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En cierta ocasión, Mark Twain definió con sarcasmo lo que era un clásico como "un libro que la gente alaba y no lee". Sin embargo, su libro Las aventuras de Huckleberry Finn es la excepción a esta regla: es a un tiempo un clásico y un libro que aún se lee. También ha sido prohibido y condenado. Ninguna otra obra de la literatura norteamericana ha sido víctima de una historia tan contradictoria como la autobiografía del mejor amigo de Tom Sawyer. Ha sido calificada como obra maestra de la literatura y también como basura racista. Se ha vendido como regalo para niños y se ha retirado de las salas de lectura infantiles de las bibliotecas públicas de todo el país. Es lectura obligada en las universidades tanto en Estados Unidos como en el extranjero y se prohíbe en los planes de estudio de las escuelas tanto de primaria como de secundaria. Al igual que Huckleberry en su decisivo viaje por el Misisipi, parece que la novela ha sido muchas cosas diferentes para otras tantas personas. "A estas alturas, no es nada fácil decir algo nuevo u original sobre Huckleberry Finn", dijo Laurence Hutton, amigo de Twain, en Harper's.
Magazine (septiembre 1896). Más de un siglo después, Las aventuras de Huckleberry Finn sigue siendo uno de los clásicos norteamericanos más queridos y odiados y, por ende, uno de los que más se ha analizado.
Su autor nunca entendió la controversia creada en torno a "Huck, ese hijo mío que tantos improperios ha sufrido y al que tanto fango se le ha lanzado injustamente". Cuando comenzó la novela en julio de 1876, Twain consideró la "Autobiografía de Huck Finn" simplemente como "una especie de compañera" de Las aventuras de Tom Sawyer que había terminado hacía poco (1876). En un principio, su intención había sido la de llevar al héroe de ese libro hasta la edad adulta, pero, según escribió William Dean Howells, eminente novelista y su confidente literario, dijo: "Creo que sería un grave error narrarlo de cualquier forma que no fuese autobiográfica -como Gil Blas-. Quizá me equivoqué al no escribirlo en primera persona. Si lo continuara ahora hasta llevarlo a la edad adulta, no sería más que otro de esos hombres insignificantes que aparecen en la literatura y el lector terminaría sintiendo por él un tremendo desprecio". Por eso, en la "Conclusión" de Las aventuras de Tom Sawyer, Twain dejó abierta la posibilidad de escribir una secuela picaresca al sugerir que "algún día quizá merezca la pena retomar la historia de los más jóvenes para ver en qué clase de hombres y mujeres se convirtieron". Le dijo a Howells que quizá podría "coger a un chico de doce años y presentar el relato de su vida (en primera persona), pero no a Tom Sawyer -él no sería un buen personaje para eso-".
El 9 de agosto de 1876, Twain ya había encontrado al portavoz adecuado. En una carta le dijo a Howells que había empezado "otro libro sobre un chico; más por trabajar que por ningún otro motivo. He escrito ya cuatrocientas páginas; de modo que va casi por la mitad. Se trata de la "Autobiografía de Huck Finn". La nueva novela surgió directamente de Las aventuras de Tom Sawyer, de un capítulo final que Howells aconsejó a Twain que suprimiera, ya que no encajaba con el resto de la historia. Twain admitió que se había sentido "tentado de relatar en detalle la vida de Huck en casa de la viuda, en lugar de explicarla a grandes rasgos en un párrafo", pero aceptó la sugerencia de su amigo y suprimió el episodio que más tarde retomaría para utilizarlo como comienzo de la secuela.
Pronto abandonó el plan original de relatar la vida de Huck y Twain se cansó del nuevo proyecto. "Me gusta sólo a medias 'escribió a Howells' y puede que le dé carpetazo o que lo queme cuando lo termine". Afortunadamente, simplemente lo dejó de lado y a lo largo de los seis años siguientes, lo retomó de manera intermitente para ir añadiendo episodios adicionales. "Yo no escribo el libro 'dijo una vez al New York Times (10 de diciembre de 1889)'. El libro se escribe solo". Mientras trabajaba en Las aventuras de Tom Sawyer, Twain descubrió que "hay bastantes probabilidades de que un libro llegue a cansarse, más o menos por la mitad, y se niegue a continuar con el trabajo hasta que su fuerza y su interés se renueven gracias al descanso, y hasta que sus agotadas materias primas se vean fortalecidas por el paso del tiempo".
La causa del retraso era simple: "Se me había secado el depósito". Sin embargo, tras dejarlo abandonado durante dos años, lo recuperó y releyó el último capítulo, descubriendo así que "cuando el depósito se seca, lo único que se debe hacer es dejarlo estar y ya se llenará de nuevo con el tiempo... Ahora tenía mucho material y el libro continuó y se terminó sin problemas". Y eso mismo le ocurrió con Las aventuras de Huckleberry Finn.
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El manuscrito se encuentra en la actualidad en la Biblioteca Pública de Búfalo y del condado de Erie, Búfalo, Nueva York y consta de 1361 páginas ológrafas. Twain lo escribió con sorprendente velocidad, y a veces ni siquiera hacía una pausa para levantar la pluma del papel entre una palabra y otra. Después hizo importantes revisiones en diversos textos mecanografiados que no se conservan. La segunda parte del manuscrito fue publicada como Adventures of Huckleberry Finn (Tom Sawyer's Comrade): A Facsimile of the Manuscript (Las aventuras de Huckleberry Finn [El mejor amigo de Tom Sawyer]: un facsímil del manuscrito) (Detroit, Gale Research Co., 1983) y la redescubierta primera parte fue la base de la «Edición completa» de Las aventuras de
Huckleberry Finn publicada por Random House en 1996.
Las aventuras de Tom Sawyer no fue sólo la primera novela de Twain, sino que fue también su primer libro infantil. Era un libro mucho más ambicioso que Bocetos nuevos y viejos, que también apareció en 1876. Samuel Langhorne Clemens recordó con afecto en su relato autobiográfico personas, lugares e incidentes acaecidos durante su infancia en Hannibal, Misuri, treinta años atrás. Aunque provocó escaso interés en la crítica, se hizo de inmediato con el afecto del público. Las ventas no fueron lo que se esperaba: a pesar de haber preparado dos ediciones simultáneas, una inglesa con Chatto & Windus en Londres y otra en la Europa continental con Tauchnitz en Leipzig, no pudo evitar que una editorial canadiense pirateara el libro y descargara 100.000 ejemplares baratos en el mercado norteamericano. Después de eso, Twain puso cuidado de cruzar a Canadá y permanecer allí durante unas semanas para cumplir con el requisito de residencia obligatorio entonces para proteger los subsiguientes derechos de autor (...).
El New York Times publicó el 13 de enero de 1877: "Un personaje admirable del libro tocado por la mano del maestro es el de Huckleberry Finn. El muchacho tiene tal realismo que resulta asombroso". Howells dijo en su reseña publicada en The Atlantic Monthly (mayo 1876): "El humilde vagabundo, Huck Finn, es absolutamente delicioso de principio a fin".
Copyright Editora El Sol, S.A. de C.V. Dec 8, 2019