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Para ello, primero ofrezco una mirada sociopolítica y psicológica que ayude a explicar qué es y qué representa la casilla electoral, cómo se construyen las interacciones sociales y por qué es un espacio potencialmente conflictivo; en segundo término, analizo los principales problemas que generó la casilla única2, frente a los cuales propongo agilizar la entrega de resultados de la votación, mediante un mecanismo sencillo en donde los presidentes de las mesas directivas de casilla alimenten desde sus casillas, vía telefónica, al sistema informático del Programa de Resultados Preliminares (PREP) del INE. Frente a la posibilidad de que esto pudiera suceder, para el caso de la Ciudad de México, personal del Instituto Electoral de la Ciudad de México colocó una mesa intermedia entre el módulo del PREP y la bodega electoral, para escanear todos los paquetes electorales y detectar actas sobrantes. El INE, junto con el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) y la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (FEPADE) sumaron recursos para el FAOE, el cual fue administrado por el Programa de Naciones Unidas y destinado a 29 proyectos. United States Agency for International Development (USAID) / National Democratic Institute (ndi) (2018).
En el marco de las elecciones del primero de julio de 2018, en este artículo se analizan aspectos centrales de la jornada electoral. Para ello, primero se caracteriza la casilla electoral y sus actores como territorio sociopolítico potencialmente conflictivo; posteriormente, se evalúa la pertinencia de la casilla única en relación con la compleja problemática que ésta ocasionó durante el escrutinio y cómputo de las elecciones concurrentes; se refuta la afirmación mediática sobre la noción de que "los mexicanos nos volcamos a las urnas" y se fundamenta la persistencia del abstencionismo, en tanto que éste no disminuyó; se indaga sobre la importancia que deberían tener los observadores electorales, en virtud de que al parecer sólo operan como figuras decorativas del proceso electoral; finalmente, se propone que las elecciones sean pensadas como objeto de la seguridad nacional y no sólo como mecanismo político-administrativo de renovación del poder político.
Introducción
En este artículo1 analizo aspectos centrales de la elección del primero de julio de 2018 frente a la reforma político-electoral de 2014. Para ello, primero ofrezco una mirada sociopolítica y psicológica que ayude a explicar qué es y qué representa la casilla electoral, cómo se construyen las interacciones sociales y por qué es un espacio potencialmente conflictivo; en segundo término, analizo los principales problemas que generó la casilla única2, frente a los cuales propongo agilizar la entrega de resultados de la votación, mediante un mecanismo sencillo en donde los presidentes de las mesas directivas de casilla alimenten desde sus casillas, vía telefónica, al sistema informático del Programa de Resultados Preliminares (PREP) del INE. Para, con ello, tener a las 8 de la noche del mismo día de la jornada los resultados de la elección de presidente, y a la hora y media siguiente, los de senador y diputados.
Además de disminuir el tiempo de publicación de resultados preliminares, este procedimiento permitiría omitir el conteo rápido y suprimir la sesión de cómputos distritales o, en su caso, disminuir cuando menos en 60% el número de paquetes a recontar; en tercer lugar, analizo la figura de los observadores electorales en virtud de la trascendencia que deberían tener a la luz de la integridad de las elecciones y la confronto con el lugar que el sistema electoral mexicano les da, pues pareciera que sólo son figuras decorativas de la jornada electoral y no una herramienta de vigilancia y transparencia útil en la construcción de la democracia electoral.
Por último, propongo pensar las elecciones y el proceso electoral como objetos de la seguridad nacional y dejar de verlos como mecanismos político-administrativos para la renovación formal del poder político en México.
La casilla electoral
La síntesis de todo proceso electoral es la casilla electoral3. Este pequeño espacio a través del cual se recibe el voto de los ciudadanos es un complejo territorio sociopolítico donde desembocan distintos actores: unos con agendas nobles y transparentes; otros con agendas perversas y opacas. En su interior concurren una serie de entrecruzamientos que hacen de este espacio, un espacio cuya atmósfera es álgida y donde la interacción confianza-desconfianza es el eje que determina la interacción social en la jornada electoral.
Destacan, en primer lugar, los funcionarios de las mesas directivas de casilla que fueron escogidos de manera aleatoria y voluntaria y generosamente participan en las elecciones sin recibir nada a cambio; en segundo término, particulares que desinteresadamente prestan sus casas y empleados de gobierno que abren las instalaciones públicas como escuelas y centros comunitarios para ubicar ahí las casillas, convirtiendo tanto patios familiares y escolares como cocheras en importantes centros de decisiones políticas. Siguiendo el pensamiento de Mircea Eliade (1959), lugares profanos se convierten en lugares sagrados, donde la voluntad individual se trasforma en una voluntad colectiva para decidir el futuro del país. En tercer lugar, se encuentran las diversas fuerzas políticas que se disputan el poder político y con ello se decide su propio futuro, es decir, los representantes de los partidos políticos4, que bien pueden presenciar los actos de la jornada de manera respetuosa y cooperativa, o bien ser factores de presión, disturbio y violencia; en cuarto lugar, se encuentran los ciudadanos de todos los credos, edades, clases sociales, niveles de escolaridad, inclinaciones políticas e ideológicas que tienen derecho a votar.
Aquí destacan dos tipos de ciudadanos: aquellos que van a la casilla y votan, y aquellos que no lo hacen. Estos últimos también cuentan; es decir, en su ausencia están presentes, tanto que el tipo de casilla, la cantidad de casillas y el lugar donde se instalan dependen del total de ciudadanos empadronados que tienen acreditado su domicilio en cada sección, siendo 100 ciudadanos el mínimo que debe tener una casilla y 750 el máximo.
Si bien el INE sabe que en todas las elecciones, presidenciales o intermedias, el índice de abstencionismo siempre es muy alto, siendo para las primeras alrededor de 40% y para las segundas alrededor de 50%, no puede descartar a los ciudadanos que no votan, que seguro deben ser los mismos elección tras elección.
El INE debe garantizar el derecho al voto, por lo que debe tomarlos en cuenta en la preparación de cada acción que culmina con la instalación de las casillas electorales, lo que implica un alto costo económico y organizacional.
A pesar de que los medios de comunicación y el consejo general del INE han insistido en que en estas elecciones los mexicanos nos volcamos en las urnas, esto no es del todo cierto. El comportamiento del electorado fue similar al comportamiento histórico que se ha registrado en el país y el abstencionismo no se abatió.
En esta elección no se incrementó la participación. El abstencionismo respecto a la lista nominal ha sido similar en las últimas tres elecciones presidenciales. Lo distintivo fue la participación en relación con el tamaño de la lista nominal; es decir, la cantidad de votos depositados en las urnas fue mucho mayor. Lo que no se había visto desde hace 36 años es el margen del triunfo entre el primero y el segundo lugar5. Este margen permitió que los graves inconvenientes de la casilla única no produjeran problemas de confianza y credibilidad y, en consecuencia, que no se gestaran conflictos sociales postelectorales.
Mientras que en 2006, la lista nominal contenía 71 millones 300 mil registros, en 2012 contenía 79 millones 454 mil 802 registros y seis años después, en 2018, contiene 89 millones 123 mil 355 registros6. De 2012 a 2018 la lista nominal tuvo un incremento de 10 millones de ciudadanos, es decir, los jóvenes entre 18 y 23 años de edad que no votaron hace 6 años y que estuvieron en condiciones de hacerlo ahora; sin embargo, reitero que el abstencionismo ha sido similar.
En 2006, hubo 41% de abstencionismo; en 2012, 37%, y 38% en 2018 , es decir, el pasado primero de julio 55 millones 256 mil 480 ciudadanos votaron y 33 millones 866 mil 874 no votaron. Unos porque así lo decidieron y otros porque no pudieron hacerlo, pero en ambos casos, se imprimieron sus boletas y se contaron como boletas sobrantes de ciudadanos ausentes, así se consignaron en las actas de escrutinio y cómputo.
Hacia el interior de la casilla electoral desembocan de manera no dialógica ideologías, tendencias e intereses similares y opuestos; cada persona que interactúa responde a sus propias emociones y angustias, a sus anhelos y esperanzas, desempeña sus tareas y responsabilidades de acuerdo con sus presiones, fortalezas y carácter; la casilla electoral además de ser el repositorio de las urnas y el voto, es un contenedor de emociones y expectativas, de ahí que sea un espacio potencialmente conflictivo. La casilla electoral suma las tres temporalidades en un mismo acto: es una síntesis del pasado, el presente y el futuro del país: el pasado está cargado con la idea del fraude electoral, la inequidad de la contienda y la experiencia de cada ciudadano frente a sus gobiernos.
El presente está lleno de zozobra respecto a los resultados de un proceso electoral a través del cual se organizó la elección más grande del país en donde se llevaron a cabo elecciones concurrentes7 en 30 de los 32 estados y se eligieron más de 3 mil 200 cargos en todo el país. Este presente está colmado también de miedo e incertidumbre, sentimientos atizados con la violencia sistemática en las narrativas de los y las candidatas durante sus campañas electorales y la ciudadanía la confrontó con el asesinato "de 101 políticos y candidatos, siendo Guerrero el estado con más casos y el PRI el partido más afectado" (Salgado, 2018). Respecto al futuro, se vislumbra como realidad próxima definida con el acto mismo del sufragio y el cúmulo de expectativas y fantasías depositadas.
Por otro lado, entre las personas que por ley también pueden estar dentro de la casilla electoral, se encuentran también los observadores electorales8, que sin ser obligatoria su presencia y con el requisito de no obstaculizar el flujo de la votación, su actuación es de importante trascendencia en términos de credibilidad, integridad y rendición de cuentas de la elección y, en relación con la vigilancia y testimoniales de incidencias y posibles delitos electorales, tanto de quienes están dentro como de quienes están en las inmediaciones de la casilla electoral.
La casilla única: riesgo en elecciones concurrentes con resultados estrechos
Antes de 2015, en México, se instalaban dos casillas electorales, una para atender la votación local y la otra para recibir la votación federal. Frente a la derrama económica y logística, en la reforma político-electoral de 2014 se diseñó la casilla única y desaparecieron las casillas diferenciadas por el ámbito de competencia. En principio, la idea era muy buena y fue ampliamente aceptada por las distintas fuerzas políticas y autoridades electorales. Los argumentos centrales se fundamentaron en garantizar el uso eficiente de los recursos económicos, materiales y humanos a través de no duplicar esfuerzos y gastos para habilitar dos espacios; destacando el trabajo colaborativo de los funcionarios. La casilla única implicaba un mismo domicilio y una mesa directiva de casilla a cargo de las dos elecciones, local y federal. Antes, la mesa directiva de casilla se integraba por cuatro ciudadanos, llamados funcionarios: presidente, secretario y dos escrutadores; por lo que en votación concurrente, se necesitaron, hasta 2012, ocho funcionarios para atender las dos elecciones. Ahora, con la casilla única, se requirieron seis funcionarios: un presidente, dos secretarios y tres escrutadores. Es decir, dos funcionarios menos por casilla.
Esto lo podemos dimensionar cuando hablamos de que en México, en estas elecciones, se instalaron 157 mil 722 casillas con el apoyo de 946 mil 332 ciudadanos y se dejaron de requerir 315 mil 444 funcionarios. Esto implicó un gigantesco ahorro en las tareas de los capacitadores asistentes electorales (CAES). Además de un ahorro sustancial por parte de los órganos electorales locales, que sumados hubieran contratado alrededor de 44 mil personas, entre supervisores electorales y capacitadores asistentes electorales para capacitar a los funcionarios de las casillas locales, en virtud de que este fue el número de personas que contrato el INE en los 300 distritos para tales tareas.
En este marco, el consejero presidente del INE, Lorenzo Córdova, celebró el modelo de casilla única y dijo que la aprobación para este proceso electoral "no solamente cumple con la dimensión técnica y operativa, sino que ha implicado un trabajo de construcción política, de interacción con las representaciones de los propios partidos y de las representaciones de las consejerías del Poder Legislativo" (ine, 2018).
Ahora bien, a pesar de que la casilla única ha tenido el consenso de los diferentes actores políticos y contó con el aval técnico y a simple vista es funcional, es necesario verla más allá de su nivel operativo ideal y de los ahorros presupuestales que permitió.
Es necesario verla con una mirada sociopolítica en tanto que los problemas que se produjeron en torno a ésta pudieron haber escalado al ámbito político y social de no haber sido tan grande el margen del triunfo entre el primero y el segundo lugar y tan contundentes los resultados de la mayoría de las elecciones en todo el país9.
En este marco, según datos del ine, cabe señalar que los votos obtenidos para la presidencia fueron 12,610,120 por el PAN, 9,289,853 por el PRI y 2,961,732 por el candidato independiente, y sumados (24,861,705) no alcanzaron a Morena (30,113,483). Un dato importante de la crisis del sistema de partidos políticos y de representación política es la comparación entre los votos de Morena y el número de ciudadanos que no votaron (33,866,874).
Ahora bien, en torno a la casilla única, en su fase de clausura se generaron cuatro problemas muy graves:
1. Más del doble de tiempo para contar: La misma mesa realizó el escrutinio y cómputo de cada urna (elección), lo que triplicó la cantidad de tiempo requerido, pues se contaron votos de seis elecciones en lugar de contar votos de tres elecciones. En muchos casos, entre el cierre de la casilla y la publicación de resultados en el exterior pasaron más de seis horas, es decir, acabaron a las 12 de la noche. Esto originó, a su vez, la entrega tardía de los paquetes electorales en cada uno de los distritos, federales y locales, lo que por un lado posibilitó poder capturar el PREP en el ámbito federal a partir de las 11 de la noche y retrasó el cómputo distrital local en el pleno del consejo. Asimismo, paralizó a los consejos distritales que no pudieron iniciar la lectura en voz alta de las actas (cantado de resultados) y el cotejo de las mismas con las actas del PREP a las 8 o 9 de la noche como había sido en elecciones anteriores, por lo que no se contó con resultados preliminares la misma noche. Cabe mencionar que el candidato José Antonio Meade del PRI reconoció su derrota tres horas antes de que hubiera llegado el primer paquete electoral a las juntas distritales de todo el país.
2. Retraso en la entrega a las juntas distritales de los paquetes electorales (federales) provenientes de los Centros de Recolección y Traslado (CRYT). Estos centros se instalaron estratégicamente para el acopio y resguardo de los paquetes electorales correspondientes a las secciones alejadas de las juntas distritales. Este acopio fue totalmente inoperante. Los camiones encargados del traslado de todos los paquetes tuvieron que esperar hasta el último paquete para tener todos recolectados y llevarlos a las sedes de las juntas distritales; por lo que si en un distrito el consejo distrital programó 130 paquetes para el CRYT, y a las 4:00 de la mañana ya estaban resguardados 128 paquetes, el camión tuvo que esperar los últimos dos paquetes, lo cual implicó que no había actas de escrutinio y cómputo que capturar en el PREP ni cotejar en el pleno del consejo. De un momento a otro, llegaron todos los paquetes juntos, en unos distritos a las 4 de la mañana y en otros hasta después de las 6 de la mañana, es decir, a las 12 horas después de haber cerrado las casillas.
3. Guardado de actas de escrutinio y cómputo en paquetes electorales equivocados. Se presentaron dos tipos de errores: i) al cierre de los paquetes electorales, el secretario guardó todas las actas en un mismo paquete y dejó sin acta de escrutinio y cómputo de la elección local al paquete electoral local, pues se guardó en el federal o a la inversa; ii) el secretario colocó de manera invertida las actas. El acta local la guardó en el paquete electoral federal o a la inversa. Frente a la posibilidad de que esto pudiera suceder, para el caso de la Ciudad de México, personal del Instituto Electoral de la Ciudad de México colocó una mesa intermedia entre el módulo del PREP y la bodega electoral, para escanear todos los paquetes electorales y detectar actas sobrantes.
La detección de actas resultó un fracaso. Si bien, en algunos paquetes se detectaron actas depositadas de manera equivocada, no fue en todos los paquetes y eso, pone en entredicho la certeza de los resultados. Esto se pudo constatar en la sesión de los cómputos distritales al encontrar en algunos paquetes actas de la elección local que no fueron detectadas al escanear el paquete. Pero, en los paquetes que no se fueron a recuento y no se abrieron, no se sabe si hubo o no actas equivocadas.
4.Equivocación en la ubicación y escrutinio de los votos. En el modelo de la casilla única el segundo escrutador cuenta las boletas de la elección local y le indica a los electores dónde depositar cada uno de sus votos de acuerdo con la elección de la que se trate. Sin embargo, el día de la elección muchos electores depositaron sus votos en urnas equivocadas y, al momento del escrutinio, el secretario no se dio cuenta y los contó para el partido o coalición del que se trata pero no para la elección que era.
En términos generales, estos problemas no empañaron la transparencia de los resultados en virtud de que éstos hablaron por sí mismos. Como ya lo comenté, la enorme distancia entre el primero y el segundo lugar tanto en la elección de presidente como de senadores y diputados, así como en la mayoría de las elecciones concurrentes en todo el país, catalizó los problemas, que no trascendieron.
El margen de triunfo no dio paso a la ambigüedad, a la confusión y a que más de un candidato se autoproclamara triunfador. No obstante, de no haber sido así, la situación en las juntas distritales de todo el país hubiera alcanzado peligrosos niveles de algidez que hubieran podido detonar múltiples conflictos postelectorales la noche de la jornada y durante los días subsecuentes frente a la sesión de cómputos distritales.
Los partidos políticos afectados hubieran arañado cada uno de los votos, como lo hicieron en los cómputos distritales frente a la posibilidad de perder su registro a la luz de la votación emitida. La legalidad, transparencia, claridad y legitimidad en el resultado preliminar hubieran sido propicias para crear ambientes de hostilidad y posibles actos de violencia, multiplicados en los 300 distritos electorales de un país inmerso en una crisis de seguridad pública y de derechos humanos.
Estas ambigüedades, transferencias de votos y de actas de un paquete a otro y omisiones de votos y de actas en paquetes, también pudieron haber generado conflictos sociales respecto a las elecciones locales por no tener claro un ganador o por el interés de algunas fuerzas políticas de generar incertidumbre, ambigüedad y deslegitimar la elección o hacer propicias estas problemáticas para declarar fraude electoral.
Cabe la posibilidad, a la luz de resultados cerrados, de que se modifiquen los resultados luego de extraer votos mal ubicados.
El objetivo de reflexionar en torno a la casilla única es mejorar los procedimientos, ya que de continuar el modelo como se encuentra establecido en la LEGIPE, frente a la próxima elección concurrente potencialmente igual o más grande que ésta, se repetirán problemas similares que afecten la integridad de la elección y la seguridad de los ciudadanos; de ahí que un elemento que en apariencia es simple como la casilla única puede tener consecuencias desastrosas, sobre todo en aquellos lugares del país donde ya se viven situaciones de violencia e inseguridad, donde el antagonismo entre fuerzas políticas se ha profundizado, donde las condiciones de pobreza y desigualdad facilitan la ingeniería de conflictos poselectorales. Sin embargo, la solución no es regresar al modelo anterior de dos casillas, pues los costos y los esfuerzos se duplican, la solución es transformar la metodología del escrutinio y cómputo y publicar desde la casilla única los resultados en el PREP. De lo que se trata, siguiendo al ex consejero general del INE y académico universitario, es de tener candidatos, ciudadanos y partidos políticos, que el proceso electoral ofrezca certezas en todos sus momentos y procedimientos. Se debe evitar a toda costa que los riesgos de organización incidan en dudas e inconformidades que pongan en entredicho los resultados de la eleción.
Hacia un nuevo modelo de escrutinio y cómputo
Frente a los problemas de la casilla única y a las inconsistencias sistemáticas, elección tras elección, de las actas de escrutinio y cómputo, propongo habilitar, a las 6:15 de la tarde del día de la jornada, el Sistema de la Jornada Electoral (SIJE) que se instaló en la mañana. Con ello, el INE y el OPL mantienen las bondades de la casilla única, pero se solucionan los problemas que genera. Al mismo tiempo se hace más eficiente el flujo de los resultados para su publicación y se eliminan los errores en el llenado de las actas. Lo que podría redundar en la eliminación de la sesión ordinaria de cómputos distritales el miércoles siguiente a la elección o reducir el número de paquetes a recontar10.
En la mañana del día de la elección en todas las juntas distritales del país, se instala el SIJE, un sistema telefónico tipo call center habilitado con 5 líneas telefónicas e igual número de capturistas. Los Capacitadores Asistentes Electorales que están con las mesas directivas de casilla, llaman a la Junta Distrital para informar sobre la dinámica de la instalación de las casillas electorales -problemas o incidencias-.
De acuerdo con lo señalado en el Artículo 316 numerales 1 y 2 del Reglamento de Elecciones (ine, 2016), se dispone que el instituto diseñará, instalará y operará el SIJE con el objetivo de informar de manera permanente y oportuna al Consejo General, a los consejos locales y distritales del Instituto y a los OPL, sobre el desarrollo de la jornada electoral, precisando que la jornada electoral concluye con la clausura de la casilla y la remisión de los paquetes electorales a la sede de los consejos distritales.
Por lo anterior, el SIJE debe dar cuenta de todo lo que ocurra en la casilla durante la -jornada electoral- a través del órgano electoral facultado legalmente para tal efecto, la mesa directiva de casilla, en este caso, única.
Los integrantes de la mesa de casilla única son la autoridad que debe instalar, recibir la votación, llevar a cabo el escrutinio y cómputo y publicar los resultados presentados en la casilla, son un órgano colegiado vigilado por representantes de partidos políticos y observadores electorales y por lo tanto puede y debe dar validez a la transmisión de resultados que emitan, previendo incluso que se elimine el cómputo distrital, por una simple razón, los integrantes de la mesa de casilla única son seleccionados aleatoriamente y capacitados para operar la casilla que recibe la votación de la ciudadanía, por lo que sin problema de confianza y legitimidad pueden dictar, desde la casilla, los resultados a la junta distrital, en presencia de los consejos distritales.
En este marco, propongo modificar la metodología de escrutinio y cómputo, no su esencia, ni sus principios jurídicos ni éticos. En lugar de abrir la primera urna, hacer el escrutinio y cómputo, abrir la segunda, hacer el escrutinio y cómputo, abrir la tercera, hacer el escrutinio y cómputo y continuar así hasta terminar todas las elecciones, integrar el paquete electoral, llenar la acta, publicar los resultados afuera de la casilla y remitir los paquetes a la sede de la Junta Distrital, procedimiento que para esta elección (2018) llevó de 5 a 6 horas, aunque hubo casos extremos que implicó hasta 8 horas. Mi propuesta es abrir la urna de la elección de presidente, levantar el acta de escrutinio y cómputo, revisarla y firmarla, incluyendo a partidos políticos y observadores electorales. En presencia de todos, el presidente de la mesa directiva llama al SIJE (nocturno) y lee en voz alta los resultados del acta, y ya sea que la coloque afuera del paquete para su cotejo en el Consejo distrital o la guarde en su sobre y lo selle.
Si se tardan una hora en vaciar la urna, contar dos veces los votos, llenar el acta y firmarla, a las 19:00 horas ya estarían los resultados de la elección de presidente publicados en el PREP.
Esta misma mecánica se llevaría a cabo con cada elección. A las 23:00 horas quedarían capturadas y publicadas en el sistema informático del INE las tres elecciones federales. Cuando terminen de integrar los paquetes, el secretario 1 y el escrutador 1 lo llevan a la junta distrital, el resto de la mesa se queda al escrutinio y cómputo de la elección local y se repite el procedimiento en el mismo orden: jefe de gobierno o gobernador, presidente municipal o alcalde, diputados locales. El OPL tendría que habilitar un SIJE en sus sedes distritales. Se terminaría a las 12:30 de la noche.
Una alternativa a dicha opción es realizar de manera simultánea el escrutinio y cómputo de elecciones federales y locales, con el secretario 1 y el escrutador 1, y el secretario 2 y el escrutador 2, respectivamente. Conforme van terminando, el presidente de la mesa va llamando al SIJE del INE y al SIJE del OPL. A lo sumo, a las 23:30 horas, estarían publicados los resultados preliminares de las seis elecciones y todo el país podría consultarlos.
Es importante subrayar que en el reglamento de elecciones se prevé que el SIJE es un sistema para dar cuenta de la jornada electoral y ésta no concluye hasta la remisión de paquetes, por lo que dictar los resultados cumple con la legislación.
Ventajas de implementar el sije al cierre de las casillas
Es un sistema eficiente y ampliamente probado que no presentaría mayores problemas. El PREP se alimenta desde la casilla, lo cual implica acortar el tiempo para conocer los resultados preliminares. Tiene el mismo nivel de confianza y credibilidad porque la lectura en voz alta y dictado de resultados es pública, en presencia de los representantes de los partidos políticos, de observadores electorales y participa toda la mesa de casilla, que es el órgano facultado para el escrutinio, cómputo y remisión de los resultados, en este caso, por teléfono; se eliminan los errores en el llenado de las actas porque al estarlo dictando, los capturistas piden todos los campos y los presidentes no omiten información por distracción, olvido o cansancio; la suma de las cantidades las realiza el sistema y no dejaría guardar su falta.
Este modelo cambiaría radicalmente el cotejo de actas, pues el acta del prep se suprimiría y las posibilidades son diversas. Se podría colocar copia de las tres actas afuera del paquete en el mismo lugar que ahora ocupa la del prep y, en la misma noche, el pleno del consejo realizaría el cotejo.
Se puede proyectar el sije (nocturno) como en la mañana y los representantes de los partidos políticos cotejar los resultados. Con ello, se cumple con los principios de máxima publicidad, objetividad, certeza y transparencia del INE.
Finalmente, de acuerdo con la central electoral del INE, en promedio en México 60% de las casillas son urbanas, 25% rurales y 15% mixtas. Esto significa proponer un sistema a través del cual el presidente directamente capture la información mediante una aplicación de un celular o tableta, pero tiene tres problemas: 1) el acceso restringido a internet, 2) la necesidad de capacitación en el uso de la aplicación y 3) los costos. En contraste, hay cobertura telefónica en casi todo el país, hasta por caseta pública en poblados recónditos, no requiere un presupuesto adicional, el SIJE es un sistema probado y validado por legisladores, partidos políticos y autoridades electorales y parte de la misma noción de confianza a los funcionarios de las mesas de las casillas.
Antes de concluir esta sección, cabe mencionar que las actas de escrutinio y cómputo son un problema que se puede solucionar; con ello, se podría también suprimir la sesión de cómputos distritales o disminuir el recuento de paquetes. Primero, se deberían imprimir en colores vistosos y distintos para poder diferenciarlas, pues todas son del mismo color y casi iguales. A simple vista tienen la misma información, con la misma tipografía y el mismo diseño y es relativamente fácil que el funcionario cometa errores de ubicación y en el llenado. Así como las boletas son legibles, amigables y fáciles de llenar, así debieran ser las actas de escrutinio y cómputo.
Si se requiere hacer un bloc o imprimir frente y vuelta, que se haga, pues tanto la ubicación de las actas fuera y dentro del paquete electoral y el llenado bien hecho de las mismas se puede garantizar con tan sólo mejorar su diseño.
Debido al cansancio de todo el día, la premura en el llenado de las actas, en algunos casos con capacitaciones deficientes, aunado a la dificultad gráfica de las actas, éstas se llenan con errores y se integran los paquetes mal.
De acuerdo con el INE, de los 156 mil 792 paquetes electorales de todo el país, se recontaron 117 mil 634; lo que representó que casi 80% de la elección federal se volvió a contar (INE, 2018).
Observadores electorales:
¿figuras decorativas?
De acuerdo con la Organización de Estados Americanos (OEA), "la observación electoral se refiere a la acción que lleva a cabo a un grupo organizado de personas que de forma sistemática realiza un conjunto de acciones para constatar en forma directa, completa y exacta las características y el desarrollo de un ciclo electoral" (Velozo, s/a).
Una dimensión de la observación electoral, quizá la clásica, son las misiones nacionales e internacionales que observan el proceso electoral a partir de la actuación de los gobiernos y de los órganos administrativos y judiciales, es decir, de las entidades que organizan y realizan la elección y de los organismos que la califican y declaran o no su validez, el Tribunal Federal Electoral. Sin embargo, otra dimensión que debería contener la observación electoral es la actuación de los partidos políticos durante el proceso y la jornada; es decir, las operaciones de ingeniería de conflictos electorales como la intimidación a ciudadanos que quieren participar en las mesas directivas de casilla, la compra y coacción del voto, la amenaza a capacitadores y asistentes electorales y supervisores electorales contratados por el INE para capacitar a los ciudadanos de las mesas directivas de casilla, o bien, verificar las mentiras, agresiones y violencia de los candidatos en campañas electorales o cuestionar al INE por permitir los discursos homofóbicos, racistas y clasistas presentes en las narrativas de promoción del voto de candidatos y candidatas, así como analizar metodologías de las encuestas en tanto que generan liderazgos, moldean la opinión pública e inciden en la decisión del voto. Como estos ejemplos, existen muchas otras acciones y circunstancias que tendrían que ser sancionadas por los observadores electorales.
En términos ideales, la observación electoral debiera medir la integridad de las elecciones, la confianza en las instituciones y la credibilidad de las elecciones, es decir, la inclusión, la transparencia, la rendición de cuentas y la competitividad, esta última se refiere a la facilidad o capacidad de ser elegido para concursar para un puesto de elección popular en una contienda electoral, la inclusión de las candidaturas independientes entra en este punto.
La observación electoral es compleja, empezando porque es costosa, requiere de una ciudadanía conciente y capacitada en temas políticos y electorales y de un código de conducta que respete el proceso y la cultura donde se inscribe.
En México, existen tres problemas fundamentales respecto a cómo se concibe la observación electoral y cómo se ha consignado en la LEGIPE. Frente a esto, queda la pregunta sobre cuál es la incidencia real de dicha vigilancia ciudadana.
En México, la observación electoral es un derecho consignado en el Artículo 217 de la Legislación General de Instituciones y Procedimientos Electorales (LEGIPE) (ine, 2017: 157), el cual establece que quienes deseen optar por él deben asistir a los cursos de capacitación que imparten tanto el INE como el órgano electoral local (OPL) para conocer la materia y poder observarla. Entre otros requisitos destaca no haber sido candidato a algún puesto de elección popular tres años antes de la elección ni tampoco haber estado afiliado a ningún partido político; pone especial énfasis en no haber ocupado ningún puesto en dirigencias de partidos políticos.
De acuerdo con dicha legislación, en el inciso i del Artículo 217, los observadores electorales sólo pueden observar la jornada electoral, es decir, la instalación de la casilla, el desarrollo de la votación, el escrutinio y cómputo de los votos, la clausura de la casilla, la publicación de resultados, la lectura en voz alta de los resultados de las actas de escrutinio y cómputo en el pleno del consejo distrital y la recepción por parte de la junta distrital de escritos de incidencia y protesta. Esto significa que la ley los excluye de observar el proceso electoral. Sólo tienen capacidad de vigilar el día de las elecciones, ni siquiera pueden estar en los cómputos distritales.
Por otro lado, a pesar de que hay misiones internacionales y el mismo INE las acredita, de acuerdo con el inciso d, numeral 1, la ley sólo permite la acreditación como observadores electorales a ciudadanos mexicanos en pleno ejercicio de sus derechos políticos electorales. Esta es una inconsistencia que pone en tela de juicio la actuación de los funcionarios electorales que acrediten a misiones internacionales y coloca en situación de vulnerabilidad a extranjeros avalados como observadores en México.
Si bien ambos puntos anteriores son importantes, el más significativo es el asentado en el inciso -j- que a la letra dice: "[...] En ningún caso los informes, juicios, opiniones o conclusiones de los observadores tendrán efectos jurídicos sobre el proceso electoral y sus resultados" (INE, 2017:157). Lo que oigan, vean, analicen y comprueben, no sirve como muestra de nada, no cambia nada y no se pueden presentar en tribunales electorales para probar ni ratificar una situación". Frente a este ordenamiento legal, la pregunta es, ¿para qué sirven los observadores electorales y a quiénes son útiles?
Para medir si las lecciones son o no democráticas, la OEA establece criterios a partir de responder cuatro preguntas: 1. ¿Están efectivamente capacitados todos los ciudadanos para expresar sus preferencias en las elecciones? 2. ¿Se respetan las preferencias de los votantes y se registran de manera fidedigna? 3. ¿Se ofrece al electorado opciones imparciales entre los candidatos? 4. ¿Se ocupan los distintos cargos públicos mediante elecciones periódicas?
Cuando los ciudadanos se reúnen para observar las elecciones, pueden tener varios objetivos: involucrar a los ciudadanos en el proceso electoral; impedir el fraude; exponer problemas e irregularidades; brindar un índice exacto de la calidad de la elección; fomentar la confianza en el proceso y los resultados; y ofrecer recomendaciones para mejorar el proceso para las siguientes elecciones (USAID NDI, 2018).
El INE, junto con el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) y la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (FEPADE) sumaron recursos para el FAOE, el cual fue administrado por el Programa de Naciones Unidas y destinado a 29 proyectos. Habrá que estar atentos y atentas a los informes que presenten.
Cabe mencionar que INE, TEPJF y FEPADE entregaron a 19 millones de pesos (ONU, 2018).
Las elecciones: objeto de seguridad nacional
Tradicionalmente se ha construido la seguridad nacional con un enfoque policiaco y punitivo. El gobierno mexicano la ha concebido de manera unidimensional a partir de los riesgos y vulnerabilidades que la amenazan y no la concibe a partir de los elementos que la protejan; y esto es, desde mi punto de vista, un importante giro que debiera hacer el gobierno entrante como parte central de su agenda. Para Enrique Peña Nieto,
la política de seguridad nacional del país debe contar con la capacidad de prevenir, disuadir y contener conflictos y contingencias para solucionarlas en el menor tiempo posible, así como minimizar los daños y costos. [...] define como riesgos y amenazas a la seguridad nacional a los desastres naturales y pandemias; delincuencia organizada trasnacional; ciberseguridad; fronteras, mares y flujos migratorios irregulares, así como terrorismo y armas de destrucción masiva (Vargas, 2014).
Contrario a esta visión esencialmente policial y autoritaria, la seguridad nacional debiera ser una política de Estado en la cual se proteja a las personas, la vida democrática y las instituciones, por lo que las elecciones, junto con la seguridad alimentaria, el trabajo y los derechos humanos son, en los hechos, objeto de seguridad nacional, aunque el gobierno no los conciba así.
¿Por qué las elecciones son materia de seguridad nacional? En términos generales, porque sólo a través de las elecciones se puede renovar el poder político de manera pacífica y, hablando en términos particulares, se puede indagar la respuesta en dos niveles: el primero, el día de la jornada electoral y los resultados de la elección; el segundo, el proceso electoral. Éste no debe verse como una consecución de acciones y metas mecánicas y burocráticas ordenadas por la LEGIPE y operadas por el INE. Por el contrario, el proceso electoral integra un conjunto de acciones meticulosamente planificadas para que nada falle y es, como sabemos, un complejísimo escenario donde convergen actores antagónicos que se disputan el poder político.
En términos formales, las elecciones son el mecanismo de la democracia directa que permite la renovación del poder político de manera pacífica. Sin embargo, la cuestión no radica en saber esto, sino en dilucidar qué encierra en el fondo esta enunciación: renovación pacífica del poder político. Primero, significa que se garantiza la finitud de un gobierno, que si fue bueno dejó enseñanzas y, si fue malo, se termina y se reemplaza; segundo, se garantiza que ninguna persona, facción o partido se pueda instalar en el poder político más tiempo del socialmente acordado, lo que en teoría evita la reproducción de la tiranía; tercero, significa una confianza mutua entre gobierno y sociedad, en donde el primero, a través de órganos autónomos, garantiza que haya elecciones y el segundo, a pesar de todo, vuelve y regresa a las urnas a depositar su voto. Es decir, a manifestar su deseo, su inclinación y su interés.
La crisis del sistema de partidos tiene muchos ángulos para analizar con diferentes matices. Desde la crisis de representación política, la corrupción, la opacidad de su acción y agenda, el parasitismo, la vida antidemocrática hacia el interior de su cúpula y militancia, etc. En términos de sufragio, el primero de julio pasado, a través de la votación emitida, la sociedad mexicana dejó claro que no confía y no quiere que sigan existiendo los partidos pequeños, pero también los partidos tradicionalmente fuertes enfrentaron el mayor declive de su historia. Lo que preocupa es que hubo una especie de vaciamiento de partidos políticos, frente al empoderamiento de uno solo -Morena-, sin competencia, oposición, crítica, alternancia y debate democrático, lo que implica riesgos para la seguridad nacional, es decir, México cayó dentro de una crisis de confianza en los partidos políticos y éstos enfrentan serios problemas de recomponerse y mantenerse vivos.
No es cosa menor que los partidos políticos enfrenten una sensible crisis. Pensar que la crisis de los partidos políticos es problema de los propios partidos y saber cómo la resuelven, si es que lo hacen, como se ha discutido en los medios de comunicación, es no poder ver las implicaciones en términos de construcción democrática de un país que, a pesar de la transición democrática, no termina de salir del autoritarismo.
Conclusiones
El primero de julio de 2018 quedó demostrada la inoperatividad de la casilla única en la elección concurrente; sin embargo, ésta ofrece ventajas en términos económicos y materiales. Permite integrar una mesa directiva con menos ciudadanos. Es importante conservarla, siempre y cuando se modifica la manera de realizar el escrutinio y cómputo de la votación. Frente a éste, el modelo que aquí propongo es viable, porque se puede realizar. No requiere que se modifique la LEGIPE ni presupuesto adicional, al contario, permite importantes ahorros. Recupera el SIJE y lo aprovecha en términos normativos y operativos. Se acopla a los principios rectores del INE: objetividad, certeza, máxima publicidad y transparencia, entre otros.
Es urgente repensar la casilla única, en tanto que tenemos un sólido y eficiente sistema electoral que, por cuestiones de organización, puede poner en riesgo la credibilidad, la certeza y la confianza en los resultados de la elección, como lo vimos.
Por otro lado, entre las áreas en las que el INE, en coordinación con los órganos públicos locales, de cara a la elección de 2024, están la urna y el voto electrónico, la democracia digital, la lucha contra el abstencionismo, tan enemigo de las elecciones como el mismo fraude electoral y replantear las candidaturas independientes en coordinación también con legisladores y académicos.
Para concluir esta reflexión, cabe mencionar algunas de las líneas de investigación que ofrece este proceso electoral que está por concluir. Una de suma importancia es la violencia en diferentes expresiones: a) entre candidatos, b) de partidos políticos contra ciudadanos insaculados, c) entre partidos políticos; d) de ciudadanos hacia candidatos. Habría que repensar las funciones de los consejeros distritales y de los observadores electorales, ambas figuras correspondientes a la noción de ciudadanización de los procesos electorales que se deberían perfeccionar.
Por último, en materia electoral todo es político y si bien la legislación es el mecanismo que ordena y regula el proceso, quedarse en análisis jurídicos es limitar la comprensión de éste. Es necesario ampliar el enfoque jurídico con perspectivas sociopolíticas, sociogeográficas y sociodemográficas.
En términos político-electorales, las elecciones del primero de julio de 2018 pusieron de manifiesto problemáticas muy complejas que la reforma electoral de 2014 no pudo mitigar. Está la ya sabida crisis de representación política, la crisis de los partidos políticos y el fracaso de las candidaturas independientes.
1 Los datos estadísticos aquí vertidos, fueron consultados en la página web del INE (ine, 2018).
2 Se instaló en elecciones intermedias y locales, pero no en elecciones concurrentes, por eso ahora se identificaron sus inconvenientes.
3 El INE instaló 157 mil 722 casillas con el apoyo de 946 mil 332 ciudadanos que contaron más de 56 millones 611 mil 027 votos la noche de la jornada electoral y más de 33 millones de boletas sobrantes.
4 Vigilancia de las diferentes fuerzas políticas en las casillas: PAN 76.64%; PRI 89.34%; PRD 46%; PVEM 48%; PT 34%; MC 35%; Nueva Alianza 51%; Morena 82%; PES 16% y el candidato independiente 4%.
5 En 1982, Miguel de la Madrid obtuvo cuatro veces más votos que el segundo lugar, Pablo Emilio Madero (Animal Político, 2018).
6 El padrón electoral es la base de datos del INE con respecto a todos los ciudadanos que se registraron y tramitaron su credencial. La lista nominal es el registro de todos los ciudadanos que recogieron su credencial de elector.
7 Es el conjunto de elecciones coordinadas por INE y OPL para renovar al mismo tiempo cargos de elección popular a nivel federal, estatal y municipal.
8 Más adelante analizo esta figura.
9 El análisis micro es útil para entender el objeto analizado y necesario para comprender el fenómeno en sus dimensiones más amplias.
10 Cuando menos de 60% de los paquetes electorales de cada elección.
Referencias
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