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Desde la década de los 70’ hasta mediados de los 90’ Fernando Castillo Velasco y equipo desarrollaron un modelo de arquitectura habitacional en Chile ante una ciudad percibida como hostil. En el marco de la especulación inmobiliaria y la dictadura militar, distintos grupos de familias buscaron resguardo en la alternativa que Castillo propuso, dando origen a las comunidades. Estos espacios dentro de la ciudad, pero aislados de ella, desde su diseño, gestión y posterior ocupación promovían el encuentro y la democracia entre sus habitantes, así como una vida tranquila y espaciada, tal como ocurría en el campo chileno. Ahora bien, el tiempo no siempre es un aliado, las ciudades cambian y con ellas la sociedad que las habita. ¿Cómo responde un modelo que niega la ciudad ante este cambio?¿De que manera se adapta?
El creciente aumento de la población desafía las densidades propuestas por Castillo, a la vez que incorpora nuevos actores al juego urbano. Esta es una realidad que dichas comunidades, en su aislación, han pasado por alto en su condición de burbujas urbanas que buscan evitar los roces con cualquier elemento ajeno a ellas. Bajo esta premisa, los beneficios que Castillo Velasco proyectó para la sociedad tienden a mantenerse para un grupo selecto de comuneros y con ello aparecen ciertos vicios contrarios a las lógicas del mismo modelo, juegos de poder e intolerancias son un germen silencioso que convive en la realidad actual de las comunidades.