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Doña Catalina de Bolea, dama noble, monja y hermana de la escritora Ana Francisca Abarca de Bolea, llevó una vida agitada que la llevó a huir de su monasterio y a tener un papel destacado en las convulsiones catalanas de 1640. Su historia y la de sus raptores nos permiten ver la realidad efectiva de algunos tipos de la ficción del Siglo de Oro como el galanteo de monjas o la «mujer vestida de hombre». Este contraste de fuentes literarias e históricas arroja luz sobre los usos amorosos y, con ello, sobre la historia de las mujeres desde el punto de vista de la vida personal, aún escasamente considerado.