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En distintos escenarios de nuestra sociedad, la pobreza no es percibida como un desequilibrio social que afecta a toda la comunidad, sino como una consecuencia inevitable para las clases menos favorecidas. Además, diversos sectores cuestionan los programas asistencialistas del gobierno, argumentando que los beneficiarios son personas con la capacidad de producir tanto para sí mismas como para la sociedad, pero que, por decisión propia, eligen la vulnerabilidad para mantener ciertos beneficios, como transferencias monetarias o subsidios. Este tipo de crítica es señalado por Hayek1 en su obra Los fundamentos de la libertad (1958, p.352)
En la obra Primero de la gente2 se presenta un mito referente a los jóvenes que no se esfuerzan lo suficiente y refiere el autor que se presenta un mito que relaciona a los jóvenes con la falta de esfuerzo. Según el autor:
Según el mito, la de hoy sería una juventud inclinada al << facilismo >>. En cuanto se requieren esfuerzos mayores, no los realiza. Tampoco les atrae ser emprendedores, innovar, tomar iniciativas. Prefieren una vida sin exigencias. Sus fracasos se deberían en parte importante a características como ésas. Las generaciones anteriores, en cambio, sí estaban dispuestas a todos los sacrificios.
Esto refleja una visión de sectores de la sociedad que justifican sus propias deficiencias señalando a los necesitados de programas asistencialistas. No obstante, el texto citado no se limita a exponer este mito, sino que lo cuestiona al señalar que "Pasan de ser problemas estructurales de mal funcionamiento de la economía y la sociedad, a resultantes de las conductas disfuncionales de un grupo o de componentes del mismo” (p. 215), atribuyendo así a la sociedad la responsabilidad por los resultados derivados de una inadecuada generación de oportunidades e inclusión social. Por su parte, Kliksberg también critica las percepciones negativas sobre los programas asistenciales, afirmando: "… o ver a la gente pidiendo limosna y argumentar que tienen todas las posibilidades en su casa y que << no quieren trabajar >>” (p. 277).
Es por lo anterior, y otras consideraciones con sus respectivas justificaciones, que se disiente o apoya la implementación de políticas públicas asistencialistas. El presente trabajo tiene como objetivo analizar dichas políticas, con un enfoque particular en los subsidios para la compra de vivienda nueva, un aspecto clave en mi caso de estudio. Muchas familias no podrían acceder a una vivienda propia sin este tipo de ayudas, y no únicamente por falta de recursos económicos, sino también por diversas restricciones, como las dificultades para acceder al sistema financiero, que en muchos casos imposibilitan la postulación a subsidios si no se cumplen ciertos requisitos. Dichos requisitos, en ocasiones, se traducen en mayores esfuerzos o en barreras insalvables.
En términos generales, se abordarán las consideraciones y propuestas de varios autores en el ámbito de la filosofía de las ciencias, quienes han tratado temas como la pobreza y la desigualdad. Se busca resaltar que, aunque el Estado cumple su función social al implementar programas de asistencia para los grupos vulnerables, esta asistencia resulta insuficiente si no incluye un seguimiento continuo que permita evaluar y ajustar permanentemente las políticas. Esto es crucial para mejorar las condiciones de dignidad humana, ya que las buenas intenciones políticas y sociales no siempre se traducen en soluciones efectivas para los problemas generales de exclusión.