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Desde que, en 1605, Juan Escobar imprimió su Historia del valeroso cavallero el Cid Ruy Díez de Bivar, comenzaron a aparecer numerosos volúmenes que llevaron por título Romancero del Cid. Por supuesto, los romances medievales eran tan populares que se habían incluido antes en pliegos sueltos y cancioneros, pero no fue hasta entonces cuando los impresores vieron el potencial de editarlos monográficamente. La época del Romanticismo supuso el cenit de esta iniciativa, pues el nacionalismo y el amor por el Medievo dieron lugar a las ediciones y traducciones más conocidas -Herder, Gibson, Michaelis, Monti-. Sin embargo, ninguna de estas obras -ni las posteriores- recogen las más de doscientas versiones derivadas en la tradición oral moderna. Desde la Fundación Ramón Menéndez Pidal, trabajamos en la edición integral del Romancero del Cid y nuestra propuesta es dar a conocer este patrimonio mientras recorremos la historia de su transmisión a lo largo de más de cuatro siglos, realizando el estado de la cuestión más exhaustivo hasta el momento.