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UNA NUEVA ENTREGA DE EDICIONES Casa DE Barro, dispuesta en su coleccién Donde Acaba la Tierra, nos brinda la oportunidad no solo de releer sino de volver a apreciar obras que se han sostenido a lo largo del tiempo, en una meritoria aunque no siempre reconocida carrera.
Es el caso de Noche de agua, del poeta Sergio Mansilla Torres, cuya primera edicién data de 1986, un libro, por tanto, cercano ya a las cuatro décadas de plena vigencia.
Restituir al presente obras de larga vida implica un pacto: el desafio de repensar los modos en que el texto se manifiesta ante un nuevo escenario social, político y estético. Esta operación abre la posibilidad -nunca desestimable- de desenterrar alguna dimensión sepultada por el tiempo o algún aspecto quizá todavía desapercibido.
De este modo, la relectura permite abrir alguna aporía o detallar fragmentos obliterados, sea por los discursos dominantes o incluso por las direcciones de la propia historiografía literaria local, no excepta de una pulsión fundacional canónica recurrente.
Ejecutado este ejercicio sobre Noche de agua, me atrevería a decir que la obra de Mansilla ha resistido tanto los embates políticos como los debates estéticos que se han dado desde su aparición hacia los últimos años de la dictadura, cruzando luego por el tragicómico retorno a la democracia de los tempranos años noventa y la postdictadura perpetua de los 2000 para reubicarse en nuestro mezquino y magro presente con sólida lucidez.
Iván Carrasco (1986) en el Prólogo de la primera edición, habla de una poesía de la exclusión y la marginalidad. Poesía representativa de una minoría sociocultural específica, observada como una poética de la marginación geográfica y ecológica. Carrasco, con esclarecimiento, igualmente establece una diferencia con la poética del Jar, precisando que la poesía de Mansilla se manifiesta con presta singularidad, actualizada, a propósito de su aislamiento. Por su parte, Carlos Trujillo, conocedor acérrimo de Mansilla y su poesía, la intuye como una de las propuestas más poderosas de su generación, por tratarse de una poesía que permite observar el mundo y sus dolores a través de una «mirada pura y un verso hermoso, claro y profundo», aunque no inocente, agregaríamos (p. 133).
Asimismo, Roxana Miranda Rupailaf la precisa bellamente como la poesía de un navegante que...





