Content area
Con la aparición de los primeros idiófonos en el Paleolítico inferior y de los membranófonos en el Neolítico, comienza la andadura de dos familias instrumentales que se agrupan, desde el Renacimiento, bajo el término de instrumentos de percusión.
Los idiófonos son instrumentos hechos de materiales sonoros por naturaleza, de los que se pueden obtener sonidos sin la añadidura de una piel tensada como en el caso de los membranófonos. Se pueden clasificar en varios tipos:
1- Idiófonos sacudidos: partes sonoras que golpean unas contra otras cuando se sacude el instrumento, como por ejemplo: las maracas, los cascabeles, entre otros.
2- Idiófonos frotados: instrumentos con cuerpo de metal, cristal u otro material que al ser frotado vibra y produce sonido, como por ejemplo: las copas de cristal, los cuencos tibetanos, entre otros.
3- Idiófonos raspados: ralladores o palillos con muescas en los que la colisión se crea raspando, dando como resultado una serie de golpes, como por ejemplo: el güiro, la carraca, entre otros.
4- Idiófonos entrechocados: pares de instrumentos similares que producen el sonido chocando entre sí, como por ejemplo: las castañuelas, las claves, entre otros.
5- Idiófonos golpeados: consistentes en una o más piezas de material sonoro golpeados, generalmente, con baquetas, como por ejemplo: la caja china, el triángulo, el xilófono, entre otros.
6- Idiófonos soplados: puestos en vibración mediante el empleo del aire, como por ejemplo: distintos tipos de sonajeros.
7- Idiófonos pulsados: el sonido es generado por una lámina fina que entra en vibración al ser pulsada, como por ejemplo: la marímbula, la kalimba, entre otros.
Evidentemente, no podemos detenernos a hablar de los instrumentos de percusión desde el punto de vista organológico, pero sí queremos hacer hincapié, en esta introducción, en cómo dicha familia se fue incorporando a los grupos instrumentales y más tarde, a partir del Renacimiento, a la orquesta en la música occidental.
En la Edad Media se utilizaban dentro de las músicas populares y se pueden ver con profusión en la iconografía, tanto en escena de tipo profano como religioso, en las que aparece especialmente el carrillón. Desde entonces, los membranófonos comenzaron a afianzarse en las bandas de los ejércitos como instrumentos de guerra. Por esa época, las cruzadas habían alterado la organización militar de los países europeos y la nueva infantería, como los soldados orientales, necesitaba música que la impulsara. De esta manera incorporaron a sus filas el pífano y el tambor. Aquí, marcar el tiempo era más importante que la melodía, el estrépito se convirtió en una necesidad apremiante. Los poemas épicos germanos del siglo XIV hablan del grosse hersumper, es decir, los grandes tambores militares. Sobre esto, el compositor y teórico alemán, Sebastian Virdung escribió en su libro, Música Getutscht, publicado en 1511:“(…) ahora entre nosotros se da el nombre de tympana a los grandes timbales de cobre del ejército, que los príncipes tienen en su corte. Son enormes calderos estruendosos. Molestan a los pobres viejos honrados, a los enfermos, a los devotos que estudian, leen y oran en los monasterios y pienso y creo que es el diablo quien los ha inventado y fabricado (…)