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Y dejé patente también mi más sincera felicitación al Instituto de Derechos Humanos de la UV y a su Director de Tesis y ahora Prologuista, mi admirado amigo el Profesor José Elías Esteve Moltó, con quien tantas inquietudes comparto, espejo de los jóvenes académicos que llevan a su plenitud una vocación universitaria en la que, junto a nuestras labores tradicionales, se hacen presentes compromisos vitales irrenunciables, marcadamente en su caso la defensa y promoción de los derechos humanos. Aún a sabiendas de que resulta muy arduo, si no imposible, estar a la altura de estos propósitos cuando hay que ponderar una obra mayor, como la presente monografía, fruto de años de intenso estudio, hábil dirección y una excelente formación jurídica, lo trataré de hacer, como solía mi venerado Maestro, D. Mariano Aguilar Navarro, con toque impresionista, a grandes rasgos, luego de algunas consideraciones iniciales fruto de mi propia vinculación con el ámbito de los acaparamientos de tierra, inscritos ya de largo tiempo en mis líneas de investigación. Sobre éste y otros extremos de interés, me permito remitir al lector al trabajo de Leonid Ragozin en The Ideas Letter, de 9-1-2025 y al Informe del prestigioso Oakland Institute californiano, fechado el 21-11-2023. Compartiendo también, personalmente, lo preciso de entroncar este núcleo importantísimo de problemas con la gobernanza mundial, destacaré el análi- sis del marco politico correspondiente en la materia, que ha dado pie a una extensa y variopinta normativa, en la que la que atañe a la actividad corporativa transnacional señala un vértice de interés.
DEL VALLE CALZADA, Estrella El acaparamiento de tierras como amenaza en auge para los derechos humanos Prólogo de José Elfas Esteve Moltó, Tirant lo Blanch, Valencia, 2024, 429 pp.
Resulta muy grato para mí llevar a cabo esta recensión sobre la presente monografía de la Profesora Estrella del Valle Calzada, que trae origen de una revisión y puesta al día de su multipremiada Tesis Doctoral, en cuyo brillante acto de defensa me cupo el honor de participar como miembro del Tribunal evaluador, acompañado de muy ilustres colegas. Ya expresé en ese momento mi convicción de que estábamos ante un logro académico de primera magnitud, que ha alcanzado nuevas cotas en el volumen del que ahora trato, publicado en muy cuidada edición por la prestigiosa editorial TLB. Y dejé patente también mi más sincera felicitación al Instituto de Derechos Humanos de la UV y a su Director de Tesis y ahora Prologuista, mi admirado amigo el Profesor José Elías Esteve Moltó, con quien tantas inquietudes comparto, espejo de los jóvenes académicos que llevan a su plenitud una vocación universitaria en la que, junto a nuestras labores tradicionales, se hacen presentes compromisos vitales irrenunciables, marcadamente en su caso la defensa y promoción de los derechos humanos. Un nobilísimo empeño que bien puede ser también nota frecuente entre los que han tenido la gran fortuna de contar con él como mentor de sus Tesis. Y, desde luego, me consta que se da en Estrella del Valle.
Aún a sabiendas de que resulta muy arduo, si no imposible, estar a la altura de estos propósitos cuando hay que ponderar una obra mayor, como la presente monografía, fruto de años de intenso estudio, hábil dirección y una excelente formación jurídica, lo trataré de hacer, como solía mi venerado Maestro, D. Mariano Aguilar Navarro, con toque impresionista, a grandes rasgos, luego de algunas consideraciones iniciales fruto de mi propia vinculación con el ámbito de los acaparamientos de tierra, inscritos ya de largo tiempo en mis líneas de investigación.
Desde luego, coincido con el expresivo título del estudio respecto del carácter de esos acaparamientos como amenaza en auge frente a los derechos humanos. Un fenómeno que, y coincido con la autora, se ha presentado de forma intermitente acompasando la reciente historia del mundo, pero que alcanza en nuestra época una proyección y unas consecuencias sin cuya ponderación resulta estéril cualquier intento de comprensión de la compleja realidad en la que vivimos.
En efecto, si tratamos de concretar una visión general del rosario de conflictos del que somos testigos, distinguimos un gran número de ellos en escenarios en principio muy diversos. Dentro de la crucial dualidad derechos humanos-empresas, por ejemplo, advertimos un orden específico, el de las condiciones de trabajo y seguridad que, al hilo de las cadenas de valor, generan multitud de situaciones en las que, real o potencialmente, aquellos derechos se ven comprometidos. La doctrina laboralista, por ejemplo, merece un amplio crédito en el intenso y pionero estudio de estas situaciones, que afectan a millones de seres humanos y han pasado a constituir un elemento central de las preocupaciones de la comunidad internacional. Destaco, por ejemplo, las novedosas y esclarecedoras aportaciones en nuestro país, haciendo patentes los reflejos transnacionales del problema en todos los órdenes, a cargo del eminente Profesor Wilfredo Sanguinetti, de la Universidad de Salamanca, que constituyen un inspirador camino a seguir para todos los que nos afanamos en el estudio de estas importantes realidades. Esto dicho, podríamos pensar que las citadas condiciones quedan extramuros de los acaparamientos, pero son ya muchos los casos que conocemos donde éstos han generado severos impactos sobre aquellas, dando lugar a las que muy bien pudieran calificarse como situaciones de esclavitud moderna.
Junto a lo anterior, esa visión general a la que me he referido líneas atrás nos enfrenta con múltiples escenarios en los que son principales protagonistas los acaparamientos. Así, por ejemplo, los que se relacionan con el sector agroalimentario -pionero en las tomas de conciencia sobre estos problemas-, el de los agrocombustibles, el turístico, el ambiental, el de la extracción de recursos hídricos, el de grandes obras públicas, y el de extensas infraestructuras logísticas y Zonas Económicas Especiales. Sin olvidar, pues merece en mi opinión una atención muy preferente, el que cabe englobar bajo la rúbrica de extractivismo, referido a los combustibles, gas y petróleo y los minerales, destacando de estos últimos en nuestros días -un verdadero fenómeno a escala mundial- los encaminados a la llamada transición energética.
Pero si de conflictos hablo, preciso es traer a colación los que se generan y desarrollan en situaciones bélicas, los más gravosos en términos de desgracia y sufrimiento humanos, que están teniendo un marcado repunte desde comienzos del presente siglo. No me extenderé sobre este particular, pero quiero dejar patente cómo en el origen y en los terribles efectos de muchos de ellos se encuentran los acaparamientos de tierras y recursos, aunque, prima facie, se hayan generado al respecto narrativas ideológicas, raciales, culturales o religiosas. Así, tras haberlo estudiado en profundidad, me atrevo a trazar a estos efectos muchos paralelismos entre el genocidio rohingya en Birmania/Myanmar y el que también se encuentra en marcha en Palestina, ante los asombrados ojos del mundo -un asombro que no cuaja en imprescindible repulsa y firme reacción, a pesar de iniciativas que cabe considerar como frágiles y marcadamente tácticas sobre retiradas y ceses del fuego, etc. En ambos, sostengo que los acaparamientos han sido y son primordiales, utilizados cual palancas geopolíticas y de búsqueda de dominación. Como, con toda seguridad, sucede en las guerras de agresión perpetradas como por ensalmo sobre Líbano y Siria. Incluso en el conflicto de Ucrania, otra guerra de agresión, aparecen nuevos elementos de juicio que creo no deben pasarse por alto, puestos de relieve, por ejemplo, respecto del intenso acaparamiento de sus fértiles tierras a cargo de grandes fondos occidentales de inversión que, entre el silencio, está teniendo lugar en ese atormentado país. Sobre éste y otros extremos de interés, me permito remitir al lector al trabajo de Leonid Ragozin en The Ideas Letter, de 9-1-2025 y al Informe del prestigioso Oakland Institute californiano, fechado el 21-11-2023.
Concluyo ya estas consideraciones iniciales poniendo de relieve cómo si, por así decirlo, los árboles de los conflictos no nos permitían ver en toda su amplitud el nutrido bosque de las gruesas violaciones de los derechos humanos que conocemos, disponemos ahora del estudio de los acaparamientos, para asentar nuestra convicción y la búsqueda de remedio ante situaciones que no solo obstaculizan el progreso humano, sino que arrojan amenazas incluso existenciales sobre nuestro mundo.
Pero me toca ya volver a la ponderación de la presente monografía, para lo que cuento con lo mucho adelantado en el Prólogo del Profesor Esteve Moltó, que tendré presente, y por gracia de la concisión, en algunos aspectos que considero claves. Así, cuando resalta de la obra la doble dimensión de la denuncia y la búsqueda de reparaciones de las víctimas, siendo ambas consustanciales a todo empeño riguroso en esta materia, dentro del marco general de la dualidad, citada, derechos humanos-empresas. Del mismo modo, cuando recoge el Profesor Esteve cómo se pone de relieve por la autora la resistencia que debe suscitar el fenómeno de los acaparamientos, tanto como critica la marcada ilegalidad de la práctica, en su doble dimensión sobre la tierra y el agua y, desde luego, lo importante de la designación de los autores y los diversos usos generados sobre ambos elementos primordiales. Llamo al punto la atención, respecto de los autores, por ejemplo, de lo atinado de enfatizar, junto a los no estatales, a los vinculados con los estados, pues, dentro de un fenómeno transversal como el aquí estudiado, su protagonismo es creciente. Compartiendo también, personalmente, lo preciso de entroncar este núcleo importantísimo de problemas con la gobernanza mundial, destacaré el análi- sis del marco politico correspondiente en la materia, que ha dado pie a una extensa y variopinta normativa, en la que la que atañe a la actividad corporativa transnacional señala un vértice de interés.
Y coincido también con el prologuista cuando enfatiza lo valioso de los dos capítulos finales de la obra, en la que, si por una parte se lleva a cabo un acertado análisis y recuento de las vulneraciones de los diversos derechos humanos susceptibles de surgir por causa de los acaparamientos -destacándose, con justicia, los que atienen a los defensores de aquellos- por otra, con decisión, compromiso y audacia, se aboga por el derecho a la tierra como un derecho humano emergente, con apoyo, por ejemplo, en los señalados avances institucionales ya existentes, en los que sostengo se debe perseverar, así como en la generación de una conciencia activa en la sociedad civil que les sirva de refrendo y acicate.
Acabo ya, refiriéndome a lo acertado de las consideraciones finales de la obra, en las que la autora no solo sintetiza con gran precisión y habilidad sus planteamientos, sino que los lanza hacia adelante, poniéndose de relieve una vez más como merece figurar ya entre la élite de los jóvenes investigadores y la deuda que hemos contraído con ella quienes frecuentamos estos ámbitos. Pues nos ha proporcionado un instrumento analítico de primer orden, un verdadero referente imprescindible, en el más que necesario estudio de los fenómenos que han sido objeto de su trabajo, unidos estrechamente con la viabilidad del género humano sobre el planeta, a los que debemos afrontar en clave de irrenunciable dignidad.
Francisco Javier ZAMORA CABOT
Profesor Emérito de Derecho internacional privado
Universidad Jaume I de Castellón
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