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RESUMEN
La cartografía social participativa (CSP) como metodología invita a la de-construcción de la cartografía tradicional y propone un proceso colectivo de generación de conocimientos que garantiza el protagonismo de quienes son su-jetos de estudio. Además de estar vinculada a estructuras teóricas que cuestionan aquellos fenómenos que son problemáticos desde las experiencias de las mu-jeres, la CSP abre la posibilidad a la adopción de ciertos criterios metodológicos que pueden colocarla en el amplio bagaje de las metodologías feministas. En este sentido, la CSP no sólo puede contribuir a la comprensión de la espacialización de las VCLM como en este trabajo, sino a la construcción de conocimientos alejados de sesgos sexistas, androcéntricos y patriarcales comunes en la ciencia tradicional. Siendo así, el objetivo es exponer el proceso de diseño y aplicación de un ejercicio metodológico de CSP que, aunado a otras metodologías de investigación social, permitió trazar un vínculo entre las violencias directas y las condiciones urbanas como formas de violencia estructural experimentadas por las residentes en su práctica de habitar los espacios públicos de una ciudad turística. Para ello, se muestra el proceso de diseño de la CSP como un proceso que busca apegarse a los criterios metodológicos de la investigación feminista y, posteriormente, se expone la aplicación de esta metodología con las residentes de la ciudad de Mazatlán, México. Finalmente, se observa que este ejercicio metodológico permite refexionar sobre las variadas formas en que se presentan las VCLM en espacio público, mismas que no se limitan a las agresiones sexu-ales, físicas o verbales sino también a otras de naturaleza estructural que, en el caso de las ciudades turísticas son más intensas debido a la importancia que toma el espacio público en el circuito de acumulación de capital.
PALABRAS CLAVE
Cartografía social participativa, violencias, residentes, ciudades turísticas, espacio público.
ABSTRACT
Social Mapping (SM) as a methodology invites to the deconstruction of traditional cartography and proposes a collective process of build knowledge that guarantees the prominence of subjects of study. In addition to being linked to theoretical structures that question those phenomena that are problematic from women's experiences. The CSP gives the possibility of adopting certain meth-odological criteria that can place it in the broad baggage of feminist methodolo-gies. In this sense, the CSP can not only contribute to the understanding of the specialization of violence against women (VAW), but to the build of knowledge away from sexist, androcentric and patriarchal biases that are common in traditional science. Thus, the aim is to expose the process of designing and applying of a CSP methodological exercise that, with other social research methodologies, allows us to draw a direct link between violence and urban conditions as forms of structural violence experienced by the residents in their practice of inhabiting the public spaces of a tourist city. For this, the CSP design process is shown as a process that seeks to adhere to the methodological criteria of feminist research and, later, the application of this methodology with the residents of the city of Mazatlan, Mexico is exposed. Finally, it is a methodological exercise that allows us to refect on the various ways in which VAW are presented in public space, which are not limited to sexual, physical or verbal aggression but also to others of a structural nature that, in the case of cities tourist are more intense due to the importance that public space takes on in the circuit of capital accumulation.
KEY WORDS
Social Mapping, violence, residents, tourist cities, public space
1. INTRODUCCIÓN
En la mayoría de las ciudades turísticas, la seguridad se ha convertido en una prioridad, sobre todo, cuando sus economías muestran una alta dependencia de esta actividad. Particularmente en los destinos turísticos de países periféricos, la responsabilidad de la seguridad no sólo es asumida por la autoridad, sino que también se observa una marcada intervención del sector privado y, en menor medida, de la ciudadanía. Es evidente que el Estado, a través de las políticas públicas urbanas, en vinculación con el sector privado destinan importantes esfuerzos en la confguración de paisajes de seguridad sobre aquellas áreas o espacios que constituyen los principales atractivos o recursos turísticos (Cruz, Marín y Solís 2023).
A través de la dotación selectiva de una serie de dispositivos de seguridad y del desarrollo de diseños urbanos que apuntan a la prevención y reducción del delito y, principalmente, al establecimiento de un orden social (Burgess 2009; Delgado 2011), se prioriza la producción de espacios innovadores, altamente va-lorizados, modernos, socialmente higienizados y con alto potencial para generar una "sensación de seguridad", que no sólo estimulan el desplazamiento turístico, sino que también garantizan las inversiones y el resguardo de los recursos eco-nómicos y sociales de los grupos empresariales y de otros agentes que participan de la actividad (González 2020; Sequera 2014).
A pesar de los esfuerzos por colocar la actividad turística como un instru-mento para la libertad y libre acceso a los espacios, lo cierto es que se trata de un imaginario. La verdadera responsabilidad de sortear la inseguridad y la violencia recae sobre los grupos más vulnerables de la sociedad, tal es el caso de las mu-jeres residentes, infancias, migrantes, personas en situación de calle, comunidad LGBTIQ+, ancianas y ancianos e incluso sobre turistas (González 2020; Pain 1991); desde esta perspectiva las ciudades turísticas se convierten en escenarios estratégicos para pensar la alteridad.
Particularmente, la forma en que las mujeres residentes experimentan las ciudades se encuentra marcada por algunas dinámicas urbanas y turísticas, tales como la segregación y la fragmentación socioespacial, la gentrifcación o la pri-vatización; pero también se identifcan otras de naturaleza patriarcal que, al ser expresión de las relaciones asimétricas de poder entre los géneros, determinan los patrones de uso, desplazamiento y apropiación del espacio público (Añover 2012; Colombara 2011; Falú y Segovia 2007).
Lo anterior insta a refexionar sobre las diferentes violencias contra las mu-jeres (VCLM) que se tejen detrás de las lógicas socioeconómicas que confguran las áreas y los espacios públicos en las ciudades donde el turismo se ha conver-tido en eje principal para la acumulación de capital. En tanto manifestaciones de las relaciones desiguales de género, las VCLM pueden revelarse de múltiples formas: la representación de su cuerpo sexuado sobre las formas arquitectónicas; la polarización de los espacios de la producción y la reproducción; el despliegue de lógicas binaristas que promueven los roles de género y el uso diferenciado de los espacios; las que se ejercen directamente sobre el cuerpo de las mujeres a través de la violencia machista, el acoso o el hostigamiento masculino (Falú 2011; Lindón 2008; Mc Dowell 2000; Soto, 2011, 2012, 2014; Wills 2019). En este sentido, es necesario concebir las VCLM desde el campo semántico del poder, pero no sólo como el conjunto de "...pautas culturales profundamente arraiga-das, construidas socialmente" (Falú y Segovia 2007, 9) que revelan el poder de un género sobre el otro1; sino también como una forma de privación, insatisfac-ción o de acceso desigual a las necesidades humanas (La Parra y Tortosa, 2003). En este caso, se trata de la negación sistemática que experimentan las mujeres de su derecho a la ciudad2.
En este trabajo de investigación interesan los abordajes metodológicos que resultan del estudio de las VCLM en el espacio público, en concreto, en las ciu-dades turísticas. Aunque la producción científca al respecto es por demás escasa, se observa que los trabajos existentes utilizan aproximaciones metodológicas que no escapan a la tentación de cuantifcar las variadas manifestaciones de este fenómeno social; incluso en algunos de esos estudios se ha emprendido la tarea de proponer una serie de indicadores que buscan situar las VCLM en el espacio público como un fenómeno vinculado, principalmente, a la planifcación de las ciudades (Lurduy 2011; Rainero 2014; Rainero y Rodigou 2003).
Si bien no se niega la importancia de las aportaciones derivadas de estas aplicaciones metodológicas, se reconoce que con frecuencia los datos recolecta-dos, su análisis y representación, derivan de marcos teóricos y de la aplicación de métodos e instrumentos que se apegan a los planteamientos de la ciencia tradicional, los cuales privilegian los ideales de objetividad, racionalidad, neutra-lidad y universalidad que, por cierto, mantienen un sesgo androcéntrico y sexista que impide reconocer la infuencia del género en la producción de conocimientos y el papel de las mujeres en su construcción.
En este contexto se reconoce que la cartografía social participativa (CSP) es una metodología que permite el acercamiento a las VCLM en los espacios públi-cos de las ciudades turísticas de manera horizontal, colectiva, situada, objetiva, geolocalizada y, particularmente, desde la perspectiva feminista. Siendo así, el objetivo de esta investigación es presentar el proceso de diseño y aplicación de un ejercicio de cartografía social participativa (CSP) que, aunado a otras meto-dologías de investigación social, permiten trazar un vínculo entre las violencias directas y las condiciones urbanas como formas de violencia estructural que experimentan las residentes en su práctica de habitar3 los espacios públicos de la ciudad turística de Mazatlán, México.
2. LA CARTOGRAFÍA SOCIAL PARTICIPATIVA: ¿UNA METODOLOGÍA FEMINISTA?
Aunque se reconocen diversos esfuerzos por analizar la VCLM en el es-pacio público a partir de metodologías cuantitativas, se observa que el trabajo investigativo se concentra en el diseño y aplicación de abordajes metodológicos cualitativos que utilizan métodos comúnes en las ciencias sociales; tales como la observación, grupos de enfoque, discusiones, entrevistas a profundidad, entre otros (Alonso-Sanz 2020; Czytajlo 2020; Ibarra, Matallana, Rodríguez y Recalde 2019; Peña, Gamba y Acosta 2020; Siwach 2020; Toro y María 2017). En este amplio bagaje de investigaciones, son escasas las que proponen el estudio de la VCLM desde su dimensión socioespacial (Añover 2012; Flores 2014; Soto 2012) y, aún más, las que consideran la CSP como un recurso metodológico para representar cartográfcamente las experiencias de las mujeres desde la perspec-tiva del género y de otras ubicaciones sociales (Czytajlo 2020; Delgado 2018; Toro y María 2017). Por supuesto, la producción científca que se enfoca en el estudio de dicho fenómeno social en entornos turísticos es más limitada (Añover 2012). Sin embargo, en las propuestas metodológicas de estos trabajos se obser-van algunos patrones comunes:
a. privilegian la experiencia individual de la "mujer universal" como punto de partida y principal insumo para el análisis y generación de conocimiento, ignorando procesos que garanticen el protagonismo de las mujeres (en plural) como productoras de cononocimiento desde la colectividad.
b. acceden a la experiencia de las mujeres -principalmente- a través de métodos, técnicas e instrumentos comunmente utilizados en la investi-gación social que, si bien dan lugar a la construcción de descripciones, representaciones, signifcaciones sobre sus experiencias, no consideran el uso de mapas o la construcción de cartografías como instrumentos a partir de los cuales las participantes puedan elaborar relatos, lecturas, signifcados críticos sobre el territorio/espacio que se alejen del sesgo sexista, androcentrista y patrialcal que son predominantes en la ciencia tradicional.
c. las que consideran la representación cartográfca de las experiencias de las mujeres, generalmente lo hacen a partir de un lenguaje cartográfco vinculado a la concepción cartesiana y euclidiana del espacio poco o nada complatible con las metodologías sociales.
En este contexto, la CSP emerge entre una diversidad de metodologías cua-litativas que permiten la construcción de "mapas"; sin embargo, se caracteriza como una propuesta que, aunada a otros métodos y técnicas de la investigación social, da lugar a la producción de "otras cartografías". La CSP se aleja de la sola idea de la representación del territorio, pues de su aplicación emana un dialogo colectivo donde confuyen pensares y sentires, memorias y otras prácticas subjetivas y materiales de quienes habitan y producen el espacio social (Diez y Chanampa, 2016; Passos, Kastrup y da Escóssia 2009).
La CSP como metodología invita a la deconstrucción de la cartografía tra-dicional, la cual es altamente normada, cargada de universalismos e incluso controlada por ciertas intencionalidades vinculadas a sectores económicos, aca-démicos y militares (Diez y Chanampa 2016), y propone un proceso colectivo de construcción que garantiza el protagonismo de quienes son sujetos de estu-dio, por lo tanto, generadores de conocimiento más que proveedores de datos sistematizables acerca del espacio experimentado. En este contexto se plantea la siguiente pregunta ¿la CSP puede ser catalogada como un método de investiga-ción feminista por considerar a las mujeres como sujeto de conocimiento? Para Harding (1988), no basta con el esfuerzo de "sumar o agregar a las mujeres" (1988:14) si se mantienen criterios epistemológicos y metodológicos que ha-cen de la ciencia una práctica androcéntrica, sexista y patriarcal que "...ofrece análisis parciales y distorsionados del género y de las actividades sociales las mujeres" (1999: 16).
Para ser entendida como una metodología feminista, la CSP debe estar vin-culada a estructuras teóricas que cuestionan aquellos fenómenos que resultan problemáticos desde las experiencias de las mujeres, y también debe atender ciertos criterios que permitan colocarla en el amplio bagaje de dichos abordajes metodológicos4. Para Harding (2002), no existe propiamente una "metodología feminista" sino más bien características epistemológicas y rasgos o criterios me-todológicos que guían la manera en cómo las feministas hacemos investigación, y que son los responsables de los benefcios del quehacer científco sobre la vida de las mujeres.
Siendo así, la CSP habilita un escenario que cuestiona los ideales de objetivi-dad, racionalidad, neutralidad y universalidad planteados por la ciencia moderna y abre la posibilidad a la construcción de conocimientos de manera horizontal, colectiva, situada y subjetiva (Blazquez, Flores y Ríos 2012). Estos conocimien-tos, abordados desde la perspectiva feminista, no solo contribuyen a la compren-sión de la espacialización de las VCLM como es el caso de este trabajo, sino a la construcción de conocimientos alejados de sesgos sexistas, androcéntricos y patriarcales.
En este contexto, se observa que la CSP es en sí misma un proceso meto-dológico que intenta romper con la posición epistémica de autoridad y con la falsa distancia entre quien investiga5 y quienes son investigadas; de tal forma que pugna por propiciar un dialogo horizontal y menos jerárquico a partir del libre intercambio de ideas en torno al espacio/territorio, el reconocimiento de la subjetividad de quienes investigan y la incorporación de diversas formas de pensamiento y de otras formas de entender el mundo, entre las cuales está la perspectiva de género (Blazquez, Flores y Ríos 2012; Sarabia, Vega, Espinoza y Gutiérrez 2021).
A diferencia de las metodologías tradicionales en las ciencias sociales, aque-llas que pueden ser abordadas desde una perspectiva feminista no sólo se preo-cupan por recuperar los conocimientos y saberes de quienes fungen como sujetos femeninos de estudio, sino también insisten en colocar a las investigadoras en el mismo plano crítico y de refexión que las investigadas para poder "mirar con otrxs y desde el lugar de los otrxs" (Deharbe 2020: 173). Siendo así, la CSP hace posible poner en el centro del análisis las creencias, sentimientos, pensamientos y prácticas culturales de las mujeres (participantes), pero no ignora ni rechaza las emociones, gustos, ideología, formación académica de quien investiga que -al igual que en las metodologías de la ciencia social tradicional- impregnan el diseño, aplicación y análisis de los resultados (Harding 2002).
Además de horizontal, la CSP es un proceso colectivo que permite conver-sar, refexionar y construir narrativas poniendo en común los saberes, sentires y prácticas de las mujeres en torno al fenómeno social de estudio, quienes utilizan como herramienta principal el "mapa". En este ejercicio, lo común trasciende a la singularidad de la experiencia de las participantes y da paso a la construcción de una lectura colectiva del territorio a partir del consenso (Diez y Chanampa 2016). Pero no sólo eso, la CSP como práctica de investigación se sitúa como un espacio común dónde las participantes refexionan, cuestionan, denuncian, pro-blematizan situaciones confictivas desde su cotidianidad y plantean alternativas y futuros posibles, de tal forma, que esta metodología también puede constituirse como una herramienta de intervención social y de emancipación social para las mujeres (Font-Casaseca 2020; Sarabia, Vega, Espinoza y Gutiérrez 2021).
Como se observa, la CSP recoge las experiencias de las participantes como uno de los insumos principales para la producción de conocimiento. En este sentido, dicha metodología tiene un alto potencial para la producción de co-nocimientos situados6 y no universales, no sólo porque reconoce el context socio-político, cultural e histórico particular de las que son objeto de estudio sino también porque permite adoptar puntos de vista feminista (feminist standpoints) que encarnan y refejan las experiencias femeninas en los amplios márgenes de su diversidad (Harding 1988; Hartsock 2019; Martínez y Agüero 2020).
Siendo una construcción colectiva, la CSP es una práctica metodológica que puede reunir diferentes sujetos femeninos cognocentes con experiencias y ubicaciones sociales que refejan "localizaciones específcas respecto a su sexo, identidad sexual, raza, cultura, etnia, edad y nivel educativo y que, por tanto, los conocimientos que produce son siempre situados" (Guzmán-Cáceres, 2015:39). Desde la perspectiva feminista, la CSP tiene el potencial para visibilizar las experiencias de las mujeres y otros colectivos que han sido sistemáticamente ig-norados en las representaciones cartográfcas (Font-Casaseca 2020); de tal forma que se acerca a la dimensión cotidiana de la vida de las mujeres, pero no sólo desde un enfoque descriptivo sino también refexivo a partir del cual se puede re-conocer, estudiar y visibilizar las problemáticas que, regularmente, se ocultan en su posición subordinada. De esta manera, la CSP logra enfatizar en las múltiples dimensiones y escalas que caracterizan la vida de las mujeres y que, constante-mente, han quedado relegadas en la cartografía tradicional.
3. METODOLOGÍA
3.1. El mapa: la creación de nuevas narrativas y fronteras sobre la ciudad
El diseño de la CSP como metodología utilizada para el estudio de la es-pacialización de las violencias que experimentan las mujeres residentes de las ciudades turísticas, parte de perflar los espacios de la ciudad a analizar, lo cual también implica la selección del tipo de mapa, la escala de análisis y la tempora-lidad de los hechos o acciones que integran el fenómeno de estudio.
Una de las principales herramientas en esta propuesta metodológica es el "mapa"; este puede adoptar diversas formas como el boceto de un recorrido cotidiano sobre el barrio o la ciudad, un esquema de las cuadras donde se desa-rrolla el fenómeno de estudio, la traza de una mancha urbana o incluso la fgura corporal que puede funcionar como el espacio/territorio de intervención (Icono-clasistas 2019; Risler y Ares 2013). Para este ejercicio metodológico se sugiere trabajar sobre una representación hegemónica: un mapa catastral de la ciudad. Para Diez y Chanampa (2016), este es sólo un elemento complementario pues la esencia de la metodología se encuentra en el proceso colectivo de la construc-ción cartográfca.
Aunque se trata de una herramienta rígida e inmóvil, el mapa de la ciudad constituye un "plano común" para las participantes y el punto de partida a través del cual se potencia el diálogo y el intercambio de saberes en torno a la (in) se-guridad y las violencias que experimentan en los espacios públicos turísticos y no turísticos. Pero no sólo eso, también permite confrontar e impugnar las narra- ciones, representaciones, sentidos y las fronteras hegemónicas u "ofciales" que han sido creadas y recreadas -tanto por organismos gubernamentales, políticos y sociales- en torno a estos espacios, con las "otras" elaboradas por las participan-tes, las cuales no obedecen a lógicas empresariales, institucionales ni catastrales pero contribuyen, por ejemplo, a desmitifcar los espacios públicos turísticos como inherentemente seguros.
La escala de análisis es otra de las decisiones vinculada al uso de mapas como herramienta para el análisis social: las calles, las plazas, los espacios públi-cos, las colonias o las áreas turísticas son sólo algunas de las escalas espaciales que pueden ser establecidas por la (s) investigadora (s) durante la etapa de diseño metodológico o por las participantes al comenzar la intervención de este recurso. No obstante, siendo la CSP un proceso metodológico que atiende a la construc-ción de conocimiento colectivo, son las participantes quienes deben poner en juego formas creativas de reconocer y organizar los espacios públicos con base en sus experiencias de (in)seguridad y violencia.
3.2. Las categorías de análisis: claves para la intenvención del mapa
Las categorías de análisis son parte de las herramientas prediseñadas para la intervención del mapa por parte de las participantes. Por supuesto, se entiende que las categorías de análisis derivan de una exploración teórico-conceptual y, también, empírica que es parcialmente desarrollada en la parte introductoria de este trabajo y que se expresa de la siguiente manera (ver Figura 1).
Si bien de este acercamiento teórico-conceptual se identifcan las macro-categorías que guían el desarrollo metodológico (Strauss y Corbin 1998; Gray 2009); también se reconoce que esta "tipología" de violencias en el espacio público puede ser retroalimentada, deconstruida e incluso reconstruida a partir de elementos que emergen en los relatos de las participantes en los diferentes momentos de la CSP. De esta forma se trata de un proceso de categorización deductivo-inductivo vinculado al método de la teoría fundamentada (Charmaz y Belgrave, 2015; Strauss y Corbin, 1998) . Estas categorías iniciales constitu-yen un insumo importante para la (posterior) intervención del mapa a través de estrategias, tales como: la construcción de narrativas y la señalización del mapa.
3.3. Selección de las particpantes
Respecto a la selección de las participantes, la CSP es un proceso metodo-lógico que admite el reconocimiento de las mujeres (en plural) como sujetos o agentes de conocimiento; por tanto, no no se trata de una "mujer universal" sino más bien de mujeres cuyas experiencias, deseos, miedos e intereses diferen de acuerdo con su clase, raza, etnia, cultura, edad y con todas sus identidades, lo anterior es "una rica fuente de recursos para el pensamiento feminista" (Harding, 2002: 23). No obstante, a pesar de lo valioso que puede resultar el reconocimien-to de todos los elementos que condicionan las experiencias de violencia de las mujeres, para este trabajo se optó por mantener la homogeneidad de muestra a partir de criterios de selección de las mismas.
Se aplicaron dos criterios de selección: mujeres jóvenes de entre 18 y 29 años y ser consideradas como residentes (aunque no necesariamente originarias) de la ciudad. La edad de 18 años es el momento en que el espacio privado deja de ser uno de los principales escenarios donde las mujeres desarrollan su vida cotidiana; de tal forma que el bar, la plaza, la estación del transporte público, entre otros espacios públicos, comienzan a posicionarse como los lugares de per-manencia, apropiación y movilidad. Y al ser residentes de la ciudad, es posible acercarse a la VCLM desde la perspectiva de la experiencia cotidiana. Observar la violencia como experiencia permite ir más alla del acto específco del agresor sobre la víctima y, percibir el fenómeno desde la cotidianidad duradera y permanente de la vida urbana de las mujeres.
3.4. Fases metodológicas: primera y segunda intervención
En ambas intervenciones, la construcción de narrativas individuales y colec-tivas es un proceso medular para la comprensión de las experiencias de violencia de las mujeres en espacios turísticos y no turísticos. Para diversas autoras (Flores 2014; Lindón 2008), la construcción de narrrativas7 es una estrategia coherente con los criterios de las metodologías feministas por promover una refexión situada, crítica y no universal. Así como la oralidad, la escritura, la lectura o la contra escritura, la producción de narrativas estimula procesos colaborativos de producción de conocimiento en los que se profundiza, se genera confanza y co-nexión con las personas participantes (Troncoso, Galaz, y Alvarez 2017).
La primera intervención es un proceso anónimo de construcción personal de la (s) experiencia (s) de violencia vividas en el espacio público, el principal recurso es la narrativa escrita. El objetivo es acceder a la (s) experiencia (s) indi-vidual (es) de cada una de las participantes, de tal forma que, cuando escuchan las narrativas de otras (durante la segunda intervención) se evita el sesgo en las narrativas individuales. En la Tabla 1 se explican las actividades que integran la primera intervención.
- Colocando sobre una mesa de trabajo y en un espacio público, las participantes y las organizadoras se sitúan en torno al mapa para dialogar y refexionar en torno a la temática.
- Las organizadoras orientan el diálogo para recuperar los siguientes aspectos: a) presencia o ausencia de equipamiento, infraestructura u otros aspectos que hacen de esos espacios (in) seguros, b) momentos del día que caracterizan la (in) seguridad en los espacios señalados, c) prácticas de uso, dezplazamiento o apropiación de los espacios, d) experiencias de inseguridad y violencias (victimario, momento del día, acompañamiento). Sin embargo, las participantes también incorporan aspectos no contemplados en los íconos, por ejemplo, otras violencias experimentadas.
- El uso de los recursos visuales (íconos) no es limitativo, por el contrario, son recursos con un alto potencial para dinamizar la construcción colectiva de conocimientos. Además de incorporar una dinensión simbólica a las narrativas espaciales realizadas por el grupo, los íconos actúan como detonadores de las diversas expresiones de las experiencias de las mujeres; de tal forma, que debe permitírseles escribir ideas, emociones y experiencias en otros recursos que se les proporcionan como pedazos de papel, notas, entre otros.
- Una de las organizadoras debe registrar las narrativas, se recomienda grabar la sesión con previa autorización de las participantes.
3.5. Análisis de la información
La información densa en la aplicación de la CSP deriva de la primera y segunda intervención. De ambas fases metodológicas se obtienen dos tipos de recursos empíricos, por un lado, las narrativas individuales recolectadas a través de las fchas testimonio y las narrativas colectivas que se recuperan de los dialogos que tienen las partipantes durante la intervención del mapa. Y, por otro lado, la intervención misma del mapa a través de los íconos, frases adheridas, entre otros recursos.
Aunque existen diferentes métodos para el análisis de las narrativas, en este caso, se retoman algunos de los principios de la teoría interpretativa de Ricoeur (2003) que se organizan en las siguientes etapas: 1) la lectura ingenua o no direc-cionada de la narrativa que permite identifcar un signifcado amplio del todo, 2) el análisis estructural que permite focalizar palabras, frases o párrafos (unidades de signifcado) que dan cuenta de las experiencias de violencia de las mujeres en el espacio público, esta etapa se mueve entre las partes y el todo de la narrativa permitiendo rechazar o confrmar la impresión obtenida en la primera etapa y 3) la comprensión integral del todo.
Particularmente, la etapa 2 puede apoyarse en los preceptos de la Teoría Fundamentada como proceso que, en vinculación con las categorías planteadas previamente en la Figura 2, contribuye a la identifcación de las unidades de sig-nifcado emergentes (temas, clases y categorías) y a su organización a través de su codifcación y categorización para la búsqueda de regularidades y frecuencias (aunque, no precisamente de una construcción teórica). Aunque considerando los debates al respecto, se propone el uso de algunos softwares para el análisis de los datos (Aquad, Nvivo, Atlas ti, otros) con la fnalidad de facilitar su tratamiento, sobre todo, cuando se generan gran cantidad de datos. Además, del potencial que muestran para la incorporación de recursos empíricos de diferente origen que emergen en el propio trabajo de campo (emociones, afectos, fotografías, expresiones gráfcas, mapas).
Un ejemplo de lo anterior, es la intervención del mapa en sí mismo. Como recurso gráfco también requiere de un proceso de análisis. Para LaDona y Cope, la "visualización fundamentada" (grounded visualization) (2016:2022) es un proceso que combina, por un lado, la geovisualización y, por el otro, la teoría fundamentada. Para estas autoras, esta estrategia metodológica se apega a los compromisos de la ciencia feminista al prestar atención a cuestiones como el conocimiento situado, a la subjetividad, a las narrativas cartográfcas contex-tualizadas, entre otros elementos que fortalecen la investigación social. En este sentido, es un proceso que se propone para el análisis de la intervención del mapa que realizan las participantes como parte de la segunda intervención de este proceso metodológico.
Igualmente, se visualiza que el análisis de este recurso empírico (mapa) requiere del uso de tecnologías para representar la información cualitativa reca-bada; en este caso, se optó por el uso de los Sistemas de Información Geográfca (SIG). A pesar de su demostrada capacidad para generar análisis y representa-
ciones a partir de métodos considerados tradicionalmente como cuantitativos, algunos estudios destacan el potencial de los SIG para generar conocimiento a partir de historias de vida, análisis del discurso o la combinación de metodo-logías (cuantitativas y cualitativas) que pudieran proveer de perspectivas más complejas sobre los fenómenos sociales (Font-Casaseca 2020).
4. FRESULTADOSY DISCUSIÓN
4.1. Aplicación de la CSP: la violencia contra las mujeres en Mazatlán, Sinaloa
Esta metodología fue aplicada en la ciudad de Mazatlán ubicada en el pací-fco mexicano, en el estado de Sinaloa. De acuerdo con el Consejo para el De-sarrollo Económico de Sinaloa (CODESIN, 2023), este destino ocupa el quinto lugar a nivel nacional debido a que concentra el 3.5% de los turistas residentes del país, sólo después de destinos como Guadalajara (5.4%), Acapulco (10.4%) y Ciudad de México (10.7%). De igual foma, concentra el 1.9 % de los turistas no residentes que arriban a México, colocándose en la posición dieciséis. Del total de cuartos de hotel registrados en la entidad (26 mil 781 unidades), el 53.8% se ofertan en la ciudad de Mazatlán.
Durante el año 2015, en el municipio se registró una población de 255.119 mujeres (Instituto Nacional de Estadística y Geografía [INEGI], 2015) y, de acuerdo con la Fiscalía General del Estado (FGE), de los 12.680 casos delictivos hacia mujeres en la entidad, 2.051 acontecieron en Mazatlán, colocándolo como el segundo municipio con mayor incidencia delictiva contra las mujeres en el estado, después del municipio de Ahome. Sin importar que mantiene cifras alar-mantes de violencia en contra de las mujeres residentes, se coloca como uno de los principales destinos turísticos del país.
La aplicación de la metodología contó con la participación de 158 mujeres jóvenes de entre 18 y 29 años, todas son estudiantes adscritas a los diversos planes de licenciatura ofertados en el campus universitario de la Universidad Autónoma de Occidente (UAdeO) ubicado cerca del Malecón. Adicionalmente, algunas de las participantes (5%) se desempeñan también como cajeras, meseras, empleadas en establecimientos comerciales, principalmente, en las zonas turís-ticas de la ciudad. La intención de realizar la selección de las participantes bajo estos criterios fue mantener la homogeneidad del grupo a partir de características como la edad. Además, todas ellas tienen sus lugares de residencia en la zona periurbana de la ciudad, este hecho proporcionó personas con diversas posicio-nes de clase social que enriquecieron las perspectivas respecto a los habitares femeninos en el espacio público.
La CSP se llevó a cabo en 23 sesiones en un periodo de tiempo que abarcó del mes de marzo a mayo del año 2022. Son diversos los formatos bajo los cua-les el mapa puede ser construido o intervenido, por ejemplo, la elaboración de collages fotográfcos, mapas murales, mapeos temporales, rompecabezas territorial de intervención temática, mapas corporales, multiplanos, "mapeo al paso" entre otros (Iconoclasistas, 2019). En esta investigación se optó por el "mapeo al paso" o mesa en el espacio público (Risler y Ares 2013: 21), debido a que es una práctica que acepta el intercambio de experiencias en grupos reducidos a través de mapas impresos que se instauran en un espacio común. Las mesas de trabajo se colocaron en el patio central del campus universitario debido a que es uno de los espacios de mayor tránsito y cirulación del lugar, además de que resultó estimulante para la participación pues la aglomeración de unas, despertó la curiosidad de otras, esto facilitó el desarrollo de las sesiones.
Se eligió un espacio que constituye un punto de reunión, donde realizan ac-tividades en común o pasan por razones diferentes. Es importante considerar el ruido como un factor que puede impedir la escucha e incluso el registro de los diálogos entre las participantes y entre ellas y la investigadora.
Para la aplicación de la CSP como propuesta metodológica, se tuvo como herramientas principales dos mapas catastrales impresos a color 105x 60cm a escala 1:15.000, uno corresponde al norte y otro a la sur de la ciudad (Instituto Nacional de Estadística y Geografía 2015a, 2015b) (ver Figura 2). Se incluyeron en el mapa las denominaciones de las calles y avenidas principales, así como nombres de los espacios públicos (parques, plazas, mercados, entre otros) comu-nes a la cotidianidad de las potenciales participantes
4.1.1. Primera intervención
Una vez en la fase de intervención de los mapas, las participantes comen-zarón a analizar la ciudad en función a dos categorías: espacios turísticos y no turísticos. Respecto a los primeros, fueron ellas quienes defnieron la escala de análisis del espacio a través de la idetifcación de seis áreas turísticas (como espacios donde se agrupan los atractivos y servicios turísticos) ubicadas una contigua de la otra a lo largo de la franja costera, mismas que reconocen como espacios comunes de trabajo y ocio. Y respecto a los espacios no turísticos, identifcaron las colonias que se despliegan detrás de la franja costera y que, además reconocen como los espacios donde desarrollan su vida cotidiana. La lectura semiótica de la ciudad por parte de las participantes se dio a partir de esta división no ortodoxa de la ciudad, la cual les permitió producir nuevas narrativas consensuadas, alternativas y abiertas a otras posibilidades; en este sentido, la CSP se sitúa como un proceso de deconstrucción (ver Figura 3).
experiencias de las participantes, la construcción de narrativas individuales a tra-vés de la fcha testimonio permitió a las participantes poner en palabras lo vivido pero, fundamentalmente, nombrar y recrear -desde el punto de vista femenino-las violencias urbanas que forman parte de sus habitares individuales en esta ciudad (ver Figura 4); aunque como menciona Ricoeur "...la narrativa propia, convoca sin duda, las voces de otros y otras, lo que implica que, en últimas, no es un relato construido en solitario ni el refejo de una voz lineal, sino una espiral polivocal, producto de la subjetividad (2006:18) .
La construcción de narrativas individuales es más que un momento de re-colección de información; en este caso, se trató de un proceso relacional que admite la comprensión de la corporalidad y la emocionalidad de las participantes (miedo, molestia, impotencia, repugnancia, entre otras emociones), aspectos que con regularidad se pierden con otras técnicas cualitativas. Además, siendo la postura relativista propia de las metodologías feministas, esta estrategia dió lugar al reconocimiento de las múltiples posiciones desde donde se situan las parti-cipantes con sus experiencias de violencia. Aunque este trabajo no propone un análisis desde la interseccionalidad, se reconoce que esta estrategia metodológica alcanza para descifrar los diferentes sistemas de dominación (género, raza, clase, etnia) que confguran las experiencias de violencia.
El análisis de las narrativas elaboradas por las participantes en las fchas testimonio, se apoyo en la utilización del software Atlas ti. Además de consi-derar la exploración téorico-conceptual inicial (ver Figura 2), se llevó a cabo un proceso de selección, focalización y abstracción sobre las narrativas individuales y colectivas (registradas en la segunda intervención del mapa) para integrar la categorización y codifcación a partir de la cual se identifcaron: a) los espacios (turísticos y no turísticos) experimentados como seguros, b) los espacios inseguros y, c) las características del espacio (iluminación, banquetas, presencia de policias, callejones), la ubicación del lugar de la agresión, formas de violencia experimentadas, el momento del día en que ocurrió la agresión, la situación de acompañamiento en la que se encontraban, todas ellas a partir del relato de sus experiencias de agresión.
En esta primera intervención, las participantes situaron la calle y el transpor-te público como los espacios donde se confguran sus experiencias de inseguri-dad más intensas en términos de la frecuencia y la naturaleza de las agresiones. Entre las participantes hay un reconocimiento de la violencia psicológica y verbal y, de la sexual y física como las formas de violencia dominantes a las que se enfrentan en el espacio público turístico. Las plazas públicas-turísticas y las plazas comerciales donde se desarrolla la oferta turística, son consideradas en las narrativas como espacios seguros, particularmente, por la presencia de turistas, de cuerpos de seguridad, alumbrado público, cámaras, entre otras características vinculadas al equipamiento y la infraestructura urbana8.
4.1.2. Segunda intervención
A diferencia de la primera intervención, la segunda se caracteriza por un dialogo abierto y horizontal entre participantes e investigadora (s) en el que se busca un cambio en la relación tradicional investigadora (s)-investigada (s) y las participantes propiciándose una dinámica de refexión-interpelación que es, qui-zá, uno de los desafíos más importantes en esta etapa de la CSP (ver Figura 5).
Como principales estrategias metodológicas, tanto la señalización del mapa como la construcción de narrativas colectivas en torno a la (in) seguridad y las violencias en el espacio rompen, por un lado, con el individualismo excesivo en la producción de conocimientos que es por demás dominante en la ciencia tradicional. Y por el otro, hacen posible construir la realidad desde el "punto de vista feminista", colocando las experiencias de las mujeres en el centro de la generación de conocimiento. Sin tratar de terminar en etnografìas de sus mundos de vida, ambas estrategias hacen posible una práctica situada de generación de conocimiento, de autoreconocimiento de sus condiciones marcadas por el siste-ma sexo-género, la religión, la clase, la raza que, al ser puestas bajo la lupa de la "conciencia colectiva" (Harding, 2012: 51), encuentran consensos en las formas cotidianas en que las residentes viven la violencia en el espacio público de esta ciudad.
En esta investigación se optó por el "mapeo al paso" o mesa en el espacio público (Risler y Ares 2013: 21), debido a que es una práctica que acepta el in-tercambio de experiencias en grupos reducidos a través de mapas impresos que se instauran en un espacio común. Se eligió la plaza central de campus porque es un punto de reunión de las mujeres, donde realizan actividades en común o pasan por razones diferentes.
La señalización de las experiencias de (in) seguridad de las residentes con base en una escala de likert de cinco puntos, no sólo es un ejercicio de reconoci-miento de los espacios (in) seguros de la ciudad, pues las participantes -a través de la exposición, discusión y refexión en torno a sus experiencias - logran un acercamiento deconstruido y colectivizado sobre la idea de seguridad creada, principalmente, de los espacios turísticos (ver Figura 6). Además de captar la perspectiva de las mujeres, esta primera técnica da lugar a la construcción de una cartografía de las prácticas del poder donde las participantes mapean y cons-truyen narrativas no sólo a las desigualdades de género como las fuerzas únicas que alientan la violencia directa (sexual, física, psicológica, verbal, entre otras) contra las mujeres; también revelan otras de naturaleza estructural manifestas en la distribución desigual de la infraestructura, el equipamiento, los dispositivos de seguridad y, en general, en el diseño urbano de la ciudad que se presenta como opresivo.
Siendo la intención identifcar tanto las formas de violencia directa como ur-banas predominantes en el espacio público, se aplicó una segunda técnica que -a través de la intervención del mapa con diferentes iconos y materiales didácticos -permite a las participantes referirse al tipo de agresión pero también a las con-diciones socioespaciales que facilitan la experiencia de violencia y, de manera contraria, aludir a los elementos socioespaciales que generan la sensación de seguridad. En esta fase de la metodología, el mapa se convierte en un constructo social en el que las participantes logran consensos en torno a las formas comunes de agresión, los momentos y los lugares donde acontecen así como del rol del equipamiento y la infraestructura y, del diseño urbano y la seguridad en la conf-guración de inseguridad y violencia.
Tratando de manetener la CSP como un ejercicio libre y colectivo, los íconos y el material proporcionado a las participantes para la intervención del mapa, incitan la articulación de lógicas y saberes que, regulamente, se presentan distanciados (violencias directas/elementos socioespaciales, violencias directas/ violencias estructurales) pero que al ser articulados por las propias participantes, les permiten comprender que las relaciones de poder que experimentan cotidia-namente se reproducen también en sus prácticas de uso, desplazamiento y apro-piación de los espacios públicos (ver Figura 7).
A diferencia de la primera técnica, en este segundo ejercicio las participantes utilizaron como escala de análisis las calles, las plazas públicas y comerciales, los cruceros, los paraderos de transporte, las avenidas, los espacios de recrea-ción, entre otros. El "lugar"se convirtió en escenario de sus experiencias; en de-fnitiva, esto permitió comprender las múltiples dimensiones, tiempos y escalas que, regularmente, han quedado relegadas en los estudios sociales y, en general, en las investigaciones relacionadas con las representaciones espaciales de las formas de opresión y subordinación que experimentan las mujeres en su vida cotidiana.
Resulta importante enfatizar en los aspectos que se revelan en las cartogra-fías a partir de esta segunda intervención. La forma particular en que las partici-pantes ubican sus experiencias de (in)seguridad en los espacios de la ciudad, no coincide con los imaginarios creados en los que se relaciona la seguridad/espa-cios turísticos y la inseguridad/el resto de los espacios públicos. Se identifca que es la violencia machista a partir de la violencia sexual, verbal y psicológica la que predomina en la mayoría de las zonas turísticas de la ciudad. Las participan-tes enfatizan en la dotación desigual de los dispositivos de seguridad así como del equipamiento y la infraestructura entre los espacios turísticos y los no turís-ticos, esta es quizá una de las violencias estructurales más evidentes. Mientras sus espacios de vida carecen de alumbrado público, de un servicio efciente del transporte público, de calles pavimentadas, de la presencia de cuerpos policiacos en horarios y lugares medulares y de problemáticas como la delincuencia, pre-sencia de integrantes del crimen organizado, tiendas como punto de distribución de drogas, prostitución, entre otras; en los espacios turísticos se goza de "paisa-jes de seguridad", en los cuales por cierto ubican un sin número de experiencias relacionadas con el acoso sexual callejero.
4.2. Análisis de la información
Una vez recolectadas 158 fchas testimonio durante la primera intervención de la metodología, las investigadoras realizaron dos lecturas no intencionadas de los testimonios escritos de las participantes. Y una clasifcación de los datos obtenidos en el mapa: los recolectados en pedazos de papel que fueron adheridos a este recurso y las señalizaciones realizadas con los iconos en color morado (situaciones seguras) y rojo (formas de violencia). A través de un análisis estruc-tural, se identifcaron palabras, frases o párrafos (unidades de signifcado) que, aunadas a las categorías inductivas (ver Figura 2), permitieron la construcción de una categorización (categorías de primer orden) y, derivado de los datos, se identifcaron categorías de segundo orden. Para trabajar esta categorización se optó por el uso del sofware Atlas. ti (ver Figura 8).
La categorización de la información implicó la asignación de códigos, y el análisis simultáneo las relaciones entre los códigos. El análisis fue el proceso que dio lugar a la identifcación de los patrones y las relaciones entre las categorías de primer y segundo orden, a través de la construcción de redes y diagramas fue posible la estructuración de los primeros hallazgos. Por ejemplo, las formas de violencia directa y urbana y su relación con los espacios turísticos y no turísticos así como la concentración de algunas formas de violencia en lugares específcos de la ciudad, son sólo algunos de los resultados que pudieron ser evidenciados a través de las narrativas de las participantes (ver Figura 9).
La organización de la información vertida por las participantes en el mapa se realizó siguiendo la categorización elaborada para el análisis de las narrativas. Las (breves) notas que fueron redactadas en pequeños pedazos de papel y adheri-das al mapa fueron analizadas junto con las narrativas individuales recibiendo el mismo tratamiento. El mapa intervenido por las participantes durante la segunda intervención, se sistematizó mediante el uso del software de licencia libre deno-minado QGIS. Esta herramienta permitió la geovisualización de la información vertida en el mapa y la incorporación de información derivada del análisis de las narrativas individuales y colectivas9. La "visualización fundamentada" a través de QGIS dió lugar a la generación de diversas cartografías que constribuyeron a la comprensión del fenómeno de la violencia en esta ciudad, mediante diferentes técnicas (ejemplo los polígonos de Voronoi)10 esta forma de sistematización y análisis brindó la posibilidad de explorar la información a través de diversas capas del mapa, agrupar y desagrupar los datos para encontrar patrones en la información e incluso permitió cambiar la apariencia visual de las cartografías resultantes.
5. CONCLUSIONES
La CSP es un proceso metodológico fexible que da lugar a la adopción de estrategias y técnicas metodológicas que hacen posible la sistematización de distintos procesos y dinámicas que se suscitan en el territorio/espacio público; al poner en el centro el análisis de las experiencias de las mujeres, la CSP permite la espacialización de las VCLM en términos cartesianos pero, sobre todo, es una vía para la representación cartográfca de los sentires, pensares y, en general, los habitares de las mujeres residentes en contextos donde las dinámicas urba-nas, turísticas e incluso patriarcales limitan y determinan su permanencia en el espacio público.
La espacialización de las VCLM a través de la CSP se confgura como una contrarespuesta a los imaginarios construidos sobre la seguridad en las ciudades turísticas. La intervención del "mapa" aunada a otras estrategias metodológicas dieron lugar a la construcción de la mirada femenina en torno a las formas de violencia que experimentan las residentes en los entornos turísticos, mismas que a menudo quedan relegadas como objeto de conocimiento en los estudios propiamente del fenómeno turístico. De esta manera, el ejercicio hizo refexionar y comprender las variadas formas en que se presentan las VCLM en espacio públi-co, que no se limitan a las agresiones sexuales, físicas o verbales sino también a otras de naturaleza estructural que, en el caso de las ciudades turísticas, son aún más intensas debido a la importancia que toma el espacio público en el circuito de acumulación de capital.
Al admitir estrategias metodológicas abiertas a la producción de conoci-miento colectivo y desde la perspectiva de las participantes, la CSP rompe con la condición canónica del método. En este sentido, la CSP es un ejercicio metodo-lógico que, además de dar cuenta de las diversas dimensiones, tiempos y escalas en las que se confguran las VCLM en el espacio público, incorpora la posición de las mujeres como objetos y sujetos de conocimiento cartográfco.
Siendo que algunas autoras (Añover 2012; McDowell 2000; Rodó de Zára-te 2015; Soto 2011, 2012) enfatizan la identidad de género como el factor que mayor incidencia tiene en la comprensión de las experiencias diferenciales y jerarquizadas de las mujeres en la ciudad, esta investigación fue planteada en es-tos términos; por tanto, se reconoce que los resultados presentan algunas limita-ciones en términos de la interseccionalidad11. Sabiendo que las limitaciones son propias de la investigación y no de la metodología, se destaca la capacidad de las estrategias que la integran para poner de relieve la diversidad de experiencias y el uso del espacio público por parte de las participantes no sólo por su género sino también por su clase, raza, edad, lugar de residencia, entre otras.
Si bien este trabajo aborda el proceso de diseño y aplicación de la CSP como metodología para el estudio de la VCLM, se considera esencial problematizar en torno a la comunicación de los resultados que se generan a partir de estos ejercicios investigativos, pues el formato y los medios utilizados determinan la posibilidad de hacer de la cartografía de las violencias una oportunidad de trans-formación y emancipación social para las mujeres.
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