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El presente artículo ofrece un estudio analítico circunscrito a los versos y notas teórico-conceptuales dedicadas por Lope de Vega a su amigo y mentor Vicente Espinel. De este corpus textual se colige cómo el dramaturgo fue forjando una «marca Espinel» valiéndose de estrategias literarias y publicitarias que él mismo fue implementando en su carrera profesional. Para ello, focalizó su mirada en dos supuestas aportaciones esenciales atribuidas a Espinel: el cauce estrófico-genérico de la décima que Lope denominó «Espinela» y la incorporación de un quinto orden a instrumentos cordófonos como la vihuela y la guitarra con los que se acompañaban las «sonadas» o cantares de sala. En este contexto, Lope planeó, además, ubicar el nombre de Espinel junto al de otros reputados músicos de la altura estética de su maestro Francisco Guerrero o del prestigio de Juan de Palomares y Juan Blas de Castro, dos amigos muy próximos al Fénix en la intersección de códigos entre poesía y música.