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Resumen: El presente artículo tiene la finalidad de conocer las experiencias de violencia sexual vividas por las mujeres de distintas generaciones, así como conocer si reconocen estas situaciones como tales y, finalmente, analizar el significado que atribuyen al concepto de relación sexual. Para alcanzar estos objetivos se ha realizado entrevistas semiestructuradas a 21 mujeres residentes en la isla de Tenerife pertenecientes a tres generaciones distintas (7 entrevistas por cada generación), las nacidas entre 1965 y 1981 (Generación X), las nacidas entre 1982 y 1995 (Generación Millennials) y las nacidas a partir de 1996 (Generación 2). El análisis de los testimonios indican que todas las mujeres, independientemente de la generación, consideran que las relaciones sexuales implican placer mutuo, pero a pesar de ello todas han sufrido algún tipo de violencia sexual tanto dentro como fuera de la pareja. Además, salvo la generación Millennials, las dos generaciones restantes tienen dificultades para identificar estas prácticas como violencia sexual y por tanto percibirse como víctimas de violencia sexual. Entre las razones de esta normalización de la violencia sexual se encuentra la socialización sexista y una cultura de la violación impulsada por la pornificación de la sociedad y los medios de comunicación.
Palabras clave: violencia sexual; cultura de la violación; socialización sexista; medios de comunicación; pornificación de la sociedad.
Abstract: The purpose of this article is to explore the experiences of sexual violence endured by women from different generations, to determinate whether they recognize these situations as such, and, finally, to analyze the meaning they attribute to the concepto of sexual relations.To achieve these objectives, semi-structured interviews were conducted with 21 women residing on the island of Tenerife, belonging to three different generations (7 interviews for each generation): those born between 1965 and 1981 (Generation X), those born between 1982 and 1995 (Millennial Generation), and those born after 1996 (Generation Z). The analysis of the testimonies indicates that all women, regardless of their generation, believe that sexual intercourse involves mutual pleasure; however, all of them have suffered some form of sexual violence, both within and outside of relationships. Additionally, except for the Millennial Generation, the other two generations have difficulties in identifying these practices as sexual violence and therefore do not perceive themselves as victims of sexual violence. Among the reasons for this normalization of sexual violence are sexist socialization and a rape culture driven by pornification of society and the mass media.
Keywords: sexual violence, rape culture, sexist socialization, mass media, pornification os society
1. INTRODUCCIÓN
La sexualidad femenina en todas sus acepciones ha supuesto el centro de la identidad (De Miguel, 2015) entendiéndose como un lugar de realización e incluso de salvación para la humanidad (Puleo, 1992). A partir de la llamada revolución sexual de los años 60-70 "la exaltación a la libertad sexual se instalará con fuerza y éxito en Occidente" (Cobo, 2020,p.14) y daría paso a una época de abundancia sexual que perdura hasta la actualidad.
Esta libertad sexual ha sido reclamada por muchas mujeres sin considerar que se estructura bajo una asimetría de poder (Favaro y De Miguel, 2016). Mientras que para los varones la sexualidad se entiende como el privilegio de acceder ilimitadamente al cuerpo de las mujeres, cuando lo desean (Cobo, 2024) para las mujeres la sexualidad implica estar disponibles sexualmente para el conjunto de los varones (Cobo, 2020).
Por tanto, el deseo femenino aparece como irrelevante y subordinado al placer masculino (Menéndez, 2020), el cual se obtiene ocupando una posición activa frente a la subordinación de las mujeres (Alario, 2018). Desde esta perspectiva, lo importante es cosificar a las mujeres (Fredrickson y Roberts, 1997) y convertirlas en servidoras sexuales con un amplio desempeño sexual (Cobo, 2020). De esta manera se "reivindica a las mujeres objeto sexual" (Favaro y De Miguel, 2016, p.5) pues "se objetiviza a las mujeres y sus cuerpos como si fueran cosas, se las desprovee de agencia, negando su diferenciación y rol de sujetos y actores politicos" (González y Torrado, 2019, p.2).
Frente a esta propuesta androcéntrica, el feminismo radical, como corriente crítica, plantea una sexualidad igualitaria basada en el placer mutuo, al entender que el placer no es una prerrogativa exclusiva de los varones (Cobo, 2020). A pesar de estos análisis teóricos procedentes del feminismo radical, donde se evidencia la utilización de las mujeres como objetos sexuales complacientes, se sigue naturalizando y legitimando una supuesta inferioridad sexual femenina y unas relaciones sexuales basadas en el dominio de los hombres sobre las mujeres, independientemente de la clase o raza a la que pertenezcan (Millet, 2017).
Este dominio sobre las mujeres se ejemplifica con el ejercicio de la violencia hacia ellas (De Miguel, 2023). De hecho, el modelo de sexualidad predominante se caracteriza por la estrecha relación entre sexualidad y violencia (De Miguel, 2023). Esta violencia sexual debe entenderse dentro del marco de la violencia machista dado que "ambas comparten su principal causa, que no es otra que el sistema patriarcal, que sigue colocando a las mujeres como cuerpos-objeto al servicio del placer masculino" (Ruiz, 2022, p.141). Cuando se hace referencia a que la violencia sexual tiene un marcado carácter patriarcal, se debe entender que cumple una función de control social (Brownmiller, 1975) ya que es el mecanismo que emplean los hombres para garantizar la opresión y sumisión activa del sexo femenino (De Blas, Atencio, Daza y Pedernera, 2023). Se trata de una categoría política que busca alcanzar el poder mediante la opresión de las mujeres (Millet, 2017), constituyendo un problema de índole estructural (Jaramillo y Carnaval, 2020).
La violencia sexual es un continuo en la vida de las mujeres (Ruiz, 2022) desde sus primeras relaciones sexuales y perdura a lo largo de toda la vida. Tal es así que la Encuesta Europea de Violencia de Género (2022) indica que el 17,9% de mujeres en España entre 16 y 74 años han sufrido violencia sexual en algún momento de su vida tanto por hombres conocidos como desconocidos.
Respecto a la primera relación sexual con otra persona, para "una proporción sustancial de mujeres jóvenes ha sido forzada" (Atencio, De Blas, Daza, Novo y Pedernera, 2021, p.26). Además, hay mujeres cuyo primer contacto sexual fue a través de agresiones sexuales infantiles por parte de hombres conocidos. Según indica, la Encuesta Europea de Violencia de Género (2022) el 6,8% de mujeres residentes en España de entre 16 y 74 años sufrieron algún tipo de violencia sexual durante su infancia. Y el Informe sobre Delitos contra la Libertad Sexual en España (2023) expone que los menores de edad, junto al grupo de 18 a 30 años, representan las tres cuartas partes del total de victimas de delitos sexuales conocidos en territorio español.
En relación a la violencia sexual que han sufrido durante el resto de su vida, en esta misma Encuesta Europea de Violencia de Género (2022) se estima que el 6,7% han sufrido agresiones sexuales por su pareja del momento. En ese sentido, el 4,3% de las mujeres se han visto obligadas a mantener relaciones sexuales con sus parejas por temor a las consecuencias si se negaban y un 3,3% han sido obligadas a tener relaciones sexuales tras amenazas o algún otro tipo de daño. Así mismo, el 49% de mujeres afirman haber sufrido violencia sexual por parte de un hombre conocido diferente a su pareja. En relación con el vínculo, el 6,3% de las mujeres han sufrido violencia por parte del padre, el 13,6% a un amigo, el 8,9% a un vecino y el 5,5% a un compañero del trabajo (Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género, 2019). A pesar de que los datos indican que el riesgo de sufrir violencia sexual es mayor ante un familiar, un amigo o la propia pareja trabajo (Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género, 2019) hay una creencia extendida del riesgo a sufrir violencia sexual por parte de extraños, es lo que Segato (2003) denomina violación cruenta, la "cometida en el anonimato de las calles, por personas desconocidas, anónimas, y en la cual la persuasión cumple un papel menor; el acto se realiza por medio de la fuerza o la amenaza del uso de la fuerza (p.21). Sin embargo, este tipo de violencia "es solo una forma de violencia sexual hacia las mujeres, la que más identificamos, que no siempre es la que más ocurre" (Ruiz, 2022,p.145).
Ante esta realidad del siglo XXI y coincidiendo con la llamada cuarta ola feminista, se ha producido una conceptualización mas profunda de la violencia sexual (Cobo, 2024), ampliando el marco conceptual sobre los distintos tipos de violencia sexual, todas ellas con un comnún denominador, los mecanismos de control patriarcales que buscan la subordinación de las mujeres (De Blas et al.,2023). No obstante, esta violencia sexual está invisibilizada debido a la existencia de una estructura que normaliza, justifica e incluso la erotiza (De Miguel, 2023; Tardón, 2022; Hernández, 2020) la llamada"cultura de la violación" y que tiene estrecha relación con hombres y mujeres (Márquez y Jaenes, 2021). La cultura de la violación supone que los hombres asemejen la violencia sexual con prácticas sexualmente exitantes o dicho de otro modo, eroticen la violencia (Mackinon, 1995) y que las mujeres se conviertan en víctimas que no identifican la violencia que sufren (Ruiz, 2022). En consecuencia, las mujeres naturalizan prácticas de extrema violencia sexual al entender que "mientras el dolor propio genere placer en el hombre se debe aprender a disfrutar del dolor" (Gómez, Kuric y Sanmartín, 2023, pp.18-19).
Por lo tanto, sabiendo que la violencia sexual es un problema estructural que afecta al conjunto de mujeres tanto en el espacio público como privado; que adquiere multiplicidad de formas; que se sufre a lo largo de toda la vida y en muchas ocasiones se invisibiliza; y que sc ha visto reforzada por la existencia de una doble moral sexual impulsada por la revolución sexual, en este estudio se planteó por un lado, conocer las experiencias de violencia sexual que han sufrido las mujeres de distintas generaciones; conocer si reconocen estas situaciones como tales; analizar el significado que atribuyen al concepto de relación sexual. Alcanzando los objetivos anteriores, se puede realizar un análisis comparativo entre las generaciones respecto a estas experiencias y significados.
2. MATERIAL Y MÉTODOS
Para cumplir con los objetivos planteados se realizaron entrevistas semiestructuradas a una muestra, no probabilística, de 21 mujeres residentes en la isla de Tenerife entre mayo y junio de 2022. La selección de mujeres se hizo conforme a dos criterios: el que fueran residentes de la isla de Tenerife y la edad, convirtiéndose esta ultima en la variable principal del estudio. Las edades se agruparon en generaciones.
Si bien el concepto de generación ha sido ampliamente abordado en el ámbito de la sociología, no existe un consenso respecto a la duración de cada generación ni sobre los comportamientos que se atribuyen a cada grupo (Criado, 2009). Debido a esta falta de uniformidad, para la configuración de las tres generaciones contempladas en esta investigación, se ha recurrido a la teoría propuesta por Jiménez (2017), Muruaga (2011) y Gonzalez y Torrado (2019). Por un lado, la elección conceptual de Jiménez (2017) se justifica por su enfoque en la delimitación de las generaciones a partir de acontecimientos ocurridos en España. Por otro lado, la elección de la teoría de Muruaga (2011) y González y Torrado (2019) radica en que la primera establece los modelos de socialización sexual y los mandatos sexuales que han recibido las mujeres españolas de distintas generaciones y las segundas, centran su discurso en la función que tiene las TIC en la "reconceptualización de las marcas de género sobre las mujeres" (p.2). La integración de estas tres teorías ha permitido elaborar una clasificación general, que articula el contexto español y la dimensión de sexualidad, resultando tres generaciones:
Generación X (nacidas entre 1965 y 1981)
Durante su infancia vivieron la muerte del dictador Francisco Franco y la llegada de la democracia. Las mujeres empiezan a entender que tienen derecho al placer propio, aunque siguen concibiendo la dicotomía dominiación vs sumisión. Se rompe la relación sexualidad y reproducción debido a la aparición de los métodos anticonceptivos.
Generación Millennial ( nacidas entre 1982 y 1995)
Las mujeres han crecido en un contexto de prosperidad y estabilidad laboral. Así mismo, se han socializado en entender por un lado, el coito como centro de la sexualidad y por otro lado, la libertad sexual como la mercantilización de sus cuerpos. En lugar de cuestionar el modelo de dominación y sumisión, se produce una transformación de los roles asignados.
Generación Z ( nacidas a partir de 1996)
Es una generación que tiene la necesidad de estar en conexión constante a través de plataformas digitales usadas como herramientas para perpetuar tanto comportamientos sexistas como la cosificación e hipersexualización femenina. A la par, se potencia entre las mujeres un modelo afectivo-sexual caracterizado por la búsqueda de relaciones igualitarias, la valoración del propio cuerpo y una sexualidad no-coital. En esta generación, solo se ha considerado a las mujeres que durante la entrevista eran mayores de 18 años.
De las 21 entrevistas, se realizaron 7 por cada generación. Este número de entrevistas coincide con la saturación del discurso ya que la realización de un mayor número supondría información reiterativa en cada generación. La selección de estas 21 mujeres se hizo a través de la técnica de la bola de nieve. Específicamente, fue posible entrevistarlas gracias a una red de contactos informales, quienes facilitaron el vínculo entre la persona investigadora y las participantes.
En cuanto al procedimiento para acordar la realización de la entrevista, se estableció un primer contacto con cada participante, en el cual se les explicó el objetivo de la entrevista. Se les informó que el tema central estaría relacionado con las experiencias sexuales vividas así como con situaciones sexualmente violentas que hayan podido sufrir a lo largo de su vida,. Con esta información, cada mujer decidía libremente si deseaba participar. En caso de aceptar, se acordaba el día y la hora del encuentro. Antes de la realización de la entrevista, previamente se reiteraba el tema a tratar y se procedía a la obtención del consentimiento informado.
Respecto a la verificación de la edad de cada una de las participantes, en ese primer contacto, se les preguntaba su año de nacimiento. Para reconfirmar este dato, durante la entrevista se prestó atención a los detalles de su discurso, buscando vincular sus testimonios con las características generacionales previamente descritas en este apartado.
Las entrevistas tuvieron una duración no superior a la media hora, realizándose en formato presencial u online. Ambos formatos fueron grabados previo consentimiento informado a las mujeres garantizándoles el anonimato a través de la siguiente codificación: Generación nacida entre 1965 y 1981, (X) Generación nacida entre 1982 y 1995 (M) y Generación nacida a partir de 1996 (7), incorporando un número del 1 al 7 a cada mujer.
Los testimonios proporcionados por cada una de las mujeres fueron transcritos de manera literal. Para el análisis de estas entrevistas, se empleó un procesador de textos, llevando a cabo el procedimiento de forma manual y sin el uso de software específico. No obstante, se respetaron rigurosamente los protocolos establecidos para el análisis y la codificación de textos, con el propósito de identificar posibles similitudes y diferencias entre generaciones.
A continuación, se puede observar la Tabla 1 donde se indica las dimensiones de análisis con sus respectivas categorías que se han empleado para la codificación:
3. RESULTADOS
3.1. Definición de la relación sexual
En relación a la definición de relación sexual, las tres generaciones de mujeres coinciden en entender que las relaciones sexuales van más alla de la penetración, afirmando que prácticas como los besos, el sexo oral o los tocamientos consentidos deben entenderse como relaciones sexuales con otra persona. No obstante, las tres generaciones de mujeres afirman que este pensamiento lo han adquirido con el paso del tiempo:
"¡Es verdad, es verdad! que al principio es como... si no hay penetración, ¡no hay sexo! pero es verdad que al cabo de los años y con la experiencia que vas adquiriendo te das cuenta que puedes disfrutar igualmente con penetración que sin penetración" (X-3)
La ausencia de educación sexual las llevó a acudir a la pornografía como fuente de información, la cual transmitía el mensaje del coito como la única forma válida para mantener una relación sexual con otra persona:
"Bueno a lo largo de mi vida si es verdad que nunca he recibido... una educación sexual como tal ... más lo que te vas informando a través de Internet o ¡la mala información! que recibimos de Internet de... páginas porno... " (M-3)
Para reafirmar el rechazo al coitocentrismo, las mujeres nacidas entre 1982 y 1995 (M) y las nacidas a partir del 96 (Z) colocan en el centro de su discurso el placer y el deseo compartido entre mujeres, entendiendo que este no implica necesariamente penetración, y que debe entenderse como una forma válida de relación sexual:
"¡En absoluto!, ¡en absoluto! ¿Entonces las relaciones sexuales entre dos mujeres no sería sexo? Eso no tiene nada que ver. Eso estan falocéntrico, total! osea ¡en absoluto!" (M-5)
Durante estas relaciones sexuales con otra persona las mujeres nacidas a partir del 96 (Z) indican que obtienen el placer a través de la automasturbacion o mediante la masturbacion que le realice su pareja durante el acto:
"Yo he tenido experiencias sexuales de no penetrar que puedo decir que he disfrutado más que las de penetrar. Entonces, ¡puff! hay muchísimas cosas y muchísimas posibilidades" (7-6)
Las nacidas entre 1982 y 1995 (M) coincidieron en afirmar que para alcanzar ese placer es fundamental tener conexión y comunicación con la persona:
"Yo creo que es un momento de intimidad en el que ambos buscamos. ..¡pues eso! acercarnos el uno al otro у... tener placer sexual ¿no? Acercarnos con nuestros cuerpos y comunicamos de otra forma distinta" (M-5)
Y para la generación nacida entre 1965 y 1981 (X) el placer se consigue disfrutando del proceso de la relación sexual y no tanto de la posibilidad de llegar al orgasmo:
"Porque a veces se disfruta, aunque no llegue al orgasmo. Aunque siempre uno piense que el mayor placer es llegar al orgasmo ¡claro que sí! pero no siempre el fin sea que si llega al orgasmo he disfrutado y si no he llegado no." (X-4)
3.2. Definición de violencia sexual
En una primera fase, se preguntó a las mujeres de todas las generaciones si habian sufrido algun tipo de violencia sexual, sin específicarles que se entendía por violencia sexual. La respuesta según cada generación fue diferente.
Las mujeres nacidas entre entre 1965 y 1981 (X) niegan haber sufrido algún tipo de violencia sexual a lo largo de su vida, afirman haber tenido alguna experiencia no deseada pero no lo califican como violencia sexual:
"¡No, no! (a parte de ese tocamiento por su familiar) cuando a lo mejor analmente me lo llegaron a hacer un par de años, yo llegué a pensar que era algo como ¡ufff! ¡no se como me supera!, ¡pero no!" (X-2)
"¡No!, ¿yo violencia sexual hacia mi? Bueno una vez que me tocaron el culo en el autobús pero, exceptuando que me tocaran... pero hablo de que tendría... ¿quince años? Exceptuando eso, ¡no! violencia sexual..." (X-7)
Por el contrario, las nacidas entre 1982 y 1995 (M) reconocen desde este primer momento que han sufrido violencia sexual de manera rotunda y centran su discurso en relacionar la violencia sexual con las agresiones sexuales dentro de la pareja y el acoso callejero:
"¡Es que para mi eso es violencia sexual! El hecho de que yo lo esté haciendo y tú sepas que yo no tengo ganas y... aún así digas ¡pues venga! ya cedió después de estar media hora insistiendo, ¡para mí! eso es violencia sexual" (M-5)
"Me pasó una vez que estábamos saliendo de la discoteca de la graduación de mi amiga. Estábamos en una cola, mis amigas estaban hablando con esos chicos y de repente me giro y me mordieron un pecho ... ¡por la cara! ¡no supe como reaccionar!" (М-2)
En relacion a la generacion Z se identifican dos discursos predominantes. El primero consiste en la negación de haber sufrido algún tipo de violencia sexual, mientras que el segundo está formado por mujeres que no saben si la han sufrido o no. Este segundo grupo incluye a aquellas mujeres que no tienen claro que las presiones por sus parejas puedan ser violencia sexual o porque aunque son situaciones violentas, no las califican como tales, ya que según ellas no fueron lo suficientemente traumáticas:
"No te podría decir pues exactamente pero puede que una sea que a lo mejor una vez le dije a una persona que parase porque me estaba haciendo daño, ¡me dolía! y ¡no paró!" (Z-1)
"¡A modo heavy no! pero si por ejemplo el tema que estás, ¡yo que sé! en una fiesta y te tocan el culo. En plan no he tenido experiencias fuertes, ni experiencias que me hayan podido traumatizar" (Z-6)
Una vez contestada la pregunta sobre si habian experimentado violencia sexual en algún momento de su vida, se volvió a reformular la pregunta pero definiendo, previamente, el concepto de violencia sexual según la clasificación realizada por De Blas et al. (2023). A partir de ese momento, se produjo un cambio discursivo entre las mujeres que negaron haber sufrido violencia sexual y quienes tenían dudas. A continuación, un ejemplo de este cambio:
Primer discurso de M-6: "A ver lo que se entiende por violación ¡no!"
Segundo discurso de M-6: " O sea había un momento que... estaba bastante mal, estaba con una depresión y él me decía que.... acostarse conmigo era acostarse con un palo, acostarse con un palo porque yo no hacía nada, yo simplemente me quedaba allí hasta que él terminaba porque ¡yo no quería!"
3.3. Violencia sexual dentro de la pareja
La mayoría de mujeres, independientemente de la generación, afirmaron no haber sufrido coerción por su pareja del momento para mantener su primera relación sexual con penetración. Si bien no fue una relación sexual forzada, las mujeres nacidas entre 1982 y 1995 (M) y las que nacieron a partir del 96 (Z) afirman que mantuvieron esa primera relación sexual porque se sentían excluidas de su grupo de iguales al ser las únicas que hasta ese momento no habían mantenido sexo con penetración:
"Existía presión social un poco a esas edades adolescentes de tu alrededor ¿no?, ¿quién lo ha hecho?, ¿quién no? (...) supongo que es lo que ocurre a esas edades " (7-3)
"En el momento yo creía que era porque realmente lo quería. A día de hoy pensándolo creo que era por esa presión de tengo 17, voy a cumplir 18 ch... En pla ¡chos! vas a cumplir 18 años y tú todavía virgen, era como juau!" (M-7)
Tal es el nivel de presión social entre la generación nacida entre 1982 y 1995
(M), que mantuvieron esa primera relación sexual con una persona desconocida porque lo entendían como un proceso que tenían que superar lo antes posible:
"Prácticamente quedamos para tener sexo (...) Estoy viendo que todas mis amigas están teniendo sus primeras veces, ¡yo también quiero tenerla! Vas con esa idea de cómo me lo quito de arriba y ¡ya está!, ¡ya perdí la virginidad!" (M-3)
Son las mujeres de la generación longeva (X) las que no asumen este discurso de presión. Indican que tuvieron su primera relación sexual porque estaban casadas y tenían sentimientos hacia su pareja:
"Bueno yo cuando tuve la primera relación sexual con otra persona. ¡Fíjate tú! que yo me casé con 23 años y no había tenido una relación. Antiguamente, jagiiita! Si eso se hubiese hecho en esa época eso era como un delito. Entonces hasta que no me casé no tuve mi primera relación sexual con mi marido" (X-1)
"Pero, básicamente tiene que ser para mí una relación sexual es un intercambio de energía entre dos personas basada en el respeto y no necesariamente en el amor en el sentido tradicional del término" (X-6)
Si bien las mujeres de las generaciones X y M afirman no haber sufrido agresión sexual por parte de sus parejas en ese primer contacto sexual, no sucede lo mismo con el resto de su vida sexual. Estas dos generaciones reconocen que después de ese primer contacto han mantenido relaciones sexuales tras ser presionadas por sus parejas bien mediante chantaje emocional y/o continuas insistencias. En algunos casos, incluso, tras emplear su pareja la fuerza:
"Muchas veces eran bajo presión o forzadas o sintiendo una especie de deber tengo que hacer esto" (M-1)
"Pero... pero que es algo que muchas mujeres asumen como normal о sea... mi cuerpo está a disposición de..." (X-6)
La mayoría de mujeres de la generación nacida a partir del 96 (7) niegan haber sufrido presiones por sus parejas para mantener relaciones sexuales durante su vida sexual. No obstante, en ocasiones reconocen haberse autopresionado para mantener esas relaciones sexuales:
"No soy una persona que cuando va a hacerlo necesita que... no te lo estén repitiendo todo el día (...); Yo lo tengo claro! era porque quería básicamente que la otra persona estuviera feliz" (Z-1)
"Ya estás en el sitio y tu misma te obliga porque ¡ya que estamos aquí! , ¿sabes? (...) creo que es la presión que te impones a ti misma (...) por luego no decir que no (...) ahora es mucho más fácil mantener relaciones con mi pareja porque vivimos juntos, antes no, antes ... al principio estábamos solos en alguna casa y ¡era ese momento о nunca! entonces era mucho más complicado" (7-2)
3.3. Violencia sexual fuera de la pareja
Antes de mantener relaciones sexuales con sus parejas del momento, hay mujeres que han sido víctimas de violencia sexual durante la infancia por parte de hombres de su familia. Inicialmente, sienten verguenza al hablar sobre esta situación, pero a lo largo de la entrevista logran verbalizar y compartir la experiencia:
"Me pasó una cosa ¡hace muchos años! y a lo mejor... 11-12 ch... ¡bueno! esto lo sabe muy poca gente de... de mi entorno (...) Mi abuelo me pidió que si podía tocarme las tetas y me metió la mano por debajo de la camiseta y me tocó los pechos" (7-4)
Las victimas de agresion sexual infantil no consideran que esta situacion haya sido su primera experiencia sexual. Al relatar su testimonio sobre su primer contacto sexual con otra persona, se refieren a la relacion sexual que consintieron:
"El miedo a que yo no pudiera tener relaciones estables que fueran placenteras y tal vez, la primera, la primera vez no sería tan placentera porque a lo mejor era miedo o algo tal... ¡o yo que se! pero por parte de la otra persona fue todo bien (...) ¡esa vez! había sentimientos por parte de la otra persona " (X-4)
La violencia sexual que han sufrido las mujeres no se limita a la sufrida en sus hogares por sus parejas o por algún familiar durante su infancia, sino que también la han experimentado en el espacio público. Especialmente hacen referencia a la sufrida en lugares de ocio, el entorno laboral/educativo o la vía pública. En todos estos espacios han sufrido continuas insinuaciones sexuales sobre su físico o sobre el deseo de los hombres de mantener relaciones sexuales con ellas:
"¡SÍ en el instituto me pasó eh... (...) cuando de repente me empieza a hablar pa ¡insinuándose para tener relaciones! y yo cuando eso ¡ni asunto ponía a eso! (...) ¡me quedé flipando!, ¡no le contesté!" (7-7)
"¡Yote garraba y te hacía esto! Así directamente ¡que buena estás! (...) ¡chacho! y eso cansa desde el punto mental porque te deteriora un poquito, ¡quema quema!" (X-4)
Todas las generaciones han sufrido acoso callejero, una violencia sexual que empezaron a experimentar desde su niñez, según ellas a medida que se desarrollaban fisicamente. No obstante, las mujeres nacidas entre 1965 y 1981 (X) afirman que este tipo de violencia no la sufren en la actualidad debido a su edad, al entender que los hombres no las perciben con atractivo sexual:
"¡Sí!, las mujeres para los hombres a partir de... ¡no te podria decir qué edad! a lo mejor a partir de los cincuenta y pico ya somos ¡mayores!, somos invisibles, ¡afortunadamente!" (X-5)
Los testimonios sobre el acoso callejero de la generación longeva se centra en haber sufrido comentarios sexuales. En relación a ellos, hacen una diferenciación entre los comentarios que sí consideran como violencia sexual y el "piropo". La distinción la establecen en función de si el comentario está relacionado con su físico y se lo dice un hombre conocido, percibiéndolo como piropo, o es un comentario relacionado con el acto sexual dicho por un hombre desconocido, considerándolo como violencia sexual:
"¡A ver! con el tema del piropo yo tengo... ¡hay un conflicto! A mi un piropo me encanta, pero una ordinariez, ¡no! Osea a mí que me digan ¡ha salido el sol porque has llegado me parece una cosa agradable, que me digan, ¡ven aquí que te voy a echar un casquete de lo buenorra que estás, pues me parece que sobra" (X-7)
Las mujeres nacidas entre 1982 y 1995 (М) y las nacidas a partir de 1996 (7) especifican que dentro del acoso callejero, han sufrido especialmente persecución y pitazos por hombres desconocidos cuando han ido solas por la vía pública:
"Lo de la persecución es algo que me ha pasado muchísimas veces tristemente, de yo estar de camino al trabajo, a mi casa y de hombres persiguiéndome, incluso cuando era más niña, o sea ¡fatal! La primera vez que me persiguieron a casa tenía 12 años (M-1)
"¡SÍ me ha pasado! (...) me pasó hoy de hecho. Estaba yo en la autopista al salir del trabajo, estaba esperando la guagua y los camionero pi, pi. Es que eso me pasa muy frecuentemente" (7-2)
Así mismo, dentro de las experiencias de acoso callejero las mujeres de las tres generaciones afirman que han estado en situaciones donde hombres desconocidos se han masturbado delante de ellas. Sobre todo se centran en situaciones vividas durante la infancia cerca de su centro escolar o en el transporte público, especialmente durante la mayoría de edad:
"Cuando estaba estudiando la puerta del instituto estaba delante de un paso de peatones y entrabamos a las ocho de la mañana. Durante un tiempo se aparcaba un señor, ¡ahí en el coche! cogía una caja de clinex y se hacía una paja delante del colegio" (X-7)
"¡Sí! tuve una experiencia muy fea en una guagua pública de un chico que se sentó al lado mío y empezó ahí a tocarse heavy" (M-1)
En cuanto a la percepción que las mujeres tienen sobre el acoso sexual, señalan que lo sufren en espacios públicos por parte de hombres desconocidos cuando se dan cierta situaciones o una combinación de ellas. En particular, cuando han estado solteras y mostraron amabilidad, lo que los hombres lo interpretaron como una insinuación, o cuando han estado en espacios de ocio nocturno acompañadas únicamente de otras mujeres:
"Yo hasta aquí no lo he notado!, porque he estado casada y ahora que estoy separada, ¡que llevo poco!, ¡sí! he notado que... como si yo fuese el titi de ellos, ¿no? como si yo fuese el mono de feria como que ¡uf!, ¡está separada! tal vez le puedo a lo mejor echar el trasto (...) el pesadito de turno" (X-2)
"iSi,si! osea hay ocasiones que porque hables con ellos o te muestres un poco agradable... ¡puf! se piensan que te quieres acostar con ellos, ¡es un poco frustrante!" (М-2)
"El donde pasado tuve una despedida de soltera у flipé (...) en plan estábamos rodeadas, ¡era todo chicos! y yo decía, pero ¡que coño es esto!, ¿sabes? El que seamos todas chicas... ¿implica que queramos que todos los chicos de la fiesta se acerquen a nosotras? ¡no!" (Z-6)
Dentro del acoso sexual, las mujeres mas jóvenes (Z) son las únicas que afirman haberlo sufrido por hombres que son amigos o parte de la familia:
"También un amigo de mi padre hizo un comentario a mi padre, yo con trece-catorce años y decirle que ¡chos!, ¡cómo le han crecido las tetas a tu hija! Mi padre pues le metió un corte que casi le da un puñetazo en la cara al chaval" (7-4)
"Si en el instituto me pasó ch... (...) cuando de repente me empieza a hablar pa ¡insinuándose para tener relaciones! y yo cuando eso ¡ni asunto ponía a eso! (...) ¡me quedé flipando!, ¡no le contesté!" (7-7)
En relación al acoso por razón de sexo las mujeres de todas las generaciones indican que lo han sufrido por compañeros de trabajo o de estudios. De las tres generaciones, las nacidas entre 1982 y 1995 (M) son las que tienen más dudas sobre si esta experiencia sufrida se debía a su sexo o a otra condición:
"Pues yo no se si es por ser mujer, pero mi jefe me trataba regulero (...) me machacaba muchísimo, pero yo no se si es por razón de sexo o por otra cosa" (M-2)
Por último, en relación a la violencia sexual que hayan podido sufrir online, las mujeres de las tres generaciones se centran en testimonios sobre la recepción de nudes de hombres tanto conocidos como desconocidos sin ellas solicitarlo:
"¡Sí!, me ha pasado en alguna que otra ocasión, mandarte una foto de la polla directamente y decir ¿a ver yo te he pedido algo?" (X-6)
Especialmente, las mujeres nacidas a partir de 1996 (7) consideran que pueden evitar la recepción de fotos sexuales no deseadas por parte de hombres desconocidos si evitan enviar fotos sexuales de sí mismas. Un discurso que se contradice con la práctica de enviar fotos sexuales a hombres con quienes tienen confianza:
"Yo nunca mando nudes (...) pues porque se que hay mucho tío cabrón que al final manda esa foto (...) ¿pa'que quieres una foto mia desnuda si al final vamos a follar?" (2-5)
"Osea he enviado fotos mias en las que no se vea mi cara, un par de veces contadas y a un par de personas muy específicas en las que tengo plena confianza y se que de ahí ino van a salir! y la verdad que nunca pasó nada con esas fotos" (Z-4)
Así mismo, todas las mujeres de las tres generaciones han sufrido presiones e insistencia para enviar fotos íntimas. Y lo han sufrido tanto por hombres que estaban empezando a conocer como por hombres que conectan por redes sociales sin ninguna comunicación previa:
"Con los hombres que he estado insisten completamente, ¡todo el tiempo! en que les mandes... osea... de que empiezas una conversación de tipo sexual (...) siempre te piden que les mandes contenido: fotografías, vídeos ¡lo que sea!, quieren tener siempre ¡algo en el móvil!" ( M-5)
"Tios que te hablan y ... te dice ¿hola guapa cómo estás, quieres sexo? ¡pero gente random! ¡sin ninguna comunicación! y es como ¿ pero a ver esto qué es? ¿qué pasa en el mundo?" (Z-1)
4. DISCUSIÓN
El análisis de los testimonios obtenidos sugieren que las mujeres nacidas entre 1965 y 1981 (generación X) y las nacidas a partir de 1996 (generación Z) pueden experimentar cierta contradicción en los relatos sobre las experiencias de violencia sexual que han sufrido a lo largo de su vida. En un primer momento, muchas de ellas niegan haber vivido situaciones de violencia sexual en algún momento de su vida (Ruiz, 2022). Sin embargo, al presentarles la tipología de violencia sexual elaborado por De Blas et al. (2023), la cual parte de la premisa de que estas formas de violencia sexual buscan garantizar la opresión y sumisión de las mujeres (Millet, 2017), reconsideran sus experiencias y reconcoen haber sufrido situaciones que pueden enmarcarse dentro de esta tipología.
En el caso de las mujeres nacidas entre 1982 y 1995 (generación M) se observa que tienden a manifestar desde el principio el haber sido víctimas de algún tipo de violencia sexual. En sus testimonios, mencionan con frecuencia el haber experimentado acoso sexual callejero y situaciones donde sus parejas las presionaron para manter relaciones sexuales que, en ese momento, no deseaban. Esta identificación puede estar relacionada con el estar conviviendo y presenciando el auge de la cuarta ola feminista en España, la cual ha puesto especial énfasis en visibilizar y reconocer diversas formas de violencia sexual en múltiples contextos y espacios, incluyendo aquellas dinámicas masculinas basadas en presionar sexualmente a las parejas (Cobo, 2024). Por el contrario, algunas narrativas interiorizadas por las mujeres de la generación X y la generación Z refuerzan la disponibilidad sexual como mandato de género, lo que puede llegar a explicar que no identifiquen ciertas experiencias de violencia sexual que hayan podido sufrir.
Estos mandatos de género tienden a interiorizarse debido a una socialización sexista que asigna a las mujeres el rol de agradar y cuidar (De Miguel,2023). Muchas mujeres son educadas "alrededor del sí, del no poder, de la pasividad, de la aceptación del poder masculino" (Cobo, 2024,p327). Esta forma de socialización característica del patriarcado (Millet, 2017) puede influir en que algunas mujeres no cuestionen ciertas prácticas ejercidas por los hombres, entre ellas las sexualmente violentas. En una sociedad donde se enseña a las mujeres a interiorizar el estar disponibles sexualmente es dificil que puedan llegar a reconocer estas experiencias como formas de violencia sexual (Brownmillet, 1975; Cobo, 2020;Millet, 2017). Esta socialización posibilita la reproducción de la cultura de la violación, una estructura que normaliza y erotiza tanto la violencia sexual (De Miguel, 2023; Hernández, 2020; Tardón, 2022) como la cosificación е hipersexualización femenina (Alario, 2018; Cobo, 2020).
Esta cultura de la violación es interiorizada desde la infancia (Observatorio de Imagen de las Mujeres, 2020) y puede ser impulsada por múltiples agentes de socialización, entre los que se incluye la pornografía y los medios de comunicación.
Ante la falta de educación afectivo sexual, según indica Torrado, Díaz y Cabrera (2024), la pornografía está teniendo un papel relevante en la construcción del "habitus sexual" de ambos sexos (Ballester y Orte, 2019). Esta pornografía tiende a representar escenas basadas en la erotizacion del dolor físico, el sufrimiento y la humillación de las mujeres así como su sumisión ante cualquier tipo de deseo masculino (Alario, 2018). Estos códigos pornográficos pueden llegar a ser interiorizados por las mujeres, provocando que no lleguen a identificar prácticas sexualmente violentas, dado que han sido socializadas en un contexto donde la violencia y la dominiación masculina son entendidas como elementos normales en una relación sexual (Cobo, 2020). El problema puede intensificarse debido a que los valores pornográficos han permeado la sociedad, produciéndose una pornificación de los productos culturales de masas (Delicado y Ortiz, 2024).
Así mismo, los medios de comunicación también pueden llegar a desempeñar un papel en la normalización y erotización de la violencia sexual. En ocasiones ofrecen un discurso patriarcal sobre la violencia de género "culpabilizando a la mujer de la agresión (...) minimizan la agresión provocada por los agresores y justifican su conducta, mientras someten a las mujeres a un constante cuestionamiento, siendo juzgadas y desacreditadas por su comportamiento anterior y posterior a los hechos" (Revelles y Jiménez, 2019,p.34). Además, tienden a centrar sus informaciones en la violencia cruenta (Segato, 2003), lo que puede dificultar que todas aquellas prácticas sexualmente violentas que salgan de este imaginario, especialmente las cometidas por la pareja, no lleguen a ser reconocidas.
A pesar de la normalización que se percibe en los discursos de algunas mujeres entrevistadas, una vez se presentó la tipología de violencia sexual elaborada por De Blas et al. (2023), todas las generaciones entrevistadas mencionan haber sufrido experiencias de violencia sexual fuera del ambito de la pareja.
Por un lado, hacen mención sobre el acoso sexual callejero en múltiples formas: persecución, pitazos, exhibicionismo y/o comentarios sexistas. Estos testimonios coinciden con el estudio de Ana M Contreras, Naima Z Farhane y Rosario Castillo (2024), el cual muestra que el 98% de las mujeres españolas han sufrido acoso callejero y el 80% lo sufren mensualmente. Es relevante mencionar que de todas las manifestaciones de acoso sexual callejero, los comentarios sexistas son los que generan mayor debate en torno a su consideración como violencia sexual. Especialmente, en las narrativas de las mujeres de la generación X se detecta que los perciben como piropos, aún cuando investigadoras como De Blas et al. (2023) indican que los piropos objetualizan al sexo femenino. Sin embargo, esta identificación es habitual en España ya que, según la Comisión Europea (CE, 2016), el 48% de la sociedad española considera que los piropos son aceptables y no deben ser sancionados.
Por otro lado, las 21 mujeres que entrevistadas afirman haber sufrido en algún momento acoso sexual en su entorno laboral y/o educativo. Según la Encuesta Europea de Violencia de Género (2022) el 28,4% de mujeres de entre 16 a 74 años han sufrido acoso sexual en el trabajo en algún momento de su vida.
Así mismo, todas las generaciones mencionan haber sufrido violencia sexual digital. Especialmente, aportan testimonios sobre el haber recibido contenido sexual no solicitado por parte de los hombres así como mensajes donde se les insiste para que envien fotos y vídeos sexuales. Estas experiencias pueden sugerir que en muchas ocasiones "las tecnologías son un instrumento para vehiculizar las relaciones de poder (González y Torrado, 2019, pp.3). Si bien los resultados obtenidos indican que todas las mujeres, independientemente de la edad, pueden llegar a sufrir violencia sexual digital, investigaciones como las de Daniel Calderon, Hector Puente y Elisa Garcia (2024) reflejan que las nuevas generaciones (en nuestro estudio sería la generación Z) son las que pueden llegar a sufrir este tipo de violencia sexual en mayor proporción ya que, tiene una mayor exposición a las tecnologías digitales.
Respecto a la violencia sexual que hayan podido sufrir durante la infancia, varias mujeres de las tres generaciones afirman haber sufrido agresiones sexuales por parte de hombres de su entorno familiar. Este discurso concuerda con los datos obtenidos en la Encuesta Europea de Violencia de Género (2022), la cual estima que el 6,8% de mujeres residentes en España que tienen entre 16 y 74 años han sido víctimas de violencia sexual infantil por hombres conocidos, la mayoría siendo víctimas entre los 6 y 10 años (43,9%). Así mismo, estos testimonios también pueden guardar relación con la erotización que desde la pornografía se hace de los abusos sexuales hacia menores (Alario,2018).
Aún cuando Atencio et al. (2021) indica que el primer encuentro sexual de las mujeres suele ser una relación forzada, las mujeres entrevistadas afirman todo lo contrario, expresando que este primer encuentro fue consentido. Si bien, las mujeres de la generación M y generación Z reconocen haber sentido presión por parte de su grupo de iguales para perder lo que denominan "virginidad".
Tras el primer contacto sexual con otra persona, los discursos que proporcionan la mayoría de mujeres de la generación M y generación X reflejan que han sufrido agresiones sexuales por sus parejas del momento en base a lo que entiende De Blas et al. (2023) por agresión sexual. En cuanto a las mujeres Z si bien manifiestan no haber cedido a las presiones e insistencia de sus parejas, afirman haberse autopresionado para mantenerlas. Este hecho podría reflejar, la interiorización del rol de disponibilidad sexual (De Miguel, 2015)
5. CONCLUSIONES
Para el conjunto de las generaciones, las relaciones sexuales son aquellas que se mantienen por deseo y donde hay un placer compartido con su pareja del momento. No obstante, estos relatos conviven con diversas experiencias de violencia sexual que han sufrido a lo largo de su vida tanto en el espacio público como privado. En muchos casos, las mujeres han sido obligadas a mantener relaciones sexuales. En otros casos, han llegado a asumir los mandatos de géneros interiorizados desde la infancia y participar en relaciones sexuales sin realmente desearlas. Por lo tanto, los relatos de las mujeres sugieren que sus experiencias sexuales, en diversas ocasiones, han estado atravesadas por la dominación.
Las narrativas obtenidas en esta investigación sugieren que muchas mujeres han sufrido algún tipo de violencia sexual, tanto dentro como fuera de la pareja. Especialmente, mencionan el haber sufrido agresiones sexuales, acoso sexual callejero, violencia sexual digital, acoso sexual o acoso por razón de sexo. No obstante, una diferencia notable entre las generaciones radica en la comprensión e identificación que realizan de la violencia sexual. De las tres generaciones, las Millennials, y de manera muy reducida, parecen ser las que más reconocen que algunas prácticas sexuales que han vivido son violencia sexual y no sexo.
La falta de identificación de la violencia sexual puede estar relacionada con una cultura de la violación impulsada tanto por una socialización sexista como por los medios de comunicación y la pornificación de la sociedad, la cual tiende a erotizar las violencia sexual y a cosificar los cuerpos femeninos. Esta situación contribuye a que se normalice de manera inconsciente la objetualización femenina y la erotización de prácticas violentas como orden natural. Esta realidad podría explicar por qué hasta que no se les explicó lo que se entiende por violencia sexual, la mayoría de mujeres no reconocieron haber sufrido violencia sexual.
Con todo ello, este estudio evidencian la necesidad de continuar visibilizando qué es la violencia sexual, ya que los testimonios analizados sugieren que muchas mujeres aún no reconocen qué prácticas se consideran como tales. Ademas, la forma de relatar las violencias sexuales sufridas sugieren la asimilación la cultura de la violación. Así como, la idea del consentimiento desde un punto de vista patriarcal ya que, sus testimonios reflejan que en ocasiones han cedido a mantener relaciones sexuales con el objetivo de complacer a sus parejas.
La narrativas obtenidas en este estudio dejan entrever la necesidad de visibilizar la estructura que reproduce la normalización de la violencia sexual, la llamada pomificación de la sociedad. Así mismo, refuerza la importancia de considerar las propuestas históricas del feminismo radical en cuanto a la necesidad de educar y concienciar. Una educación afectivo sexual igualitaria destinada a todas las generaciones y a ambos sexos, centrada en el fomento de prácticas sexuales mediadas por el desco, el respecto al cuerpo de los demás y su intimidad, la concienciación sobre el dolor ajeno y la deconstrucción de los madatos de género masculinos y femeninos.
A pesar de la obtención de una gran cantidad de testimonios, el haber tenido un único contacto con cada mujer, sumado a que la sexualidad sigue siendo un tema tabú, pudo haber limitado la oportunidad de que se mencionaran otras formas de violencia sexual, como la violencia obstétrica. Por lo tanto, sería conveniente que si en un futuro se repite la investigación se aumentara el número de entrevistas que se realiza a cada mujer. Un segundo desafío sería ampliar el rango de edad de las mujeres participantes, para incluir más generaciones en el estudio. Y en tercer lugar, resultaría relevante incorporar los testimonios de los hombres, con el fin de realizar una comparativa sobre la normalización de la violencia sexual entre ambos sexos y de esa forma identificar posibles similitudes o diferencias.
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