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El etnotexto, ese texto de vinculos ancestrales, ha irrumpido como una producción literaria heterogénea, al tiempo que las condiciones llamadas posmodernas reclaman una redefinición de identidades. Sus efectos estéticos tocan espacios que se relacionan con una terapéutica social, a más de contener una fuerte implicación en las tendencias actuates de deconstrucción de saberes, mapas culturales y espacios de comprensión de realidades. Su presencia creciente en los campos de recepción es un sintoma de transformaciones culturales de America, la Latina particularmente, constituyendo una fuente de capital pragmático, estético y ético de alcance polivalente.
Para expresarlo en términos de recepción, la idea de textos procedenles de la oralidad mitológica circulando al lado de las literaturas abiertas en condiciones de correspondencia, es un hecho reciente. En realidad, hace sólo treinta y cinco años Miguel León Portilla se preguntaba acerca de su existencia como entidades vivas. Fue en un célebre ensayo de 1959: La visión de los vencidos, al que siguió en 1965 La otra cara de la conquista, que contenía el principio de certidumbre sobre su continuidad.
Algunos hechos han contribuido a acentuar estas transformaciones de percepcion y recepción recientemente: carnbios en la realidad de lo que hasta incluso la década pasada era para el vecino un mundo establecido, con sujeción a pequenos cambios de realización paulatina. Como consecuencia de lo anterior, vino la desaparición del modelo de los tres mundos, sustituido por otro compuesto de Norte y Sur. En el seno de cada uno de ellos también se han operado cambios dramáticos en el orden politico y económico, así como en el de sus composiciones étnicas y culturales. La crisis generada por estas transformaciones ha producido su impacto en las nociones epistemológicas, una de cuyas expresiones ha sido la consideración apocalíptica de haber llegado al fin de la historia. Otra, un cambio notorio de actitud hacia las formas y fuentes de conocimiento y producción cultural, lo que se deja ver en las transformaciones curriculares del medio académico. Se trata de la inclusión al nuevo currículo de textes marginales que comprenden relatos testimoniales como los de Rigoberta Menchú -maya- o Elena Valero -yanomami-, más otros textos que se vienen incorporando al lado de los clásicos canonizados.
El cambio más importante, sin embargo, no es el interés...





