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Abstract

Las controversias sobre prácticas tan arraigadas como las lidias de gallos o el bailar danzón, consideradas como propias por las clases populares y como incivilizadas por la élite social y los funcionarios interventores, evidencian justamente las tensiones entre el afán de modernizar la sociedad colonial según el modelo político y cultural norteamericano, y la aspiración a un fortalecimiento de la identidad cultural que legitimara la institución de un estado nacional indepenthente. Paralelo a la separación de la iglesia y el estado decretada por las autoridades norteamericanas, aquel espontáneo nacionalismo de los tiempos en que "el Himno de Bayamo era una melodía tarareada o silbada en las esquinas, las décimas a la bandera llenaban las páginas de los cancioneros de moda, el escudo se bordaba en los pañuelos que las novias regalaban a los novios, y las "estrella solitarias" se llevaban en broches prendidos al pecho o en la hebilla del cinturón" (13), tiene, como en los primeros años de la Revolución Francesa, tanto de fiesta como de religión patriótica. No se trata, sin embargo, en modo alguno de una suerte de romance nacionalista.

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Copyright University of Pittsburgh Press 2008