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A eso se añade que sus directivos fueron en muchos casos personas del Opus Dei, y que la idea partía del fundador de esta institución, deseoso de brindar a los lectores buenos libros, en el fondo y en la forma, que guardaran una coherencia con el pensamiento cristiano desde los más variados ámbitos de la cultura. «Adonais», la BPA y «Patmos», junto con las obras del fundador del Opus Dei, fueron los puntos fuertes de la editorial hasta los años sesenta. Estos datos llevan a pensar que del Portillo mantenía un vínculo jurídico con la nueva editorial y que, debido su posición dentro de la Obra, esto suponía que detrás de Rialp se encontraba «el visto bueno» o una cierta tutela por parte del Opus Dei. La sede central del Opus Dei se desplazó a Roma y sus máximos responsables estuvieron ocupados en otras muchas cuestiones de mayor importancia que las idas y venidas de los hombres de Rialp: las laboriosas gestiones jurídicas para lograr la aprobación definitiva de la Obra, las angustias económicas para pagar la casa de Roma, los esfuerzos para la formación y expansión de los miembros del Opus Dei por varias naciones de Europa y América...
Montero, Mercedes, Historia de Ediciones Riatp. Orígenes y contexto, aciertos y errores, Madrid, Ediciones Rialp, 2019, 375p. ISBN: 978-84-321-5202-3. 25'00€ Ш
Introducción. I. La Editorial Minerva y la colección «Adonais» en el origen de Ediciones Rialp (1943-1946). II. En la línea de salida (1947). III. Constitución y primera expansión de Ediciones Rialp, Sociedad Anónima (1948-1949). IV. Los problemas con la Iglesia y el Estado (1950-1953). V. Aprender de la experiencia (1954-1957). VI. Tiempo de expansión editorial (1958-1964). VII. Los años de la Gran Enciclopedia Rialp (GER) (1965-1977). VIII. De camino a la quiebra (1978-1986). IX. Los hombres que no entendían de libros (1987-1996). X. Una editorial pequeña en un sector de gigantes (siglo XXI). Conclusiones: del estereotipo a la narrativa del silencio. Fuentes. Anexo I: Lista de autores para la Biblioteca del Pensamiento Actual (BPA) 1947. Anexo II: Directivos de Ediciones Rialp, S. A. Anexo III: Accionistas mayoritarios de Ediciones Rialp S. A. durante el período 1965-1977.
En la introducción a su obra afirma la autora que «el objetivo de este libro es hacer una historia de una editorial nacida en los años cuarenta del siglo XX, y que permanece hasta nuestros días -son pocos los casos- como sello independiente. Es además indudable el impacto que causó con sus primeras colecciones en la vida cultural y política de España. A eso se añade que sus directivos fueron en muchos casos personas del Opus Dei, y que la idea partía del fundador de esta institución, deseoso de brindar a los lectores buenos libros, en el fondo y en la forma, que guardaran una coherencia con el pensamiento cristiano desde los más variados ámbitos de la cultura. No se trataba, por tanto, de publicar sólo libros de espiritualidad, sino toda clase de libros» (p. 14).
En 2018 se cumplieron 70 años de vida de Ediciones Rialp, S. A. Se trata en verdad de un hecho casi insólito en el panorama editorial español, porque el aniversario se ha celebrado en un contexto de independencia empresarial, de seguimiento constante de la línea editorial y después de haber sufrido en tres ocasiones graves crisis cercanas a la muerte. Hubo trances similares en otras empresas del sector, con prestigio y calidad, que perdieron en ellos la vida o la identidad. Casi por haberse librado de un final semejante merecería ya la pena escribir la historia de Ediciones Rialp.
«He abordado este trabajo, afirma su autora, porque Ediciones Rialp me parece una empresa valiosa, que ha aportado ideas notables en nuestro entorno cultural, y lo ha hecho a menudo a contracorriente de lo que parecía bullir en la superficie de la sociedad. También me ha interesado Rialp por su relación con el Opus Dei. Algo que en la historiografía española suele ir acompañado de recelo o animosidad» (p. 324). El libro de la profesora Montero me parece excepcional, no sólo porque son poco habituales en la historiografía española los estudios académicos -no los apuntes, los recuerdos o las memorias personales- sobre una empresa editorial, sino también por la percepción y la calidad de sus análisis. Obviamente, no faltarán algunas opiniones críticas, sin las cuales una reseña pierde en buena parte su sentido.
Conviene empezar las cosas por el principio. Ediciones Rialp fue consecuencia de un anhelo del fundador del Opus Dei, Josemaría Escrivá de Balaguer, que ya soñaba con algo parecido desde antes de la guerra civil. En 1943 pareció encontrar a una persona que podía sacar adelante con empuje lo que tan sólo consistía de momento en un deseo de publicar buenos libros, también de espiritualidad, editados con buen gusto, agradables y bonitos a la vista, que animaran a la gente a leer. Libros que fueran respetuosos con las convicciones cristianas de quienes las tuvieran. Esa persona fue María Natividad Jiménez Salas, una mujer que nunca perteneció a la Obra. La editorial se llamó Minerva, por la diosa griega de la sabiduría, duró tres años y hubo de echar el cierre por falta de sentido comercial. Mientras tanto otro personaje se entusiasmó con el posible proyecto, Florentino Pérez-Embid, un joven que acababa de pedir la admisión en el Opus Dei y que hizo de esa idea editorial de Josemaría Escrivá un empeño personal. Esta cambió el nombre porque Minerva resultó denominación repetida, y pasó a llamarse Rialp. Si algo caracterizó los comienzos de esta empresa cultural fue la apertura mental, la que se podía tener -no podemos olvidarlo- en la España del momento. Quedaban en el país algunos liberales, pero, sobre todo, pululaban numerosos grupitos aquí y allá -monárquicos, falangistas, carlistas, católicos «oficiales»-, que se repartían las instituciones públicas o fundaban sus propios organismos privados, casi siempre con el afán de prevalecer sobre los demás. Florentino quería que en su editorial escribieran, tradujeran, prologaran o participaran, de una u otra manera, personalidades de valía intelectual, con independencia de su tendencia ideológica. Así Enrique Azcoaga -un liberal- dirigió la colección «El carro de estrellas»; José Luis Cano -republicano más o menos tibio, agnóstico vital- siguió al frente de la colección de poesía «Adonais»; Rafael Calvo Serer, amigo personal y volcán monárquico, menéndezpelayista y antiliberal, diseñó la «Biblioteca del Pensamiento Actual» (BPA); y Raimundo Paniker se encargó de la colección «Patmos» de espiritualidad. Los dos últimos pertenecían al Opus Dei y Paniker era sacerdote. «Adonais», la BPA y «Patmos», junto con las obras del fundador del Opus Dei, fueron los puntos fuertes de la editorial hasta los años sesenta.
Las relaciones de Rialp con el Opus Dei fueron bastante fluidas durante los primeros momentos. Escrivá siguió de cerca el desarrollo de la empresa, aunque nunca intervino en su gestión, grande o pequeña: ni sugirió el nombre, ni ideó las colecciones, ni buscó los directores, ni aconsejó libros, ni aportó capital. Se limitó a comprobar que el trabajo estaba en marcha. Dio una idea general y dejó libres a sus gestores. Eso sí, él fue uno de sus primeros autores, ya que Rialp nació también con la ilusión de publicar en ella sus libros.
Libertad en la acción y rigor en las cuestiones jurídicas: fue Alvaro del Portillo quien el 9 de enero de 1947 solicitó a las autoridades competentes la inscripción de la marca Ediciones Rialp, S. A. en el registro de la propiedad industrial. El 14 de junio de 1948 la editorial se constituyó en sociedad anónima ante el notario de Madrid Santiago Pelayo Hore. Alvaro del Portillo, ingeniero de caminos, era ya por entonces el principal colaborador de Escrivá, secretario general del Opus Dei y sacerdote. Como accionista de la nueva empresa aportaba 145 000 pesetas, pero no en metálico: contribuía con los elementos materiales de su antigua industria (Minerva), manteniendo para sí la propiedad de la marca comercial. Es lo que consta en una instancia presentada ante el Ministerio de Industria el 26 de junio de 1948. Estos datos llevan a pensar que del Portillo mantenía un vínculo jurídico con la nueva editorial y que, debido su posición dentro de la Obra, esto suponía que detrás de Rialp se encontraba «el visto bueno» o una cierta tutela por parte del Opus Dei. Pero de hecho la institución nunca se involucró en las decisiones empresariales de sus directivos.
Cada cierto número de años (los que marcaba la ley) Álvaro del Portillo solicitaba puntualmente ante el Ministerio de Industria la continuación de la marca de su propiedad. La última fue el 12 de mayo de 1967, cuando se renovó por 20 años más. En 1976, siendo ya sucesor de Escrivá al frente del Opus Dei, cedió en la práctica la marca a Ediciones Rialp. Pero jurídicamente este hecho no se hizo efectivo hasta la fecha que correspondía por ley, es decir, el 12 de mayo de 1987, cuando la pudo transferir legalmente a Rialp, y la editorial solicitó ya en nombre propio la siguiente renovación. Lo que en un principio pudo ser un acto de prudencia, teniendo en cuenta la juventud de los gestores y la situación del momento, con el paso de los años quedó obsoleto. Porque los vínculos entre el Opus Dei y Ediciones Rialp habían ido desapareciendo a lo largo del tiempo hasta quedar únicamente este «resto»: la propiedad de la marca editorial por parte de Álvaro del Portillo.
Mientras tanto, desde 1947, se sucedieron distintas situaciones de relación entre el Opus Dei y Ediciones Rialp. Desde 1946 a 1953 se puede afirmar que la intervención de Escrivá o de Del Portillo en la vida de la empresa fue nula. La sede central del Opus Dei se desplazó a Roma y sus máximos responsables estuvieron ocupados en otras muchas cuestiones de mayor importancia que las idas y venidas de los hombres de Rialp: las laboriosas gestiones jurídicas para lograr la aprobación definitiva de la Obra, las angustias económicas para pagar la casa de Roma, los esfuerzos para la formación y expansión de los miembros del Opus Dei por varias naciones de Europa y América... No existe documentalmente en estos años ningún indicio de conexión entre Escrivá o Del Portillo y los responsables de Rialp.
Los primeros libros salieron adelante por préstamos de familias o de amigos. Se vendieron bien, lo cual suponía siempre un balón de oxígeno. Los libros de Escrivá eran los más demandados, pero además enseguida empezaron las reediciones, tanto de «Patmos» como de la BPA, las colecciones fundamentales. La constitución de la sociedad anónima, con un capital de un millón de pesetas, del cual sólo se desembolsó medio, llevó a la presidencia del consejo de administración a Florentino Pérez Embid, que lo fue desde finales de los años 50 hasta su muerte (diciembre de 1974); un antiguo residente de Jenner, Xavier Domínguez Marroquín, que en aquellos momentos ni siquiera pertenecía al Opus Dei, pero que aportó la mayor parte del dinero, era el vicepresidente.
Lo fundamental en la sociedad anónima era asegurarse una mayoría de accionistas a favor, de «capital amigo», que permitiera sin tropiezos el cumplimiento de los fines editoriales que se habían marcado sus directivos. Por ese motivo, durante los años cincuenta, las ampliaciones se realizaron para que los títulos fueran comprados por los ya accionistas. Y aunque más adelante se admitió a otras personas, siempre se procuró que un número adecuado, perteneciente a la Obra, cubriera el 51% del capital desembolsado. El resto lo adquirieron amigos o parientes, afines a los objetivos de Rialp. Es un hecho documentado que en 1961 el Opus Dei de España tuvo participación como tal en la empresa: concretamente un 1,5%. Es algo que no se volvió a repetir. Quizá en aquel momento se hizo necesario para alcanzar ese 51% del que hemos hablado.
A partir de ese momento la editorial dependió de ella misma en cuanto sus decisiones económicas, sin dar cuentas a nadie. Con la llegada de la Ley Fraga conocemos todos los datos posibles sobre los accionistas de Rialp durante al menos diez años (19671977). Se comprueba así que el capital se hallaba muy repartido, habitualmente entre 100 o 140 personas individuales, con porcentajes muy pequeños en general; y que, en cambio, existió siempre un grupo reducido de personas (entre cinco y siete) del Opus Dei que detentaban un número de acciones comparativamente mucho mayor que los demás, y que lograban con ello el control del capital. No existe ningún dato en la documentación que demuestre que el Opus Dei -como tal- animara a sus miembros o a otros amigos a invertir en Rialp. La impresión que se recoge es que fueron los propios gestores de la editorial los que hicieron todo en esta materia. Ya en aquellos momentos la empresa había crecido mucho y la mayor parte de sus empleados ni siquiera pertenecían al Opus Dei. Había medios suficientes -los que tendría cualquier otra compañía similar en la España del momento- para realizar su propia política de atracción de capital.
En 1986, tras la primera quiebra de Rialp -debida a una contabilidad muy dudosa del departamento comercial- estos accionistas perdieron su dinero. Entró en la empresa, con ánimo de reflotarla, un hombre que procedía del ámbito de las finanzas, Pablo Bofill de Quadras, miembro del Opus Dei. Bofill era dueño de un complejo entramado de compañías que abarcaban desde bancos hasta autopistas o negocios inmobiliarios. El nuevo gestor sustituyó a los pequeños accionistas por empresas de su entorno que tenían participación en el capital de Rialp. A la vez inauguró un período de importantes inversiones con el objetivo de convertir Rialp en una de las editoriales más destacadas de España. Sin embargo, al no proceder del ámbito profesional de la edición, y no hallarse familiarizado con sus métodos -que nada tenían que ver con los de otros negocios- puede afirmarse que sus decisiones no fueron las más acertadas. Por otra parte, el derrumbamiento de su mosaico empresarial arrastró consigo a Ediciones Rialp, que nuevamente vio amenazada de forma muy grave su continuidad.
En esta situación agónica se hizo cargo de la empresa uno de sus directivos, Miguel Arango Fernández. Fue la crisis que se produjo entre 1993 y 1996. Con el consejo de Luis Valls, que dedicó buena parte de su tiempo libre al estudio de la situación económica de Rialp, y también con la ayuda de Rafael Termes, Miguel Arango consiguió ir desenredando la trama tejida en torno a la editorial por la ausencia de conocimientos sobre el ser de la empresa. Nadie en el Opus Dei, ningún director, ni de España ni de Roma, indicó a Miguel Arango qué tenía que hacer o con quién debía hablar. Acudir a Valls-Taberner y a Rafael Termes fue una decisión tomada por el propio Arango y bajo su entera responsabilidad, como las actuaciones concretas que debió de llevar a cabo para solventar la situación. Ayudaron a reconducir la empresa un grupo de supernumerarios antiguos en la Obra, que Termes contribuyó a convocar. Pero aportaron su auxilio económico, o su tiempo, en la medida que cada cual entendió que podía o que quería hacerlo. No todos tenían en mente la misma visión respecto a Rialp. Fue Miguel Arango, en este sentido, quien decidió qué tipo de empresa editorial se iba a «resucitar» (la misma que había existido), que publicaba fundamentalmente ensayos de Historia, Filosofía o Sociología y también editaba los libros de Escrivá de Balaguer, además de contar con una prestigiosa colección de espiritualidad.
Se lograron ir desenredando los problemas y quedó como único administrador Miguel Arango Fernández. Bajo su dirección Rialp logró rebajar poco a poco su deuda, ejercicio tras ejercicio, también mediante una política de edición muy bien ajustada a sus posibilidades reales. Tras más de veinte años y ya con otro director general, Santiago Herraiz, Ediciones Rialp es hoy una empresa saneada que, como dijimos al principio, ha logrado cumplir setenta años de vida.
Pero tan importante como lo jurídico o lo económico es la orientación editorial. Josemaría Escrivá de Balaguer solo en una ocasión sugirió personalmente a Jesús Urteaga escribir un comentario más largo a la obra de Bruckberger El valor humano de lo santo. Y de allí salió El valor divino de lo humano, que ha sido el libro más editado por Rialp en toda su historia. Ni siquiera lo hizo Álvaro del Portillo cuando dio a la imprenta su tesis en historia, Descubrimientos y exploraciones en las costas de California, que editó el CSIC. Una tras otra, las colecciones que marcaron la existencia de Rialp a lo largo del tiempo, no tuvieron nada que ver con los deseos de Escrivá o, al menos, no existe ningún documento que lo confirme. En cambio, fue deseo suyo poner en marcha una gran enciclopedia católica, la futura Gran Enciclopedia Rialp, otro éxito editorial.
No parece, por tanto, que existiera por parte de Escrivá o del Opus Dei una orientación intelectual determinada sobre libros y colecciones. Rialp no era la presencia intelectual del Opus Dei en la vida española. En este tema, desde el principio, las decisiones las tomaron sus directivos. Cuando tuvo lugar el penoso incidente de la condena de La Virgen María -libro editado en la colección «Patmos» por el presbítero de la Obra Federico Suárez Verdaguer- por parte del cardenal Segura -conocido desde los tiempos de Alfonso XIII por su integrismo religioso-, Escrivá no ordenó la inmediata desaparición de la editorial o de la colección. Y motivos pudo tener porque una condena por modernismo en 1953, con la Obra recién aprobada, y un montón de calumnias expandidas por Roma -además de por España-, no eran muy alentadoras para el futuro de la institución. Escrivá sí que sacó a Paniker, el director de «Patmos», de España.
A partir de esa condena de La Virgen María -la primera gran crisis de Rialp- comenzó la revisión económica de la editorial y la revisión de los textos que hacían referencia a cuestiones doctrinales, teológicas, espirituales de los libros y prólogos escritos por miembros del Opus Dei. No se podía cometer otro error. En la actualidad, sin poder determinar cuando terminó esta tutela, el hecho es que ha desaparecido por completo.
Debido seguramente a la citada condena, entre 1954 y 1964 el Opus Dei como tal se involucró en la supervisión de la marcha, también económica, de Rialp. Cada semestre la empresa enviaba a Roma los balances, las cuentas de pérdidas y ganancias, el número de libros vendidos, las previsiones, el valor del almacén y todo tipo de detalles. Este comportamiento desapareció por completo y de manera repentina en 1964 y no se ha vuelto a repetir jamás. Da la impresión de un cambio de enfoque del Opus Dei (de Escrivá) respecto al seguimiento de esta obra de carácter apostólico que fue la Editorial Rialp. La tutela había terminado porque quizá nunca debió existir, aunque en su origen no fuera esto detectado con una intromisión o como un problema; o porque problemas, la condena del cardenal Segura no se volvieron a repetir. También en el Opus Dei, como en la Iglesia y en la sociedad, los hábitos prácticos de la libertad se iban ampliando.
Respecto a la línea editorial, son sus directivos quienes cuidan de ella, no el Opus Dei. Se trata de seguir haciendo -cada vez de manera distinta, adaptándose a los tiempos- lo que siempre se ha hecho, la idea con la que nació la empresa. Es probable que si cambiara de rumbo perdería lectores, siendo poco factible que ganara otros nuevos. Rialp no se dedica a la ficción, que permite una gran variedad de títulos y por tanto unos clientes fieles a un autor y desafectos a otro del mismo sello. Ediciones Rialp, aunque con colecciones menos comprometidas en este sentido, se dedica a la alta divulgación de temas que repercuten hondamente en el sentido sobre la vida del hombre y el discurrir de la sociedad.
Esta es la «narrativa» sobre Ediciones Rialp que proponemos en este estudio. Pero, junto a ella, existen otras dos que, si bien procedían de miembros de la intelectualidad española e influían en la sociedad de la época, voy simplemente a mencionar porque -lo confieso- no me interesan mucho: la primera, la «narrativa del estereotipo»
La «narrativa del estereotipo» es ante todo una crítica ideológica y política sobre el planteamiento editorial de la «Biblioteca del Pensamiento Actual», critica, a mi modo de ver, muy lógica si se piensa en la personalidad y en las ideas de Rafael Calvo Serer, pero que olvida el contexto intelectual y político en el que se movió este complejo personaje que, no lo olvidemos, fue evolucionando con el paso del tiempo hacia otros planteamientos políticos, culturales e ideológicos. En todo caso, el pensamiento político-cultural que se difundía a través de no pocos libros de la BPA ni fue la ideología oficial de Rialp ni, desde luego, la del Opus Dei.
Es menester ahora hacer una brevísima referencia a lo que la autora llama «la narrativa del silencio», que, como ella misma afirma, consiste simplemente en no mencionar a Ediciones Rialp cuando habría que hacerlo, pero en cambio hablar de otros cuando consiguieron grandes hitos que ya antes habían sido cosecha de Rialp. Por poner un solo ejemplo, se cuentan verdaderas maravillas sobre el premio de poesía joven y la colección «Adonais», pero nadie recuerda que siguió existiendo -todavía hoy- porque la compró un joven llamado Florentino Pérez-Embid.
Para concluir, unas pocas observaciones críticas sobre el libro que el lector tomará por lo que valen. En ningún momento se explica el porqué del nombre (Rialp) de la editorial; aun aceptando que se desarrolla por obra de la iniciativa de sus directivos, y que, salvo en momentos muy concretos, no hay influencia alguna corporativa del Opus Dei, en ningún momento se explica por qué no solo los presidentes del consejo de administración o los que hacen sus veces -Pérez-Embid, Domínguez Marroquín, Ibáñez-Martín, Bofill-, importantes asesores como Luis Valls o Rafael Termes, son todos miembros del Opus Dei, ni tampoco por qué se practica la política de lo que la autora llama el control del 51%; cuesta creer -yo no lo creo- que El valor divino de lo humano, de Jesús Urteaga, tuviera más ediciones y difusión que Camino, la primera obra del fundador del Opus Dei. Y una última crítica de carácter filológico: cuando se poseen legítimamente acciones de una empresa o se ocupan cargos, legítimamente también, de una empresa, el verbo «detentar» se emplea inadecuadamente.
Una última observación, puramente personal, porque es el fruto de mi propia experiencia de muchos años en el Opus Dei: ni a mi familia ni a mí, nadie nos ha obligado nunca a comprar libros de Ediciones Rialp, aunque, por considerarlos valiosos y en uso de nuestra personal libertad, hayamos comprado y tengamos libros de dicha editorial, como de tantas otras, españolas y extranjeras.
Mercedes Montero es doctora en Ciencias de la Información y Filosofía y Letras (sección Historia). Es profesora agregada de Historia Universal Contemporánea en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra. Su línea de investigación se ha centrado en la Historia del Periodismo y en la Historia de la Publicidad. Es autora de monografías sobre los medios de comunicación durante el franquismo: La construcción de Estado confesional (1936-1945) (1993) y Cultura y comunicación al servicio de un régimen (İ945- İ959) (2001). Además, es autora de: La conquista del espado público: mujeres españolas en la universidad (İ9I0- İ936) (2009); y En vanguardia: Guadalupe Ortiz de Landazur! (1916- İ975) (20 İ9).
Ignacio Olábarri Gortázar
Universidad de Navarra
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