Content area
El impacto de la Maestranza de San Bernardo marcó un antes y un después en el desarrollo urbano y social de la comuna. Su instalación configuró un nuevo paisaje, donde el obrero ferroviario se transformó en el motor vital de un complejo sistema industrial. De los 27 pabellones originales, cuatro —calderería, herrería, tornamesa y el pabellón central— lograron mantenerse en pie y fueron declarados Monumento Nacional el año 2010. Construida en 1918 sobre un terreno de 120 hectáreas, la Maestranza articuló distintos espacios industriales que, con el tiempo, se adaptaron a demandas económicas y tecnológicas del momento.
La cercanía de sus pobladores al lugar de trabajo configuró un tejido social complejo que se fue enriqueciendo en la medida que los obreros e identidades de Ferrocarriles del Estado promovieron las actividades deportivas y culturales con las familias y los vecinos. Estas dinámicas se relacionaron con el sistema de trabajo obrero, donde el trabajo en equipo de los talleres trascendió hacia la vida personal, desarrollándose diversas ramas deportivas que sirvieron de escenario para la interacción social y el bienestar de los trabajadores. Debido a esto, se construyeron espacios deportivos que fueron escenario para la realización de actividad física y el encuentro social. En este sentido, la construcción del ex estadio ferroviario fue crucial para llevar a cabo estas actividades, allí se realizaron campeonatos de distintas ramas y se invitaba a la comunidad a participar de ellos. En los pabellones también se llevaban a cabo actividades recreativas y fiestas anuales, algunas de las cuales aún se conmemoran en la actualidad.
Debido a esto, la Maestranza destacó por su rol como condensador social, funcionando como un espacio donde las dinámicas ferroviarias promovían la interacción y cohesión comunitaria. Este atributo fue clave en el fortalecimiento de la identidad obrera de la comuna. Sin embargo, tras el cierre del sitio, su carácter integrador se perdió, dejando a la Maestranza desarticulada de su entorno urbano y desconectada de su histórica función como punto de encuentro. Aunque actualmente los pabellones permanecen cerrados, durante algunos años fueron espontáneamente utilizados por la comunidad para actividades artísticas, deportivas y musicales, evidenciando su capacidad latente como espacio de interacción social. Hoy, el sitio alberga actividades deportivas en el Estadio Vulco (ex Ferroviario), lo que abre la posibilidad de rescatar el lugar como un espacio donde deporte y cultura artística coexistan. Este enfoque le permitiría a la Maestranza recuperar su rol como condensador social, transformándola en un nodo comunitario que conecte la identidad histórica con las necesidades actuales.
Por último, se abordan proyectos que buscan integrar el deporte y la cultura como una herramienta para el desarrollo comunitario, convirtiendo los espacios en puntos de interacción que enriquecen el tejido social. Este enfoque permite que los espacios deportivos y culturales se conviertan en catalizadores de nuevas dinámicas de uso que se fusionan con la vida comunitaria. Se abordan proyectos contemporáneos como el SESC Pompeia de Lina Bo Bardi, el Centro Cultural Chimkowe de Peñalolen y se mencionan iniciativas como Streetmekka en Dinamarca. Estos proyectos dan luces de las estrategias arquitectónicas para abordar en el Proyecto "Fabrica de Encuentros Maestranza de San Bernardo."