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Hablar hoy del libro impreso, más exactamente del diseño corporativo editorial, inmersos como estamos en el siglo XXI, a comienzos de un nuevo milenio marcado por todo lo que suena a digital e Internet pudiera parecer, al menos en principio, que poco o nada nuevo puede ofrecernos. Sin embargo, no es así, estamos seguros que el libro impreso aún ocupará, por mucho tiempo, un destacado papel como bien cultural de primer orden.
Como si de un ciclo se tratara, la historia se repite y si en sus orígenes los incunables aspiraban a imitar a los códices, ahora los nuevos artilugios para la lectura de e-books hacen cuanto pueden por parecerse lo más posible al libro impreso; los e-ink van incluso más lejos y utilizan auténticas páginas –en blanco– de algo parecido al papel "impresas" en tinta digital.
A pesar del advenimiento de la nueva cultura digital, de lo audiovisual y la multimedia, aún nos encontramos lejos de presenciar la desaparición sobre la faz de la Tierra del "sistema del libro", de lo que McLuhan denominó "la Galaxia Gutenberg". Paradójicamente, a pesar de la aparición y uso masivo de los nuevos soportes digitales, jamás como hasta ahora se ha consumido tanto papel y en un solo año se edita tanto como se editó en los últimos cuatro siglos juntos. Esto parece ser un indicador de que los bits dinámicos y cambiantes de lo audiovisual, los ordenadores y lo digital aún habrán de convivir largo tiempo con los átomos inertes de la letra impresa sobre papel.
Parece claro que tendremos que aprender a utilizar de forma racional y combinada los diversos soportes del conocimiento y de la información a nuestra disposición: libros, periódicos, revistas, televisión, internet, e-books, etc... porque cada uno de ellos desempeña su papel y es necesario que todos coexistan y sobrevivan para hacer posible un futuro con diversidad cultural en el que la libertad de elección y el desarrollo del pensamiento crítico sean posibles.
Han transcurrido algo más de 500 años desde el invento de Gutenberg y el libro —tal y como lo hemos conocido hasta ahora— parece encontrarse en una encrucijada rodeado de numerosas interrogantes acerca de su futuro. ¿Cederá irremediablemente su posición de instrumento cultural por excelencia ante la presión de los nuevos medios? ¿Nos encontramos ante el fin del monopolio exclusivo del libro impreso? o lo que viene a ser lo mismo ¿Estamos ante el fin de la divulgación del conocimiento por medio del texto y de las imágenes impresas? ¿Cual será el aspecto del libro del futuro sea cual fuere su soporte?...
Habrá de transcurrir aún mucho tiempo antes de poder contestar de manera categórica a estas y a otras cuestiones al respecto. En cualquier caso, nuestro trabajo no pretende dar respuestas en este sentido, su objetivo es mucho más modesto y se limita a ofrecer una visión del estado en que se encuentra la edición en Canarias, más exactamente de las características que presenta el diseño de las colecciones y series realizadas en las islas durante las décadas de los años 80 y 90; y la aplicación o no de criterios de Diseño Corporativo Editorial por parte de quienes las editan.