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Resumen
El poblado para trabajadores de la primera planta nuclear española, erigida en la desértica región de la Alcarria, está deshabitado desde 2006. Con parte de la instalación derribada, los restos del poblado anexo proyectado por Antonio Fernández Alba comienzan a recibir una densa y frondosa vegetación que define una suerte de oasis. Este artículo explora las estrategias utilizadas por el arquitecto para conformar este conjunto, que no solo contrasta físicamente con el paisaje desértico, sino que también, en el plano metafórico, permite explorar una forma de entender las ruinas en el presente, como excusa para conservar la memoria. Frente a una idealizada narrativa que pretende demoler este oasis para devolver un estado del paisaje inexistente y carente de valores, como si dicho conjunto nunca hubiera existido, este artículo trata de construir una historia paralela que añade complejidad a esta obra en un momento en el que su futuro se presenta incierto.
Palabras clave: paisaje, poblado, arquitectura, ruina, representacin
Abstract
The workers' settlement at Spain's first nuclear power plant, erected in the desert region of La Alcarria, has been uninhabited since 2006. With part of the facility demolished, the remnants of the adjacent settlement, designed by Antonio Fernández Alba, are now being overtaken by dense and lush vegetation, shaping a kind of oasis in the middle of the desert. This article explores the strategies developed by the architect in shaping this complex, which not only stands in physical contrast to the desert landscape but also serves, on a metaphorical level, to understand ruins as a pretext for preserving memory. In opposition to an idealized narrative that seeks to demolish this oasis to restore a pristine landscape devoid of memory, as if the settlement had never existed, this article aims to construct a parallel history that adds complexity to this work at a time when its future remains uncertain.
Keywords: landscape, worker settlement, architecture, ruin, representation
Introducción
Desierto de espejos, donde los muertos dejan de existir.1
En 1991, Antonio Fernández Alba (Salamanca, 1927-Madrid, 2024) publica un breve ensayo en el que analiza cómo la Guerra del Golfo se convirtió en un punto de inflexión en la concepción de los conflictos, respondiendo desde entonces a un «modelo de simulación», donde las imágenes y narraciones estaban condicionadas por la tecnología, la política y los medios de comunicación. Dicho conflicto, como también argumentó Jean Baudrillard ese mismo año, «no ha tenido lugar»,2 fue simplemente reducido a un espectáculo visual que, al ser retransmitido por los medios, deshumanizaba el impacto real de la violencia, convirtiendo el mundo en un «desierto de espejos». Según Fernández Alba, ese desierto respondía a una nueva forma de espacio metafórico, carente de valores propiamente humanos.
Desde principios de la década de 1960, ciertos territorios alejados de la gran ciudad albergaron las primeras plantas nucleares, un nuevo tipo de instalación industrial generalmente separada de media unos cien kilómetros de distancia. Por motivos de seguridad, estas instalaciones se construían en áreas escasamente pobladas, lo que derivó en un profundo desconocimiento de la población sobre ellas y en una creciente dependencia de las imágenes difundidas y popularizadas por los medios de comunicación, así como las empresas que levantan, operan y desmantelan dichas instalaciones. El modelo de simulación introducido por Fernández Alba permite ilustrar el desmantelamiento de estas plantas. Los procesos de desmantelamiento se apoyan en narrativas idealizadas que tienden a banalizar y tergiversar su complejidad. Así, esta nueva simulación, aunque con diferencias respecto a los conflictos bélicos, busca devolver el paisaje rural a un estado pre nuclear, dejando tras de sí extensos prados, como si estas instalaciones nunca hubieran existido.
Mientras que la ciudad está al servicio de las áreas donde se produce la energía, en numerosas ocasiones la formación y transformación del paisaje que alberga estas infraestructuras resulta desconocido y queda profundamente deshumanizado. A pesar de la aparente inmovilidad de este «desierto», este se trata más bien de un espacio de continua transformación. Este paisaje desértico alejado de la ciudad, más que un terreno árido de escasas precipitaciones refleja la complejidad de las distintas culturas que tratan de habitarlo. La historia de la arquitectura proporciona valiosos casos de estudio sobre cómo construir una narrativa paralela en torno a este territorio, incorporando valores que de otra manera caerían en el olvido o resultarían simplemente desconocidos.
Ante la imposibilidad de alojar al elevado número de trabajadores necesarios para la construcción y operación de las plantas nucleares en las localidades cercanas a la instalación, hasta la década de 1980 se impone la necesidad de levantar poblados satélites que pudieran albergar a unos trabajadores que, el escritor Javier Sebastián, denomina como «colonos del átomo» o «colonos de la vida radiactiva».3 En el contexto internacional, pueden tomarse de ejemplo los poblados de Prípiat, Ucrania (49.400 colonos), Visaginas, Lituania (35.000), Bagnols-sur-Cèze, Francia (15.000) o Thurso, Reino Unido (6.000). En España, corporaciones del sector energético como Unión Eléctrica Madrileña, Nuclenor o Hifrensa encomiendan, desde 1960, a arquitectos como Antonio Fernández Alba, Ignacio Álvarez Castelao y Antonio Bonet Castellana la construcción de poblados para alojar a los colonos de las primeras plantas nucleares, aunque más modestos en capacidad y extensión.4
Estos poblados suelen ir acompañados de una propaganda destinada tanto para atraer a un personal cualificado al medio rural como por tratarse de un programa sensible para la seguridad pública. Las corporaciones que los promovían tendían a ser generosas, ofreciendo en estos poblados condiciones de vida lo suficientemente atractivas como para evitar que el personal sintiera la necesidad de abandonarlos. Por ello, los estándares de calidad eran notablemente superiores a los de cualquier colonia industrial o pueblos de colonización, con una mayor dotación presupuestaria. Esto se refleja en viviendas con mejores prestaciones o simplemente con mayor superficie. Estas viviendas se complementaban con el prestigio profesional y preciados puestos de trabajo altamente remunerados en la planta nuclear.
El poblado de Zorita, en Guadalajara, proyectado por Fernández Alba entre 1964 y 1968, refleja una extraordinaria conciencia por dejar huella en el medio rural, por intervenir de forma responsable en un enclave natural de alto valor paisajístico sin violentarlo (Fig. 1). Esta desconocida obra del arquitecto madrileño se encuentra en el margen sur del río Tajo, en la despoblada y desértica región de la Alcarria, separada unos cinco kilómetros del núcleo más cercano, Almonacid de Zorita, y a unos 90 kilómetros del centro de Madrid. Cuando Camilo José Cela visitó esta región en el verano de 1946, sus primeras palabras para describirlo fueron: «La Alcarria es un hermoso país, pero que a la gente no le da la gana ir».5 Ante este paisaje escasamente poblado, Fernández Alba plantea la construcción de un «oasis», como un «sitio con vegetación y a veces con manantiales»,6 en contraposición física y metafórica al desierto.
En una entrevista realizada por el autor de este artículo en marzo de 2018, más de medio siglo desde la construcción del poblado, Fernández Alba incide en varias ocasiones: «Hoy día, el poblado cuenta con unos árboles fantásticos».7 ¿Qué aporta esta vegetación a la construcción del oasis? ¿Cómo puede este oasis oponerse al mencionado «modelo de simulación»? Las palabras y recuerdos del arquitecto, junto con el material gráfico conservado en el Servicio Histórico del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, así como en los archivos del Centro Pompidou y de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, constituyen un valioso material que tratará de ser presentado en esta publicación.8 La construcción de este oasis en la infinidad de la Alcarria permite precisamente abordar el concepto del «desierto» con una doble aproximación, física y metafórica, y realizar así una transición entre ese territorio desértico escasamente habitado, donde se levanta el poblado, y aquel «desierto de espejos» referido por el arquitecto.
Primer acto. Delimitar un recinto
Dentro de este concepto de dispersión se ha intentado crear una serie de ambientes que determinen sociológicamente una forma de vida diferente del esquema de trabajo de la Central. Su diseño, tanto arquitectónico como urbanístico, está en función del análisis de unas características climáticas y transformadas mediante una vegetación adecuada, de forma que permitauna expansión de la vida de las familias.
Dentro de este concepto de dispersión se ha intentado crear una serie de ambientes que determinen sociológicamente una forma de vida diferente del esquema de trabajo de la Central. Su diseño, tanto arquitectónico como urbanístico, está en función del análisis de unas características climáticas y transformadas mediante una vegetación adecuada, de forma que permitauna expansión de la vida de las familias.
Fernández Alba explica, a través de sus palabras y dibujos, cómo conformar un recinto diferenciado del paisaje desértico de la Alcarria. En el poblado de la planta nuclear desarrolla dos acciones que, como los límites de los antiguos asentamientos, permitía domesticar la agresividad del entorno a través de la topografía y la vegetación. Frente a las dificultades que ofrecía este emplazamiento, el orden que proporcionan ambas estrategias permite estableceruna clara separación de la naturaleza para conformar un recinto interior habitable.
Los espacios que configuran el trabajo del arquitecto se dilatan y se funden en los largos tiempos del acontecer de la historia. El recuerdo o la memoria de sus restos marcan las huellas de sus edificios.12
Fernández Alba, según explica, encarna al arquitecto «clásico», cuya obra se nutre de la historia como un proceso de reconstrucción de un material y conocimiento precedentes. Toda experiencia en su obra responde a los actos de guardar, ordenar, recordar y comparar.13 Es, de hecho, una obra de Jean-Julien Deltil, publicada en Campos de Niebla o poética de la pérdida (2011) -ensayo en el que Fernández Alba recoge imágenes, apuntes, citas y propuestas sin construir- la que permite iniciar la definición de la primera estrategia. Les Combats des Grecs (1828) ilustra una batalla alrededor del Acrópolis de Atenas asediada por soldados turcos (Fig. 2). En la cota más oscura y deprimida de la ciudad, se observa el campo de batalla, con soldados heridos y templos parcialmente derruidos. Una condición de peligro como la que puede representar la inmensidad del desierto o la cercanía a la planta nuclear. En lo alto de la colina, se vislumbra la ciudad fortificadaprotegida por altos muros que resguardan los templos y edificios públicos.
El programa en Zorita se organiza en dos plataformas abiertas hacia el cauce del río, replicando la composición de la obra pictórica, fundiéndolas en la inmensidad de un paisaje en el que predominan los tonos amarillentos y anaranjados propios de la tierra árida. En la plataforma más deprimida, cercana al cauce del río, los ingenieros erigen el conjunto productivo de la planta nuclear, mientras que el poblado se sitúa en una cota elevada y luminosa, a modo de acrópolis, que separa a los «colonos del átomo» del lugar de trabajo, situado a escasos 500 metros de distancia. Esta segunda plataforma puede considerarse como una prolongación del faldón oeste de la sierra del Altomira. Su condición topográfica cóncava favorece las condiciones de habitabilidad de las viviendas, en términos de vistas, asoleo, ventilación y privacidad.
Con una extensión de unas 8 hectáreas, la plataforma del poblado responde a un plano horizontal apto para asentar las 74 viviendas, en una suerte de mirador, siendo éste un punto elevado para otear el horizonte del valle. Desde la antigüedad, las plataformas han configurado un mecanismo para fundar lugares, siendo, como la delimitación con empalizadas, una de las primeras acciones humanas de abstracción, es decir, de separación de la naturaleza (Fig. 3). La luz del desierto perfila en el horizonte la silueta de unas viviendas fundidas con aquella masa pesante y sórdida que define la plataforma del poblado, formando una misma unidad. Desde la distancia, se revela una silueta que adquiere vida propia, que se mueve a lo largo del día de acuerdo con la inclinación y la incidencia solar.
Segundo acto. Construir las viviendas
En otoño de 1964, Fernández Alba considera la posibilidad de disponer las viviendas sobre la plataforma de forma compacta, ocupando únicamente la mitad norte (Fig. 4). En esta solución, las viviendas estaban adosadas en tres fileras con orientación norte-sur. La zona de equipamientos estaba situada en el centro, en un solo edificio de extensión horizontal, equidistante de las diferentes agrupaciones de vivienda.14 A pesar de la corta trayectoria profesional cuando proyecta este poblado -solo siete años-, Fernández Alba ya contaba con una dilatada experiencia para alojar a un número de trabajadores en parajes aislados. Desde principios de la década de 1960, había colaborado con arquitectos del Instituto Nacional de Colonización, como José Tames, José Luis Fernández del Amo y Miguel Herrero, en la construcción de varios pueblos de colonización en el sur de España: Santa Rosalía (1964), El Priorato (1964) y Cerralba (1967). Cabe apuntar que la primera composición del programa en Zorita resulta idéntica a la construida en El Priorato.
Sin embargo, una carta de Tecnatom -empresa que lidera la construcción de la planta nuclear y el poblado- del 11 de marzo de 1965, solicitaba al arquitecto la necesidad de explorar otros modelos urbanos menos densos, que ofrecieran mayor distancia y privacidad entre las viviendas: «Hay que desarrollar todo el programa actual en la totalidad del terreno, para conseguir mayor espacio entre las distintas casas».15 En la versión construida, las viviendas están finamente distribuidas sobre un esquema axial que responde a la conocida organización orgánica de los árboles, como puede encontrarse entre las páginas de sus cuadernos de trabajo (Fig. 5).
La solución construida proporciona una geometría clara que permite sistematizar y optimizar el trazado viario (Fig. 6). El tronco o viario principal, apoyado sobre los restos de una antigua vía ferroviaria, tiene un carácter público. De él parten diez ramales a 120Â que disponen las viviendas a modo de frutos en unos entornos privados que responden a una o varias unidades familiares. La longitud de estosramales, de trazo rectilíneo, varía entre 85 y 120 metros, dependiendo del número de viviendas que abastece. En el extremo norte del poblado, a petición de Tecnatom, se levantó una residencia para trabajadores temporales y solteros, que rompía la simetría en planta.16
A diferencia de los pueblos de colonización proyectados por Fernández Alba, este poblado solamente incluía en origen programa residencial. Tecnatom y Unión Eléctrica Madrileña -empresa promotora de la planta nuclear- confían en la polivalencia de usos de las estancias de la residencia para configurar la parte pública de este poblado. Así, las distintas estancias se utilizaron como aulas de una pequeña escuela, capilla, sala de cine y televisión, bar y restaurante, y un amplio espacio central a doble altura que actuaba como centro social.17 Al norte de la residencia, se dispuso una zona deportiva compuesta por dos pistas de tenis y una piscina con vistas hacia el paisaje que dibujaba la planta nuclear en la cota baja del valle.
En las viviendas, desarrolla un sistema que le permitía crear hasta cuatro tipologías diferentes para albergar a graduados, titulados, jefes especialistas y obreros. El esquema parte de una vivienda en forma de «L», que corresponde con la del director de la instalación, situada en la entrada al poblado (Fig. 7). Este esquema posibilitaba diferentes configuraciones: desde viviendas aisladas para altos cargos hasta un esquema simétricoen forma de «U» y dos alturas para las viviendas de obreros (Fig. 8 y 9). 18 Las cuatro tipologías quedan envueltas por un jardin de planta circular. Este esquema tipológico resulta recurrente en la obra del arquitecto, como se observa en un dibujo suyo en el que agrupa las viviendas con proyectos como la Feria de muestras de Asturias (1964-1966), el Auditorio de Tenerife (1985-1986) o el Anfiteatro del Parque Juan Carlos I (1989- 1990) (Fig. 10).
En el caso del poblado, la geometría circular buscaba en las partículas atómicas una metáfora para formalizarse: «los patios de las viviendas que yo ponía eran como imagen del átomo, pues cada uno vivía aislado».19 Más allá de la metáfora, la geometría circular evita formas agresivas, sirviendo de estrategia para camuflarse y pasar inadvertido en la inmensidad del desierto. Se provocaba así un contraste con el volumen de las viviendas, evitando en los jardines la formación de ángulos, aristas o picos que pudieran agredir el continuo paisaje. Estos jardines actuaban como espacio transitorio entre la domesticidad de la vivienda y la inmensidad del territorio desértico. Con un diámetro de unos 40 metros, estos jardines protegen las viviendas con abundante vegetación, separando el lugar de residencia del árido entorno (Fig. 11).
Tercer acto. Difuminar los límites
Las viviendas forman una agrupación de núcleos independientes, a manera de «oasis» en la meseta, creando una zona de convivencia del grupo humano, ante las inclemencias del tiempo.20
El poblado, escribe Fernández Alba, conforma una especie de «oasis» donde los pro «colonos del átomo» podrían cultivar especies vegetales de bajo coste y mantenimiento. El arquitecto parte de unas características climáticas extremas y las domestica con el uso de la vegetación que proporciona este nuevo oasis, facilitando así la vida y una sana convivencia entre las familias. En los dibujos en planta de los jardines, se puede apreciar también la incorporación de láminas de agua, que, aunque nunca llegaron a materializarse, seguían la misma forma circular y hubieran actuado como elementos que ayudarían a suavizar la temperatura.
Con estas burbujas, se construye un ambiente que contrasta climáticamente con la forma de vida del desierto, aglutinando el conjunto de las viviendas en un paisaje común. La vegetación y el agua actuarían en este oasis como materiales de suma importancia para la vida. Estos materiales ayudarían a conformar un microclima que generaría ambientes frescos y generalmente en sombra que propiciarían la realización de actividades al exterior durante los calurosos y secos meses de verano. Sin embargo, las rígidas geometrías que podían adivinarse sobre la plataforma en las primeras fotografías quedan difuminadas cuando aquella vegetación referida por el arquitecto comienza a colonizar el lugar (Fig. 12 y 13).
Durante los años sesenta y setenta, en la primera ocupación del poblado, apenas podían adivinarse espacios sombríos; más bien se trataba de una simple prolongación del árido paisaje del desierto. Medio siglo después, con el poblado deshabitado debido al cierre de la planta nuclear en la primavera de 2006, emergen esas trazas de vegetación planificada por el arquitecto, cuyo objetivo era conferir a este oasis un carácter de naturaleza espontánea: arbustos de baja altura en las zonas comunes, setos que bordean los jardines privados y agrupaciones de pinos y encinas que decoran las áreas de recreo.
Desde 1974, Claude Parent (1923-2016) -amigo de Fernández Alba-21 trabaja en el diseño de las plantas nucleares francesas que construye Électricité de France. Además de ser el primer arquitecto en teorizar sobre la construcción de estas instalaciones en el marco internacional, también indaga cuál debería ser su destino una vez hubiera finalizado su operación. En marzo de 1980, Parent esboza unas felicitaciones para la empresa, en las que introduce un término que puede resultar pertinente para reforzar esa concepción del oasis y, al mismo tiempo, definir el nuevo estado del poblado: «Jardins nucléaires» (Fig. 14). Esta concepción de la arquitectura como un jardín -u oasis- añade una nueva dimensión más compleja a su formación, lo que permite introducir también la memoria y el paso del tiempo.
Parent asocia en esta obra el dominio de las plantas nucleares y su entorno más inmediato con la arquitectura en un estado de decadencia, cubierta por una vegetación densa, frondosa y espontánea, a la manera del artista romántico. Frente al derribo de las instalaciones que plantea la administración pública y las empresas propietarias, para devolver los emplazamientos a un idealizado y ya inexistente estado pre nuclear, la vegetación introducida por Parent parece ser síntoma notorio de la perduración en el tiempo, superando la vida útil de la propia instalación. Los restos nucleares quedarían así difuminados en el paisaje, humanizados por el verde circundante. La vegetación comienza a colonizar las construcciones, configurando un nuevo estadio de la arquitectura y dejando tras su operación bellas ruinas contemporáneas.
Cuando la mayoría de las construcciones en Zorita han sido completamente derribadas,22 lo que resta deja de ser un poblado para transformarse en un vigoroso oasis, donde la vegetación empieza a difuminar los límites de la intervención del arquitecto. Así, como relata Parent en un artículo sobre este poblado en L'Architecture d'Aujourd'hui, la arquitectura excedería de la simple formalización de las viviendas: «Un relief du sol, autour de chaque volume construit, accompagne l'architecture et crée un lien au-delà de la forme, entre les diverses parties».23
Con el paso del tiempo, la vegetación ayuda a desdibujar la rígida composición. La vegetación de este oasis toma las riendas de la arquitectura, superando la capacidad creadora del propio arquitecto y su capacidad por controlar el resultado con el paso del tiempo. El poblado parece cobrar vida de nuevo paradójicamente cuando está deshabitado y profundamente olvidado, cuando se deja que sea la propia naturaleza la que actúe a su libre albedrío, marcando una dirección alternativa respecto al futuro de esta arquitectura. Los frondosos árboles, las ramas caídas y el musgo están provocando un deterioro progresivo e irreversible en las construcciones de este poblado durante los últimos años.24
En numerosas ocasiones, la administración local y grupos de antiguos trabajadores han intentado habitar de nuevo este poblado.25 De hecho, este conjunto fue incorporado en 2018 en el Registro Docomomo Ibérico y desde 2019 en el Plan Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural del Siglo XX del Ministerio de Cultura y Deporte. La cercanía del almacén de residuos radiactivos recién construido -destinado a almacenar residuos de baja intensidad durante las próximas décadas- hace inviable incluso la posibilidad de visitarlo. Previsiblemente, la totalidad del poblado será simplemente derribado como parte del proceso de desmantelamiento que está siendo ejecutado en la planta nuclear.
La administración pública y la propietaria promueven con este desmantelamiento un «modelo de simulación», tal como señalaba Fernández Alba al iniciar este artículo. La narración y las imágenes que acompañan este proceso se asocian con un idealizado regreso a un estado prístino del paisaje, como si la planta, el poblado y los «colonos del átomo», nunca hubieran existido. Esto provoca un inevitable estado de amnesia, con un elevado consumo de recursos técnicos, económicos, medioambientales y, por qué no decirlo, también arquitectónicos.
Por el momento, la vegetación comienza a cubrir las construcciones, al mismo tiempo que las conserva, definiendo un nuevo paisaje bucólico no planificado (Fig. 15). Santiago de Molina explica que debe protegerse a toda costa lo que queda de verde en mitad del desierto: «cada oasis es sagrado», añade: «la protección de un oasis parece un argumento de peso para erigir un recinto a su alrededor».26 El desconocimiento de este poblado y su ubicación aislada en el medio rural puede que hayan protegido hasta el momento este oasis de la especulación urbanística que afecta a los municipios cercanos, sin necesidad de levantar una cerca. Desde principios de los 2000, en este oasis surgieron las profundas sombras y el verdor. Molina concluye: «Primero fue el resguardo y luego asomó la vida».27
La naturaleza genera en este oasis un nuevo estadio del paisaje, donde los colonos incluso las construcciones revelan su carácter contingente. Lo encontrado es un oasis ya formado, como una densa y fresca masa arbórea. La
presentación de este oasis en este artículo permite construir una historia paralela más compleja y rica en matices que aquella promovida por las simulaciones oficiales. Esta historia no aboga por el olvido asociado con el previsible derribo, sino, al contrario, poner en valor una obra olvidada del arquitecto madrileño, así como la memoria de los colonos de la primera planta de producción nuclear en España.
Lo relevante de este oasis no es la arquitectura en sí misma, como un objeto acabado, sino el proceso de transformación. En concreto, con la intervención de Fernández Alba, el paisaje pasa de ser árido, inhabitable y escasamente arbolado a un refugio con abundante y densa vegetación. Esta transición se refleja también en el plano metafórico. El oasis se convierte en lo opuesto morfológicamente al desierto, pudiendo ser considerado como un lugar para el recuerdo y la memoria. Fernández Alba definía la Guerra del Golfo como un desierto carente de valores. En este desierto nuclear, la intervención arquitectónica de las viviendas no cuenta con más protagonismo que el propio desierto de la Alcarria, ni menos que la vegetación planificada por Fernández Alba. Construcción, memoria y paisaje forman ya un todo indivisible. Es en esta necesaria suma donde se encuentra el interés al definir esta forma de colonizar y recordar un paisaje en apariencia «desértico» (Fig. 16).
Así, la arquitectura, como explica Fernández Alba, podría servir «como un proceso de comunicación que [...] intenta influir y afectar intencionalmente sobre el medio». Respecto la figura del arquitecto, concluye: «quizá una de las mayores tareas del arquitecto hoy pueda ser la de tratar de conocer los propios objetivos del hecho arquitectónico y su propio significado».28 Con la desocupación de este poblado en las pasadas décadas a causa del cierre de la planta nuclear, penetra en ese desierto, no solo físico, también metafórico, un organismo vivo, como un catalizador para que pueda producirse la vida, donde, parafraseando a Fernández Alba, los muertos hace tiempo dejaron de existir.
†1 Antonio Fernández Alba, "Desierto de espejos, donde los muertos dejan de existir", Lápiz 77 (1991): 23
†2 Jean Baudrillard, La guerre du Golfe n'a pas eu lieu (París: Editions Galilée, 1991).
†3 Javier Sebastián, El ciclista de Chernóbil (Zaragoza: Institución Fernando el Católico, 2011).
†4 Para más información sobre estas propuestas, véase: Carlos Gonzalvo Salas, "La arquitectura de las centrales nucleares de primera generación en España (1963 -1972)" (tesis doctoral, Universitat Rovira i Virgili, 2022). http://hdl.handle. net/10803/675416
†5 Camilo José Cela, Viaje a la Alcarria, (Madrid: Destino, 1948).
†6 Primera acepción del término "oasis", según el Diccionario de la Real Academia Española.
†7 Antonio Fernández Alba entrevistado por Carlos Gonzalvo el 13 de marzo de 2018. Carlos Gonzalvo Salas, "La arquitecturade las centrales nucleares" vol. II (tesis doctoral, Universitat Rovira i Virgili, 2022), 17.
†8 Este poblado ha sido publicado de manera dispersa en los artículos de Claude Parent, "Habitations pour le personnel d'une centrale atomique à Zorita, Espagne", L'Architecture d'Aujourd'hui (1968); y Enrique Sanz, "Conocer un lugar y construir en él. Antonio Fernández Alba en el poblado de la central nuclear de Zorita de los Canes 1965-1968", Con Arquitectura (2017), así como en el libro 75 años de Arquitectura en Guadalajara (2008), editado por la Demarcación de Guadalajara del Colegio Oficial de Arquitectos de Castilla-La Mancha. La mayor parte de la documentación de este poblado fue publicada por el propio arquitecto durante los años posteriores a la construcción en artículos, como "Viviendas Unifamiliares en el poblado anexo a la central nuclear de Zorita (Guadalajara)", Hogar y Arquitectura (1967); "La obra arquitectónica de Antonio Fernández Alba", Nueva Forma (1967); y "Poblado para la primera central nuclear en Zorita, Guadalajara", Arquitectura (1968); así como en el libro Arquitectura española contemporánea (1968).
†9 Antonio Fernández Alba, "Poblado de la central nuclear de Zorita", Arquitectura 84 (1965): 21.
†10 Antonio Fernández Alba, Azules de otoño cerrado (Madrid: Ediciones Asimétricas, 2021), 19.
†11 Le Corbusier, Vers une architecture (París: Éditions G. Crès et Cie, 192), 154.
†12 Antonio Fernández Alba, Premio Nacional de Arquitectura 2003 (Madrid: Ministerio de Fomento, 2011) 26.
†13 Antonio Fernández Alba, Antonio Fernández Alba. Obras y proyectos (1957-1979) (Madrid: Dirección G,eneral del Patrimonio Artístico, Archivos y Museos. Ministerio de Cultura, 1980), 33.
†14 Este primer encaje, apenas conocido, se halla en las hojas de sus cuadernos de trabajo y en planos conservados en el Centro Pompidou.
†15 Extracto de la carta enviada por Tecnatom a Antonio Fernández Alba el 11 de marzo de 1965. Servicio Histórico Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid / Fondo Antonio Fernández Alb.
†16 El proyecto de la residencia cuenta de tres versiones ligeramente diferentes. Los planos del anteproyecto y del proyecto ejecutivo están dispersos entre los archivos del Centro Pompidou y del Servicio Histórico del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid. Los planos de la versión visada y construida están depositados en el archivo de la Delegación de Guadalajara del Colegio Oficial de Arquitectos de Castilla la Mancha.
†17 En la década de 1980, Unión Eléctrica Madrileña construye un economato de nueva planta en las cercanías de la residencia y adapta la antigua estación del ferrocarril como capilla.
†18 Durante las obras, se introduce una quinta tipología de vivienda destinada a alojar a los peones, la cual no aparece representada en ninguna de las versiones de los planos de la urbanización. Se trata de dos bloques lineales de cuatro viviendas por planta y dos plantas de altura cada uno. No se ha encontrado documentación de esta tipología en los archivos consultados. Es interesante señalar que Fernández Alba utilizó esta misma tipología en su proyecto no construido de 20 viviendas para maestros en Viesques (Gijón) en 1969.
†19 Antonio Fernández Alba entrevistado por Carlos Gonzalvo el 13 de marzo de 2018. Gonzalvo Salas, "La arquitectura de las centrales nucleares", vol. II, 17.
†20 Antonio Fernández Alba, "Poblado central nuclear de Zorita", en Arquitectura española contemporánea, ed. Luis Domenech Girbau (Barcelona: Blume, 1968), 132.
†21 Claude Parent establece un primer contacto con arquitectos españoles, como Daniel Fullaondo y Antonio Fernández Alba, en 1966, cuando fue designado miembrodel comité editorial de L'Architecture d'Aujourd'hui. El monográfico de Aujourd'hui, art et architecture le permitió conocer mejor la obra de Fernández Alba. Pablo Arza Garaloces, "L'Architecture d'Aujourd'hui, testigo del desarrollomoderno español (1950-1986)", Bitácora Arquitectura 43 (noviembre 2019), 19.
†22 El derribo de la planta nuclear de Zorita concluyó en el verano de 2023. El poblado para trabajadores permanece en otoño de 2024 a la espera de la decisión final en cuanto a su futuro.
†23 Claude Parent, "Habitations pour le personnel d'une centrale atomque à Zorita, Espagne", L'Architecture d'Aujourd'hui 136 (1968): 136.
†24 Manolo Laguillo, catedrático de fotografía y académico de la Reial Acadèmia de Ciències i Arts de Barcelona, realizó un levantamiento de los restos de este poblado en enero de 2020, como parte de su proyecto Centrales nucleares. Véase: www.manololaguillo.com/?portfolios=centrales-nucleares-2019-2020.
†25 Diana Pizarro, "El sueño de recuperar un viejo poblado cercano a una antigua central nuclear", Nueva Alcarria, consultado el 5 de marzo de 2023, www.nuevaalcarria. com/articulos/el-sueno-de-recuperar-un-viejo-poblado-cercano-a-una-antigua-nuclear.
†26 Santiago Molina, "Un rectángulo en el desierto", Múltiples estrategias de arquitectura, consultado el 15 de diciembre de 2023, www.santiagodemolina.com/2023/02/ un-rectangulo-en-el-desierto.html.
†27 Molina, "Un rectángulo en el desierto".
†28 Fernández Alba, Azules de otoño cerrado, 80.
Introduction
Desert of mirrors, where the dead cease to exist.1
In 1991, Antonio Fernández Alba (Salamanca, 1927-Madrid, 2024) published a brief essay in which he analysed how the Gulf War became a turning point in the conception of conflicts, henceforth adhering to a "simulation model", where images and narratives were shaped by technology, politics, and the media. As Jean Baudrillard similarly argued that same year, this conflict "did not take place";2 it was merely reduced to a visual spectacle, which, when broadcast by the media, dehumanized the real impact of violence, transforming the world into a "desert of mirrors." According to Fernández Alba, this desert represented a new form of metaphorical space, devoid of human values.
Since the early 1960s, certain territories far from cities became home to the first nuclear power plants, a new type of industrial facility typically located around one hundred kilometres away. For safety reasons, these plants were built in sparsely populated areas, leading to a profound lack of public awareness about them and a growing reliance on images disseminated and popularized by the media, as well as by the companies that build, operate, and decommission these facilities. The simulation model introduced by Fernández Alba helps illustrate the decommissioning process of these plants. These processes are supported by idealized narratives that tend to oversimplify and distort their complexity. Thus, this new simulation, though markedly different from military conflicts, seeks to return the rural landscape to a pre-nuclear state, leaving behind vast meadows, as if these facilities had never existed.
While the city is served by the areas where energy is produced, the formation and transformation of the landscape that hosts these facilities often remains unknown and deeply dehumanized. Despite the apparent immobility of this "desert", it is, in fact, a space of continuous transformation. This desert landscape, distant from the city, is not merely an arid terrain with scarce rainfall but rather reflects the complexity of the various cultures attempting to inhabit it. The history of architecture offers valuable case studies on how to construct a parallel narrative around this territory, incorporating values that would otherwise fall into oblivion or remain simply unknown.
Due to the inability to house the large number of workers required for the construction and operation of nuclear power plants in nearby towns, the need arose until the 1980s to build satellite settlements capable of accommodating these workers, whom the writer Javier Sebastián refers to as "colonists of the atom" or "colonists of radioactive life".3 On the international stage, examples include the settlements of Pripyat, Ukraine (49,400 colonists), Visaginas, Lithuania (35,000), Bagnols-sur-Cèze, France (15,000), and Thurso, United Kingdom (6,000). In Spain, energy companies such as Unión Eléctrica Madrileña, Nuclenor, and Hifrensa, starting in the 1960s, commissioned architects like Antonio Fernández Alba, Ignacio Álvarez Castelao, and Antonio Bonet Castellana to design settlements to house the workers of the country's first nuclear power plants, albeit more modest in scale and capacity.4
These workers' settlements were often accompanied by propaganda aimed both at attracting qualified personnel to rural areas and addressing the public safety concerns associated with such a sensitive program. The companies promoting them tended to be generous, offering living conditions attractive enough to dissuade workers from feeling the need to leave. As a result, the quality standards were notably higher than those of typical industrial colonies or colonization towns, with a significantly larger budget allocation. This was reflected in housing with better amenities or simply larger living spaces. These homes were further complemented by professional prestige and well-paid positions at the nuclear plant.
The nuclear workers' settlement of Zorita, in Guadalajara, Spain, designed by Fernández Alba between 1964 and 1968, reflects an extraordinary awareness of leaving a mark on the rural environment by building in a way that intervenes in a natural setting of high landscape value without disrupting it (Fig. 1). This unknown work by the Madrid architect is located on the southern bank of the Tagus River, in the sparsely populated and arid region of la Alcarria, about five kilometres from the nearest town, Almonacid de Zorita, and approximately 90 kilometres away from Madrid. When Camilo José Cela visited this region in the summer of 1946, his first words to describe it were: "La Alcarria is a beautiful region, but people simply don't want to go there".5 In this sparsely inhabited landscape, Fernández Alba proposed the construction of an "oasis", defined as a "place with vegetation and sometimes with springs",6 as a physical and metaphorical contrast to the desert.
In an interview conducted by the author of this article in March 2018, more than half a century after the settlement was built, Fernández Alba repeatedly emphasized: "Today, the workers' settlement has some fantastic trees".7 What does this vegetation contribute to the creation of the oasis? How can this oasis stand in opposition to the aforementioned "simulation model"? The architect's words and memories, along with graphic material conserved in the Historical Service of the Official College of Architects of Madrid, as well as in the archives of the Pompidou Centre and the Royal Academy of Fine Arts of San Fernando, provide valuable material that will be presented in this publication.8 The creation of this oasis in the vastness of la Alcarria allows for a dual approach to the concept of the "desert", both physical and metaphorical, enabling a transition between this sparsely populated desert-like territory, where the workers' settlement stands, and the "desert of mirrors" referred to by the architect.
First act. Delimiting an Enclosure
Within the concept of dispersion, an attempt has been made to create a series of environments that sociologically determine a way of life different from the work scheme of the Nuclear Power Plant. Its design, both architectural and urban, is based on the analysis of certain climatic characteristics and transformed through suitable vegetation, in such a way that it allows for an expansion of family life.9
The occupation of a virgin landscape, such as a desert, implies a separation from the place from the natural setting, as it presents itself as dangerous and generally disorderly. In his essay Azules de otoño cerrado (2021), Fernández Alba cites an illuminating observation from Miguel de Unamuno that proves useful words for beginning this reflection: "What is proper to man is to adapt the environment to himself; to make the world".10 This is a world that is domesticated and reshaped to serve human needs, as expressed by Le Corbusier in Vers une Architecture (1923): "The outside is always an inside".11 Early human settlements with their palisades or the cities with their impenetrable walls exemplify how boundaries were imposed to define an enclosed space for habitation. In these instances, a clearly defined border served to domesticate and contain the vast territory beyond the walls.
Fernández Alba, through his words and drawings, explains how to shape an enclosure that contrast with the desert landscape of la Alcarria. In the workers' settlement for the nuclear power plant, he develops two strategies that, much like the boundaries of ancient settlements, allow for the domestication of the harshness of the environment through topography and vegetation. In the face of the challenges posed by this site, the order provided by both strategies enables the establishment of a clear separation from nature, thereby creating a habitable enclosure.
The spaces that shape the architect's work expand and merge into the long times of the unfolding of history. The memory or remembrance of their remnants marks the traces of their buildings.12 According to Fernández Alba, he embodies the "classical" architect, whose work draws upon history as a process of reconstructing prior materials and knowledge. Every experience in his work reflects acts of preserving, organizing, remembering, and comparing.13 Indeed, it is a work by Jean-Julien Deltil, published in Campos de Niebla o poética de la pérdida (2011) -an essay in which Fernández Alba compiles artworks, notes, quotes, and unbuilt proposals- that allows for the initiation of the first strategy. Deltil's Les Combats des Grecs (1828) depicts a battle around the Acropolis of Athens besieged by Turkish soldiers (Fig. 2). In the darkest and most depressed area of the city, the battlefield is depicted, with wounded soldiers and partially destroyed temples. This represents a condition of danger akin to the vastness of the desert or the proximity to the nuclear power plant. Atop the hill, the fortified city is visible, protected by walls that safeguard the temples and public buildings.
The layout of Zorita adopts this approach, with two platforms overlooking the riverbank, echoing the composition of the artwork and merging into the vastness of a landscape dominated by the yellowish and orange hues characteristic of arid land. On the lower platform, close to the river, the engineering team erect the productive complex of the nuclear plant, while the workers' settlement is situated on a higher, brighter level, akin to an acropolis. This arrangement separates the workers' houses from their workplace, located just 500 meters away. The upper platform extends along the western slope of the Altomira mountain range, its concave topography enhancing the habit ability of the residential area with optimized views, sunlight, ventilation, and privacy.
Covering an area of approximately 8 hectares, the settlement platform forms a horizontal plane that accommodates 74 houses and serves as a vantage point from which to survey the valley's horizon. Historically, platforms have served as mechanisms of place-making, establishing separation from nature and mirroring the ancient use of palisades as a primary act of human abstraction (Fig. 3). Against the horizon, the desert light outlines the silhouette of the houses, integrating with the heavy, solemn mass of the platform to create a cohesive entity. From afar, the silhouette shifts throughout the day, animated by the changing angle of the sun.
Second act. Building the Houses
In autumn 1964, Fernández Alba initially considered the possibility of arranging the houses in a compact manner on the northern half of the platform (Fig. 4). In this layout, the houses, oriented north south, were clustered in three rows. The equipment area was centrally located in a single horizontally extended building, equidistant from the various housing clusters.14 Despite his relatively brief professional career at the time of designing this settlement -only seven years- Fernández Alba already possessed extensive experience in accommodating workers in remote areas. Since the early 1960s, he had collaborated with architects from the National Colonization Institute, including José Tames, José Luis Fernández del Amo, and Miguel Herrero, on the construction of several colonization towns in southern Spain, such as Santa Rosalía (1964), El Priorato (1964), and Cerralba (1967). It is noteworthy that the initiallayout of the program in Zorita is identical to that built in El Priorato.
However, a letter dated March 11, 1965, from Tecnatom -the company leading the nuclear power plant and the workers' settlement construction-, requested the architect to explore less dense urban models that would provide greater distance and privacy between the houses: "It is necessary to develop the entire current program across the total land area to achieve more space between the houses".15 In response, the built version arranges the houses according to an axial scheme that reflects the well-known organic organization of trees, as can be seen in Fernández Alba's working notebooks (Fig. 5).
The final solution provides a well-defined geometry that allows for the systematization and optimization of the road system (Fig. 6). The trunk, or main road, supported by the remnants of a former railway line, serves as the primary public axis. From this road, ten branches radiate at 120Â, arranging the houses like fruits in private settings that cater to one or more family units. These branches, which are straight in design, ranges from 85 to 120 meters in length, depending on the number of units served. At the settlement's northern end, at the request of Tecnatom, a residence for temporary and single workers was built, disrupting the otherwise symmetrical layout.16
Unlike Fernández Alba's colonization towns, this settlement initially included only residential program. Tecnatom and Unión Eléctrica Madrileña -the promoting company- relied on the multifunctionality of the residence's rooms to serve the public needs of the settlement. These rooms were utilized as classrooms for a small school, a chapel, a cinema and television room, a bar and restaurant, and a spacious central area with double height that serves as a social centre.17 To the north of the residence, a recreational area was established, including two tennis courts and a swimming pool with views of the landscape shaped by the nuclear power plant in the lower platform of the valley.
For the housing units, Fernández Alba developed a modular system allowing for the creation of up to four different typologies to accommodate graduates, qualified personnel, specialist, and workers. The layout began with an L-shaped house, which corresponded to that of the facility director, located at the entrance of the settlement (Fig. 7). This flexible layout enabled various configurations: from isolated houses for graduates to a symmetrical U-shaped layout with two stories for specialists and workers' housing (Figs. 8 and 9). 18 The four typologies were enveloped by a circular garden. This typological scheme recurs in the architect's work, as seen in a drawing where the architect groups these houses alongside projects like the Asturias Exhibition Fair (1964-1966), the Tenerife Auditorium (1985-1986), and the Amphitheatre of Juan Carlos I Park (1989- 1990) (Fig. 10).
In the case of the gardens, the circular geometry was conceived as a metaphor from atomic particles: "The courtyards of the houses I designed were like the image of the atom, as each one lived in isolation".19 Beyond its metaphorical dimension, the circular form avoided aggressive shapes, serving as a strategy to camouflage and remain unobtrusive in the vastness of the desert. This form created a contrast with the volume of the houses, preventing the formation of angles, edges, or peaks in the gardens that could disrupt the continuous landscape. These gardens acted as a transitional space between the domesticity of the houses and the vast desert territory. With a diameter of about 40 meters, these gardens protected the houses with vegetation, separating the residence from the arid surroundings (Fig. 11).
Third act. Blurring the Boundaries
The houses form a grouping of independent cores, like an "oasis" on the plateau, creating a space for community living among the group of people, in the face of the harshness of the climate.20
As Fernández Alba describes the workers' settlement becomes a kind of "oasis" in the middle of the desert where the "colonizers of the atom" could cultivate low-cost and maintenance plant species. The architect starts with extreme climatic conditions and tames them using vegetation that this new oasis provides, thereby facilitating life and fostering healthy coexistence among families. In the garden drawings, the incorporation of water features can also be seen, which, although they were never built, would have followed the same circular shape, aiding in temperature moderation.
These bubbles created an environment that contrasts climatically with the surrounding desert, unifying the houses within a shared landscape. Vegetation and water would be crucial materials for life in this oasis. They would help shape a microclimate of fresh atmospheres and shaded areas, encouraging outdoor activities during the hot and dry summer months. Yet, while early photos of the site reveal the platform's rigid geometry, these strong lines become softened over time as vegetation establishes itself within the space, as the architect envisioned (Figs. 12 and 13).
In the settlement's early years, during the 1960s and 1970s, shady and greenery spaces were limited, and the area still appeared an extension of the arid landscape of the desert. However, by the spring of 2006, following the nuclear power plant's closure and the site's abandonment, traces of the vegetation planned by the architect started to emerge, whose aim was originally to give this oasis a character of spontaneity: low shrubs in communal areas, hedges bordering private gardens, and clusters of pines and oaks filling the recreational areas.
From 1974 onward, Claude Parent (1923- 2016) -a friend of Fernández Alba-21 worked on the design of the French nuclear power plants built by Électricité de France. Not only was he the first architect to theorize about the construction of these facilities on an international scale, but also envisioned their fate after their operation life. In March 1980, Parent drafted greeting postcards for the French company, introducing a concept that is pertinent for reinforcing the conception of the oasis and simultaneously defining the new state of the workers' settlement: "Nuclear Gardens" (Fig. 14). This idea of architecture as a garden -or oasis- adds a more complex dimension to its formation, allowing for the inclusion of memory and the passage of time.
In this work, Parent associates the domain of nuclear power plants and their immediate surroundings with architecture in a state of decay, covered by dense, lush, and spontaneous vegetation, reminiscent of the Romantic artist's perspective. In contrast to public administration and corporate proposals for site demolition to return to a pre-nuclear state, the vegetation introduced by Parent seems to signify endurance over time, surpassing the operational life of the facility itself. The nuclear remnants would thus become blurred within the landscape, humanized by the surrounding greenery. The vegetation begins to colonize the structures, configuring a new stage of architecture and leaving behind beautiful contemporary ruins.
As most of the buildings in Zorita nuclear power plant have been demolished,22 what remains transforms from a settlement into a vigorous oasis, where the vegetation starts to blur the boundaries of the architect's intervention. As Parent defines in an article about this settlement in L'Architecture d'Aujourd'hui, architecture goes beyond the mere formalization of housing: "A relief of the ground around each built volume accompanies the architecture and creates a link beyond form, between the various parts".23
Over time, the vegetation helps to blur the rigid composition. The greenery of this oasis takes the reins of the architecture, surpassing the creative capacity of the architect and his ability to control the outcome over time. The workers' settlement seems to come alive again, paradoxically, when it is uninhabited and deeply forgotten, allowing nature to act at its whim, marking an alternative direction for the future of this architecture. The lush trees, fallen branches, and moss have been causing progressive and irreversible deterioration in the structures of this settlement in recent years.24
Numerous times, local administration and groups of former workers have attempted to reinhabit this settlement.25 In fact, this complex was incorporated in 2018 into the Registro Docomomo Ibérico and, since 2019, into the National Plan for the Conservation of 20th Century Cultural Heritage by the Ministry of Culture and Sport. However, the proximity of the newly constructed radioactive waste storage facility -designed to store low-intensity waste for the coming decades- renders even the possibility of visiting this settlement unfeasible. It is anticipated that the entire settlement will simply be demolished as part of the decommissioning process currently underway at the nuclear power plant.
The public administration and the owner company promote this demolition as a "simulation model", as Fernández Alba noted at the beginning of this article. The narrative and the images accompanying this process are associated with an idealized return to a pristine state of the landscape, as if the plant, the settlement, and the "atom colonists" had never existed. This creates an inevitable state of amnesia, resulting in high consumption of technical, economic, environmental, and let's not forget, architectural resources.
For now, vegetation is beginning to cover the buildings while simultaneously preserving them, defining a new unplanned bucolic landscape (Fig. 15). Santiago de Molina explains that what remains of the greenery in the middle of the desert must be protected at all costs: "every oasis is sacred", he adds, "the protection of an oasis seems a strong argument for erecting an enclosure".26 The obscurity of this settlement and its isolated location in the rural setting may have shielded this oasis from the urban speculation affecting nearby towns, without the need for a fence or enclosure. Since the early 2000s, deep shadows and greenery have emerged in this oasis. Molina concludes, "First came the shelter, and then life emerged".27
Nature shapes a new stage of the landscape in this oasis, where both the colonists and the buildings reveal their contingent character. What has been discovered in the article is an already formed oasis, as a dense and lush arboreal mass. Presenting this oasis in this article allows for the construction of a parallel, more complex, and nuanced history than the one promoted by official simulations. This narrative does not advocate for the forgetfulness associated with the predictable demolition process; rather, it allows for the revaluation of a forgotten work by the Madrid architect, as well as the memory of the colonists of Spain's first nuclear production plant.
The significance of this oasis lies not in the architecture itself, as a finished object, but in the process of transformation. Specifically, with Fernández Alba's intervention, the landscape transitions from an arid, uninhabitable, and sparsely wooded environment into a shelter with abundant and dense vegetation. This transition is also reflected in a metaphorical sense. The oasis becomes morphologically the opposite of the desert, serving as a place for remembrance and memory. Fernández Alba defined the Gulf War as a desert devoid of values. In this nuclear desert, the architectural intervention of the houses holds no more prominence than the desert landscape itself, nor less than the vegetation planned by Fernández Alba. Construction, memory, and landscape form an indivisible whole. It is in this necessary sum that the interest lies in defining this way of colonizing and remembering an apparently "desertic" landscape (Fig. 16).
Thus, architecture, as Fernández Alba explains, could serve "as a process of communication that [...] tries to intentionally influence and affect the environment." Regarding the architect's role, he concludes: "perhaps one of the greatest tasks of the architect today is to try to understand the objectives of the architectural fact and its own meaning".28 With the depopulation of this settlement in recent decades due to the closure of the nuclear plant, a living organism penetrates that desert -not only physically but also metaphorically- acting as a catalyst for life to emerge, where, paraphrasing Fernández Alba, the dead have long ceased to exist.
†1 Fernández Alba, "Desierto de espejos, donde los muertos dejan de existir", Lápiz 77 (1991): 23.
†2 Jean Baudrillard, La guerre du Golfe n'a pas eu lieu (París: Editions Galilée, 1991).
†3 Javier Sebastián, El ciclista de Chernóbil (Zaragoza: Institución Fernando el Católico, 2011).
†4 For more information, see: Carlos Gonzalvo Salas, Carlos Gonzalvo Salas, "La arquitectura de las centrales nucleares de primera generación en España (1963 -1972)" (PhD dissertation, Universitat Rovira i Virgili, 2022). http://hdl.handle. net/10803/675416
†5 Camilo José Cela, Viaje a la Alcarria, (Madrid: Destino, 1948).
†6 First definition of the term "oasis", according to the Dictionary of the Royal Spanish Academy.
†7 Antonio Fernández Alba interviewed by Carlos Gonzalvo on March 13, 2018. Gonzalvo Salas, "La arquitectura de las centrales nucleares" vol. II, 17.
†8 This workers' settlement has been published sporadically in articles such as Claude Parent's "Habitations pour le personnel d'une centrale atomique à Zorita, Espagne", L'Architecture d'Aujourd'hui (1968); and Enrique Sanz's "Conocer un lugar y construir en él. Antonio Fernández Alba en el poblado de la central nuclear de Zorita de los Canes 1965- 1968", Con Arquitectura (2017); as well as in the book 75 años de Arquitectura en Guadalajara (2008), edited by the Demarcación de Guadalajara del Colegio Oficial de Arquitectos de Castilla-La Mancha. Most of the documentation of this project was published by the architect in the years following its construction in articles such as "Viviendas Unifamiliares en el poblado anexo a la central nuclear de Zorita (Guadalajara)", Hogar y Arquitectura (1967); "La obra arquitectónica de Antonio Fernández Alba", Nueva Forma (1967); and "Poblado para la primera central nuclear en Zorita, Guadalajara", Arquitectura (1968); as well as in the book Arquitectura española contemporánea (1968).
†9 Antonio Fernández Alba, "Poblado de la central nuclear de Zorita", Arquitectura 84 (1965): 21.
†10 Antonio Fernández Alba, Azules de otoño cerrado (Madrid: Ediciones Asimétricas, 2021), 19.
†11 Le Corbusier, Vers une architecture (París: Éditions G. Crès et Cie, 192), 154. .
†12 Antonio Fernández Alba, Premio Nacional de Arquitectura 2003 (Madrid: Ministerio de Fomento, 2011) 26.
†13 Antonio Fernández Alba, Antonio Fernández Alba. Obras y proyectos (1957-1979) (Madrid: Dirección G,eneral del Patrimonio Artístico, Archivos y Museos. Ministerio de Cultura, 1980), 33.
†14 Este primer encaje, apenas conocido, se halla en las hojas de sus cuadernos de trabajo y en planos conservados en el Centro Pompidou.
†15 Excerpt from the letter sent by Tecnatom to Antonio Fernández Alba on March 11, 1965. COAM Historical Service / Antonio Fernández Alba Collection
†16 The project of the residence is composed by three slightly different versions. The preliminary and final project plans are scattered between the archives of the Pompidou Centre and the COAM Historical Service. The plans for the approved and built versions are conserved in the archive of the Delegación de Guadalajara del Colegio Oficial de Arquitectos de Castilla la Mancha.
†17 In the 1980s, Unión Eléctrica Madrileña built a new supermarket near the residence and adapted the former train station as a chapel
†18 During the construction, a fifth housing typology was introduced to accommodate the labourers, which does not appear in any versions of the urban plans. It consists of two linear blocks with four units per floor and two floors each. No documentation of this typology has been found in the consulted archives. It is interesting to note that Fernández Alba used the same typology in his unbuilt project of 20 homes for teachers in Viesques (Gijón) in 1969.
†19 Fernández Alba interviewed by Carlos Gonzalvo. Gonzalvo Salas, "La arquitectura de las centrales nucleares", vol. II, 17.
†20 Antonio Fernández Alba, "Poblado central nuclear de Zorita", en Arquitectura española contemporánea, ed. Luis Domenech Girbau (Barcelona: Blume, 1968), 132
†21 Claude Parent established a first contact with Spanish architects, such as Daniel Fullaondo and Antonio Fernández Alba, in 1966 when he was appointed a member of the editorial board of L'Architecture d'Aujourd'hui. The monograph Aujourd'hui, art et architecture allowed Parent to gain a deeper understanding of Fernández Alba's work. Pablo Arza Garaloces, "L'Architecture d'Aujourd'hui, testigo del desarrollo moderno español (1950-1986)", Bitácora Arquitectura 43 (noviembre 2019), 19.
†22 The demolition of the Zorita nuclear power plant was completed in the summer of 2023. By autumn 2024, the workers' settlement endures, pending a final determination on its future.
†23 Claude Parent, "Habitations pour le personnel d'une centrale atomque à Zorita, Espagne", L'Architecture d'Aujourd'hui 136 (1968): 136.
†24 Manolo Laguillo, professor of photography and academic at the Reial Acadèmia de Ciències i Arts de Barcelona, conducted a survey of the remnants of this workers' settlement in January 2020 as part of his project Centrales nucleares. See: www.manololaguillo.com/?portfolios=centrales-nucleares-2019-2020.
†25 Diana Pizarro, "El sueño de recuperar un viejo poblado cercano a una antigua central nuclear", Nueva Alcarria, consulted on March 5, 2023. www.nuevaalcarria.com/articulos/el-sueno-de-recuperar-un-viejo-poblado-cercano-a-una-antigua-nuclear.
†26 Santiago Molina, "Un rectángulo en el desierto", Múltiples estrategias de arquitectura, consulted on December 15, 2023, www.santiagodemolina.com/2023/02/un-rectangulo-en-el-desierto.html
†27 Molina, "Un rectángulo en el desierto".
†28 Fernández Alba, Azules de otoño cerrado, 80.
Bibliografía . Bibliography
* Arza Garaloces, Pablo. "L'Architecture d'Aujourd'hui, testigo del desarrollo moderno español (1950-1986)". Bitácora Arquitectura 43 (noviembre 2019): 12-25. DOI: https://doi.org/10.22201/ fa.14058901p.2020.43.72947
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