de la recepción española de la obra de la condesa pueden visualizarse a partir de la representación gráfica de la evolución en el tiempo de las ediciones de la obra de la condesa catalogadas en la BNE, tanto en francés como en español (gráfico 1). Las primeras ediciones en francés se comercializan en las décadas 60 y 70 del siglo XIX y, aunque en número bajo su edición se mantiene ininterrumpidamente hasta los años treinta del pasado siglo. Es a partir de 1940 donde proliferan las traducciones y sus reediciones que alcanzan cifras muy elevadas durante los cuarenta años que coinciden con los de la dictadura franquista. El repunte de ediciones en francés que se detecta en la segunda mitad del siglo XX, se corresponde con la circulación de ejemplares de la colección ?Belles Années? (París, Lito), adaptaciones muy abreviadas con ilustraciones a todo color, centradas en las novelas para los más pequeños.
La difusión de su obra en otros países fue desigual: muy leída en Portugal (Vila Maior, 2001) y América Latina (Leáo, 2009), penetró con mayor dificultad en Estados Unidos (Malarte-Feldman, 2001) y en los países del norte de Europa (Käreland, 2001). Sin duda su porfiado moralismo, sus abundantes referencias a favor de la religión católica -no hay que olvidar que los libros de la condesa, profundamente católica ella misma, y amiga del ultramontano Luís Veuillot, fueron instados, revisados y corregidos por su hijo Gaston, ferviente sacerdote desde 1847- y la existencia de grandes escritores de cuentos, como Spyri en Suiza, Carroll y Nesbitt, en Inglaterra, los hermanos Grimm y E. T. A. Hoffman en Alemania, por solo citar los más evidentes, contribuyeron a esta disparidad.
La falta de creadores de calidad, junto con la inexistencia de un proyecto educativo de literatura infantil en la España de siglo XIX, propició un tipo de literatura para niños que no logró salirse de un esquema dominado por la recreación de ambientes populares y de personajes ejemplares llevados de la mano de un narrador. Esta falta de aventuras apasionantes y sobre todo de personajes vivos y atractivos con los que los pequeños lectores pudieran identificarse fue, junto con el prestigio de la lengua francesa, una de las principales razones del éxito español de la condesa. Y su modelo, las novelas de travesuras, constituyó también un ejemplo donde los escritores nativos pudieran inspirarse.
Así, María Atocha Ossorio y Gallardo25, verdadera animadora del suplemento Gente Menuda de principios del siglo XX, cuenta entre sus méritos el haber dado un primer paso en la introducción de un modelo más moderno de protagonismo femenino en la literatura infantil española, cercano al personaje de Sofía, de la condesa de Ségur.
En efecto, Ossorio escribió varias series protagonizadas por diversas niñas, Sarita, Juana, Piluca, Niní... -distintos nombres para un mismo prototipo26- pertenecientes a la burguesía madrileña acomodada, de vitalidad desbordante e inmersas en el convencional mundo de los adultos. Sus episodios recrean divertidas e ingenuas travesuras infantiles enmarcadas en el ámbito doméstico que terminan siendo castigadas -aunque no tan duramente como en las novelas de Ségur- por los mayores. Los episodios sobresalen del resto de los textos del suplemento por su agilidad y dinamismo -predominio del diálogo, proliferación de frases exclamativas, puntos suspensivos.-, y por su tono coloquial, aunque generalmente se abusa del casticismo, las expresiones lexicalizadas y los neologismos pretendidamente infantiles con voluntad humorística. A diferencia de los relatos de la condesa, estas series - que no alcanzan su calidad literaria- no evidencian una premeditada intención moralizante o piadosa, aunque permiten percibir un posicionamiento a favor del niño como persona, con ideas propias y voluntad de expresarlas.
De todas ellas, la de mayor duración y preferida de sus lectores, fue la titulada ?Las bondades de Niní?27, que comenzó a finales de 1908 y concluyó el 12 de diciembre de 1909 con la partida de la protagonista a un colegio inglés, en vista de que sus travesuras y caprichos terminan desquiciando a los adultos.
Estas series pueden verse como un adelanto del modelo seguido con gran éxito por Elena Fortún a partir de 1928, si bien es cierto que en la serie de Celia se narra el mundo desde la perspectiva infantil. No hay que olvidar que a lo largo de los más de setenta años que median entre el comienzo de la carrera literaria de la condesa y el nacimiento de Celia, el niño adquiere carta de identidad y deja de ser un mero receptor de mensajes moralizantes. De igual forma, los escenarios de las peripecias se renuevan y los ambientes decimonónicos abren paso a la modernidad. La vigencia y aceptación de esta secuela se demuestra por el éxito continuado de las series de Mari-Pepa (Emilia Cotarelo), Antoñita (Borita Casas) y, más recientemente y con protagonista masculino, Manolito Gafotas (Elvira Lindo).
Footnote
References
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