Kitchen, Kenneth Anderson: Ramsés II, rey de Egipto. Su vida y su época, Madrid, Editorial Dilema, 2022, 490 pp. + 20 láminas a color. Traducido por José Miguel Parra Ortiz. ISBN: 978-84-9827-551-3.
La editorial Dilema, que ha había publicado varios libros sobre el Egipto antiguo, da un salto cualitativo con la nueva colección «Egipto Mayor», en la que han aparecido ya varios títulos en los primeros meses de 2022. Acertadamente se ha optado por traducir obras extranjeras cuyo éxito editorial ya ha sido contrastado antes, y no solamente entre el «gran público», sino también entre los lectores especializados. Son, por así decirlo, «libros académicos»; y ahí reside la apuesta valiente del editor al dar un paso adelante con este proyecto, con estos libros, que son un regalo para el lector hispanohablante por su contenido, y que tienen un precio muy asequible.
Actualmente, el Antiguo Próximo Oriente es el «hermano pobre» de los programas de estudio en las universidades españolas. La amplia cronología y la gran cantidad de culturas que cubren tres milenios no facilitan las cosas. Al estudiar o leer libros sobre el Antiguo Próximo Oriente se cae en el defecto de la vulgarización, del resumen, o en otro defecto no menor, el quedarse solamente con las anécdotas. A este tipo de conocimiento banal y superficial contribuye no poco la difusión que se hace en cine, en televisión y en malos libros, del Egipto de los faraones, presentado siempre con ese estúpido halo de misterio que no pone en evidencia más que la ignorancia de quien escribe desde esa perspectiva sobre esta enorme cultura, tan llena de singularidad y de encanto, pero también de guerras, de conflictos sociales, de imperios florecientes unas veces y otras decadentes.
Estas reflexiones que me han surgido al leer una parte de este libro, me ha animado a compartirlas, convencido de que, a veces, una invitación a la lectura tiene efectos positivos. Yo mismo, que no me muevo como pez en el agua en la esplendorosa cultura egipcia más pretérita, en la historia prolija de los faraones, he leído este libro sin esfuerzo, aprendiendo mucho -casi todo lo más importantedel reinado de Ramsés II, la figura más imponente de la historia de Egipto, y protagonista indiscutible del siglo XIII a.C., con su longevo reinado de 67 años (1279/1278 - 1213/1211).
Este libro de Kenneth Anderson Kitchen, profesor hasta hace poco de la Universidad de Liverpool, y ahora emérito, fue publicado por primera vez en 1982, pero no ha envejecido. En su versión inglesa este libro ha cumplido 41 años, con el título Pharaoh triumphant: The life and times of Ramesses II, King of Egypt, pero sigue siendo un trabajo encomiable. Para mí, la clave de un buen libro es que su discurso esté bien estructurado, bien escrito, y siempre apegado a las fuentes textuales, a los documentos. El historiador no solamente no puede ni debe ignorar a las fuentes escritas en su laboratorio «de pensar, repensar y escribir la historia», thinking, rethinking, writing and rewriting, sino que debe mostrar sus cartas al lector, esto es, darle los textos (por largos que sean), abrir esa ventana por la que, mirando, se nos permite conocer en primera persona lo que los propios antiguos hablaron o escribieron de sí mismos. Los interesantísimos textos que jalonan este libro en todos sus capítulos son un regalo documental para el lector. En este punto cabe también felicitar al traductor español, José Miguel Parra Ortiz, su versión impecable, pues la dificultad de la traducción aumenta a la hora de trasladar literalmente textos antiguos, muchas veces poco fluidos, otras fragmentados, casi siempre poéticos -aun en aquellos ejemplos de contenido político-, solemnes como himnos.
La arqueología y el arte, que tantas veces monopolizan los libros sobre Egipto antiguo, aquí son meros asistentes del relato político y social, que es lo que importa en este libro y que es, también, lo que más nos interesa a nosotros como historiadores. En esta obra, Kitchen huye de los tópicos sobre las imágenes y los símbolos del poder de Ramsés II; y lo mismo ha hecho el editor de la edición española a la hora de elegir la carpeta de láminas de color situadas en el centro. Nada de fotos de los grandes templos de Abu Simbel que uno puede encontrar en cualquier libro..., solo las imágenes pertinentes, y editadas con buena calidad, para apuntalar el discurso escrito.
Dicho esto, hago un repaso temático, informativo, sobre las líneas maestras de la obra, sobre su contenido.
El capítulo primero, que el autor titula «preludio» (pp. 15-89) es algo más que eso, como evidencia su extensión. Se trata de una contextualización histórica del Egipto que hereda y ve el príncipe Ramsés. Histórico porque se habla de su tierra natal y del tiempo, el telón de fondo: La renovada vitalidad del Reino Medio, las glorias del Imperio del Reino Nuevo, su esplendor y «el eclipse» o decadencia de la teología, de la religión, que tanta fuerza tuvo siempre en el antiguo Egipto.
Luego se entra en la vida de Ramsés, como si su biografía -infancia, juventud, madurez y vejez-, en su proceso natural, fuese espejo del esplendor de Egipto en su tiempo, su cénit. La infancia de Ramsés transcurre durante los reinados de Ramsés I, y de Seti I (1294-1279) periodo éste en el que el príncipe Ramsés tiene sus primeras experiencias bélicas en la antesala (el mismo año) de su subida al trono en solitario.
La segunda sección del libro, los primeros años de reinado, están marcados por la guerra exterior: en el cuarto, se inician las campañas contra Siria, en el quinto, en la segunda campaña siria, se da la batalla de Kadesh (1275/1274) (véanse pp. 104121), a la que siguen en el país del Nilo triunfos y celebraciones (se comienzan las obras de los dos templos Abu Simbel) y varias rebeliones. Una de las consecuencias más llamativas de estos conflictos sociales fue la expulsión y éxodo de los hebreos. En política interior, se amplían las exploraciones por territorios africanos en la frontera noroccidental y en la Alta Nubia. Tras algunos rebrotes de guerra iniciados por el rey hitita Hatussil III, y sofocadas las amenazas, Ramsés firma con él un tratado de paz, que trajo gran prosperidad al Egipto si no victorioso e imperialista, sí un Egipto orgulloso de sí mismo. Es un periodo largo, en el que Egipto y el país de Hatti sostienen al tiempo sus guerras por intereses comunes y trazan alianzas políticas y matrimoniales en la paz (véanse sobre tantos acontecimientos prolijos las páginas 139-165).
La estabilidad política y su madurez como gobernante de Ramsés II quedan bien reflejadas en el relato de Kitchen al describir «la vida de palacio», pasando de lo político a lo privado, de los afanes de la guerra al placer del lujo familiar. Princesas, niños herederos, princesas-reina y visires poderosos (como Paser) reflejan esa vida muelle «entre las bambalinas del poder» (vid. pp. 196-226), así como la vida financiera, la milicia en la paz o el progreso cultural en el arte y la literatura.
Ese cuadro social del Egipto ramésida se completa con un capítulo, el octavo, dedicado a la religión y sus manifestaciones de exaltación en procesiones con cánticos e himnos en los que el rey, encarnación divina, recibe culto. Y cierra el panorama otro capítulo dedicado a las clases bajas, los trabajadores que se dejan la vida en el Valle de los Reyes o en Deir-el-Medina, sus cultos populares y sus diversiones. Así cierra Kitchen este panorama de la vida privada y pública del Ramsés esplendoroso, para pasar inmediatamente, a hablar de su decadencia y muerte (cap. 10), los años finales de su reinado, de sus últimos días y los funerales.
Todo el capítulo undécimo tiene un tono decadente en exceso. Muerto el faraón, su «imperio» se derrumba, viene a decir el autor, dibujando solo con trazos gruesos el reinado de Merenptah y de Ramsés III, injustamente reducido aquí a un esbozo. Concluye este capítulo con unas páginas un tanto extemporáneas sobre las dinastías post-ramésidas hasta el año 525 a.C., como para acentuar el declive dinástico a través de los siglos.
Acaba el libro con un capítulo, el duodécimo (pp. 377-390) que es una síntesis de la historia de Ramsés II, lleno de añoranzas y de reivindicaciones: un retrato idealizado que, ciertamente, ya existía en la tradición egipcia antigua, pues la memoria de este gran y longevo faraón se proyectaba, omnipresentemente, en sus portentosos y ostentosos monumentos que le recuerdan a lo largo y ancho del paisaje egipcio.
No disimula el autor -como le ocurre a muchos autores de biografías históricas de personajes antiguos- la admiración por «su personaje» mostrándose mermado en su objetividad. El escritor pasa mucho tiempo estudiando la vida de su personaje, su época, su entorno, y es posible que muchas veces el biógrafo ponga más empeño en los éxitos que en sus fracasos, empatizando con él en lo bueno y justificando sus errores por las circunstancias. La idea de Pharaoh triumphant con la que se titula en inglés este libro da cabal idea del retrato histórico que pretende ofrecer Kitchen al lector.
Se han traducido íntegramente las notas de la edición original, y, como entonces, también aquí se presentan todas juntas al final, britannico modo (pp. 421-448), por capítulos. Es un acierto el hecho de que ni traductor ni editor hayan osado «actualizarlas» bibliográficamente. Es un error que a veces se comete al reeditar o traducir obras que tienen algunos años a sus espaldas, y cuyo autor ha muerto. ¿Cómo saber si el autor habría aprobado ese suplemento de actualización bibliográfica, y cuál hubiera sido su criterio de selección? Mejor dejarlo como está, con aquellas referencias que el autor consignó, leyó, y en la que basó su estudio, pues él tampoco se ocupó nunca de actualizar sus referencias en reediciones de su libro en inglés.
Se nos ofrece, mejorando la edición inglesa original, una serie de suplementos que facilitan su comprensión: mapas, cronologías, índices, y un hermoso álbum fotográfico en color en páginas centrales al que ya hemos aludido.
En comparación con los estudios de época clásica, los estudios sobre el Antiguo Próximo Oriente están en minoría, incluso los relativos al Antiguo Egipto, en los que hay mucha broza sobrante y donde faltan buenos libros. Por eso, felicitamos la iniciativa de la editorial Dilema de recuperar algunos imprescindibles para los lectores en lengua castellana.
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