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Es exactamente esta realidad fundamental la que pretende -y, desde nuestro punto de vista, consigue- poner de relieve este magnífico librito de Alan К. Este interesante capítulo cierra con una valoración fundamental en torno al papel clave de la comunicación escrita en la cohesión y coordinación del Ejército en amplias y dispares zonas geográficas, en una suerte de factor multiplicador de sus capacidades, que le permitía proyectar su poder sobre grandes áreas con efectivos relativamente reducidos. Esta sección parte de una visión general para ir centrando su foco, de forma paulatina, en los oficiales al mando del fuerte de Vindolanda, como Cerialis, así como de las unidades estacionadas en su entorno. Sentado el contexto, identificados los personajes clave y sus circunstancias, el capítulo quinto, «Vida social y económica en la frontera», vuelca toda su atención en todos los aspectos que sobre la cotidianeidad de los oficiales, la tropa y sus familias se ha podido reconstruir a partir de las Tablillas de Vindolanda. La documentación también permite constatar aspectos tales como generalizada monetización de la sociedad de frontera y la presencia de cultos y ritos carentes de cualquier clase de influencia cultural nativa -esto es, britana-, y los encuentros sociales y hasta lúdicos mantenidos por la variada comunidad del fuerte de Vindolanda, en tanto que botón de muestra del limes britano.
BOWMAN, Alan K., Vindolanda. Cartas desde la frontera romana. Madrid, La Oficina de Arte y Ediciones, 2025. 205 pags. ISBN: 978-84-124426-9-4.
A la hora de aproximarnos a un mundo como el romano, cuyos archivos se perdieron de forma irremediable para los investigadores hace unos mil quinientos afios, cualquier clase de vestigio de semejante clase de fuentes literarias, por parco que este resulte, constituye, per se, un hallazgo de enorme valor a todos los niveles. En este sentido, las ya famosas Tablillas de Vindolanda constituyen uno de los mejores ejemplos, cuyo estudio constante y en profundidad no ceja en arrojar, dia a día, resultados fascinantes. Pero es en relación con el resto del abanico de fuentes archivisticas romanas preservadas, fundamentalmente en Egipto y, en menor medida, en determinados contextos del Oriente romano, cuando este corpus documental adquiere la totalidad de su relevancia histórica y filológica -sin obviar, en absoluto, un consabido y perentorio contraste crítico con todas las demás fuentes literarias y arqueológicas a disposición del especialista -.
Es exactamente esta realidad fundamental la que pretende -y, desde nuestro punto de vista, consigue- poner de relieve este magnífico librito de Alan К. Bowman, en lo que es, además, su primera edición en español hasta la fecha. El lector descubrirá muy pronto que se trata de mucho más de una edición crítica bilingüe de una selección de las Tablillas de Vindolanda. Se trata de un completo estudio sobre los más variados -y hasta «insospechados»- aspectos relativos a los resultados arrojados por la investigación en torno a esta fuente, desde el ámbito de la historia del Ejército romano, pasando por el de las instituciones del imperio, hasta, incluso la paleografía, la sociología y el estudio de la alfabetización en el seno del Estado romano.
La obra arranca con un breve prólogo a la edición española, que viene a ser una brevísima síntesis de la historia de la investigación en torno a las Tablillas de Vindolanda y una suerte de justificación del libro. Le sigue la introducción, sección en la que el autor hace una reflexión en torno a la fuente que centra este estudio, señala los objetivos vertidos y los límites del mismo, antes de consagrar los consabidos agradecimientos. Me permito anticipar que una parte de las expectativas vertidas por Bowman en estas páginas iniciales se ven, desde nuestro punto de vista, superadas.
El primer capítulo, «Las tablillas de escritura», profundiza de forma sistemática en el descubrimiento, la historia de la investigación y la naturaleza general de las mismas en tanto que fuente histórica, señalando, entre otros detalles, los límites cronológicos del grueso de la información contenida en las ya citadas tablillas. Todo ello entrelazado con un vistazo a las distintas fases arqueológicas del yacimiento donde estas fueron -y siguen siendo, si bien de forma mucho más esporádica- documentadas.
«Estrategias de ocupación» constituye el segundo capítulo de la obra, donde, tal y como indica su título, se realiza un estudio en detalle de la proyección y consolidación del poder romano en el norte de Britania durante el último tercio del siglo 1 d. C. y el primero del II d. C., esto es, durante los imperios de Tito, Domiciano, Nerva, Trajano y Adriano. Semejante análisis se asienta, naturalmente, sobre la información emanada de las tablillas y de su contraste sistemático con otras fuentes de información relevantes, permitiendo al lector acceder a una completa radiografía del periodo en la isla de Britania desde un punto de vista militar, fundamentalmente estratégico y operacional, sin dejar de prestar atención a la relación del mismo con las regiones vecinas del Imperio romano y hasta con el conjunto del mismo, desde una óptica más puramente geoestratégica.
Esta perspectiva es continuada en el tercer capítulo, «El Ejército Romano», en torno a las necesidades documentales, burocráticas y logísticas de la institución castrense del imperio en los albores del siglo 11 d. C. Este análisis introduce un estudio sobre la naturaleza específica de la información contenida en las Tablillas de Vindolanda, antes de dar paso al alcance de las actividades del Ejército y la Armada romanas en el norte de Britania. Todo ello siempre de la mano de un brillante contraste de la información disponible con otros corpora documentales. Tal es el caso de las renuntiae de Vindolanda, cuyo contenido y naturaleza es comparada críticamente con otros documentos análogos descubiertos en otros distritos militares del Imperio romano. El estudio de las tablillas permite al autor adentrarse también en un soberbio trabajo en torno а las actividades económicas, productivas y financieras del Ejército romano, más allá de las funciones militares más evidentes, exponiendo así a esta institución como un gran mercado de producción y consumo, así como un dinamizador económico clave a todos los niveles. Este interesante capítulo cierra con una valoración fundamental en torno al papel clave de la comunicación escrita en la cohesión y coordinación del Ejército en amplias y dispares zonas geográficas, en una suerte de factor multiplicador de sus capacidades, que le permitía proyectar su poder sobre grandes áreas con efectivos relativamente reducidos.
El cuarto capítulo, «Oficiales, hombres y mujeres» deviene en una excelente y actualizada síntesis sobre la organización concreta de la defensa de Britania a inicios del imperio de Trajano, donde se detallan las dimensiones de las fuerzas en presencia, sus mandos y despliegue. Esta sección parte de una visión general para ir centrando su foco, de forma paulatina, en los oficiales al mando del fuerte de Vindolanda, como Cerialis, así como de las unidades estacionadas en su entorno. Se reconstruyen con cierto detalle las trayectorias de varios de ellos, antes de abordar la información disponible en torno a la presencia de sus familias en sus lugares de destino. El estudio continúa descendiendo por el escalafón, exponiendo lo que sabemos en torno a oficiales, principales y, sobre todo, soldados rasos a través de las tablillas, donde destaca un interesante estudio antroponímico relativo a los nombres de todos y cada uno de ellos.
Sentado el contexto, identificados los personajes clave y sus circunstancias, el capítulo quinto, «Vida social y económica en la frontera», vuelca toda su atención en todos los aspectos que sobre la cotidianeidad de los oficiales, la tropa y sus familias se ha podido reconstruir a partir de las Tablillas de Vindolanda. En este sentido, el autor indica que el periodo mejor documentado es el que transcurre entre 92 y 104 d. С. A través de la información disponible, por lo tanto, podemos acceder a verdaderas listas de la compra, inventarios, a la organización de la casa de los mandos, a la vida de los esclavos, a la clase de alimentación disponible para distintos rangos y clases, a los suministros de ropajes y armamento, y hasta a listados de precios que, por ejemplo, arrojan similitudes sorprendentes con documentos análogos de Egipto. La documentación también permite constatar aspectos tales como generalizada monetización de la sociedad de frontera y la presencia de cultos y ritos carentes de cualquier clase de influencia cultural nativa -esto es, britana-, y los encuentros sociales y hasta lúdicos mantenidos por la variada comunidad del fuerte de Vindolanda, en tanto que botón de muestra del limes britano. En síntesis, más allá de los oficiales y suboficiales, se constata que las tropas desplegadas en la región vivían bien, tenían una alimentación variada y rica, acceso a bienes variados, a créditos, a permisos y que, entre otras cuestiones, mantenían contacto frecuente con familiares y amigos en regiones tan alejadas como Germania Inferior y hasta la propia Urbe.
«Cartas y alfabetismo» es el último capítulo del libro y, desde nuestro punto de vista, uno de los más interesantes e innovadores en el contexto de la historia del Ejército romano. Supone un interesante análisis de las pruebas de una extendida alfabetización en el fuerte de Vindolanda y de cómo la institución castrense ayudó a la extensión de la misma en el conjunto del imperio romano. Tras consideraciones de orden metodológico, el autor afirma que, con las pruebas disponibles hasta el momento, la romana era una civilización alfabetizada. Se abordan también aspectos deinterés, como el sistema de producción y distribución de las tablillas de escritura, así como su carácter accesible y generalizado en aquellas regiones donde el papiro resultaba más caro o un material escriturario menos práctico. Se abordan, también cuestiones relativas al formato, estilo y la paleogratia, acompañadas de una interesante comparativa de estos aspectos en relación al papiro.
A continuación, el libro cierra con un primer apéndice destinado a una explicación del vocabulario técnico empleado en la obra, el cual consideramos de especial interés de cara a estudiantes, investigadores noveles y aquel público general que, más о menos familiarizado con el ámbito de la Historia Antigua de Roma, decida adentrarse a la lectura de esta obra. El segundo apéndice y, desde nuestro punto de vista, el más interesante y valioso de ambos, corresponde a una edición bilingüe latín-español de una muy bien escogida selección de tablillas. Cierra finalmente la obra una bibliografía selecta actualizada sobre los distintos aspectos abordados en el conjunto del libro, el cual viene acompañado también de tres mapas bastante ilustrativos y de un consabido listado de abreviaturas.
Desde un punto de vista puramente editorial, el libro está escrito con un lenguaje y estilo fluidos a la par que científicamente rigurosos, lo que lo torna accesible a casi todo tipo de públicos. Los ya citados mapas resultan, además, bastante ilustrativos. Ahora bien, empezando por la cuestión cartográfica, echamos en falta algunos mapas adicionales que ayuden al lector a situar fácilmente otros lugares relevantes para la historia de la guarnición de Vindolanda -no digamos ya para otras cuestiones más amplias abordadas en la obra-. La selección de imágenes incorporada, aunque pertinente, resulta bastante pobre y, entre las mismas, se nota la ausencia de más fotografías del yacimiento y, por supuesto, de una planimetría de las distintas fases del fuerte abordadas en la obra.
Especialmente sangrante es el hecho de que la editorial se haya decantado por presentar cada una de las tablillas editadas primero en su versión latina, acompañadas cada una de su traducción al español a renglón seguido, lo que hace su consulta un tanto incómoda. Hubiera resultado mucho más práctico colocar cada texto latino en la página izquierda, acompañados de su traducción correspondiente al español en la página derecha, como viene siendo convencional en otras ediciones de fuentes análogas. El investigador echará en falta también un índice analítico que facilite la labor de consulta de aspectos determinados dentro del libro. Finalmente, llaman la atención lo que parecen ser unos pocos fallos de traducción de algunos conceptos y cargos del Ejército romano altoimperial. Se trata, sin duda, de errores atribuibles en exclusiva a la labor de la editorial, que no consiguen deslucir en absoluto elinterés y los resultados de un libro al que, en relacióna su contenido y al trabajo del autor, solo achacaría dos cuestiones mínimas: la falta de una suerte de conclusión general final; y la consabida tendencia de los historiadores anglosajones a no compartimentar apenas los capítulos de sus obras.
Por lo demás, nos encontramos ante una obra verdaderamente excelente y por entero recomendable para el investigador especialista, así como para aguellos lectores familiarizados e interesados en la materia, ya conocida en su versión inglesa, entre cuyas mayores aportaciones se cuenta el mero hecho de ser la primera edición en español de la misma -esperamos que muy pronto conozcamos una nueva que subsane las carencias puramente formales antes indicadas-. Pero, sobre todo, supone una completa visión de conjunto del Ejército romano en el norte de Britania a inicios del siglo 11 d. C., dentro de la cual destacan muchos enfoques y perspectivas de gran interés científico, entre las cuales me gustaría señalar especialmente una: el innovador análisis paleográfico y documental del corpus de Vindolanda y, por lo tanto, de sus implicaciones en relación a la alfabetización como parte fundamental del complejo proceso sociocultural que conocemos como romanización.
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