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El artículo se propone desde la cinefilia observar la recepción de las imágenes del cine en el contexto de su último lugar de circulación, exhibición y consumos. Primero, la manera en que la imagen resulta ser una huella o marca de un mundo en permanente transformación ? degradación, expuesta a la mirada de su público. Luego, mediante el término imagen-pobre examina las potencias políticas que se dan al apropiarse de estas legal o ilegalmente, para ampliar sus alcances sociales y culturales en su explotación, exhibición y consumos. En un tercer momento, pasa a dar cuenta de la manera en que estas, dadas sus condiciones de explotación industrial y comercial, tienden a arruinarse para adquirir transformaciones formales que expresan en sí mismas el orden socioeconómico en el que circulan y se exhiben. Finalmente, estas imágenes continúan transformándose en el recuerdo de sus espectadores, asumiendo la misma volatilidad y labilidad de la memoria. El cine depende así de sus contextos tanto en la producción como en los últimos estados de su cadena de explotación de la circulación y exhibición.