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Resumen: El artículo evalúa y expone la participación de un grupo de militares exiliados republicanos españoles, denominados "hispanosoviéticos", en la asistencia técnico-militar brindada a la Revolución Cubana entre 1960 y 1962. Focalizándose en las figuras de Ramón Soliva y Francisco Ciutat, se explora su rol en la profesionalización de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y en la consolidación del nuevo régimen cubano, destacando cómo su papel fue crucial para la reorganización militar y la defensa de Cuba durante episodios clave como la invasión de Bahía de Cochinos, la "Crisis de los Misiles" y la llamada "Lucha Contra Bandidos". Además, se evalúa el impacto de estos en la construcción de un ejército revolucionario con funciones sociales y políticas, marcando un legado que trasciende la Guerra Fría.
Palabras clave: Revolución Cubana, hispanosoviéticos, Ramón Soliva, Francisco Ciutat, Fuerzas Armadas Revolucionarias, exilio republicano español, Ejercito Rebelde.
Abstract: The article evaluates and examines the participation of a group of exiled Spanish Republican military officers, known as "Hispanosovietics," in the technical-military assistance provided to the Cuban Revolution between 1960 and 1962. Focusing on the figures of Ramón Soliva and Francisco Ciutat, it explores their role in the professionalization of the Revolutionary Armed Forces (FAR) and the consolidation of the new Cuban regime, highlighting how their contribution was crucial to the military reorganization and defense of Cuba during key events such as the Bay of Pigs invasión, the Missile Crisis and the called "Fight Against Bandits". Additionally, the study assesses the impact of these agents on the construction of a revolutionary army with social and political functions, leaving a legacy that transcends the Cold War.
Keywords: Cuban Revolution, Hispanosoviets, Ramón Soliva, Francisco Ciutat, Revolutionary Armed
Forces, Spanish Republican exile, Rebel Army
1. Revolución Cubana y exilio republicano español.
1.1 Introducción, planteamiento y estado de la cuestión.
El triunfo de la Revolución Cubana marcó un punto de inflexión en la historia de la segunda mitad del siglo XX. La caída del régimen de Batista alteró el frágil equilibrio de poder entre superpotencias, generando una tensión que llevó al mundo al borde de la "destrucción mutua asegurada". En 1962, apenas tres años después de la entrada de los guerrilleros en La Habana, el "reloj del juicio final" se acercaba peligrosamente a la medianoche con el estallido de la Crisis de los Misiles. Cuba, en apenas meses, se convirtió en el epicentro de la política mundial: desde Hanói hasta Moscú, pasando por Washington, París y Madrid, su destino despertaba tanta esperanza como incertidumbre.
Desde ese momento y durante el resto de la Guerra Fría Cuba ocupó un papel protagónico en la historia de las relaciones internacionales2. Pese a ser un país 'pobre' en términos materiales y con una economía dependiente, la República de Cuba logró constituirse rápidamente a partir de ese momento en una potencia diplomática, económica, militar y cultural de primer orden. La influencia de este país en la historia contemporánea es, en última instancia, una auténtica anomalía. El hecho de que una nación con apenas 6 millones de habitantes, por aquel entonces el 0,25% de la población mundial, pudiera desempeñar un papel equiparable al de las grandes superpotencias es una auténtica paradoja, una que merece ser explorada en profundidad.
El objetivo del presente artículo es relatar y evaluar uno de los episodios que condujeron a la consecución de esta anomalía; la participación, en los primeros compases de la revolución, de un pequeño grupo de militares españoles, los primeros "hispanosoviéticos": Ramón Soliva Vidal y Francisco Ciutat de Miguel. Miembros del exilio provenientes de la Unión Soviética, que vieron en el proceso que acababa de desatarse en aquella isla una segunda oportunidad para relanzar la lucha por la construcción del socialismo y la liberación de España, y que acabarían jugando un rol fundamental en algunos de los episodios más críticos que estaban por suceder en aquel rincón del Caribe. La hipótesis de la que partimos es que la llegada al país de estos dos activos marcó un cambio cualitativo en la correlación de fuerzas, otorgándole al nuevo gobierno una ventaja estratégica que, en un momento decisivo, reforzó su estabilidad frente a presiones externas y divisiones internas. Además, se pretende mostrar, de qué manera su paso por la isla causó una profunda huella en la consolidación del entramado político-militar del nuevo régimen.
El exilio republicano español mantuvo una rica, compleja y multifacética relación respecto a la Revolución Cubana. Sin embargo, la literatura sobre este fenómeno es escasa. La inmensa mayoría de las aportaciones sobre este asunto se hayan dispersas, son incipientes o abordan el fenómeno de forma colateral; a través de investigaciones dedicadas a la Historia de América, aspectos específicos del proceso revolucionario cubano o a la historia del exilio republicano español en general.
Entre el reducido grupo de autores que ha abordado directamente este ámbito, cabe destacar los esfuerzos de Alicia Alted, quien arribó a Cuba persiguiendo el destino de los "niños de la guerra" que fueron acogidos en la Unión Soviética y que acabarían radicándose en el país caribeño3. En Cuba se encontró con el primer autor que intentó trazar una visión sistemática de las relaciones Cuba-Exilio-URSS y que definió el término "hispanosoviético", González Martell4. Años más tarde, juntos, entre otras obras5, desarrollaron el documental El exilio español en Cuba. Una doble mirada (2016); un aporte valiosísimo que recoge una amplia cantidad de testimonios y entrevistas orales abordando directamente el fenómeno6.
Junto a los anteriores destaca la figura de Domingo Cuadriello. Quien quizá haya desarrollado la investigación más sistemática hasta la fecha sobre la imbricación entre las culturas del republicanismo español y de la Cuba pre y post-revolucionaria7. En buena medida sus obras continúan la senda inaugurada por Naranjo Orovio8, quien desde una perspectiva centrada en la historia política expuso las repercusiones que tuvo para la sociedad cubana el desarrollo de la contienda civil en España, y cómo su desenlace tuvo implicaciones hasta el final de la década de los cincuenta. Una línea perseguida también, en el ámbito literario, por el politólogo Alberto Cruz en la novela Rosas Rojas de Sangre (1997).
Desde un enfoque mucho más centrado en las relaciones internacionales sobresale las figura de De Paz Sánchez9, quien a lo largo de su obra despliega de manera sucinta la poliédrica relación entre la Cuba revolucionaria y la España de Franco. Siguiendo esta línea, recientemente han aparecido esfuerzos dedicados a relatar la imbricación entre los exiliados, la cultura cubana postrevolucionaria, y la interacción entre el antifranquismo y los movimientos internacionales de izquierda. Dentro de este grupo destacan Cabañas Bravo10, Santana Hernández11, Pina Ta b í o 12, Rodríguez Suarez13 y García Molinero14.
No se puede dejar de mencionar otras obras centradas en aspectos específicos sobre la relación entre el republicanismo español y la Revolución Cubana que han sido muy útiles para la elaboración de este artículo. A destacar la obra de Yassels Ferrer Sencillamente Anónimos dedicada monográficamente a reconocer el papel de los españoles en la reorganización de las Fuerzas Armadas Revolucionarias cubanas (FAR)15. Merece la pena también destacar otros autores que han estudiado el papel de los españoles en diferentes ámbitos, como la instrucción filosófica y el desarrollo de la función universitaria, donde destaca González Lage16. Por otro lado, para rastrear y cuantificar la llegada de españoles a
Cuba provenientes de la URSS ha sido fundamental la obra Fuentes Históricas para el Estudio de la emigración española a la URSS (1936-2007)17.
Respecto a los protagonistas de este trabajo Ramón Soliva y Francisco Ciutat, apenas existe literatura especializada. Sobre todo, si la comparamos con lo prolífico de sus respectivas trayectorias. Del primero de ellos no existe obra monográfica, aunque actualmente el investigador Josep Calvet se encuentra desarrollando un trabajo específico para con su memoria. La figura de Ciutat si ha sido más estudiada. El ya mencionado De Paz Sánchez le dedicó un capítulo entero en su Zona de Guerra18, sin embargo, parte de la información allí expuesta ha ido siendo revisada por algunos trabajos posteriores como los de Ferrer19 y Pina Tabío20. Recientemente, dos historiadores de línea anticastrista, Yofre21 y Reynel Aguilera22, han publicado libros dedicados a exponer los nexos entre la Revolución Cubana y la estrategia del movimiento comunista internacional. En ellos han compilado ciertas fuentes y testimonios que, de forma lateral, ofrecen información relevante sobre el papel de Ciutat y - en un segundo plano - del resto de hispanosoviéticos. Mención aparte merece el programa emitido en 2005 para Radio Nacional de España con el título Los asesores republicanos de Fidel y de Che que recopila entrevistas a tres españoles que participaron del proceso: Damián Pretel, Jordi Soliva, Tomás Mansilla y Carlos Velasco23.
En lo que corresponde al estudio de fuentes primarias, ha sido fundamental el acceso a los fondos del Archivo General de la Administración (Alcalá de Henares) y a los archivos del Centro Documental de la Memoria Histórica (Salamanca) para acceder a diversas fuentes orales y escritas concernientes al estudio del exilio republicano español en general. Por otro lado, para el estudio en particular de los "hispanosoviéticos", fue clave el estudio de los archivos del Partido Comunista de España (PCE) localizados en la Biblioteca Histórica Marqués de Valdecilla, de la Universidad Complutense de Madrid. Además de la realización de varias entrevistas a Jordi Soliva Gassa, hijo de uno de nuestros protagonistas, y el acceso a su archivo privado. Y en menor medida, el acceso a los fondos del International Institute of Social History de Ámsterdam.
1.2 Temporalización y definición del fenómeno
El análisis de la literatura anteriormente mencionada ofrece una visión poliédrica sobre un tema complejo, que va evolucionando conforme el proceso revolucionario se decanta hacia el socialismo. Apoyándonos en ella, podemos concluir que las relaciones entre el exilio republicano español y la Revolución Cubana atravesaron tres grandes etapas. El presente artículo se centra fundamentalmente en la última de ellas.
Una primitiva etapa de apoyo transversal, pero personal y episódico, que se desarrolla fundamentalmente entre 1953 y 1959. Durante este tiempo el apoyo a la oposición anti-batistiana llegó incluso a recalar entre sectores franquistas dentro de la emigración española24. En estos primeros compases, la participación española en el movimiento de oposición fue a título individual y esporádica, desplegada antes por grandes figuras y personalidades que, por colectivos, organizaciones o partidos políticos, pero cualitativamente significativa25.
Una segunda etapa entre 1959 y 1961 de confluencia general desde las bases. La victoria definitiva del movimiento guerrillero se tradujo en un momento de florecimiento, efervescencia y democratización del espacio público. La Revolución Cubana alcanza su fase de "poder constituyente"26, y aparecen todo tipo de iniciativas de auto-organización popular que, de forma horizontal, comienzan a consolidar las grandes transformaciones sociales que iba a ir impulsando el nuevo gobierno. En ese contexto, las bases del exilio se "suman a la calle" sin una directriz o línea política clara. Por su parte, las direcciones de cada uno de los partidos políticos del exilio trataron de aproximarse a la jefatura revolucionaria con el propósito de estrechar vínculos entre el nuevo gobierno y su propia interpretación de la causa republicana27. Acercamiento que se saldó con un rotundo fiasco para todas las secciones del republicanismo español salvo para una: los comunistas.
Finalmente, desde 1961 y hasta 1973 - cuando, simultáneamente, comience la Transición en España y Cuba alcance una nueva etapa de maduración institucional- se produjo una tercera etapa en las relaciones entre el republicanismo español y la Revolución Cubana. Esta fase estuvo caracterizada por la incorporación de personal altamente cualificado, de filiación comunista, proveniente de la Unión Soviética y, en menor medida, de otros países latinoamericanos. A partir de 1961, el proceso revolucionario adoptó explícitamente una orientación socialista, y el conglomerado organizacional de los exiliados españoles cambió sustancialmente. El nuevo equilibrio de fuerzas colocó a los comunistas en una posición hegemónica a la hora de capitalizar las relaciones entre el exilio y el nuevo régimen. Esta tercera fase, coincidió también con la tercera etapa de la revolución, en la que se asentaron las bases del nuevo Estado28.
En esta última etapa el entramado organizacional de los exiliados cambia sustancialmente. Se disuelve el Comité Conjunto de Organizaciones Republicanas Españolas y se funda la Sociedad de Amistad Cubano-Española (SACE). La cual absorbió a las principales organizaciones de exiliados más eclécticas -como la Casa de la Cultura, el Círculo Republicano Español, la Unión de Mujeres Españolas y las casas regionales-, centralizando sus actividades bajo una dirección unificada y afín al ideario comunista29. La SACE, presidida por José María González Jerez, actuó como plataforma cultural y política, promoviendo actos públicos, la publicación de revistas y editoriales como España Republicana, y la locución de programas radiofónicos como La Voz de España. También desempeñó una labor de cohesión organizativa en sintonía con las políticas del PCE y su homólogo el PSP cubano30. En ese tiempo, la SACE realizó una extensiva actividad proselitista a favor de la línea política del PCE entre la emigración española con acciones de propaganda que iban desde la celebración de mítines31, la recaudación de fondos32, o la celebración de congresos artísticos33.
Este proceso, junto con el clima de crisis que empezó a vivirse en el país, motivó la salida del país de una parte significativa de los republicanos españoles no afines al ideario socialista que partirán hacia su segundo exilio. Sin embargo, esta marcha coincidió con la llegada de brigadistas y voluntarios internacionalistas. Algunos motu proprio; otros a través de convenios oficiales establecido entre el gobierno cubano y la URSS. Todos ellos con una serie de rasgos en común: una profunda motivación ideológica, una alta capacitación técnica, y una trayectoria destacada en puestos de responsabilidad y gestión, en la Unión Soviética o durante la Segunda República.
A diferencia del resto, este grupo de emigrados se adscribió al proceso revolucionario de forma cohesionada y orgánica. Incorporándose a la revolución en calidad de especialistas, cuya función vino respaldada muchas veces, además de por un interés personal, por un convenio de cooperación estratégica desarrollado en el seno del movimiento comunista internacional. Serán los llamados "hispanosoviéticos". Exiliados españoles -"niños de la guerra" o veteranos miembros del republicanismo español-, afines, fundamentalmente al Partido Comunista de España.
Las fuentes especializadas consultadas datan en 236 el número de españoles provenientes desde la URSS que acabaron en Cuba cumpliendo funciones al servicio del nuevo gobierno durante esta tercera etapa34. Algo concordante con las apreciaciones recogidas por Martell35 y Alted36, que estiman en más de 200 el número de hispanosoviéticos que llegaron a Cuba para ponerse al servicio de misiones de cooperación internacional. La gran mayoría destinados a tareas pedagógicas, diplomáticas, de traducción o de planificación económica. De entre ellos, un reducido grupo llegó para desempeñarse como asesores militares, haciendo las veces de "grupo motor" para el resto. El presente artículo pretende ofrecer un estudio de dos de estos casos, los primeros cronológicamente hablando, la participación en la reorganización del sistema de defensa cubano de los españoles Ramón Soliva y Francisco Ciutat.
2. "Roca" y "Angelito": A las órdenes de un tal Fidel Castro.
"Fidel me esperaba en Cojímar -refiere Fernández-. Conversamos un rato y sacó una libretica, cosa no habitual en él, pues creo no la usaba hacía mucho tiempo, y me dijo que yo era el número doce en conocer el secreto que me iba a trasmitir. Me explicó que dos españoles luchadores de la República y combatientes del ejército soviético habían venido a asesorarnos y él deseaba que yo los conociera, si era posible, ese mediodía. (...) Vestidos de trajes cruzados y enfundados en sombreros de alas anchas, tenían tipo de campesinos. En este encuentro intercambiamos criterios sobre la preparación de las milicias y de las tropas, los planes y programas de estudio, el trabajo educativo militar y político, así como otras cuestiones de interés. En los días siguientes revisaron conmigo algunos de los programas de preparación e ideas organizativas." Capitán José Fernández Álvarez37.
2.1. Contexto: De la victoria al asedio. Ante un inmenso desafío.
En abril de 1959 Fidel Castro arribó a Estados Unidos con el propósito de manifestar la pretensión de preservar una relación convencional entre ambos países. Castro, sin embargo, fue tratado recelosamente por la administración norteamericana. Su visita fue ninguneada por el gobierno de Eisenhower y no consiguió llegar a ningún tipo de compromiso que garantizara la no injerencia de la superpotencia. A partir de ese momento, las relaciones entre los dos países comenzó una escalada sin precedentes38.
El punto clave de fricción fue la promulgación el 17 de mayo de 1959 de la Ley de Reforma Agraria, que afectó directamente a compañías estadounidenses que poseían grandes extensiones de tierra en Cuba. Algo que, tal y como asegura Pierre Charles, fue el auténtico detonante que liberó una profunda y prolongada "guerra de clases" en el país39. Desde finales de la primavera de ese año, la administración estadounidense empleó una amplia panoplia de métodos de lo que hoy llamaríamos "guerra híbrida" para tratar de dislocar al gobierno cubano40. Esta situación escaló hasta la firma el 6 de julio de 1960 de la Ley No. 851, que autorizó la nacionalización de bienes y empresas estadounidenses mediante expropiación forzosa41, un decreto que buena parte de los investigadores localizan como el punto de no retorno en las relaciones Estados Unidos-Cuba.42
Por su parte, la Unión Soviética durante todo ese largo primer año de la revolución se mantuvo distante. Para los articulistas de Pravda e Izvestia lo que estaba sucediendo allí era simplemente un movimiento de "liberación nacional"43. Durante los primeros ocho meses de 1959, la prensa soviética aplaudió algunas medidas del nuevo gobierno, pero se abstuvo de hacer grandes alegatos a su favor. Sin embargo, la escalada de tensión y la progresiva imbricación de los servicios de inteligencia norteamericanos con la contrarrevolución, terminó provocando que la alta dirección de la revolución mirara hacia Moscú en busca de apoyos.
El 16 de octubre de 1959 arribó a La Habana Alexander Alexeyev, funcionario del Comité de Relaciones Culturales con Países Extranjeros de la URSS. Poco más tarde, el 4 de febrero de 1960 llegaba Anastas Mikoyan, cuyo viaje se saldó con la obtención de un convenio comercial para la compra de 425 000 toneladas de azúcar, y un millón de toneladas anuales para los siguientes cuatro años44. A partir de la segunda mitad de 1960 se produjo un acercamiento vertiginoso entre los dos gobiernos. El 9 de julio, Khruschev aseguró en un discurso estar dispuesto a defender por la vía de las armas al país antillano para garantizar su independencia total respecto a los Estados Unidos45. El propio Raúl Castro, en calidad de Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR), visitó Moscú ese mismo mes. Sin embargo, el momento culminante en la relación entre los dos países durante esa primera etapa llegó cuando Ernesto Guevara visitó el país como presidente del Banco Nacional de Cuba.
Gracias a dicho viaje, Guevara obtuvo para Cuba la firma de grandes convenios en materia de cooperación militar y económica, entre ellos, según el "hispanosoviético" Vicente Delgado, tras entrevistarse con la plana mayor del PCE, el "Che" consiguió el compromiso explícito por parte de Dolores Ibárruri "Pasionaria" para proveer durante los años subsiguientes de manera sistemática técnicos especialistas en materia militar, industrial e ideológica46. Este encuentro a la larga asentaría las bases de los programas de cooperación que dieron cabida a la llegada oficial y escalonada de hispanosoviéticos entre 1961 y 196347. Sin embargo, como veremos más adelante, esta relación ya había tenido su preámbulo en la misión que dio soporte a la llegada al país de Soliva y Ciutat.
Cimentando el acercamiento entre los gobiernos soviético y cubano desempeñaría un papel crucial el Partido Socialista Popular. Durante todo 1959 este partido desarrollaría una profunda labor proselitista redactando tanto artículos públicos como informes internos, favoreciendo el encuentro con la URSS48. Con ellos, una nutrida cantidad de comunistas españoles, exiliados o emigrados, con quienes mantenían lazos de hermandad, de comunión con el ideal socialista, y que habían compartido, en cierta medida, la represión del "batistato"49. Esto les granjeó cierta respetabilidad y confianza ante las nuevas autoridades, en un momento en que se sucedían divisiones internas y amenazas de traición.
Según la versión sostenida por Yasells Ferrer, en medio de la crisis de octubre de 1959 que desató la dimisión de Huber Matos, la dirección del PSP, acompañada por algunos cuadros dirigentes del PCE, sugirieron directamente a Raúl, adelantándose a cualquier consenso, e incluso a cualquier decisión oficial soviética, que solicitase la llegada a Cuba de asesores militares españoles provenientes del bloque socialista50. Presumiblemente, entre diciembre de 1959 y febrero de 1960, en una fecha aún por determinar, Carlos Rafael Rodríguez, dirigente del PSP, se entrevistó con Santiago Álvarez, quien más adelante fue el enlace permanente en Checoslovaquia entre la dirección del PCE y los miembros del partido en Cuba. Este trasmitió la solicitud a Dolores Ibárruri y el resto del Buró, que aprobó el acuerdo51.
Los primeros en ser convocados para esta misión iban a ser, por nombramiento directo de Pasionaria, los coroneles Francisco Ciutat, Ramón Soliva y el general Antonio Cordón García. Este último, según el testimonio de su propia hija Teresa, finalmente rechazaría su involucración por cuestiones relacionadas con la edad y su estado de salud. Todos ellos miembros destacados del Ejército Popular de la República, héroes de la guerra en España, exiliados en Moscú, de profundas convicciones comunistas y con una destacada experiencia en tareas de Estado Mayor.
La socióloga Theda Skocpol expuso que todo triunfo revolucionario pende, en última instancia, de la capacidad de superar una crisis de régimen a través de la conformación de una nueva institucionalidad post-revolucionaria52. Una institucionalidad que, en la inmensa mayoría de los casos, culmina con la construcción de nuevos Estados, más centralizados y eficaces, con mayor capacidad de control sobre la sociedad, la cultura, la economía y los individuos. Estados cuya supervivencia radica, en primera instancia, en la consolidación de una serie de aparatos coactivos dedicados a ejercer el monopolio de la violencia53.
En ese sentido, una de las necesidades más acuciantes para el nuevo régimen fue convertir y reorganizar su ejército de milicias en un ejército regular. Unas fuerzas armadas profesionales capaces de pasar de una doctrina fundada en métodos de guerra no convencional y el modelo de lucha nómada de la guerrilla, a una fuerza capaz de garantizar la soberanía e integridad territorial del país de forma permanente y rechazar cualquier intento de invasión del vecino del Norte. Ya en 1959 se había repelido un primer intento de desembarco de mercenarios y voluntarios ultraderechistas desde República Dominicana y se temía que un hecho como este pudiera repetirse, pero esta vez con la participación directa de los Estados Unidos.
Tal y como explica el especialista Silva Ardanuy, tras la toma del poder, el Ejército Rebelde, una fuerza militar poderosa, pero nacida de la suma de una miríada de grupos, construido en torno a liderazgos locales y jerarquías informales, podía convertirse en un foco de divisiones internas y una amenaza para la propia estabilidad del gobierno revolucionario54. Una posibilidad que se había materializado con la insubordinación del comandante Matos y que volvería a ser tanteada por el hispano-cubano Eloy Gutiérrez Menoyo, líder del Segundo Frente del Escambray, y su segundo, el norteamericano William Alexander Morgan en octubre de 1960.
Para dirección de la revolución el ejército rebelde, nutrido generalmente por campesinos, jornaleros y otras capas desfavorecidas, estaba convocado a desempeñar no solamente un rol coactivo, dedicado a tareas de estricta defensa, sino que fue ideado como fuerza viva, protagónica, a la que se le reservaba un papel positivo, proactivo respecto a las transformaciones que estaban por venir. En ese sentido, el ejército cubano estaba destinado a cumplir una labor tan política como militar. En el contexto de radicalización que asumió el proceso a partir de 1960, las fuerzas armadas estaban llamadas a ser el primer motor que impusiera manu military las diferentes leyes y decretos que iba promulgando el nuevo gobierno55.
La alta jefatura del Estado pronto comprendió que sus embrionarias fuerzas armadas necesitaban realizar en tiempo récord un profundo proceso de adaptación si querían cumplir ese triple objetivo de defensa, de unidad interna, y de -podríamos llamar- "intervención social". Además, no iban a poder realizar esa transición si no contaban con el apoyo material y humano de los países socialistas, países en aquel momento punteros tanto en términos de doctrina como de capacidad armamentística. Sin embargo, solicitar asistencia directa a estos países suponía un gran riesgo.
La relación de fuerzas en el seno del gobierno revolucionario era muy precaria y cualquier acercamiento prematuro a la URSS podía hacer saltar por los aires la precaria alianza entre sectores de izquierda, reformadores y nacionalistas, los principales sectores que sustentaban al nuevo régimen. Tampoco a la propia dirección soviética, podemos suponer, en pleno acercamiento a los Estados Unidos, le interesaba demasiado apostar por ese poco claro, aunque radical, "movimiento de liberación nacional". En ese contexto la vía de los hispanosoviéticos, la vía de Soliva y Ciutat, se volvió crucial.
2.2 Primera tarea: reorganizar las defensas.
Ramón Soliva y Francisco Ciutat llegaron a Cuba entre marzo y julio de 1960, de forma clandestina, bajo identidades falsas proporcionadas por militantes del PSP en Checoslovaquia. Un esfuerzo que - de acuerdo con el testimonio de Jordi y de forma concordante con lo que recoge Yasells Ferrer56 - fue posible gracias a la red de contactos internacionales de este partido y al apoyo logístico proporcionado por los servicios de inteligencia del bloque socialista. Soliva, renombrado como Roberto Roca Blanco, se presentó como ingeniero hidráulico, mientras que Ciutat adoptó el nombre de Ángel Martínez Reozola haciéndose pasar por un ingeniero agrónomo contratado por el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA)57.
Estos dos veteranos tenían varias características oportunas para la participación en el escenario cubano. Además de su bagaje acumulado durante la guerra en España y su participación en la Segunda Guerra Mundial, ambos habían sido adiestrados en doctrina soviética a través de las principales academias del ejército rojo. Soliva fue graduado con honores, con la calificación más alta de la escuela Fruntze para oficiales de campo. Ciutat recibió instrucción en la academia de Estado Mayor Voroshílov58, en la que obtuvo calificaciones sobresalientes. Soliva y Ciutat provenían de trayectorias disimiles, pero complementarias, siendo el primero un miliciano, obrero de la electrotecnia, que en España había ido ascendiendo a razón de méritos en el campo de batalla. El segundo un oficial de academia, ejercitado en labores de planificación que se había destacado como el comandante más joven del Ejército del Norte59.
Además, los dos habían sufrido duras críticas -que llegaron al grado de calumnia en el caso de Ramón- durante los procesos de depuración y purgas que sacudieron al PCE en la década de los cuarenta, y, no obstante, habían aguantado estoicamente, sin renunciar al Partido. Esto les hacía valedores de toda confianza para la que sería - a la postre - su última misión. Por lo demás, los dos habían sido convocados para realizar una tarea que ya habían desempeñado anteriormente en España: reconvertir un ejército de milicias en un ejército popular profesional.
Jordi, hijo de Ramón, recuerda que "el viejo" -como se refiere cariñosamente a su padre- dedicó los primeros meses de ese año 1960 al estudio del armamento y la doctrina militar norteamericana. Mapas de Cuba y La Florida se amontonaban en su escritorio los últimos días antes de su partida. Nadie en su familia y entorno cercano conoció entonces el destino que le aguardaba. La confidencialidad del asunto fue tal, que el propio Ramón deshizo el itinerario que soviéticos y cubanos habían preparado para él.
Como demuestran los documentos consultados en el archivo privado de la familia Soliva, Ramón llegó a Cuba el 18 de marzo de 1960. El 4 de ese mismo mes había llegado por sus propios medios Ciutat. El primer encuentro de Soliva y Ciutat con Fidel se produjo el 28 de marzo, en La Granjita en Cojímar, uno de los lugares donde se alojaba el primer ministro. Durante catorce horas, -cuenta Jordi- Fidel relató en detalle el proceso acontecido en el país y la situación política y militar. Ambos asesores españoles escucharon atentamente, ofreciendo solo intervenciones puntuales. Los encuentros entre Soliva, Ciutat, Fidel y los demás se reprodujeron durante varias semanas. De aquellas reuniones, Roca y Angelito salieron con sus rangos en los ejércitos soviético y republicano reconocidos, y con salvoconductos que les facultaban para cualquier tipo de intervención ejecutiva. Así lo demuestra el original consultado en el archivo personal de Soliva con fecha de 30 de agosto de 1960:
"A quien pueda interesar. El Ingeniero Roberto Roca Blanco está desarrollando actividades bajo la dirección directa del Comandante Fidel Castro Ruz, para el Departamento de Industrialización del Instituto Nacional de la Reforma Agraria. Se solicita de las autoridades civiles y de las Fuerzas Armadas Revolucionarias que presten al Ingeniero Roberto Roca Blanco cuantas facilidades sean necesarias para su trabajo. Firmado: Fidel Castro Ruz60."
A la postre nuestros protagonistas dividieron sus caminos. Ciutat se estableció como adjunto al grupo que después daría como resultado la conformación del "Ejercito del centro" de las FAR, de la mano de los comandantes Sergio del Valle y William Gálvez Rodríguez. Entre abril de 1960 y hasta la crisis de octubre de 1962, además de en clases teóricas y prácticas sobre todo tipo de asuntos de orden operacional, él mismo se desempeñó en tareas de reconocimiento y fortificación en lugares clave como Isla de Pinos (Isla de La Juventud) y el este de La Habana61. Durante este tiempo, entre otros asuntos, asesoró a varios jefes militares en la Escuela de Cadetes de Managua, fue el responsable de la formación de pequeñas unidades de morteros, promovió la creación la Fuerza Guardafrontera y fue asignado como jefe de Artillería del ejército de Occidente62. Fue también responsable del atrincheramiento de la ciudad de La Habana. Junto con el Che visitó los puntos más delicados de la defensa de la provincia de Pinar del Rio y asesoró a los destacamentos encargados de su custodia. Los oficiales Pedro Miret Prieto, Julio García Oliveras, Hermes Marns Colombo, Leonardo Andollo Valdés o Raúl Menéndez Tomassevich fueron solo algunos de los que trabajaron junto con Ciutat63.
Por su parte, Soliva fue destacado junto a Raúl Castro, con quién se desempeñaría como miembro de Estado Mayor del ejército de Oriente a partir de su fundación. Soliva se convirtió en uno de los hombres de confianza de Raúl. Cuando más tarde, a partir de julio de 1962 -relata Jordi- la familia Soliva se radicó en La Habana, en el barrio del Nuevo Vedado, cohabitaron en el mismo edificio junto a la escolta y resto de comitiva del Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y Comandante del Ejército de Oriente. Durante ese tiempo, la familia Soliva compartió su día a día con el grupo de Raúl. Entre 1960 y 1962 impartió clases y asesoró a varios líderes de diferentes escalafones dentro del ejército, incluyendo el grupo de Estado Mayor, que fue conformándose, precisamente, a partir de estas clases y talleres. Ernesto Casillas, Ricardo Cisneros y Vivencio González Herrera fueron algunos de los jefes de operaciones con los que compartió funciones hasta 196264.
A "Angelito" y "Roca" se les confió el adiestramiento de la oficialidad de los nuevos regimientos y la consolidación de los planes para la defensa del país. En términos doctrinales, los hispanosoviéticos recomendaron combinar la defensa enérgica con las acciones tácticas activas, y renunciar a la inmovilidad de los ejércitos convencionales. Su apuesta pasaba por aplicar una filosofía de guerra móvil, en la que batallones ligeros de milicianos complementaran grupos de baterías con armamento pesados65. Paralelamente, comenzaron a llegar los primeros envíos de armamento ruso y checoslovaco. Pero como expondremos más adelante, Soliva y Ciutat no se limitaron a ofrecer clases teóricas. Esta etapa coincidió con las primeras fases de la Lucha Contra Bandidos (LCB), la batalla de Bahía de Cochinos y la Crisis de los Misiles. En todos estos escenarios participarán de forma activa.
Soliva y Ciutat comparten todos los avatares de la coyuntura con sus homólogos cubanos. Un documento emitido el 31 de enero de 1961 por las FAR y firmado por el propio Raúl Castro solicita que la familia Soliva sea invitada a pasar un día en La Laguna. Este documento refleja el tipo de relación fraternal y confianza que va a establecerse entre la dirección revolucionaria, los asesores españoles y sus familias:
"Del: Ministro de Fuerzas Armadas
Al: A la compañera Rosana (Secretaria de Managua)
Asunto: Central Australia (Antigua Casa de Bolaños)
Compañero: el portador, compañero Mario Hernández, miembro de mi escolta, va acompañado de una familia, a la que invitamos a personarse un día en la laguna. Debes brindarles todas las facilidades, para que pasen un día confortable. Celia me dijo que te avisaría por teléfono. Consíganles una o dos lanchas para pescar. Saludos.66"
La relación entre Ciutat y Soliva para con Fidel, Raúl y el resto de la plana mayor de la dirección revolucionaria forjó lazos de profunda confianza mutua. Da muestras de ello esta carta manuscrita de Fidel a Ramón, excusándose por no poder verle esa misma tarde, debido al tiempo que ha dedicado a la elaboración de un discurso crucial para la nación, y actualizando su propia agenda para poder pasar el día juntos.
"Querido Ramón. A pesar de mi buena voluntad me es imposible ir a verte esta mañana; la preparación del discurso de esta tarde, con los cambios que se producirán aquí, de una en una, me ha dado más trabajo del que yo pensaba. Iré a tu casa esta tarde en cuanto termine el acto. Por la noche, a las ocho, tenemos la cena prevista. Yo os llevaré a ti y a Rosa, al lugar donde va a celebrarse. ¡Los libros que me habías ofrecido no los olvides! Yo te adjunto las mínimas de NB. Ha quedado bastante bien. Tu artículo ha merecido ya elogios de la poca gente que he visto y ha podido leerlo. Hasta la tarde, no sé exactamente a qué hora, un abrazo. F. 19-05-196767"
Los asesores españoles -como señaló María Teresa Reyes, traductora de ruso que llegó más adelante- se esforzaban por adaptar los conocimientos soviéticos a la realidad cubana, en lugar de imponerlos68. Esto implicaba considerar la idiosincrasia de los cubanos al transmitirles conocimientos técnicos y militares. La proximidad con que estos "gallegos" -como se refieren a los españoles cariñosamente en Cuba- podían relacionarse con los cubanos, en términos idiomáticos y de costumbres los situaba en un lugar privilegiado a la hora de ejercer las dotes de mando. Muy pronto sus aportes, su trabajo y su relación para con la dirección revolucionaria iban a ser puestas a prueba.
2.3 Los españoles entre "Girón", "Octubre" y el "Escambray".
Tres grandes hitos conmocionaron la vida política de Cuba en los primeros sesentas: la expedición contrarrevolucionaria de "Bahía de Cochinos-Playa Girón", la Crisis de los Misiles y la prolongada campaña de "Lucha Contra Bandidos". Estos tres acontecimientos decantarán los primeros compases del proceso revolucionario en los albores de su institucionalización. Ciutat y Soliva libraron roles de importancia en cada uno de ellos.
La invasión de Bahía de Cochinos fue un intento de desembarco anfibio contrarrevolucionario, que tuvo por objetivo establecer una cabeza de playa que sirviese para extender una operación militar a gran escala. La operación comenzó en la madrugada del 17 de abril de 1961, con el desembarco de tropas en Playa Girón, Playa Larga, y Caleta Buena, apoyado por lanzamientos de paracaidistas. Los invasores buscaron tomar el control de áreas clave en el camino que unía la playa con el centro de Matanzas, pero encontraron resistencia de milicianos cubanos. A pesar de la cobertura aérea inicial brindada por los Estados Unidos, los asaltantes fueron incapaces de consolidar sus posiciones. La rápida movilización de milicianos y el despliegue de refuerzos por parte del gobierno cubano lograron envolver la zona y forzar la retirada de los buques de apoyo69.
Por lo que se conoce hasta el momento, aunque ambos desempeñan un papel activo en la preparación de las defensas y en el diseño de la estrategia que preveía cómo responder ante una eventual invasión, ninguno de los dos tuvo un papel directivo en los acontecimientos que dieron al traste con la incursión. Sin embargo, esto es debido, asegura el hijo de Ramón Soliva -concordando con lo que exponen Yasells Ferrer70 y Sánchez71- , no a que los españoles estuvieran destinados a la "reserva" o a tareas menores, sino todo lo contrario. Y es que, en aquel entonces, todos los informes de contrainteligencia indicaban que cualquier eventual intervención norteamericana atacaría bien la Isla de la Juventud, bien el centro del país, entre Trinidad y la sierra del Escambray. Durante la batalla que apenas duró unos días los españoles estaban "atrincherados" en estas provincias.
Donde parece, con la información de que se dispone hasta ahora, que los dos hispanosoviéticos desarrollaron un papel más determinante fue en toda la fase preparatoria que dio lugar a la "crisis de octubre" de 1962. Un documento firmado por Raúl Castro y el comandante Sergio del Valle, perteneciente al fondo privado de Jordi Soliva, demuestra que este fue nombrado jefe de Estado mayor del ejército de Oriente el 17 de marzo de 196272. En los meses subsiguientes se llevó a cabo la operación "Anádir", que daría cabida al despliegue de misiles de medio y largo alcance soviéticos en el país antillano73.
Jordi recuerda el momento en que la crisis detonó, precisamente durante la celebración del cumpleaños de su hermana. Raúl Castro interrumpió la celebración durante un almuerzo, y él y "el viejo" partieron en un coche particular directos a Santiago de Cuba. Al día siguiente, el resto de la familia partió con él. Hasta el final de la crisis, Soliva y Ciutat, en sus respectivos roles, se desempeñaron como los principales intermediadores entre las fuerzas soviéticas y cubanas. Jordi recuerda el momento en que, él mismo, fue convocado por Raúl para hacer de intérprete en una reunión entre soviéticos y cubanos en la que estaban analizándose los restos del avión U-2 de reconocimiento estadounidense derribado el 27 de octubre de 1962.
Lo cierto es que el papel específico, el tono y las formas en que se dieron estas conversaciones entre soviéticos, cubanos y españoles es todavía un asunto a esclarecer. Sea como fuere, el final de la crisis, resuelto a través de un acuerdo bilateral entre Estados Unidos y la URSS, que dejaba al margen a los cubanos se saldó con un congelamiento de las relaciones entre los dos países socialistas hasta 196874. El hecho de que los españoles a posteriori mantuvieran una relación de confianza con los líderes cubanos, junto con el hecho de que Roca y Angelito siguieran desempeñando sus responsabilidades hasta entrados los setenta cuando ya no eran tan imprescindibles, nos puede permitir sugerir que mantuvieron una posición genuina, que no se limitaron a seguir de manera acrítica los postulados de Moscú y que - al menos durante este episodio y a esas alturas - no eran, como sugieren Yofre y Reynel, simples marionetas de la inteligencia soviética.
Profundizar en la compleja relación que mantuvieron estos militantes internacionalistas para con la política exterior de la URSS y con el devenir de los acontecimientos en la arena internacional, es una línea de investigación muy prometedora, que puede arrojar información crucial respecto al funcionamiento del movimiento comunista internacional en el periodo de la Guerra Fría. Sin embargo, no podemos satisfacerla aquí. Baste, por ahora, para vislumbrar la compleja posición de nuestros protagonistas, el siguiente aporte:
En un texto redactado a mano por Ramón Soliva en 1967 describe el punto en el que están las relaciones entre la dirección cubana y la dirigencia soviética y la posición que debiera adoptar el PCE, según su criterio, respecto al problema de la "independencia política" para con la URSS. Roca concluía que los motivos de inconformidad de los cubanos estaban justificados, pues la amenaza de una intervención directa norteamericana contra el país era más que probable. Sin embargo, eso no debía servir al resto de organizaciones comunistas, incluido el PCE, para alentar la ruptura de relaciones con la Unión Soviética.
"Es justo decir que nuestro P. ha dado pruebas de ser un partido independiente, pero quiero decir dos palabras sobre la independencia de los Partidos Comunistas. Creo que hay algunos partidos, incluso por las vecindades nuestras, que hacen alarde de independencia hasta tal punto que se separan de lo bueno para caer en la órbita de atracción de lo malo. Para mí, en la hora de decidir todo y siendo el nuestro un Partido independiente, no hay otro camino que estar junto al PCUS. Queramos o no la US es la base todo el movimiento comunista mundial. Sin esa base el movimiento se desmoronaría y sería aplastado en todo el mundo.
(...)
Ante lo que sucede en un país socialista a las antípodas de los EU [refiriéndose a la URSS], ¿qué puede pensar un pueblo situado a apenas 90 millas de los mismos? ¿Cuándo además este país ha conquistado el odio más feroz de los imperialistas yanquis por haberse atrevido a proclamar el socialismo en sus propias narices? (...) Quisiera que se reflexionara sobre lo que significa para un pueblo vivir años y años bajo la amenaza latente de su destrucción. Ante esta situación es justificable el planteamiento cubano. Tarde o temprano (más temprano que tarde) la agresión directa se producirá. Ante ella estaremos prácticamente solos. (Con menos ayuda por la situación geográfica que el Vietnam). Entonces cuantas más fuerzas tenga diseminadas EU en el continente americano menos podrá tener para la agresión [a Cuba].75"
Al resolverse la crisis, los españoles fueron redesplegados en el servicio de la Dirección de "Lucha Contra Bandidos". La participación española en esta campaña es seguramente la mejor datada y de la que se tiene más información. La LCB fue una lucha con profundas implicaciones políticas, sociales e ideológicas, que hizo estallar las tensiones internas que habían quedado solapadas durante la fase insurreccional de la revolución. En este conflicto, el gobierno de Fidel Castro se enfrentó a diversos grupos armados, conformados por ex-revolucionarios, campesinos, remanentes del antiguo régimen y otros sectores sociales descontentos con el rumbo tomado por la Revolución76. La LCB fue la primera gran campaña militar de contrainsurgencia desarrollada por las Fuerzas Armadas Cubanas y a la postre, la última gran oportunidad de la contrarrevolución para tumbar al gobierno de Castro. Esta operación fue ejecutada, fundamentalmente, por las Milicias Nacionales Revolucionarias (MNR), aunque secundada por el Departamento de Seguridad del Estado (DSE), el Departamento de Vigilancia de Puertos y Costas (DVPC) y diversas Divisiones de los ejércitos de centro, occidente y oriente77.
El papel de los Estados Unidos fue crucial en la escalada del conflicto. La CIA identificó al Escambray como una zona estratégica para desestabilizar el nuevo gobierno y brindó apoyo armamentístico, financiero y logístico a los alzados.78 Ante la creciente amenaza, el gobierno cubano respondió con la creación de las Milicias Nacionales Revolucionarias (MNR), integradas por obreros, campesinos y otros ciudadanos comprometidos con la defensa del nuevo gobierno, pero con apenas formación castrense. El adiestramiento y la preparación de estas milicias iba a tener en Soliva y Ciutat a algunos de sus principales responsables.
Ciutat se dedicó al apartado logístico y a la dirección estratégica, aunque también participó directamente en los combates. En ellos resultó herido de cierta gravedad.79 Por su parte Soliva estuvo más centrado en funciones de tipo operacional sobre el terreno. Según las entrevistas desarrolladas a Jordi Soliva - quién él mismo recibiría instrucción y desempeñaría como miliciano-, así como según las entrevistas desarrolladas por Yasells Ferrer80, su padre implementó tácticas que combinaban acciones de ataque y retirada, con una comprensión profunda del terreno y el estudio de las dinámicas sociopolíticas de la región. El autor Miguel Ángel Sánchez llega a afirmar que la ideación de la "Operación Jaula" que resultaría en un rotundo éxito para la revolución, resultó de una acalorada discusión entre Fidel y los españoles81.
Durante el desarrollo de esta operación, que se prolongaría hasta 1965, además de su labor militar directa, los hispanosoviéticos contribuyeron significativamente a la formación de una nueva generación de oficiales cubanos, participando en la creación de instituciones como la Escuela Básica Superior, el curso de Curso Académico Superior o la Escuela de Estado Mayor82. En sus cursos, implementaron un enfoque pedagógico basado en la combinación de teoría y práctica, donde se priorizaba la instrucción en tácticas de infantería, artillería y defensa aérea, junto con ejercicios en simulaciones de combate real. Estos programas incluían además la elaboración de manuales didácticos que adaptaban conceptos del Ejército Rojo al contexto insular de Cuba, enfatizando tanto la estrategia de la contra-guerrilla como las operaciones convencionales83.
Si bien durante esta campaña el aspecto ideológico, teórico o filosófico de las misiones internacionalistas recalaría en otros españoles provenientes de la URSS como Anastasio Mansilla o Damián Pretel84, Soliva y Ciutat también contribuyeron a la consolidación ideológica de la revolución en este aspecto. El análisis de los textos redactados por Soliva, así como algunas apreciaciones recogidas por Yasells Ferrer dan muestra de que estos combinaban en sus cursos sus conocimientos marciales con un fuerte componente teórico y pedagógico y una base filosófica marxista85.
Sea como fuere, el desarrollo de la LCB reforzó simultáneamente la adopción de las ideas socialistas entre una parte del ejército y la profesionalización de sus fuerzas armadas86. Fue un escenario donde milicianos y oficiales pudieron obtener su bautismo de fuego, adquirir experiencia en técnicas de contrainsurgencia, y "foguearse", quedando listas para responder la eventual posibilidad de una invasión militar a gran escala de los Estados Unidos como la que sufría el Vietnam. Algo que, por lo que refleja la carta del propio "Roca", parecía una contingencia más que probable. El triunfo definitivo por parte de las fuerzas revolucionarias, contribuyó a consolidar el liderazgo del nuevo gobierno. Acabó con las posibilidades de que arraigase en el terreno un "foco" contrarrevolucionario y sirvió como mantel de pruebas y puesta a punto de las ideas de Roca y Angelito
2.4 Consolidación, ampliación y reorganización de la misión
El año 1962 sería decisivo para el establecimiento en Cuba de los hispanosoviéticos. En ese momento la Secretaría General del PCE reestablece su línea política para con el proceso revolucionario y reorganizaría su presencia en la Isla. Durante ese año iba a ser cuando se materializasen los acuerdos firmados en la URSS año y medio antes. Va a ser a partir de este año cuando se produzca la llegada escalonada de cuadros técnicos de carácter no directamente militar, así como de los familiares de los que ya se desempeñaban como asesores en el país87.
Una circular interna emitida en abril de ese mismo año por Santiago Carrillo, Santiago Álvarez, Ignacio Gállego y José Moix, todos ellos en aquel entonces miembros del "buró político", dicta los 8 puntos que debieran reglamentar las relaciones entre los comunistas españoles y la revolución en ciernes88. En el segundo de los puntos se recomendaba que el comité central de la delegación del PCE en Cuba "refleje la nueva composición del Partido, incluyendo a algunos de los llegados de la URSS." En esta declaración, además, se sugería a los militantes evitar presentarse públicamente como miembros de dicho partido, valorar la llegada de militantes provenientes de otros rincones de Latinoamérica, y supeditar el trabajo del propio partido al de las recién creadas Organizaciones Revolucionarias Integradas (O.R.I). La prioridad del PCE pasa a ser ofrecer todas sus energías a la dirección revolucionaria.
Entre junio de 1961 y principios 1962 arribaron al país el resto de los militares republicanos provenientes de la URSS. Un grupo conformado por diez ex oficiales del Ejército Popular de la República, que se desempeñaron la gran mayoría bajo identidades falsas en tareas de formación, adiestramiento y organización en diferentes destacamentos de las FAR89. Una carta de González Jerez - secretario de organización del Partido en Cuba durante esos años - a Santiago Álvarez - miembro del buró político del comité central - fechada el 30 de enero de 1964 da cuenta del tipo de organización que este grupo de militares mantuvo en el país, y su relación para con la jefatura revolucionaria. Soliva y Ciutat seguirían "aparte", cumpliendo sus funciones, adjuntos a los comandantes Raúl y Serguera respectivamente. El resto, bajo la dirección de Márquez, desarrollarían sus funciones para con las FAR al mandato del comandante Sergio del Valle, "poniendo toda su capacidad al servicio de la Revolución Cubana y aprendiendo de ella90."
Un documento emitido por la Escuela de Ingeniería de Combate de las FAR, fechado a cinco de enero de aquel 1962, hoy conservado en forma de microflim en los archivos del PCE en Cuba, muestra, en profundo grado de detalle, el tipo de actividades de formación a que se dedicaría el personal militar hispanosoviético en su día a día. Este documento muestra que las clases impartidas por los hispanosoviéticos abordaban todo tipo de tareas y roles, y sirvieron a la práctica totalidad de escalas operativas de las incipientes FAR.
"Tengo el honor de comunicar a Ud., que esta Escuela se sentiría altamente agradecida si Ud nos diera las siguientes conferencias, en las fechas que oportunamente le comunicaremos.
Segunda semana de Febrero Tema 3 (2 horas) Fundamentos del combate ofensivo de la escuadra, pelotón y compañía. Segunda semana de Febrero Tema 5 (2horas) El batallón en la ofensiva contra un enemigo que ha pasado apresuradamente a la defensa. Tercera Semana de Febrero Tema 6 (2 horas) La marcha del batallón de Infantería en vanguardia de la División cuando se espera un combate de encuentro. Tercera semana de febrero tema 11 (2horas). La Brigada de Infantería en la ofensiva contra el enemigo en el instante de pasar a la ofensiva.
De ud. Revolucionariamente91."
Estos documentos indican: hasta qué punto los hispanosoviéticos asumieron un papel activo y multifacético en la planificación y ejecución de tareas esenciales para el desarrollo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias; y cómo los militantes del PCE en Cuba identificaron desde ese momento su línea política con su puesta al servicio de las necesidades del proceso revolucionario. Entre cubanos y españoles comenzaba a producirse una auténtica transmisión de conocimientos y se alentaba la identificación con las organizaciones cubanas.
Si bien las relaciones con la URSS sufrieron cierto congelamiento a partir de la crisis de los misiles, la cooperación hispano-cubana continuó, arraigó y se profesionalizó. Pese al distanciamiento respecto a los soviéticos, la profunda imbricación entre las culturas organizacionales de españoles y cubanos dio como resultado una auténtica transmisión epistémica, que enraizó desde la alta oficialidad hasta las bases del nuevo ejército. Entre 1962 y 1969 Cuba atraviesa lo que Guerra Vilaboy ha denominado "búsqueda del camino cubano al socialismo", una etapa en la que el país, pese a seguir manteniendo relaciones con los soviéticos, trata de escapar a su tutelaje, buscando su propio modelo92. Que, durante todo ese tiempo, la relación entre cuadros españoles y cubanos continuara y se estrechara, puede ssugerir, como vía a explorar en futuros trabajos, que los aportes españoles a la ciencia militar, facilitaron -quizá- la persecución de ese "camino independiente".
3. A modo de conclusión: balance, evaluación y nuevas líneas de investigación.
En línea con el resto de revoluciones triunfantes, a mediados de 1959 el gobierno revolucionario cubano tenía en sus manos un profundo desafío; en un tiempo récord, cabalgando contradicciones internas y presiones externas, debía acabar con cualquier intento de desestabilización, llegar con sus políticas a cada rincón del país, y garantizar su defensa territorial. Para poder satisfacer dichas necesidades el ejército cubano debía transicionar apresuradamente de un modelo de milicias a una fuerza armada popular profesional. Soliva y Ciutat fueron figuras clave en la resolución de esa contingencia. Ambos tenían el bagaje, la experiencia y las dotes de mando para llevar dicha transición a cabo.
El sociólogo e historiador Michael Mann, en su serie de cuatro volúmenes Las fuentes del poder social93, despliega de manera sucinta una concepción del Estado que ha venido a bautizar como "realismo institucional". En esta serie de libros despliega un concepto fundamental para evaluar el rol de un determinado grupo humano en la consolidación de un marco institucional: el término de "Poder Infraestructural" (PI). Mann defiende que las relaciones de poder no son algo abstracto, filosófico, casi etéreo, sino que el ejercicio del poder requiere de todo un conjunto de medios materiales y humanos, procedimientos y tecnologías de la organización, que pueden ser localizados, clasificados y caracterizados en cualquier etapa de la historia de la humanidad. A ese conglomerado de medios materiales y humanos, códigos y formas de proceder que necesita el poder para ejercerse, es lo que denomina PI94.
Este historiador retoma el concepto de la ciencia militar y la logística operacional. El ejercicio del poder necesita de una engrasada cadena de mando que traslade de arriba hacia abajo las órdenes que se determinan desde la dirección de cualquier proceso político. Toda élite dirigente necesita de un conglomerado organizacional "intermedio" que haga presente sus decisiones en cualquier parte del territorio y que, al mismo tiempo, de forma bidireccional, le permita "recabar" información, supervisar, y comprobar qué resultado obtienen, y hasta qué grado son aplicadas sus órdenes.
Como he tratado de demostrar, la consolidación del nuevo gobierno en Cuba y el proceso de transformaciones estructurales que desató la revolución requirió de un conjunto de especialistas que conjugaran lealtad al proceso, con probada experiencia de gestión, administración y control. La llegada de veteranos del Ejército
Popular de la República como Soliva y Ciutat, se convirtió en ese sentido en un hecho crucial, puesto que aportaron - en un aspecto tan sensible como la defensa nacional y en un momento de extrema necesidad -, el "know how", el "saber hacer"; la ingeniería organizacional de la que dependió en gran parte la vertebración del nuevo aparato militar. Con Mann, podemos concluir que los militares hispanosoviéticos importaron de la URSS para las FAR, las pautas para el ejercicio de su propio poder infraestructural.
En sintonía con Mann, otros historiadores contemporáneos como Gerwarth y Traverso han demostrado que una aproximación rigurosa a la historia contemporánea debe superar los sesgos locales y adoptar una mirada global y transepocal95. Los ciclos de violencia desplegados durante la Gran Guerra en Europa y sus postrimerías, tienen un papel determinante en las dinámicas organizacionales de la política del periodo de entreguerras. Las tecnologías del ejercicio de la fuerza, las culturas organizacionales y la proyección ideológica que sustentaron el esfuerzo bélico durante la Primera Guerra Mundial sobrevivieron, mudando de forma, durante la década de los veinte y los primeros años treinta. Las organizaciones partisanas tomaron cuerpo, precisamente, a partir de organizaciones de veteranos. Estos aportaron a la causa del socialismo internacional su propia facultad para ejercer la violencia organizada contra el orden establecido y los grupos paramilitares fascistas96.
En esos mismos términos, se puede proponer que los republicanos españoles, que aprendieron la "guerra de guerrillas" en el Riff 97, y las operaciones de armas combinadas a escala de división en "Teruel y el "Ebro", transmitieron ese preciado tesoro a los mandos cubanos, después de haber sido "perfeccionadas" tras su paso por las academias más sofisticadas de la Unión Soviética y tras haber pasado por la experiencia de la Segunda Guerra Mundial. Esta conexión invita a explorar con mayor profundidad el vínculo entre el desenlace de la Guerra en España, y la reconfiguración de las relaciones internacionales y algunos procesos políticos que se dieron en el contexto de la Guerra Fría.
El gobierno cubano en los años sesenta desplegó una proyección internacional propia, basada en el apoyo a una amplia cantidad de movimientos de liberación nacional y grupos políticos de la denominada "Nueva izquierda latinoamericana". Esta política de "extensión" de la revolución hacia otras latitudes - un fenómeno que por otra parte es común a cualquier proceso revolucionario-, convirtieron a Cuba en campo de adiestramiento para una buena cantidad de grupos revolucionarios que llegarán al país para adiestrarse y obtener formación de los cubanos en tácticas de guerrilla, la misma que estos hubieran obtenido y seguían perfeccionando con Bayo, Ciutat y Soliva. Así, cobra sentido tratar de rastrear a su vez como el testigo del arte de la guerra no convencional, fue pasando de la generación del 36, a la de los militantes latinoamericanos que se internaron en la selva en los sesenta. Los hispanosoviéticos pues, pudieron haber jugado un papel de "puente", que enlaza la experiencia republicana con la expansión del fenómeno guerrillero hacia América Latina. En ese sentido sería posible rastrear las conexiones entre este fenómeno y la lectura que han hecho de las militancias trasnacionales autores como Marchesi98, Martín y Rey99, o Harmer100.
El legado los hispanosoviéticos trasciende su impacto inmediato en las FAR. Ejemplos concretos de esto se verían reflejados en las misiones internacionales lideradas por oficiales formados bajo su instrucción, como las operaciones en Etiopía y Angola durante la década de los setenta. Lugares donde Cuba también logró proyectar su propia política exterior de manera solvente. Al profesionalizar el ejército cubano y vincularlo al contexto global de la Guerra Fría, los hispanosoviéticos cimentaron las bases para que Cuba desempeñara un rol destacado en misiones internacionales y las luchas anticolonialistas. Esta contribución puede ser perseguida como una muestra de la interconexión entre la Guerra Civil Española y los múltiples teatros en que se desenvolvió la Guerra Fría y en ese sentido, confluir con propuestas como la que persigue Daniela Spenser en el Cold War International History Project (CWIHP)101.
Los militares españoles provenientes de la URSS aportaron su profundo conocimiento del sistema soviético para organizar y disciplinar las nuevas instituciones militares que iban a ir naciendo al compás de las transformaciones políticas que se producían por todo el país. En buena medida estos dos hispanosoviéticos sirvieron de nexo entre las culturas organizacionales cubana y soviética. En primera instancia debido a su facilidad para pasar inadvertidos. Más adelante por su mayor capacidad para adaptarse a la mentalidad cubana. Todo invita a sugerir que, con el tiempo, en las diferencias entre Cuba y la URSS, los españoles quedaron del lado cubano, quizá por proximidad, por simpatía, por cultura asistencia técnico-militar a la revolución Cubana (1960-1962).
o por semejanza a su añorada España. Lo cierto es que la permanencia en Cuba de este grupo allanaría el camino para la consolidación de nuevas misiones, haciendo de intermediaros entre cubanos y soviéticos, y en buena medida cabe la posibilidad de evaluar que su permanencia en el país en la década de los primeros setenta, cuando Cuba definitivamente pivote hacia el modelo de socialismo soviético, pudo ser también determinante para la ejecución de este "giro".
Como he tratado de demostrar, Ramón Soliva y Francisco Ciutat no solo aportaron sus conocimientos en un plano teórico, sino que, vinculados profundamente al proceso, fueron actores clave para la consolidación dentro del ejército cubano de su propia cadena de mando. Roca y Angelito - y después el resto de militares hispanosoviéticos - materializaron la capacidad de las FAR para llegar en un tiempo record a desplegarse y vertebrarse a lo largo y ancho de todo el territorio nacional. Algo que se traducirá, en los años subsiguientes, en la creación de su propia doctrina, su propio escalafón y su propia lógica institucional. Esto no significa que sin estos actores el ejército cubano no hubiera sido capaz de encontrar su propio camino hacia la profesionalización, o que no habría podido resolver los problemas de seguridad que afectaban a la revolución, pero la contribución de los hispanosoviéticos permitió quemar etapas, ajustar los tiempos, traer una perspectiva distinta y evitar ensayos que, en una situación tan crítica, podrían haberse saldado a un alto coste.
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