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Bajo una tupida red de referencias artísticas y literarias y con una visión marcada por los ideales de armonía y desnudez del arte grecorromano, la autora construye una arquitectura verbal pulida y reluciente en la que el elemento simbólico tiene una importancia transcendental. Abstract: The poetry of Rosa Chacel, that imbibes simultaneously from the sources of the tradition as the avant-garde, canalizes the aesthetic thinking of the writer, highly influenced by her visual and sculptural formation. Below a dense artistic and literary reference network and together with a vision marked by the beauty ideal of harmony and nudity of Greco-Roman art, the author build a refined and shinning verbal architecture in which the symbolic element has a transcendental importance. Through a poetry of great formal commitment, Rosa Chacel query prevailing oppositions as life / culture or body / mind by using a poetics that, like ancient philosophy, finds his raison d'etre in humanism. El rechazo de la industrialización, el desprecio por el sistema de valores burgués imperante, asentado sobre el materialismo y la represión de los instintos naturales, junto con la crisis filosófica, ideológica, religiosa y social, derivaron en un impulso del irracionalismo que acabó por concretarse en una sacralización del arte. El vacío provocado por la pérdida de la fe en la religión y la constatación del fracaso de la ciencia y de la razón en el acceso al progreso social potenciaron el surgimiento de una nueva espiritualidad que concebía el arte como un modo de superar los límites humanos y de acceder al conocimiento de lo absoluto (Scarano y Ferrari, 1996). De la escultura a la escritura La escritora Rosa Chacel ha sido reconocida sobre todo por una labor novelística personal y esmerada entre cuyos hitos cabría señalar Estación ida y vuelta (1930), Teresa (1941), Memorias de Leticia Valle (1945), La sinrazón (1960) y la trilogía formada por Barrio de maravillas (1976), Acrópolis (1984) y Ciencias naturales (1988). Pero también cultivó con éxito otros géneros literarios como los artículos, las traducciones, los cuentos -su producción completa la reunió en el volumen Icada, Nevda, Diada (1971); la poesía -solamente publicó dos poemarios: A la orilla de un pozo (1936) y Versos prohibidos (1978)2-; el ensayo -entre los que sobresalen Laconfesión (1971) y Saturnal (1972)- y los géneros autobiográficos, cuyos frutos más excelsos son sus memorias: En sus memorias, Desde el amanecer (1985), describe a su familia como bohemia y culta. Después, ya en Madrid, se formó en la Escuela de Artes y Oficios, en la Escuela del Hogar y Profesional de la Mujer y en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, donde se especializó en escultura. Del mismo modo que, para el joven Cernuda, el descubrimiento de la mitología clásica supuso la revelación de "un mundo donde la poesía, vivificándolo como la llama al leño, trasmutaba lo real" (Cernuda, 2003: 34), para la escritora el encuentro con la estatua de Apolo supuso el acceso a una especie de rito iniciático que la llevó a abrazar una nueva religión, la de la belleza, de la que ya nunca desertaría.