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La educación es un derecho fundamental en torno al cual se ha constituido un mecanismo de movilización social que promueve el desarrollo integral de las personas. En este sentido, al formar parte de un sistema humano en movimiento, la educación en ciencias debe evolucionar en función de que los individuos puedan desarrollar competencias a favor de una integración armónica con la naturaleza, enriquecer sus ideas y percepción sobre las manifestaciones del entorno y su diversidad, reconocer problemas socioambientales y tecnológicos que le involucren directamente o no y participar, mediante acciones conscientes y críticas, en posibles soluciones, individuales y colectivas, para el presente y el futuro.
Este es un gran reto para los docentes, el sistema de educación escolar y la formación del profesorado, ya que implica cambios asertivos y acertados en aspectos didácticos de la educación, como. por ejemplo: los contenidos de enseñanza, las fuentes y criterios para su selección, los modelos de enseñanza y las finalidades del acto educativo. Estos aspectos, entre otros, son mediados por las ideas o creencias de los individuos (estudiantes y profesorado), la institucionalidad y la legislación.
Por otro lado, es necesario considerar la interacción que existe entre la situación descrita y la realidad acelerada que se vive en las grandes ciudades, las condiciones de movilidad, el manejo del espacio urbano, la emergencia del cambio climático, la urgencia de conocer y proteger la tierra, la conquista del espacio exterior y el espacio digital y virtual, asi como el uso potenciado de estos, tras al confinamiento que afrontaron nuestros estudiantes por la pandemia del COVID-19.
Se deben promover, por lo tanto, desde los diferentes ambientes escolares y como lo señalan García-Díaz (1998) y Porlán (2018), proyectos con visiones complejas del mundo, en los que se favorezca el aprovechamiento de la ciencia, la tecnología, la información y la cultura. También la identificación y configuración de saberes en torno a metaconceptos que, como el espacio, al ser estructurantes de diversos saberes, permiten abordar problemas socioambientales relevantes y construir conocimiento escolar de un modo más integral (García-Díaz, 1998; Porlán, 2018).
Desde hace algunas décadas, la didáctica de las ciencias ha asumido el reto de renovar los fundamentos de la teoría escolar, volcando sus intereses de investigación sobre el estudio de fenómenos escolares, cuyo entendimiento, comprensión y transformación se espera que contribuyan a la movilización y evolución de la escuela, en función del enriquecimiento de las ideas los estudiantes y del profesorado, y de que dichos intereses se hagan manifiestos en las prácticas de enseñanza y aprendizaje.
Para los grupos Investigación y Renovación Escolar (en adelante IRES), Didáctica e Investigación Escolar (en adelante DIE), en España, y la línea de investigación sobre el conocimiento profesional de los profesores y el conocimiento escolar, acerca de dicha didáctica e investigación escolar, al interior de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas (CPPCE DIE UD), en Colombia, ha sido importante analizar y comprender las ideas de los estudiantes, las creencias y concepciones de los profesores, el conocimiento escolar, el conocimiento profesional del profesor, las prácticas de aula, las propuestas pedagógicas de los textos escolares o del currículo y la normatividad, entre otros, y sus interrelaciones como sistemas complejos y susceptibles de cambio.
Por la naturaleza particular de los asuntos mencionados, se promovió, como consecuencia, el desarrollo de metodologías investigativas que permitan comprender estos fenómenos desde la diversidad de posibles variables.