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La melancolía estuvo en el centro del arte de Beatriz Daza: moldeó e informó sus objetos. Este ensayo explora cómo, para ella, este componente emocional actuó como un detonante creativo y una postura en y ante el mundo, alejados de condicionamientos patológicos y masculinistas. La melancolía fue el lente a través del cual Daza (de)construyó su subjetividad como mujer y artista, y se conectó y negoció intermitentemente con los años sesenta: una década de crisis contracultural. ¿Sus estrategias para lograrlo? La cerámica como práctica, y el recuerdo, el bodegón, la ruina y el archivo, así como la ambigua pulsión vital-mortífera de los ciclos del tiempo que subyace a estas nociones.
