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Resumen: Este artículo tiene por objeto develar los desencuentros y afinidades entre dos de los principales referentes del marxismo latinoamericano: Michael Löwy y José Aricó. Particularmente, en sus obras nos interesa contrastar las categorías de marxismo olvidado y puntos de fuga. Inspirados en la sociología de los intelectuales revolucionarios y el principio de totalidad, analizaremos las trayectorias político-intelectuales de estos dos pensadores marxistas con el objeto de establecer un diálogo crítico entre ellos.
Palabras claves: Michael Löwy, José Aricó, marxismo latinoamericano, marxismo olvidado, puntos de fuga.
Abstract: This article aims to reveal the disagreements and affinities between two of the main references of Latin American Marxism: Michael Löwy and José Aricó. Particularly, in his works we are interested in contrasting the categories of forgotten Marxism and vanishing points. Inspired by the sociology of revolutionary intellectuals and the principle of totality, we will analyze the political-intellectual trajectories of these two Marxist thinkers with the aim of establishing a critical dialogue between them.
Keywords: Michael Löwy, José Aricó, Latin American Marxism, forgotten Marxism, vanishing points
I. A modo de introducción y desencuentro
El político y poeta martiniqués Aimé Césaire establecerá que el "ensalvajamiento" de los colonizadores no se limitó a la materialidad de la fuerza, sino que también al vaciamiento cultural de los colonizados a través de la "máquina del olvido"1. El siguiente artículo dedicado a las figuras de Michael Löwy y José Aricó se inscribe de forma general en esta prefiguración sutil de la barbarie que nos presenta Césaire. Particularmente,, se concentrará en una de las tradiciones emancipatorias más vapuleadas por las múltiples variantes del pensamiento hegemónico: los marxismos; de esta pluralidad, se profundizará en el marxismo latinoamericano que, según la propuesta del marxista argentino José Aricó que nos deja entrever su distancia con la noción de marxismo en América Latina, tiene como ideas-fuerzas fundantes la aguda conciencia de la originalidad y especificidad de la realidad continental, como la apertura dialógica de su carácter heterodoxo2.
Jaques Derrida, un autor que precisamente no tributaba en las filas del marxismo, fue profético al señalar a mediados de la década de 1990 que los usos del marxismo serían archivados en los sótanos del campo académico o en el mejor de los casos la vuelta de Marx se aceptaría sin (re)vuelta a su potencia transformadora3. Se debe precisar que la crisis del marxismo como mega relato emancipador lejos está de responder a las operaciones del academicismo o las meras voluntades silenciadoras, sino que a un proceso de transformación societal más amplio y complejo que se viene concadenando en las últimas décadas y que hasta la actualidad su definición y alcances se encuentran en estado de debate.
En este contexto, el año de 1989, con la caída del Muro de Berlín, marcó un viraje epocal que eclipsó las temporalidades históricas y, en referencia al marxismo como sustrato del proyecto emancipador, ve cercenada la potencialidad dialéctica entre la memoria marxista y el horizonte utópico4 ; primó el "presentismo"5 y, con ello, un "pensamiento único"6 hegemonizado por el capitalismo a escala global. Sin embargo, a lo largo del "corto siglo XX" -para ocupar la afamada periodificación de Eric Hobsbawm: 1917-1989- desde la tradición del marxismo heterodoxo y antidogmático el marxismo oficial de cuño soviético fue impugnado con disímil intensidad, pronosticando su crisis proyectual. Con el triunfo de la Revolución Cubana todo se trastocó y se abrió una nueva era en el repensar marxista en América Latina, siendo las tres décadas siguientes de suma fertilidad en el reimpulso del marxismo latinoamericano.
Tomando en consideración las coordenadas de crisis del marxismo expuestas, el presente trabajo se respalda en la hipótesis desarrollada por el historiador marxista argentino Horacio Tarcus en su propuesta de programa de investigación sobre los marxismos latinoamericanos:
Fueron los trabajos del sociólogo franco-brasileño Michael Löwy y del argentino José María Aricó los primeros en reponer y ponderar la diversidad teórica y política de los marxismos latinoamericanos, diversidad que reconocía geografías sociales, tiempos políticos y experiencias nacionales específicos en el continente. 7
Los libros El marxismo en América Latina8 de Löwy y Marx y América Latina9 de Aricó, ambos publicados en los albores de la década de 1980, constituyen para Tarcus obras (re)fundacionales del marxismo latinoamericano y, de tal vigencia, que hasta la actualidad nutren el desarrollo de las nuevas propuestas historiográficas en la materia.
Si bien los itinerarios político-intelectuales de Löwy y Aricó se encuentran emparentados por esta gesta refundacional del marxismo latinoamericano, sus antecedentes biográfico-políticos y registros teórico-ideológicos parecieran ser disimiles. De forma muy sucinta podemos decir que: la trayectoria de Löwy es la de un "intelectual anfibio"10, que tempranamente articuló su carrera académica como profesor de sociología con el quehacer político en las filas de la disidencia del comunismo oficial; mientras que el itinerario de Aricó es opuesto, de origen comunista y más bien autodidacta, su intervención política se dio desde el campo editorial y bajo la influencia gramsciana de la noción del "intelectual orgánico"11.
La voluntad dialógica de Aricó fue inversa, así lo demuestra uno de los momentos de mayor tensión del aletargado campo intelectual marxista latinoamericano -en el sentido de fricción que le otorga Pierre Bourdieu a su teoría de campo12 - el que tuvo lugar en un seminario mexicano en la medianía de 1981 y a través de una ponencia que el marxista argentino tituló "Disquisiciones en torno a un concepto problemático" 13. En tal oportunidad, Aricó luego de reconocer la legitimidad de Löwy como un investigador "inteligente", "cuidadoso" y "el mejor, tanto desde el punto de vista de la seriedad de la investigación, como de la escrupulosidad en el manejo de las fuentes" 14 , es lacónico en su querella cuestionando su "matriz teórica" a la hora de abordar la historia del marxismo en América Latina en base a dos tendencias irreconciliables: revolucionarios y reformistas; pues, supuestamente Löwy se ampararía en una perspectiva historiográfica tradicional del estudio de las idea al replicar el análisis del itinerario del marxismo europeo en la realidad particular latinoamericana.
A pesar de los desencuentros indicados, en la producción político-intelectual marxista de Löwy y Aricó hallamos múltiples "afinidades"15 -en el sentido amplio que le otorga Löwy- que configuran ciertas coordenadas comunes que bregan por una definición del marxismo latinoamericano; en esa dirección, se comparte el siguiente cruce: la propuesta de Aricó "se sitúa en el entrelugar que evade aquellas dos tentaciones que Michael Löwy señalaba como permanentes fuentes de riesgo para la producción de un marxismo latinoamericano" 16. Siguiendo el legado de estas dos figuras claves del marxismo heterodoxo y creativo latinoamericano, el presente artículo tiene por objeto establecer un diálogo crítico entre ellos en torno a la problemática de los espacios silenciados del marxismo que, en la obra de Löwy aparece con el rótulo de marxismo olvidado y, en Aricó, bajo la categoría de puntos de fuga.
Teórica y metodológicamente, este artículo se inspira en la categoría de la "totalidad" que, en palabras de Löwy, se expresa en que "la ideología política, estética, etc., de un autor no puede ser comprendida más que en sus relaciones con el conjunto global de su pensamiento"17. En consecuencia, ubicaremos las nociones de marxismo olvidado y puntos de fuga en las trayectorias político-intelectuales de Löwy y Aricó, tomando especial atención en los momentos de ruptura y continuidad en el despliegue de estas categorías. Obviamente, por los márgenes de extensión de este trabajo, no se puede dar cuenta a cabalidad de la extensión de los universos teóricos de ambos marxistas latinoamericanos, pero sí aproximarnos bajo el criterio de selección de sus obras más significativas.
Con la tarea de hurgar en este "encuentro en el desencuentro" que es característico del marxismo latinoamericano a decir Bruno Bosteels18 , a continuación, transitaremos por las trayectorias de Löwy en su apuesta por la recuperación del marxismo olvidado y, en Aricó, en la búsqueda de la significancia de la noción de puntos de fuga. Finalmente, a la luz de las afinidades de las propuestas löwyana y ariconiana, trazaremos las potencialidades de estas contribuciones para repensar la crisis del marxismo desde el marxismo latinoamericano.
II. Michael Löwy y el marxismo olvidado
"Fui estudar ciências sociais porque achava que era o mais próximo do socialismo", contará Michael Löwy sobre su ingreso a la Universidad de Sao Paulo en 1956, donde agregará que "tinha essa ideia ingênua de que, para quem se interessa pelo socialismo, o curso mais próximo seria o de Ciências Sociais"19. Como se desprende, el interés del joven Löwy por las ideas marxistas es anterior a sus estudios universitarios y, estas tendrían su punto de origen, en la militancia política en una pequeña agrupación carioca inspirada en las concepciones de Rosa Luxemburgo a la que se vinculó a los 16 años20.
Sostenemos que es en esta época temprana, donde florecen las primeras inquietudes de Löwy por lo que posteriormente llamará el "marxismo olvidado". Militar activa y tempranamente en una corriente marxista de corte luxemburguista que, se posicionaba en abierta disidencia ante un marxismo oficial persecutor, constituyó un lazo de afinidad biográfico indisoluble con la causa de los vencidos y olvidados de la multiforme tradición fundada un siglo antes por Carlos Marx y Federico Engels.
Instalado Löwy en Francia en 1961 para continuar sus estudios de posgrado bajo la tutela del disidente profesor marxista rumano Lucien Goldmann, su investigación doctoral versó sobre el estudio de la obra joven de Marx. En esta tesis que se convirtió en su primer libro, La teoría de la revolución en el joven Marx, el autor se detendrá a rescatar pasajes invisibilizados de la producción político-intelectual del fundador del comunismo oscurecidos por los epígonos del marxismo instituido, otorgándole valor a escritos "que pertenece[n] a la categoría de los documentos olvidados del marxismo"21. Löwy, en aquella oportunidad se refiere a una cartacircular que envió Marx y Engels el 17 y 18 de septiembre de 1879 a un grupo dirigente de la socialdemocracia alemana, donde estos autores defienden las ideas de la "revolución socialista" y "autoemancipación del proletariado"; hasta 1973, no existía traducción al español de esta importante pieza del acervo marxista22.
En su segunda obra, dedicada al pensamiento del Che Guevara, esta línea de indagación asediada por el olvido se robustece, al disputar la representación hegemónica del revolucionario argentino-cubano signada por una visión apologética de su trayectoria guerrillera, sobre todo, en el accionar heroico guevarista. Löwy, apuesta por rescatar del olvido las ideas de Guevara, con el objeto de que no se conviertan según sus palabras en "artículos de consumo inofensivos" 23 , cuestión que, lamentablemente, podemos constatar terminó ocurriendo. Medio siglo después, retoma junto a Olivier Besancenot, la recuperación de las ideas marxistas revolucionarias del Che, con el propósito de contribuir a la construcción de una alternativa al capitalismo en el siglo XXI24.
En 1970, justo tres años después que el Che Guevara es capturado en combate en Bolivia, murió en París Lucien Goldmann. En 1973, junto a Sami Nahïr, publican un libro dedicado a la trayectoria de su maestro, Lucien Goldmann ou la dialectique de la totalité25 , donde sistematizan los principales elementos de la sociología marxista goldmanniana, escasamente reconocida en los circuitos intelectuales y académicos del marxismo que, en aquella época, se encontraban hegemonizados por las corrientes marxistas estructuralistas y antihumanistas irradiadas por el althusserianismo. Löwy dirá en una entrevista que Goldmann "inventó una sociología de la cultura marxista-humanista, de la cual soy una especie de discípulo"26; esta herencia sociológica, cargará significativamente las inquietudes de la propuesta löwyana, expresada en una heterodoxia que busca entre las sombras del pensamiento crítico elementos que actualicen la "apuesta marxista", como llamó Goldmann, a su proyecto teórico de afinidad electiva entre los postulados de Blaise Pascal y Marx27.
La idea de "afinidades electivas" que recupera de Goldmann, además de la sociología weberiana28, llevan a Löwy a realizar cruces político-teóricos que le otorgan cierta singularidad a su universo marxista. Uno de ellos es la afinidad trotskista-guevarista29 que, lo llevó a vincularse orgánicamente con los sectores del trotskismo que eran proclive a la lucha armada en América Latina -en la década de 1970 se vinculó a la Liga Comunista Revolucionaria (LCR) de Francia y, en consecuencia, a las secciones latinoamericanas de la IV Internacional nucleada por Ernest Mandel-. Así se explica que, con el seudónimo de Carlos Rossi, en 1972 publica el libro/folleto de circulación clandestina intitulado La revolución permanente en América Latina30 , en el que delineará una amalgama entre la teoría de la revolución permanente de Marx y Trotsky, con los orígenes del marxismo latinoamericano a través de los trabajos del cubano Julio Antonio Mella y el peruano José Carlos Mariátegui, encontrando su punto más alto en el triunfo de la Revolución Cubana y las reflexiones internacionalistas del Che Guevara. Entre estos dos momentos estelares del marxismo latinoamericano, Löwy identifica a una serie de marxistas olvidados que tuvieron la creatividad de pensar a contracorriente del eurocentrismo, es decir, en la tarea de reconocer y reflexionar desde la especificidad de la abigarrada realidad continental.
En 1976 Löwy publica en forma de libro, en la época que trabajaba como profesor ayudante de Nicos Poulantzas en la Universidad de Vincennes 31 , su segunda tesis doctoral dedicada a examinar la evolución política del joven György Lukács32. Con este trabajo, consolida su propuesta de una sociología de los intelectuales revolucionarios, colocando atención en los puntos de continuidad y ruptura en el estudio de las trayectorias político-intelectuales del marxismo heterodoxo, por lo tanto, de aquellas autorías que no contaban con la venia del marxismo ortodoxo o eran abiertamente cuestionas por las tendencias hegemónicas dentro del campo académico; Louis Althusser junto a Étienne Balibar, por ejemplo, en su afamado Para leer El Capital, tratarán peyorativamente de historicistas y humanistas a Lukács, Korsch y Gramsci, circunscribiéndolos a una tendencia "izquierdizante" del marxismo33. Al finalizar el libro sobre el joven Lukács, Löwy dirá que será la nueva inteliguentsia estudiantil y juvenil la que reivindica el pensamiento lukácsiano y de los marxistas revolucionarios en general, exigiendo la traducción y reedición de estos textos: "se asiste una explosión del marxismo 'rechazado', a un resurgimiento de los libros 'malditos', proscritos, olvidados o raros del marxismo"34.
Entre las orillas de los marxismos, es clara la toma de partido de Löwy por el "marxismo rechazado". En el año de 1978, publica un libro en clave de afinidades que cruza las trayectorias de Lukács, Gramsci, Luxemburgo y Goldmann. A este proyecto centrado en autorías del marxismo occidental, al intitularlo con el nombre de El marxismo olvidado35, terminó consagrando definitivamente esta noción, entregándole estatuto categorial y, con ello, un rótulo a su programa de investigación sobre la dimensión olvidada del marxismo.
La deuda con la superficie del marxismo latinoamericano quedó saldada dos años después con la edición de la antología El marxismo en América Latina 36 , bosquejando Löwy en este trabajo una verdadera cartografía de la historicidad del marxismo continental, dándole visibilidad a autores totalmente olvidados por la hegemonía de los comunismos oficiales. Silvio Frondizi, Marcelo Segall, Milcíades Peña y Luis Vitale, por dar ejemplos de intelectuales del marxismo conosureño crítico, son valorados en esta compilación, agregándose algunos fragmentos de sus trabajos insignes. Löwy también reconoce dentro de las coordenadas de producción del marxismo latinoamericano, a dirigentes marxistas, que muchas veces son reducidos a la dimensión práctica de la praxis política.
Con la publicación del libro ¿Qué es la sociología del conocimiento? en la medianía de los años 80, que tiene un carácter de síntesis epistemológica de su proyecto sociológico marxista, encontramos un punto de cierre de lo que podemos denominar la etapa reflexiva del joven Löwy. En este texto encontramos su crítica al principio de neutralidad axiológica del saber que propone el positivismo, al corte epistemológico radical althusseriano entre el joven y viejo Marx, a la noción de ciencia social emparentada con las ciencias naturales, a los análisis ahistoricistas, mecanicistas y economicistas del marxismo vulgar, etcétera. Queremos enfatizar en su propuesta de una sociología crítica del conocimiento que, parte de la base, de un comportamiento abierto ante los aportes de otras teorías que no sean el marxismo heterodoxo en el cual tributa, incorporando a autores de las ciencias sociales que incluso estaban más cercanos a las ideas estructuralistas. Por ejemplo, de Pierre Bourdieu reivindicará su categoría de "capital de saberes acumulados", replicando el siguiente pasaje de su obra:
(...) el sociólogo estará tanto mejor armado para descubrir lo escondido en cuanto esté mejor armado científicamente y utilice mejor el capital de conceptos, métodos, técnicas acumuladas por sus predecesores, Marx, Durkheim, Weber y otros, en cuanto sea más, 'crítico', en cuanto la intención consciente o inconsciente que lo anima sea más subversiva y en cuanto tenga más interés en develar lo que está censurado, refundido, en el mundo social. 37 (pp. 169-170)
El animus sociológico de Löwy es subversivo en el término bourdiano, pues en su caso el develamiento de lo censurado es lo que él mismo ha desarrollado como un programa de investigación sobre el marxismo olvidado.
En los albores de la década de 1980 ocurrirá un evento en la trayectoria político-intelectual de Löwy donde "nada salió indemne de ese encuentro crucial"38; se refiere a la figura de Walter Benjamin y particularmente a sus tesis Sobre el concepto de historia. Desde ese momento el universo benjaminiano se vuelve su referencia teórica central, constituyéndose un verdadero Aufhebung -en el sentido hegeliano que utiliza en sus propias obras: negación, conservación y superación- en su trayecto39. Dos décadas después de tal encuentro, publica uno de sus libros más reconocidos, Walter Benjamin: Aviso de incendio. Una lectura de las tesis 'Sobre el concepto de historia', donde el olvido de las generaciones vencidas y el rol de los historiadores de escribir a contrapelo de la historia oficial es la piedra angular de su relato benjaminiano:
El historiador revolucionario sabe que la victoria del enemigo actual amenaza incluso a los muertos, no necesariamente en la forma primitiva y grosera de la restauración monárquica de los Estuardo al maltratar los huesos de Cromwell, sino mediante la falsificación o el olvido de sus combates. Ahora bien, 'ese enemigo no ha cesado de triunfar" y el pasado, desde el punto de vista de los oprimidos, no es una acumulación gradual de conquistas, como en la historiografía progresista, sino más bien una serie interminable de derrotas catastróficas: aplastamiento de la rebelión de los esclavos contra Roma, de la revuelta de los campesinos anabaptistas en el siglo XVI, de junio de 1848, de la Comuna de París y de la insurrección espartaquista en Berlín en 1919".40
Para que ese enemigo cese su marcha triunfal, Löwy se impregnó del espíritu mesiánico marxista benjaminiano y, en la extensión de la noción de redención, encontró una categoría clave para seguir pensando en el marxismo olvidado. La idea de redención que Löwy retoma de Benjamin se articula en dos dimensiones: una, "es necesaria la reparación del sufrimiento, de las generaciones vencidas" y, la otra, "el cumplimiento de los objetivos por los cuales lucharon y no lograron alcanzar" 41.
Löwy, asemeja la visión de Benjamin con la de Mariátegui, afinidad que queda expresada en su texto "Walter Benjamin y José Carlos Mariátegui: dos marxistas disidentes con la ideología del progreso", donde ambos pensadores compartirán un marxismo heterodoxo cuestionador del rumbo lineal y teleológico de la historia. Sin embargo, Löwy realizará un matiz que tiene una importancia medular para pensar el marxismo latinoamericano y su relación con el olvido:
Se podría comparar esta constelación entre el pasado y el futuro, el comunismo inca y el comunismo moderno, con el argumento de Walter Benjamin sobre el vínculo entre el comunismo primitivo prehistórico y las utopías socialistas y libertarias modernas. La diferencia consiste en que la relación con el pasado arcaico era para Benjamin una cuestión de recuerdo, mientras que para el marxista peruano se trataba de una tradición viva, en el corazón de la estrategia revolucionaria actual. 42
Mariátegui, desde una concepción estratégica revolucionaria, recalca la necesidad de restaurar la dialéctica entre el pasado y el futuro, pero no desde una memoria pasiva, ni desde una utopía prestablecida. Su combate contra el olvido se encuentra al servicio de la configuración del socialismo indoamericano del futuro. A eso Mariátegui le llama "tradición heterodoxa" 43 en unos de sus textos insignes que, opuesta al tradicionalismo, exige desde un presente vivo pensar recreativamente los cimientos de la transformación social. Recuperar esa tradición olvidada que propuso una mirada original a la del prisma eurocéntrico y que impugnó en América Latina tanto al capitalismo como al colonialismo, pareciera ser la lectura y el desafío que nos propone Löwy desde el pensamiento estratégico para impulsar un programa de investigación sobre el marxismo olvidado latinoamericano.
III. José Aricó y los puntos de fuga del marxismo
La trayectoria político-intelectual de José Aricó en el campo del marxismo está signada por su monumental trabajo editorial como traductor e inventor de libros que, tiene tal envergadura, apuntará Martín Cortés en el prólogo a su "antología esencial", que "ni Marx ni el marxismo, entonces, tienen en castellano la misma espesura antes y después de la intervención editorial de Aricó" 44. Este mismo antologista, pero en su sugestivo libro dedicado al pensamiento de su compatriota, desliza como hipótesis principal de su trabajo, que el marxismo latinoamericano de Aricó se caracteriza por desplegar una estrategia de traducción, ejercicio heterodoxo que, destacamos:
(...) brinda atención privilegiada a los fragmentos 'olvidados', aquellas piezas de difícil inscripción en una lógica de sistema: cartas, borradores, inéditos, fragmentos, textos en apariencia 'coyunturales'. Así, se potencia el ejercicio de desarticular los relatos consolidados y reponer nuevos modos de hilar una historia. 45
El trabajo político de Aricó y su vocación por el ejercicio de traducción, tiene como punto temprano de formación el Partido Comunista (PCA) de su país, bajo el alero del intelectual orgánico Héctor P. Agosti. Agosti, encargado de cultura del comunismo argentino. Esta organización, tendiente a una visión dogmática del marxismo, paradojalmente emprendió la tarea entre la década de 1950 y 1960 de difundir las obras carcelarias gramscianas; gran mérito precursor, al constituir el primer esfuerzo de traducir del italiano a nivel global los cuadernos del marxista sardo. Aunque parezca irrisorio en las últimas décadas donde los "Usos" -con mayúscula, al decir de Juan Carlos Portantiero46 - de Gramsci son ilimitados, sus trabajos tuvieron que sortear durante años los dispositivos del marxismo olvidado.
"El poder protege, difunde y promociona a sus intelectuales predilectos. Los críticos corren otra suerte. Cuando no los asesinan", dirá Néstor Kohan en un reivindicativo artículo sobre Agosti, agregando "quedan sepultados por el polvo gris del olvido o el desconocimiento de las nuevas generaciones" 47. En los últimos años hemos sido testigos como se ha despolvado la herencia política de Agosti, reconociéndose sus dotes como intelectual, formador y difusor de la cultura marxista y, destacándose como legado sobresaliente, la incidencia que tuvo en el germen de lo que posteriormente se conocerá como los "gramscianos argentinos"48. Aricó, el conductor de esta pléyade gramsciana señala en su Cola del diablo. Itinerario de Gramsci en América Latina, que fue Agosti "quien dirigió la publicación de los Cuadernos de la cárcel por la Editorial Lautaro y comprometió a alguno de nosotros en la tarea de traducirlos, anotarlos o prologarlos"49.
El joven Aricó tradujo de los cuadernos gramscianos los volúmenes Literatura y vida nacional50 y Notas sobre Maquiavelo, sobre política y sobre el Estado moderno51. A este último libro le redactó el prólogo -es el segundo escrito de su autoría después de "¿Marxismo versus Leninismo?"52 -, que tuvo como principal objeto resaltar el carácter integral de Gramsci como pensador y militante y, en tanto praxis, reconocer la coherencia de sus escritos de la cárcel que son un "verdadero monumento del marxismo contemporáneo". Aricó apuntará: "Hemos tratado de demostrar que, por encima de la aparente fragmentariedad de estas notas, existe una profunda unidad de contenido" 53; la dialéctica fragmentación/unicidad que la asigna al proyecto revolucionario del pensador sardo, a modo de herencia intelectual, terminó por constituirse en el sello de su propia intervención político-teórica.
Desde el prólogo al texto carcelario de Gramsci, se extiende una prolífera producción intelectual en Aricó, la que se encuentra fragmentada en una multiplicidad de textos en calidad de conferencias, introducciones, entrevistas, etcétera. Asimismo, desde ese tiempo su intervención editorial es sistemática en la invención de libros y en el trabajo revisteril, marcando, sin duda, su itinerario político-intelectual la responsabilidad de dirigir los Cuadernos Pasado y Presente. Esta reconocidísima revista de debate y difusión del marxismo crítico y militante en América Latina, se propuso desafiar el pensamiento marxista dogmático y crear una institución cultural de vinculación orgánica de la nueva inteliguentsia marxista en la Argentina. Con domicilio en la ciudad de Córdoba, la extensa editorial de su primer número en 1963 que estuvo en las manos de Aricó, destacaba en su horizonte la de "inventariar" -con "beneficio de inventario", en el sentido gramsciano- la infinitud de huellas de la realidad pasada con proyección crítica para ponerlas al servicio de un presente transformador y un futuro sin clases sociales54.
El desafío de inventariar el pasado revolucionario desde una perspectiva antidogmática y, en consecuencia, recuperar para el acervo del marxismo sus olvidadas tradiciones heterodoxas, como también otros diálogos posibles con visiones del mundo no marxistas, llevaron a que Aricó y su grupo fueran expulsados inmediatamente de las filas dogmáticas del comunismo argentino. Los porfiados Cuadernos continuaron el pedregoso camino propio, reafirmando el antisectarismo como "principio arquimédico". En el número cuatro de Pasado y Presente, Aricó se detuvo en la editorial, "Examen de conciencia", a evaluar la "corta y controvertida existencia" de la revista:
Todo eso es parte de nuestra historia, la pequeña historia de un grupo de intelectuales, casi todos militantes comunistas, que creyó en la posibilidad de impulsar un proceso de renovación ideológica y práctica desde el interior de una estructura que se le presentaba anacrónica y momificada, y que fracasó, aun cuando paradojalmente en su fracaso resida quizás la condición para una futura victoria.55
El impulso de los vencidos no fue suficiente para que Pasado y Presente tuviera una estabilidad continua como revista, pues en su novena edición de 1965 suspende su aparición por un largo tiempo, hasta reanudarse su tiraje en 1973; a pesar de la aparición de solo dos números, Aricó dirá que tuvo "una mayor capacidad de intervenir en la realidad política inmediata que en su etapa anterior"56. Entre la primera y segunda etapa de la revista, Aricó en 1968 fundó junto a Oscar del Barco, Juan José Varas y Santiago Funes en Córdoba la editorial Cuadernos Pasado y Presente que, en sus ajetreados tres lustros de vida, publicó casi un centenar de títulos. El primer Cuaderno en formato libro publicado fue la Introducción general a la crítica de la economía política de Marx y, además de ser el responsable de la traducción, en el escrito de introducción/advertencia a este texto Aricó escribirá:
Es lamentable, pero a la vez significativo, que un trabajo de tamaña importancia haya permanecido prácticamente ignorado por los estudiosos del marxismo durante décadas y de que, en el caso particular de los países de habla castellana, nunca hayamos podido contar con una versión aceptable del mismo. 57
Como vemos, Aricó estuvo preocupado por restablecer las tradiciones perdidas del marxismo como apoyo en la construcción de un marxismo herético latinoamericano. En una de sus últimas entrevistas, al recordar su proyecto más significativo, dirá con un tono nostálgico y, porqué no decir derrotista, que los "Cuadernos no intervenían más allá del propósito confesado de hacer conocer lo olvidado, de dar voz a los silenciados" 58.
Para Martín Cortés, la virtud difusora de Aricó terminó opacando sus reflexiones teóricas marxistas59. Si nos concentramos en sus contribuciones como pensador del marxismo en América Latina, el periodo más fructífero es el del exilio mexicano (1976-1983), al constituirse en su trayectoria político-intelectual una verdadera síntesis creadora; que, como lo vimos, se asemeja al proceso de Aufhebung que aconteció en Löwy luego de su encuentro con Walter Benjamin en esa misma época. Este "punto de viraje", como lo califica su amigo y compañero Juan Carlos Portantiero, "así como maduró su propia visión del socialismo, se perfiló también su vocación de historiador de las ideas, y, sin perder sus obsesiones generosas de organizador y difusor de cultura" 60. La impronta del exilio latinoamericano provocó una "nueva densidad del debate", dirá Aricó, rememorando a Norbert Lechner, de quien citará: "De un modo cruel y muchas veces traumático acontece una 'crisis de paradigma' con un efecto benéfico empero: la ampliación del horizonte cultural y la confrontación con obras antes desdeñadas o ignoradas"61.
La producción intelectual "propia" de José Aricó en tierra azteca es prolífera: Nueve lecciones sobre economía y política en el marxismo62 , Mariátegui y los orígenes del marxismo latinoamericano63 , Marx y América Latina64 y La hipótesis sobre Justo. Escritos sobre el socialismo en América Latina65; a la creación de estos trabajos emblemáticos, debemos agregar un sinnúmero de colaboraciones, como por ejemplo sus textos "Il marxismo latinoamericano negli anni della III Internazionale" 66 en la monumental obra de Eric Hobsbawm Storia del marxismo y "Marxismo latinoamericano"67 y "Socialismo latinoamericano"68 incorporados en el libro Diccionario de política que editó Norberto Bobbio, Nicola Mateucci y Gianfranco Pasquino.
Cada uno de estos trabajos, más sus múltiples intervenciones en esta época del exilio, constituyen el punto más alto de Aricó como teórico del marxismo latinoamericano. De todas estas piezas ariconianas, fragmentadas pero insertas en una totalidad coherente, nos inclinamos por identificar al libro Marx y América Latina como el proyecto que condensa las vastas preocupaciones teóricas y políticas de la larga trayectoria político-intelectual de Aricó. En resumen, estas inquietudes se expresarán en el permanente ejercicio de "traducción" de las ideas marxistas en función de recrearlas en el hábitat nuestroamericano. Este "texto fundante"69 -al buen decir de Carlos Franco en la presentación del libro- se propuso indagar en la encrucijada histórica del desencuentro del marxismo con el subcontinente americano que, dicho de manera interrogativa, su autor quiso comprender por qué Marx no tomó la atención correspondiente a la naturaleza específica de las sociedades latinoamericanas.
En Aricó el origen de la complejidad relacional entre el marxismo y América Latina no tiene como punto de partida la reiterativa tesis basada en el supuesto europeísmo de Marx y Engels. Esta hipótesis de trabajo anti-eurocentrista, la fundamenta en la importancia que le otorgaron los autores del Manifiesto comunista en sus proyectos de investigación a ciertos procesos colonizadores y periféricos en India, Irlanda, China, Rusia, etcétera; "tergiversados, descalificados o directamente silenciados por la intelligentzia 'marxista'", recalcará Aricó para dar cuenta de los efectos conscientes y adversos de los censores del marxismo olvidado, "dichos textos no pudieron contribuir a quebrantar la imagen del 'eurocentrismo' de Marx, instituida de hecho como verdad indiscutible por el marxismo oficial"70. A su vez, establecerá que esta impugnación fue funcional a un tipo de marxismo que convirtió El Capital en una apología al progreso y su visión teleológica de una evolución esquemática de las sociedades, lo que hace "explicable el hecho paradojal que toda una parte de la herencia marxiana haya sido menospreciada como meros escritos de circunstancias, sin valor teórico alguno"71.
En Marx y América Latina, Aricó es claro en responsabilizar al marxismo ortodoxo de cercenar la potente dimensión anticolonial de los fundadores del marxismo. La maquinaria del olvido, como vemos, no fue mecanizada por las maniobras del colonialismo y/o capitalismo, sino por los subterfugios utilizados por la oficialidad marxista en virtud de monopolizar la representación del ideario de Marx. Encasillar a Marx de eurocéntrico en su falta de atención con la realidad latinoamericana, además de ser una aseveración "pobre, limitado y falso", dirá Aricó, esto implicaría no reconocer "el filón democrático, nacional y popular que constituye una parte imprescindible del pensamiento de Marx". Evadiendo el círculo vicioso hegelizante, la apuesta ariconiana de "restituirle al marxismo su condición de "teoría crítica y revolucionaria", exige reivindicar una perspectiva que priorice la potencialidad libertaria del universo marxiano:
(...) hacer emerger a la superficie un filón de pensamiento marxiano oculto durante muchos años en la tradición socialista. Cuestionando una tradición interpretativa hemos llegado a rozar ciertos núcleos problemáticos en los que los puntos de fuga del sistema marxiano aparecen como ofreciendo mayores posibilidades de proseguir una línea de búsqueda más adherente al espíritu de Marx. Y de este modo el resultado logrado, aunque se funda quizás exageradamente en lo no-dicho que en lo explícitamente afirmado por Marx, podrá contribuir en parte a restituirnos la heterodoxia de un pensamiento al que un movimiento histórico de extraordinaria magnitud como es el socialista insistió en ver solo desde el costado una verdad incontrovertible.72
Aquí, Aricó nos presenta la categoría de puntos de fuga como una tentativa de recuperación del pensamiento marxista oculto, en función de restituir el carácter heterodoxo del marxismo secuestrado por la oficialidad comunista. Tal fugacidad de la crítica marxista estará en aquellos textos olvidado y vapuleados del marxismo. En el epílogo a la segunda edición de Marx y América Latina, retoma la noción de "punto(s) de fuga" del sistema de Marx, pero le "preocupa" que se "le otorgue un carácter tan excepcional que acabe finalmente por arrinconar en una supuesta 'anomalía' o 'heterodoxia' del propio Marx todo aquello que en realidad muestre la diversidad de formas en que se explicita su crítica de la política" 73, es decir, que al tratarlos de excepciones confirmen la regla de un marxismo ortodoxo.
Como los borradores -pensemos en los de Marx: Grundrisse o El Cuaderno Kovalevsky-, un pie de página donde el lector le otorga un valor secundario, muchas veces constituyen puntos de fuga en el sentido ariconiano, pues más allá de su carácter aclarativo redirecciona a un nuevo universo de ideas acalladas; por dar ejemplo de uno de ellos, en Marx y América Latina, Aricó en el último rincón de la cita 43 valora el "excelente ensayo" El estilo literario de Marx74, escrito por el marxista olvidado venezolano Ludovico Silva. Pero para seguir el hilo de nuestro trabajo, nos interesa la referencia número 63, donde Aricó le reconoce a su compañero del exilio Oscar Terán sus reflexiones en la construcción del texto, a tal nivel, que "tuvo la generosidad de facilitarme sus observaciones por escrito, y permitirme utilizarlas libremente en mi texto"75. Así llegamos a Terán y, por añadidura, a su artículo-homenaje "Fulguraciones" que leyó en Córdoba a poco transitar la muerte de Aricó:
Pancho -apodo de Aricó- persistió en inventarse ese marxismo que había decidido identificar con todo lo que de bueno y verdadero se le ocurriera existir bajo el sol: Gramsci, Mariátegui, algún Marx de la comuna rural rusa.... todo eso le servía para mantener su obstinado y al mismo tiempo abierto marxismo. Un día le sugerí la figura de 'puntos de fuga' para analizar unos discursos que no respondían a la forma de la arquitectura conceptual. Creo que fue la única noción en que lo 'influí': nuestras charlas se llenaron de esos puntos de fuga de un marxismo en dispersión como su propia palabra, pero que una y otra vez 'suturaba' sus propios desgarramientos".76
Creemos que la sugerencia de Terán de "puntos de fuga" se le presentó en la forma de un "nombre esperado", pues el fundamento de esta categoría Aricó lo vino desarrollando desde sus tempranas reflexiones político-intelectuales allá en su Córdoba natal; dicho a la inversa, Terán posiblemente se habrá inspirado en el largo itinerario teórico de Aricó -como se desprende de lo que hemos visto- para nombrar la "idea". La explicación a esto es un círculo no vicioso, común en creaciones insertas en inteligencias colectivas, como fue el caso de una de las experiencias de inteliguentsia marxista más reconocida en América Latina, estos son, los llamados gramscianos argentinos.
Finalizando el camino ariconiano, es importante decir que la idea de puntos de fuga de Aricó, debe ponerse en diálogo con su tardío encuentro con Benjamin. En el rompecabezas del marxismo latinoamericano de Aricó, Martí Cortés nos dirá, que Benjamin juega un rol central para leer a Marx a contrapelo de la noción de sistema filosófico cerrado postulado por la ortodoxia marxista77. Nada por perdido, es el título del libro de Guillermo Ricca, que se subtitula Política en José M. Aricó; "nada por perdido", nos comentará este autor, es una paráfrasis de una de las tesis Sobre el concepto historia que Aricó utilizó reiteradamente en su última época reflexiva. Ricca, en el cruce de Aricó con Benjamin, no paso por alto la potencia benjaminia que existe en la noción ariconiana de puntos de fuga, llamando al tercer capítulo "Puntos de fuga de la teoría y lugares de enunciación soterrados. Aricó en el exilio", del cual queremos destacar el siguiente pasaje que ilumina su significancia:
Ciertamente, Aricó pasa a la inacabada y dispersa obra de Marx su propio peine a contrapelo. Pero no lo hace caprichosamente, sino con la convicción que dice que, en el descentramiento de una filosofía, en sus notas marginales, en sus puntos de fuga, se revelan señales de su devenir mundo, de su historicidad nunca realizada y siempre recomenzada.78
Aricó, en uno de sus últimos artículos dirá que habrá que "rescatar el carácter militante de la crítica benjaminiana" y, al seguir el ejemplo de Benjamin, volverse un "aguafiestas"79. El aguafiestas de Aricó, armado de una "perspectiva gramsciana benjaminiana"80 , acentuada la crisis del marxismo oficial en los años 80, mayor validez le otorgó a la búsqueda de los puntos de fuga del marxismo en la configuración de un marxismo latinoamericano heterodoxo, obstinado y abierto, que contribuyera a suturar las dicotómicas disquisiciones que lo acecharon a lo largo de toda su trayectoria político-intelectual: teoría y práctica, socialismo e izquierda, política y cultura, partido y democracia y, sobre todo, pasado y presente. Lamentablemente, un 22 de agosto de 1991 Aricó dejó inconclusa esta tarea.
IV. A modo de conclusiones y afinidades
Si bien los puntos de partida de los itinerarios político-intelectuales de Löwy y Aricó están eclipsados por el desencuentro, las páginas que preceden nos arrojan una serie de ideas afines de estos autores en relación con la máquina del olvido aplicada a un tipo de registro marxista. Lo primero que queremos destacar en estas conclusiones: es que ambos se constituyeron en aguafiestas del comunismo oficial al desplegar y develar en sus reflexiones las operaciones de acallamiento de la "tradición heterodoxa". Desde las coordenadas del marxismo latinoamericano, sus propuestas reflexivas de develamiento de lo ocultado, no se reducen a la denuncia, sino que tienen por objeto restaurar la potencialidad estratégica del marxismo en su duplicidad de pensar/transformar la sociedad capitalista.
En plena crisis global del ideario emancipatorio, en los años 80' Löwy y Aricó se propusieron repensar el legado de Marx en América Latina sin abandonar los preceptos de materialismo histórico, pues para ellos el marxismo seguía siendo -como dijo Sartre- el "horizonte insuperable de nuestra época". Sus apuestas desde el pensamiento estratégico, se inscribieron en la superación de la crisis del marxismo, emparentándose contra el presentismo en la tarea de suturar la desgarrada dialéctica entre la memoria marxista y el ideario utópico.
En esta época de re-vuelta al pensamiento marxista, Löwy y Aricó reafirmaron una intuición que los acompañó en sus tempranas trayectorias, esto es, el carácter crítico, abierto y dialógico del marxismo. Bajo ese crisol heterodoxo se comprende su acercamiento a figuras enigmáticas del registro marxista, como Benjamin, de quien legaron la impronta de irrumpir en el cortejo triunfal de los vencedores y de leer a contrapelo la historia de los vencidos. Las calibraciones de recepción siempre son disimiles: si Aricó se planteaba desde una "perspectiva gramsciana-benjaminiana", podemos indicar a modo de hipótesis que Löwy lo hacía desde una perspectiva benjaminiana-lukácsiana; el orden altera los resultados, sin embargo, la afinidad benjaminiana entre ambos expresada en la redención por lo olvidado es profunda.
Cuando Löwy establece en su primer libro que hay materiales "que pertenece[n] a la categoría de los documentos olvidados del marxismo"81 , esto, inmediatamente se enlaza con la noción de puntos de fuga del marxismo de Aricó. Pero será el marxista argentino quien se concentrará en la dimensión documental del olvido, cuestión que, creemos, responde y es inherente a la función de su intervención político-intelectual que -explicita muy bien Martín Cortés sus textos sobre Aricó- se desarrolló principalmente desde el campo editorial a través de la traducción de textos marxistas e invención de libros. La inclinación de Löwy por la recuperación de ciertas figuras del marxismo olvidado, también se puede explicar a través de su propia trayectoria e inquietudes intelectuales, que se caracteriza por la necesidad de reconocerse en las autorías disidentes y perseguidas por el comunismo oficial y, en esa acumulación de registros, actualizar su propio ideario a modo de un Aufhebung.
Situados en la tarea de revitalizar el marxismo latinoamericano desde las potencialidades de lo olvidado o, mejor dicho, desde las armas de la memoria marxista, las apuestas de Löwy y Aricó pareciera que desde lo teórico-metodológico se asimilan al refrán popular que habla de "dos caras de una misma moneda". Löwy enfatiza disciplinariamente en las trayectorias político-intelectuales desde lo que él mismo llama "sociología de los intelectuales revolucionarios", mientras que Aricó se concentra en el estudio del marxismo desde la perspectiva -a decir de su amigo Juan Carlos Portantiero- de la historia de las ideas.
Creemos que ambas propuestas no sólo pueden ser articuladas en una perspectiva que recupere las potencialidades acalladas del marxismo latinoamericano, sino que el énfasis dialéctico entre las trayectorias olvidadas y los documentos silenciados son dimensiones propicias para repensar la actualidad de una alternativa emancipatoria para el siglo XXI. Si la "máquina del olvido" no las distingue como dispositivo de opresión, la memoria marxista al servicio de las y los condenados de América Latina exige su articulación bajo la recreación del lema que subrayó un hereje marxista que iluminó tanto el trabajo de Löwy como el de Aricó: no se puede dar "nada por perdido" de las luchas históricas de los pueblos nuestroamericanos.
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