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Abstract

Un importante informe elaborado por el Institute of Social Studies, monitoreando las estrategias de reducción de la pobreza en los tres países de América Latina beneficiarios de la HIPC (Guimarâes et al.2004: 33 y 76), habla así textualmente de la elite empresarial nicaragüense: Según los estudios realizados por el Institute of Social Studies (ya mencionados anteriormente)9 parece que los gobiernos no creían mucho en la reducción de la pobreza: más bien elaboraban esas estrategias para lograr ser incorporados en la iniciativa HIPC. Notas 1 Todas las cifras están tomadas de World Bank, World Development Indicators CD-Rom 2004, Washington DC 2 Dólar de 1985 PPA. Una historia económica de América Latina en el siglo XX.BID-Untón Europea, 1998, pág. 333, y para 2000 ver Banco Mundial, op.cit. 4 Para 1950 ver Thorp, loccit. y para 2000 ver www.inec.gob.ni/estdisticas/proyecccion2000.htm 5 Ver www.bcn.gob.ni/estadisticas/macroeconomia/lll-EMPLEO Y SALARIOS/3- 1 pdf 6 Ibidem, corrigiendo para el 2000 Ia cifra de 1999 7 Diapositiva presentada en Ia UCA en 2003 con ocasión de explicar el PND 8 Ver www.bcn.gob.ni/estadísticas/macroeconomía/VI-EXTERNO/6-3.pdf y 6-4.pdf 9 Guimaraes, Avendaño y otros, op. cit., pág. 1 y también el Informe Regional elaborado por Maritza Cabezas y Rob Vos (Ilusiones y délusiones del "crecimiento pro pobre".

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Mi intervención va a tener dos partes, pero las dos van a girar en torno a la producción, en torno al crecimiento, si se quiere; por esto mi intervención se puede titular "producción y pobreza". Estas partes van a ser muy desiguales. La primera será una visión general, casi grandilocuente, que tratará de explicar mucho pero no sabrá solucionar gran cosa (aunque dicen que un problema bien planteado ya está medio resuelto). La segunda parte será modesta, parcial, pero tratará de dar algunas soluciones.

PRIMERA PARTE

Por qué en Nicaragua hay tantos pobres1

Cuando los expertos del INDES me propusieron que organizara con ellos estas Jornadas, me dio algo de pereza. En mis clases a futuros gerentes de programas y proyectos sociales voy insistiendo en que no basta dar vasos de leche a los niños o asegurar que las mujeres visiten mensualmente el centro de salud: los males vienen de la inexistencia de puestos de trabajo, es la producción del municipio lo que deberíamos potenciar. Un amigo mío, alcalde de un pueblo de España, me contaba una vez que la gran preocupación que él en aquel momento tenía era retener en el municipio una empresa que quería trasladarse a otra parte: para él era crucial salvar puestos de trabajo. En contraste con esto, tras el huracán Mitch, en alguna ocasión se construyeron viviendas donde no había empleos y hoy estas viviendas están abandonadas.

Esta es la eterna pelea ante la pobreza: los "productivistas" versus los "asistencialistas"; no basta agarrar un cubo e ir achicando el agua de la barca, sino que es menester buscar el agujero por donde entra esa agua y taponarlo. A mí me parecía que estas Jornadas iban a tratar de lo asistencial y por esto pensé que sería bueno poner el presente contrapunto: tener un puesto de trabajo es crucial. Lo digo de esta manera tan extremada para dar un poco de emoción a mi exposición, aunque al acabar diré que lo "asistencia!" es igualmente importante; al fin y al cabo lo "asistencial" lo que hace es crear "capital humano", gentes bien alimentadas, con salud y educadas, y esto es lo que en el fondo permite trabajar de manera productiva e incluso que la misma persona quizás llegue a crear su propio puesto de trabajo.

En esta primera parte voy a utilizar muchas estadísticas. Ya sabemos que esos números no son exactos, pero utilizarlos, aunque sólo sea a grandes rasgos, hará más ameno lo que deseo decir. Las ideas que deseo presentar creo que son verdaderas aunque los números que utilice para exponerlas quizás no sean demasiado fiables.

Nicaragua en el mundo de la pobreza: ¿una cierta "clase media"?

Uno de los mapas del Atlas del Banco Mundial pinta de diversos colores los países según su grado de pobreza. Los países subsaharianos destacan con colores rojos y fuertes: es la región donde se concentra la mayor pobreza del mundo. ¿Pertenece Nicaragua a ese grupo más desafortunado de la humanidad?

Aparentemente no. Si miramos el capital humano de Nicaragua, somos algo así como una "clase media" de la humanidad.

Por ejemplo, si atendemos a nuestro estado de salud, constatamos que la esperanza de vida en Nicaragua es de 69 años: el 44% de la población mundial vive en países cuya esperanza de vida es menor. ¿Por qué tenemos esa alta esperanza de vida? En gran parte porque nuestros niños menores de 5 años mueren menos que en otras partes: esa tasa de mortalidad es de 41 por mil, y el 43% de la población mundial vive en países con una tasa de mortalidad infantil superior a la nuestra. Nuestros niños mueren menos porque tenemos ya experiencia de años en vacunaciones y rehidrataciones y porque además en agua potable y en saneamiento no estamos en las peores condiciones: parece que el agua potable llega al 77% de la población y el saneamiento al 85% (por lo menos eso dicen las estadísticas del Banco Mundial); el 35% de la población mundial vive en países con peor cobertura de agua potable y el 71% de la humanidad vive en países con menor cobertura de saneamiento.

Tampoco en educación estamos en la cola de la humanidad: el 23% de nuestros adultos son analfabetos, pero el 39% de la humanidad vive en países con una tasa de analfabetismo mayor. Lo mismo sucede con el analfabetismo de los jóvenes de 15 a 24 años (nuestro futuro): el 14% de ellos son analfabetos, pero el 31% de la humanidad vive en países con mayor analfabetismo juvenil.

La paradoja: capital humano mediano y pobreza fuerte

Es decir, tenemos una población medianamente saludable y medianamente educada: un 40% de la humanidad está peor que nosotros Y aquí viene la paradoja: con un capital humano de este calibre, no deberíamos ocupar la cola en pobreza... y sin embargo la ocupamos. Según el Banco Mundial (y según nuestro INEC), el 45% de nuestra población tiene un consumo inferior a $1 diario2, y sólo un 9.4% de la población mundial vive en países con una tasa más alta de pobreza. Según la FAO (2004) el 27% de nuestra población está desnutrida, y sólo el 8.5% de la población mundial vive en países con un porcentaje mayor de desnutrición. Es decir, en pobreza y hambre pertenecemos al 10% peor situado de la humanidad

La explicación a esta paradoja es sencilla: tenemos personas medianamente capaces de trabajar, pero no tenemos suficientes empleos para ellos, ni empleos suficientemente productivos.

La falta de empleos y la falta de calidad de los insuficientes empleos existentes

Según los datos que suele presentar el Dr. Néstor Avendaño en sus conferencias (normalmente basados en estadísticas oficiales), en la década de los 90 y hasta ahora mismo, el desempleo abierto en Nicaragua ha oscilado en torno al 12.5% de la población económicamente activa. La cantidad de horas no trabajadas de la población subempleada, o sea el llamado "desempleo equivalente", oscila también en torno al 12.5% del total de horas que podría trabajar la población económicamente activa. Es decir, en total, se dejan de trabajar el 25% de las horas que se podrían trabajar: la mitad de esas horas por desempleo abierto y la otra mitad por las horas sin trabajo de los subempleados. Perdemos una cuarta parte de lo que podríamos producir.

Por otra parte, las horas que se trabajan no son muy productivas.

¿Cuál es la productividad del campo? Según el Magfor (2003), la producción por Ha en Nicaragua en los rubros agrícolas más importantes es bastante inferior a la de los otros países del istmo centroamericano. Si ponemos como número índice 100 la producción de cada rubro en los otros países, en Nicaragua la producción del frijol es 67, la del arroz 63 y la del maíz 48. José Luis Rocha (2001), basado en el anuario de producción de la FAO, nos indica la productividad en el café (también con índice 100 para el resto de países centroamericanos): 77. Según el Magfor (2004) estos cuatro cultivos ocupan el 89% del área sembrada de Nicaragua. Según las cifras que acabamos de dar, prácticamente el 90% de nuestra área sembrada tiene una productividad (ponderada) equivalente al 59% de la productividad del resto de los países del istmo.

Si del campo pasamos a la ciudad la situación no es mejor. Según los expertos del BID (Agostín, et al. 2002:69), algo más del 60% de la población activa urbana de Nicaragua está trabajando en empleos de baja productividad (un 19% en microempresas, un 6% son empleadas domésticas y un 35% son trabajadores no cualificados que tratan de ganarse la vida por cuenta propia. En el conjunto centroamericano la cifra total no es un 60% sino un 50%.

En resumen, el 100% de las horas que se podrían trabajar en Nicaragua se reparte así:

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Sólo 1 de cada 6 horas tiene una productividad buena. Lógicamente la producción por habitante ha de ser miserable.

Por qué faltan puestos de trabajo y productividad: crecimiento demográfico e insuficiente inversión

La población de Nicaragua ha crecido a un ritmo tan rápido que no se le han podido crear los puestos de trabajo necesarios.

En el año 2000 éramos ya 6,051 millones los habitantes de este planeta, cuando en 1950 éramos apenas 2,512 millones: nos hemos más que duplicado. Esta explosión demográfica ha tenido lugar sobre todo en los países menos desarrollados: en los países ricos la población no se ha duplicado sino que sólo se ha multiplicado por 1.6, mientras que en el resto de países se multiplicaba por 2.6. América Latina no sólo no ha sido excepción sino que en buena parte ha sido protagonista del fenómeno: su población pasó de 160 millones en 1950 a 515 millones en el año 20003, es decir se ha multiplicado por 3.2. Y dentro de América Latina, Nicaragua también ha sido líder: en 1950 éramos 1.06 millones y en 2000 ya fuimos 5.07 millones4, es decir, nos hemos multiplicado por 4.8, es decir, prácticamente por cinco. ¿En qué se han ocupado esos numerosísimos recién llegados a medida que han ido alcanzando la edad laboral?

¿En qué se ocuparon los nacidos en el campo? Según el censo de 1963 las labores del campo ocupaban al 60% de la población económicamente activa5: ahí laboraban 310,000 personas. En el año 2000 en el campo laboraban algo más del doble: 705,000 personas6. iPero según el aumento poblacional general hubieran debido de estar ahí cinco veces la cifra inicial, es decir, 1,500,000! Los 800,000 f altantes se fueron a la ciudad... pero en el campo se quedaron muchos, hasta más que doblar la cifra de los que había inicialmente, y esa presión poblacional roturó nuestros bosques para convertirlos en sembrados.

Según Horacio Rose7, el área cosechada durante los años 1960 ascendía a algo menos de 800,000 manzanas, mientras que tres décadas más tarde, en los años 1990 ascendía a algo menos de un millón de manzanas; y así como en los años 1960 los granos básicos ocupaban sólo algo más de la mitad de esas manzanas (no llegaban a 450,000; el resto se dedicaba a cultivos de exportación), en la década de los 90 los granos básicos ya ocupaban tres cuartas partes del área cosechada, ascendiendo a más de 700,000 manzanas: el hambre de tierras del pequeño campesino para subsistir... Una duplicación de manzanas equivalente a la duplicación de la población campesina.

El resultado es que casi nos hemos quedado sin bosques. El UNFPA en su informe de 2001 presentaba los siguientes gráficos comparativos:

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A la ciudad llegó el excedente campesino que emigró, y a la vez se daba el aumento de los hijos de los habitantes urbanos. El resultado fue que resultó imposible crear tantos puestos de trabajo para esas nuevas poblaciones.

La creación de un puesto de trabajo requiere inversión: un puesto de trabajo consiste en una máquina que manejar o unas instalaciones donde prestar servicios, y esa máquina y esas instalaciones cuestan dinero, se han de crear con la ayuda de capitales. ¿No había capitales en Nicaragua para financiar esos nuevos puestos de trabajo? Capitales los hubo y los sigue habiendo pero el sector social que los tiene no tiene mentalidad industrial.

Las fortunas nicaragüenses se han originado en la exportación de productos agrícolas. En 1960 el 60% de los ingresos por exportaciones procedían de la carne, el café y el algodón. A comienzos de los 1990 el algodón prácticamente desapareció y fue substituido por los mariscos, pero todavía el 45% de los ingresos por exportaciones provienen de la carne, el café y los mariscos8. Nuestros capitales tienen mentalidad "finquera".

Paul Bairoch (1979:502-510), al historiar algunos aspectos de la revolución industrial inglesa del siglo XVIII, indica que suele ser una constante histórica que los sectores exitosos hasta un momento determinado no suelen captar las posibilidades de los nuevos tiempos. De manera que la revolución industrial incipiente (la del textil) no fue financiada por la vieja aristocracia terrateniente ni por los prósperos comerciantes de las Compañías de Indias, sino que fue la obra de "hombres nuevos", campesinos que vendían sus pequeñas propiedades para comprar unos telares o unas máquinas de hilar rústicas y se instalaban como industriales incipientes. Fue menester un siglo de éxitos industriales y las grandes necesidades de financiación que trajeron consigo el ferrocarril y la siderurgia casi un siglo más tarde para que los capitales acumulados en épocas previas se decidieran a entrar en el mundo industrial.

En Nicaragua (y parece ser que también en el resto de América Latina) los capitales, que históricamente se han originado en la exportación de materias primas agrícolas o mineras, no han tenido mentalidad inversora industrial. Tanto el PND como el PND Operativo confían el crecimiento del país a la iniciativa empresarial (facilitada por el estado). Un importante informe elaborado por el Institute of Social Studies, monitoreando las estrategias de reducción de la pobreza en los tres países de América Latina beneficiarios de la HIPC (Guimarâes et al.2004: 33 y 76), habla así textualmente de la elite empresarial nicaragüense:

En la opinión de muchos analistas, el sector privado nicaragüense (y tal vez latinoamericano) tiene un comportamiento muy lejano del ideal Schumpeteriano. El empresario, especialmente el gran empresario se mueve por intereses corporativistas, muy ligado a comportamientos esperados del sector público: subsidios directos o disfrazados, regímenes de excepción, sistemas impositivos regresivos, laxitud respecto al cumplimiento de leyes laborales y al pago de contribuciones a la seguridad social, prácticas corruptas en las licitaciones y privatizaciones, etc.

Más aún. David Ricardo, espectador del afincamiento de la revolución industrial, abogaba por la eliminación de los aranceles a los granos básicos, aranceles que perjudicaban al empresariado industrial (por tener que pagar salarios más elevados a fin de que sus asalariados pudieran seguir comiendo), y aranceles que beneficiaban a una nobleza terrateniente que iba a gastar en consumo suntuario esos beneficios extraordinarios. Era el estilo "antiguo" de emplear el dinero: consumos paternalistas y prestigiosos. Por lo que hace a Centroamérica, el informe del BID citado anteriormente (Agostín, et al. 2002:28), se lamenta de que la inversión sea poca y además esa poca inversión no se dirija a la adquisición de maquinaria sino a la construcción (residencial y no residencial: urbanizaciones y centros comerciales).

El Informe anual del BID (2004:30) sobre la situación económica y social de América Latina, correspondiente a 2004 y dedicado al mercado de trabajo, se lamenta de que la productividad del trabajo prácticamente no haya aumentado a lo largo de la década de los 90 ("la tasa de crecimiento de la productividad del trabajo fue prácticamente cero"). Parece concluirse que el empresariado latinoamericano no es un apasionado modernizador de sus empresas; más aún, a la vista de que América Latina es la región del mundo con mayor desempleo abierto (Ibidem: 18), parece concluirse que la elite latinoamericana no crea empresas.

SEGUNDA PARTE.

El sesgo reciente hacia el crecimiento ¿ES PRO-POBRE?

En la tensión "productivismo" versus "asistencialismo" parecía que la ERCERP se inclinaba hacia el asistencialismo, puesto que aunque proclamaba que el primer pilar de la lucha contra la pobreza tenía que ser un "crecimiento de base amplia", en la práctica tomaba pocas medidas concretas en esta dirección (aunque uno de sus proyectos, el PAI, logró impactos interesantes a base de distribuir semillas mejoradas, cerdos y gallinas).

Según los estudios realizados por el Institute of Social Studies (ya mencionados anteriormente)9 parece que los gobiernos no creían mucho en la reducción de la pobreza: más bien elaboraban esas estrategias para lograr ser incorporados en la iniciativa HIPC. Eso sucedía en el año 2002, y en el 2003-2004 los gobiernos avanzaban en otra dirección en la que parecían creer más: el productivismo puro y duro. Esto sucedía en Honduras y sucedía aún más claramente en Nicaragua con el Plan Nacional de Desarrollo.

Por lo que dicen los análisis del Plan Nacional de Desarrollo, de palabra se está hablando de la reducción de la pobreza pero en la práctica se cree que se ha de fomentar la producción y que de ahí se desprenderá automáticamente la reducción de la pobreza. Parece creerse en aquella frase famosa de Kennedy: "El progreso es la marea que levanta todas las barcas". De ahí que el PND se concentre en alentar al empresariado a ser comptetitivos para conquistar los mercados internacionales y con ello sacar a Nicaragua de los callejones sin salida en que se encuentra.

La experiencia latinoamericana de la década de los 90 muestra que puede existir crecimiento sin alivio de la pobreza: puede que los sectores de la sociedad bien situados absorban todas las ganancias de ese crecimiento. No todas las propuestas de crecimiento prometen aliviar la pobreza. Por ello, el autor del estudio del ISS sobre Honduras (Cuesta, 2004:46), enumera una serie de condiciones interesantes que deberían exigirse a las estrategias de crecimiento para poder considerarlas pro-pobre (en cada una de estas dimensiones debería otorgarse un determinado puntaje a cada política examinada para finalmente poder establecer prioridades entre ellas):

1. Efectos positivos sobre el empleo, con puntaje adicional si este empleo es sostenido, desproporcionado sobre la mano de obra pobre o no calificada, y específicamente vulnerable (rural, mujer, indígena).

2. Salarios de la nueva mano de obra empleada no se reducen (ni tampoco de la mano de obra ya empleada).

3. Iniciativas identifican claramente mecanismos o prácticas que mejoran la productividad de la mano de obra y/u otros insumos productivos.

4. Iniciativas incluyen no sólo una comunidad ni un sector sino que se articulan más ampliamente a nivel regional, nacional o entre diversos sectores de la economía

5. Iniciativa o política cuenta con fondos o inversiones sostenibles y seguras.

6. Políticas incluyen planes de contingencia o compensación para afectados

En una palabra, en esta intervención hemos abogado por no olvidar el punto de vista de la producción: junto a la asistencia se deben procurar puestos de trabajo. Pero esto no quiere decir que toda política "productivista", es decir aumentadora del producto nacional bruto, vaya a aliviar a los pobres: es menester que ese plus de producción se logre gracias a los puestos de trabajo que se creen para los pobres, puestos de trabajo suficientemente remunerados y para eúo con suficiente productividad (y además, sin endeudarnos peligrosamente con el extranjero para lograr esas inversiones).

Conclusión: tener en cuenta la "producción" (el empleo) pero no olvidar la "asistencia"

Al comienzo he dicho que tenía un cierto temor a estas jornadas puesto que podían centrarse en lo "asistencia!". Por ello he subrayado ese agujero por donde nos invade la pobreza y que hemos de taponar: la falta de empleo. Sin embargo, lo "asistencial" no es secundario. Leyendo el escrito de Wanda Engel me he dado cuenta una vez más de que hay gentes en tal situación de debilitación que sería inútil ofrecerles puestos de trabajo porque no los podrían desempeñar. La "asistencia" ha de sacar a esas gentes de su inanición y los ha de potenciar para que puedan asumir un rol productivo. Y si esas gentes llegan a potenciarse más, quizás estarán en capacidad para poder crearse ellos mismos sus propios puestos de trabajo. En una palabra: esta intervención mía no apuntaba a desmerecer la "asistencia" a las gentes pobres, sino a pedir que no se olvidara lo que origina la pobreza, la falta de empleo. Y como he dicho al comienzo la asistencia cumple un papel fundamental: crea capital humano (salud y educación) y sin ese capital humano la producción no sería posible.

Nota: falta de empleo y distribución desigual del ingreso

En la primera parte de esta intervención hemos tenido interés en que quedara nítida la línea de razonamiento: (1) hay pobreza porque no hay empleo o empleo suficientemente productivo (2) no hay suficiente empleo porque la explosión demográfica exigía una gran creación del mismo (3) la elite económica no estuvo a la altura del reto demográfico porque no tuvo mentalidad inversora productiva. Pero una vez la línea de razonamiento queda clara hemos de añadir un factor que en América Latina impacta en todo: la desigual distribución del ingreso.

Desde hace unos diez años el Banco Mundial ha logrado que en los diferentes países del mundo midan con una cierta fiabilidad la distribución del ingreso o del consumo. Desde que el Banco ha ido publicando estos datos fiables, ha aparecido la triste singularidad de América Latina: somos la región del mundo con más desigualdad. En los países de América Latina el diez por ciento rico de la población tiene un nivel de vida unas diecinueve veces superior al del cuarenta por ciento pobre. En las demás regiones del mundo el diez por ciento rico suele tener un nivel de vida sólo ocho o nueve veces superior al del cuarenta por ciento pobre; sólo en el África subsahariana la desigualdad se aproxima algo (pero poco) a la de América Latina.

Esta desigualdad latinoamericana es tan llamativa que organismos como el BID o el Banco Mundial le han dedicado estudios específicos: el BID (1998) le dedicó su Informe sobre el Progreso Económico y Social en el año 1998, y la sección latinoamericana del Banco Mundial le dedicó su informe del año 2003 (de Ferranti et al. 2003). El origen de esta desigualdad parece quedar claro: tanto Rosemary Thorp (1998:26-27) como el mencionado informe del Banco Mundial10 mencionan que América Latina históricamente vivió de la exportación de materias primas, y para ello la minoría europea no sólo arrebató las tierras de los indígenas sino que además los puso a trabajar en condiciones casi de esclavitud. El "expolio del campesino latinoamericano" es una sangrante realidad, y en Nicaragua lo pudimos experimentar tanto en las tierras cafetaleras de Matagalpa a fines del siglo XIX como en las tierras algodoneras de Occidente en los años 1950.

Cuando más arriba hemos hablado de la falta de empleo de los más pobres, hemos de tener en cuenta que estas gentes fueron expulsadas de las tierras buenas y tuvieron que emigrar o hacia tierras pobres o hacia la ciudad. No es de extrañar que las tierras que ellos dedican a los granos básicos produzcan poco o que en la ciudad se amontone gente sin empleos suficientes.

Más aún, como explica Rosemary Thorp (1998:26), en América Latina las elites económicas coparon los cargos políticos, y naturalmente nunca quisieron ponerse impuestos a ellos mismos: los gobiernos latinoamericanos siempre han andado escasos de recursos. Nicaragua no ha sido una excepción. Entonces no es de extrañar que la mano de obra nicaragüense no tenga excesiva salud ni excesiva educación, y por tanto resulte poco productiva. Tampoco es de extrañar que los caminos para sacar las cosechas estén en mal estado y esto obstaculice el rendimiento económico del campesinado. Tampoco el estado ha tenido dinero para una labor fuerte de modernización agrícola.

Footnote

Notas

1 Todas las cifras están tomadas de World Bank, World Development Indicators CD-Rom 2004, Washington DC

2 Dólar de 1985 PPA. Esta afra está también tomada del World Bank, op.cit.

3 Para 1950 ver Rosemary Thorp, Progreso, pobreza y exclusión. Una historia económica de América Latina en el siglo XX.BID-Untón Europea, 1998, pág. 333, y para 2000 ver Banco Mundial, op.cit.

4 Para 1950 ver Thorp, loccit. y para 2000 ver www.inec.gob.ni/estdisticas/proyecccion2000.htm

5 Ver www.bcn.gob.ni/estadisticas/macroeconomia/lll-EMPLEO Y SALARIOS/3- 1 pdf

6 Ibidem, corrigiendo para el 2000 Ia cifra de 1999

7 Diapositiva presentada en Ia UCA en 2003 con ocasión de explicar el PND

8 Ver www.bcn.gob.ni/estadísticas/macroeconomía/VI-EXTERNO/6-3.pdf y 6-4.pdf

9 Guimaraes, Avendaño y otros, op. cit., pág. 1 y también el Informe Regional elaborado por Maritza Cabezas y Rob Vos (Ilusiones y délusiones del "crecimiento pro pobre". Resumen ejecutivo) donde en Ia pág.2 se dice: "Persiste una impresión muy fuerte de que las ERP son principalmente una invención de Ia comunidad de donantes y con condicionalidad atada a conseguir el alivio de Ia deuda extema"

10 Ferranti y otros, op. cit. Edición de conferencia, pág. 28

References

Referencias bibliográficas

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AuthorAffiliation

Carlos Comas Girali

Profesor e Investigador de ESADE y la Universidad Centroamericana, Apdo. 69. Managua, Nicaragua. E-mail: [email protected]

Copyright Universidad Centroamericana (UCA) 2007