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La situación de los chicos y chicas que viven en riesgo de exclusión social se complica cuando abandonan las instituciones socioeducativas de las que han formado parte durante su infancia y adolescencia. La mayoría no cuenta con el soporte emocional ni económico de sus progenitores, y se encuentra en una situación marcada por la soledad y la sensación de desamparo. Reconociendo esta realidad, la investigación cualitativa que se presenta en este artículo se ha orientado a diseñar una propuesta que permita reconstruir y afianzar la relación de estas y estos jóvenes atendiendo a tres dimensiones: la relación con uno mismo, la relación con los iguales, y la relación con los adultos. Se parte de la hipótesis que la puesta en práctica y activación de tres dinamismos pedagógicos –ayuda mutua, estrategias de autoconocimiento y procesos de acompañamiento por parte de un adulto– favorece en los jóvenes, la inclusión en la comunidad, la reconstrucción de la identidad y el diseño de proyectos vitales normalizados alejados de la marginación. Durante veinte meses se ha realizado un trabajo de campo en un grupo formado por nueve chicos y dos chicas de edades comprendidas entre los diecisiete y los veintiún años. Se han llevado a cabo cuarenta y tres sesiones y ocho tutorías individuales. El análisis de la información ha permitido poner de manifiesto el impacto formativo de la experiencia. Los resultados apuntan a progresos en la aparición de conductas cooperativas, la reconciliación con el pasado, la creación de proyectos de futuro alejados de la marginalidad, el interés por la formación académica y el desarrollo de la conciencia social.
