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Resumen: El propósito de este artículo es cuestionar la autoría de uno de los libros fundamentales del historiador nacionalista Juan E. Pivel Devoto, titulado Historia de la República Oriental del Uruguay (1945), supuestamente redactado en colaboración con su esposa, Alcira Ranieri. A lo largo del ensayo se problematiza el concepto de autoría a través de un estudio cualitativo. Para ello, se toma como base un borrador escrito por Ranieri en 1943 y se realiza una comparación con las diversas publicaciones del historiador uruguayo, tanto anteriores como posteriores a la obra mencionada.
Palabras clave: Pivel, Ranieri, autoría, edición, historiografía, Uruguay
Abstract: The purpose of this article is to question the authorship of one of the fundamental books by nationalist historian Juan E. Pivel Devoto, titled *Historia de la República Oriental del Uruguay* (1945), supposedly written in collaboration with his wife, Alcira Ranieri. Throughout the essay, the concept of authorship is problematized through a qualitative study. To achieve this, a draft written by Ranieri in 1943 is used as a basis, and a comparison is made with the various publications by the Uruguayan historian, both before and after the mentioned work.
Keywords: Pivel, Ranieri, autorship, edition, historiography, Uruguay
1. Introducción.
Juan E. Pivel Devoto (1910-1997) es considerado por la historiografía uruguaya como uno de los historiadores nacionalistas más importantes del siglo XX. Sus diversos puestos en la administración estatal al frente de diversas instituciones, tanto de enseñanza como de fomento cultural, lo pusieron en un lugar hegemónico dentro del campo historiográfico durante la segunda mitad del siglo XX.
En los tiempos de juventud de Pivel se publicaron dos obras que buscaban cubrir la Historia de los primeros cien años de vida independiente de Uruguay, que lo publicitaron como el nuevo historiador oficial del país. La primera de ellas fue editada gracias a su victoria en un concurso historiográfico organizado por la Universidad de la República que llevaba el nombre del historiador Pablo Blanco Acevedo, el libro fue titulado Historia de los partidos políticos en el Uruguay.1 La segunda obra, denominada Historia de la República Oriental del Uruguay (en adelante HROU), fue impresa en 1945, y tuvo reediciones en 1956 y 1966. En la primera entrega, el encargado de la edición fue Raúl Artagaveytia2 y, posteriormente, la Editorial Medina. Los autores esta vez fueron dos: Pivel y su esposa Alcira Ranieri.
Cuando en 1945 salió la primera edición de la HROU, la novedad del libro no tuvo llegada en la prensa. La circulación del impreso fue entre integrantes de las redes intelectuales pivelianas y especialistas en Historia. Es más, la correspondencia de la época da cuenta de los regalos hechos por Pivel a sus amigos y colegas, la obra tenía como finalidad permitir un mejor posicionamiento dentro del campo intelectual e historiográfico del Uruguay, más que conseguir el éxito comercial. Once años más tarde, una vez que la editorial Medina se hizo cargo de la publicación, y que el nombre de Pivel fue más conocido, allí sí encontramos noticias sobre la obra.3
Por otro lado, creemos importante señalar la opinión que tuvo el hijo de Pivel y Ranieri sobre dicha obra:
Yo creo que todo empieza con la Historia del Uruguay que escribió con mi madre y que editó Artagaveytia que era el marido de Emma su hermana. Después se separaron y Artagaveytia, pues no sé. El marido de Emma Pivel. Esa fue la primera edición, luego se editó en Medina en fascículos, algunos de ellos solo firmados por mi madre, creo recordar.4
Existen algunas imprecisiones en el recuerdo del entrevistado, como la afirmación de que algunos fascículos de la obra fueron firmados únicamente por su madre.5 No obstante, las palabras de Pivel Ranieri resultan interesantes, ya que señalan indirectamente un aspecto característico del mundo editorial uruguayo durante las décadas del cuarenta y cincuenta: la pequeñez del mercado libresco para las obras de Historia en particular, y para los libros en general. El hecho de que el cuñado de Pivel fuera el único que publicara su obra también destaca las dificultades asociadas a la impresión de un libro de Historia nacional en aquellos años.
T a n t o l a Historia de los partidos... como la HROU fueron los pilares fundamentales para sustentar la carrera historiográfica de un joven Pivel que ingresaba a sus años de madurez como Director del Museo Histórico Nacional6 y con una gran cantidad de publicaciones de envergadura para la época, mayoritariamente en revistas historiográficas de limitada circulación. Es interés de este artículo estudiar la muy citada pero poco estudiada HROU.
2. Objetivos
El objetivo de este artículo es poner en cuestión la autoría de la Historia de la República Oriental del Uruguay (1945), firmada por Pivel y Ranieri. En un campo historiográfico en formación y predominantemente masculinizado, resultaba muy difícil que una mujer pudiera figurar como la única autora de un texto panorámico sobre la historia de Uruguay.
Las figuras de Pivel y Ranieri adquieren un nuevo significado a la luz del borrador firmado por la historiadora en 1943, un documento del que no existen referencias en la historiografía uruguaya. Si se confirma la hipótesis principal, estaríamos ante la primera obra firmada por una mujer que aborda toda la historia independiente de Uruguay. Por lo tanto, uno de los objetivos es revalorizar el papel de Ranieri como historiadora.
Aunque la figura de Pivel no queda desdibujada por las conclusiones parciales del artículo, este permite esclarecer algunas decisiones en torno a la autoría y clarificar la participación de Pivel en la creación de la obra.
3. Estado de la cuestión y metodología
Es importante recordar que, durante la primera mitad del siglo XX, la Historia oficial de Uruguay fue moldeada principalmente por el Partido Colorado, con historiadores como Francisco Bauzá y Eduardo Acevedo. Sin embargo, en la segunda mitad del siglo, Pivel se dedicó a fusionar esa narrativa colorada con una perspectiva revisionista vinculada al Partido Nacional, fruto de su militancia en este partido y su cercanía con el líder político Luis Alberto de Herrera. Una vez consolidada esta versión de una Historia nacional supuestamente oficial y neutral, Pivel continuó reforzándola en su obra historiográfica en los años siguientes. Este proceso de construcción y consolidación de una narrativa histórica es clave para entender su influencia en la historiografía uruguaya de la época.
Por esta razón, la figura de Pivel ha sido objeto de un profundo análisis por parte de la historiografía uruguaya, que ha puesto un énfasis particular en su trayectoria como historiador. En este sentido, los trabajos de Zubillaga7 se han concentrado en su desempeño como intelectual al servicio del Estado, destacando su papel hegemónico en el contexto de la llegada al poder del Partido Nacional, conocido también como el partido blanco. Por otro lado, Ribeiro8, en su estudio en dos volúmenes sobre la Historia de la Historiografía en Uruguay, subrayó la relevancia de Pivel en la renovación historiográfica del país, así como su habilidad para guiar y formar a una generación de historiadores que, bajo su tutela, contribuyeron significativamente al desarrollo del campo. Más recientemente, Espeche9 ha analizado el discurso historiográfico de Pivel, señalando cómo, a través de su esfuerzo intelectual y mediante una tradición selectiva, contribuyó al "blanqueamiento" de la Historia, fomentando un enfoque historiográfico que permitiera entender el recorrido histórico del Uruguay desde su propia perspectiva, es decir, un derrotero marcado por la influencia de los partidos políticos tradicionales.
En lo que respecta a la figura de Pivel, Vidaurreta10 aparentemente llevó a cabo una reconstrucción minuciosa de su vida tanto personal como académica, profundizando en su trayectoria a lo largo de diversos cargos públicos. A través del examen detallado del libro de Vidaurreta, se puede apreciar que Pivel, en su quehacer intelectual, solía valerse de las palabras de otros para proyectar una imagen encomiable de sí mismo, destacándose así como un funcionario e investigador de dedicación absoluta. No obstante, los documentos encontrados en el Archivo General de la Nación del Uruguay (AGNU) revelan que esta obra es, en
realidad, el fruto de un diálogo construido a partir de una autobiografía redactada por el propio Pivel, a la cual se le añadieron posteriormente preguntas, con el propósito de darle la apariencia de una entrevista auténtica. En consecuencia, la publicación adquiere una relevancia mucho mayor de la que se le había otorgado inicialmente, transformándose en una fuente fundamental para comprender no solo la vida y obra de Pivel, sino también las dinámicas de la construcción del relato histórico y autobiográfico en el contexto de la historiografía uruguaya.
Por otro lado, Sansón Corbo11 ha investigado la actividad intelectual de Pivel, centrando su análisis tanto en la historiografía como en su desempeño en cargos relacionados con la gestión cultural pública. Lo distintivo de la aproximación de Sansón Corbo es su enfoque desde una dimensión más regional, que considera un campo historiográfico menos diferenciado en términos nacionales, pensándolo integrado dentro del espectro platense. También, el historiador ha estudiado la correspondencia personal de Pivel, aportando aspectos esenciales para comprender sus redes intelectuales.
Rilla12 realiza una investigación que establece una conexión entre Pivel y los partidos políticos, abordando no solo su obra historiográfica, sino también su complejo itinerario biográfico. El autor ofrece un análisis exhaustivo en el que contextualiza la extensa trayectoria académica y política de Pivel, resaltando además aspectos de su propia memoria como alumno, lo que añade una dimensión personal al estudio. Este trabajo se presenta como un estado de la cuestión sobresaliente, al incluir un examen sistemático de la producción historiográfica de Pivel. Para ello, se vale de diversas fuentes, como referencias a polémicas, entrevistas, notas de prensa y recuerdos personales, lo que enriquece notablemente el análisis y brinda una comprensión más matizada de la figura de Pivel.
Por otro lado, Gutiérrez13 ofrece un enfoque distinto, centrándose en un aspecto menos explorado de Pivel: su papel como editor estatal, en particular, su trabajo al frente de la Colección de Clásicos Uruguayos, iniciada en 1953. A partir de esta serie de publicaciones, Pivel buscó construir un canon literario e historiográfico que reflejara una visión nacionalista y conservadora, en sintonía con la postura de neutralidad que promovía en sus escritos y en su actividad política. La investigación de Gutiérrez aporta una nueva dimensión al análisis de la figura de Pivel, cuestionando y ampliando las interpretaciones previas. Además, el mismo autor ha examinado los primeros años de Pivel como historiador,14 durante su etapa de formación, destacando las redes intelectuales que lo influyeron y su progreso gradual, aunque constante, hasta convertirse en una figura de referencia en el ámbito de la historiografía uruguaya.
Estos estudios no solo enriquecen la comprensión de la obra y la trayectoria de Pivel, sino que resultan fundamentales para contextualizar el artículo que presentamos a continuación, proporcionando un marco interpretativo que conecta la evolución de su pensamiento con el devenir político e intelectual del Uruguay del siglo XX.
En relación con la metodología empleada en este trabajo, nos hemos basado en un estudio cualitativo y comparativo de los manuscritos firmados por Alcira Ranieri, conservados en el Archivo General de la Nación, en comparación con la obra publicada bajo el título Historia de la República Oriental del Uruguay, atribuida al dúo de historiadores Pivel-Ranieri. Por otro lado, se lleva a cabo un análisis detallado de la documentación primaria, específicamente el borrador de Ranieri, que permite contrastar el texto original con la obra editada posteriormente. Este examen se enfoca en las anotaciones y correcciones realizadas por Pivel, las cuales fueron finalmente incorporadas en la versión impresa del libro. Esta comparación tiene como objetivo evaluar la contribución de ambos autores en la preparación de la obra.
El análisis también incluye una revisión exhaustiva del contexto intelectual e historiográfico de la época en que se produjo la obra, considerando las influencias sociales e intelectuales que pudieron haber afectado la decisión de presentar la obra como una coautoría. Es fundamental tener en cuenta el ambiente patriarcal y masculinizado del campo historiográfico en ese momento, que jugó un papel determinante en cómo se estructuró y se presentó la autoría del libro.
A través de este estudio comparativo y contextual, se busca evaluar de manera crítica la participación real de Ranieri y Pivel, cuestionando la tradicional atribución equitativa de la autoría y proponiendo una reinterpretación basada en las evidencias documentales.
4. Organización formal y recepción de la obra estudiada
El miércoles 6 de junio de 1945, el matrimonio Pivel Ranieri se despertó con dos noticias: la noche anterior, en Berlín, las cuatro potencias aliadas firmaron un documento asumiendo el control de la derrotada Alemania Nazi15, y en Montevideo se completó la impresión de su primera obra conjunta, la HROU.16 Terminaba la Segunda Guerra Mundial y comenzaba a circular el primer libro en del recién constituido tándem de la Historia Nacional uruguaya.
La HROU tenía como objetivo estudiar los primeros cien años de Historia del Uruguay independiente con una estructura que buscaba ser más abarcadora que los libros previamente publicados por Pivel.17 Aunque el enfoque principal de la obra era la historia política, se otorgó una atención significativa a la cultura18, con un total de 140 páginas dedicadas a este tema de las 490 páginas totales del libro.
El surgimiento de la obra analizada tuvo un impacto significativo en el ámbito historiográfico uruguayo, ya que introdujo una novedad que no pasó desapercibida para los círculos letrados de la época, como veremos más adelante. Al examinar su estructura interna, podremos apreciar mejor la singularidad del libro.
Es por ello que, al realizar un análisis formal de la obra, observamos que la HROU se divide en once capítulos, los cuales podemos agrupar en tres categorías: aquellos que abordan el desarrollo político, los que examinan un tema específico, y los que exploran los aspectos culturales, artísticos, sociales, administrativos e institucionales del país.
El primer grupo, centrado en historia política tradicional, comienza con el primer capítulo titulado "El reconocimiento internacional de nuestra soberanía 1828-1830". Sin embargo, este título presenta una inexactitud, ya que el período al que se refiere es anterior a 1828 (comenzando en 1820, después de la derrota del artiguismo). Además de este primer capítulo, debemos agregar los capítulos IV "La primera etapa constitucional, 1830-1838", V "La guerra grande, 1839-1851", VII "Intentos de consolidación nacional, 1852-1875", VIII "El militarismo y los comienzos del régimen civil, 1875-1890", IX "El régimen civil y la libertad política, 1890-1897", y XI "Extensión democrática y etatismo (sic), 1897-1930" que continúan con la evolución política del Uruguay.
En el segundo grupo, configurado como un espacio de reflexión dentro de la obra, se encuentran el segundo capítulo, que se centra en la Constitución de 1830, y el tercero, "Factores que dificultaron la organización nacional".
Finalmente, en el último grupo, se destacan los capítulos VI "Perspectiva general del país hacia mediados del siglo" y X "Perspectiva general del país al finalizar el siglo XIX", los cuales representan otro corte cronológico que va más allá de lo político. La división a la mitad de los cien años que aborda la obra parece ser más una conveniencia para la investigación que una reflexión sobre el período.
Como hemos dicho, Pivel difundió su libro entre sus redes intelectuales.19 La novedad de la obra, según destacaban sus contemporáneos, radicó en la inclusion de secciones dedicadas exclusivamente a las artes y la cultura.
El director del Consejo de Educación Secundaria de la época, José Pereira Rodríguez, quien además mantenía una estrecha relación con Pivel, como se puede leer en su correspondencia, le envió una breve misiva expresando su opinión sobre el libro:
La tarea evidencia cuánto logra, y en modo eficiente, la coordinación de dos voluntades inteligentes puestas al servicio de un loable propósito. El de ustedes no puede ser más de encomiar. Sólo un reparo se me ocurre: Lamentar que ustedes no hayan dado comienzo a la Historia de la República, por el principio... A lo mejor - y lo aplaudiría - tienen ustedes el anhelo - y acaso ya lo están realizando - de completar el trabajo con la exposición del periodo pre-constitucional, para lo cual ya tienen magnífica labor anticipada y elementos reunidos como para hacerla, documentadamente, perfecta.20
A partir de las líneas anteriores, se desprende que el matrimonio Pivel Ranieri trabajaba en conjunto, no solo al redactar sus obras, sino también en el análisis de fuentes primarias. Es plausible otorgar credibilidad a las afirmaciones de Pereira debido a la proximidad mencionada anteriormente.
Por otro lado, se señalaba una omisión en el libro: los temas predominantes en la historiografía uruguaya durante la primera mitad del siglo XX, que la HROU parecía pasar por alto. Aunque consideramos que la crítica no es pertinente, dado que se establecía claramente la delimitación temporal del objeto de estudio, parecía existir cierta expectativa de que los autores abordaran los orígenes de la nacionalidad uruguaya.
Más adelante, continuaba Pereira
Y como estas líneas yo no les asigno tono de crítica, ni podría darlo, ya que carezco de autoridad para ello, se me ocurre expresarles que, didácticamente, la obra ganaría mucho, en una nueva edición -que les auguro y merece -con un complemento gráfico.
Considero que la exposición de lo que podría llamarse la historia de nuestra cultura, la han llevado a cabo de manera excelente y de modo que evidencia, junto con un equilibrado juicio crítico y con una inteligente apreciación de los valores representativos, un método expositivo claro y congruente, una crítica suficientemente objetiva en la consideración analítica de los nombres y de sus obras y un criterio histórico con el que podrá disentirse; pero que inspira respeto por la seriedad documental en que se apoya y por la resuelta valentía con que se exterioriza.21
Es cierto que la obra tuvo ediciones posteriores, como auguraba Pereira, pero ninguna de ellas incluyó acompañamientos gráficos de ningún tipo. Aunque el remitente de la carta no especificaba a qué tipos de gráficos se refería, podemos inferir que los autores no consideraron necesario utilizar más que palabras y documentos citados, evitando la elaboración de series documentales o la inclusión de imágenes, lo cual habría encarecido el valor del libro. Como dijimos, la innovación de la publicación radicaba en la incorporación de aspectos que iban más allá de la historia política de Uruguay. Esta perspectiva, que subrayaba la importancia de una obra que abordara las expresiones culturales, era algo que el crítico literario Roberto Ibáñez también consideraba relevante destacar:
Me parece una obra de verdadera importancia, tanto para la honradez que la informa como por la lúcida distribución de los materiales y la inteligente labor crítica e interpretativa que se advierte apenas se recorren sus páginas (...) me seduce la perspectiva desentrañable en el libro e inédita entre nosotros, según creo. La historia de un país no consiste exclusivamente en los acontecimientos bélicos-políticos; porque si éstos la mueven desde la periferia, en lo hondo la suscitan y labran las fuerzas creadoras del arte, la ciencia y el pensamiento. Creo, con Rodó, que nuestra historia ha sido "el duro aprendizaje de la libertad"; pero creo, también con el Maestro, que sólo el carácter o definición de una modalidad original e intransferible, otorga inalienable trascendencia a la vida de un pueblo.
Nuestro proceso, en síntesis, es un ascenso hacia la libertad que se substancia y culmina con la formación de una cultura independiente. La emancipación política es el cauce a que debe dar plenitud el espíritu propio. Si el héroe es el intérprete de la forma instintiva y primordial con que ese espíritu se manifiesta, el creador de cultura es el que la afianza y legitima. 22
La HROU parecía representar una innovación en términos historiográficos. Su enfoque distanciado de la historia política la hacía atractiva para diversos miembros del ámbito cultural. Podría ser una estrategia para ampliar el público lector, aunque como vimos, para la primera edición no se pensaba en grandes tirajes. La venta de un libro de Historia Nacional suponía una tarea sumamente compleja, y la inclusión de posibles lectores no directamente vinculados con la historiografía podría haber sido un acierto. También intuimos que esto podría depender completamente de una concepción de la Historia que trascendía lo político-bélico, como bien señaló Ibáñez.
En la misma carta, el profesor de literatura y futuro director del Instituto Nacional de Investigaciones y Archivos Literarios continuaba:
Quien aspira a conocer la totalidad de nuestro proceso histórico debe proceder simultáneamente al fidedigno esclarecimiento de los hechos externos y a la valoración comprensiva de nuestra energías creadoras, excepcionalmente privilegiadas en el concierto del nuevo mundo y con las que nuestra parvedad material halla generosa compensación.
En consecuencia, el conocimiento de nuestra historia debe ser comunicado con la feliz integridad que UD. y su colaboradora han intuído (sic), inaugurando la certera perspectiva de las futuras investigaciones históricas, lo que me parece necesario, sobre todo en América, por la falta de una tradición cultural suficiente".23
Ibáñez compartía la concepción historiográfica de los autores, creyendo en el inicio de una nueva perspectiva y en una forma diferente de abordar la Historia de Uruguay, que, por lo demás, quedará truncada en la posterior obra de ambos.
Otro aspecto digno de mención es la etiqueta que se le asignó a Ranieri como "colaboradora". La coautoría del libro sugería que Pivel era el autor principal y que su esposa había colaborado en la redacción. No consideramos ingenuo el uso de este término, ya que implica que Ranieri contribuyó al proceso de redacción de la HROU, estableciendo una dinámica de poder en la que uno dominaba y la otra era subordinada.
Es cierto que Pivel ya era una figura de referencia para muchos sectores del campo intelectual, y que estaba lentamente consolidando una posición destacada en el campo historiográfico uruguayo debido a su ascendente trayectoria. Esto explica también por qué en ningún momento se cuestionó la autoría del libro.
Por otro lado, el historiador y hasta ese momento muy cercano colega Emilio Ravignani afirmaba sobre la obra que: la parte de su libro que va desde la Guerra con el Paraguay hasta 1930 me ha resultado de gran utilidad para aprender. El estudio del aspecto cultural le da a su Historia el carácter moderno, vale decir, de valoración de todos los elementos que explican la evolución de un pueblo como civilización.
Felicito tanto a Vd. como a su colaboradora por tan noble y ponderable labor24.
Una vez más, observamos dos aspectos que ya hemos destacado en la carta anterior: la percepción de los capítulos dedicados a la cultura como un complemento necesario de la historia política, facilitando la comprensión de Uruguay como país en el concierto de las naciones civilizadas, y la referencia a Ranieri como "colaboradora".
En la carta del crítico literario Eustaquio Tomé, se confirmaba la recepción del ejemplar con dedicatoria de Pivel, y en ella sentenció:
Se trata de un volumen macizo, que no contiene una palabra superflua y sí mucho que leer y que da, todavía mas, que pensar. Y sino luce la riqueza documental y la novedad informativa de "El Congreso Cisplatino" o "Historia de los Partidos Políticos", condiciones imposibles de alcanzar en un libro que en cerca de 600 páginas estudia un siglo de vida de un país, no deja, por eso, de reflejar la gran honestidad del contenido y de traslucir el hecho de que detrás de cada dato o referencia existe una prueba ilevantable o una fundadísima opinión concorde.
El (sic) algunos puntos discrepo con los autores que me parecen p. ej. severos con Rivera y así en otros tópicos, pero ninguno de orden fundamental. En cambio, me agrada mucho la parte del Capítulo X consagrada a las Artes Plásticas y a las Letras; este capítulo he de utilizarlo, con grande y verdadero procecho (sic), en mis clases de Literatura y en mis trabajos de crítica.
En síntesis, creo que su libro, por la relativa brevedad (si se le compara con Acevedo o con la excesiva síntesis de H. D.) es, por el momento único, y ha de prestar grandes servicios a los estudiantes, a los estudiosos y a los mimos políticos que tan poco saben del origen de nuestras cosas.25
En la crítica de Tomé, se destacaba una perspicaz observación que nos gustaría señalar, ya que evidenciaba cierta escasez documental en comparación con los otros dos libros firmados por Pivel; sobre este punto profundizaremos más adelante. Aunque posteriormente el profesor de literatura parecía justificar la falta de documentos y matizar su propio análisis, a los ojos de un conocedor de la incipiente obra piveliana, esa carencia resultaba evidente.
Más adelante, Tomé continuó con una crítica amistosa al resaltar la dureza con la que abordaron el tema de Rivera (algo que podría entrar en conflicto con la necesidad de construir un relato neutro de la Historia Nacional uruguaya) y, como hemos señalado en la unanimidad de las otras reseñas, la innovación de agregar un capítulo dedicado a las expresiones culturales.
En conclusión, la HROU se agregó a la bibliografía de Pivel, siendo una obra de referencia para su posterior trayectoria, que le permitió afianzarse lentamente en el campo historiográfico uruguayo. Esta posición se consolidó no solo a través de sus perspectivas sobre la Historia del Uruguay en su obra publicada, sino también gracias a su actuación pública posterior, especialmente por el puesto de poder que ejerció como Director del Museo Histórico Nacional y demás cargos (el más importante lo ejerció en los años sesenta cuando fue Ministro de Instrucción Pública y Previsión Social). Sin embargo, no hemos dicho nada sobre la otra autora del libro.
5. Alcira Ranieri historiadora
Al buscar el manuscrito de la HROU entre todos los papeles de Pivel es que nos encontramos con lo inesperado. En 1943, Alcira Ranieri escribió a puño y letra el borrador de una obra denominada Historia del Uruguay (tapas sueltas de cartón con letras hechas con marcador rojo). El escrito se conserva en el AGNU26 en un sobre manila, en hojas de pequeño tamaño escritas a ambos lados, intercaladas con otros papeles más grandes que contienen agregados que proceden de una mano distinta.
Sabemos muy poco sobre la figura de Ranieri, apenas algunas referencias en libros de historiografía, pero solo eso, referencias. Es una de las tantas mujeres olvidadas, a veces relegadas a roles de amas de casa, de esas que tuvieron una vida intelectual que fue eclipsada por su esposo, para este caso, un gigante de la historiografía nacional.
Alcira Raquel Ranieri Sicardi nació en Montevideo en 1914 y falleció en la misma ciudad en 2006. En 1930, ingresó a la sección femenina de la Universidad de la República como profesora de Historia Nacional y Americana. En 1942, se convirtió en Profesora de Introducción al Derecho gracias a su formación como abogada. Poseía una excelente escolaridad, pero su dedicación absoluta estaba en la docencia. Según consta en una especie de currículum vitae, también completó el curso de profesora agregada de Derecho Constitucional en la Facultad de
Derecho.27
Llama la atención que tanto su imagen como su existencia en la vida de Pivel sea fantasmagórica. Algún visitante asiduo a su hogar en la calle Ellauri no la recuerda, ni su rostro ni su apariencia. Las reuniones en la casa de quien fuera su esposo se llevaban a cabo sin su presencia.28
En las más de mil hojas que componen el borrador se encuentran, como mencionamos anteriormente, de forma intercalada, algunas anotaciones de variable extensión (en algunos casos hasta diez páginas) que acusan un segundo autor, ya que la letra es diferente. Comparando esos agregados con otros escritos encontrados en los archivos, podemos afirmar que la caligrafía pertenece a Pivel. Es fácilmente diferenciable cuando la que escribe es Ranieri o Pivel, las letras son francamente muy distintas.
El documento que custodia el AGNU no parece ser la primera versión de lo escrito por Ranieri, sino el pasado en limpio de algo rumiado durante mucho tiempo. La prueba es que no presenta casi ninguna corrección, todo parece deslizarse sin inconvenientes. La letra de la autora habla de un cuidado minucioso en el traspaso de lo que tendría que haber sido el verdadero borrador del texto original. Los agregados de Pivel y su caligrafía parece la de un hombre que escribe con la rapidez de quién se sienta a corregir y a realizar acotaciones, es más, dichas hojas poseen tachaduras y nuevas correcciones.
La Historia del Uruguay está inicialmente organizada en capítulos (tan solo tres) que llevan su respectiva numeración. Posteriormente el manuscrito está dividido por apartados con nombres descriptivos sobre las temáticas trabajadas: Rivera, Oribe, Teatro, Letras, entre otras.29
Comparando el borrador de Ranieri con el libro editado en 1945 es que comienzan a aparecer preguntas que también remueven ciertos pilares colocados por las historias de la historiografía escritas hasta el momento. La duda se instala sobre la autoría del libro en cuestión. ¿Es posible que Ranieri haya sido la autora fundamental de lo que más adelante fue la Historia de la República Oriental del Uruguay? Si nos atenemos únicamente a la evidencia recabada en el AGNU la respuesta más sencilla sería decir que sí. Sin embargo, no es tan sencillo, nos vemos obligados a matizar esta conclusión tan apresurada.
Entonces, si Ranieri fuera la autora, ¿por qué aparecería Pivel como coautor?, ¿cuál fue la verdadera participación del historiador en la obra que originalmente fue solo firmada por Ranieri?, ¿ameritaría que apareciera el nombre de Pivel? Ante estas preguntas podemos ensayar algunas hipótesis. Si en vez de adjudicar la HROU al tándem mencionado, solo apareciera Ranieri como la única autora de la obra, es probable que no hubiera tenido la misma trascendencia en el contexto en que fue editada. Además, debemos agregar el condimento patriarcal de la sociedad montevideana de los años cuarenta. Recordemos que en la tapa del libro se recogen los nombres de los autores, para el caso de Ranieri se le adjudica el "de Pivel Devoto". El agregado característico de ser la mujer de nos da indicios no solo de cierta pertenencia, o propiedad sobre la mujer, sino también de un tipo de sociedad conservadora a la que pertenecía el tándem de historiadores, que nos parece fácilmente observable para los ojos contemporáneos, pero mucho menos visible para los años cuarenta.
A pesar de todas estas cuestiones, entendemos que el nombre de Pivel también puede estar como autor del libro debido a las correcciones hechas al manuscrito, sin embargo, puede ser desproporcionado. ¿Se justifica una coautoría por algunos cambios de redacción en poco más de diez hojas de agregados en un total de casi quinientas?
Los agregados de Pivel son diversos, poco extensos y se centran en la última parte del borrador, que parece estar menos desarrollada. La primera participación constatable del historiador se da en la segunda mitad del primer capítulo del libro, donde encontramos un análisis de los artículos de la Convención Preliminar de Paz.30 En segunda instancia, el historiador realizó un segundo apunte que trataba sobre la actuación del Ing. Juan José Castro.31 Páginas más adelante, se encontraba un párrafo que abordaba cómo el Estado se posicionaba en su carácter liberal en relación con el individuo durante el siglo XIX.32 Posteriormente, Pivel reflexionaba sobre la organización ministerial y la administración de justicia durante la implementación de la primera constitución uruguaya, así como también incluía algunas referencias sobre la legislación penal.33 Finalmente, el historiador escribió acerca del desarrollo de la Universidad desde el fin de la Guerra Grande hasta la década de 1880.34
Los aportes observables en el borrador, que hizo Pivel, fueron realmente muy escasos, ya que solo escribió un total de doce páginas y media sobre las 480 que tiene el libro estudiado.35 El problema de la autoría sobrevuela los papeles del Archivo Pivel Devoto. Sabemos que el historiador mencionado era muy meticuloso con sus documentos, la selección de su papelería fue sumamente precisa. Por ejemplo, en su correspondencia privada no se encuentran cartas que mencionen la Guerra Civil Española (1936-1939). Como se sabe, Pivel fue defensor de la causa nacionalista de Francisco Franco, aspecto que le trajo varios problemas en el campo intelectual uruguayo.36
Pues bien, la aparición del borrador de la HROU firmado por Ranieri nos obliga a replantear la situación, ¿cómo llegaron esos papeles al Archivo de Pivel? A raíz de esta interrogante, antes debemos señalar que Pivel falleció en 1997 y Ranieri en 2006. De ello, se desprenden dos hipótesis: la más probable es que Pivel dejó el manuscrito en su propio archivo o, en segundo lugar, aunque no tan factible, Ranieri lo agregó posteriormente. Lo cierto es que el Archivo Pivel Devoto fue comprado en 2009 a sus herederos (sus hijos Juan Pablo y Laura) por parte del Estado uruguayo, lo que agrega otra variable más a su organización posterior. Difícil resolver esta interrogante sin evidencia documental. Sin embargo, entendemos que el problema que observamos nosotros al redactar este artículo no era observable al momento de la edición del libro.
Ante esta caracterización de época, debemos agregar que no fue la primera publicación que haya hecho Ranieri como historiadora.37 Su primer artículo sobre "La revolución americana" (1930) fue firmado por ella en soledad para la revista Letras,
como parte del cuerpo docente de enseñanza secundaria y preparatoria para mujeres. Por tanto, la autora no era una historiadora debutante.
Problematizar la autoría de la HROU nos parece pertinente para entender el ambiente de producción intelectual en el ámbito historiográfico de la época. Creemos que la coautoría encubría el trabajo significativo de una de las dos partes, en este caso de ella. Como señalaba Foucault, el nombre de un autor no es igual a cualquier nombre propio:
...un nombre de autor no es simplemente un elemento en un discurso (que puede ser sujeto o complemento, que puede ser reemplazado por un pronombre, etc.); ejerce un determinado papel con relación al discurso: garantiza una función clasificatoria; un nombre semejante permite reagrupar un determinado número de textos, delimitarlos, excluir algunos, oponerlos a otros. Además, se efectúa una puesta en relación de los textos entre sí.38
Si, como afirmaba el filósofo francés, la función del autor difería significativamente del nombre del individuo que encabezaba la obra, se comprende que la coautoría fuera una solución viable para la posible edición de la Historia del Uruguay, escrita por Ranieri, ya que ingresaría a la órbita de obras del historiador en vías de consagración, como lo era Pivel.
Retomando los planteos de Barthes, existe una distancia entre el sujeto que escribe (Scribens) y el garante de lo que escribe (Auctor). Por lo tanto, debemos hacer una distinción entre Pivel como persona, la figura de historiador, el autor que firma la obra y el sujeto que escribe la HROU.39 Si Ranieri escribió casi en su totalidad dicho libro, se comprende que la función del autor que encarnaba Pivel le daba a la obra más posibilidades de ser considerada en el campo historiográfico uruguayo de los años cuarenta, así como hacer circular un discurso que tuviera un anclaje dentro de la órbita de un autor ya conocido. Como dijimos, Pivel era una figura emergente en la historiografía y Ranieri, su flamante esposa, era desconocida (¿es que ahora no lo es?) en el pequeño y masculino ambiente intelectual.
Para contextualizar la aparición de la HROU pretendemos en el próximo apartado estudiar la obra previa y la posterior, firmadas por Pivel en solitario. Entendemos que la comparación puede ayudarnos a comprender y clarificar algunas de las preguntas planteadas anteriormente.
6. La pluma compartida: tres publicaciones y dos autores
Si bien creemos que el hallazgo del borrador escrito por Ranieri es importante, intentaremos reforzar la idea a través de algunas comparaciones. Si Pivel no fue el único escritor detrás de la HROU, ¿qué sucede con su libro anterior, Historia de los Partidos...? ¿Hay diferencias entre ambas publicaciones que nos hagan pensar en dos autores diferentes? Además, ¿qué ocurre con el artículo editado cuatro años después titulado "El Uruguay independiente", que abarca el mismo período cronológico?
Primeramente, para comparar la Historia de los Partidos... y la HROU40 nos centraremos en el material erudito sobre el que se apoyan ambos escritos y haremos un estudio cuantitativo. El trabajo del historiador puede ser evaluado sobre diversas variables, pero en este caso nos parece pertinente ver qué autores se citaron y cuáles fueron las obras señaladas. Posteriormente, realizaremos una comparación centrada en el mismo tema e intentaremos ver cómo fueron trabajados. Es importante señalar que en los dos libros el corpus del texto está separado a las citas, las cuales no se encuentran en pie de página, sino al final de cada capítulo.
Abordaremos la Historia de los Partidos... de forma separada, debido a que consta de dos tomos; posteriormente, la analizaremos como una entidad completa. En el primer volumen, compuesto por 6 capítulos, el total de páginas es de 195, con 272 referencias (ocupando 75 páginas adicionales). Eso da un promedio de 0.7 páginas por cita. En el segundo tomo, que consta de 11 capítulos, la cantidad de páginas es mayor, sumando un total de 387. Las referencias ascienden a 335 (ocupando 108 páginas más) con un promedio de 1.2 páginas por cita. Finalmente, al combinar ambos tomos, obtenemos 582 páginas, con 607 citas y 183 páginas de referencias, resultando un total de 0.96 páginas por cita.
En el caso de la HROU, los números son sustancialmente diferentes. La obra consta de 457 páginas, con 234 citas y 17 páginas de referencias, lo que arroja un promedio de 2 páginas por cita.
A partir de lo expuesto anteriormente, podemos destacar que el trabajo heurístico en la Historia de los Partidos... revela un autor que maneja con destreza las fuentes documentales, demostrando un profundo conocimiento al citarlas inextenso. En contraste, en la HROU, las referencias sirven principalmente como indicadores de la procedencia de la información; son considerablemente menos numerosas, dando la impresión de un enfoque más amateur en el trabajo.
Para ir de lo general a lo particular, y para fundamentar nuestra afirmación anterior y proporcionar mayor claridad, examinaremos los capítulos relacionados con la Guerra Grande. En el caso de la Historia de los Partidos..., el conflicto se aborda en dos capítulos: el III titulado "La internacionalización de los bandos (1938-1943)", y el IV llamado "Hacia la política de fusión (1943-1951)". Estos dos capítulos son los más documentados de toda la obra, con una proporción de 0.7 páginas por cita, solo superada por el capítulo anterior que trata sobre "La definición de los bandos (1830-1838)" con 0,4 páginas por cita. En ambos capítulos, el enfoque se centra en la situación del Uruguay durante el conflicto y los enfrentamientos políticos desarrollados en ese período, lo cual es coherente con la temática de la obra.
En cambio, en la HROU el conflicto de la Guerra Grande se trata en un solo capítulo, el segundo más extenso de toda la obra y, paradójicamente, aquel que contiene la menor proporción de citas del libro, con 2,1 páginas por cita. Este capítulo presenta notables diferencias, ya que se enfoca más en el ámbito regional ("Panorama de países americanos, particularmente de la cuenca del Plata") e internacional del conflicto ("Intervenciones europeas"). Además, se aborda el aspecto institucional de la Guerra y se realiza un estudio de los cinco tratados de 1851 firmados entre el llamado Gobierno de la Defensa y el Imperio del Brasil, concluyendo con una "Interpretación de la Guerra Grande".
En relación con los autores y las fuentes utilizadas en los capítulos estudiados, se evidencian notables diferencias entre ambas obras. En las dos páginas de referencias de la HROU, se cita a Pivel dos veces en la Historia de los Partidos... (en las páginas 130 y 193). Los archivos trabajados fueron escasos, con algunas referencias al Diplomático y a los Annales de Itamaraty, que Pivel consultó en 1934.41 Además, se añaden diez autores nacionales42 y la misma cantidad de historiadores de diversas nacionalidades, principalmente argentinos, chilenos y brasileños.
Por otro lado, en la Historia de los Partidos..., las citas provienen mayoritariamente de fuentes primarias, especialmente cartas. Las referencias se originan en el archivo particular de Pivel, el AGNU, el MHN, Itamaraty, diarios, actas del parlamento, y la Biblioteca Nacional. De los diez autores referenciados en la bibliografía de la HROU, solo se repiten cuatro: Lamas, De María, Herrera y Obes, Lerena Joanicó.
Si aceptamos que Pivel es el autor común de la obra, resulta sorprendente que la HROU haya sido escrita posteriormente por el mismo autor de Historia de los Partidos.... Las diferencias entre ambas obras son significativas. Podríamos argumentar que la HROU fue concebida con un objetivo diferente, adoptando un enfoque más divulgativo. Sin embargo, estas observaciones podrían contrastarse con otro material que nos permita aclarar nuestras dudas: la publicación en 1949 de "El Uruguay independiente", un artículo divulgado por la editorial Salvat y firmado exclusivamente por Pivel.
Durante el período de redacción de los dos libros que hemos examinado anteriormente, se evidencian, en la correspondencia de Pivel, las negociaciones emprendidas entre el historiador y la editorial Salvat para escribir sobre los más de cien años de vida independiente del país. Por lo tanto, la confección de dicho artículo fue contemporáneo a la edición de los libros que estudiamos.
En abril de 1936, a través de un intermediario, el ensayista y poeta Sigfrido A. Radaelli, la editorial Salvat de Barcelona se puso en contacto con Pivel solicitándole un artículo sobre la independencia de Uruguay. Este trabajo de investigación se integraría en la colección de Historia de América que estaban editando. Ofrecieron una remuneración de 2500 pesetas, equivalentes a unos 1250 pesos argentinos. Este pago se realizaría en dos partes: una al recibir los originales y la otra después de corregir la primera prueba de galeras. Se requería un mínimo de 300 páginas con ilustraciones.43 El primer tomo de la colección ya había sido publicado en esos años.
Un mes después del primer contacto y de la aceptación del encargo, Pivel recibió una carta desde España informándole que el tomo sobre Uruguay sería compartido con Paraguay.44 Tras esta comunicación, se produjo un silencio que se extendió durante casi cuatro años.
Hacia 1940, la sucursal Buenos Aires de Salvat retomó el contacto con Pivel. La editorial manifestó su intención de reactivar la publicación del artículo después de los tres años de guerra que habían atravesado, haciendo referencia a la Guerra Civil Española. Solicitaron nuevamente el trabajo y mencionaron que el gerente, Fernando Salvat, estaba de visita en Argentina. Además, expresaron que, si Pivel lo deseaba, podía visitar al gerente.45
Finalmente, después de varios pedidos para recibir las ilustraciones que se habían retrasado, Salvat pagó a Pivel en 1945 la cantidad de 3000 pesos argentinos por un trabajo que, en realidad, fue la mitad de lo acordado previamente.46 Es importante destacar que las cartas se intercambiaron de manera sistemática a lo largo de todo el año 1945, lo que sugiere que Pivel podría haberse retrasado en la finalización del borrador.
En agosto de 1945, Antonio Muñoz, el representante de Salvat en Buenos Aires, informó a Pivel que había recibido una copia de la HROU y le consultó si esta obra incluía los capítulos que el historiador sugirió editar de manera independiente al tomo que le fue encargado. Además, añadió con un tono de advertencia:
Espero que para mi gobierno y del de los Sres. Salvat Editores, S. A. se servirá Vd. informarme de si lo expuesto por mí corresponde a la realidad de los hechos, al propio tiempo que le ruego también se sirva manifestarme sí el original e ilustraciones del tomo "Uruguay Independiente", que me tiene prometido desde hace tiempo va a mandármelo en breve, puesto que de Barcelona me lo reclaman ya con insistencia para poder proceder a su composición.47
La preocupación del intermediario era válida; si Salvat utilizaba la misma información, aunque de manera resumida, de una anterior obra de Pivel, podría afectar la reputación de la colección. Sin embargo, como se evidencia en la carta recibida en agosto de 1945, Pivel respondía a la consulta, tranquilizando al remitente y comprometiéndose a entregar el borrador final del artículo prometido a finales de octubre y principios de noviembre de ese mismo año.48
En efecto, como veremos más adelante, existían notables similitudes entre la HROU y el capítulo prometido por Pivel. Dos meses después, Muñoz planeaba viajar a Montevideo para recibir personalmente las ilustraciones prometidas por Pivel.49 El 13 de noviembre, en una carta dirigida a Pivel, el representante de Salvat informaba sobre la recepción del original del trabajo y los grabados destinados a su publicación.50 Además, se prometieron las pruebas de galeras para su corrección.51
Tras la entrega de todos los originales, Muñoz comunicó en una correspondencia remitida a Pivel su intención de visitar Montevideo los días 25 y 26 de noviembre de 1945 para asistir al II Congreso Iberoamericano de Oftalmología. Durante su estadía, tenía la intención de pagarle los 3000 pesos argentinos acordados por el trabajo.52 Sin embargo, el viaje no se llevó a cabo debido a la cancelación de una de las ponencias que Muñoz tenía interés de escuchar. Por lo tanto, el pago se efectuó a través del consulado español en Montevideo.53
El estudio sobre el Uruguay formaba parte del tomo XXI de una colección compuesta por un total de 25 tomos llamada Historia de América y de los pueblos americanos, dirigida por Antonio Ballesteros y Beretta, un destacado catedrático español de la época. Este volumen se compartía con Paraguay, a cargo de Efraím Cardozo, y ocupaba el doble de espacio que la contribución presentada por Pivel (400 páginas frente a 200).
Lo paradigmático de este tomo residía en la presentación de los dos autores de los artículos. Mientras a Cardozo se le dedicaban cinco líneas que detallaban sus referencias académicas, a Pivel se le presentaba únicamente como Director del Museo Histórico Nacional de Montevideo lo que demuestra su carácter de figura emergente en la historiografía uruguaya.
Al sumergirnos en el análisis comparativo de las obras abordadas en este artículo, destacamos notables similitudes que sugieren que el artículo de 1949 es una reelaboración del libro editado entre Pivel y Ranieri en 1945. A modo de ejemplo consideraremos un párrafo de la HROU:
La negociación de Villademoros fracasó; puede decirse que el carácter intransigente y patriótico de Villademoros, perfectamente de acuerdo con su gobierno, contribuyó a ese fracaso. De ella habría podido conseguir apoyo para luchar contra los farrapos; y el Gobierno de Oribe, su estabilidad, comprometida por la revolución de Rivera. Pero el gobierno oriental prefirió supeditar su interés accidental al permanente de la patria; las negociaciones se rompieron (Mario Falcao Espalter, La misión Villademoros en la Revista del Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay, Tomo III, Nº2, Montevideo, 1924). Posteriormente el gobierno de Oribe designó al coronel de ingenieros José María Reyes para negociar cerca de la Regencia del Brasil, el 28 de junio de 1838. El 1º de julio se le dieron las instrucciones respectivas.54
Ahora, comparemos ese mismo pasaje con un fragmento del artículo publicado por Salvat que corresponde al mismo período histórico:
La negociación de Villademoros fracasó. El Gobierno brasileño quería una alianza. Sin duda ésta habría sido beneficiosa al Imperio, pues le habría dado apoyo para luchar contra los farrapos: pero también habría sido conveniente para Oribe, amenazado por Rivera. Oribe prefirió no ceder, poniendo los intereses permanentes del país por encima de los intereses accidentales de su gobierno y su persona.
El 28 de junio de 1838 fué designado el coronel de ingenieros José María Reyes para reanudar las gestiones diplomáticas en Río de Janeiro.55
La segunda cita parece mejorar tanto la sintaxis como el estilo de la primera, eliminando algunas caracterizaciones sobre uno de los personajes. Sin embargo, el orden de argumentación y los acontecimientos explicados se mantienen casi literalmente. Por otro lado, resulta llamativo que en el libro de Pivel y Ranieri se cite la obra de Falcao y, en cambio, en el artículo de 1949 que corresponde al mismo pasaje, no se haga referencia al autor en las citas, aunque sí se incluya en la bibliografía general.
Es necesario señalar también que, en el Uruguay Independiente, para el
fragmento del capítulo citado, no se menciona el libro realizado con su esposa. No obstante, se encuentran otros artículos de Pivel correctamente citados.
Ahora, centrándonos en el último capítulo del trabajo editado en 1949, que lleva el mismo nombre que el que aparece en la HROU pero con un corte cronológico diferente, "La extensión democrática y el estatismo (1899-1942)", observamos una diferencia destacada. En la HROU, este capítulo iniciaba en 1897 y terminaba en 1930. Es posible que, debido al transcurso del tiempo, Pivel haya actualizado el libro editado cuatro años atrás. No obstante, al examinar su contenido, descubrimos que en el artículo de Salvat, la última referencia histórica corresponde a la constitución de 1934.
Al retomar la comparación entre fragmentos, tal como hicimos anteriormente, en una de las últimas páginas de libro de 1945, podemos leer lo siguiente:
(...) la obra de Cuestas en este aspecto ha sido magnificada. Es indudable la excelencia de su gestión financiera, que llegó incluso a arrojar superávit, pero muchas de las obras que se le adjudican fueron obra de su antecesor. Por ejemplo, el Puerto de Montevideo, cuya piedra fundamental él colocó, fué proyectado y preparado desde la época de Idiarte Borda, como hemos visto; y su mérito corresponde en gran parte, al Ministro de Fomento, Ingeniero Juan José Castro. Otra obra importante de este período fué la reglamentación de las Juntas Económico- Administrativas, que significó la primera etapa de la política autonomista. (...) El 1º de marzo de 1903 subió José Batlle y Ordóñez a la Presidencia de la República. Era ya una figura conocida en la vida pública del país cuya escena había de llenar por espacio de muchos años".56
Mientras que en el artículo de Salvat:
El Gobierno de Cuestas tuvo una excelente gestión financiera. Reorganizó la administración capacitándola y disciplinándola para colaborar en la política estatista que entonces se iniciaba. Fué continuador de las obras públicas comenzadas por su predecesor e inició otras nuevas, entre ellas el puerto de Montevideo, cuya piedra fundamental se colocó el 18 de julio de 1901.
Con este gobernante se inició también la política autonomista de los gobiernos locales, pues fué dictada en 1903 la reglamentación de las Juntas Económico-Administrativas.
La elección presidencial a efectuarse el 1º de marzo de 1903 no podía desligarse del problema de la coparticipación de los partidos en el gobierno.57 (...)
Don José Batlle y Ordóñez era ya una figura conocida en la vida pública del país.58
El orden de la argumentación se mantiene idéntico en ambos textos, con afirmaciones similares y en algunas partes incluso textuales, como en la referencia previamente abordada, donde tampoco se menciona a su esposa.
A pesar de las repeticiones y las similitudes en las formas de ver la Historia, también se evidencian diferencias notables, a veces incluso radicales. Estas discrepancias revelan una postura significativamente diferente, lo cual resulta llamativo dado que se supone que el autor es el mismo que publicó un libro cuatro años atrás pero sobre la base de un texto que escribió de forma contemporánea.
Sobre los años del llamado militarismo, y puntualmente a su inicio Pivel dice que: "Con la dictadura de Latorre se iniciaba así el régimen militarista propiamente dicho, incubado lentamente".59 En cambio, en la HROU se afirma que "El gobierno de Latorre no fué solamente un gobierno de hecho, es decir, un gobierno no legitimado constitucionalmente. Fué una dictadura ejercida sin límites. No se mantuvieron ni garantías, ni formas constitucionales aún para los bienes fundamentales del hombre: la vida y la libertad".60
Las citas podrían ser más numerosas; es un patrón recurrente en todo el libro. Pivel utilizó la obra editada con Ranieri como guía para su propio artículo. Modificó algunas secciones, incorporó información adicional en otras y corrigió problemas de sintaxis y estilo, también dejó extensos fragmentos sin cambios, sin citar, de manera literal. Siguiendo las normas académicas más básicas, se podría argumentar que el artículo de Salvat es una forma de autoplagio o, incluso peor, un plagio de la obra de Ranieri. Aunque es común entre los historiadores recurrir a fragmentos de textos previos para nuestros trabajos, en la edición de Salvat, en muchas ocasiones, ni siquiera se menciona el libro de 1945. Comprendemos que la coautoría de la HROU fue un hecho plenamente asumido por Pivel, quien probablemente no cuestionó el origen del texto. Por ende, utilizar el material de 1945 para una reelaboración en 1949 no representó en ningún momento un dilema intelectual para él. Como coautor del texto, tenía todo el derecho a reescribir lo anterior y presentarlo como propio, esta vez prescindiendo de la participación de su esposa. En este comportamiento, se percibe un claro elemento patriarcal, evidente al redactar este artículo, pero prácticamente invisible en la década de los cuarenta.
Ensayemos una hipótesis: Ranieri, siendo alumna de Pivel, asistió a sus clases de Historia Nacional, contrajo matrimonio con el historiador nacional en pleno ascenso, participó en discusiones sobre los temas que posteriormente dieron origen a un libro. Ella redactó su borrador, se lo presentó a Pivel para su corrección, quien añadió algunas modificaciones para prepararlo para la imprenta.
Finalmente, en 1945, el trabajo vio la luz en una edición de carácter familiar (recordemos que el editor era el cuñado de Pivel), de circulación restringida, y fue publicado bajo el nombre de la nueva pareja de historiadores.
Nos imaginamos a Pivel redactando su artículo de 1949, urgido por el tiempo y sumido en una frenética actividad, buscando rincones para la escritura. Lo visualizamos apoyándose en el libro editado con Ranieri como guía, aceptando
algunas afirmaciones, parafraseándolas y gestando nuevas perspectivas, distanciándose de lo previamente escrito por su esposa.
El devenir del tiempo determinó que Pivel se convirtiera en el nombre predominante debido a su imponente y extensa obra, ayudado además en un ámbito intelectual tan masculinizado y aún en un estado amateur. El nombre de Ranieri fue prácticamente borrado de la autoría. No obstante, como hemos destacado en este trabajo, fue Ranieri quien, con pluma en mano, se encargó verdaderamente de redactar su Historia del Uruguay. Su nombre y su vida permanecen en la penumbra. Casi ochenta años después, buscamos rescatar del olvido su relevancia como historiadora y reconsiderar su aporte a la Historia de la Historiografía uruguaya.
7. Conclusiones
La HROU, tradicionalmente atribuida a Juan E. Pivel Devoto y Alcira Ranieri, debería ser repensada y problematizada en cuanto a su autoría. A partir del hallazgo del borrador de 1943 firmado por Ranieri, se nos abren interrogantes en relación a la autoría principal de la obra, sumando la posibilidad de que la participación de Pivel se limitó a correcciones menores y algunos aportes específicos. Este borrador redefine el rol de Ranieri, quien, a pesar de ser coautora reconocida, ha sido invisibilizada por un campo intelectual patriarcal que minimizó su contribución en favor de su esposo, una figura en ascenso dentro del campo historiográfico uruguayo de la época. En este sentido, el artículo realiza una reflexión sobre la autoría intelectual, señalando cómo el nombre de Pivel fue clave para que la obra alcanzara visibilidad y éxito, mientras que la figura de Ranieri quedó relegada al anonimato ayudada por las diversas historias de la Historiografía uruguaya que no la toman en cuenta.
La investigación también revela cómo el contexto social y cultural de los años cuarenta, caracterizado por un ambiente intelectual dominado por hombres, dificultaba que una mujer fuera reconocida como la autora principal de una obra de importancia para la historiografía uruguaya. El nombre de Pivel fue determinante para dar legitimidad a la obra en un campo historiográfico en formación. Sin embargo, las evidencias documentales que hemos trabajado sugieren una participación notoriamente diferente por parte de Ranieri. Este hecho obliga a reconsiderar no solo la autoría de la HROU, sino también, algo que nos parece más importante aún, la posición y el reconocimiento de las mujeres en la historiografía uruguaya de ese periodo.
En última instancia, el artículo no solo aborda la coautoría de la HROU, sino que también pone en evidencia las dinámicas de poder y género que han caracterizado la historiografía uruguaya, subrayando la necesidad de reevaluar el legado de las mujeres que contribuyeron a la construcción del conocimiento histórico en el país. Con ello, se busca reivindicar el papel de Ranieri como una historiadora olvidada (y no simplemente como la esposa de), y rescatar su relevancia en un campo que, durante gran parte del siglo XX, ha sido narrado casi exclusivamente por figuras intelectuales masculinas.
8. Fuentes y bibliografía
8.1 Fuentes primarias
Revista Histórica, segunda época (1942-1982), Museo Histórico Nacional.
Seminario Marcha (1939-1974), Montevideo, Universidad de Montevideo.
El Bien Público (1878-1963), Montevideo, Biblioteca Nacional del Uruguay.
8.2 Fuentes inéditas
Archivo General de la Nación del Uruguay, Archivo Juan E. Pivel Devoto (1770-1997).
Biblioteca Personal Juan Ernesto Pivel Devoto, Montevideo, Universidad de Montevideo.
Entrevistas a Juan Pablo Pivel Ranieri (15 y 17 de noviembre de 2020) y Luis Alberto Lacalle Herrera (29 de agosto de 2022)
References
8.3 Bibliografía general
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