Headnote
Fecha de recepción: 29/02/2024
Fecha de aceptación: 17/07/2024
PALABRAS CLAVE:
Trotula
Trota de Salerno
Practica secundum Trota
Sanadoras
Mujeres sanadoras de la Edad Media
Ciencia y género
RESUMEN:
Este artículo describe la situación de la medicina en la Edad Media, los cambios ocurridos entre los siglos XI y XII con el nacimiento de la Universidad y el veto a la entrada de mujeres. También aborda el papel de las mujeres a nivel social, como pacientes médicas y como sanadoras, centrándose en este caso en Trota de Salerno. El análisis de contenido sobre la Practica Secundum Trotam y el compendio De curis mulierum ofrece una visión sobre algunos aspectos de su vida profesional, así como la existencia de una comunidad de sanadoras en Salerno.
KEYWORDS:
Trotula
Trota de Salerno
Practica secundum Trota
Women Healers
Women healers middle ages
Science and gender
ABSTRACT:
This article outlines the situation of medicine in the Middle Ages, the changes occurred between the eleventh and twelfth centuries with the birth of the University and the veto on the entry of women. It also draws the role of women at the social level, as medical patient and as healer, focusing in this case on Trota of Salerno. Content analysis about Practica Secundum Trotam and the compendium De curis mulierum gives a glimpse about some facts of her professional life, as well as the existence of a women healers community in Salerno.
1. INTRODUCCIÓN. Trota de Salerno es, seguramente, la médica más famosa de la historia. De ella se ha descrito su belleza, vida, obras, saber médico o carisma. Aunque el origen de todo ello es incierto, la enorme cantidad de escritos que se le han dedicado ofrecen un indicador del interés que Trota sigue despertando tantos siglos después de su muerte, manifestado ya durante los casi quinientos años en que Trotula fue el libro comprado por cada médico, cirujano, monje o filósofo que deseara consultar un tratado sobre medicina de mujeres.
Este trabajo pretende contextualizar a Trota en el cambiante mundo en que se desenvolvió. Para ello, en una primera parte se describirá la situación de la medicina entre los siglos XI y XII, los cambios que experimentó a raíz del surgimiento de la Universidad y los efectos que causó a los diferentes practicantes, en especial a las mujeres, a las que el veto de acceso privó del derecho al trabajo que habían realizado durante siglos. De forma paralela, un relato de la situación social de las mujeres y su relación con la medicina permite señalar los condicionantes emocionales a los que se enfrentaban como pacientes, desde su doble posición de inferioridad como mujeres y como enfermas.
La segunda parte está dedicada a clarificar los datos biográficos publicados sobre Trota y en ella se repasa el debate mantenido entre investigadores sobre la posibilidad de que fuera autora del compendio Trotula e incluso de su misma existencia, ¿tal vez provocado porque ella era una mujer y estaba ocupando un espacio que "no le pertenecía"? También se hace un recorrido sobre la historia de este compendio, sus orígenes, desarrollo, autoría y difusión, para finalizar centrándonos en los textos escritos por Trota, autora de una obra que pasó desapercibida durante muchos años y epónimo de otra que solo era suya en parte, pero que por llevar su nombre recibió, y sigue recibiendo, el interés de numerosos lectores e investigadores.
2. ALGUNOS APUNTES SOBRE LA MEDICINA EN LA EDAD MEDIA. El caos cultural que siguió al inicio de la Edad Media en el Occidente latino, heredero de la cultura romana, también se reflejó en la medicina. La pérdida del dominio del griego y de las obras de los clásicos latinos acarrearon la paulatina desaparición del conocimiento? y con él, de la medicina especulativa y la teórica, quedando únicamente la medicina popular3 en la que coexistían diferentes modelos de sanación, religiosos, seculares o mágicos.
La práctica médica quedó, en su mayor parte, en manos de la iglesia, que impregnó la atención médica de la beneficencia y caridad cristianas. En los monasterios, los religiosos entendían que la causa de la enfermedad era el pecado, por lo que buscaban la sanación del alma y consideraban la curación un milagro de la misericordia de Dios, doctrina que abocó al abandono del empirismo y a una simplificación excesiva de la terapéutica,4 aunque poco a poco la asistencia médica caritativa se fue profesionalizando y dando paso a una actividad lucrativa.
Los practicantes seculares de la medicina se diferenciaban por su nivel cultural: o bien se había formado en las escuelas clásicas de medicina, o bien formaba parte de una vasta mayoría de practicantes empíricos, hombres o mujeres5 que a duras penas podían leer o escribir, pero habían adquirido su experiencia acompañando a otro empírico y podían realizar actividades quirúrgicas como operaciones de hernia, asistencia a partos, extracciones de muelas o piedras en el riñón.5 La medicina popular, fuertemente vinculada al cristianismo, realizaba sus acciones a través de "santos sanadores", exorcismos, ofrendas, exvotos, plegarias, actos rituales o hechizos, esperando a cambio, como recompensa, el beneficio de la sanación.7
3. EL NACIMIENTO DE LA UNIVERSIDAD Y LOS CAMBIOS EN LA MEDICINA. La enorme circulación de manuscritos generada con el inicio de las Cruzadas en el siglo XI trajo al Oeste la cultura del mundo árabe y, con ella, nacieron las escuelas médicas o centros de traducción, que resultaron fundamentales para recuperar el conocimiento de la medicina griega y aportar los avances de la árabe. Entre ellos destacan la Escuela de Traductores de Toledo y la Escuela Médica de Salerno, centro intelectual donde se escribieron textos médicos de gran importancia,8 hasta el punto de que algunos autores la consideran más un centro de producción y difusión de libros que una escuela formal.9
El siglo XII sería testigo del nacimiento de las universidades. Siempre dentro del marco de la iglesia, los estudios médicos priorizaron el aspecto teórico sobre el prâctico!°. La medicina dejaría de ser considerada indigna y propia de las clases bajas por ser una habilidad empírica o un arte manual, para transformarse en una disciplina culta, especulativa, basada en principios unificadores racionales y apoyada en textos médicos.!! Para evitar la pérdida de estatus, los nuevos médicos se alejaron de las técnicas manuales, ejerciendo su actividad de forma tan cerebral como los abogados o teólogos, orientación que provocaría, a la larga, un abismo entre la medicina especulativa y la manual.!2
A principios del siglo XIII la Universidad ya había reglamentado la profesión de la práctica médica y la concesión de licencias,!3 altiempo que había absorbido los centros como la Escuela Salernitana4 Todos los sanadores que coexistían en la ciudad, desde los barberos y cirujanos que llevaban a cabo curas religiosas o mágicas hasta los algebristas, curanderos, brujas y gentes de todo tipo, en general sin formación, que hacían uso de la magia popular y las supersticiones, se vieron en la necesidad de poseer una licencia.'s Uno de los gremios más afectados por el giro hacia la medicina alfabetizada fueron las parteras, a las que truncaba toda posibilidad de profesionalizacion. Una de las regulaciones las obligaba a derivar los partos difíciles a los médicos varones con licencia, aunque, dado que carecían de entrenamiento obstétrico ni experiencia en los partos, esta obligación se retrasó un poco, de forma que, durante un tiempo, las parteras sumaron quizás un tercio de todas las mujeres profesionales médicas.16
Hasta ese momento los médicos varones habían tenido prohibida la visión y el tacto de los genitales femeninos, pero a finales de la Edad Media este tabú ya no era absoluto y, aunque en toda Europa occidental las parteras seguían siendo las asistentes normativas en los partos sin complicaciones, la atención ginecológica de rutina y la atención obstétrica de emergencia ya eran consideradas un trabajo adecuado para hombres.17 De esta forma, las mujeres sanadoras, educadas en el contacto y la práctica manual centrada en el paciente fueron siendo desplazadas por médicos varones que salían de las universidades cargados de prestigio y ansiosos por ocupar los nichos de trabajo que ellas dejaban vacíos.
Este desplazamiento se vio facilitado porque los pacientes se veían obligados a elegir entre un médico con licencia y una mujer que carecía de ella, por lo que empezaron a considerar sospechosas sus habilidades y tratamientos, de forma que poco a poco fueron siendo apartadas e incluso condenadas por brujería, sobre todo en el mundo rural.18 De esta forma, mujeres que habían podido asistir partos, atender en sus enfermedades tanto a hombres como a mujeres, testificar como expertas ante las cortes judiciales y administrar medicamentos, vieron como su actividad pasó a ser perseguida a partir de la prohibición.19 Dado que no podían acceder a la universidad ni realizar los votos menores clericales requeridos para conseguir la licencia, la sanación legal se fue convirtiendo en un monopolio masculino.29
La Universidad nacía prohibiendo a las mujeres el acceso a una formación reglada, negándoles asi, un privilegio que solo concedía a los varones.2! En el mismo instante en que la medicina se transformaba en ciencia, la Universidad privaba a las mujeres de su derecho a ejercerla.22 Con las sanadoras desaparecía también toda la tradición oral que definía su práctica médica y el resto de las habilidades que constituían la base de la relación paciente-sanador y que se abandonaron cuando ellas dejaron de llevarlas a cabo.23
4. LA RELACIÓN DE LA MUJER CON LA MEDICINA. La situación de inferioridad femenina respecto al hombre ha generado a lo largo de la historia una cierta correlación entre la condición de mujer y la atención médica recibida. En líneas generales, en la antigiedad clásica las mujeres estaban a cargo de un tutor y excluidas de la ciudadanía, como los niños, los esclavos y los extranjeros. El único papel activo que se esperaba de ellas era el de señora de la casa, teniendo la función principal de la reproducción, a través de la cual podían transmitir la ciudadanía a sus hijos, a pesar de que ellas no eran ciudadanas de derecho.24 En la cultura romana estosuponía casarse siendo apenas una niña para convertirse en una esposa y madre dedicada a su familia y a su casa, resguardada del contacto con extraños para asegurar una descendencia legitima.25 En el Salerno de los siglos ХТ y XII, donde vivió Trota, la situación no había cambiado demasiado. Las mujeres pasaban toda su vida bajo la custodia de un padre, marido, hijo, hermano o cualquier otro pariente varón y no era probable que cursaran estudios ni que se involucraran en actividades comerciales; tampoco podían enajenar propiedades e incluso, a diferencia de la ley romana, no podían heredar automáticamente la porción de la propiedad de sus padres que les correspondía, como si que hacían los varones. 26
A pesar de las dificultades planteadas por las costumbres sociales, las mujeres estuvieron presentes en diferentes proporciones en todos los puestos de la amplia comunidad médica formada por médicos, cirujanos, barberos-cirujanos, boticarios y diversos sanadores empíricos, siendo en el nivel de la partería o la medicina doméstica en el que su presencia fue mayor,?7 hasta el punto de que el nacimiento y su manejo eran casi exclusivamente cosa de mujeres28 y solo se recurría alos médicos varones cuando el parto presentaba dificultades, como dejó escrito el médico Sorano de Éfeso (98-138 d.C.), en Gynaikeia.?9. En estos casos, el médico varón, oculto tras una cortina, solicitaba información a la comadrona y le daba instrucciones para actuar, interviniendo únicamente en caso de grave peligro. 3°
Las comadronas, especializadas en embarazos, partos y enfermedades femeninas, seguían unos métodos de actuación apenas modificados a través de los siglos y transmitían sus tradiciones empíricas oralmente, de mujer a mujer.3! Su actuación era de naturaleza práctica, contacto con el paciente, hands-on, buscando la conexión con el enfermo, su tratamiento y la preparación del remedio.3? La llegada de los médicos letrados conllevó un cambio radical de actitud. Ellos entendían la medicina como un ejercicio intelectual en el que su papel era filosofar, por lo que no interaccionabancon el paciente, su relación era lejana, no colocaban un hueso, ni ofrecían medicación; en definitiva, no actuaban. Tampoco lo hacían en el caso de las pacientes embarazadas, pues consideraban el cuidado manual como una merma de su dignidad y autoestima.33
Existían, además, otras dificultades que impedían al médico varón un análisis sereno. Por un lado, el cuerpo femenino era desconocido para la medicina, pues hay que recordar que la mujer ha estado ausente de los dos ámbitos que han favorecido en mayor grado la observación del cuerpo humano: el campo de batalla y el entorno de los gladiadores.34 Por otra parte, el Corpus Hipocrático no permitía al médico observar o manipular directamente el cuerpo de una mujer enferma, sino que la información necesaria se debía obtener a través de las comadronas, o bien de descripciones y sensaciones ofrecidas por las propias pacientes.35 Por si fuera poco, según las convenciones de la sociedad cristiana de la Edad Media, cualquier acceso de un varón a los órganos reproductivos/sexuales de una mujer podía ser visto como un encuentro sexual. Por ello, ver o tocar los órganos sexuales de "la mujer de otro hombre" seguramente también debía provocarle ansiedad y dificultar notablemente que se involucrara en la enfermedad femenina,3 de forma que eludían el contacto íntimo conel cuerpo femenino para evitar la propagación de chismes escandalosos a sus expensas.37
La condición de paciente tampoco debía ser fácil para la mujer.38 Su situación social de sumisión y ocultación de su persona a la mirada de los varones, sumada a un trato condescendiente por parte del médico debía generar vergiienza y otros condicionantes emocionales que dificultaban la comunicación, como se desprende de un párrafo del texto Hipocrático Enfermedades de mujeres, donde se puede leer que "las mujeres están impedidas por juventud, inexperiencia y vergüenza tanto de saber lo que les sucede como de decírselo a un médico en el caso de que lo sepan".39
En suma, los condicionantes masculinos y femeninos, debieron dificultar e incluso reducir la atención médica a las mujeres, como se aprecia en el análisis de las obras médicas del periodo romano que ofrece Patricia Gonzâlez4° en Soror, donde a través de los casos presentados de pacientes y las reflexiones concretas sobre el cuerpo humano se detecta menor interés por ellas, sus problemas médicos y sus cuerpos, lo que se traduce en menor atención médica con respecto a los varones.
5. LA ESCUELA MÉDICA SALERNITANA. Salerno, ciudad portuaria e importante punto de intercambio cultural entre Oriente y Occidente, poseía unclima favorable para el tratamiento de enfermos y convalecientes y una población con capacidad económica para pagar los servicios de unos médicos de creciente sofisticación, lo que propició el nacimiento de la Scuola Medica Salermitana,4 cuya fundación se sitúa hacia mediados del siglo X.42
Se desconoce si el origen de la Escuela fue secular o eclesiástico, aunque algunos de sus primeros médicos eran clérigos y a ellos se deben traducciones de obras clásicas que resultaron fundamentales para la Escuela, destacando las del médico Alphanus, arzobispo de Salerno entre 1058 y 1085 y las de Constantino el Africano, monje en la abadía de Monte Cassino durante el s. XI cuyo dominio del árabe le permitió traducir al latín numerosas e importantes obras.43
Con el tiempo, la relación con la iglesia fue desapareciendo y en el siglo XII la mayor parte de practicantes ya eran legos44 que, además de enseñar al alumnado de la escuela, atendían enfermos.45 Estos médicos adoptaron el título de Magister, el mismo utilizado por los abogados y teólogos 46 y, basándose en las traducciones de los clásicos, escribieron numerosos textos médicos conocidos de forma genérica como Practica, además de comentarios sobre textos médicos al estilo de los clásicos. El uso de un discurso científico y métodos racionales de análisis evidencia una profunda diferencia con los médicos de unos siglos anteriores, desinteresados de la parte natural de la filosofía. La mayor parte de literatura médica se produjo en el siglo XII, el momento de mayor esplendor de la Escuela, que daría a Salerno la fama que alcanzó como Civitas Hippocratica.47 Estos textos serían utilizados como manuales en la educación médica formal48 y, con el tiempo, conformarían la base de la enseñanza en las universidades de Salerno, Nápoles, París, etc., hasta entrado el siglo XVI.49
Sin embargo, el principal rasgo distintivo de la Escuela lo constituye la presencia de mujeres que practicaban la medicina junto a los hombres. Eran conocidas como mulieres Salernitane, trataban pacientes de ambos sexos, llevaban a cabo tratamientos similares y prescribían los mismos medicamentos.59 Entre ellas, en este contexto social y médico de la Edad Media en el entorno de la escuela de Salerno vivió Trota, una sanadora de la que hablaremos a continuación.
6. ¿QUÉ SE HA DICHO DE TROTA SALERNO? Las primeras noticias que nos llegan de Trota proceden de los trabajos de búsqueda y recuperación dirigidos por Salvatore de Renzi en el siglo XTX. Sus hallazgos, publicados de forma bastante acrítica, sirvieron como punto de partida para autores posteriores, 5! que forjarían una biografía según la cual Trota fue una mujer de gran belleza perteneciente al prestigioso linaje de Roger de Parma, por lo que también era conocida como Trota de Ruggiero. Habría vivido en el Salerno del siglo XI y fue la primera mujer registrada como médico en la historia de la medicina. Estuvo casada con Ioannes Platearius, el magister más famoso de Salerno, con quien tuvo dos hijos, que también fueron médicos brillantes, Ioannes y Matthæus. Escribió el tratado conocido como Trotula, la obra más popular sobre medicina de mujeres y problemas cosméticos entre 1250 y 145052 y enseñó como Magistra Medicinae en la escuela médica "coeducativa" de Salerno,53 llegando a alcanzar tal fama que, a su muerte, en 1097, la habría acompañado una multitud en su funeral por las calles de Salerno, en una procesión de dos millas de larga.54
La autoría de Trota había sido puesta en duda por primera vez en 1566, cuando el editor Hans Kaspar Wolf atribuyó el tratado a Eros Julie, un médico liberto de la emperatriz Julia.55 Esta opinión fue desautorizada por falta de evidencias5% y no volvieron a manifestarse sospechas sobre Trota hasta principios del siglo XX, cuando diversas evaluaciones del trabajo de De Renzi visibilizaron las asunciones acríticas y carencias de sus publicaciones,57 lo que desembocó en una controversia entre investigadores que condujo a dos posiciones enfrentadas, a favor y en contra de la existencia de Trota y su autoría del compendio Trotula. Algunos investigadores se negaron a admitir que Trota hubiera escrito el compendio basándose en la situación social de la mujer en la Edad Media, por lo que otorgaron la autoría a un varón llamado Trottus.58 Sustentaban esta atribución en que algunas páginas del manuscrito Trotula contienen la rúbrica "Trot" y defendían que el título, Trotula, se habría derivado del nombre del autor, siguiendo la costumbre habitual de las escuelas italianas.59 Si bien esta hipótesis eliminaba el problema de la autoría femenina, planteaba una dificultad mayor: la falta absoluta de evidencias sobre un médico llamado Trottus.60
El segundo argumento esgrimido para negar la existencia de Trota fue su presencia en el folclore popular. En una de sus sátiras, el trovador francés del siglo XIII, Ruteboeuf, relata que un curandero y vendedor de hierbas dice al gentío que ha reunido: "Buenas gentes, no soy un predicador, uno de esos herboristas haraganes... todo lo contrario, vengo a vosotros en nombre de la Dama Trota de Salerno"." Esta descripción de una situación realista evoca a Trota como una autoridad médica, con la pretensión de generar impacto sobre el público presente, % lo que pone de manifiesto su enorme reputación y popularidad. En el siglo XIV Chaucer la introdujo en Inglaterra, incluida entre las autoridades de La Comadre de Bath, de los cuentos de Canterbury63 y en España se metamorfosearia en la Trotaconventos del Libro del Buen Amor, del Arcipreste de Hita.64 Con el tiempo se convertiría en la DamaTrot de algunas canciones inglesas infantiles.65
El matrimonio Singer (1924) utilizó las citas del folclore para reducir a Trota a un personaje de ficción, afirmando que "la buena esposa Trotula hace tiempo que entró en loscuentos de hadas como "la Dama Trot' y ha sido conocida en cada guardería durante cientos de años".66 Según Bayon," los Singer sugirieron que Trotula había sido escrito en realidad por Trotus, pero se le había atribuido a Trota a causa de la naturaleza voyeurista®® de sus observaciones, por lo que concluyeron que: "La situación no está exenta de humor e incluso se desvanece en la nada la primera mujer profesora, de cuya vida una vez intentó escribir un ilustre historiador médico".
Las palabras de los Singer encontraron eco en una publicación encontrada en la Bibliotheca Osleriana (1929), que alberga la mejor colección de libros médicos de Canadá, en la que se puede leer: "la primera mujer profesora ha sido privada más que de su silla por el poco caballeroso destructor de mitos, C. Singer. La buena esposa Trotula hace tiempo que pasó a los cuentos de hadas como la Dama Trot...iAy! Ella tampoco tenía existencia real.59 La discusión llegó incluso a merecer una entrada en la Historia de la Medicina de Krumbhaar (1941): "Es interesante que esta mujer doctor Salernitana tenía una cierta popularidad en la literatura antigua inglesa con el nombre de Dama Trot, la Dama Trota del médico trovador medieval Ruteboeuf del siglo XIII".70 Todavía hubo un tercer motivo para rechazar la existencia de Trota. Beryl Rowland71 propuso que el titulo del compendio derivaba del verbo francés trotter "ir de acá para allá" y estaba asociado a la Vieja que aparece en el Romance de la Rosa. Su convicción la llevó a cerrar su artículo con la frase: "...aunque hubo mujeres que ejercieron la medicina en la Edad Media no hay evidencia de que Trotula fuera una de ellas ni tampoco de que tuviera un impresionante funeral seguido por una procesión de dolientes de dos millas de largo. Mis hallazgos no añaden otro proverbial clavo, sino que la privan incluso de su ataÛd.72
En contra de todas las opiniones anteriores, la obstetra y tocóloga Kate HurdMead utilizó todas las referencias en las que, a través de cinco siglos, se la citaba y alababa para reivindicar a Trota.73 Según Hurd-Mead74 el nombre de Trotula había sido encontrado en el registro de la iglesia de Salerno de finales del siglo XI y Bernard de Provenza, magister en Salerno entre 1150 y 1160 la había elogiado, además de incorporar parte del material de ella al suyo propio. Hurd-Mead75 también la citó como autora de Trotula en su Historia de las mujeres en Medicina, además de justificar la existencia de algunos manuscritos anónimos en base a la falta de cuidado delos copistas con el nombre de los autores." En cuanto a la errónea atribución de Trotula al liberto Eros Juliæ, la achacó a una supuesta "dificultad de descifrar los manuscritos y la ignorancia de los cajistas respecto al tema de la copia y el lenguaje".77 Su defensa cerrada de Trota la llevó a describir su trabajo enlos siguientes términos: "Para cualquier mujer médico del siglo XX, por lo tanto, no parece haber ninguna buena razón paranegar que un libro que posee toques tan decididamente femeninos como el de Trotula fue escrito por una mujer. El libro evidencia la suave mano de una mujer médico en cada página".78
Las notables inconsistencias del trabajo de Hurd-Mead no soportaron las investigaciones posteriores e incluso Benton79 las desaprobó, afirmando que "él no veía la mano suave de una mujer en estos textos". Sin embargo, el entusiasmo de HurdMead sirvió para dar a conocer a Trota y actuó como fuente de inspiración para otras mujeres, hasta el punto de que es una de las treinta y nueve mujeres famosas que son celebradas en el Dinner Party, la obra de Judy Chicago expuesta en el Brooklyn Museum.8 La polémica, que se mantuvo viva durante años, se ha ido apagando a medida que nuevos estudios han reconocido la existencia de Trota y los textos de medicina que escribió.
7. ¿QUÉ SABEMOS EN REALIDAD DE TROTA? Los datos biográficos tejidos en torno a la figura de Trota fueron calificados por Benton 81 como "afirmaciones infundadas creadas en gran parte por aficionados entusiastas e historiadores locales". En efecto, la relación de Trota con la importante familia Ruggiero fue aceptada como un hecho incuestionable desde que apareció por primera vez, sin justificar, en un documento encontrado en Salerno.82 Que Trota fuera la madre de Matthæus y Ioannes Platearius es una conjetura del propio De Renzi, establecida en base a una cita encontrada en el herbario del siglo XII Circa Instans, atribuido a Matthæus, en la que se afirma que la madre de los dos hermanos es médica. De Renzi consideró improbable que en Salerno hubiera al mismo tiempo dos distinguidas mujeres médicas, por lo que pensó que Trota y la madre de los Platearius podían ser la misma persona. A pesar de que la suposición es plausible, no parece suficiente para que Hurd-Mead83 escribiera que, según Matthæus, su padre "había escrito con ayuda de ella un libro para curar la enfermedad" y que "había afirmado orgullosamente que su madre había cuidado mujeres enfermas como 'magistra', no como empírica".
La afirmación de que Trota vivió en el siglo XI se sustenta en un fragmento de la Historia Eclesiástica del benedictino Ordericus Vitalis, escrita en el siglo XII. En ella se narra que el famoso médico y monje normando Rudolph Mala-Corona habría viajado en 1059 a Salerno, donde "había encontrado a una sapiens matrona a quien no pudo igualar ni en debate ni en argumentaciôn".84 A pesar de que el texto no cita el nombre de esta docta mujer, Benton85 considera que los historiadores aplicaron el principio de economía, asumiendo que se trataba de Trota simplemente por falta de referencias acerca de otra sapiens matrona en el Salerno del siglo XI.
De Renzi hizo referencia, como ejemplo de la existencia del nombre "Trota" en el siglo XI, a un acta de 1097 en la que Roger (Ruggiero), señor del castillo de Montuori, hizo una donación al monasterio de Cava liberando el usufructo de su madre Trota.86 Hurd-Mead87 modificó la referencia y llegó a afirmar que "había dejado una donación para su noble madre, Trotta, que podría haber muerto aquel mismo año". Elizabeth Mason-Hohl,88 autora de la primera traducción de Trotula al inglés, utilizó seguramente este dato para afirmar que Trota murió el año 1097 y añadió la idea de una procesión en su funeral, además de manipular el texto en algunos puntos, introduciendo un "Yo, Trotula", inexistente en el texto original.89 Por último, la afirmación de que Trota hubiera enseñado en la Universidad de Salerno carece de sentido porque no se puede hablar de profesorado antes del siglo XIII, cuando la escuela asumió su estatus legal.9° Todo ello nos lleva al manuscrito de Trotula como única fuente segura para encontrar pistas de Trota y a esta obra nos remitiremos en lo que resta del trabajo.
8. ¿QUÉ CONTIENE EL COMPENDIO TROTULA? Además de ser el tratado de ginecología más leído de la Edad Media, Trotula posee gran importancia por razones de diferente índole: Ofrece el primer intento de síntesis de las tradiciones latinas y árabes del pensamiento ginecológico, no solo diferentes sino en muchos aspectos, incompatibles;91 también puede considerarse el primer escrito de la era cristiana que enfoca la obstetricia desde el punto de vista del médico practicante"? y, sobre todo, su atribución a Trota, una mujer, lo hace único entre los textos ginecológicos latinos medievales tardíos.93 El compendio Trotula fue atribuido a Trota de forma natural durante la Edad Media porque, al menos hasta el siglo XIV, el conocimiento del cuerpo de una mujer solo podía provenir de una autoridad femenina.%4 Su génesis se sitúa entre finales del siglo XI y principios del XII (Tuttle, 1976) y en realidad, está formado por tres tratados, el Liber de Sintomatibus mulierum, el De ornatu mulierum y el De Curis mulierum, de los que existen numerosas copias, cuyo análisis permite afirmar que proceden de autores diferentes.
Existen dos versiones diferentes del primer tratado, siendo la segunda, el Liber de Sintomatibus mulierum, la más difundida. Ambas son anónimas, aunque la presencia de citas y traducciones de autoridades clásicas permiten deducir que proceden de dos autores cultos, manifestando el segundo de ellos rasgos más elegantes e incluso, en ocasiones, poéticos.% Se trata de un trabajo del tipo conocido como Practica, una especie de vademécum que describía las enfermedades del cuerpo entero y su terapia siguiendo un orden, de la cabeza a los pies.' El texto se caracteriza por la ausencia de contenidos de carácter empírico y la falta de manifestaciones de trato personal con el paciente en la descripción de las curas y los tratamientos, sobre todo en la segunda versión, lo que refleja la distancia del cuerpo de las mujeres y un marcado carácter hands-off, de no intervenciôn.97 Todo ello sugiere autoría masculina, idea que se refuerza en el prefacio a la segunda versión donde el autor afirma que "especialmente por el bien de cierta mujer, mi alma fue incitada a proveer algún remedio para sus enfermedades".98
En el mismo prefacio manifiesta que se vio obligado a escribir el libro porque "avergonzadas por su frágil condición y por las enfermedades que les afectan en una zona tan privada, las mujeres no se atreven a revelar su angustia a un médico masculino". Esta frase, sumada al elevado nivel teórico y el tono hands-off, sugiere que el texto no está escrito para comadronas sino para médicos varones, que van a mantener sus manos alejadas del cuerpo femenino,9 y a los que, tal vez, el autor pretendía aleccionar para evitar que presionaran a las pacientes femeninas con cuestiones que pudieran generarles vergiienza.100
El segundo tratado, De ornatu mulierum es, como el anterior, una Practica, que ofrece técnicas ordenadas para mejorar la piel, pelo, cara, labios, dientes y genitales de la mujer. El texto explica en detalle la elaboración y aplicación de los preparados cosméticos, 19! sin incidir en apartados teóricos o citas a los clásicos, puesto que no existía una tradición previa en la que poder inspirarse.102 En cambio, sí que cita algunas actividades llevadas a cabo por las "mujeres salernitanas" e indica que algunos de los preparados proceden de las recetas de las "mujeres Sarracenas",103 reflejando con ello el intercambio producido entre culturas, a pesar de que no existía una coexistencia pacífica entre cristianos y musulmanes.!°4 El texto posee un nivel elevado de latín, está muy bien organizado y apoyado en citas culturales, lo que sugiere que ha sido escrito por un varón que ha recibido buena educación. Esta idea se refuerza en la introducción, en la que el autor afirma que escribe porque, con frecuencia, las mujeres le piden consejo sobre temas de belleza y por eso se dirige a una audiencia femenina.105 Sin embargo, el nivel del libro indica que no está pensado para mujeres, sino para otros médicos que desean acceder a este conocimiento especializado para poder dispensarlo a una población más o menos iletrada.106
Este tratado resulta interesante porque su existencia ofrece un claro ejemplo de cómo y por qué los médicos varones ocuparon un espacio que hasta ese momento había sido femenino. En él el autor admite que su conocimiento sobre este tema es empírico y tiene origen femenino, pero se apropia de él y lo hace suyo como una prueba más de su conocimiento médico general. Al vestirlo con los ropajes del conocimiento culto, lo dota de un halo de autoridad superior al que poseen las dueñas originales del conocimiento, que quedan, por tanto, en una situación irrelevante.107
El tercer tratado, De curis mulierum, es el más simple de los tres. Está dedicado mayoritariamente a temas médicos, como el primero, aunque a diferencia de aquel, incluye bastante información sobre cosmética.108 El texto se presenta como una colección desorganizada de curas sin orden ni relación entre ellas!°9 y carece de rasgos eruditos, lo que se manifiesta en el estilo del latín utilizado y la ausencia tanto de terapias noveles como de citas de autores clásicos.19 Sí que nombra, en cambio, a algunos magistri, como Copho o Ferrarius, a las mulieres Salernitane y a Trota.!"! Todo ello sugiere que el autor de De curis mulierum es diferente al de los otros dos tratados!!2 y que se trata de una persona tal vez marginalmente alfabetizada.113
Una característica muy importante de este tratado es que ofrece el espectro de problemas femeninos más amplio entre los textos médicos de la Edad Media, además de que en él se manifiestan no solo preocupaciones médicas, sino también mundanas, como por ejemplo, recetas para labios agrietados por haber besado demasiado. A lo largo del texto el autor habla de las curas y tratamientos en primera persona del plural, además de hacer referencia a remedios comprobados por profesionales, evidenciando así su experiencia práctica de la medicina y un acceso al cuerpo humano femenino que ningún varón podría haber tenido.4
El análisis de la descripción de curas y otras observaciones textuales permite apreciar tanto la ausencia de la figura de la comadrona como una relación directa entre el médico/narrador y la paciente femenina, a cuyo cuerpo tiene acceso directo (vetado a los médicos varones). Todo ello indica que el autor no necesita intermediarios, ni siquiera para realizar los procedimientos manuales más íntimos, tanto de hombres como de mujeres, por lo que se puede considerar que se trata de una mujer que atiende a personas de ambos sexos.115 Esta afirmación se ve reforzada en un parrafo en el que la autora se incluye en un grupo de mujeres que van a guardar un secreto: "Hay algunas mujeres a las que va mal en el parto, y esto sucede por la ineptitud de quienes las asisten. Pero que esta observación siga siendo nuestro secreto entre mujeres". 116
Finalmente, en algunos puntos del texto se pone de manifiesto su autoridad al ordenar a los ayudantes que realicen las tareas manuales de atención directa a las mujeres, reflejando así que la única función de la persona que escribe es curar.117Por todo ello, pese a que Benton118 consideró que el autor era un varón, Green19 afirmó que De Curis mulierum fue escrito por una mujer, Trota, practicante experta, que escribe para otros especialistas médicos, no para parteras.120
En suma, los tratados que constituyen el compendio llamado Trotula fueron escritos por tres personas diferentes, siendo admitido por consenso que dos de ellos son anónimos, mientras las investigaciones de Green!?! llevan a afirmar que habría sido escrito por Trota. Con ello, la pregunta que se abre es: si Trota solo escribió uno de los tratados, ¿por qué dio su nombre al compendio completo?
9. ¿POR QUÉ DIO SU NOMBRE A TODO EL COMPENDIO? Para responder a esta pregunta se hace necesario revisar previamente la genealogía de la obra. De los tres tratados solo se conoce con exactitud su origen independiente y que hacia finales del siglo XII ya existían diferentes copias de todos ellos,22 que seguirían circulando por distintos lugares de Europa hasta finales del siglo XV, cuando apareció el libro impreso.123 Mientras el De curis mulierum fue atribuido, ya desde los manuscritos más antiguos, a una mujer sanadora llamada Trota, el Liber de Sintomatibus mulierum y el De ornatu mulierum fueron anónimos desde que se tiene constancia de ellos.124
De forma paralela, Trotula nació a finales del siglo XII, cuando un editor anónimo reunió en un compendio una versión de cada uno de los tratados individuales, sobre los que realizó algunas modificaciones, como ligeros cambios en la redacción, adición dematerial nuevo de otros autores y reorganización de algunos capítulos.125
En el manuscrito más antiguo que se conserva, la compilación es presentada como la Summa que dicitur Trotula (el Compendio que es llamado Trotula).:26 Cabe suponer que el editor puso como título Trotula porque era el único nombre que tenía a su disposición, ya que dos de los tratados eran anónimos y en el tercero, que estaba atribuido a Trota, se citaba su nombre, asociado a unacuración de éxito. Según la norma habitual de la época, para dar nombre a un texto de este tipo se añadía un sufijo al nombre del autor. Trota, o Trocta, era un nombre corriente en el sur de Italia a finales del siglo XI y de él se derivó el título Trotula, que literalmente significa "pequeña Trota".!27 A partir de ese momento, el compendio fue conocido como Trotula, aunque también como Trotula major, cuando se presentaba el Liber de Sintomatibus Mulierum por separado y Trotula minor cuando se recogían en una unidad el De ornatu mulierum y el De curis mulierum.128
A principios del siglo XIII ya se habían equiparado el título y el nombre de la autora,a la que se adjudicaba el compendio completo, adjetivándola, a veces, como magistra, para subrayar su estatus como autoridad médica. También se había cambiado el nombre de Trota por el de Trotula en la referencia interna de De curis mulierum en la que se citaba su éxito en una cura.129 Tras diferentes ediciones del compendio, a mediados del siglo XIII apareció la que seria su última revisión importante, un Trotula estandarizado que volvía a los textos originales, modificaba algunas recetas y, lo más importante, regularizaba los capítulos y las rúbricas, entre ellas, la más clarificadora, que abre el compendio encontrado en Preslavia: "liber de passionibus mulierum secundum Trota (El libro de las enfermedades de mujeres según Trota).3% Esta versión, que contenía las enfermedades femeninas acompañadas de un posible remedio para cada una de ellas, fue utilizada también como un trabajo básico de referencia sobre fertilidad, del que se realizaron varias ediciones en numerosos idiomas, llegando a ser el libro de mayor circulación sobre ginecología y problemas femeninos durante el siglo XTV.131
En 1544, George Kraut, publicó la editio prínceps de Trotula en un volumen que tituló De passionibus mulierum (De las enfermedades de las mujeres).132 Aunque Kraut apenas modificó los textos de los manuscritos que utilizó, como humanista debió encontrar el conjunto muy desordenado, porque lo reestructuró, reorganizó las partes dispares en sesenta y un capítulos y eliminó las redundancias. Con ello, se obtenía un Trotula muy ordenado, pero al mismo tiempo habían desaparecido en él todas las distinciones estilísticas y con ellas las pistas de las diversas fuentes y autoría de los originales.133 Kraut se concedió también la licencia de alterar la parte del prólogo del Liber de Sintomatibus Mulierum en la que el autor revelaba su género masculino, bien porque al hacerlo eliminaba cualquier indicio que pudiera contradecir que "Trotula" era la única autora!34 bien porque consideró que mantener el nombre de la médico femenina más conocida daría mayor credibilidad o aceptación al compendio.135 Tanto si fue por estas motivaciones o cualquier otra, el resultado obtenido fue tan convincente que todas las reimpresiones posteriores de Trotula se basaron en la compilación de Kraut, con lo que la historia medieval de los textos quedó ocultatsé hasta que terminó desembocando en la enorme controversia delsiglo XX sobre la autora de Trotula desarrollada en un apartado anterior.
10. ¿QUÉ EVIDENCIAS SE CONSERVAN DE LA EXISTENCIA DE LA OBRA DE TROTA? Existen dos evidencias sólidas de la existencia de Trota y su actividad en la escuela médica de Salerno. La primera es una Practica atribuida de forma explícita a Trota en dos ocasiones. Se encuentra en el manuscrito de Madrid, que se conserva en la Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid y pasó desapercibido para los investigadores de habla inglesa hasta que fue citado por Benton.137 Este manuscrito, escrito hacia el año 1200, contiene una colección de textos médicos salernitanos entre los que se encuentran algunas traducciones de Constantino el Africano, un tratado del magister Johannes de Sancto Paulo y la Practica secundum Trotam (Práctica según Trota), que comienza con la frase "Según Trota, para provocar la menstruación ...". Tras algunas páginas de remedios y consejos médicos relacionados con la ginecología, el cuidado de los niños, belleza y una serie de temas de salud relativos tanto a hombres como a mujeres, el escriba identifica de nuevo a la autora en la rúbrica posterior "Practica secundum Trotulam",'38 por lo que esta Practica se puede atribuir a Trota sin ningún género de dudas.
Prácticamente la mitad del material que conforma el manuscrito de Madrid aparece también en el códice de Breslavia, datado también hacia el año 1200, por lo que la comparación entre ambos compendios permite establecer importantes conclusiones, como se verá a continuación. El códice de Breslavia, conocido también como De aegritudinum curatione, contiene la versión más antigua que se conoce del manuscrito Trotula,!39 además de una traducción del Viaticum, de Constantino, diferentes manuscritos de un grupo de maestros salernitanos, identificados en las rúbricas y anotaciones marginales como Ioannes Afflacius, Copho, Petrocellus, Platearius, Bartholomeus y Ferrarius, y otros trabajos de los que no se indica el autor.140
Para facilitar la comparación entre ambos compendios, la figura 3 muestra los diferentes manuscritos descritos en las explicaciones expuestas a continuación. En ella se representan las coincidencias con el mismo color, ayudando así a seguir visualmente las coincidencias que permiten adjudicar a Trota la Practica secundum Trotam.
En primer lugar, una Practica, que era anónima en el códice de Breslavia, aparece atribuida en el manuscrito de Madrid a J. de Sancto Paulo, lo que permite atribuirla a este autor. Por otra parte, en base al análisis paleográfico de estilo y contenido, tres capítulos dela Practica secundum Trotam (en la figura 3, "3 caps") no se pueden atribuir a Trota. Las características estilísticas de dichos capítulos, que en el códice de Breslavia son anónimos, permiten atribuirlos al magister salernitano Copho, aunque se trata de una afirmación no concluyente.141
Otros dos capítulos de la Practica de Trota (en la figura Cap. I y Cap. II) coinciden con otros dos del códice de Breslavia en los que aparece la rúbrica "Trot" o "Tt", lo que permite identificar a Trota como autora. También hay otros capítulos en la Practica del manuscrito de Madrid que coinciden o bien con secciones anónimas del códice de Breslavia o bien están situados tras finalizar el trabajo de otro autor, por lo que tampoco existe impedimento para atribuirlos a Trota.!42 Por último, tanto el códice de Breslavia como el manuscrito de Madrid contienen capítulos que no aparecen en el otro compendio, lo que indica que ambos fueron extraídos de un texto más largo y esto nos permite afirmar que la Practica secundum Trotam habría sido similar en su forma y tamaño a las del resto de maestros salernitanos.43 Todo ello pone de manifiesto que, al menos para el compilador de este trabajo, Trota podía compartir espacio con el resto de magistri salernitanos porque se encontraba al mismo nivel que ellos.!44
Las aportaciones del manuscrito de Madrid van más allá y permiten volver sobre una de las justificaciones utilizadas para negar la existencia de Trota. Así, cabe recordar que Hiersemann,'45 había utilizado los extractos del códice de Breslavia marcados con la rúbrica "Trot" para establecer que el autor del tratado era el médico varón Trottus,146 aduciendo su falta de interés por las cuestiones relacionadas con la medicina de mujeres (Benton, 1985).47 La comparación entre algunos capítulos del Practica con los capítulos anónimos del códice de Breslavia dedicados a enfermedades femeninas permite atribuirlos a Trota, lo que deja carente de sentido esta motivación no paleográfica.
Al mismo tiempo, resulta interesante señalar que Hiersemann había cualificado al supuesto Trottus como un profesional experto, basándose en la calidad y variedad de temas tratados así como en lo adecuado de sus terapias, lo que ofrece la paradoja de que la evaluación más positiva del trabajo de Trota procede, precisamente, de una persona que negó su existencia.148
Hiersemann también observó que el escriba del códice de Breslavia identificaba en los márgenes a cada autor con la abreviatura de su nombre precedida por una M, con el significado de magister; por ejemplo, M. Plat indica Magister Platearius. Sin embargo, hizo notar que en ninguna de las rúbricas de "Trot" aparecía la M, de lo que dedujo que, tanto si era hombre como si era mujer, "Trot" no era un magister.149 Esta falta de la "M" se explica a través del análisis del contenido de la Practica, que representa la tradición de las comadronas159 y en ella Trota aparece como una consumada empírica, combinando el conocimiento de las terapias tradicionales con las nuevas que ella misma ha observado o creado. Este empirismo unido a la notable ausencia de reflexiones teóricas sobre las causas de la enfermedad o los procesos del cuerpo humano incita a situar a Trota en los márgenes de la medicina letrada.151
Por último, la comparación entre esta Practica y el De Curis Mulierum que forma parte de Trotula permite afirmar que ambos trabajos fueron escritos por la misma persona, puesto que hay una correspondencia completa tanto de procedimientos básicos como de materia médica.152 Al mismo tiempo, el De Curis Mulierum manifiesta un nivel de medicina académica culta más elevado, además de ser más sistemático y preciso. Aunque estas características llevaron a Benton153 a afirmar que Trota no era la autora del De Curis Mulierum, Green's4 afirma que sí que lo es y que las diferencias evidencian la lógica evolución de la autora, tanto en el aspecto práctico como en el conocimiento del discurso médico.
11. SEGUNDA EVIDENCIA DE LA EXISTENCIA DE TROTA. La segunda evidencia de la existencia de Trota aparece en el tratado De CurisMulierum, que se considera escrito por la propia Trota. En él se relata que una joven iba a ser operada de una ruptura intestinal,155 pero sospechando que habia sido mal diagnosticada "[...] Trotula fue llamada por consenso, casi como si fuera una asesora experta".155 Cuando llegó, Trota puso en duda el diagnóstico inicial, se llevó a la joven a su casa, donde la examinó, le diagnosticó ventositas matricis (flatulencias en el útero), y la trató hasta que estuvo curada.!57
El primer aspecto que llama la atenciôn del texto es que Trota fue llamada por consenso. Si nos atenemos a las costumbres sociales de la época, debemos suponer que el acuerdo fue alcanzado entre el padre y/o el marido ademas del médico o médicos varones presentes, lo que ofrece un indicativo de la sólida reputación de Trota. En un manuscrito más antiguo, para la misma frase se utilizan las palabras "Unde contingit quod Trota vocata fuit tanquam magistra" (de ahí que llamaron a Trota, por así decirlo, una magistra). Según Benton!s8 la palabra magistra, forma femenina de magister, es tan inesperada en un contexto médico de esta época, que podría considerarse un neologismo. También considera que el uso de la palabra tanquam supone una singularidad dado que se usaba como término para aplicar a algo que no se llamaba propiamente así. Por todo ello, existe consenso para afirmar que la frase señala a Trota, una mujer que no era propiamente una magistra, pero cuya gran reputación hacía necesario utilizar un término inusual para expresar su situación: una mujer cuya experiencia era equiparada con la de los médicos de Salerno y que apuntaló su reputación al conseguir una sanación ginecológica donde los médicos varones habían fracasado.159
12. OTRAS CONSECUENCIAS DEL ANÁLISIS PALEOGRÁFICO DEL MANUSCRITO DE MADRID. El análisis paleográfico utilizado por Green: le permite señalar que, mientras todo el relato está escrito en primera persona del plural, "nosotras/os", la autora describe su triunfo médico en tercera persona del singular "él/ella", en lugar de situarse como protagonista de la acción. ¿Por qué una persona que estaba describiendo su victoria no utilizó el "yo"? Green!61 plantea la hipótesis de que De Curis Mulierum no fue escrito por la propia Trota sino por una о más personas que aprendían con ella e iban plasmando sus enseñanzas a partir de relatos orales, de ahí el uso de la tercera persona. Esta suposición viene apoyada por un par de razones, siendo la primera la aparición, en las distintas versiones del texto, de diferentes sinónimos para citar enfermedades o plantas terapéuticas. El segundo indicador que refuerza esta idea se encuentra al final de la copia más antigua "Probata hec omnina hic notata, teste Trota (Todo lo que está aquí anotado ha sido constatado, Trota es testigo)". La frase sugiere que Trota estaba viva cuando el texto fue escrito y, con ella, certificaba la exactitud de la transcripción y garantizaba su autenticidad.163
Así pues, podemos concluir que el corpus de fragmentos pertenecientes a Trota muestran que escribió una Practica que la igualaba a los Magistri Salernitanos, pero quedó relegada al olvido durante mucho tiempo y, sin embargo, se hizo famosa por el compendio Trotula, que le fue atribuido a pesar de que solo había escrito una parte. El análisis de su obra permite afirmar que fue una sanadora notable, pero empírica, seguramente en los límites de la medicina culta, hábil para resolver todo tipo de problemas médicos, tanto masculinos como femeninos, ya que solo alrededor de la cuarta parte de susescritos está dedicado a problemas ginecológicos y obstétricos, dedicando el resto a diferentes enfermedades, fiebres, heridas y desórdenes.164 Su posición le otorgó capacidad para dar órdenes a determinados subalternos y estuvo rodeada de aprendices que recogieron por escrito sus conocimientos, tal vez a las ya citadas mujeres salernitanas, que dan pie a afirmar que, además de Trota, hubo otras mujeres.
13. TROTA NO FUE LA ÚNICA. OTRAS IMPRONTAS FEMENINAS EN LA MEDICINA MEDIEVAL. La hipótesis de Green señalando que el tratado De Curis Mulierum da voz a una mujer, con independencia de que sea Trota, nos lleva a hipotetizar sobre los posibles motivos que la llevaron a escribir. Su estilo y el elevado pragmatismo de sus contenidos señalan que su objetivo no era teorizar, por lo que es plausible pensar que deseaba poner en valor unas terapias que, por propia experiencia, sabía que eran efectivas. Al mismo tiempo, el De Curis Mulierum supone un intento de superación de las formas orales de transmisión del conocimiento utilizadas tradicionalmente por las comadronas. El texto saca así a la luz a las mujeres salernitanas, una comunidad de mujeres más o menos alfabetizadas, capaces de instruirse con él, lo que lo convierte en un texto Ûnico.!65 De estas mujeres se ha escrito que, al igual que los magistri, enseñaron en la escuela médica de Salerno, aunque es más probable que se tratara de un grupo de comadronas sin conexión con la escuela, tal vez familiares de médicos, que podrían haber acudido a alguna clase y tener algún tipo de conocimiento médico.166 Green!67 afirma que eran conocidas por la calidad de sus tratamientos herbales. A finales del siglo XII Bernard de Provenza se refirió a ellas en sus Commentarium como expertas en la preparación de remedios para diversas enfermedades y cosméticos para las nobles salernitanas.168
También sabemos que participaban en las sanaciones porque algunos magistri salernitanos las citan en diferentes ocasiones. Por ejemplo, en la Practica de Platearius aparecen como encargadas de la expulsión del menstruo, tarea que suponía una gran responsabilidad porque, en determinados contextos, podría interpretarse como abortiva, loque suponía dejar en sus manos el control de la fertilidad de la paciente. 169 Las mujeres salernitanas son citadas en Trotula en más de una docena de ocasiones, poniendo el acento en que desarrollan diferentes actividades en las que se describen sin complejos sus conocimientos empíricos.170
Además de Trota y este grupo de mujeres sanadoras, a pesar de que han quedado pocos rastros, hay evidencias que apoyan que en el Salerno de los siglos XI y XII hubo otras mujeres, como la sapiens matrona del relato de Ordericus Vitalis, la madre médica de los Platearius, citada en el Circa Instans, o una cierta Berdefolia, medica, mencionada en ellistado de difuntos de 1155 de una parroquia de Salerno.171
En los siglos posteriores siguieron formándose mujeres en la escuela Salernitana, entrelas que destacaron Rebeca de Guarna, Francesca di Roma, Abella de Salerno, Mercuriade de Salerno, Constanza Calenda!72 o Clarice Durisio.!73
Sin relación con la escuela salernitana, pero de la misma época, son conocidos los trabajos de la polímata alemana Hildegarda de Bingen (1098-1180) que, entre sus numerosas actividades escribió sobre temas de ciencia, como el Physica, donde muestra sus conocimientos acerca de las plantas y sus propiedades curativas; también sobresalió la monja alsaciana Herrad von Lansperg (fallecida en 1187), autora del Hortus deliciarum.174 Aunque la exposición de los méritos de todas ellas es, sin duda, interesante, la falta de espacio obliga a dejar su estudio pendiente para otro trabajo.
14. EPÍLOGO. Los primeros rasgos biográficos atribuidos a Trota en el siglo XIX alababan su belleza e inteligencia, la nobleza de su linaje y su estructurada familia, en la que tanto su esposo como sus hijos eran notables médicos. Un análisis riguroso posterior puso de manifiesto que se trataba de una biografía impostada, edulcorada hasta el punto de ensalzar la supuesta belleza de Trota, manifestación que Tuttle:75 calificó como fruto del pensamiento de la sociedad patriarcal clasista del momento. Tal vez este mismo pensamiento llevó a diferentes autores a negar la existencia de Trota aun cuando no se manifestaron recelos sobre ningún otro médico salernitano. Esta diferente perspectiva me despertó la misma duda que se planteó Kate HurdMead:176 Si nadie ha negado que hubiera mujeres enseñando en Salerno ¿por qué se puso en cuestión la identidad de la única que puso sus conocimientos por escrito? Marga Sánchez (2022)177 nos ofrece una respuesta en el libro Prehistorias de mujeres. En el capítulo 9, Vosotras no debierais estar ahí, relata diferentes hallazgos de restos acompañados de un ajuar indicativo de un elevado estatus social, presencia de armas, o ambas cosas. En estos casos, si el análisis de los restos indica que se trata de una mujer, surge inevitablemente la controversia: la tumba debía ser de su marido, de su padre, de... de cualquier hombre, pero no de una mujer. Incluso el tozudo ADN es rebatido cuando insiste en apuntar a una mujer, en cuyo caso se plantea la posibilidad de un error en el etiquetado de las muestras o incluso se sugiere que la tumba podría ser de un varón (que no está allí). En suma, de la misma forma que surgió la controversia en torno a Trota, en la actualidad sigue haciéndose necesario encontrar "la equivocación" para poder "encajar" la realidad en el discurso normativo, porque cien años no han sido suficientes para modificar la tendencia a atribuir estereotipos de forma automática, se trate de una tumba prehistórica o de un manuscrito médico.
También merecen una reflexión los comentarios vertidos respecto a la relación de Trota con la literatura y el folclore. La transformación de su figura en una Trotaconventos, un cuento para niños o una bruja bien podría haber sido utilizada como prueba de que existió una mujer, autora de un tratado ginecológico, tan famosa como para dar su nombrea un personaje del folclore. En lugar de esto, se usó como argumento en contra de su existencia, utilizando las observaciones relatadas en páginas anteriores. Para evitar la discusión bastaba con leer la información existente en el momento. En efecto, en 1921 los catalogadores de la Biblioteca Británica habían notificado que la edición impresa de Trotula parecía una combinación de dos textos de autores diferentes, además de que los diferentes manuscritos existentes de esta obra eran muy diferentes entre sí.178 Sin embargo, en lugar de implicarse en el análisis y contenido de los textos, toda una serie de investigadores prefirió debatir sobre la existencia, identidad y género de la autora. En mi opinión, la persona que lleva a cabo una investigación debe actuar como fedataria de hechos acaecidos y datos fiables, sin emitir juicios de valor. En este caso, la única certeza absoluta que poseemos es la falta de datos sólidos sobre la relación entre Trota y estos personajes del folclore. Por ello, las estridencias del debate me llevan a preguntarme si, tal vez, su objetivo no sería utilizar la figura de Trota como pretexto para ridiculizar incluso la posibilidad de que una mujer pudiera alcanzar un nivel similar al de sus congéneres varones.
En cuanto a la obra de Trota, hoy sabemos que escribió la Practica secundum Trotam, equiparable a las de otros magistri, y también el De curis mulierum, uno de los tres tratados que componen Trotula, en el que se recoge el mayor espectro de problemas médicos femeninos encontrado en un texto medieval. Este tratado parece escrito para otras mujeres sanadoras por lo que presenta el valor añadido de que, por sí mismo, ofrece una prueba de la existencia de mujeres que practicaban la medicina y tenían acceso al cuerpo femenino, capacidad que no estaba al alcance de los médicos varones.!79 El análisis de los escritos de Trota deja ver un conocimiento empírico y de tipo práctico, más que teórico, además de un nivel bajo de latín, lo que indica que su posición debió ser marginal, situación que no le impidió actuar de forma inusual para lo que "debía hacer" una mujer, por eso Trota vocata fuit tanquam magistra, es decir, no era considerada propiamente una magistra.
Trota alcanzó una posición de muy difícil acceso para las mujeres y esta dificultad, a mi entender, engrandece su figura porque evidencia la capacidad de dejar su impronta aprovechando los resquicios de una estructura que no la aceptaba. Parafraseando a Flaubert189, cuando las comadronas dejaban de ser las mujeres respetadas y necesarias que siempre habían sido y los médicos de mujeres aún no estaban, hubo, en Salerno, un momento único en el que Trota rompió las barreras de ambos mundos al encarnar el conocimiento empírico popular al tiempo que participaba de la medicina culta como autora del De curis mulierum y de la Practica Secundum Trota.
El nacimiento de las Universidades y la subsecuente regulación de los estudios médicos en el siglo XII posibilitó el paso de la transmisión oral a una disciplina culta y reglada, que transformaría la medicina. Pero las mujeres no aparecían en esta ecuación. La prohibición de acceso a la Universidad les negaba un certificado para ejercer la labor que llevaban siglos realizando y su falta las relegaba de la práctica médica y les impedía ganarse la vida. Mientras los médicos varones consolidaban una imagen de hombre culto, formado en la medicina y los clásicos, la práctica de la medicina empírica provocaba recelos y sospechas sobre los métodos de las mujeres, que empezaron a ser perseguidas por actuar fuera de la ley, iniciando un proceso de masculinización de la medicina femenina. Hacia el final de la Edad Media las comadronas de la Europa occidental seguían siendo las asistentas habituales en los partos sin complicaciones, pero su práctica médica se había devaluado. Al mismo tiempo, el tabú que impedía a los hombres ver y tocar los genitales femeninos había dejado de ser absoluto y la atención ginecológica y ciertos cuidados de emergencia obstétrica ya se habían convertido en un monopolio masculino.181 Los escritos médicos de la escuela de Salerno fueron utilizados en las facultades durante mucho tiempo,!82 generando la paradoja de que textos escritos por Trota ofrecieron a los varones las armas que necesitaban para desposeerla, poco a poco, de su derecho a seguir desarrollando su actividad. 183
La escuela Salernitana entre los siglos XII y XIII fue testigo de un diálogo fugaz, sin continuidad en el tiempo ni en el espacio, entre las tradiciones empíricas femeninas y la medicina culta masculina. Los médicos varones ocuparon un espacio que tradicionalmente había sido patrimonio femenino, pero su objetivo se limitó a la búsqueda y recuperación de los principios racionales de los clásicos griegos, menospreciando el legado del conocimiento empírico que poseían las mujeres salernitanas y, entre ellas, Trota. En lugar de incorporarlo, lo dejaron perder y persiguieron a las mujeres que lo poseían. Sin embargo, la realidad muestra que la ciencia se ha desarrollado mejor cuando han entrado en contacto la habilidad manual del artesano con el razonamiento especulativo del filósofo, científico o matemático. Esta simbiosis, que hoy ya no es tan necesaria porque la ciencia también produce tecnología, era posiblemente el factor más importante en la Edad Media, cuando era la tecnología la que producía ciencia.184 La utilización del conocimiento empírico hubiera proporcionado un puente sólido entre la teoría y la prácticaque, seguramente, habría adelantado muchos años la construcción de la medicina moderna, pero eso hubiera requerido que el diálogo no fuera fugaz y las mujeres hubieran podido ser algo más que quasi magistra.
En mi opinión la figura de Trota no resulta excepcional por su físico, linaje o médicos famosos que pudieron conformar su familia. Tampoco creo que fuera una mujer sin parangón. Su singularidad radica en su capacidad, ya que a pesar de las dificultades que tuvo que sortear por su condición de mujer se elevó a la altura de sus iguales varones, destacando en un tiempo y un lugar donde era muy difícil hacerlo, traspasando unos límites que no se esperaba que una mujer rebasara. Esa excepcionalidad que sí que hay quereconocerle, nos interpela en la actualidad y plantea, a su vez, otra pregunta: ¿llegará el día en que ese tiempo y ese lugar dejen de ser excepcionales? ¿Será posible "derogar" en algún momento el efecto Matilda'85 para asumir, en base a los resultados objetivos y no a estereotipos, el papel desempeñado por una mujer en ciencia, en la sociedad o en cualquier otro aspecto de la vida?
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