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En concreto, y con permiso de su colega, a Juan Manuel Moreno, habida cuenta de una trayectoria jalonada de hitos vinculados a su compromiso desde los organismos interna-cionales para los que ha trabajado y que le ha permitido tener una visión privilegiada, como se manifesta en este libro, y desde su adhesión, casi desde el inicio, a la Sociedad Española de Educación Comparada, desde la que, a partir de los congresos que organiza, hemos tenido el privilegio de aprender de sus conferencias que suscitaban vivos debates y que nos ayudaron a construir nuestros discursos docentes y académicos a los y las que comenzábamos a ser habituales en los mismos. Llegados a este punto, cuando me hallaba inmersa en una de las cuestiones que plantea-ban (me viene a la cabeza la proliferación, por ejemplo, en Kota, la India, de las iniciativas de clases particulares que han acabado sustituyendo a la educación secundaria), en cada uno de sus capítulos, se me antojaba que tenía delante una enciclopedia de educación comparada e internacional: la que siempre quisimos leer a fn de ser conocedora, por curiosa (curioser and curioser), de diversas problemáticas de alcance mundial (aunque partan de un contexto local o regional, no puede ser de otro modo) y tener la sensación deque, leyéndola, podríamos tener un relativo control de qué y cómo importa la educación y, más todavía, por qué debemos seguir empeñadas/os en tratar de aprehenderla a través de la educación comparada y su hermana siamesa, la educación internacional. El libro, tras presentar «el problema» del paradigma de la educación universal en un contexto decadente, el del Norte rico obsesionado por los resultados del PISA y plantear la cuestión de la identidad como factor posibilitante de desigualdades, desgrana una triple mirada a partir de la cual se incardina la narrativa de calibre internacional y com-parado. Así, en la primera parte, «la gran carrera educativa mundial», transitamos por estados como la ansiedad que se ha instalado en la sociedad y, por ende, en la educación, por la consolidación de nuevas élites educativas, las preocupaciones educativas familia-res y el auge de «escuelas internacionales» y fundaciones flantrópicas y nos sumerge en «el misterio de por qué la infancia ya no lee» basado en el caso español (les recomiendo encarecidamente la lectura de este capítulo que no voy a descubrir aquí), generando con todo ello nuevas formas de desigualdad que cabe estudiar. En la segunda parte, los autores se centran en el fenómeno de la desigualdad educa-tiva, «como el gran problema económico de nuestro siglo, el sentimiento de ser ciuda-danos de segunda podría convertirse a su vez en el problema político y educativo de esta época», desentrañando los factores que la signifcan, como lo que ellos denominan «gue-rras curriculares» (el curriculum como campo de batalla, recordándonos la cuestión de la educación para la ciudadanía) y el auge del ideal meritocrático y sus exámenes selec-tivos, además del fenómeno actual que nos recuerda que existen escuelas que carecen de niños/as, como ocurrió con el caso moldavo y su política de autorregulación. De ahí nos vamos, fnalmente, a su tercera parte, a pensar en futuros posibles para el proyecto de educación universal: este pasa por referirnos a cuestiones como qué hacer en una cons-tante recesión democrática y si es un factor sufciente referirnos a ella para, como ellos sostienen, asegurar una democracia liberal, sin dejar de lado la realidad del profesorado, su formación y sus procesos de selección.
En los momentos de escribir estas líneas, soy conocedora de la feliz noticia de que el libro, cuya recensión me honra escribir, ha celebrado su segunda edición. Y lo digo con inten-ción: «celebrar», porque, ¿qué no es, sino una auténtica celebración, que un libro sobre educación, sobre educación internacional y comparada, por ende, haya sido un éxito de ventas en los tiempos actuales cuyas tendencias literarias se diasporizan y obedecen a intereses tan diversos como, a veces, desconcertantes y espurios? Poner a la educación de moda es culpa, entonces, de los autores del libro, a los que se le debe semejante hazaña. En concreto, y con permiso de su colega, a Juan Manuel Moreno, habida cuenta de una trayectoria jalonada de hitos vinculados a su compromiso desde los organismos interna-cionales para los que ha trabajado y que le ha permitido tener una visión privilegiada, como se manifesta en este libro, y desde su adhesión, casi desde el inicio, a la Sociedad Española de Educación Comparada, desde la que, a partir de los congresos que organiza, hemos tenido el privilegio de aprender de sus conferencias que suscitaban vivos debates y que nos ayudaron a construir nuestros discursos docentes y académicos a los y las que comenzábamos a ser habituales en los mismos.
Hoy me enorgullece escribir sobre un libro que ya desde su título y subtítulo nos reta a quienes seguimos teniendo inquietudes sobre el factum educativo: educación universal. Tan delicioso como rotundo, tras leerlo nos adentramos en sus 275 páginas para querer tratar de enlazar con los primeros argumentos que permitan dar alguna respuesta a esta pregunta tan sugerente como necesitada de narrativas que acompañen a una línea argumental que ya nos va a acompañar mientras te sumerges en su lectura.
Y me van a permitir una expresión muy coloquial: el libro te lo bebes. Como si de una infusión sanadora y energizante se tratara, tomada en una tarde fría de otoño. Pasados los primeros capítulos, llegas a entender la magia de una prosa sumamente ágil, sencilla en su estilo y formas narrativos pero con un contundente refrendo bibliográfco detrás que no deja ningún dato sin ser legitimado, propio, muy propio, del muy complejo y completo bagaje de quienes lo escriben. Constituye, en mi humilde parecer, el verdadero valor de un discurso sobre educación, precisamente: avanzar en una muy sugerente narrativa que provoca a la persona lectora de manera continua, enlazando ideas y otorgando vías de salida a cuestiones aparentemente irresolubles, por haber sido refrendadas en la literatura generada desde educación comparada en su devenir histórico, armando con todo ello un ensamblaje tan lúcido como de necesario abordaje de cara también a nuestro estudiantado de grado, master y de doctorado, necesitados de lecturas de esta naturaleza.
El enfoque que utilizan, como recurso narrativo, también es aquí digno de ser rese-ñado. A través del libro viajas sin moverte del sofá: Filipinas, India, Hong Kong, Nigeria, Sudan, el Líbano, Polonia... De manera muy creativamente ocurrente, los autores con-textualizan diversas realidades socioeducativas que van a ser escudriñadas en el devenir capitular desde un contexto muy concreto y profundizando en la problemática, tratando de desentrañarla, aludiendo por ejemplo a sus «desencantados» y «descontentos» y, con ello, haciendo cómplice a la persona lectora al introducirle magistralmente en la misma. Llegados a este punto, cuando me hallaba inmersa en una de las cuestiones que plantea-ban (me viene a la cabeza la proliferación, por ejemplo, en Kota, la India, de las iniciativas de clases particulares que han acabado sustituyendo a la educación secundaria), en cada uno de sus capítulos, se me antojaba que tenía delante una enciclopedia de educación comparada e internacional: la que siempre quisimos leer a fn de ser conocedora, por curiosa (curioser and curioser), de diversas problemáticas de alcance mundial (aunque partan de un contexto local o regional, no puede ser de otro modo) y tener la sensación deque, leyéndola, podríamos tener un relativo control de qué y cómo importa la educación y, más todavía, por qué debemos seguir empeñadas/os en tratar de aprehenderla a través de la educación comparada y su hermana siamesa, la educación internacional.
El libro, tras presentar «el problema» del paradigma de la educación universal en un contexto decadente, el del Norte rico obsesionado por los resultados del PISA y plantear la cuestión de la identidad como factor posibilitante de desigualdades, desgrana una triple mirada a partir de la cual se incardina la narrativa de calibre internacional y com-parado. Así, en la primera parte, «la gran carrera educativa mundial», transitamos por estados como la ansiedad que se ha instalado en la sociedad y, por ende, en la educación, por la consolidación de nuevas élites educativas, las preocupaciones educativas familia-res y el auge de «escuelas internacionales» y fundaciones flantrópicas y nos sumerge en «el misterio de por qué la infancia ya no lee» basado en el caso español (les recomiendo encarecidamente la lectura de este capítulo que no voy a descubrir aquí), generando con todo ello nuevas formas de desigualdad que cabe estudiar.
En la segunda parte, los autores se centran en el fenómeno de la desigualdad educa-tiva, «como el gran problema económico de nuestro siglo, el sentimiento de ser ciuda-danos de segunda podría convertirse a su vez en el problema político y educativo de esta época», desentrañando los factores que la signifcan, como lo que ellos denominan «gue-rras curriculares» (el curriculum como campo de batalla, recordándonos la cuestión de la educación para la ciudadanía) y el auge del ideal meritocrático y sus exámenes selec-tivos, además del fenómeno actual que nos recuerda que existen escuelas que carecen de niños/as, como ocurrió con el caso moldavo y su política de autorregulación. De ahí nos vamos, fnalmente, a su tercera parte, a pensar en futuros posibles para el proyecto de educación universal: este pasa por referirnos a cuestiones como qué hacer en una cons-tante recesión democrática y si es un factor sufciente referirnos a ella para, como ellos sostienen, asegurar una democracia liberal, sin dejar de lado la realidad del profesorado, su formación y sus procesos de selección. En este capítulo, los autores se preguntan por la supervivencia de esta idea para acabar con un exquisito epílogo en el que nos están interpelando, con aguda ironía pero a la vez preocupación, de cómo la educación, desde sus imaginarios sociotécnicos digitales, ha de seguir empeñada en la forja de los espacios públicos escolares y la socialización que construye, entre otras cuestiones dentro de la educación para la ciudadanía mundial. En suma, espero haberles convencido para que este libro nos acompañe, a nosotros/as y a nuestro alumnado, mucho tiempo. Ojalá. Y que incite a los autores a seguir indagando sobre cómo se ha de seguir después: si este gran proyecto, la educación universal, está herido de muerte o solo afectado de un virus que por el momento no parece responder a ningún tratamiento...
* María Jesús Martínez Usarralde: Profesora Titular del Departamento de Educación Comparada e Historia de la Educación en la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de la Universidad de València. Forma parte del Grupo de Investigación GRECIA-UV. Vicepresidenta de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Educación Comparada. Sus intereses de investigación se centran en epistemologías y metodologías de Educación Comparada, Educación Internacional y Cooperación al Desarrollo y Educación, y ópticas comparadas de inclusión educativa, Educación para la Ciudadanía Mundial y mediación intercultural. También trabaja metodologías de Educación Comparada y en el Aprendizaje-Servicio (especialmente de advocacy) y su relación con la Responsabilidad Social Universitaria. Datos de contacto: E-mail: m.jesus. [email protected].
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