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El personaje protagónico de la obra es Mersé, una mulata joven que por haberse criado con una familia rica de la capital, donde su madre trabajaba como criada, ha adquirido unos modales y una educación que la convierten en un ser "extraño" dentro del solar. Importante en él, es que sus numerosos habitantes viven en una relación-estrecha no siempre voluntaria-donde Io público y lo privado, con frecuencia, borran sus límites. 13 Sugiero ver "Homenaje a Manuel ('Manolo') Granados" editado por Lourdes Martínez-Echazábal en la revista Afro-Hispanic Review 24.1 (2005). NARCISO J. HIDALGO THE UNIVERSITY OF SOUTH CAROLINA-AIKEN Narciso J. Hidalgo is an assistant professor of Spanish in the Department of Languages, Literatures and Cultures at the University of South Carolina-Aiken. Presently, he is researching his latest project Nation and Discourses: The Voice of the Subaltern, examining the economic and social development of blacks and mestizos in eighteenth and nineteenth century Cuba.
En Cuba, "el problema negro" era [y es] un problema blanco.
-Gascón Baquero, La Encidopedia de Cuba.
Para Enrique, siempre en estas abatares.
Las ideas que han relacionado la pigmentatión de la piel y la conditión del hombre han servtdo, durante siglos, para clasificar a los individuos. La mentalidad cientificista de la llustratión, con sus exigencias clasificatorias, fue la primera que habló de razas.1 En 1776 el alemán Johann Friedrich Blumenbach (1752-1840) establecía una clasificación de razas y sub-razas con cinco grupos principales: europea o caucasiana, malaya, mongólica, americana y etíope o negra. En la medida que avanzaron los estudios medicos y antropologicos, fue evidente que estas diferencias de razas eran superficiales y obedecían mayormente a un proceso de adaptatión de los diferentes grupos humanos al medio donde se desenvolvían.
El anatomista sueco Adolf Retzius (1796-1860) propuso en 1832 una clasificación tomando como referencia la relación largo-ancho de la anatomía del cráneo: dolicocéfalos (alargados) y braquicéfalos (anchos) estableciendo una complicada division que además tenía en cuenta otras dimensiones corporales. Estas denominaciones eran, sin embargo, diferenciaciones meramente anatómicas y por tanto no podían validar otras caracteristicas. Estudios mas recientes han demostrado que los rasgos físicos que diferencian los diversos grupos humanos están condicionados por aspectos hereditarios y no presuponen mayor o menor inteligencia, sino que atienden a diferencias históricas y culturales.2
Si desde el punto de vista científico es posible cuestionar el concepto de raza, puede también afirmarse que en aquellos lugares donde conviven diferentes grupos étnicos, las diferencias raciales han sido el origen de conflictos políticos y sociales, a través de los siglos. En la práctica habría sólo que preguntarle a un negro, a un chino o a cualquier mestizo si ellos creen que las razas no existen ... porque si algo es evidente, es el color de la piel y con ella todas las connotaciones sociales que se atribuyen a los individuos que pertenecen a uno u otro grupo. ¿Cómo podríamos entonces manejar el tema de las razas? ¿Las actitudes racistas se evitan negando la existencia de las razas o es preciso analizar el origen de los conflictos raciales, ahondar en la historia y sobre todo, en la conducta humana, para encontrar soluciones que permitan que los diferentes grupos étnicos convivan en un espacio de equidad y tolerancia? Las páginas que siguen proponen algunas reflexiones en tomo a la pigmentación de la piel y el discurso literario cubano.3 En ellas se analizan las condiciones económicas y sociales que desde el período colonial han contribuido a las diferencias raciales. Desde ese marco busco dar respuesta a esos interrogantes.
En América, desde el comienzo de la conquista y colonización, se establecieron ordenanzas y leyes que reproducían aquí la visión europea en términes de una civilización superior para disponer, clasificar y enjuiciar la existencia social y humana de este continente.
A consecuencia de los exterminios masivos, los suicidios y las enfermedades, los conquistadores sustituyeron la mano de obra indigena por la esclavitud africana. Aún cuando los primeros colonizadores llevan esclaves al Caribe, es preciso entender que la trata y la esclavitud, desde sus inicios, se justifican como la fuerza de trabajo necesaria e imprescindible para la extracción y producción de riquezas. Para colonizadores y hacendados criollos el esclavo no fue más que un elemento esencial en el engranaje productive.
Con el arribo de las primeras embarcaciones abarrotadas de esclaves, y hasta finales del siglo XIX-como ocurrio en Cuba y Brasil-la esclavitud de africanos es el sistema capaz de producir las riquezas que utilizan las coronas europeas para desarrollar el capitalisme industrial. El trabajo del esclavo sera el "motor" que produce y garantiza el status que disfrutan los hacendados criollos durante el siglo XIX, le cual les permite imponerse como grupo hegemónico, en las sociedades americanas.
Con la llegada de los primeros colonizadores se inicia un intercambio sexual entre colonizadores de origen europeo e indígenas, y luego, entre colonizadores y africanos, que hasta nuestros días ha sido responsable del mestizaje racial que caracteriza al hombre americano. Al Caribe llegaron además hindúes y asiáticos, éstos últimos llamados cooiies. No obstante, es con la presencia negra en tierras americanas, que se incrementa el proceso de relaciones inter-raciales entre colonizadores, criollos y los distintos grupos africanos, que para el siglo XVIII alcanza un nivel de mestizaje escalofriante e impensable en otras sociedades. Esto "obligará" a las autoridades coloniales a repensar y establecer clasificaciones que limiten y definan la condición social y por consiguiente, económica del individuo.
El color de la piel en las sociedades caribenas, como ha ocurrido en otras regiones donde existieron esclavos negros, ha funcionado como paradigma de un complejo proceso de estratificación social que ha operado en detrimento de la población mestiza y negra. El alcance de este fenómeno, con frecuencia reducido a una lectura binaria, fue el resultado no sólo del sistema jerárquico exportado por españoles y Portugueses a las nuevas sociedades americanas. La estructura de castas y la pureza de sangre que desde la Edad Media habían estratificado a las sociedades de la Península Ibérica, aquí tuvieron numerosos ingredientes que complicaron aún más la condición social del individuo. El amplio mestizaje que tiene lugar desde los primeros días de la Conquista fue, sin lugar a dudas, el detonador de un sistema que ha esgrimido el fenotipo como modelo para determinar la condición social de la persona.4
Para tener un entendimiento cabal de la naturaleza de las clasificaciones elaboradas por las autoridades coloniales, es preciso recordar la configuración de la pirámide social. La cuspide la ocupaban los peninsulares (blancos europeos). Luego estaban sus descendientes, los criollos, nacidos en tierra americana. A ellos seguían los mestizos libres. La base de la pirámide la conformaban los negros libres, los indigenas y los negros esclavos. Si el esclave representaba la condición social más baja, y su piel era negra, por analogia se pensaba que en la medida en que el color de la piel se acercara o alejara de la base, la condición social y económica del individuo podía ser inferior o superior. Esto es, la pigmentación de la piel funcionaba como un "termómetro" capacitado para medir el nivel de recepción por parte del resto de la sociedad. La tabla elaborada por las autoridades coloniales para clasificar la población mestiza era como sigue:
De español y de india nace mestiza.
De español y mestiza nace castiza.
De español y castiza torna a español.
De español y negra sale mulato.
De español y mulata sale morisca.
De morisco y española sale albino.
De albino y española nace torna atrás.
De mulato e india nace carpamulato.
De carpamulato e india sale jíbaro.
De negro e india sale lobo.
De lobo e india sale cambuja.
De indio y cambuja nace sambahiga.
De mulato y mestiza nace cuarterón.
De cuarterón y mestiza nace coyote.
De coyote y morisca nace albarazado.
De albarazado y salta a atrás nace tente en el aire.
De mestizo con india nace cholo.
De negro con mulata nace zambo. (La Encyclopedia de Cuba 436)
Si estas clasificaciones son aplicables a la sociedad colonial cubana es debido fundamentalmente a la dependencia económica que la economía plantacional llegó a tener de la mano de obra esclava. Cuando la producción de azúcar cubana reemplazó la industria haitiana a consecuencia de la revolución, y la demanda en el mercado internacional fue mayor, la necesidad de adquirir más fuerza laboral se hizo evidente. En 1841 la población negra llegó a representat el 58,5% de la población total, con un 43,5% de esclaves (Saco 136-7). Desde finales del siglo XVIII, este incremento de esclaves en la isla, se convierte en un motivo de preocupación para los hacendados criollos.
La mejor evidencia de lo que representaba el trabajo del esclavo para los terratenientes criollos, la ofrece el vocero de la sacarocracia habanera, Francisco de Arango y Parreño en 1792, cuando da a conocer en Madrid su "Discurso sobre la agriculture de la Habana y medios de fomentarla". En él, el portavoz advierte:
Todos son negros: poco más o poco menos tienen las mismas quejas y el mismo motivo para vivir disgustados de nosotros. La opinión públics, el uniforme modo de pensar del mundo conocido los ha condenado a vivir en el abatimiento y la dependencia del blanco y esto sólo basta para que jamás se conformen con su suerte, para que estén siempre dispuestos a destruir el objeto a que atribuyen su envilecimiento. Prevengamos este lance y ya que par nuestra desgracia no podemos excusamos del servicio de estas nombres, los únicos a propósito para sufrir el trabajo en aquettos ardientes climas, cuidemos de combinar las miras políticas y militares, examinando el negocia ad modo que se explica en el proyecto. (150, énfasis mío)
En este documente, cuya importancia económica, científica e histórica ha sido destacada con frecuencia por los estudiosos, Arango y Parreño expresa no sólo la necesidad que la sacarocracia cubana tenía de la mano de obra esclava, sino que además muestra, por vez primera, el temor de la sociedad criolla hacia la población negra. Miedo al negro que como ha explicado Enrique Patterson, deviene categoría sociológica y política, y condiciona el comportamiento de la élite social criolla (51).
No es pues casual que las preocupaciones de Arango y Parreño se conviertan, con el tiempo, en una tendencia del pensamiento criollo, que a fines del siglo XVIII se diferencia del sentir español, pero que de igual modo establece distancias con las masas de esclavos, los negros y los mestizos que, para la fecha, constituyen una parte significativa de la población. De este modo, la sociedad esclavista criolla funda los cimientos sobre los que se edificará una nación cubana y racista, en la que el negro es sólo un elemento productive, usado para el enriquecimiento de sus amos, los hacendados criollos. La marginalidad social y cultural de la población negra y mestiza será, por tanto, consecuencia de las relaciones de poder establecidas en ella.
No obstante, el hecho de que no todos los negros eran esclavos, y de que existiera una especie de burguesía entre los pardos libres, con capacidad económica y con ciertas aspiraciones sociales, hace más complejo el fenómeno de las relaciones sociales e inter-raciales del período colonial. Tómese por ejemplo lo sucedido a la Uamada burguesía de color en 1844. En el seno de la sociedad pre-plantacional, esto es, durante el período que va desde el siglo XVI al XVIII, se rue formando una clase de trabajadores manuales, maestros de obras, artesanos y músicos, formada por pardos y negros libres, que llegaron a ocupar los oficios más importantes. Muchos de ellos tenían una economía desahogada, y poseían propiedades y esclaves. Esa abundancia les permitio un modo de vida similar al de la sociedad rica, e inclusive a manifestat su condición de clase. En un documente de la época, citado en Ei negro en la economía habanera del sigb XIX, los pardos expresaban sus intereses como grupo social y advertían al respecte:
(P)ardos y morenos, somos los que desempeñamos las artes mecánicas en el mayor grado de perfectión, con admiratión de los profesores de orras naciones ilustradas. Tenemos posesiones para vivir con nuestras familias, para nuestros talleres y para dar en arrendamiento indistintamente a los que carecen de ellas. Tenemos fincas rurales y siervos en los mismos términes que poseen estas propiedades los que componen la poblacián entera del pueblo habanero. (Deschamps 2)
De esta actitud nos ha dejado una constancia explícita Cirilo Villaverde. Recuérdese el orgullo y las aspiraciones del mulato libre, José Dolores Pimienta en Cecilia Valdés (1882). Es significative, además, la forma en que Villaverde decide el destino de Leonardo Gamboa, uno de los protagonistas, hijo de una de las familias mas ricas de la sociedad habanera. Como se recordará, la novela termina con la muerte de Leonardo, que ha sido asesinado por Pimienta y la desaparición de este, dejando el crimen sin castigo. Como sugiere William Luis, el hecho de que Pimienta se convierta en un personaje independiente que actua por su cuenta y que lejos de matar a Isabel, como le ha pedido Cecilia, mate a Leonardo, que es su rival tiene implicaciones que trascienden el marco de la propia novela:
Leonardo's death has broader implications; it suggests the end of the Gamboa family, of a mother who lived for her son and of a father who saw in his son a means of carrying on his recently received title of nobility. In addition, the death of Leonardo signals and end to historical exploitation of black and mulatto women by white men. (117)5
En todo caso, pardos y negros libres comprendieron que su poder era limitado y que sus aspiraciones estaban condicionadas no por su riqueza, sino por el color de su piel, es decir, por la estratificación social y cultural impuesta por la élite colonial. Ilustrativo de Io que hasta aquí se ha dicho son las crónicas de Antonio de las Barras y Prado, un comerciante asturiano, apologista de la esclavitud, cuyo testimonio, citado por Isabel y Fernando Castellanos, al respecto dice:
Los negros libres-escribe Barras y Prado en sus Memories-gozan la misma libertad que todos los demás ciudadanos; pueden tener propiedades y hasta esclavos, y muchos viven de esta granjeria; pero siempre el negro sea libre o esclavo, está obligado a respetar el blanco, concediendo la ley a éste una superioridad, que tiene por objeto conserver la fuerza moral, a fin de tener sometidos a los de la raza negra. (152)
Ciertamente, en la Cuba colonial, el poder económico no era causa suficiente para determinar la condición social del individuo. Los pardos y los morenos libres encontraban en el camino de sus aspiraciones la barrera de la pigmentocracia creada por la sociedad criolla para relegar a todo el que tuviera algo de negro en su fisonomía. La igualdad-a pesar de su capacidad económica-era sólo en apariencias. Así lo ponen de manifiesto estas líneas que ilustran las relaciones inter-raciales de la época: "El más rico de los negros o mulatos tenía que cederle la acera y hablarle con el sombrero en la mano, en señal de respeto al más pobre e ignorante de los blancos" (Castellanos 152). No obstante, como se verá más adelante, los prejuicios en relación con la pigmentación de la piel en Cuba revisten también, aspectos culturales que matizados dentro de los estamentos sociales, se han mantenido por siglos.6
Cuando en 1844 se produce la revuelta conocida como la Conspiración de la Escalera, las autoridades coloniales toman como pretexto la participación de algunos pardos y negros libres, y ponen en marcha una campaña de represión contra éstos en toda la isla. Las condenas a prisión, los fusilamientos y el exilio de personas que, al parecer, no tuvieron relación alguna con el movimiento sedicioso, fueron suficientes para que la burguesía de color limitara considerablemente sus aspiraciones. Como se recordará, a consecuencia de estos sucesos pierde la vida el poeta matancero Gabriel de la Conceptión Valdés, "Plácido" (1809-4844).
Es cierto que desde 1823, fecha en que comienza a gobernar la isla Francisco Dionisio Vives, a las autoridades coloniales les preocupaba que pardos y morenos libres se convirtieran en un ejemplo para las masas de esclaves. No obstante, y al margen de "la amenaza" que los pardos y los morenos libres hubieran representado para el sistema esclavista, estaban las aspiraciones, y sobre todo, el poder económico que había alcanzado este grupo. La Conspiración de la Escalera fue, probablemente, la "justificatión oficial" para que las autoridades desataran una amplia represión en contra de la burguesía de color, con el propósito de reducir su poder económico y social, que comenzaban a ser preocupantes para la aristocracia criolla.
En los inicios del siglo XIX la Plantación (con mayúscula) permite que la sacarocracia cubana se erija como grupo dominante. Los sacarócratas criollos cuando imponen su discurso de poder-su plataforma ideológica y política-, establecen también las relaciones económicas, sociales y el tipo de cultura, que proyectan al resto de la sociedad, como "el discurso de la natión". Los márgenes de aceptación de ese discurso quedan enmarcados por las relaciones de poder, que como se ha visto, son excluyentes.7 Sidney W. Mintz refiriéndose a la Plantación como un fenómeno generador de estructuras socio-culturales en las sociedades caribeñas afirma:
The plantation system was not only an agricultural device; it also became the basis for an entire societal design. This design involved the perpetuation of societies sharply divided at the outset into two segments, one large and unfree, the other small and free with a monopoly of power in the hands of the latter. (922)8
Es pues, el discurso de poder impuesto a Ia sociedad por la élite criolla, el que determina la condición del individuo y crea el estigma del color de la piel, incluso mas alla de la apariencia física. Tómese por ejemplo las disposiciones de las autoridades coloniales con el fin de establecer el color "real" de las personas. En muchos casos la apariencia física no era suficiente para determinar el origen, y las autoridades recurrían a los libres de las parroquias-existian libres para blancos, para pardos, etc.-donde se asentaban los nacimientos. Verena Stolke explica este particular de la forma que sigue:
Indudablemente, la diferencia entre "ser tenido por blanco" y ser "verdaderamente blanco" no era una diferencia de color físico. En la Cuba decimónonica la apariencia física se había vuelto igualmente equívoca con relación al origen "racial" de una persona .... El color legal constituía pues una forma alternativa de determinar la condición racial de una persona cuando su apariencia física no era un indicador sin ningún tipo de ambiguedad. Además de ofrecer infbrmación sobre la condición social de un individuo el libro de bautismo también indicaba la condición racial de sus padres. (118-21)
Ciertamente, si desde el punto de vista legal-ya iniciado el siglo XX-estas categoríes devienen obsoletas, no es menos cierto que la sociedad, en la práctica, ha mantenido hasta hoy muchos de estos prejuicios. En uno de los primeros estudios realizados en este campo, Raza y color en la literatura antillana, G. R. Coulthard destaca la vigencia de estas ideas en la población mestiza.
Los viejos prejuicios contra la gente de piel oscura-señala el critico-no han muerto en las Antillas ... con el tiempo se han convertido en prejuicio de matiz, que no por eso dejan de producir para muchos el dolor del resentimiento o del complejo de inferioridad, y la ira de la protesta. (164)
La apariencia física en las sociedades mestizas del Caribe-el color de la piel- es, hasta nuestros días, un factor de clasificación y "distinción".
Como consecuencia de los prejuicios sociales y culturales, los mestizos en las sociedades caribeñas, han seguido como norma los mismos patrones raciales impuestos por el discurso de poder. Esto es, la discriminación racial no sólo tiene lugar del blanco hacia el mulato o el negro, sino que también ocurre dentro de la población mestiza, entre jabaos, mulatos y negros. Recuérdese en la Autobiografía de un esclavo (1835) Io que dice Juan Francisco Manzano, en relación con la actitud que tuvieron sus padres hacia las familias negras: "Mi padre era algo altivo y nunca permitió no sólo corrillos en su casa sino que ninguno de sus hijos jugasen con los negritos de la hacienda. Mi madre vivía con él y sus hijos, por Io que no éramos muy bien queridos" (132). Esto es, porque Manzano y sus hermanos eran mulatos, el padre no quería que jugaran y se reunieran con niños negros.
Nicolás Guillén refiriéndose a una publicación de su juventud-la revista Liz- de la ciudad de Camagüey, subrayaba esta modalidad de racismo entre los mestizos:9
[La revista Uz] estaba destinada principalmente a reflejar la actividad más o menos cultural de las sociedades llamadas de "color" (negras) en Camagüey, y a luchar contra la discriminatión racista, no solamente de los blancos hacia los negros, muy marcada entonces, sino de los mulatos y los negros entre sí, fenomeno muy curioso, que tenía naturalmente su explicatión económica y que existe en algunos países de población negra, como el caso a mi juicio característico de Haití. (37)
De forma semejante, Langston Hughes, que visitó varias veces La Habana entre 1927 y 1931, percibe la estratificación racial de la sociedad cubana. En sus memorias autobiográficas, el poeta de Missouri hace un aparte para valorar el fenómeno racial en Cuba. En ellas comenta:
In spite of the fact that Cuba is distinctly a Negroid country, there exist there a sort of triple color line. This triple line, in varying degrees of application, is common to all the West Indies. At the bottom of the color scale are the pure-blooded Negroes, black or dark brown in color. In the middle are the mixed bloods, the light browns, mulattos, golden yellows and near whites with varying textures of Indian-Spanish hair. Then come the nearer whites, the octoroons, and the pure white of skin. (10)10
Estas divisiones, a grandes rasgos, pueden verse como un resumen de las categoríes que las autoridades coloniales habían concebido para clasificar a la población mestiza. En otras palabras, el paradigma establecido durante el período colonial, de cierta forma, sigue vigente en la Cuba de la República, aún cuando para el siglo XX se presenta divorciado de su connotación económica.
Aún después de 1959, al iniciarse una serie de cambios políticos y sociales en favor de la igualdad social, los prejuicios raciales no llegan a desaparecer. Si bien las constituciones cubanas desde comienzos del siglo pasado (1901, 1940 y 1975), además de la reforma constitucional de 1992, han promulgado la igualdad entre todos los ciudadanos de la nación, no es menos cierto que no ha existido nunca el apoyo institucional (la implementación de programas de acción afirmativa) que vele por la igualdad, de manera orgánica, y que contrarreste esas tendencias en la sociedad. Desde esta perspectiva, los prejuicios raciales que durante las décadas de los sesentas y setentas fueron menos evidentes, han transitado hasta nuestros días.11
Revelador de lo que aquí se afirma, no sólo ha sido el decir y las creencias populares. También la literatura a lo largo del siglo XX ha dejado constancia de esos prejuicios. Tómese por ejemplo lo expresado en la novela de Félix Soloni, Mersé, publicada en 1924. En ella se exploran las relaciones sociales de un solar habanero a comienzos de la República.12 Aún cuando el tratamiento de los personajes es un tanto extemo y caricaturesco, la pieza muestra el interés de explorar el quehacer de estos seres que se debaten entre la pobreza y las limitaciones sociales. El personaje protagónico de la obra es Mersé, una mulata joven que por haberse criado con una familia rica de la capital, donde su madre trabajaba como criada, ha adquirido unos modales y una educación que la convierten en un ser "extraño" dentro del solar. Desde las primeras escenas el lector se percata que el conflicto sobre el cual gira la obra-la lucha de Mersé por mantener su condición de mujer educada y decente dentro de aquel ambiente solariego-, fracasará. Soloni no escapa, en su tratamiento, a un determinisme social que condena a los personajes a vivir en circunstancias insuperables. No obstante, Io que me interesa destacar, es cómo a través de uno de ellos, Soledad, se pone en evidencia el estigma del color que hace infructuoso cualquier intento de desarrollo más allá de los limites establecidos. De esta forma cuando Soledad-la tía de Mersé-se refiere a su sobrina afirma:
La cabra siempre tira al monte.... La mulata no puede ser más que eso: ¡mulata! si se refina, los blancos la miran por encima del hombro, aunque se vuelvan locos por ella; y los suyos (los mulatos) también la miran mal. Si se deja arrastrar por la corriente Io mismo puede ser una senorona que una desgraciada. ¡Pero eso sí, que no piense en matrimonio!... iLa que es bonita, tarde o temprano cae! (10)
Las elucubraciones de Soledad ponen al descubierto la estratificación racial que hace del mestizo un "ser inferior" en Cuba. Si el augurio de Soledad, pese al pesimismo que encierra, sólo ha sido el preámbulo; el desenlace de la pieza no deja lugar para que Mersé escape a su oráculo; esto es, al destino que la sociedad, por su condición de mulata, le ha reservado. Es cierto, como señalan los Castellanos, que "Soloni no va más allá de la periferia en su estudio novelístico de las relaciones interraciales de la Cuba republicana" (70). No obstante, y pese a los vastos trazos que el solar de Soloni representa, el texto revela tener conciencia explícita de las limitaciones que la sociedad ha impuesto a la población mestiza.
La literatura escrita después de 1959-como antes he sugerido-tampoco ha estado exenta de los problemas ya mencionados. El énfasis que pone la Revolución en la igualdad social, durante los primeros años, no es nada nuevo en Io que al ámbito cultural y artístico se refiere. Recuérdese que desde finales de la década del treinta, la poesía y sobre todo la música han permitido a negros y mestizos un espacio irremplazable. El negro, Io que no tiene antes o después de 1959 es poder político. Representación significativa en las esferas económicas y de poder. Desde esta óptica la marginalidad del negro es un fenómeno que transita desde la República hasta nuestros días, sin mayores cambios.
Un año antes de iniciarse la Ofensiva Revolucionaria, radicalización del sistema político que sumió al país en Io que se conoce como el "decenio gris", Casa de las Américas publica Adire y el tiempo roto (1967) de Manuel Granados, texto que, desde mi perspectiva, constituye una exceptión dentro de la narrative cubana. Primera, por el hecho de abordar los problemas raciales desde una óptica contemporánea, esto es, el período que antecede a la Revolutión. Y segundo, porque a diferencia de otros textos publicados antes y después de la Revolución, la voz que revela los estigmas raciales que imperan en la sociedad, tiene conciencia explícita de ellos. La novela, además, muestra con orgullo la sabiduría popular de hombres como Damián, un viejo emigrante de origen haitiano que en la historia deviene modelo de conciencia étnica y social.
En la novela, Julián, el personaje principal pone de relieve dichos problemas a) a través de sus propias reflexiones, b) en sus conversaciones con Eisa y c) en su confrontatión con Eleonora, una campesina que a espaldas de su esposo disfruta de las relaciones sexuales con Julián. No obstante, cuando se da cuenta que está embarazada de éste, Io increpa y le grita: "iasqueroso negro é' mierda!" (Granados 131).13 Si bien gran parte de la novela tiene lugar antes de 1959, en las postrimerías del relato el texto hace eco de actitudes raciales que anquilosadas en la sociedad trascienden al período revolucionario. Recuérdese, cuando Julián y Cira escuchan la banda municipal, en una noche de retreta en el parque central de Jagüey Grande, a comienzos de la Revolutión, y al pasar tornados de la mano cerca de unos jóvenes, uno de ellos, que viste uniforme le dice al otro: "-¡A la verdad socio-dijo el amigo-, pa' mi cuando una blanca hace eso no vale un comino!" (343). El comentario que se refiere a la aceptación que Cira (mujer blanca) ha hecho de Julián (hombre negro), demuestra claramente el prejuicio racial del joven uniformado.
En todo caso, es importante destacar como los textos que se escriben dentro del quehacer revolucionario no están exentos de prejuicios raciales. Entre ellos, podría citarse Cuando la sangre se parece alfuego (1977) del novelista cubano Manuel Cofiño López, el cual aborda las creencias religiosas en una de sus vertientes más interesantes: el culto Yorubá. La novela es una extensa reflexión donde la voz discursiva intenta revelar los pensamientos más íntimos de Cristino Mora Argudín, el personaje principal. En el texto, otras dos voces alternan periódicamente: las viñetas que refieren las cualidades y atributos de los Orishas africanos y las voces de personas que conocieron en diferentes épocas a Cristino Mora, las cuales opinan sobre él.14 Con ese entramado discursive, la voz autoral intenta, por una parte, ofrecer una visión pluralista del personaje central. Por otra, el texto presenta una serie de elementos de la religión Yorubá, que en cierta forma, sirven como guía y paradigma al lector. Y todo ello tiene como finalidad última novelar la evolutión y transformación de Cristino Mora, ejemplo del "nombre nuevo" en Cuba.
Sin embargo, es significative cómo la voz discursiva se esfuerza en mostrar a Cristino-al negro que la Revolución ha redimido gracias a las transformaciones revolucionarias-como un elemento de la nueva sociedad socialista e igualitaria. Lo paradójico de esta manipulación es que, hasta en el propio texto, asoman con toda claridad los visos de segregación racial. Así por ejemplo en un fragmente donde una de las voces expresa su parecer sobre Cristino leemos Io que sigue:
Lo conocí después del triunfo de la Revolución cuando se casó con Gloria y vino a vivir aquí en Lawton. El padre de Gloria es dentista y antes perteneció al Partido Socialista Popular. La madre es maestra. Al principio hubo camentarios en el barrio, parque la gente decía que era una lástima que Gloria, tan educada y fina, se casara con un nombre de color. Pero ya la gente sehaido acostumbrando. Gloria y Cristino parece que se llevan bien. (55, énfasis mío)
El prejuicio racial, más que una opinion personal, es una manifestación de la colectividad. La construcción impersonal de la oración y el calificativo "de color" -paternalista y encubridor dentro de la cultura cubana-ponen de relieve los prejuicios de la voz discursiva. En las dos líneas finales puede leerse, no la aceptación que ha tenido el vínculo inter-racial, sino la resignación de la vecindad ante el hecho de que Gloria y Cristino se desempeñen bien como pareja.
A partir de los años ochentas y hasta nuestros días se abre un amplio paréntesis en el cual el tema negro prácticamente desaparece de Ia narrativa cubana. Entre las excepciones merece mencionarse la novela A medianoche llegan los muertos (1997) de Eliseo Altunaga, que marca un momento importante en la reivindicación del negro. El relato que toma la figura del General Antonio Maceo y reconstruye la personalidad histórica y humana del Titán de Bronce, propone un acercamiento a la historia cubana del siglo XIX, y a Io largo de las páginas la figura de Maceo se proyecta no sólo como el militar y estratega, sino que se perfila también como un líder dentro de la burguesía criolla en circunstancias críticas cuando las relaciones con España son ya antagónicas. Con esta perspectiva y en el marco de crisis política y económica del nuevo milenio cubano, la novela deviene un atinado mensaje contra la segregación, la marginalización y las desigualdades que afectan, en años recientes, a los negros y mestizos en la isla.
Tras la desaparición del bloque de países socialistas y el colapso del programa de ayuda de la URSS a Cuba, el llamado Período Especial en opinión de historiadores y estudiosos ha permitido que los problemas raciales tengan trasparencia en la vida publica. Por una parte la "dolarización" de la economia en la isla a marcado diferencias sustanciales entre la población negra y la blanca en relación con los bienes y recursos que sólo pueden adquirirse en dólares. Aún cuando no existen estadísticas, puede afirmarse que la diáspora cubana, que envía sus remesas económicas a sus familiares es, en su mayoría, blanca. Por otra parte, la apertura a empresas hoteleras extranjeras en el sector turístico, ha sido un factor que ha afectado también a la población negra. Los empleos en este lucrativo sector lo ocupan fundamentalmente personas blancas. El gobierno cubano que no ha velado por una política de empleos antidiscriminatoria, ha seguido en sus empresas el mismo criterio de selección lo que ha provocado inconfbrmidad y crítica de la población negra y mestiza que adolece de recursos institucionales para combatir estas desigualdades.
El restablecimiento en la sociedad cubana de ciertas normas económicas de tipo mercantil capitalista no han sido necesariamente un detonador para estimular las diferencias raciales. Pero como señala un historiador: "El que ocurriese es indicativo de cuan arraigadas están las percepciones raciales en el engranaje social cubano y de lo difícil que es eliminar el racismo de la conciencia y las prácticas sociales" (De la Fuente 463).
Lo expresado hasta el momento, permite establecer algunas consideraciones finales. En primer lugar, el proceso de mestizaje que se inicia con la llegada de los primeros colonizadores, adquiere dimensiones imprevisibles en la medida que la población negra aumenta, como resultado de las exigencias de mano de obra de la Plantación No obstante, es precise indicar que la actitud del colonizador, al relacionarse con los indígenas y los negros, fue determinante en dicho proceso.
El paradigma racial que las autoridades coloniales establecen a finales del siglo XVIII aún cuando deviene obsoleto con el inicio de la República en 1902, subyace en el subconsciente de la sociedad y en sus manifestaciones populares, funcionando como juicio de valoración y distinción.
La literatura cubana no ha estado exenta de estas ideas. Textes de la etapa republicana y del período revolucionario posterior a 1959 dejan entrever la visión que sobre los mestizos y negros subyace en la sociedad. Cierto es que durante las dos primeras décadas de la Revolución el fenómeno racial desapareció de la esfera pública y escritores, cineastas e intelectuales se dieron a la tarea de mostrar cómo esos problemas eran ya parte del pasado, sin viabilidad en el presente. Dentro de ese marco hegeliano se escribieron textes como Biografía de un cimarrón (1966) de Miguel Barnet, la ya mencionada Adire y el tiempo roto, Los guerrilleros negros (1976) de César Leante, y Suite para Juan Francisco Manzano (1977) de Roberta Friol. En los años setentas, de igual modo, se producen una serie de películas, llamadas cáusticamente por el pueblo "Negrometrajes" taies como Una pelea cubana contra los demonios (1972) y La última cena (1976 ) ambas de Tomás Gutiérrez Alea (Titón); la trilogía que dirigió Sergio Giral: El otro Francisco (1974), Rancheador (1976) y Maluala (1977) y Cecilia (1982) de Humberto Solás. No obstante, cuando Roberto Blanco dirige María Antonia (1966), pieza teatral de Eugenio Hemández Espinosa que aborda algimos de los problemas que confronta el negro en la sociedad de esos años, la obra inmediatamente es censurada y Eugenie-en el lenguaje de aquellos años-es parametrado, esto es, fue castigado.
En realidad entre los intelectuales existía el temor a tratar el tema negro, que seguía siendo de vital importancia. La política que impone la esfera de poder al extrapolar los problemas del negro al ámbito del siglo XIX, como parte del pasado, no tenía otra finalidad que silenciar la critica y de esa forma, alejar el tema de la palestra pública.15 En la práctica el silencio que tiende la Revolución sobre el negro y los conflictos raciales en Cuba sólo consigue postergar dichos problemas que enquistados en la sociedad y la cultura, resurgen en los noventas después del Període Especial.
Finalmente, podría afirmarse que la pigmentación de la piel en Cuba, como en el resto de las sociedades caribeñas-pese a la igualdad social ante la ley-ha sido un elemento de clasificación/distinción y un estigma para aquellos que muestran con mayor fuerza en su fisonomía, la herencia africana.
Epílogo:
a) En Cuba el origen del racismo estuvo asociado con el miedo al negro. Miedo físico por el temor a una rebelión como la de Haití, dada la presencia que el negro llegó a tener en la isla: más de la mitad de la población a mediados del siglo XIX. Miedo, o rechazo a la pigmentación de la piel asociada con la condición más humilde y terrible de un nombre: ser esclavo. Miedo o rechazo a la presencia, la convivencia y a la capacidad económica del negro: esto es, que se convierta en un igual.
b) Las disposiciones sociales y politicas que en Cuba han pretendido ignorar las diferencias raciales, afirmando que el racismo no existe, sólo han conseguido "enterrar" y postergar el problema. La solución no consiste en borrar de la esfera pública los problemas que afectan a la población negra y mestiza, sino encontrar vías para solucionarlos.
c) Se producirán actitudes raciales cuando los programas económicos tiendan a beneficiar sólo a un grupo social y sean ostensibles las desventajas de los negros con relación a aquellos.
d) Finalmente, existirá racismo mientras las instituciones sociales y la sociedad civil no acepten al negro en su propio ámbito de convivencia.
Notas
1 El término "raza"-dice Fernando Ortiz-se introduce en el vocabulario científico en 1684, debido al estudio antropológico del fiancés François Bernier: "Nouvelle división de la terre par differents especies o races d'hommes". Citado en Ortiz, Ei engaño de las razas (46). Al respecte, es significative Io expresado por García y Naranjo en Racisme e inmigración en Cuba en el siglo XIX: "En el panorama científico internacional del siglo XIX existían toda una serie de argumentaciones en relación con la antropología de las 'razas', que coadyuvaban a sostener ideológicamente la superioridad de unas sobre otras. La discriminatión partía desde el propio concepto de 'raza' y de las clasificaciones adoptadas sobre los distintos grupos humanos; además de ese concepto se utilizaban otros como linaje, casta, natión, naturales, que rápidamente adquirieron connotatión peyorativa, cuando se le incorporaron adjetivos de la terminología aplicada a los animales. Así los vocables de barcino, grifo, zambo, bozal se asignaron a negros indígenas, pero sobre todo a los esclaves, y se comenzó a hablar de 'razas' degeneradas, viles y depravadas. Asimismo, se asignó el termine de 'raza' a poblaciones diferentes a las otras desde un punto de vista biológico, geográfico, religiose, lingüístico, político y cultural" (33).
2 Gastón Baquero cuestiona la autenticidad de las razas y atribuye las diferencias no al aspecto antropológico sino al use y manejo social que se ha hecho de ella. Al respecta afirma: "La ciencia, microscopio en mano, demuestra que el término raza, tal come Io emplean los racistas de ahora y como Io emplearon los racistas de ayer, es un término falso, que designa una cosa inexistente. La pureza sanguínea de los grupos humanos se perdió, según parece, casí al mismo tiempo que se perdió la otra pureza. Tantos han sido los crisoles y filtros, las mezclas y sedimentaciones, que hoy han quedado como relativamente estables, no razas originalmente puras, sino nuevas razas, nacidas de aquel largo proceso" (Indios, blancos y negros 78).
3 Empleo los termines pigmentatión y color de la piel para referirme al amplio espectro que abarca el mestizaje en Cuba. La pigmentation de la piel que tomada como paradigma ha servido para estratificar las sociedades caribenas provocando diversas actitudes raciales en la sociedad.
4 El mestizaje, como señala Ortiz, rue síntesis y resultado de un largo proceso integrativo y desintegrativo, de los elementos esenciales que entraron en combinatión a Io largo de varios siglos en Cuba. Ortiz, postula que el proceso así como el resultado mismo, permitieron el surgimiento de aquellos valores que han conformado el Ser de la natión cubana. Véase Ortiz en "Los factures humanos de la cubanidad".
5 La muerte de Leonardo tiene amplias implicaciones. Sugiere el fin de la familia Gamboa; el fin de la madre que vive para su hijo y del padre que ve en su hijo el portador del título nobiliario que ha recibido recientemente. Pero además la muerte de Leonardo señala el final de una explotación de mujeres negras y mulatas, que históricamente han sido víctimas del hombre blanco (117, la traductión es mía).
6 Véase el estudio de Armando García González, Ei estigma del color: Antropología y racisme en Cuba en el siglo XIX, La Habana (en prensa), y Armando García González y Consuelo Naranjo Orovio, Rocismo e inmigración en Cuba.
7 Sugiero ver Antonio Benítez Rojo, La isla que se repite, capítulo 1, "De la plantatión a la Plantatión".
8 El sistema de plantación no fue sólo un mecanisme agrícole; fue también la base de todo un sistema de relaciones de poder que suponía la perpetuación de una estructura social caracterizada por una clara división de segmentes: uno grande y dominado; el otro, pequeño y dominante, con el monopolio del poder en manos de éste último (22, la traducción es mía).
9 Entrevista a Nicolás Guillén con preguntas seleccionadas a modo de codage, realizadas por Jaime Saruski, Samuel Feijóo, Francisco Garzón Céspedes, Giro Bianchi Ross y Nancy Morejón. En Recopilación de textes sobre Nicolás Guillén.
10 Aún cuando de hecho Cuba es un país de negros diferente, existe allí una triple línea de color. Esta triple división que varía en sus grades de aplicación, es común en todas las islas del Caribe. En la base de la escala de color están los de sangre negra pura, negros o prietos de color. En la mitad, están los de sangre mezclada, morenos claros, mulatos, amarillentos y mulatos muy claros con una variedad en la textura del pelo; después vienen los casi blancos, los octavones, y los de piel blanca pura" (la traducción es mía).
11 La Revolución en los años sesentas y setentas "solucionó" el problema racial diciendo simplemente que en Cuba todos los ciudadanos eran iguales. Es lo que algunos críticos han denominado "el discurso de la negación", cuya ideología consiste en no hablar del problema, como vía para solucionarlo. Novelistas y cineastas como Miguel Barnet y Tomás Gutiérrez Alea (Titón), por sólo citar dos ejemplos, abordaron dicha problemática desde una perspective histórica que excluía el presente, Io que contribuyó a los fines del gobierno, de alejar el problema negro de la palestra pública.
12 Un solar cubano es una micro-célula de la sociedad urbana más pobre. En él viven personas de diferente índole social. El solar surge como resultado de la pobreza económica de un sector de la población rural que emigra hacia las grandes ciudades en busca de mejores oportunidades. En La Habana, viejos edificios coloniales, caserones y hoteles que por sus malas condiciones han dejado de funcionar como tal, se convierten en solares. Un espacio común: el patio central de la casona colonial, o el viejo recibidor del hotel devienen patio del solar. Importante en él, es que sus numerosos habitantes viven en una relación-estrecha no siempre voluntaria-donde Io público y lo privado, con frecuencia, borran sus límites.
13 Sugiero ver "Homenaje a Manuel ('Manolo') Granados" editado por Lourdes Martínez-Echazábal en la revista Afro-Hispanic Review 24.1 (2005).
14 Orishas es el nombre que reciben las deidades o dieses en la religión Yorubá. Esta es una de las culturas africanas llevada por los esclaves al Caribe, que se ha conservado oralmente de generación en generación. Existe una lengua, una literatura, una música, una danza y una religión Yorubás definidas y desarrolladas en relación con otras vertientes culturales procedentes igualmente de África. En Cuba hay, actualmente, personas que hablan la lengua Yorubá y profesan estas creencias.
15 Más aún, la misma presencia del escritor o intelectual negro se pone en entredicho cuando compendios o antologías publicadas en los años ochentas "obvian" la existencia de éstos. Al respecto, William Luis explica que el libra con más de cuarenta y cinco entrevistas, sólo cita a un escritor mestizo, Ignacio Cárdenas Acuña. Luis, argumenta que si se tomara dicho estudio como guía representative de los narradores cubanos más conocidos, podría llegarse a pensar que en la isla no existen intelectuales negros importantes ("En busca de la cubanidad" 399).
Obras citadas
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NARCISO J. HIDALGO
THE UNIVERSITY OF SOUTH CAROLINA-AIKEN
Narciso J. Hidalgo is an assistant professor of Spanish in the Department of Languages, Literatures and Cultures at the University of South Carolina-Aiken. He is a Latin Americanist with expertise in nineteenth and twentieth Hispanic Caribbean Studies. He recently finished a book about Latinos in Japan entitled Under the Sunrise: Latinos in Japan in collaboration with Prof. Rafael Reyes-Ruiz of Anthropology. Presently, he is researching his latest project Nation and Discourses: The Voice of the Subaltern, examining the economic and social development of blacks and mestizos in eighteenth and nineteenth century Cuba.
Copyright University of Missouri-Columbia Fall 2005