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Resumen: Este artículo pretende aportar luz sobre el oficio de Karl Marx como periodista durante su etapa norteamericana, reenfocando el modo de entender a este autor, y apostando de modo novedoso por la ciencia social de la Comunicación como el marco epistemológico más adecuado para entender su vida y obra. Para ello, se realiza una síntesis histórica y un análisis crítico de su etapa como corresponsal en Londres del diario norteamericano New York Daily Tribune, desde octubre de 1851 hasta febrero de 1862.
Palabras clave: Karl Marx, periodismo global, New York Tribune, historia del periodismo, marxismo, corresponsalía.
Abstract. This article aims to shed light on Karl Marx's work as a journalist during his American period, refocusing the way of understanding this author, and betting in a new way on the social science of Communication as the most appropriate epistemological framework to understand his life and work. To that end, this study offers a historical synthesis and a critical analysis of his time as London correspondent of the American newspaper New York Daily Tribune, from October 1851 to February 1862.
Keywords: Karl Marx, global journalism, New-York Daily Tribune, History of journalism, marxism, correspondent.
Introducción
Karl Marx (1818-1883) ha sido considerado como un clásico de las ciencias sociales y humanas, con aportaciones relevantes en campos como la economía, la filosofía, la historia, las ciencias políticas, la sociología, etc. En cambio, habitualmente se ha minusvalorado su oficio como periodista, al considerarlo una actividad secundaria, sin auténtica relevancia para la comprensión general de su obra. En el marco de una nueva línea interpretativa, este artículo pretende rehabilitar a Marx como periodista y proponer la Comunicación como encuadre epistemológico más apropiado para entender integralmente la obra de Marx1.
Ciertamente, como bien señala Herres, Marx fue "un periodista activo durante toda su vida" 2 , si bien las tres principales etapas de su actividad periodística fueron:
* 1842-1843, cuando se inicia en el oficio de periodista como editor de la Rheinische Zeitung3. · 1848-1849, tiempo en que ejerce como redactor jefe de la Neue Rheinische Zeitung.
* 1851-1862, época en que trabaja como corresponsal en Londres del New-York Daily Tribune.
En este artículo se estudia específicamente este último periodo, en el que Marx se desempeña como corresponsal europeo del diario neoyorquino de Horace Greeley desde octubre de 1851 hasta febrero de 1862.
Para realizar esta investigación se ha utilizado la metodología específica de la historia de la comunicación4 , estudiando principalmente fuentes primarias, a saber, los artículos originales publicados en el New-York Tribune, digitalizados en Chronicling America5 , su compilación recogida en Marx and Engels Collected Works (MECW)6 , la edición selecta en inglés de Ledbetter7 y la posterior edición española de Espinoza8. Asimismo, como complemento, se han trabajado las cartas escritas por Marx en el periodo estudiado (1852-1862), también recogidas en la MECW y en la edición alemana Karl Marx / Friedrich Engels Gesamtausgabe (MEGA2 ) 9. En lo que respecta a las fuentes secundarias, se ha acudido como apoyo a obras de biógrafos clásicos como Mehring o recientes como Sperber, entre otros. Las obras MECW y MEGA se citan según la tradición marxistológica, referenciando obra, volumen y número de página, sin año ni autor10.
1. El Tribune ficha a Marx como corresponsal europeo
Uno de los periodos más importantes y prolongados de la actividad de Karl Marx como periodista profesional es la década de 1850, en la que trabaja desde la ciudad de Londres como corresponsal europeo del New-York Daily Tribune. Este diario estadounidense fue fundado con el nombre de New-York Tribune el sábado 10 de abril de 184111 por el congresista republicano Horace Greeley, un pionero del periodismo norteamericano y "un gigante de la nueva era" de la comunicación pública. 12 Se trata de un diario matinal de cuatro páginas y cinco columnas13 que se imprime todos los días, excepto los domingos, complementándose con otras cabeceras suplementarias como el New-York Weekly Tribune, "a very large paper for the country", que sale desde el 18 de septiembre de 1841 adicionalmente los sábados con un resumen de las noticias más importantes de la semana y algunos artículos de fondo14; y el New-York Semi-weekly Tribune, publicado desde finales de mayo de 1845 dos días por semana, que van cambiando a lo largo del tiempo: primero se imprime miércoles y sábados, luego martes y viernes... 15 A ello se suman desde el 7 de enero de 1850 otras dos ediciones del New-York Tribune, una para Europa y otra para California, Oregón y las islas Sandwich. Del mismo modo, desde el 18 de junio de 1853, el Tribune incorpora también una edición vespertina, que se publica diariamente salvo los domingos16. Precisamente para distinguir entre la edición diaria y las otras ediciones, el periódico incorpora el apodo «Daily» desde el 22 de abril de 1842 al 9 de abril de 1866. Esta panoplia de publicaciones convive durante varias décadas hasta que deja de editarse el semanario y el medio semanario, haciendo innecesaria toda distinción; de ese modo, el periódico pierde el «Daily» y vuelve a su nombre original, New-York Tribune17 , a partir del 10 de abril de 186618.
Es precisamente durante su etapa como «Daily» cuando Marx está vinculado laboralmente a este medio de comunicación como corresponsal, desde octubre de 1851 a febrero de 1862. En aquel tiempo, el Tribune es el periódico más importante de Estados Unidos y del mundo, con una difusión diaria de 200.000 lectores19 o, según algunas estimaciones, de hasta 287.000 ejemplares20. De todos esos lectores, 70.000 son "suscriptores o compradores habituales de sus ediciones periódicas", lo que supone "la mayor circulación alcanzada jamás por cualquier publicación política", como alardea el propio Tribune en un editorial de 185121. Como señala Ledbetter, el Tribune es por entonces el órgano "de las causas progresistas, aunque con un sabor claramente americano y cristiano" 22. En 1845, el periódico The Express acusa al New-York Tribune de tratar de incorporar a la ideología Whig doctrinas insólitas como ser "anti-arrendamiento, anti-horca y anti-Biblia". Ante esas acusaciones, el Tribune de Greeley aprovecha para clarificar la postura política del periódico: "The Express es demasiado misericordioso dejando a medias nuestro catálogo de atrocidades. Ha omitido la anti-esclavitud, anti-guerra, anti-alcohol, anti-tabaco, anti-seducción, anti-licorerías, anti-burdeles, anti-casas de juego y muchas otras de nuestras herejías"23. Ledbetter atribuye estas palabras a "un escritor contemporáneo"24 , basándose en el biógrafo de Greeley, Van Deusen, quien remite erróneamente al NYDT del 3 de diciembre de 184525, pero la cita procede de un artículo sin firmar del Tribune del 1 de diciembre de 1845 y es seguramente obra del propio Greeley, como apunta Lundberg26.
La cuestión es: ¿cómo Marx, un revolucionario alemán recién exiliado a Londres y con escaso conocimiento de la lengua inglesa, llega a ser corresponsal de tan importante diario norteamericano? La respuesta es: gracias a su currículum de periodista prestigioso. En noviembre de 1848, cuando Marx se encuentra en Colonia, en pleno vórtice revolucionario, realizando una notable labor como director del periódico subversivo Neue Rheinische Zeitung, recibe la visita del periodista norteamericano del New York Tribune Charles Anderson Dana, que viaja por Europa como el primer corresponsal concertado internacional de la historia del periodismo27. El brillante, infatigable y decidido Charles Dana28 queda totalmente "impresionado y fascinado" por Marx, por su desempeño profesional y por su amplio conocimiento de las cuestiones europeas29.
A su regreso a los Estados Unidos, Dana asciende a director ejecutivo del Tribune, trabajando como asistente y hombre de confianza de Horace Greeley y encargándose de la elaboración del periódico30. El plan de Dana para el Tribune es muy ambicioso y responde por vez primera en la historia al prototipo del «periodismo profesional moderno» que predominará a partir del último cuarto del siglo XIX. Inspirado por su viaje a Europa, Dana quiere incorporar al diario fórmulas periodísticas nuevas para que los lectores puedan seguir el ritmo a los acontecimientos que agitan el orbe, como explica en un editorial:
El Tribune es ante todo un periódico de noticias31. Su primer objetivo es presentar un panorama lúcido y preciso del mundo vivo que nos rodea. Cualquiera que sea la importancia que sus editores puedan conceder a sus propias opiniones, consideran de mayor importancia aún que sus lectores cuenten con todos los datos esenciales para formarse opiniones correctas por sí mismos. De ahí que se preste especial atención a la correspondencia fiable procedente de los puntos más importantes del mundo.32El Tribune es ante todo un periódico de noticias31. Su primer objetivo es presentar un panorama lúcido y preciso del mundo vivo que nos rodea. Cualquiera que sea la importancia que sus editores puedan conceder a sus propias opiniones, consideran de mayor importancia aún que sus lectores cuenten con todos los datos esenciales para formarse opiniones correctas por sí mismos. De ahí que se preste especial atención a la correspondencia fiable procedente de los puntos más importantes del mundo.32
Pero no se trata de compilar sin más noticias extranjeras, que serían por sí solas de difícil comprensión para el lector norteamericano, sino de acoger en el Tribune voces autorizadas que hagan llegar al público un análisis preciso y plural de lo que está sucediendo en el tumultuoso viejo mundo. Las corresponsalías ideadas por Dana tienen por tanto una doble función: informar y formar, dar a un mismo tiempo la noticia y la opinión, el hecho y el contexto, el qué y el porqué. Y hacerlo además con cierta continuidad, siguiendo el desarrollo de los acontecimientos a lo largo del tiempo. Dana sistematizará más adelante estas nuevas ideas en The art of newspaper making: three lectures libro que viene a ser el "testamento periodístico" de su "intensa carrera" 33 y que trata de explicar cómo el trabajo de ese "pequeño ejército de trabajadores intelectuales" produce cada mañana "ese maravilloso resultado que bien podemos llamar «el periódico moderno»"34. Por tanto, aunque conservando todavía un sabor netamente decimonónico, el Tribune principia ya en 1851 algunas de las características esenciales que marcarán la edad de oro del periodismo, cuyo paradigma es la prensa norteamericana de 1871 a 191435.
Así pues, para Dana, la pluralidad de un periódico es algo intrínseco a la propia comunicación pública en un entorno democrático, porque es improbable formarse una opinión sin considerar antes otras opiniones cualificadas, aunque contrapuestas. El «sabor progresista, humanista y cristiano» del Tribune puede detectarse claramente en su línea editorial, que defiende que la razón, venga de quien venga, es siempre bienvenida si se orienta hacia el bien común de la humanidad. Así, aunque Dana no es realmente un revolucionario ni un socialista, se define teóricamente como furierista y cree una obligación moral apostar por mejorar la vida de los trabajadores36. En 1849, escribe en un editorial del Tribune:
Que nadie se asuste por los términos «social» y «socialista» adoptados por los periódicos demócratas de Francia. Son «socialistas», no como propagandistas de alguna teoría o sistema societario, sino como defensores solidarios de que la condición de millones de trabajadores que sufren debe y puede ser mejorada, y que es el deber apremiante de los gobiernos llevar a cabo esa mejora. 37
En consecuencia, con el propósito de dar voz a ese «socialismo», Dana contacta en agosto de 1851 con el exilio alemán en Londres, solicitando la colaboración periodística de Karl Marx y de Ferdinand Freiligrath, como explicita Marx en una carta a Engels: "El New-York Tribune nos ha invitado a mí y a Freiligrath a trabajar como colaboradores pagados. Es la publicación de mayor difusión en Norteamérica"38. Freiligrath, a quien Dana conocía gracias a Marx39 , declina la invitación y la corresponsalía queda totalmente en manos de Marx que, en su condición de exiliado recién llegado a Londres, está pasando por un momento de gran apuro económico.
Aunque la carta del editor norteamericano no se conserva, probablemente es Dana quien le propone a Marx que escriba una serie de artículos sobre las revoluciones alemanas de las que el teutón ha sido, no sólo «testigo» directo, sino activo «participante» desde la prensa. La paradoja del caso es que Marx le encarga a Engels la redacción de estos textos: "Si pudieras enviarme un artículo en inglés sobre las condiciones en Alemania para el viernes por la mañana (15 de agosto), sería un espléndido comienzo"40. Engels acepta este encargo con sorprendente naturalidad, e incluso se disculpa por no poder tener listo el artículo para "el viernes de esta semana" y se manifiesta inquieto por no saber "nada sobre la política del New-York Tribune, más allá del hecho de que son Whigs estadounidenses"41. Para estimular a su amigo, además de su falta de destreza con el inglés, Marx alega que está demasiado atareado escribiendo su economía política y se anima a darle algunas lacónicas indicaciones sobre el tono periodístico que deberían tener los textos: "En cuanto al New-York Tribune, tienes que ayudarme, ahora que estoy tan ocupado con la economía política. Escribe una serie de artículos sobre Alemania, desde 1848 en adelante. Ingenioso y desinhibido"42. Finalmente, una semana más tarde, el 21 de agosto, Engels envía a Marx el primer artículo de la serie, aunque no está muy convencido del resultado final:
He aquí una especie de artículo. Varias circunstancias han conspirado para estropearlo. En primer lugar, para variar, he estado indispuesto desde el sábado. Luego, la ausencia total de material; todo lo que pude hacer fue raspar el fondo del barril y confiar en la memoria. Además, la falta de tiempo y el trabajo por encargo, la ignorancia casi total del periódico y de sus lectores, que impedía cualquier plan adecuado. Por último, la imposibilidad de conservar el manuscrito de toda la serie para compararlo, de ahí la necesidad de un comienzo más o menos pedantemente metódico para evitar repeticiones en artículos posteriores. Todo esto, combinado con el hecho de que he perdido el hábito de escribir, ha hecho que el artículo sea muy árido y, si hay algo que decir a su favor, es la mayor fluidez del inglés, que debo al hecho de que durante los últimos ocho meses he estado acostumbrado a hablar y leer prácticamente nada más que inglés. En fin, puedes hacer lo que quieras con él. 43
Pero Marx no pone ninguna pega al artículo de Engels y no toca ni una coma. Al contrario, se muestra muy satisfecho: "En primer lugar, mi agradecimiento por tu artículo. A pesar de todo lo malo que dices de él, era espléndido y ha zarpado inalterado hacia Nueva York. Has dado justo en el clavo para el Tribune. Tan pronto como me llegue el primer número, te lo enviaré y seguiré haciéndolo regularmente a partir de entonces" 44.
Tras una demora de casi dos meses, el Tribune publica al fin el primer texto firmado por el nuevo corresponsal de Londres, Karl Marx. En un artículo para American Heritage, el escritor y periodista William Harlan Hale envuelve el bautismo periodístico de Marx en la prensa norteamericana con un aire de epopeya quijotesca, describiéndolo así:
La mañana del sábado 25 de octubre de 1851, el New York Tribune de Horace Greeley, afianzado tras una década de existencia como el principal diario whig de Estados Unidos, apareció con doce páginas en lugar de sus ocho habituales. La ocasión era demasiado digna de mención como para que el propio periódico la pasara por alto sin comentarla. De modo que se publicó un editorial especial para destacarlo, probablemente escrito por el joven redactor jefe de Greeley, el enérgico Charles A. Dana, de bigote dorado. 45
La realidad es bastante más prosaica, pues, como explica el mencionado editorial, las cuatro páginas extra tienen poco que ver con la presencia de Marx; se deben a la "gran cantidad de anuncios acumulados en días anteriores" que "presionan las columnas del Tribune y nos impelen hoy a alargar nuestros límites con la adición de cuatro páginas al tamaño habitual de este periódico". Como una cuchufleta del destino, junto a esa fecundidad de capitalismo publicitario, se presenta al nuevo y polémico colaborador:
En esas páginas añadidas, encontrará el lector artículos de algunos colaboradores extranjeros que merecen especial atención. Entre ellos está una carta de Madame Belgioioso sobre la vida doméstica y cotidiana de los turcos, y otra sobre Alemania, escrita por uno de los más brillantes y vigorosos escritores que ese país ha producido - sin importar cuál pueda ser el juicio de los lectores sobre sus opiniones publicadas y sus acciones en la esfera de la filosofía política y social. 46
Este artículo y los demás de la serie escrita por Engels se publican en el Tribune con la firma de Karl Marx, bajo el título común Revolución y contrarrevolución, en diecinueve entregas entre el 25 de octubre de 1851 y el 23 de octubre de 185247. Décadas más tarde, se compilan e imprimen como un libro aparte con el título Revolución y contrarrevolución en Alemania. Durante muchos años se atribuye su autoría a Marx, hasta que en 1913 Bebel y Bernstein publican la correspondencia entre Marx y Engels y los estudiosos averiguan que los textos son en verdad obra de su álter ego48.
El caso es que la serie escrita por Engels y rubricada por Marx resulta tener una excelente acogida por parte de los lectores, así que Dana le pide entusiasmado a Marx que escriba habitualmente colaboraciones para el New-York Daily Tribune49. Esta peculiar historia ejemplifica en grado sumo la extraña simbiosis que hay entre Marx y Engels, como si ambos fueran un solo hombre. La pluma de Engels encumbra y confirma a Karl Marx como periodista del Tribune. Pero esa «confusión de identidades», que persistirá en el tiempo, no parece un problema para ninguno de los dos autores, de hecho, en diciembre de 1853, Marx mismo se jacta de que, debido a los numerosos artículos que les publican (la mayoría sin firma), el binomio Marx-Engels "ha constituido prácticamente durante las últimas ocho semanas la plantilla editorial del Tribune" 50.
En suma, Marx colabora «oficialmente» con el diario de Greeley desde octubre de 1851, pero en realidad no escribe ni una línea hasta mediados de 1852. El primer artículo escrito por su mano es The Elections in England. Tories and Whigs51, redactado originalmente en alemán y enviado a Manchester para que Engels lo traduzca al inglés, cosa que va a suceder con todos los textos de Marx hasta enero de 185352. A partir de ese momento, Marx siente la confianza suficiente como para redactar directamente en lengua inglesa, aunque los textos siguen teniendo que ser corregidos a fondo, normalmente por Wilhelm Pieper. Por fin, en la segunda mitad de la década de 1850, Marx deja de necesitar una revisión externa, aunque su prosa conserva, según Sperber, "un estilo claramente teutónico durante toda su vida"53.
Marx publica en el New-York Daily Tribune un total de 487 artículos remunerados. De ellos, el «verdadero Marx» escribe en solitario 350, Engels redacta 125 y ambos al alimón elaboran otros doce textos54. La razón de esta colaboración conjunta en el Tribune no es puramente el interés económico, que sin duda juega un gran papel en esos tiempos de penuria para los exiliados alemanes en Londres, sino que busca también expresamente dar difusión en el nuevo mundo a las ideas socialistas tal como Marx y Engels las entienden. Así lo reconoce Engels en una carta de 1853: "Hay una cierta ventaja en que seamos el único de todos los partidos de la revolución europea en haber expuesto sus ideas ante el público inglés/americano. Los yankees no saben absolutamente nada sobre el resto"55. Porque el interés primordial de Marx, antes incluso que subvertir la sociedad capitalista, es desactivar los restantes socialismos (los utópicos) y constituir la concepción materialista de la historia (el socialismo científico) como la única orientación del movimiento obrero. Marx y Engels dedican desde 1847 hasta el fin de sus días una enorme cantidad de esfuerzo a neutralizar uno por uno a todos los autores que les disputan la preeminencia intelectual en el seno del socialismo: Proudhon, Weitling, Grün, Bakunin, Vogt y un larguísimo etcétera de socialistas «rivales». Para ese propósito, el Tribune ofrece a Marx y Engels la exclusividad propagandista de su peculiar socialismo en el ámbito norteamericano.
Sin embargo, en el Tribune no va a encontrarse un Marx explícita y burdamente prosélito del comunismo. Marx hace lo que ha hecho siempre como periodista: analizar el hecho, contextualizarlo, construir una sutil argumentación, rebajando, eso sí, el sarcasmo, la ironía y los calificativos ultrajantes tan habituales en su periodismo anterior56. Esta actitud «templada» del periodismo americano de Marx refleja varias cuestiones:
En primer lugar, está el temor que tiene Marx a que el New-York Daily Tribune lo despida por pasarse de revolucionario. Por eso, Engels trata de tranquilizarlo en agosto de 1852: "En cuanto a que nos echen del Tribune, no hay que preocuparse. Estamos demasiado bien instalados allí"57. Con todo, la preocupación de Marx aún persiste durante el año siguiente, y Engels trata de calmar a su amigo de nuevo: "Que Dana esté pagando sin reparos £2 por artículo es la mejor prueba de cuán firmemente instalado estás en el Tribune" 58. Engels tiene razón: el compromiso de Dana con Marx es tan sólido que, a partir de 1856, el Tribune le ofrece un contrato de 200 libras anuales por su corresponsalía, lo que supone para el periodista de Tréveris percibir unos "ingresos de clase media alta"59. El propio fundador y editor del New-York Daily Tribune, Horace Greeley, tiene una buena opinión de Marx como colaborador europeo: "El señor Marx tiene opiniones propias muy decididas, con algunas de las cuales estamos lejos de estar de acuerdo, pero aquellos que no leen sus cartas están descuidando una de las fuentes de información más instructivas sobre las grandes cuestiones de la política europea actual"60.
En segundo lugar, Marx se ha curtido como periodista y ha aprendido a jugar con los límites en esa escuela de la censura que es la Prusia de la década de 1840, por lo que capear con los norteamericanos no le resulta difícil: no se juega la cárcel o el exilio, sino simplemente la no publicación de algún artículo o, a lo sumo, la cesación de una relación laboral. Por otro lado, incluso en el tiempo en que dirige un periódico claramente subversivo como la Neue Rheinische Zeitung, apenas se muestra Marx explícitamente comunista, entre otras cosas porque en 1848-49 no tiene claras "las posibles condiciones de una revolución por parte de las clases trabajadoras"61 (Cue 2006, 39). Además, está convencido de que la condición insoslayable de una revolución proletaria es el triunfo previo de la revolución burguesa, así que propiciar esa insurgencia obrera como un fin en sí mismo es aún prematuro62 (Cue 2006, 36). La prueba de su indefinición socialista es que al propio gobierno de Berlín le resulta difícil "ver el hilo rojo traslucirse" a través del "modo de enjuiciar y exponer el movimiento europeo" que hace Marx desde la Neue Rheinische Zeitung63.
Todos estos condicionantes dan como resultado un Marx más periodista que propagandista en el New-York Daily Tribune, es decir, un Marx autocensurado. Su «moderación» en el diario norteamericano ha llevado a muchos marxitólogos a afirmar que Marx pasa una época de introspección, de depresión, de abandono temporal de la lucha, etc.64. Tal vez su periodismo americano parezca más «resignado», pero Marx no está alejándose excesivamente del periodismo que ha desarrollado anteriormente: describir el presente desde la riqueza de los hechos, diagnosticar el problema y dejar al lector a los pies de la solución, pero sin explicitarla necesariamente65. En los artículos del Tribune late una fuerte crítica a la sociedad capitalista y burguesa, basada en muchos datos, testimonios y citas a veces enormemente largas, pero no hay soflamas. Como dice Espinoza, "la riqueza de los artículos, más allá del pensar de Marx, reside en su capacidad para retratar todos y cada uno de los aspectos del siglo XIX. Y no con pinceladas generales o superficiales, sino con una capacidad de detalle fuera de lo común"66.
2. El estilo periodístico de Marx en el New York Daily Tribune: un ejemplo
Aunque podrían ponerse otros muchos, un buen ejemplo del periodismo norteamericano de Marx, con su profusa variedad de géneros periodísticos, es el despacho publicado por Marx el 2 de febrero de 1853, titulado Political Prospects. Commercial Prosperity. Case of Starvation67. Este texto, impreso en dos largas columnas casi completas en la página 5 del New-York Daily Tribune, arranca con un párrafo en que lo informativo se mezcla con lo calificativo y lo irónico, donde siempre está presente la voz de Marx, pues está escrito en primera persona:
Al recibir sus credenciales diplomáticas como titular de Asuntos Exteriores, lord John Russell declaró ante los presentes que custodiaría los sellos del Ministerio solo ad interin, y que en breve lo dejaría en manos del conde de Clarendon. Lo cierto es que en el Departamento del Extranjero este Russell siempre ha sido un completo extranjero y no ha destacado por nada salvo, creo, por una insípida compilación histórica de los tratados firmados desde la paz de Nimega, libro que, he de confesarlo, parece al menos tan entretenido como la «tragedia» con la que su autor sorprendió una vez al mundo.68
Como se ve, al Marx american journalist se le escapa el sarcasmo, sin poder evitarlo, por entre las costuras de la información. Sigue el artículo con una previsión de lo que va a suceder, imprescindible en toda buena columna: "Con toda probabilidad, a lord John le van a confiar el liderazgo en la Cámara de los Comunes y un asiento en el gabinete, donde es muy probable que toda su actividad consista en elaborar la nueva Ley de Reforma". A continuación, Marx hace notar que las previsiones realizadas por él mismo en artículos pasados se han hecho realidad; ese es el orgullo y la reafirmación de todo periodista: "Mis predicciones sobre la probable ineficacia de las tres incorporaciones irlandesas al Ministerio para asegurarse los votos de la «Brigada» en la causa del gobierno de coalición se han cumplido al pie de la letra"69.
No faltan tampoco alusiones a otros periódicos, que son la base del debate público en la sociedad de la información: "La actitud que últimamente han tenido The Freeman's Joumal y The Table...". Y, por supuesto, un pequeño dardo para un periodista de un medio rival: "Así que la guerra de partidos que, según un animoso periodista de The Times había terminado para siempre, ha rebrotado"70.
Llega entonces el momento de los datos, que Marx extrae habitualmente de los «libros azules» que edita el gobierno inglés. Marx habla del "aumento de la prosperidad industrial y comercial", que ha sido "unánime y ruidosamente" proclamada "al comenzar el nuevo año" y durante los siguientes párrafos derrama sobre el artículo una lluvia de cifras que hoy horrorizarían a cualquier jefe de redacción: menciona detalladamente los ingresos por impuestos directos, los impuestos indirectos, las ganancias de la Cámara de Comercio, los informes de la Inspección de Factorías y las circulares sobre el comercio anual: "Los agricultores no tienen motivo de queja. Al empezar el año, el precio medio semanal del trigo era de 37 con 2, al terminar, de 45 con 11"71.
Ahora es el turno las principales compañías, un repaso exhaustivo a sus informes comerciales, para lo cual Marx usa el recurso periodístico «objetivo» por excelencia, la cita: "Lo sucedido con las materias primas se puede deducir de la siguiente circular de los señores Hughes y Ronald" "Los señores Churchill y Sim afirman", "los señores Powell y compañía dicen", "los señores Offor y Gamman manifiestan", "la circular de los señores Tonge, Currie y Co. De Liverpool señala", "los señores Woods y Stubbs escriben", "los señores John Wrigley e Hijo de Liverpool afirman lo siguiente...". Además, todas estas citas no son precisamente breves. Por ejemplo, sólo la circular de Hughes y Ronald ocupa ¡32 líneas apretadas!, aspecto que sería inaceptable en el periodismo de hoy72.
Aparecen entonces nuevos datos, las reservas y los "tipos de descuento" del Banco de Inglaterra, que son presentados esta vez en forma de tabla gráfica. Nuevas referencias a periódicos como The London Sun y The Economist. A continuación, una síntesis y una nueva predicción: "Como la demanda de capital ha aumentado en proporción a la oferta, la última medida del Banco de Inglaterra [un aumento de tipos] parece perfectamente justificada. Se proponía atajar la especulación y la fuga de capitales, pero me atrevo a predecir que no tendrá el menor efecto". Un científico o un periodista económico propiamente dicho hubieran terminado el texto en este punto, pero Marx es un revolucionario, y necesita comunicar «algo más», cierto «factor humano» que los secos datos económicos obvian:
A los lectores que nos hayan acompañado tan largo trecho a través de los testimonios de la creciente prosperidad de Inglaterra les pido que se paren un momento a considerar la historia de Henry Morgan, un pobre fabricante de agujas que partió de Londres rumbo a Birmingham en busca de trabajo. Para que nadie me tache de exagerado, copio a continuación literalmente la noticia publicada en The Northampton Journal. 73
Y entonces Marx transcribe la noticia completa de ese periódico, en una larguísima cita de 42 líneas (que hoy se hubiera considerado plagio). En ella se cuenta cómo el pobre miserable señor Morgan anduvo errando de un lado para otro en busca de trabajo, rechazado por todos, acusado de vagabundeo y expulsado de los hospicios hasta que se dejó caer en un establo medio derruido "propiedad del señor T. Slade", donde tras siete días de agonía, murió de frío y de hambre. Tras esto, el artículo se dirige, ahora sí, hacia su recta final, enfatizando el aspecto humano y moral que faltaba para completar esta «historia» periodística:
Es apenas concebible un caso más espantoso. Un hombre fuerte, robusto y en la flor de la vida (...) Sus desesperadas peticiones de socorro a la «civilización» que le rodea, sus siete días de ayuno, el brutal abandono por parte de sus congéneres los hombres, su búsqueda de un refugio y su verse arrastrado de un lugar a otro, la suprema inhumanidad del tal Slade y la paciente y miserable muerte del hombre exhausto forman una imagen que nos deja en la más completa estupefacción.74
Ya casi está. Pero aún estamos en el terreno de la compasión, donde el "socialismo reaccionario" y el "socialismo burgués o conservador"75 todavía se sienten cómodos. Falta, pues, una coda revolucionaria, crítica. Lo que escribe Marx ahora es apenas un destello, una línea mordaz entre cientos de líneas serias: "Y ¡¡¡por supuesto que [Morgan] violó los derechos de propiedad al buscar cobijo (...) en el solitario establo!!!" Y por si no ha quedado claro, Marx reitera el último golpe de ironía:
Cuéntenle este caso de muerte por inanición en medio de tanta prosperidad a un gordo hombre de la City londinense y les responderá con las mismas palabras que The London Economist publicó el 8 de enero: «Es, por tanto, un placer comprobar que con el Libre Comercio todas las clases florecen, sus energías despiertan ante las expectativas de recompensa, todas mejoran su producción y todas y cada una obtienen un beneficio». 76
Como se ve, Marx utiliza en este artículo todos los mecanismos de los que se sirve el periodismo para registrar y analizar la actualidad: la opinión, la previsión, la síntesis, el contexto, la valoración, la exhortación, la información, la estadística, el dato, el gráfico, la cita, el testimonio e incluso el «reportaje de interés humano». Y la ironía, por supuesto. Marx, como todos los pioneros del periodismo en esa época, mezcla todos los géneros periodísticos en una misma pieza. Es un «periodismo total», que se enmarca en una visión específica del mundo, irrepetible, pues el periodista de mediados del siglo XIX aún conserva una fuerte voz propia, una pluma artística, que irá perdiendo cuando el periodismo se transforme en verdadera industria a finales de ese mismo siglo.
El artículo de Marx es una suma «casual» de tres noticias distintas (de ahí el título tripartito), y sintetiza el estado de cosas, la actualidad de un momento, desde tres puntos de vista diferentes: el político, el económico y el social. Una visión multidisciplinar, que es la que exige el periodismo, porque la realidad humana no se deja encorsetar en un único saber. Las tres noticias, sin aparente conexión entre ellas, cohabitan en una tensión que es la que, según Marx, produce conocimiento, episteme orientada a la praxis. Marx nos dice: estos son los datos, esto es lo que los líderes políticos hacen con esos datos, esto es lo que esos datos significan para el proletariado (simbolizado por el señor Morgan). Y ahora tú, lector, debes tomar una decisión: ¿Qué significan estos datos para ti? ¿Qué vas a «hacer» con ellos? Para Marx, el conocimiento de los hechos está llamado a suscitar inequívocamente una acción para modificar la realidad77. ¿Es otra acaso la función social del periodismo y de la comunicación? Por eso, como dice Wheen, "incluso aunque no hubiera hecho nada más, Marx debería ser recordado como uno de los más grandes periodistas del siglo XIX"78.
3. Más de una década de corresponsalía de Marx en el Tribune: luces y sombras
La colaboración de Marx (y un Engels invisibilizado) con el New-York Daily Tribune dura algo más de diez años, durante los cuales escriben sobre la mayoría de los asuntos relevantes que exige la actualidad europea, dando lugar a algunos ciclos temáticos de enorme interés, entre los que destacan el asunto Palmerston, la guerra de Crimea (1853-1856), las revoluciones en España (1854-1856), la crisis económica (1856-57), la segunda guerra del opio (1856-1860), la rebelión de la India (1857), la segunda guerra de la independencia italiana (1859-1861), etc. La mayor parte de los textos escritos por Engels tratan sobre cuestiones bélicas y militares, en las que es un auténtico experto, pues en su juventud fue instruido en Berlín en el cuerpo de artillería del ejército prusiano y sirvió en las filas del ejército insurreccional durante la revolución de 1848. De hecho, sus amigos le conocen por el apodo del «General»79. En cambio, Marx no trata temas militares, centrándose en las cuestiones económicas, políticas, históricas y sociales. Gracias a las contribuciones anónimas de Engels, a Marx se le considera en el Tribune como "el especialista europeo en cuestiones militares" pero también, en este caso por mérito propio, se le tiene como el corresponsal experto en "finanzas, dinero, comercio y economía en general"80. El perfil periodístico público de Karl Marx en el Tribune es en realidad la suma del talento de Marx y el talento de Engels, que forman entrambos una unidad difícilmente disociable, algo que puede aplicarse a la mayor parte de su obra.
Aunque su colaboración con el Tribune es económicamente rentable, Marx nunca está satisfecho con el trato recibido. Es cierto que las cartas de Dana siempre le muestran una gran cordialidad81 , pero los hábitos cotidianos del periódico son nefastos: le publican o no según criterios arbitrarios, nunca le informan de nada ni le dan explicaciones, el 44% de las veces le publican sus textos como editoriales, sin su firma82, le cambian sus textos a voluntad, a veces añadiendo, a veces quitando párrafos, etc. Es una especie de «censura blanda», como bien sabe Marx: "El Tribune", escribe, "ha borrado todos y cada uno de mis chistes sobre héroes constitucionales en general, sospechando que, detrás del trío Monk-Lafayette-Espartero, se escondían ciertos sarcasmos dirigidos al noble Washington". Pero la vigilancia del diario no es rigurosa. Lo normal es que publique íntegramente los textos de Marx; algunos de los cuales, si se consideran en profundidad, van contra la línea editorial del New-York Daily Tribune. Esto sucede porque, según Marx, "la actitud acrítica del periódico es terrible"83.
Pero estas malas prácticas que Marx tolera con indignación no son siempre fruto de una decisión editorial consciente de la publicación, sino resultado de la propia vorágine de un diario, unida a la imposibilidad material de avisar a Marx de los cambios cuando éste se encuentra a quince días de navegación, tiempo que tarda un barco de vapor en cruzar el Atlántico, ya que el cable telegráfico transatlántico no está efectivamente operativo hasta 186684, y para entonces Marx ya no escribe para el Tribune. De todos modos, es curioso constatar cómo el periodismo de todas las épocas ha heredado estos malos hábitos en el trato indolente a sus colaboradores como un modus operandi habitual85. Así, Marx escribe a Engels en 1853: "Últimamente el Tribune ha ejercido de modo considerable su política anexionista. Para empezar, se anexionó tu primer artículo militar como editorial, y después mi primer artículo sobre Palmerston, cuyas entregas posteriores están por lo tanto condenadas también a la anexión"86. Al parecer, los editores del Tribune temen que la mala fama de Marx salpique a la publicación. "Recibí una carta de Dana el lunes", escribe Marx, "no se puede imprimir el artículo bajo mi nombre ya que dañaría el «prestigio» del periódico"87. La mala praxis del diario continúa exasperando a Marx en 1854:
Últimamente, el Tribune se ha estado apropiando nuevamente de todos mis artículos como editoriales y ha puesto mi nombre en nada más que en basura. Se ha apropiado, por ejemplo, de un informe detallado de las finanzas austriacas, de un artículo sobre la insurrección griega, etc. (...) Tengo la intención positiva, tan pronto como Dana haya respondido a mi última advertencia, de solicitar una tarifa más alta... 88
Las quejas insistentes de Marx terminan por dar sus frutos y Dana consigue para Marx un jugoso contrato a partir de 1856, acaso como compensación por las indebidas apropiaciones de sus textos. Aunque las malas prácticas del Tribune continúan durante toda su corresponsalía, Marx se termina por conformar, y las quejas se reducen drásticamente. En 1857, con la crisis económica, el Tribune despide a la mayoría de sus colaboradores europeos, pero no a Marx, aunque le exige que mande solamente un artículo por semana. Esto enfurece a Marx, que teme una merma de sus pingües ingresos:
Es verdaderamente repugnante que uno esté condenado a considerar esto como una bendición cuando uno trabaja para un vendedor de papel secante como este. Triturar huesos, molerlos y convertirlos en sopa como el papel en una fábrica: a eso se reduce el trabajo político al que uno está condenado en gran medida. (...) Soy consciente de que he sido un imbécil al darles a estos muchachos más de lo que vale su dinero, no solo ahora sino durante los años anteriores.89
En contra de lo previsto, el Tribune no cumple su amenaza y termina publicando muchos artículos de Marx, de hecho, 1857 no fue un mal año profesional para el periodista alemán. Pero sin duda, todas estas cartas en las que Marx muestra su incomodidad con el modo con el que el Tribune trata sus artículos contribuyen a apuntalar la idea de que Marx es periodista «a su pesar». Pero Marx no se está quejando propiamente del ejercicio del periodismo, sino de la edición abusiva y del mal trato que se le da a sus textos y a sí mismo. Él es un profesional y quiere que se le valore como tal, pagándole según su valía. En más de una ocasión, se enorgullece de su oficio periodístico. Cuando alguien pone en duda su capacidad de salir adelante por sí mismo, Marx reivindica su trabajo: "En cuanto a mis propias fuentes de ingresos, todo lo que necesito decir aquí es que, desde 1851, he sido un colaborador regular del New-York Tribune, el principal periódico angloamericano, para el cual he escrito no solo artículos, sino también editoriales. El periódico tiene unos 200.000 suscriptores y paga en consecuencia"90.
En fin, tras una década ejerciendo como observador privilegiado de la actualidad europea, la fatalidad histórica juega una mala pasada a la lucrativa colaboración de Marx en el Tribune: a principios de 1861 estalla la guerra de secesión americana y el periódico pierde súbitamente el interés por la información internacional, llenando sus páginas casi completamente con noticias sobre el curso de la guerra civil americana. A modo de ejemplo, de las 48 columnas que componen el número del Tribune del 12 de marzo de 1862, sólo escasamente media columna está dedicada a lo que pasa fuera de Estados Unidos91. Así pues, sin previo aviso del periódico ni explicación alguna por parte de Dana, las colaboraciones de Marx descienden sustancialmente durante 1861, cancelándose definitivamente a principios del siguiente año. Su último artículo en el diario, titulado The mexican imbroglio, se publica el 10 de marzo de 186292. Por estas mismas fechas, a petición de Marx, Engels escribe un artículo precisamente sobre el progreso de la guerra civil americana, pero el diario ya no lo publica93. Tras algunos intercambios epistolares en los que manifiesta su indignación y su desesperación, Marx se resigna finalmente cuando Engels le informa de que se ha publicado en la prensa que el propio Dana ha cesado como editor del Tribune, por "diferencias de opinión" con Horacio Greeley, ese "viejo idiota con cara de ángel"94. Según menciona Williams en su biografía de Greeley, la resistencia a despedir a Marx fue precisamente la causa del despido de Dana95. Sea como fuere, desde la destitución de Dana como editor del Tribune el 28 de marzo de 186296, a Marx se le cierran completamente las puertas del diario neoyorquino.En fin, tras una década ejerciendo como observador privilegiado de la actualidad europea, la fatalidad histórica juega una mala pasada a la lucrativa colaboración de Marx en el Tribune: a principios de 1861 estalla la guerra de secesión americana y el periódico pierde súbitamente el interés por la información internacional, llenando sus páginas casi completamente con noticias sobre el curso de la guerra civil americana. A modo de ejemplo, de las 48 columnas que componen el número del Tribune del 12 de marzo de 1862, sólo escasamente media columna está dedicada a lo que pasa fuera de Estados Unidos91. Así pues, sin previo aviso del periódico ni explicación alguna por parte de Dana, las colaboraciones de Marx descienden sustancialmente durante 1861, cancelándose definitivamente a principios del siguiente año. Su último artículo en el diario, titulado The mexican imbroglio, se publica el 10 de marzo de 186292. Por estas mismas fechas, a petición de Marx, Engels escribe un artículo precisamente sobre el progreso de la guerra civil americana, pero el diario ya no lo publica93. Tras algunos intercambios epistolares en los que manifiesta su indignación y su desesperación, Marx se resigna finalmente cuando Engels le informa de que se ha publicado en la prensa que el propio Dana ha cesado como editor del Tribune, por "diferencias de opinión" con Horacio Greeley, ese "viejo idiota con cara de ángel"94. Según menciona Williams en su biografía de Greeley, la resistencia a despedir a Marx fue precisamente la causa del despido de Dana95. Sea como fuere, desde la destitución de Dana como editor del Tribune el 28 de marzo de 186296, a Marx se le cierran completamente las puertas del diario neoyorquino.
Recapitulación y conclusiones
En definitiva, aunque la participación de Marx en la prensa durante toda esta época es notoria, es en el Tribune donde alcanza mayor significación, ya que este trabajo le aporta ingresos regulares y sustanciosos que le permiten asentarse cómodamente en su exilio londinense durante una década y le hacen alcanzar un prestigio importante como periodista profesional internacional. El trabajo de Marx en el New-York Daily Tribune alimenta otras colaboraciones en prensa inglesa y europea, como Notes to the People, Die Revolution, The People's Paper, Neue-England-Zeitung, Die Reform, De Zuid-Afrikaan, Neue Oder Zeitung, The Free Press, Das Volk, Die Presse, etc. A veces simplemente se reimprimen literalmente (en inglés o en alemán) los artículos del Tribune, otras se editan con modificaciones más o menos importantes, según los casos. Lógicamente, en muchas ocasiones, la minuciosa documentación acerca de un asunto que Marx hace para el Tribune le sirve también para redactar artículos originales en otros medios.
Marx se convierte así en un «experto en actualidad», que es en última instancia el objeto propio y característico de las ciencias de la información, como defiende Otto Groth97. Por lo tanto, "el periodismo es un aspecto central" de su pensamiento98, porque Marx es el paradigma de periodista de mediados del siglo XIX, que sigue con interés los presentes acontecimientos tanto de Inglaterra como de otras partes del mundo, pero lo hace "desde una perspectiva internacional, para ver cómo influyen en el espacio mundial"99 , lo que le cualifica como un periodista global, uno de los primeros de la historia y con toda seguridad uno de los más significativos. Además, su conocimiento profundo y enciclopédico de los contextos históricos, políticos, económicos, sociales, etc., le hacen ser un fino analista, un columnista vigoroso y agudo. Por último, su dominio del arte de la escritura le sitúa en la primera línea del «periodismo literario». Estamos no ante un periodista por accidente, sino ante un «comunicador total» que, para entender y explicar su tiempo, se nutre de las distintas disciplinas del saber, configurando su pensamiento como una filosofía de la práctica. De este modo, la ciencia social de la Comunicación aparece nítidamente en esta etapa como el marco epistemológico más adecuado para entender integralmente la vida y obra de Karl Marx100.
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References
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