Headnote
Abstract
In the 20th century, the notion of economic development consisted of absorbing, from the expansion of the capitalist (modern) sector, the labor force employed in the non-capitalist (underdeveloped) sector. This article analyzes the economic evolution of Argentina in the last 32 years as an example that can be extended to other countries, regarding the failure of different traditional proposals to solve the structural problem of underdevelopment: the dynamic insufficiency of peripheral capitalism. Under these circumstances, the possibility of an alternative heterodox path of development is explored, in accordance with the reality of the 21st century. The proposal involves promoting a non-capitalist production mode, called "popular economy", which arises in the popular neighborhoods of Argentina and has the potential to improve the labor income of workers currently excluded from formal employment.
Keywords: Development; underdevelopment; dynamic insufficiency; popular economy; Argentina, jel codes: J6, Of, P4.
resumen
Durante el siglo xx la noción de desarrollo económico consistió en absorber, desde la expansión del sector capitalista (moderno), la fuerza de trabajo empleada en el sector no capitalista (subdesarrollado). El presente artículo analiza la evolución eco-nómica de Argentina en los últimos 32 años como un ejemplo, extensible a otros países, del fracaso de diferentes propuestas tradicionales para resolver el gran pro-blema estructural del subdesarrollo: la insufciencia dinámica del capitalismo perifé-rico. En estas circunstancias, se explora la posibilidad de un camino alternativo he-terodoxo de desarrollo, acorde con la realidad del siglo xxi. La propuesta consiste en impulsar un modo de producción no capitalista, denominado "economía popular", que surge en los barrios populares de la Argentina con la potencialidad de mejorar los niveles de ingresos laborales de trabajadores excluidos del empleo formal.
Palabras clave: desarrollo; subdesarrollo; insufciencia dinámica; economía popular; Argentina. Clasifcación jel: J6, O1, P4.
Introducción
Celso Furtado (1974) señala que el estudio del proceso de desarrollo/subdes-arrollo debe focalizarse en analizar, desde el punto de vista macroeconómi-co, la producción de bienes y servicios, a fn de comprender las causas de los aumentos de productividad del trabajo y sus repercusiones en la organiza-ción social. Como eco de este marco conceptual, el imaginario de desarrollo vigente durante el siglo xx en América Latina se basó en procurar la expan-sión del capitalismo en la región para que absorba la fuerza de trabajo em-pleada en el sector no capitalista "atrasado" (Lewis, 2024).
Los magros resultados alcanzados en términos de desarrollo económico, medidos con los parámetros mencionados, llevaron a autores como Prebisch (1981) a acuñar el término de "capitalismo periférico". Con este concepto buscó alertar sobre las especifcidades del capitalismo de América Latina; en particular, respecto a ciertas restricciones estructurales que, como productode la insufciencia dinámica que generan, no le permiten cumplir su función principal de absorber al sector no capitalista.
Frente a esta realidad, y a cierto estancamiento teórico y empírico en re-lación con el estudio de alternativas de desarrollo económico para países lati no americanos durante el siglo xxi, el presente artículo se propone dos objetivos. El primero es mostrar que las restricciones propias del capitalis-mo periférico, sintetizadas por Prebisch (1981) bajo el concepto de "insuf-ciencia dinámica", siguen operando sobre el desarrollo económico de Argentina. Con este propósito, se plantea en la sección I un breve marco conceptual sobre las teorías del crecimiento económico, junto con las de desarrollo y subdes arrollo, donde se explicitan las controversias respecto a las limitaciones de las economías de libre empresa para garantizar el pleno empleo. A continuación, en la sección II se analiza la vigencia de los concep-tos de subdesarrollo e insufciencia dinámica durante los últimos 32 años de historia argentina.
El segundo objetivo toma el primero como diagnóstico para alertar sobre el surgimiento, desde principios del siglo xxi, de un modo de producción popular en Argentina, alternativo al capitalista, que genera una nueva clase social en formación, autodenominada "economía popular" (ep). El desarrollo de este propósito se encuentra condensado en un método de análisis con dos niveles de abstracción diferentes. Uno abstracto-estructural, desarrollado en la sección III, donde se aborda el concepto de ep como modo de producción alternativo al capitalista (sección III.1), y otro histórico-concreto, a fn de analizar la formación de la ep como clase social emergente (sección III.2). Finalmente, a modo de hipótesis, el artículo propone incorporar la ep y su potencialidad económica y social como partes de la planifcación de un pro-ceso de desarrollo heterodoxo para la Argentina del siglo xxi.
I. subdesArrollo e InsufIcIencIA dInámIcA en el cApItAlIsmo perIférIco
El trabajo seminal de Harrod (1939) sobre la dinámica macroeconómica de las economías capitalistas en el largo plazo alertó respecto de que la tasa de cre-cimiento del producto garantizada por el equilibrio macroeconómico (Gw) no tiene por qué coincidir con aquella que responde a la plena utilización de la fuerza de trabajo (denominada por el autor "tasa de crecimiento natural"
[Gn ]).1 Estas "dudas" sobre la capacidad de las economías de libre empresa para garantizar el pleno empleo generaron grandes controversias sobre el devenir de las economías capitalistas desarrolladas y subdesarrolladas.
En este contexto, Solow (1956), por ejemplo, señala que dicho resultado se origina porque Harrod no toma en cuenta que el mercado modifca en forma automática los precios relativos para que la intensidad de uso del capital y del trabajo se ajuste a su dotación. Más específcamente, el autor se-ñala que los resultados obtenidos por Harrod (1939) se deben a que suponen una proporción relativa fja de uso de los factores productivos (v = cte). Si, por el contrario, se acepta que en el largo plazo esta relación varíe para ajus-tarse a la dotación de factores productivos (en función de los cambios en los precios relativos), la plena utilización de ambos puede estar garantizada.2 De esta forma, si en un momento determinado Gw < Gn, la relación salario/pre-cio del capital (w/r) va a decrecer, provocará una disminución de v hasta que Gw iguale a Gn , y viceversa.
Como mecanismo de ajuste alternativo, Kaldor (1957) destaca que en las economías de mercado el coefciente de ahorro (s) cambia automáticamente, a través de la distribución funcional del ingreso, para garantizar el pleno em-pleo. Por lo tanto, si la participación de la inversión en el producto interno bruto (pib) disminuye (I/Y), habrá un incremento en el salario real provoca-do por una diminución general de precios, lo que dará como resultado una redistribución del ingreso en favor de los trabajadores. Dicho efecto aumen-tará el consumo, y, por esta vía, la actividad vuelve al pleno empleo al susti-tuir inversión por consumo (lo inverso sucederá si aumenta I/Y).3
En los países subdesarrollados el pesimismo sobre el funcionamiento de estos mecanismos de ajustes de mercado continuó en las siguientes déca-das a través del concepto de subdesarrollo. En términos de las categorías de Harrod (1939), este último representa una situación en la cual Gw es estruc-
1 Harrod (1939) llega a esta conclusión mediante un modelo en que el ahorro depende principalmen-te del ingreso (S = s * Y) y la inversión del crecimiento de este último (I = ?K = v * ?Y) (siendo v = K/Y, donde K = stock de capital y Y = nivel de producción). Luego, si en el equilibrio macroeconómico S = I, entonces Gw = s/v. Mientras que, por otra parte, la tasa de crecimiento de pleno empleo o tasa de crecimiento natural Gn = ?L/L + ?, donde L = fuerza de trabajo y ? = la tasa de crecimiento de la productivi-dad, la cual depende del progreso tecnológico inmerso en los bienes de capital.
2 Solow (1956) llega a esta conclusión mediante una función de producción agregada homogénea de grado uno con productividades marginales factoriales decrecientes y una relación directa entre K/Y y K/L. 3 "De esta manera, las tasas de crecimiento 'garantizada' y 'natural' no son independientes; si los márgenes de utilidad son fexibles, la primera se ajustará a la segunda a través del consecuente cambio en P/Y" (Kaldor, 1957: 418).
turalmente inferior a Gn, una condición que los estructuralistas latino americanos describieron como de "insufciencia dinámica" propia del capita-lismo periférico (Prebisch, 1981). A continuación se analiza brevemente la forma en que la inadecuación tecnológica producida por la dependencia de los países centrales, el consumo suntuario, la concentración del ingreso y la restricción externa propia del capitalismo periférico obstaculizan los meca-nismos de ajuste al pleno empleo señalados por Solow (1956) y Kaldor (1957):
a) La inadecuación tecnológica a la dotación relativa de factores no permi-te el ajuste à la Solow. En la relación centro-periferia, los países del centro -caracterizados por densidad de capital y capacidad de ahorro elevadas, altos niveles de ingreso y escasez relativa de mano de obra- tienen una dinámica de progreso técnico endógeno que les permite cumplir con el principio marginalista de incorporar equipos con alta densidad de capital a todas las ramas en las que es provechoso sustituir trabajo por capital. Sin embargo, en los países periféricos la dependen-cia tecnológica de los centros genera una dinámica de cambio técnico exógeno, infexible e irreversible, que no responde a la escasez relativa de capital y la abundancia de mano de obra (Prebisch, 1981).
b) La restricción de ahorro, el consumo suntuario y la distribución del ingreso no permiten el ajuste à la Kaldor. En América Latina, las ele-vadas desigualdades sociales que existen no se traducen en mayor aho-rro y acumulación de capital, sino que, por el contrario, aumentan el consumo suntuario de los estratos superiores de la sociedad (Furtado, 1974). Para Nurkse (1963), este nivel exagerado de consumo de las cla-ses altas de los países periféricos se debe a un "efecto demostración", caracterizado por la importación de las modalidades de gasto de los países avanzados. Este fenómeno, que disminuye las propensiones a ahorrar de las clases altas, debilita el mecanismo distributivo del aho-rro forzoso señalado por Kaldor (1957) para igualar las tasas de creci-miento garantizada y la natural.
Frente a tal escenario, la escuela neoestructuralista latinoamericana propone dinamizar el cambio tecnológico y modifcar la inserción internacional como receta para resolver la insufciencia dinámica del sector capitalista (formal). Para esta corriente de pensamiento latinoamericano, el impulso al desarrollo se encuentra en la presencia y el liderazgo de un "núcleo endógeno de dinamización tecnológica", conformado por ciertos sectores -y em-presas- poseedores de una capacidad particular para generar y propagar el progreso técnico (Rodríguez, 2006). Desde un diagnóstico en el cual la insu-fciencia dinámica se debe a un patrón de inserción internacional poco diná-mico, basado en exportaciones intensivas en recursos naturales, la solución propuesta pasa por
un cambio en el patrón de especialización del sector formal para modifcar la es-pecialización desfavorable del comercio internacional y para acelerar, a la vez, el dinamismo de la productividad y de la producción en el sector formal, con miras a acrecentar el empleo formal, reducir el peso del sector informal y mejorar el desempeño de la economía agregada [Cimoli, Primi y Pugno, 2006: 91].
Con base en estos diagnósticos, el estructuralismo latinoamericano y el neoestructuralismo realizaron diversos aportes teóricos y propuestas de po-líticas económicas a fn de resolver el problema de la insufciencia dinámica; entre ellas destacan: restringir el consumo suntuario, sustituir importaciones industriales con producción local, mejorar la distribución del ingreso, diver-sifcar la demanda interna, dinamizar el cambio tecnológico y modifcar la inserción internacional (Prebisch, 1981; Furtado, 1974; Cimoli et al., 2006). Sin pretender abrir aquí un debate sobre los resultados de dichas políticas,4 en la siguiente sección se analiza la dinámica económica de Argentina duran-te los últimos 32 años, a fn de sugerir un camino alternativo de desarrollo económico.
II. treIntA y dos Años de subdesArrollo en ArgentInA
La experiencia argentina de las últimas décadas es un ejemplo claro, proba-blemente extensible a otros países de la región, respecto del fracaso de dife-rentes propuestas tradicionales de desarrollo. Furtado (1974) caracteriza el subdesarrollo como la coexistencia de un sector capitalista "avanzado", de ingresos y productividad relativa elevados, junto con otro no capitalista, "atrasado", de baja productividad e ingresos. Con este marco de referencia, el grado de desarrollo/subdesarrollo está determinado por el peso relativo
4 Una mirada crítica sobre las estrategias de desarrollo de diferentes países latinoamericanos puede encontrarse en Fajnzilber (1983).
5 Se entiende como sector avanzado "aquel en el que penetró ya la tecnología moderna, pudiendo ser externo o interno su mercado. Al restante lo llamaremos sector atrasado" (Furtado, 1974: 179).
6 El empleo de calidad se defne como aquel que, en el ámbito del sector privado capitalista, permite acceder a los derechos laborales plenos reconocidos por el Estado.
7 Este último dato surge del crecimiento promedio anual de la pea.
de los trabajadores empleados en el sector avanzado, respecto de aquellos ocupados en el sector atrasado. De aquí que el autor deduzca que "las con-diciones mínimas para que haya desarrollo son: a) un crecimiento más que proporcional del sector avanzado y b) estabilidad o aumento de la propor-ción de mano de obra empleada en el sector avanzado" (Furtado, 1974: 180).
En resumen, el desarrollo económico es un proceso de "absorción del subdesarrollo," a través del aumento en la participación del sector capitalis-tas avanzado sobre la producción y la población económicamente activa (pea).5 Subyace a este razonamiento que la condición necesaria para lograrlo pasa por sortear la insufciencia dinámica del capitalismo periférico.
Con el fn de analizar empíricamente este fenómeno en Argentina, se toma el periodo de 1991 a 2003. El comienzo del mismo está asociado con el del régimen de convertibilidad monetaria, un símbolo de la inauguración de la hegemonía neoliberal en ese país, que se extiende hasta la crisis económica y social de 2001. Esta etapa se caracterizó, desde el mercado de trabajo, por la disminución en la tasa de empleo, junto con aumentos signifcativos en las tasas de desempleo y subempleo (Damill, Frenkel y Maurizio, 2003). Indi-cadores que, como se verá más adelante, expresan un síntoma de la insuf-ciencia dinámica del periodo. La ventana de análisis se extiende hasta 2023, en correspondencia con los últimos datos anuales disponibles.
En este periodo de 32 años se observa que la creación de puestos de tra-bajo "de calidad"6 en el sector capitalista moderno (asociado en Argentina con el empleo asalariado privado registrado) presenta defciencias estructu-rales. Desde el mercado de trabajo, dicho fenómeno de largo plazo se resume en una creación de empleo privado registrado anual (1991-2023) promedio de 98 000 puestos de trabajo, mientras que la fuerza de trabajo disponible (pea) para ocupar dichos empleos creció anualmente, en promedio, en 272 000 trabajadores (cuadro 1).7
Otro indicador de la gravedad de la insufciencia dinámica que caracteri-zó a este periodo es que sólo 36% del crecimiento promedio anual de la pea fue "absorbido" por el sector privado. Mientras que 11% se incorporó al sector público, lo que se resume en una absorción de empleo total privada y pública de 47% de la pea anual promedio (cuadro 1). Mientras que el resto de los trabajadores se encuentra mayoritariamente laborando de manera informal en el sector denominado comúnmente como atrasado o tradicional (Programa Regional del Empleo para América Latina y el Caribe [prealc], 1976; Monza, 1999; Poy, 2017; Salvia y Chavez Molina, 2007; Chena, 2022).
Sin embargo, en el interior de este comportamiento global es posible diferenciar tres grandes etapas desde el punto de vista del proceso de desarro-llo económico. La primera, caracterizada por el neoliberalismo y el creci-miento con precariedad laboral (1991-2001); la segunda, por un intento de desarrollo productivo industrial trunco (2002-2012), y la tercera, dominada por el estancamiento económico, la creación de empleo público y las políti-cas económicas pendulares.
El análisis de cada etapa, en términos del proceso de desarrollo expresado por Furtado (1974), se resume en el cuadro 1. Allí se analiza, a escala global y para cada etapa en particular, la relación entre crecimiento económico, gene-ración de empleo asalariado privado y público registrado, junto con el creci-miento de la pea. El objetivo principal es determinar el grado de insufciencia dinámica del capitalismo argentino en esos periodos, medido como el porcentaje de variación de la pea que no es absorbido por la generación de empleo asalariado privado registrado. También se mide la absorción del empleo público, estimada como el porcentaje de crecimiento de la pea que es incorporada en la creación de empleo público asalariado registrado. Finalmente, se estima la absorción total de empleo, calculada como el porcentaje de crecimiento de la pea que es absorbida por la dinámica del empleo asalariado registrado.
Etapa I: neoliberalismo (1991-2001). Fue un periodo hegemonizado por la aplicación de políticas económicas neoliberales8 y por su fnal precipitado en la gran crisis económica y social de 2001 (Damill et al., 2003; Arakaki, Graña y Kennedy, 2023). La característica de esta etapa fue un relativo cre-cimiento promedio en la producción del sector capitalista moderno (3.4%), combinado con el estancamiento en la generación de empleo privado y la destrucción de empleo público. Como resultado, se observa una insufcien-cia dinámica de 90%, junto con la menor absorción de empleo total de todo el periodo analizado (2% de la variación de la pea). En términos de teoría del desarrollo, la etapa puede defnirse como de crecimiento con agrava-miento del subdesarrollo e insufciencia dinámica.
Etapa II: productivismo industrial (2002-2012). Fue una época caracteri-zada por la aplicación de políticas macroeconómicas de impulso a la produc-ción industrial en el marco de la salida de la crisis de la convertibilidad (Abeles, Cimoli y Lavarello, 2017). En términos globales, fue un periodo de alto crecimiento con elevada generación de empleo privado, cuando la insuf-ciencia dinámica se redujo a 6%, acompañada por una creación de empleo público que absorbió 16% del crecimiento de la pea. Todo esto signifcó una absorción total de mano de obra de 110% de la variación de la pea (cuadro 1). Como resultado, disminuyó la proporción del "sector atrasado" en la com-posición del empleo total. Sin embargo, el modelo mostró signos de agota-miento en 2012, producto de un creciente défcit de cuenta corriente que acentuó paulatinamente la restricción externa (Wainer y Schorr, 2014; Abe-les et al., 2017; Chena, Panigo, Wahren y Bona, 2018).
Etapa III: estancamiento económico con infación (2013-2023). Fue un pe-riodo que se caracterizó por el estancamiento económico de largo plazo, junto con una elevada volatilidad nominal de corto plazo que intentó ser sopesada, en sus efectos, mediante políticas sociales y de ingresos (Chena et al.,
8 Entre ellas, el paradigmático esquema cambiario de caja de conversión (1 peso = 1 dólar) denominado convertibilidad.
2018; Arakaki et al., 2023). A éstos se sumó una gran inestabilidad política que generó movimientos pendulares en la orientación de la política econó-mica, shocks externos negativos (diversas sequías y pandemia de covid-19) e instabilidad monetaria creciente. El resultado en clave de des a rrollo fue una insufciencia dinámica severa compensada, en parte, por la creación de em-pleo público (cuadro 1).
A modo de síntesis, podemos destacar que Argentina debió crecer, en los últimos 32 años, a una tasa anual promedio de 7% a fn de sortear la insuf-ciencia dinámica y sostener un sendero de desarrollo que absorba al sector "atrasado" de la economía. O bien, crecer a un ritmo de 4.5% en su pib, si excluimos la etapa neoliberal, debido a las diferencias en las elasticidades empleo privado-producto de cada etapa (cuadro 2). Sin embargo, el país cre-ció a un ritmo promedio anual de 2.6% durante 1991-2023, y de 2.9% si tomamos los últimos 20 años (2003-2023). Esto refeja, por un lado, los fra-casos del neoliberalismo y de la última etapa para evitar la insufciencia di-námica y el subdesarrollo, y, por el otro, el agotamiento del productivismo industrial como proyecto de largo plazo.
A juzgar por los datos, el modelo que mejor cumplió con las expectativas de desarrollo económico para Argentina en las últimas tres décadas fue el de productivismo industrial. Sin embargo, éste encontró sus propios límites en 2012. A fn de hacer frente a esta encrucijada, en la siguiente sección se ex-plora un proyecto de desarrollo heterodoxo, alternativo, que, sin dejar delado las virtudes y los límites del productivismo industrial, promueva el des-a rrollo de la ep.
III. el Impulso A lA economíA populAr y el cAmIno heterodoxo Al desArrollo
Para defnir y analizar la ep, se propone en esta sección un método de análisis en dos niveles de abstracción. El primero, abstracto-estructural, que estudia las relaciones sociales de producción y las fuerzas productivas de la ep, me-diante el concepto de Marx (2008) de "modo de producción". El segundo, histórico-concreto, que contempla a los actores y sus procesos de organiza-ción colectiva y de lucha en una realidad histórica determinada, mediante el concepto de "clase social en formación".
El método de análisis propuesto sigue las recomendaciones de Furtado (1974) para estudiar los procesos de desarrollo, así como a diversos autores marxistas que distinguen entre niveles de abstracción a la hora de analizar las clases sociales como fenómeno abstracto-estructural o histórico-concreto (Wright, 1985). Sobre la interacción entre ambos niveles de análisis, Furtado (1974: 12) señala: "El esfuerzo en el sentido de alcanzar niveles más altos de abstracción debe ir a la par con otro cuyo objeto sea defnir, en función de las realidades históricas, los límites de validez de las relaciones deducidas". Por otra parte, Marx (2008: 4-5) destaca la importancia que tiene el modo de pro-ducción como categoría abstracta estructural en la estructura social y en la subjetividad de los actores: "El modo de producción de la vida material con-diciona el proceso de la vida social, político y espiritual en general. Por lo tanto, no es la conciencia de los hombres la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia".
1. La economía popular como modo de producción
Al hablar de modo de producción, en categoría marxista, nos referimos a la forma que tiene una sociedad (o una parte signifcativa de ella) de organizar el trabajo y su división social para producir los bienes materiales necesarios para su subsistencia. Dicho concepto sintetiza así la interacción entre el des-arrollo de las fuerzas productivas (medios materiales de trabajo) y las rela-ciones sociales de producción (entre las personas basadas en la producción),
Analizar la ep como modo de producción alternativo al capitalista pone el foco en la descripción de la esfera productiva. Sin embargo, el estudio se ex-tiende naturalmente a la distribución y el consumo de los bienes y los servi-cios necesarios para la reproducción de las condiciones materiales de exis-tencia de la sociedad -o de una parte signifcativa de ella- (Godelier, 1981). En este sentido, el propio Marx (2008) destaca la estrecha relación que existe entre las formas de producir y de consumir al señalar que la producción es inmediatamente consumo, el consumo es inmediatamente producción. Cada uno es inmediatamente su opuesto [...] De modo que la pro-ducción no solamente produce un objeto para el sujeto, sino también un sujeto para el objeto. La producción produce, pues, el consumo, 1) creando el material de éste; 2) determinando el modo de consumo; 3) provocando en el consu-midor la necesidad de productos que ella ha creado originariamente como ob-jetos; en consecuencia, el objeto del consumo, el modo de consumo y el impulso al consumo. Del mismo modo, el consumo produce la disposición del productor, solicitándolo como necesidad que determina la fnalidad de la producción [Marx, 2008: 290-291].
Desde este nivel estructural puede defnirse la ep como un modo de pro-ducción alternativo al capitalista, creado por trabajadores de sectores popu-lares que, al no ser "absorbidos" como mano de obra por el sector capitalis-ta ni por el Estado, se inventaron, desde la necesidad, su propio trabajo en torno a un ofcio (de manera más o menos organizada) con el fn de ganarse la vida y sostener a sus familias, como mecanismo de resistencia frente a la exclusión social.
A continuación se profundiza en las características de este modo de pro-ducción desde las esferas específcas de la producción, la distribución y el con-sumo, al marcar los contrapuntos respecto del sistema capitalista dominante.
a. En la esfera de la producción: frente al ritmo mecánico del capitalismo, la ep produce al ritmo del ciclo natural-biológico
El modo de producción capitalista está impulsado por personas de negocios guiadas por el imaginario de expansión al infnito de las fuerzas productivas (Castoriadis, 2013). Y el medio para lograrlo es un proceso mecánico de pro-ducción con incorporación de tecnologías diseñadas para hacer crecer la cantidad de bienes en forma continua (Veblen, 1965). De esta forma, el capita-lismo es defnido por Veblen (1965) como un proceso mecánico con dos grandes características. Por un lado, la interdependencia estricta entre subpro-cesos entrelazados que deben ajustarse permanentemente en una cadena de producción, donde el trabajador realiza una tarea estandarizada previamente en el interior de un proceso mecánico que controla sus movimientos. Por el otro, se destaca el avance continuo de un proceso minucioso de estandariza-ción/uniformidad en los productos y los servicios (respecto de peso, medida y prestación) y en los procesos productivos (en lo que atañe a precisiones técnicas, tiempos de elaboración y entrega). Dicha estandarización garantiza certeza y rapidez en las transacciones comerciales, así como bajos costos de transacción, aspectos fundamentales para lograr economías de escala en un proceso productivo continuo, alejado del ciclo de la naturaleza.9
Bajo estos principios, el proceso mecánico capitalista produce a un ritmo dominado por máquinas que resultan de un cambio tecnológico endógeno permanente, acelerado, que prolifera sin control ni dirección o coordinación social, donde los ajustes de los diferentes subprocesos a la estandarización y la automatización producen pérdidas y ganancias pecuniarias. En este con-texto, la organización del trabajo se adapta a cada tecnología y objetivo de producción con un sistema de reclutamiento mediante contratos de trabajo defnidos para tareas específcas, determinadas por la tecnología, con un sis-tema de remuneraciones diferenciado, capaz de motivar al trabajador a dejar de lado sus obligaciones sociales para abocarse al sistema de trabajo capita-lista en forma desvinculada de su medio social (Udy, 1971).10
Así, el trabajador se incorpora a un proceso productivo a gran escala, que se rige por el principio de la "división del trabajo", el cual consiste en subdi-vidir el proceso productivo en tareas muy simples y equivalentes, para luego sumar a trabajadores e ir incrementando el poder productivo de una fuerza laboral común, homogénea, sin un fn propio y fácilmente intercambiable o remplazable por una máquina (Smith, 1776; Arendt, 2019). En este sentido,
9 Aquello que no esté adecuadamente estandarizado requiere demasiada habilidad artesanal, re-fexión y elaboración individual y, por lo tanto, no es susceptible de utilización económica en los proce-sos. La irregularidad y la falta de adaptación constituyen un defecto, ya que provocan una demora y ésta signifca, en general, un retraso intolerable (Veblen, 1965: 14).
10 En consecuencia, para evitar una sobreacumulación de mercancías, el capitalismo debe acelerar su consumo mediante una lógica de generación endógena creciente de necesidades o resignarse a un desem-pleo masivo (Gorz, 1969). En este sentido, los países desarrollados suelen transitar el primer camino (consumismo) y los subdesarrollados el segundo (desempleo).
la estandarización de las tareas limita el poder creativo y los talentos natura-les del propio trabajador en benefcio del incremento de la velocidad de procesos concatenados. Como bien resume Arendt: "La división del trabajo (capitalista) se basa en que dos hombres puedan unir su fuerza de trabajo y comportarse mutuamente como si fueran uno. Esta unión es exactamente lo contrario de la cooperación, indica la unidad de la especie respecto de la cual todo miembro es el mismo e intercambiable" (Arendt, 2019: 173).
Como alternativa a este modo de producción capitalista dominante, la ep desempeña una forma productiva con rasgos que se asemejan a las denomi-nadas formaciones tradicionales, precapitalistas o naturales de producción, donde el trabajo se desarrolla en un medio dominado por la energía humana o natural de trabajo (Marx, 1974; Veblen, 1965; Friedmann, 1970; Udy, 1971). En este contexto, el trabajador recupera su capacidad creadora y rea-liza la tarea al ritmo que viene impuesto por la naturaleza y sus ciclos, com-binado con los del propio organismo humano y las costumbres sociales aso-ciadas. La organización laboral está determinada por formas sociales y culturales donde las tecnologías se adaptan a dicha estructura y los trabaja-dores que se incorporan a la producción cumplen, también, otros papeles en el ámbito comunitario (familiar, barrial, de relaciones putativas) (Udy, 1971).
Es un modo de producción donde quien trabaja es irremplazable en el proceso creativo y el talento manual en el ofcio se despliega plenamente con herramientas que son una extensión de su propio cuerpo (Marx, 1974; Fried-mann, 1970; Udy, 1971). Por lo tanto, el uso de instrumentos de trabajo no busca suprimir el aporte del trabajador a la producción, sino humanizarlo y mejorarlo (Friedman, 1970). A diferencia de los emprendedores tradicionales, que legítimamente buscan oportunidades de ganancias en el mercado, quienes "emprenden" en la ep buscan vivir dignamente de su ofcio, mientras respe-tan sus propios ritmos laborales, que se transmiten de generación en genera-ción, junto con la ponderación de las habilidades artesanales desarrolladas por el método de la experiencia empírica y la refexión. Por otra parte, se promueve el desarrollo de redes sociales comunitarias, como elemento que dis-minuye la incertidumbre respecto de la subsistencia presente y futura.
Debido a su organización laboral, la ep tiene difcultades para adaptarse a la producción continua a gran escala, impulsada por la tecnología. A la in-versa de la economía capitalista, aquí los papeles de cada trabajador suelen estar defnidos por el contexto social, que a su vez determina las tecnologías que pueden utilizarse y fnalmente los objetivos de producción. Y, sobre fuctuaciones en los niveles de demanda, la oferta se ajusta al utilizar meca-nismos de reciprocidad y solidaridad, dentro de la base comunitaria barrial vecinal de pertenencia.
Finalmente, las relaciones de producción en la ep se articulan en la coope-ración de trabajadores con diferentes habilidades o talentos que son reque-ridos para producir un bien o servicio específco, y que fueron adquiridos con el aprendizaje al hacer, en la refexión y en ciertos talentos naturales. A la inversa del modo de producción capitalista:la estructura de la organización está dada, y esta situación reduce de inmediato la posible gama de elección de las tecnologías o de objetivos de producción; los miembros desempeñan papeles dados, existentes en la estructura de la organiza-ción y de tales roles surge una tecnología que, a su vez, determina los objetivos de la producción [Udy, 1971: 123].
b. En la esfera de la distribución y el consumo:frente al consumismo capitalista, el consumo social responsable
En la sección anterior se observó que en el modo de producción capitalista el trabajador puede ser remplazado por máquinas, pero en el consumo esto es imposible. Por tal motivo, el capitalismo busca acelerar este último a tra-vés de estímulos artifciales que crean necesidades acordes con el fujo cre-ciente de producción de bienes y servicios estandarizados, impulsados por el proceso mecánico (Veblen, 1965). Este fenómeno, que denominamos "con-sumismo capitalista",11 se caracteriza por que "la producción de mercancías ya no está en función de las necesidades humanas, sino que las necesidades se adaptan a las mercancías que, tanto sujeto aparente, exige ser comprada y subordina las necesidades" (Gorz, 2010: 82).
A fn de incrementar el consumo es necesario, previamente, que el tiempo de ocio y esparcimiento se transforme en tiempo para consumir. Frente a esta prerrogativa "no es sorprendente que el hombre del ocio, de reacciones todavía mal ajustadas, ceda ante los victoriosos asaltos del hombre consu-
11 El consumismo es un proceso de exacerbación del consumo de la sociedad, especialmente en su tiempo de ocio, impulsado por la producción acelerada de bienes y servicios, donde los bienes de uso, originalmente diseñados para emplearse durante una vida útil de varios periodos, pasan a ser tratados como bienes de consumo en un periodo (Arendt, 2019).
12 Aunque también rige, en ciertos espacios de la ep, el principio de distribución comunitaria de bienes y servicios (economía popular comunitaria).
13 Sin embargo, las estimaciones estadísticas sobre el universo de trabajadores de la ep en Argentina varían según las diferentes metodologías para ello. Por ejemplo, para Chena (2022) representaron 39%1970: 138). Sin embargo, si por algún motivo la premisa consumista no se ajusta adecuadamente al nivel de producción, el sistema se autocorrige, mediante recesión o crisis, y expulsa trabajadores del sistema (Marx, 2008).
Frente a este contexto dominante, la dimensión ética de la ep destaca que la calidad de vida a la que pueden aspirar los trabajadores depende no sólo de los recursos materiales a los que acceden, sino también del sistema de valores y creencias que circula en la comunidad. En este sentido, la ep como modo de producción une nuevamente a productor y consumidor en un mismo ciclo vital común, como un principio ordenador alternativo al crecimiento conti-nuo de la productividad y el consumo al servicio de la acumulación de capital. Por lo tanto, con la primicia de que la producción empuja el consumo, para que este último refeje las necesidades objetivas de la comunidad, la ep busca producir al priorizar los valores de uso de los bienes y los servicios sobre los valores de cambio.
Finalmente, si bien el principal mecanismo de distribución de bienes y ser-vicios en la ep es el mercado, su dimensión ética impone allí el principio de precios justos -en el sentido de justicia conmutativa de Aristóteles (2001)-.12 Esta iniciativa tiene el objetivo de garantizar, por un lado, ingresos dignos para quien trabaja y produce, y, por otro, la mayor accesibilidad posible de la comunidad para promover la reproducción social ampliada con circuitos locales de comercialización (Fingermann y Prividera, 2018). Un esquema de funcionamiento de los mercados que se contrapone a la formación de pre-cios de la economía capitalista, que Adam Smith (2020) denominó "precios naturales", cuyo método consiste en la agregación de rentas que garanticen ingresos "normales" a las diferentes clases sociales (rentistas de la tierra, tra-bajadores y capitalistas).
c. La economía popular en Argentina:relaciones sociales de producción y ramas productivas
En Argentina, la ep registra 3.6 millones de personas inscritas en el Registro Nacional de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (Renatep, 2023b)13 incluidas en relaciones sociales de producción (o forma de organización laboral), donde predominan el trabajo por cuenta propia en núcleos familiares urbanos y rurales, así como aquel organizado colectivamente en cooperativas, organizaciones sociales, religiosas y comunitarias, y empresas recuperadas por los trabajadores. En este aspecto, los datos del Renatep (2023b) muestran que 60.6% de los trabajadores de la ep realiza su actividad de manera individual, mientras que 21.6% lo hace en una organización co-munitaria o social; 7.5% en cooperativas, y 7.3% en pequeños emprendi-mientos familiares. Por otra parte, según la misma fuente, 57.3% realiza su trabajo en un domicilio particular; 17% en el espacio público, mientras que sólo 7.8% trabaja en un establecimiento laboral tradicional.
Respecto de la división social del trabajo, pueden observarse dos grandes ramas de actividades que crecieron bajo el modo de producción de la ep:
a) La primera está compuesta por tareas comunitarias de cuidados, socia-les, ambientales y de infraestructura barrial, donde el proceso de valo-rización social del trabajo y, por lo tanto, los ingresos laborales no dependen del mercado, sino del tejido comunitario barrial y del reco-nocimiento estatal. En el cuadro 3 se observa que la rama de servicios sociocomunitarios -compuesta por actividades como la atención en comedores y merenderos, tareas de cuidado de personas, promoción de la salud y contra la violencia de género, trabajo socio educativo, de-portivo, cultura comunitaria (Renatep, 2023b)- representa 27% de las inscripciones. Mientras que la rama de construcción, infraestructu-ra social y mejoramiento ambiental equivale a 8.2 por ciento.
b) La segunda se conforma por actividades de producción y venta de bie-nes y servicios producidos a baja escala en mercados poco estructura-dos y de alcance local. Se incluyen aquí los servicios personales y de ofcios -mecánico, carpintero, electricista, peluquería, servicio de lim-pieza, entre otros (Renatep, 2023a)-, comercio popular, elaboración de alimentos manufacturados, producción textil, reciclado y recupera-ción de basura, construcción a pequeña escala barrial, agricultura familiar, servicio de transporte urbano y fetes (cuadro 3).14
de la pea en 2021 (según la Encuesta Permanente de Hogares, o eph, del segundo semestre); para Álva-rez et al. (2021), el 33.1% de la pea de 2020 (según la eph del cuarto trimestre); Pissaco (2020), Salvia, Poy y Donza (2018) estiman 23.6 y 19.2% de la pea de 2017, respectivamente (según la eph del primer tri-mestre).
14 Para un análisis detallado de las ramas y las actividades de la ep registradas, véase Renatep (2023a).
Pese a su crecimiento, la ep tiene problemas para ser reconocida como modo de producción en las instituciones jurídicas, fscales, laborales y cre-diticias vigentes en Argentina. Esto hace que gran parte de sus unidades económicas se desempeñe en la informalidad, lo cual difculta severamente su desarrollo productivo, debido a las restricciones fnancieras, comerciales y técnicas que dicha condición impone a la hora de acceder a maquinarias, insumos, tierras y conocimientos técnicos. Esto se traduce en bajos ingresos y falta de derechos laborales. Como contracara, la política social se desbor-da, tanto en su capacidad presupuestaria como de gestión, debido a las de-mandas que genera atender a los trabajadores de la ep desde un punto de vista asistencialista. La subsección siguiente estudia la tensión que existe en-tre las aspiraciones de los actores de la ep y sus luchas sociales en el clivaje conceptual de las clases sociales en formación.
2. Economía popular: ¿una clase social emergente en Argentina?
Como fenómeno histórico concreto, la práctica de la ep es una creación la-boral y productiva de los trabajadores de sectores populares de Argentina que nace de la experiencia de resistir a la exclusión social.
Una defnición inscrita, no en los libros, sino en el actuar de los hombres, sus rela-ciones, su organización, su percepción de lo que es, su afrmación y búsqueda de lo que vale, y también, por supuesto, en la materialidad de los que producen, utilizany consumen. Este hacer es, pues, institución de una nueva realidad, de un nuevo mundo y de un nuevo modo de existencia social histórico [Castoriadis, 2013: 23].
Sin pretender entrar en un extenso y controversial debate teórico sobre la defnición de clases sociales (Gurvitch, 1960), aquí se entiende el concepto como un fenómeno de carácter histórico, caracterizado por agrupamientos particulares de hecho, a distancia y abiertos, individualizados por las funcio-nes que cumplen en la totalidad social y por la conciencia que desarrollan sus miembros con base en ella (Schumpeter, 1984; Gurvitch, 1960; Thompson, 2002). Desde esta perspectiva, Thompson destaca que las clases cobran existencia cuando algunas personas, debido a sus experiencias comunes, sienten y articulan la identidad de sus intereses a la vez comunes a ellos mismos y frente a otros, cuyos intereses son distintos (y habitualmente opuestos) a los suyos. La experiencia de clase está ampliamente determinada por las relacio-nes de producción en que las personas nacen o en las que entran de manera invo-luntaria [Thompson, 2002: 14].
A continuación se analizan los rasgos teóricos característicos de la con-formación, el ascenso y la jerarquización de las clases sociales, para luego trazar paralelos conceptuales sobre los avances, los retrocesos y los desafíos que tiene la ep a la hora de consolidar su posición de clase en Argentina.
En el análisis de Marx y Engels (1968), las clases sociales surgen de grupos que se ven obligados a sostener una lucha común frente a otros para ser re-conocidos y valorados en su función social, proceso que genera en sus miembros un punto de vista similar del mundo que los rodea (la totalidad social).15 Si bien el conficto o competencia entre diferentes actores o grupos en el interior de cada clase social nunca desaparece, su intensidad es inversa-mente proporcional a las oposiciones de clase: "cuanto más violento es este antagonismo, tanto menos intensa es la lucha entre los grupos comprendi-dos en el seno de las clases" (Gurvitch, 1960: 162). Finalmente, estas luchas grupales se traducen y sedimentan en tradiciones, sistemas de valores, ideas e instituciones que consolidan una conciencia como fenómeno cultural (Thompson, 2002).
15 De lo contrario, "se enfrentarán unos con otros hostilmente en el plano de la competencia" (Marx, 1968: 60-61).
Respecto de los desafíos para la consolidación de una clase social ascen-dente, Schumpeter (1984) y Gurvitch (1960) destacan que dicho proceso se desencadena en cuatro momentos: 1) el reconocimiento de su utilidad social, relacionado con las funciones que desarrollan sus miembros en la sociedad;16
2) la conciencia de clase por parte de sus integrantes, entendida como la forma en que se expresan culturalmente las experiencias similares mediante va-lores, tradiciones, ideas y formas institucionales propias (Thompson, 2002);
3) la idea de perpetuación en el tiempo de la misma, aunque en los hechos las clases sociales surjan y desaparezcan, y 4) el reconocimiento de su existencia por parte del resto de las clases.
Luego, el proceso de jerarquización de las diferentes clases sociales en la totalidad social reconoce dos aspectos centrales (Schumpeter, 1984). Por un lado, la importancia que la sociedad le asigna a la función desempeñada por la clase en cuestión (el valor social de la función); por otro, el éxito que tiene la misma en cumplir dicha tarea (efcacia de los miembros de la clase para cumplir la función).
Sobre el primer punto, Marx (1968) destaca que la valoración que la socie-dad asigna a la función de cada clase se encuentra determinada por la clase dominante y que, en la economía capitalista, las tareas más apreciadas son aquellas relacionadas con la reproducción ampliada del capital. Desde una mirada similar, Schumpeter (1984) señala que las actividades que ejercen los grupos dirigentes son socialmente las más valoradas por su relación con el poder y agrega que "la importancia social de una clase está determinada por la escasez relativa de los miembros de dicha clase, es decir, por el grado en que pueden ser remplazados" (Schumpeter, 1984: 215). Finalmente, para Halbwachs (1964) hay un orden de actividades que refeja el ideal de socie-dad deseada (ideal común de sociedad) y que, mientras más cerca está la función de una clase de este "foco de actividades ideales", mayor será su jerarquía y más intensa su integración en redes de relaciones sociales.
a. La lucha organizativa de la economía popular en Argentina
En Argentina la conciencia de clase de la ep tiene su origen y motor político en diversos movimientos sociales con raíz ideológica peronista (entre los
16 En el marxismo dicha función está asociada fundamentalmente con el lugar que ocupa en la pro-ducción, la circulación y la distribución de las mercancías (Gurvitz, 1960).
17 Aunque, como bien alertó un referato anónimo de esta revista, que coincidan no implica un mismo devenir.
que destacan el movimiento Evita y el movimiento de trabajadores exclui-dos). Estas expresiones del campo popular incorporan, a partir del primer decenio del siglo xxi, el concepto de ep en sus luchas reivindicativas, como forma de resistir a la exclusión laboral, social y política. Dicho posiciona-miento marca una distancia estratégica frente a los movimientos sociales de ideología de izquierda tradicional, los cuales siguieron demandando al Es-tado "empleo genuino", mediante un cambio radical del sistema capitalista (Svampa y Pereyra, 2003).
No es casualidad que los movimientos sociales peronistas sean los que acuñen el concepto de ep en su lucha, ya que desde fnales del siglo pasado, como producto de la desocupación creciente, la informalidad laboral y la pobreza, el vínculo del peronismo con los sectores populares, "no pasa tan-to a través de los sindicatos, sino de las organizaciones barriales o comuni-tarias, quienes se encargan de gestionar las necesidades más básicas, ligadas primero a la vivienda y los servicios, extendida después a las demandas de trabajo y alimentación" (Svampa, 2004: 32).
En la formación de la ep como clase se destacan tres grandes momentos del conficto social (Roig, 2022) que son performativos y que, de alguna ma-nera, coinciden con las etapas económicas desarrolladas en la sección II.17 Un primer momento "piquetero" fue en plena etapa neoliberal de fnales del siglo pasado, cuando el conficto social estuvo focalizado en visibilizar, me-diante la organización de cortes de ruta (piquete), la exclusión laboral y social que generaban las políticas neoliberales, sintetizadas en la fgura del "trabajador desocupado". Un segundo momento de "organización comuni-taria y barrial" fue cuando los movimientos sociales estructuraban el con-ficto en la denuncia de "lo que quedó afuera" del crecimiento del sector capitalista (2002-2012) desde una subjetividad de "trabajador excluido". En dicha etapa fue importante la organización comunitaria barrial para afrontar los problemas sociales de la exclusión y reafrmar los lazos sociales identita-rios. Finalmente, un tercer momento, basado en la organización del confic-to social alrededor de la reivindicación del derecho a trabajar en la ep, se representa en la lucha por el reconocimiento de la fgura del "trabajador de la economía popular" (Pérsico y Grabois, 2014). Estas luchas dieron origen a la organización sindical en la Central de Trabajadores de la Economía Popular (ctep) (Grabois, 2016) y luego en la Unión de Trabajadores de la Eco-nomía Popular (utep).18
El camino evolutivo en la conciencia de clase de la ep puede rastrearse también en la relación de los movimientos sociales con la política social (es-pecialmente con los planes sociales) de los diferentes gobiernos de turno. En un primer momento, se impone allí la fgura del trabajador desocupado, que recibe planes sociales con contraprestación laboral en forma temporal, bajo la creencia de que la recuperación económica los incorporaría nuevamente al empleo formal. En un segundo momento, muchos de estos trabajadores desocupados de larga duración transitan el camino a la fgura del trabajador excluido, que utiliza los planes sociales y demanda alimentos para organi-zarse y sostener comedores y merenderos comunitarios, espacios culturales y recreativos, para la contención social en los barrios populares. Por último, se observa un tercer momento cuando surge la fgura del trabajador de la economía popular, que busca transformar los planes sociales en un salario social complementario.
A este proceso organizativo se suma el logro político que signifcó, en la relación de la ep con el Estado, su reconocimiento mediante la Ley de Emer-gencia Social (Ley 27345), junto con la creación de tres instituciones clave: a) el mencionado salario social complementario como reconocimiento la-boral; b) el Concejo de la Economía Popular para planifcar su desarrollo, y
c) el Renatep.19
De esta forma, se desarrolla paulatinamente un imaginario de clase en los sectores populares, relacionado con la posibilidad de que trabajadores no ab-sorbidos por el capitalismo moderno ni por el sector público puedan vivir dignamente de un trabajo creado por ellos mismos. Sin embargo, materializar esta función social requiere, por un lado, desarrollar una red de relaciones eco-nómicas (comerciales, fnancieras y productivas) adaptadas a las característi-cas de producción y consumo de la ep,20 y, por otro, potenciar la conciencia
18 El documento fundacional de la utep declama la identidad de clase: "La Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular es el sindicato que representa y defende los derechos de todas y todos los excluidos del mercado laboral, quienes nos inventamos nuestro propio trabajo para subsistir. Es una organización gremial independiente de todos los partidos políticos, una herramienta de lucha reivindicativa para la restitución de los derechos laborales y sociales que nos arrebató el neoliberalismo y que aún no hemos recuperado" (utep, 2021: 1).
19 Si bien la implementación concreta de estas herramientas institucionales fue parcial y defectuosa, signifcó un logro simbólico en la lucha política de la ep como clase social.
20 Destacadas al analizar el desarrollo de la ep como modo de producción.
21 Siguiendo a Veblen (1963), se defne a las clases ociosas como contrapuestas a la clase trabajadora por su rechazo del trabajo manual dedicado a la producción cotidiana de los medios materiales de vida, por considerarla una tarea de las clases inferiores.
22 "Los agrupamientos de hecho son agrupamientos en los que sus miembros participan, sin que eso sea explícitamente querido por ellos y sin que obedezcan las órdenes de una organización de un poder preciso" (Gurvitch, 1960: 158).
de clase con relaciones solidarias, comunitarias y de organización intraclase. Ambas condiciones son necesarias para llevar adelante el proceso de trabajo y generar los ingresos laborales requeridos para un nivel de vida digno.
En este sentido, la lucha diaria de la ep por su jerarquización tiene como principal desafío dejar de ser vista como contención social, a fn de ser recono-cida como un modo de producción alternativo al capitalista. En esta aspiración la propia informalidad en que se desarrolla impone un primer freno (Chena, 2022). Cabe advertir que, aunque la ep lograra ser reconocida productivamen-te y se crearan las instituciones necesarias para su desarrollo, su sustentabi-lidad seguiría amenazada, en segunda instancia, si sus excedentes económicos son apropiados por clases ociosas de la sociedad capitalista21 (Veblen, 1963; Chena, 2023). Esto se debe a que la manera de producir que tiene (caracteriza-da en la subsección II.1) le impide generar ingresos razonables para quienes trabajan en ella si, para funcionar, está obligada a transferir recursos económi-cos a las clases ociosas mediante, por ejemplo, la usura fnanciera, los arrenda-mientos y las condiciones desventajosas en que está obligada a comercializar insumos y productos fnales con monopolios de la economía capitalista.
En resumen, la ep resiste, desde sus inicios como agrupamiento de he-cho,22 a la caracterización de contención social y a la desvalorización de su función que hoy predomina en la sociedad que la contiene. Su lucha como clase tiene entonces el objetivo político e ideológico de transformar a la sociedad presente (es decir, desestructurarla y reestructurarla), para cons-truir un nuevo imaginario de desarrollo económico futuro que incorpore sus valores productivos y comunitarios.
IV. reflexIones fInAles
En la tradición de la teoría del desarrollo económico, se entiende a este últi-mo como un proceso de absorción, por parte del sector capitalista (moderno), de la fuerza de trabajo que se ocupa en el sector no capitalista (atrasado). Los magros resultados alcanzados por América Latina desde este punto de vista llevaron a autores como Prebisch (1981) a defnirlos como parte de un capi-talismo periférico, cuyos rasgos distintivos son las restricciones estructurales (inadecuación tecnológica, consumo suntuario de las élites, insufciencia de acumulación de ahorro y restricción externa) que no le permiten expandirse al ritmo necesario para absorber la fuerza de trabajo disponible. Este fenó-meno es resumido por dicho autor en el concepto de insufciencia dinámica.
El presente artículo analizó la experiencia argentina de los últimos 32 años como un ejemplo claro, probablemente extensible a otros países de la región, del fracaso de diferentes propuestas económicas tradicionales para resolver la mencionada insufciencia dinámica. Una muestra de ello es que Argentina debió crecer a 7% anual en promedio durante los últimos 32 años, a fn de garantizar el pleno empleo asalariado en relación de dependencia en el sector capitalista moderno (tasa de crecimiento garantizada). Sin embargo, lo hizo a 2.6% en promedio en tres periodos claramente diferenciados: neoliberalismo (1991-2001), cuando la economía creció 3.4% y el sector pri-vado incorporó sólo 10% del crecimiento promedio anual de la pea (creci-miento sin desarrollo); productivismo industrial (2002-2012), durante el cual la economía creció 4.2% anual promedio e incorporó 94% del creci-miento promedio anual de la pea al sector privado formal, pero se agotó en 2012 (desarrollo trunco), y estancamiento con infación (2013-2023), cuan-do predominó la incorporación de empleo en el sector público (27% del crecimiento promedio anual de la pea), junto con la asistencia social, en un marco de estancamiento de largo plazo con fuerte volatilidad política y eco-nómica de corto plazo.
Del análisis empírico pueden extraerse dos refexiones: primero, que el neoliberalismo no es una solución real al problema del subdesarrollo argen-tino, y, segundo, que el productivismo industrial encuentra límites internos y externos que dejan a la sociedad en un camino de desarrollo trunco. Fren-te a esta encrucijada, el artículo explora un proyecto de desarrollo hetero-doxo alternativo que, sin dejar de lado sus virtudes y sus límites, impulse el desarrollo de la ep, mediante la premisa de que, para el desarrollo de países como Argentina, con la industrialización sola no alcanza, pero sin ella es imposible.
Nuestro análisis de la ep en Argentina parte de un método de estudio con dos niveles de abstracción. El primero, abstracto-estructural, que analiza las relaciones sociales de producción y las fuerzas productivas, a través del con-cepto de modo de producción. El segundo, histórico-concreto, que contempla a los actores junto con sus procesos organizativos y de lucha en una rea-lidad histórica determinada, a través del concepto de clase social en formación.
Desde una mirada estructural se defne a la ep como un modo de produc-ción alternativo al capitalista, creado por trabajadores de sectores populares que, al no ser absorbidos como mano de obra por el sector capitalista ni por el Estado, se inventaron, desde la necesidad, su propio trabajo en torno de un ofcio (de manera más o menos organizada) con el fn de ganarse la vida y sostener a sus familias, como mecanismo de resistencia frente a la exclusión social. Desde un abordaje histórico concreto, se califca a la ep como una clase social en formación que emerge en el siglo xxi.
Sobre su evolución, se destaca que como modo de producción la ep se expande informalmente en los sectores populares de Argentina, frente a la insufciente generación de puestos de trabajo del sector capitalista tradicio-nal y a la inefcacia de las políticas públicas. Desde una gran precariedad, se desarrollaron ramas comunitarias, vinculadas especialmente con las tareas del cuidado de personas y la atención de comedores y espacios comunita-rios, y productivas, relacionadas con la elaboración y la venta de bienes y servicios producidos a baja escala (en forma artesanal) en mercados poco estructurados y de alcance local, como servicios personales y de ofcios (me-cánico, carpintero, electricista, peluquería, servicio de limpieza, entre otros), comercio popular, elaboración de alimentos manufacturados, producción textil, reciclado y recuperación de basura, construcción a pequeña escala, agricultura familiar y servicio de transporte urbano.
Como fenómeno histórico concreto, el presente trabajo recorre la forma-ción de la ep durante las últimas décadas con el fn de destacar los avances organizativos e institucionales de los actores involucrados en su formación, reconocimiento y jerarquización como clase social. Se observa aquí que el principal objetivo, en esta instancia política, es transformar a la sociedad del presente para incorporar al imaginario de desarrollo de Argentina un modo de producción alternativo -complementario al capitalista- que deje de lado la mirada tradicional del desarrollo del siglo xx, cuando la ep se asocia-ba con la contención social.
Por último, cabe destacar que la ep sólo será sustentable si es protegida socialmente del acaparamiento de las clases sociales ociosas del capitalismo (rentistas fnancieros, rentistas de la tierra y rentistas del monopolio y la in-termediación comercial). De no ser así, su forma de producir hace inviable la generación de ingresos razonables para quienes trabajan en ella. Un camino de éxito en el desarrollo de esta economía no capitalista probablemente requiera comenzar por formalizar un esquema de economía de dos veloci-dades. Por un lado, la capitalista, que asume un ritmo de producción y consumo impulsado por un proceso productivo mecánico, guiado por un cambio tecnológico endógenamente acelerado y ahorrador de mano de obra. Por el otro, la ep, impulsada desde las clases sociales de trabajadores y pro-ductores populares, con un ritmo laboral acorde con el ciclo vital de la natu-raleza y la sociedad, donde proliferan las ramas de ofcios y tareas que se expanden por la valoración social de un consumo acorde con el ciclo natural de preservación de la vida. Como bien reconocía el propio Adam Smith (2020: 76): "En la mayoría de las sociedades avanzadas, empero, hay siempre un puñado de mercancías cuyo precio se resuelve sólo en dos partes, los salarios del trabajo y los benefcios del capital; y un número todavía más pequeño en donde consiste sólo en salarios".
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