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Este estudio constituye un primer acercamiento a las actitudes lingüísticas hacia el cambio de código que se da en una comunidad bilingüe valenciano-castellano. Los fragmentos de audio utilizados como estímulos contenían muestras de habla espontánea obtenidas del programa televisivo À Punt e incluían casos de cambio de código inter- e intraoracional. Los estímulos fueron administrados a un total de 10 jueces mediante la técnica de pares ocultos para que valorasen mediante una encuesta la competencia lingüística de los hablantes. Los resultados mostraron juicios significativamente más negativos hacia los estímulos donde el hablante empleaba el cambio de código. Además, en un análisis más detallado, se observó que, en cada una de las cuatro preguntas realizadas, otras variables como la identidad lingüística de los jueces, su género y su nivel de estudios tuvieron un efecto en las valoraciones de estos hacia el cambio de código realizado por los hablantes.
1. Introducción
El cambio de código (en adelante CC) es un fenómeno común en comunidades de habla bilingües y multilingües, donde a menudo se da una alternancia en la conversación espontánea entre las distintas lenguas que un hablante tiene a su disposición, sin que haya necesariamente un cambio de tema o de interlocutor (Appel & Muysken, 1987; Poplack, 2001). No obstante, en muchas comunidades de habla, el CC puede tener una mala consideración social y verse asociado con prejuicios hacia la competencia lingüística de los hablantes (Anderson & Toribio, 2007), pudiendo llegar, incluso, a ser valorado negativamente también por parte de las mismas personas que lo practican (Anderson & Toribio, 2007; Chana & Romaine, 1984; Gibbons, 1987; Lawson & Sachdev, 2000; Liu, 2015; Pena, 2004). Sin embargo, se ha señalado que lejos de reflejar una pobre competencia en las lenguas empleadas, el CC requiere un alto nivel de competencia no solo lingüística, sino también comunicativa en las lenguas entre las que el cambio se produce (p.ej. Gardner-Chloros, 2009; Poplack, 1980; Woolard, 1998).
1.1 Motivaciones del CC
El uso del CC en el seno de una comunidad de habla se ha relacionado con las estrategias comunicativas y sociales que los hablantes emplean tanto para indicar su pertenencia a una determinada categoría social como para reforzar los vínculos de solidaridad con otros miembros de su mismo grupo (Myers-Scotton, 1993; Yim & Clément, 2021). En este sentido, las motivaciones sociolingüísticas del CC en una comunidad de habla bilingüe o multilingüe pueden verse influidas por la ideología asociada a la lengua dominante (Milroy, 2001), por lo que en numerosas ocasiones el proceso de estandarización lingüística que se da en comunidades bilingües o multilingües condiciona tanto las actitudes hacia el CC como las estrategias — conscientes o inconscientes de los hablantes — vinculadas al uso de una u otra lengua.
El fuerte componente identitario de esta motivación, que permite que los hablantes se sientan identificados con un determinado grupo social está centrada en el receptor del mensaje. Siguiendo esta lógica, podemos decir que esta motivación tiene una función apelativa al relacionar las posibles motivaciones del CC con las funciones del lenguaje propuestas por Roman Jakobson (1960), tal y como apuntan René Appel y Pieter Muysken (2005).
1.2 Tipología del cambio de código
No siempre es fácil establecer una distinción clara entre el CC y otros fenómenos como la interferencia o la integración entre distintas lenguas — p.ej. los préstamos léxicos — pudiendo ser difícil, incluso, diferenciar entre distintos tipos de CC, así como entre aquellos casos que resultan del contacto de varias lenguas. En este sentido, se han propuesto varias definiciones y clasificaciones para establecer qué debe considerarse CC y qué tipos cabe distinguir (Lipski, 2005; McClure, 1977; Muysken, 2000; Myers-Scotton, 2006; Poplack, 1980).
En primer lugar, se ha propuesto la necesidad de diferenciar entre el cambio de código y la mezcla de código (ing. code-mixing), de forma que en el cambio de código se insertan oraciones completas en un discurso construido en otra lengua, mientras que en la mezcla de código habría una alternancia de lenguas dentro de cada constituyente sintáctico (McClure, 1977). En otros casos, se ha propuesto una clasificación basada en el grado de separación de ambas lenguas, distinguiendo entre alternancia, inserción y lexicalización congruente (ing. alternation, insertion, and congruent lexicalization) (Muysken, 2000). Un tercer criterio se ha basado en el significado resultante del CC, donde se distingue una diferenciación a lo largo de un continuo, con el CC en un extremo y una fusión completa de las dos lenguas — un ‘fusiolecto’ (ing. fused lects) — en el extremo opuesto, donde cabría encontrar entre ambos extremos un estadio intermedio correspondiente a una mezcla de ambas lenguas (ing. language mixing) (Auer, 1999).
No obstante, la clasificación más extendida y aceptada distingue entre tres tipos de CC a partir de las estructuras sintácticas donde estos aparecen, distinguiendo entre un CC interoracional, otro intraoracional (Myers-Scotton, 2006; Poplack, 1980) — división que corre en paralelo a la diferenciación recién mencionada entre cambio y mezcla de código — y finalmente un CC emblemático o ‘alternancia de etiqueta’ (ing. tag-switching), en el que palabras o expresiones que tienen mayor libertad de movimiento en el discurso — como interjecciones, muletillas, conectores discursivos, exclamaciones o expresiones de inicio, mantenimiento y cierre de conversación — se intercalan en un discurso que, sin ellas, sería monolingüe. De los tres, el CC intraoracional es el que más atención ha recibido, ya que presenta importantes restricciones no solo sintácticas — pues tiende a realizarse en ciertas fronteras morfosintácticas (Poplack, 2001) —, sino también semánticas y pragmáticas. Esto hace que el CC solo pueda realizarse en ciertos casos, como ocurre especialmente entre lenguas que apenas comparten rasgos lingüísticos o entre aquellas con estructuras sintácticas muy dispares entre sí (Epelde & Oyharcabal, 2020; Koronkiewicz, 2022; Lantto, 2015; Tsoukala et al., 2021).
1.3 Actitudes hacia el cambio de código
Los estudios que han analizado las actitudes hacia el CC entre una determinada lengua y el castellano no son muy numerosos, siendo escasos aquellos que han analizado el CC entre el valenciano y el castellano — ver Sección 1.5 para más detalles sobre los estudios realizados para el CC entre ambas lenguas —. En cambio, el grueso de la bibliografía existente sobre el CC muestra una amplia variedad de lenguas para las que se ha estudiado el fenómeno, poniendo su atención en cómo son percibidos los hablantes que lo practican y cuáles son las categorías sociales que se les atribuyen (p.ej. Anderson & Toribio, 2007; Dewaele & Wei, 2014a; Gibbons, 1987). Una gran cantidad de estos estudios ha hecho uso de la técnica de pares ocultos (ing. matched-guise) (Lambert et al., 1960) que, junto al recabado directo de datos mediante encuestas y entrevistas, se ha convertido en el principal paradigma para el estudio de las actitudes hacia el CC.
Aplicando esta técnica, John Gibbons (1987), por ejemplo, constató la actitud negativa que existía en Hong Kong hacia los hablantes que empleaban el CC entre cantonés e inglés, a pesar de lo extendido que estaba el CC entre la población y a pesar de que ambas lenguas por separado gozaban de una gran consideración social. Su conclusión fue que el uso del CC era un intento por parte de los hablantes de mantener un equilibrio entre sus identidades oriental y occidental.
Resultados similares, también mediante la técnica de pares ocultos, fueron reportados por Urmi Chana y Suzanne Romaine (1984) para las actitudes hacia el CC en Inglaterra entre el punyabí y el inglés, así como por Sarah Lawson y Itesh Sachdev (2000) para el CC que se da en Túnez entre el árabe y el francés. Estos últimos autores, además, concluyeron que el CC entre ambas lenguas era también una práctica cotidiana que lo convertía en una variedad lingüística propia de esa comunidad de habla. En esta misma línea, Hong Liu (2015) encontró una actitud negativa hacia el CC realizado entre mandarín e inglés tanto en hablantes bilingües de Londres como en hablantes monolingües en diferentes ciudades de China; además, encontró diferencias de actitud hacia diferentes tipos de CC, con una mejor valoración del CC interoracional.
En otros casos, las evaluaciones negativas no se dieron tanto hacia el uso del CC como hacia la competencia lingüística e intelectual de los hablantes. Esto fue lo que observaron Tyler Anderson y Almeida Toribio (2007), quienes analizaron las actitudes de hablantes bilingües de español e inglés en los Estados Unidos hacia textos que contenían, en distinto grado, elementos de ambas lenguas. Una menor competencia lingüística fue también lo que observó Carmen Pena (2004) en su análisis del CC entre español e inglés por parte de la segunda generación de españoles en Londres. Las actitudes negativas también pueden deberse a la amenaza que una determinada comunidad de habla puede sentir hacia su identidad etnolingüística por efecto del CC entre lenguas con un estatus identitario diferente (Karimzad & Catedral, 2018).
No obstante, también existen estudios que reportaron actitudes menos negativas hacia el CC o hacia los hablantes que lo realizan. Por ejemplo, a pesar de la consideración negativa que el CC tenía entre hablantes bilingües de español e inglés en California, Cecilia Montes-Alcalá (2000) observó una mayor aceptación hacia el CC por parte de los más jóvenes, quienes sentían que el CC expresaba su doble identidad. Por su parte, Penelope Gardner-Chloros et al. (2005) reportaron resultados similares para el CC practicado por la comunidad griegochipriota de Londres entre el inglés y el griego estándar moderno o su variante chipriota; en este caso, los hablantes no consideraban el inglés como una amenaza a su identidad, y la generación más joven veía el CC como parte de su identidad cultural.
En otros casos, se observaron tanto actitudes negativas como positivas, como ocurrió en el estudio realizado por Odilia Yim y Richard Clément (2019) para el CC realizado entre el cantonés y el inglés en la comunidad hongkonesa de Toronto. Por un lado, los autores encontraron que los hablantes bilingües sentían que tenían una competencia pobre en cantonés, aunque hablarlo era para ellos a la vez un motivo de orgullo y una forma de reforzar su sentimiento de identidad grupal. En un estudio posterior, Yim y Clément (2021) exploraron, para la misma comunidad de habla, los factores sociales involucrados en la realización del CC en relación con su identidad grupal.
Otro estudio que encontró actitudes positivas hacia el CC fue realizado por Taryn Bouy y Elena Nicoladis (2018), quienes analizaron el CC de los hablantes de inglés y francés en Quebec y Alberta, en Canadá. Las autoras observaron que la comunidad de Alberta consideraba el uso del CC como un rasgo de consideración hacia el interlocutor si este tenía dificultad para encontrar un término en una de las dos lenguas. En la misma línea, Lisa Koch et al. (2001) encontraron actitudes positivas hacia el CC entre el inglés estándar americano y el inglés afroamericano cuando el CC resultaba apropiado a las normas que rigen una determinada interacción social.
Por su parte, Jean-Marc Dewaele y Wei (2014a) analizaron las actitudes de los hablantes hacia el CC considerando variables sociodemográficas y comprobaron que las valoraciones más positivas se daban por igual entre mujeres, así como entre hablantes con niveles bajos y altos de formación. En un estudio posterior (2014b) ambos autores observaron que los hablantes multilingües que con más frecuencia empleaban el CC tendían a ser mujeres, junto a personas extrovertidas y empáticas.
1.4 Valenciano
El estatus del valenciano se configura en el debate lingüístico en torno a si se trata de una variedad del catalán o si, por el contrario, se trata de una lengua propia, postura esta última asociada al movimiento político del blaverismo (Flor i Moreno, 2009). Oficialmente, la Acadèmia Valenciana de la Llengua (AVL) reconoce que el valenciano es la misma lengua histórica que el catalán hablado en Cataluña, en las Islas Baleares y en Andorra (AVL, 2005, 2016). Además, en el Preámbulo del Estatuto de Autonomía de la Comunidad Valenciana se reconocen tanto el castellano y el valenciano como lenguas cooficiales de la región. Sea como sea, lo cierto es que el valenciano tiene un gran valor simbólico entre sus hablantes, quienes muestran una tendencia a diferenciar su lengua del catalán (Agulló, 2011).
La Comunidad Valenciana cuenta con alrededor de 5 millones de habitantes, de los cuales un 52.7 % aprendió el valenciano en un entorno familiar, según datos ofrecidos por el gobierno regional (Generalitat Valenciana, 2021). Este mismo estudio reporta que del conjunto de la población de la Comunidad Valenciana un 75.8 % de los encuestados tiene una comprensión oral buena o perfecta del valenciano, mientras que solo un 50.6 % es capaz de comunicarse bien o perfectamente en esta lengua. En cuanto a la comprensión lectora, el porcentaje de personas capaces de leer sin dificultad es de 57.2 %, mientras que solo un 40.8 % considera que se desenvuelve por escrito con soltura. No obstante, estas cifras no son homogéneas en toda la Comunidad Valenciana, sino que existen zonas en las que predomina el valenciano frente a otras zonas en las que se habla mayoritariamente el castellano (Agulló, 2011; Generalitat Valenciana, 2021). Concretamente, el porcentaje de población en la zona valencianoparlante de la Comunidad Valenciana que se expresa única o mayormente en valenciano no supera el 24.5 % para situaciones en donde han de dirigirse a la administración local, mientras que el 23.1 % lo usa en el ámbito doméstico (Tabla 1) (Generalitat Valenciana, 2021).
Tradicionalmente se ha hablado de una situación de diglosia para referirse a la realidad lingüística del valenciano y del castellano en la Comunidad Valenciana, donde cada lengua cumple una función diferente en ámbitos públicos y privados (Gimeno-Menéndez & Gómez-Molina, 2007; Lado, 2011). Por ello, a partir de los diferentes estudios llevados a cabo periódicamente sobre la situación del valenciano, algunos autores han sugerido que frente a una visión de bilingüismo diglósico, tal vez sea más apropiado hablar de una adecuación situacional al registro (Buzón et al., 2017; Buzón & Gómez-Devís, 2020).
1.5 Actitudes hacia el valenciano
Diferentes estudios revelan que las actitudes generales de los hablantes de la Comunidad Valenciana hacia el valenciano son mayoritariamente positivas y valoran la importancia de su uso y preservación; sin embargo, existen también actitudes negativas en una proporción significativa de la población, como por ejemplo respecto a la creencia de que se trata de una variedad menos válida que el castellano en el ámbito educativo (Agulló, 2011; Blas Arroyo, 1994; Harnafi, 2016). Además, la variedad estándar de valenciano goza de mayor prestigio social que la variedad no estándar, aunque al mismo tiempo se ha observado un progresivo desplazamiento del valenciano estándar en favor del castellano estándar entre 1995 y 2015 (Buzón et al., 2017; Buzón & Gómez-Devís, 2020).
Los estudios dedicados al CC entre ambas lenguas son escasos (Gómez-Molina, 1999–2000; Lavender, 2017). Por un lado, José Ramón Gómez-Molina (1999–2000) observó que el CC se da más a menudo en el habla informal y espontánea (72%) que en el habla formal (28%), y además el CC emblemático es el más empleado por distintos tipos de hablantes, probablemente porque es el que menos conocimiento gramatical requiere. En cambio, el CC intraoracional es poco empleado por los hablantes bilingües pasivos, que tienen una competencia baja de producción en valenciano, pero es realizado por los hablantes bilingües activos en igual medida que el CC interoracional. Por su parte, Andrew Lavender (2017), en un estudio sobre el CC entre castellano y valenciano que se da en Twitter, identificó una mayor frecuencia de CC del castellano hacia el valenciano; además, constató que en Twitter predominaba el uso de emblemas y el CC cumplía una función esencialmente identitaria.
1.6 Motivación
El presente estudio tiene su motivación en la ausencia de investigaciones que analicen las actitudes lingüísticas de los hablantes bilingües de valenciano y castellano hacia el CC y, por ello, busca indagar acerca de los factores que condicionan estas actitudes. Este trabajo constituye, pues, una primera aproximación al tema y pretende establecer unas bases sobre las que fundamentar posteriores investigaciones sobre esta comunidad de habla. De acuerdo con la bibliografía, nuestra hipótesis de partida (H1) es que los hablantes bilingües presentarán una actitud negativa hacia el CC realizado de valenciano a castellano, la cual estará relacionada con la creencia de que los hablantes tienen una mala competencia lingüística.
De ser así, esta actitud podría estar condicionada por factores: (a) individuales, de forma que el género o la edad de adquisición del valenciano influirán en la actitud hacia el CC (H2); (b) sociales, de forma que la actitud negativa hacia el CC estará condicionada bien por la identidad lingüística de los hablantes (si se consideran bilingües, castellanoparlantes o valencianoparlantes), bien por el ámbito de uso de cada lengua (H3); (3) lingüísticos, por lo que la actitud hacia el CC dependerá de si el CC es intraoracional o interoracional (H4).
2. Metodología
2.1 Muestras de habla
Se extrajeron fragmentos de audio de varios programas televisivos de la cadena valenciana À Punt — en la que se emplea mayoritariamente el valenciano —, que están disponibles en el canal À Punt Mèdia de YouTube. Concretamente, las muestras se obtuvieron del programa Valencians al món, donde se entrevista a personas valencianas que viven en el extranjero, así como de À Punt Directe, un programa de tertulia humorística. Ambos programas tienen un estilo conversacional espontáneo que da pie a que el CC se dé más frecuentemente.
Se seleccionaron un total de 12 muestras con una duración de entre 30 y 60 segundos, cuya transcripción se realizó siguiendo el modelo propuesto por el grupo Val.Es.Co (2014) (véase el Anexo para más detalles). De estos fragmentos, 8 contenían una muestra de CC (4 de tipo interoracional y 4 intraoracional). El CC presente en las muestras de habla seleccionadas siempre implicaba el uso de más de una palabra con el fin de que no existiesen dudas acerca de su clasificación y no pudiesen confundirse con otros fenómenos derivados del uso o contacto de varias lenguas como son los extranjerismos, los préstamos o las interferencias. Además de estos 8 fragmentos, se escogieron, de 4 de estos mismos hablantes, otros 4 fragmentos sin CC con una duración similar.
2.2 Jueces
El estudio contó con la participación de 10 jueces bilingües (Medad = 23.6, d.t. = 4.5), 3 mujeres y 7 hombres, nacidos en la Comunidad Valenciana, de los cuales 6 se identificaron como bilingües, 3 como mayor o exclusivamente castellanoparlantes y 1 como mayormente o exclusivamente valencianoparlante (Tabla 2). El muestreo se llevó a cabo a través de un mensaje difundido en redes sociales en el que se pedía la participación de hablantes de valenciano. Además, se recurrió a la técnica de bola de nieve, solicitando a las personas que habían mostrado interés en participar que se pusieran en contacto a su vez con otras personas que coincidieran con el perfil solicitado.
Los datos sociolingüísticos recabados acerca del uso del valenciano y del castellano por parte de los jueces (Tabla 3) se asemejaron a los datos existentes para los hablantes de la Comunidad Valenciana (Agulló, 2011; Generalitat Valenciana, 2021), con un uso predominante del castellano, a pesar de que muchos de los jueces se encontraban fuera de su comunidad de habla en el momento de la recogida de datos, que se llevó a cabo principalmente en Madrid y en menor medida en la Comunidad Valenciana en junio de 2022.
2.3 Procedimiento
En este estudio se empleó una variante de la técnica de pares ocultos (Lambert et al., 1960) con el fin de que los jueces valorasen al menos dos fragmentos, uno con CC y otro sin CC, enunciados por un mismo hablante. Los estímulos se aleatorizaron, administrándose en tres secuencias diferentes. Los estímulos incluían fragmentos con y sin CC, sin que aquellos fragmentos correspondientes a una misma persona apareciesen muy próximos en el tiempo para evitar que los jueces identificasen al hablante de otro de los estímulos recién percibidos.
Las encuestas comprendían tres bloques de preguntas. El primer bloque estaba destinado a recabar información sobre variables sociales como edad, género y nivel de estudios, así como información sobre la(s) lengua(s) materna(s), la edad de adquisición/aprendizaje, los contextos de uso de cada lengua y la identificación del individuo como hablante bilingüe, castellanoparlante o valencianoparlante (véase el Anexo para más detalles).
El segundo bloque de la encuesta incluía cuatro preguntas sobre las diferentes actitudes de los jueces hacia el CC. En ellas se les pedía que valorasen (1) la competencia del hablante en el uso del valenciano, (2) la adecuación del hablante al grado de formalidad de la situación comunicativa, (3) su nivel educativo, y (4) si el hablante cometía errores al hablar valenciano. A cada pregunta los jueces respondieron en una escala ordinal de Likert1 con puntuaciones que abarcaban del 1 al 5, siendo 1 la puntuación más positiva (sí/bien) y 5 la más negativa (no/mal), excepto en el caso de última pregunta, donde la puntuación más positiva (ningún error) correspondía al 5.
El tercer bloque buscaba indagar en las causas que, según los jueces, podrían llevar a los hablantes a realizar esos cambios de código. Para ello se les ofreció una lista cerrada de seis posibles motivos, además de los cuales los jueces podían proponer otro más que no estuviese incluido en la lista (ver el Anexo para más detalles).
En cuanto al procedimiento, los jueces primeramente respondieron a las preguntas del primer bloque, correspondiente a la información sociolingüística. Después, se les dieron instrucciones sobre cómo responder a los estímulos: para cada estímulo debían valorar a un hablante concreto que el entrevistador señalaba diciendo cuándo empezaba su intervención o haciendo un gesto cuando se trataba del hablante sobre el que el oyente debía centrar su atención para valorar su comportamiento lingüístico.
Antes de administrar los estímulos — y también durante la recogida de datos —, se resolvió cualquier duda que los jueces pudiesen tener. A petición de estos, los estímulos podían ser administrados tantas veces como fuese necesario, aunque la mayoría de las veces a los jueces les resultó suficiente con escuchar el estímulo una sola vez. Adicionalmente, en los últimos cuatro estímulos, se pidió a los jueces que respondiesen también a una pregunta adicional que hacía referencia a los motivos por los que el hablante podía haber realizado el CC. En casi todos los casos, esta pregunta fue la que más tiempo llevó a los jueces, quienes en ocasiones tuvieron que escuchar los estímulos hasta 3 veces antes de responder.
En todos los casos, la administración de la encuesta se llevó a cabo de forma presencial y en una sala de estudio con el menor ruido posible. La duración total del experimento nunca superó los 30 minutos.
2.4 Tratamiento estadístico de los datos
Los datos obtenidos se analizaron estadísticamente empleando el programa de análisis estadístico R (R Core Team, 2021). En primer lugar, se calculó el grado de acuerdo entre jueces para el conjunto total de las respuestas y también para las respuestas dadas a cada uno de los estímulos. Para ello se empleó el estadístico kappa de Cohen (1960), que evalúa entre 0 y 1 el grado de acuerdo entre cada pareja de jueces. A fin de establecer el grado de acuerdo entre los diez jueces que participaron en el estudio, se recurrió a la media aritmética de los valores parciales de cada pareja de jueces.
En un segundo análisis, mediante modelos lineales mixtos, se modelaron las respuestas categóricas de los jueces como una variable continua de rango [1, 5], correspondiente a los 5 puntos de la escala empleada. En el caso de la pregunta 4, donde el valor más positivo estaba en el extremo contrario a las demás preguntas, se invirtieron los valores para hacer el análisis. En los diferentes análisis de regresión lineal, se analizó cada una de las variables de interés como efecto fijo y tanto sujetos como estímulos se incluyeron como efectos aleatorios para la intersección.
3. Análisis
3.1 Acuerdo entre jueces
En primer lugar, se compararon las respuestas de cada pareja de jueces y se obtuvo un valor correspondiente a la media de cada acuerdo parcial. En general, los jueces presentaron índices bajos de acuerdo en sus respuestas, llegando a ser menor que cero, lo cual implica un acuerdo inferior al nivel del azar. Los valores más altos se encontraron alrededor del 0.4 (acuerdo entre participantes 3 y 8), aunque la mayoría de los valores estuvieron por debajo de 0.15 (ver Tabla 4).
Las medias del acuerdo general y de los acuerdos parciales para cada una de las preguntas, sin tener en cuenta diferentes variables, varió entre el acuerdo más bajo (κ = 0.05) para la pregunta 4 y el acuerdo más alto (κ = 0.10) alcanzado en la pregunta 3. Además, se calculó la media de acuerdo general y se observó una diferencia significativa entre aquellos estímulos que presentaban CC y aquellos que no lo presentaban (ver Tabla 5). La media de acuerdo para los estímulos sin CC (M = 0.21, d.t. = 0.14), que además, fue la media más alta de todos los acuerdos entre jueces, resultó significativamente mayor respecto a la de aquellos estímulos con CC (M = 0.07, d.t. = 0.13), t(44) = 5.56, p < .001 (bilateral).
3.2 Respuestas de los jueces
Las respuestas de los jueces para el conjunto de las cuatro preguntas se modelaron mediante una regresión lineal mixta teniendo en cuenta las diferentes variables de interés recogidas en las encuestas (Tabla 6). Cabe recordar que, en la escala empleada — escala Likert de 5 puntos —, el 5 corresponde a la valoración más negativa posible, mientras que el 1 se corresponde con la valoración más positiva. Tras el análisis, el modelado de las respuestas mostró que la presencia de CC tuvo un efecto significativo en la percepción de los jueces, de forma que aquellos estímulos que no presentaban CC obtuvieron una valoración más positiva en casi un punto (β = 0.87, EE = 0.27, t = 3.20, p = .009); sin embargo, se comprobó que el tipo de CC no influyó en las respuestas de los jueces (Figura 1).
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Posteriormente, se realizaron análisis estadísticos de regresión lineal similares al anterior para comprobar el posible efecto que pudieron haber tenido otras variables en las respuestas de los jueces. En este caso, los resultados mostraron que el género y la frecuencia de uso del castellano y del valenciano en diferentes ámbitos no tuvieron un efecto significativo en las respuestas.
En cambio, el nivel de estudios alcanzó valores cercanos a la significatividad (β = −0.90, EE = 0.44, t = −2.06, p = .073), lo que sugiere que podría haber una diferencia de casi un punto entre los jueces con un mayor nivel de estudios (estudios superiores) — quienes tendrían una actitud más positiva hacia el CC — y aquellos jueces que habían acabado la secundaria, muchos de los cuales estaban cursando estudios superiores en el momento de participar en esta investigación.
Por último, se analizó el efecto que la identidad lingüística de los jueces pudiese haber tenido en sus respuestas, sin embargo, los resultados no mostraron diferencias entre cada uno de los grupos: bilingües, castellanoparlantes y valencianoparlantes. No obstante, al introducir una interacción entre la identidad lingüística de los jueces y la variable que incluía la presencia de CC, se observó que los valencianoparlantes mostraron una valoración significativamente más negativa hacia los estímulos con CC que los hablantes bilingües (β = 0.80, EE = 0.35, t = 2.29, p = .022) y los castellanoparlantes (β = 0.93, EE = 0.37, t = 2.47, p = .013) (Figura 2).
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3.3 Respuestas parciales a cada pregunta
Además del análisis general hasta aquí presentado, se realizó un análisis parcial de cada una de las preguntas valoradas por los jueces con el fin de averiguar si las respuestas parciales de estos estuvieron influidas por alguna variable concreta. En primer lugar, al igual que ocurría con el análisis general, la presencia de CC tuvo un efecto significativo en las respuestas parciales dadas a cada una de las cuatro preguntas (Figura 3).
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3.3.1 Primera pregunta: ¿Cómo de bien habla valenciano esta persona?
Para la primera pregunta se observó una valoración más negativa hacia los fragmentos que contenían CC, con una diferencia de magnitud similar a la del análisis general (β = 0.80, EE = 0.28, t = 2.84, p = .018) (ver Figura 3, Pregunta 1). Además, el nivel de estudios tuvo un efecto en las respuestas de los jueces, con una valoración más positiva en casi un punto y medio para aquellos jueces que contaban con estudios superiores (β = −1.41, EE = 0.61, t = −2.32, p = .048), a diferencia de lo observado en el análisis general, donde este efecto no alcanzó la significatividad estadística.
Al considerar el género de los jueces, el análisis mostró una tendencia de los hombres a valorar más negativamente que las mujeres la competencia de los hablantes, a pesar de que esta diferencia no llegó a ser estadísticamente significativa (β = 1.13, EE = 0.56, t = 2.04, p = .076). Cuando el género se analizó en función del CC, se observó que, frente a las mujeres, los hombres consideraron que los hablantes tenían una competencia en valenciano significativamente peor en aquellos fragmentos que contenían CC (β = 0.79, EE = 0.33, t = 2.36, p = .020) (Figura 4).
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Finalmente, al igual que ocurría en el análisis general, encontramos que la valoración de la competencia lingüística de los hablantes por parte de los jueces varió según fuese la identidad lingüística solo en función de si había presencia o no de CC. Concretamente, los hablantes de valenciano valoraron peor los fragmentos con CC que los castellanoparlantes (β = 1.08, EE = 0.56, t = 1.94, p = .055) y que los hablantes bilingües (β = 1.25, EE = 0.52, t = 2.40, p = .019) (Figura 5).
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3.3.2 Segunda pregunta: ¿Crees que la forma de hablar de esta persona es adecuada para un contexto formal?
En el análisis de esta segunda pregunta, los fragmentos que incluían CC, de nuevo, fueron peor valorados por los jueces, quienes consideraron que estos fragmentos eran menos adecuados para un contexto formal (β = 0.96, EE = 0.36, t = 2.70, p = .022) (ver Figura 3, Pregunta 2). Además, cuando en esta pregunta se analizó el CC en función del género, se observó que, sin que hubiese diferencias entre géneros para los estímulos sin CC, los hombres consideraron que los hablantes se expresaban de manera menos adecuada a un contexto formal en aquellos fragmentos que sí contenían un CC (β = 0.78, EE = 0.29, t = 2.66, p = .009) (Figura 6).
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La identidad lingüística también resultó significativa en su interacción con la presencia de CC, mostrando de nuevo, en los fragmentos que presentaban CC, una diferencia para los jueces valencianoparlantes con respecto a los castellanoparlantes (β = 1.08, EE = 0.50, t = 2.17, p = .032), aunque no con respecto a los jueces bilingües (Figura 7).
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3.3.3 Tercera pregunta: ¿Te parece que esta persona tiene un nivel educativo alto?
En cuanto a la tercera pregunta, la presencia de CC hizo que los jueces considerasen que los hablantes tenían un bajo nivel educativo en los fragmentos en los que se realizaba un CC (β = 0.61, EE = 0.27, t = 2.30, p = .044) (ver Figura 3, Pregunta 3).
Asimismo, se observó un efecto para el nivel de estudios de los jueces, siendo aquellas personas con un nivel de instrucción elevado — estudios superiores — las que juzgaron como mayor el nivel educativo de los hablantes (β = −1.18, EE = 0.26, t = −4.57, p = .001). En este caso, no se encontró ningún efecto asociado al género, a la identidad lingüística de los jueces o al tipo de CC.
3.3.4 Cuarta pregunta: ¿Crees que esta persona comete errores al hablar valenciano?
La última pregunta hubo de ser recodificada para el análisis con el fin de que los valores más bajos siguiesen representando valoraciones positivas; en este caso, al invertir la escala, el valor 1 indicaba que los hablantes no cometían errores al hablar valenciano. Las respuestas de los jueces mostraron la creencia de que los hablantes cometían significativamente más errores en aquellos fragmentos en los que se producía un CC (β = 1.09, EE = 0.30, t = 3.7, p = .004) (ver Figura 3, Pregunta 4). Para esta pregunta, las demás variables no tuvieron un efecto significativo.
3.4 Motivos por los que el hablante pudo haber realizado un cambio de código
Tras las respuestas dadas por los jueces se les preguntó acerca de las posibles motivaciones que pudieron haber tenido los hablantes para realizar el CC: ¿Cuál consideras que es el motivo por el cual esta persona emplea el castellano mientras habla valenciano? Se presentaron a los jueces 6 opciones cerradas más una última opción que permitía una respuesta abierta. Entre las 6 opciones cerradas era posible elegir más de una opción:
- El castellano es más adecuado para expresar lo que ha dicho / Esto no se podría expresar igual de bien en valenciano (27.6 %)
- Para llegar a un público más amplio (5.2 %)
- Para expresar su identidad bilingüe (6.9 %)
- Para impresionar con su conocimiento de varias lenguas (0 %)
- Porque hay un cambio de tema y es más apropiado tratarlo en castellano (3.4 %)
- Para crear un efecto humorístico (32.8 %)
- Otros (24.1 %)
4. Discusión
Este estudio de carácter experimental tenía como objetivo establecer un primer acercamiento a las actitudes de hablantes bilingües hacia el CC entre valenciano y castellano, así como los factores que condicionan estas actitudes. Para ello se emplearon encuestas para recoger las opiniones y creencias de los hablantes hacia el CC, así como una variante de la técnica de pares ocultos para medir sus actitudes (Lambert et al., 1960). El análisis de las respuestas reveló que los jueces tenían actitudes lingüísticas significativamente más negativas cuando percibieron fragmentos que contenían CC. En estas valoraciones las variables género y nivel de estudios resultaron significativas, mientras que la identidad lingüística de los jueces resultó significativa únicamente en la valoración de los estímulos con CC.
Los resultados confirmaron la hipótesis inicial (H1) acerca de la existencia de actitudes negativas por parte de los integrantes de la Comunidad Valenciana hacia el CC. Concretamente, los hablantes bilingües de valenciano-castellano mostraron actitudes negativas hacia el CC, en tanto que valoraron más positivamente los fragmentos de conversaciones en los que la alternancia de lenguas no estaba presente. Además, la existencia de estas actitudes negativas se observó también en los resultados de las encuestas, ya que varios de los jueces señalaron como índice de mala competencia lingüística en valenciano la presencia de palabras o frases en castellano, lo que según ellos podía deberse a que el hablante recurría al castellano por no saber cómo expresarse adecuadamente en valenciano. También se registraron opiniones similares cuando se pidió a los jueces que consideraran las motivaciones de los hablantes para realizar un CC, p.ej. el hablante “no sabe cómo expresarse en valenciano” o “no habla frecuentemente valenciano”.
Estos resultados son similares a los reportados por otros muchos estudios anteriores que señalan la existencia de estas actitudes negativas hacia el CC en diferentes comunidades de habla (Lawson & Sachdev, 2000; Yim & Clément, 2021; Dewaele & Wei, 2014a). Algunos de estos estudios emplean técnicas de medición directas (ej. Lawson & Sachdev, 2000; Yim & Clément, 2021) y otros emplean una metodología indirecta, como la técnica de pares ocultos utilizada en este trabajo (Chana & Romaine, 1984). Ambas metodologías llegan a conclusiones similares. Como también afirma Shana Poplack (1980), se observa que muchos de los hablantes que muestran actitudes y opiniones negativas hacia el CC lo practican frecuentemente como hablantes, por lo que existe una discrepancia entre su actitud consciente y su comportamiento lingüístico.
Las tres hipótesis secundarias de este estudio se referían a los posibles factores condicionantes de estas actitudes y para su análisis se tuvieron en cuenta factores individuales, sociales y lingüísticos.
La segunda hipótesis (H2) examinó los posibles factores individuales que condicionan las actitudes lingüísticas de los hablantes. El género no supuso una diferencia significativa en las actitudes de los jueces, pero sí su nivel de estudios. Aunque solo se contó con jueces de dos niveles educativos (educación secundaria y estudios superiores), se observó que aquellos con mayor nivel educativo tendieron a valorar más positivamente los estímulos, independientemente de si contenían o no un CC. Esto difiere de lo reportado por José Luis Blas Arroyo (1994) en un estudio sobre las actitudes lingüísticas hacia el valenciano, en el cual se observaron actitudes más negativas hacia la normalización y uso del valenciano por parte de jueces de mayor nivel educativo. Esta discrepancia podría explicarse, bien por un cambio en las actitudes hacia el estatus social del valenciano como consecuencia de las acciones políticas y de planificación lingüística (Kloss, 1969), bien por las propias características de la muestra de este estudio, que apenas contó con jueces de distintos niveles educativos.
La tercera hipótesis (H3) aborda los factores sociales; en concreto, el ámbito de adquisición de ambas lenguas, así como su uso habitual y la posible adscripción a grupos de identidad sociolingüística (bilingüe, castellanoparlante o valencianoparlante). El ámbito de uso habitual de ambas lenguas no tuvo ninguna significación en nuestro análisis, mientras que sí lo tuvo la identificación lingüística. A pesar de que este estudio solo contó con un juez identificado como valencianoparlante, se halló una peor valoración para esta identificación lingüística que para los bilingües y los castellanoparlantes en aquellos estímulos que presentaban CC. Blas Arroyo (1994) mostró cómo la identificación lingüística constituye un importante índice de las actitudes en una comunidad de habla, concretamente en la comunidad de habla valenciana, por lo que es coherente que esta pueda confirmarse como un factor relevante en las actitudes hacia el CC en sucesivos estudios, ya que podrían existir diferencias en función de la identidad lingüística si se llevase a cabo un estudio similar con una muestra poblacional mayor. Así, tanto el estudio de Yim y Clément (2021) como el de Dewaele y Wei (2014a) concluyeron que un entorno lingüísticamente diverso y un conocimiento de varias lenguas conlleva unas actitudes más positivas hacia el CC. Por ello, sería lógico pensar que, en valenciano, los hablantes que se identifican como bilingües muestren actitudes más favorables hacia el CC que las de aquellas personas que se identifican con el monolingüismo.
La cuarta hipótesis (H4) considera la posible influencia de factores lingüísticos (concretamente los tipos de alternancia en el CC) en la valoración hecha por los jueces. Aunque esta variable no resultó significativa en nuestro análisis, sí se han observado diferencias en otras comunidades de habla, por lo que un estudio con una muestra poblacional mayor podría resultar más revelador en este aspecto.
En cuanto a las valoraciones parciales para cada pregunta, los análisis mostraron un efecto claro para la presencia del CC y, en ciertos casos, también para la identidad lingüística y el nivel educativo de los jueces. Además, en la pregunta 1, ¿Cómo de bien habla valenciano esta persona?, encontramos que las mujeres valoraron más positivamente los estímulos que contenían un CC. De modo similar, una diferencia asociada al género se observó en la pregunta 2, ¿Es adecuada la forma de hablar de esta persona a un contexto formal?, donde las mujeres valoraron más positivamente que los hombres los estímulos que contenían un CC, sin que hubiese diferencias atribuibles al género para las respuestas dadas a los estímulos donde no había CC. Ambos resultados podrías tener un alcance mayor en una muestra más amplia, tal y como sugieren otros estudios. Por ejemplo, Blas Arroyo (1994: 153), en su estudio sobre las actitudes hacia el valenciano, afirma que las mujeres constituyen uno de los grupos con una valoración más positiva hacia el valenciano y hacia su normalización; y Dewaele y Wei (2014a) igualmente señalaron que el género es uno de los factores condicionantes de las actitudes hacia el CC.
Por otro lado, los jueces tuvieron unos niveles de acuerdo generalmente bajos, quizá debido a la escala empleada de 5 puntos, puesto que una escala menor seguramente habría homogeneizado las respuestas. Por otro lado, la evaluación sociolingüística siempre resulta compleja para los jueces, pues se pide que valoren a un hablante cuando existen múltiples factores a los que pueden atenerse, tales como la inteligibilidad, la expresividad o la fluidez (Chana & Romaine, 1984). Lo más interesante es que el mayor acuerdo se da precisamente en los estímulos sin CC (κ = 0.21), una diferencia que resultó significativa cuando se comparó con el acuerdo para los estímulos con CC, lo que indica que la presencia de CC provocó respuestas más dispares entre los jueces, probablemente debido a las variables sociolingüísticas señaladas anteriormente. Esto tiene un paralelismo con cómo las medias de valoración de los jueces, en función de las diferentes variables, son muy similares en estímulos sin CC y son más dispares en aquellos con CC.
5. Conclusiones
El trabajo realizado constituye un primer acercamiento a las actitudes lingüísticas existentes hacia el cambio de código (CC) entre valenciano y castellano y ofrece unos resultados provisionales sobre los factores que condicionan dichas actitudes. Estos resultados mostraron valoraciones más negativas ante el CC valenciano-castellano realizado en un mismo acto comunicativo. Las actitudes negativas se registraron tanto en los resultados del estudio indirecto como en las técnicas directas de análisis, pues ambas metodologías apuntan en una misma dirección. Al igual que han mostrado investigaciones precedentes, las actitudes negativas ante el CC se asocian con la creencia de que quienes lo realizan poseen peores destrezas comunicativas y una menor competencia lingüística en una o en ambas lenguas. Si bien las actitudes negativas hacia el CC son claras, en la muestra analizada no se encontraron diferencias entre los distintos tipos de cambio (interoracional o intraoacional), a diferencia de lo que cabría suponer por los hallazgos de estudios anteriores.
El examen de las variables sociales (nivel educativo y género), los dominios de uso de cada lengua y su contexto de adquisición no tuvieron un efecto en los resultados generales de este estudio, aunque el factor de identidad sociolingüística podría ser relevante en una muestra más equilibrada. No obstante, algunos de los análisis parciales mostraron un efecto de las variables sociolingüísticas.
Tomados en su conjunto, los resultados apuntan a una diferencia en el estatus social de cada una de las dos lenguas, posiblemente como consecuencia de la historia de ambas lenguas, así como de la política lingüística del español del pasado reciente. Este posible condicionante de las actitudes merece ser explorado en estudios futuros.
Anexo
Los datos y los detalles de la encuesta realizada están disponibles en el siguiente enlace: https://osf.io/8enj9/?view_only=e93dd1f8d86849f585c53745b13c77aa
Nota
1.Escala de valoración propuesta por Likert (1932) como método para ordenar el grado de acuerdo en las afirmaciones/preguntas realizadas en cuestionarios.
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Maite Heredia
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Marianela Fernández Trinidad
Universidad Complutense de Madrid
Miguel Jiménez-Bravo
Universidad Complutense de Madrid
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