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El escritor venezolano Salvador Garmendia publica Los pequeños seres en 1959, justo un año después que el general Marcos Pérez Jiménez fuera destronado, tras seis años de dictadura que, consecuente con su naturaleza, trajo opresión desmedida al país, pero también transformaciones en términos de renovación urbana, reunidas bajo el lema “Mis obras hablan por mí”. Quince años después aparece en el panorama Memorias de Altagracia, cuya temática y elementos espaciotemporales difieren totalmente de su narrativa anterior. En esta investigación se examinan críticamente las obras señaladas para indagar sobre las representaciones de la modernidad, cuya eclosión advertimos en Memorias de Altagracia, mientras que la solidificación del fenómeno se demuestra en Los pequeños seres, lo que orienta a una relación de complementariedad. De manera que proponemos subvertir las fechas de publicación de las novelas a las de su relato, para destacar la noción de la mirada de los protagonistas como elemento vinculante de dichas representaciones. Tal complementariedad se ilustra a través de la imagen conceptual de "ciudad circular", en la que cada semicircunferencia corresponde a representaciones espaciales que se distinguen por las dinámicas particulares dentro del desarrollo de la modernidad. A lo largo de este análisis se busca explorar la constitución de los espacios y el lenguaje como expresión de degradación de los cuerpos y los objetos, que hemos denominado “reflejo del ocaso”.Finalmente, las contribuciones y los impactos generados desde la fenomenología, así como los conceptos de experiencia y memoria, rescatados de la teoría de Walter Benjamin, conducen a un análisis particular en el que el recobro o el establecimiento del paraíso de la infancia se muestra irrealizable.