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Creada hace ya una década, Tinder es una de las aplicaciones de citas más populares y el nombre de cambios más amplios en los guiones sexuales y amorosos. Heredera lejana de viejos anuncios de citas y producto de transformaciones en la vida privada durante las décadas de 1960 y 1970, la plataforma tiene, no obstante, un uso heterogéneo y, pese a la sexualización de los encuentros, la búsqueda de pareja y el amor siguen teniendo un lugar importante.
Palabras claves: citas, sexualidad, Tinder, vida privada.
Creada en 2012, la aplicación Tinder, con sus millones de usuarios en una gran variedad de países, parece emblemática de una transformación más amplia en los encuentros afectivos y sexuales. Gratuita (con la posibilidad de servicios premium), accesible y fácil de usar para seleccionar perfiles, la aplicación se presenta como un gran supermercado de citas. Ha sufrido críticas: primero, que los encuentros altamente sexualizados ahuyentarían a quienes dan importancia a los sentimientos o a la moral conyugal. Por ejemplo, la aplicación está prohibida en ciertos países como Irán, que rechazan un liberalismo sexual codificado como occidental. Segundo, que los encuentros estarían mediados por un algoritmo a menudo denunciado por supuestos sesgos sociales, sexistas o racistas1. Pese a simbolizar estas nuevas dinámicas, Tinder dista de ser el primer servicio de citas de la historia; acompaña más bien un conjunto de transformaciones de larga duración.
Servicios de búsqueda de pareja: una larga historia
Tinder forma parte de una larga tradición de servicios de búsqueda de pareja o relaciones sexuales. La app es heredera lejana de las «casamenteras» o «celestinas» del Renacimiento en Europa, que ponían en contacto a las familias que querían casar a sus hijos o a los propios amantes. La Celestina ficcionalizada por Fernando de Rojas (1499) o Frosine en El avaro de Moliere son figuras mediadoras en las relaciones entre pretendientes que no pueden conocerse o hablarse directamente. Este teatro denunciaba la imposibilidad de que los jóvenes adultos pudieran reunirse sin un intermediario y el control de los padres sobre su destino matrimonial.
A principios del siglo xix surgieron en Francia empresas privadas de búsqueda de pareja con las primeras «agencias matrimoniales». Las agencias facilitaban el contacto entre hombres solteros con esperanzas de ascenso social mediante el matrimonio...





