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A partir de las premisas del giro ontológico, este artículo interpreta el reconocimiento de la naturaleza como víctima y testigo del conflicto armado colombiano por parte de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición. Para cumplir este propósito, se realizó una lectura exhaustiva del informe Cuando los pájaros no cantaban, la cual se complementó con la lectura de otros tomos del Informe final de la Comisión de la Verdad y con la escucha y visión de su amplio material suplementario; también se revisaron las transcripciones de numerosos testimonios recogidos por esta institución y se consultaron varias sentencias y autos de otras entidades que reconocen a la naturaleza o al territorio como sujeto de derechos y como víctima. A partir de esta revisión, se encontró que la Comisión no tuvo una comprensión homogénea sobre la naturaleza, y que dentro de las múltiples interpretaciones que propone, la más interesante es la que permite pensar a la naturaleza como testigo del daño que le han infringido. Esta interpretación no es una invención de la Comisión, sino que parte de (i) el carácter relacional de las ontologías de las sociedades campesinas, indígenas y afrocolombianas que dieron testimonio, (ii) el carácter político de estas ontologías que hace necesario considerar que el daño y la reparación son objeto de disputa y negociación en mundos que son más que uno y menos que muchos, y (iii) que la naturaleza en sí misma da testimonio ya que la producción e interpretación de signos es una propiedad inmanente a la vida. Por último, se plantea que la Comisión realiza un desplazamiento del interrogante ¿puede hablar la naturaleza?, a la pregunta ¿podemos escucharla?