Content area
Full text
RESUMEN
Una revisión de las fuentes manuscritas utilizadas por E. HÜBNER para su edición de la desaparecida inscripción CIL II 3037 demuestra que toda la información que se posee sobre ella es derivada de la autopsia efectuada por A. M. BURRIEL, colaborador de L. J. VELÁZQUEZ en el siglo XVIII, cuya ficha autógrafa permite recuperar la forma y las decoraciones del soporte de la inscripción y mejorar la lectura. Su descripción detallada del lugar de hallazgo, mal entendida por HÜBNER, la localiza en un punto preciso del extremo occidental de una de las necrópolis de Complutum, al lado del puente del río Torote, por donde pasaría una hipotética vía romana en dirección oeste.
ABSTRACT
The revisión of E. HÜBNER'S manuscript sources for his edition of the disappeared inscription CIL II 3037 shows that all the information we possess about it stems from an 18th century autograph by A. M. BURRIEL, collaborator of L. J. VELÁZQUEZ, whose drawing gives a precise idea of the form and decoration of that stele and allows to establish definitively the reading of the inscription. From his detailed description of the exact place of its discovery, missunderstood by HÜBNER, results that it was situated at the extreme west end of one of the necropolis of Complutum, next to the Torote bridge and a hypothetical Roman road running westward from Complutum towards Madrid.
El aumento espectacular que en las últimas decadas ha experimentado la epigrafía latina de Hispania2 se debe sólo en parte a descubrimientos recientes de nuevas inscripciones bien en excavaciones, sean éstas autorizadas o ilegales, bien como hallazgos fortuitos; otras muchas son «nuevas» sólo en el sentido de que lo eran para la investigación, para la que habían pasado desapercibidas, aunque llevasen años -a veces siglos- en sus paraderos respectivos. No menos fructífero, sin embargo, ha resultado otro tipo de arqueología: el estudio sistemático de los manuscritos epigráficos de los siglos XV a XIX, que, para fruición y desesperación de los investigadores, tanto abundan en la Península Ibérica. Cuando E. ffÜBNER, en la segunda mitad del siglo XIX, estaba preparando la edición de las inscripciones hispánicas en CIL II e IHC, se daba perfectamente cuenta de que él no podría abarcar más que una parte de ese tesoro...





