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La íntima amistad que Hannah Arendt y Walter Benjamin compartieron es desconcertante y no se desvaneció en partidas de ajedrez o conversaciones. Al contrario, dejó huella en motivos importantes de la pensadora como su teoría de la acción. El propósito de este artículo es rastrear las silenciosas afinidades de Arendt con su amigo Benjamin. La tesis central es que ambos comparten una visión crítica de la modernidad correspondiente con sus filosofías de la historia. Benjamin mostró el carácter intrínsecamente político de la historia criticando la idea de progreso, mientras Arendt historiza la política con el acontecimiento y su remembranza.