Content area
Érase una vez, una pareja que vivía en el monte. Eran Tío Conejo y Tía Zorra. Tío Conejo era muy embustero. Un día por la mañana, Tío Conejo dijo a Tía Zorra:
-Voy a hacer una roza bien grande. Hazme una buena comida con pescado y bollo, que yo me voy para el monte. Luego Tía Zorra dijo a su marido :
-Solo piensas en comer.
-Mi hija, voy a sembrar maíz y patilla para nosotros comer. Prepárame comida, para yo tener energía, que voy al monte y se me hará tarde. Para que cuando venga del monte tú tengas todo comprado.
Y se fué para el monte. Por todo el camino, Tío Conejo gritaba:
-Vengo bien satisfecho.
Pero Tío Conejo siempre iba a robar en monte ajeno. El dueño de la roza donde Tío Conejo solía robar, era la de Tío Tigre. Cuando Conejo llegó al monte, trepó en una mata de maíz para coger grandes mazorcas. Después bajó y se fue a su casa.
Cuando llegó la noche, Conejo le dijo a solas en la cama:
-Mañana temprano, te voy a llevar a mi roza para que la conozcas.
Al otro día, se levantaron temprano y Zorra hizo bastante comida y se fueron para el monte.
Cuando llegaron al monte, Zorra trepó a un árbol alto y empezó a gritar:
-¡Estoy en la roza de mi marido Pedro Conejo Barrio, óiganlo bien!
Entonces, Conejo le dijo:
-Zorra, ¡cállate!
-Conejo, si la roza no era tuya, ¿porqué me trajiste aquí?
Y Zorra seguía gritando. El dueño del monte estaba oyéndolos y se acercaba.
En esto Tigre soltó los perros. Zorra salió corriendo detrás de Conejo, gritando:
-¡Mi vestido quedará flecado! ¡Mi vestido quedará flecado! Conejo, ¡espérame! Pero Conejo no quería esperarla y los perros la maltrataron toda.
Cuando llegaron a la casa, Zorra puso a calentar un jurgo de agua con sal y se lo echó a Conejo y éste murió.
Copyright Vanderbilt University. Department of Spanish and Portuguese Spring 2017