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María Teresa Anguera Argilaga, una mente excepcional cuya obra trascendió fronteras disciplinarias para fusionar el rigor científico con una profunda sensibilidad humana. Sin embargo, su aporte no se limitó a lo técnico: para ella, cada dato era un reflejo de la complejidad humana, un puente entre la teoría y la realidad cotidiana. Al frente del grupo GRID, combinó innovación tecnológica con un espíritu colaborativo, demostrando que el progreso científico nace de la diversidad de miradas. Que su obra nos inspire a investigar con la misma pasión con la que ella enseñaba, a liderar con generosidad y a recordar que, en un mundo hipertecnificado, el factor humano sigue siendo insustituible.
La comunidad académica despide a la Dra. María Teresa Anguera Argilaga, una mente excepcional cuya obra trascendió fronteras disciplinarias para fusionar el rigor científico con una profunda sensibilidad humana. Su partida nos deja un vacío, pero también un legado imborrable que seguirá iluminando a quienes creen en una ciencia al servicio de las personas.
La Dra. Anguera redefinió el estudio del comportamiento humano al integrar metodologías cualitativas y cuantitativas con una maestría sin precedentes. En una época en la que los enfoques mixtos eran incipientes, ella los convirtió en un sello de excelencia. Herramientas como el software HOISAN, diseñado bajo su liderazgo, permitieron analizar dinámicas sociales en entornos educativos y deportivos con una precisión que transformó la investigación empírica. Sin embargo, su aporte no se limitó a lo técnico: para ella, cada dato era un reflejo de la complejidad humana, un puente entre la teoría y la realidad cotidiana.
Su labor en el entorno de la Evaluación de Programas tuvo eco en políticas públicas y prácticas institucionales. Sus modelos de evaluación de programas enseñaron a medir no solo resultados, sino también procesos, asegurando que las intervenciones sociales fueran éticas y eficaces. Colaboró con equipos internacionales, pero siempre mantuvo un compromiso inquebrantable con el desarrollo de la ciencia sembrando semillas de conocimiento en universidades de España y Portugal.
Más allá de sus logros académicos, el verdadero tesoro de la Dra. Anguera fue su vocación por formar personas. En las aulas, convertía la metodología en un relato accesible, preguntando con frecuencia: "¿Está claro?". Su pedagogía no se basaba en la autoridad, sino en la paciencia y la escucha. Para sus estudiantes, era una guía que desafiaba a pensar críticamente, pero también una confidente que atendía inquietudes personales con empatía.
En el ámbito investigador, lideró equipos con una humildad ejemplar. Fomentaba la autonomía de jóvenes científicos, celebrando sus logros como propios. Al frente del grupo GRID, combinó innovación tecnológica con un espíritu colaborativo, demostrando que el progreso científico nace de la diversidad de miradas.
Los reconocimientos que recibió-cuatro doctorados honoris causa por la Universidad de La Laguna, Las Palmas, Pontifica de Salamanca y Lleida, membresías en academias de ciancias-nunca opacaron su esencia. Los vivió como logros compartidos, fruto del trabajo en equipo. "El conocimiento solo cobra vida cuando se transmite", solía decir, y esa convicción impregnaba cada conversación, cada artículo, cada clase.
Hernández-Mendo
Su humanidad brillaba en los detalles: una palabra de aliento ante el fracaso, una sonrisa sincera en momentos de tensión, o su defensa de enfoques inclusivos en la investigación. Para colegas y discípulos, era una figura cercana que recordaba que, tras cada gráfico o ecuación, hay historias humanas que merecen respeto.
Honrar a la Dra. Anguera implica asumir un desafío dual: avanzar en la precisión metodológica sin olvidar que la ciencia debe servir a la sociedad. Nos urge seguir su ejemplo: cuestionar paradigmas, tender puentes entre disciplinas y, sobre todo, cultivar la ética en cada paso del proceso investigador.
Que su obra nos inspire a investigar con la misma pasión con la que ella enseñaba, a liderar con generosidad y a recordar que, en un mundo hipertecnificado, el factor humano sigue siendo insustituible. Como ella demostró, la verdadera excelencia no se mide en publicaciones, sino en las vidas que tocamos.
Su luz sigue guiándonos. Sigamos construyendo sobre su cimiento.
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