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En las páginas encontraremos referencias a Las otras ideas (2008); a toda su literatura en torno a Rhodakanaty; a Conflicto, dominación y violencia (2015) y a escritos más recientes, como su análisis de Enrique Semo, la Historia mínima del Comunismo y anticomunismo en el debate mexicano (2022, en colaboración con Daniel Kent Carrasco). Esto le permite observar los agentes externos que permean el saber, además de avistar su influencia en el campo social y político. Rhodakanaty en México (2019) ya daba atisbos de su evolución historiográfica: más que una biografía, la vida de Rhodakanaty es usada para narrar el progreso del socialismo, su activismo e inserción en el crisol de ideas del siglo xIx mexicano. Norberto Bobbio explica que la izquierda política, a diferencia de la derecha, busca, incansablemente, la igualdad social. Esteban de Antuñano y su lucha por hacer de la industria algo más equitativo; Juan Adorno, cuya praxis e inventiva apuntaron a la igualdad; Plotino Rhodakanaty, introductor del primer socialismo en México; José Revueltas y su participación en la germinación de una nueva izquierda; Enrique Semo, expositor de una historia materialista y global; Roger Bartra, cuya vida evidencia las transformaciones del pensamiento; Ricardo Flores Magón, revolucionario que enarbolaba el anarquismo; Víctor Serge, exiliado que matizó al bolchevismo de otras escuelas comunistas; Iván Illich, el afamado crítico de la técnica y Luis Villoro, defensor de un nacionalismo que desembocó en un socialismo cristiano. Las páginas destinadas al mayor de los Magón inician señalando un problema historiográfico: entre la disolución de La Social, organización socialista dirigida por Rhodakanaty en la década de los ochenta decimonónicos y la aparición del Partido Liberal Mexicano (PLM), hay un hueco de, cuando menos, quince años en los que no hay fuentes que dejen establecer una continuidad entre el primer socialismo y el anarquismo del PLM. La vida de Serge fue una constante migración, tanto de su cuerpo, como de sus ideas: habitó en media Europa, antes de arribar a México; recorrió amplias organizaciones de izquierda. Ya en México, a pesar de sus diferencias con Trotsky, se dio a la tarea de investigar su asesinato y se vinculó con círculos antiestalinistas.
Carlos Illades, Por la izquierda. Intelectuales socialistas en México, Ediciones Akal, México, 2023, 326 pp. ISBN: 978-607-8898-25-1
Hace algunas semanas escuché decir a Roger Bartra, en el marco de la presentación del libro La revolución imaginaria (2023), "Carlos Illades es el historiador contemporáneo de izquierda más importante y prolijo de nuestros días". El texto que hoy nos ocupa es muestra tangible de las palabras de Bartra: "Por la izquierda", cúspide momentánea de la amplia trayectoria historiográfica de Illades, se antoja como un referente para los estudios izquierdistas. Lo anterior estriba en que se trata de un complemento, a la vez de actualización e incremento de sus pasadas obras. En las páginas encontraremos referencias a Las otras ideas (2008); a toda su literatura en torno a Rhodakanaty; a Conflicto, dominación y violencia (2015) y a escritos más recientes, como su análisis de Enrique Semo, la Historia mínima del Comunismo y anticomunismo en el debate mexicano (2022, en colaboración con Daniel Kent Carrasco). Sin embargo, todo su trabajo previo encuentra madurez y valía en Por la izquierda.
El Illades superó lo que muchos historiadores hacen: prestar atención, casi en exclusiva, al acontecimiento. En su lugar, el autor entroniza la vida intelectual, entendida como el desarrollo del pensamiento del individuo. Esto le permite observar los agentes externos que permean el saber, además de avistar su influencia en el campo social y político. Su libro En los márgenes. Rhodakanaty en México (2019) ya daba atisbos de su evolución historiográfica: más que una biografía, la vida de Rhodakanaty es usada para narrar el progreso del socialismo, su activismo e inserción en el crisol de ideas del siglo xIx mexicano.
Antes de analizar la obra que nos atañe, es menester hacer un par de apuntes, pertinentes para entenderla mejor. Primero, precisar qué es la izquierda, porque de su conceptualización hace eco el libro. Norberto Bobbio explica que la izquierda política, a diferencia de la derecha, busca, incansablemente, la igualdad social. Por ende, no debemos confundir izquierda con socialismo, porque la izquierda no es exclusivamente socialista y el socialismo no siempre apetece la igualdad y puede tender al autoritarismo. Los ejes cardinales dibujados por Bobbio conceden que los intelectuales abordados en Por la izquierda sean variados: industriales, socialistas utópicos y cristianos, anarquistas y comunistas de tendencias múltiples. Segundo, de la mano de las líneas precedentes, Illades ha insistido que, en México, existen tres tipos de izquierdas: la socialista, la cristiana y la nacionalista. Su afirmación cobra sentido en la narrativa del libro: el abanico de intelectuales es vasto porque no hay una única izquierda por considerar.
Por la izquierda, cuenta como la decena de intelectuales seleccionados debatían en su contexto, sin desatender una cuestión lógica en la vida hamana: el pensamiento es mutante, cambia, progresa y se diversifica. Por ello, los personajes aglutinados por Illades pasan por varias transformaciones y fluctúan, en los ejemplos más drásticos, entre las tres formas de izquierda e, incluso (en el caso de Bartra), terminan renegando de ella. Otros, en cambio, sólo hacen virajes dentro de la izquierda en la que se enmarcan. Víctor Serge, por citar un modelo, transita del anarquismo al bolchevismo para, en el ocaso de su vida, combatir el terror rojo. Las evoluciones del pensamiento, sin salir tajantemente de un cuadrante, también son examinadas: Iván Illich, difícil de categorizar, Illades lo piensa como un anarquista cristiano que pasó tiempo estudiando la historia del libro y de la lectura; posteriormente se centró en historiar las herramientas; el Illich tardío se inclinó por criticar la técnica. En otras palabras, el anarcocristianismo le acompañó gran parte de su vida; lo único que cambiaron fueron sus inquietudes intelectuales.
La galería de autores que componen Por la izquierda exigiría una reseña larga y minuciosa. En consecuencia, enlisto, a continuación, los intelectuales seleccionados por Illades. De esa lista, centraré la reseña cuatro que el mismo autor advierte no había analizado, más que de manera marginal. Espero, con esta suerte de metodología, demostrar las líneas generales que engloban todo el texto del historiador mexicano. La decena de nombres son: Esteban de Antuñano y su lucha por hacer de la industria algo más equitativo; Juan Adorno, cuya praxis e inventiva apuntaron a la igualdad; Plotino Rhodakanaty, introductor del primer socialismo en México; José Revueltas y su participación en la germinación de una nueva izquierda; Enrique Semo, expositor de una historia materialista y global; Roger Bartra, cuya vida evidencia las transformaciones del pensamiento; Ricardo Flores Magón, revolucionario que enarbolaba el anarquismo; Víctor Serge, exiliado que matizó al bolchevismo de otras escuelas comunistas; Iván Illich, el afamado crítico de la técnica y Luis Villoro, defensor de un nacionalismo que desembocó en un socialismo cristiano. El último cuarteto de intelectuales es al que dedicaré las siguientes páginas, por ser los estudios más novedosos del libro.
Ricardo Flores Magón. Las páginas destinadas al mayor de los Magón inician señalando un problema historiográfico: entre la disolución de La Social, organización socialista dirigida por Rhodakanaty en la década de los ochenta decimonónicos y la aparición del Partido Liberal Mexicano (PLM), hay un hueco de, cuando menos, quince años en los que no hay fuentes que dejen establecer una continuidad entre el primer socialismo y el anarquismo del PLM. Magón inició su vida intelectual con folletería socialista, pero, a comienzos del siglo Xx, ya era asiduo a la lectura de los titanes de la filosofía ácrata: Bakunin, Kropotkin y Malatesta. El revolucionario oaxaqueño vivió en un tiempo en el que el anarquismo hispanohablante tuvo que confeccionar su propia armadura teórica, sin distanciarse de los designios libertarios del resto del mundo.
Magón, exiliado en Estados Unidos, contactó con las corrientes socialistas y anarquistas del orbe. En tierra norteamericana aprendió inglés, francés, italiano y portugués. Además, se relacionó con Emma Goldman y Alexander Berkman. Illades asevera que la doctrina incendiaria, patentada por Goldman, contribuyó a la formación intelectual de Magón. Empero, fue la prosa de Kropotkin la que le influyó más profundamente: compartió con el príncipe ruso el ideal emancipatorio de la educación; la noción del apoyo mutuo y la creencia de reemplazar al Estado por federaciones agrarias. Magón, pese a repudiar el bolchevismo, no se distanció de ciertos enunciados organizativos del leninismo partidario. Fue en sus múltiples estadías en prisión cuando se hermanó con la postura revolucionaria e insurreccional de Bakunin. Desde Regeneración movilizó, intelectualmente, a la acracia, haciéndola llegar al universo de sus lectores. Magón criticó duramente al porfirismo, desconfió del maderismo y, bajo los supuestos del PLM, direccionó al anarquismo en la zona fronteriza de México y Estados Unidos. Pese a su muerte, en la prisión de Leavenworth, el ideal magonista continuó vigente: Regeneración flageló a la democracia de la burguesía, al dogmatismo del comunismo y al nacionalismo oficialista.
Victor Serge. La vida de Serge fue una constante migración, tanto de su cuerpo, como de sus ideas: habitó en media Europa, antes de arribar a México; recorrió amplias organizaciones de izquierda. Illades lo considera una de las mentes más lúcidas de la izquierda socialista. Tal afirmación no es menor, ya que Serge siguió, se versó y opinó sobre todo lo concerniente a la Revolución rusa: empatizó con la causa agraria de Ucrania; apoyó el proyecto leninista y todos los menesteres de los soviets; se descontentó con la represión a los marineros de Kronstadt, por lo que llamó a renovar la Revolución, en favor de la libertad y en contra del autoritarismo bolchevique. De hecho, Serge fue de los primeros ideólogos que advirtieron el totalitarismo soviético.
Su valoración negativa a la Revolución, tras la muerte de Lenin, le valió una peregrinación en el exilio. Pese a pormenores personales, su desarrollo intelectual lo llevó a cuestionar a Bujarin y a Trotsky. Serge también analizó la Revolución china y adoptó tesis del maoísmo. Ya en México, a pesar de sus diferencias con Trotsky, se dio a la tarea de investigar su asesinato y se vinculó con círculos antiestalinistas. México supuso el último viaje de su éxodo y también su madurez intelectual. Alejado del anarquismo que profesó de joven, del leninismo del que fue partidario y enemistado con el estalinismo, Serge llamó a actualizar el materialismo histórico, para alejarlo de dogmatismos.
Ivan Illich. 1llades sugiere que en la obra de Illich hay dos paradigmas fundamentales: su crítica a la producción industrial y su análisis de la Modernidad tardía. Ante todo, Illich esquematizó un pensamiento que le permitió ser reconocido como economista, educador, iconoclasta, sociólogo, historiador, teólogo y filósofo. Ordenado cura y radicado en Estados Unidos, reprobó la pobreza modernizada y la vida subdesarrollada. Cuando se avecindó en México, fundó el Centro Intercultural de Formación, a la postre renombrado como Centro Intercultural de Documentación de Cuernavaca. Illich propició un ambiente intelectual y de debate académico; sus seminarios y conversaciones contaron con la participación de André Gortz, Franco Basaglia y Gutierre Tibón.
Illich, influido por Foucault, cuestionó el ejercicio de poder en instituciones heterogéneas: dudó de la medicina (se trató a sí mismo un cáncer); objetó los sistemas de aprendizaje tradicionales; le causaban escozor las élites de profesionales y burócratas y, en el centro de su brújula ética, encaminó su crítica a la técnica, la cual alzaba, a su entender, monopolios radicales. Producto de tales monopolios estaba, por ejemplo, el trabajo fantasma: aquellas labores no remuneradas, efectuadas, principalmente, por mujeres, que sostenían la producción capitalista a través del apoyo doméstico al varón obrero. Illich, en su faceta de historiador, polemizó la imposición de lenguas maternas y elevó controversias sobre el devenir de las herramientas, antaño puestas en manos del artesano, que ahora se transforman en máquinas que lo sustituyen. Esto lo llevó, inclusive, a detestar el automóvil. Illich descreyó muchas utopías y, en suma, ambicionó una decolonización de la sociedad, en la que se recuperaran los oficios medievales; quiso revolucionar la educación y garantizar la libertad de enseñanza de las habilidades.
Luis Villoro. A ojos de Illades, Villoro tuvo una trayectoria intelectual amplia y multifacética, aunque nunca perdió coherencia. Entusiasta de la fenomenología, la epistemología y la filosofía de la historia, dirigió su quehacer político en la línea nacionalista (de vertientes lombarditas, neocardenistas y obradoristas); apoyó al socialismo democrático y al neozapatismo para, en su etapa tardía, fincar un socialismo cristiano. En los desposeídos, excluidos, rebeldes e indígenas focalizó su obra y acción. Desde la trinchera del Grupo Filosófico Hiperión, se vio impregnado por los postulados sartreanos, bajo los cuales buscó un proyecto ontológico que conciliara el ser y la concepción del hombre, con intención de atender y transformar lo mexicano. Villoro, fundamentalmente, atendió toda su vida la cuestión indígena: en un primer momento, intentó universalizarlo, para convertirlo en proletario; más tarde, en su pensamiento tardío le agradó el culturalismo, la diversidad del Estado mexicano y la unidad nacional.
Villoro, consecuente con su ideología, se preocupó del derechismo que sesgaba la Revolución mexicana; desde el socialismo democrático apoyó al movimiento estudiantil del 68. Reacio a la violencia, aspiró a eliminar lo punitivo de los gobiernos. Su praxis política lo llevó a adicionarse a Cuauhtémoc Cárdenas y a Andrés Manuel López Obrador, de quien fue asesor en 2006. Tras la caída del bloque socialista, Villoro consideró oportuno modernizar al primer socialismo, con tonalidades cristianas, para alcanzar una cúspide histórica de igualdad, libertad y fraternidad. Su entendimiento de la historia canalizó sus anhelos: la historia sería, en sus palabras, la comprensión de los lazos que unen al individuo con la comunidad; esto daría sentido a la vida del hombre en la inmensa totalidad de la que es partícipe.
Hasta aquí el breve repaso de los cuatro intelectuales. Illades, apoyado en la prosa de los diez teóricos, entrega un trabajo fresco que lo vuelve un referente inmediato para los historiadores. Illades toma distancia y renueva a la historiografía clásica: se auxilia de José C. Valadés y John M. Hart, por ejemplo, pero eleva el análisis a los sistemas de pensamiento. Por la izquierda es una historia de larga duración: dos siglos son estudiados de la mano de los intelectuales. Su conclusión es que la izquierda, aunque minimizada y sin un rumbo claro, aún consiente que conceptos como utopía y revolución sean útiles para moldear mundos igualitarios.
En última instancia, me autorizo algunos comentarios al libro. Una inquietud que me despertó el texto es por qué la selección de estos autores y no otros. Illades, en plática personal, me respondió el cuestionamiento: la izquierda mexicana es tan amplia que añadir a más intelectuales requeriría una obra inconmensurable. Así mismo, algunos personajes ya están desarrollados en trabajos previos; su catálogo integró a los que no había estudiado y de los que pudo encontrar nueva información. No obstante, sugeriría que, en una posible segunda edición, se integrara a Nicolás Pizarro, Librado Rivera, Práxedis Guerrero, Vicente Lombardo Toledano, por citar algunos pensadores interesantes.
La arqueología de la utopía requiere que se tomen en cuenta saberes fuera de la intelectualidad más reconocida. Hablo de la cultura de izquierdas plebeyas: panfletos o ensayos cuyos escritores no tuvieron una pulcra vida intelectual. Illades, acompañado de Rafael Mondragón, ya esbozó algunas vías analíticas de este fenómeno en Izquierdas radicales (2023). Una propuesta final me lleva a animar a que un estudio similar se haga de la derecha mexicana. En un contexto en el que el futuro de la izquierda es incierto y las ultraderechas o derechas libertarias se alzan por el mundo, urge conocer la contraparte del intelecto igualitario.
Concluyendo, quisiera agradecer al autor, Carlos Illades, por responderme todas las dudas que surgieron en torno al texto, lo que me permitió trazar mi escritura; a Michael Ducey, por invitarme a presentar el libro en la Universidad Veracruzana. A Ricardo Corzo y Jorge Alberto Rivero por discutir la obra conmigo y a Hubonor Ayala por animarme a redactar la reseña.
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